[Cine] 2001: A Space Odyssey (1968) 50º aniversario

Cine

2001: A Space Odyssey (1968; 31/20180603)

Esta mañana me he encontrado en mi agregador de noticias con una fotografía de Jápeto en la APOD (Astronomical Photography of the Day). Es la fotografía astronómica del día 3 de junio de 2018, y como es una fotografía de la NASA, entiendo que es de dominio público, por lo que me voy a permitir reproducirla aquí.

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Saturn’s Iapetus: Painted Moon 
Image Credit: NASAESAJPLSSICassini Imaging Team

Cuando en abril de 1968 se estrenó esta película, fue seguida un par de meses después de la novela escrita por Arthur C. Clarke, coguionista del largometraje. Tratando básicamente de lo mismo, son dos productos distintos. Si el largometraje nos presenta una punto de vista visualmente poético de una idea filosófica sobre la evolución del ser humano desde el simio antropomorfo hasta el ser estelar o universal, la novela es más un producto de ciencia ficción dura en la que se nos describe con el estilo propio de Clarke, preciso, no carente de poesía a veces, pero de otro tipo, el viaje de la Discovery… a Jápeto, la luna de Saturno. En la película se queda en Júpiter, en cuya órbita encontramos al tercer monolito, no sobre la superficie del blanco y helado satélite del padre de los dioses. Algo que conviene, puesto que nos dio a conocer algunos aspectos del viaje espacial, como el efecto de “tirachinas” gravitatorio aprovechando la inmensa masa del gigante Júpiter.

En cualquier caso, son 50 años de una de las películas más emblemáticas de la historia del cine. Obra de referencia visual y filosófica, gran exploración del concepto de inteligencia artificial y singularidad tecnológica, y gran apuesta de sus autores por un futuro de exploración científica y expansión de las fronteras del ser humano.

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Crepúsculo en los Monegros; encabezado, ocaso en la Sotonera.

Yo la vi por primera vez… no puedo precisar con exactitud, pero debía ser 1977. Durante toda mi infancia, había acudido regularmente a las sesiones del cine de barrio, el Rialto, para pasar la tarde de los domingos. En un movimiento curioso, con la apertura de la transición, el Rialto se convirtió en cine de arte y ensayo, y pasamos de ver peplumsspaghetti westerns y de más, a merendarnos algunas de las más interesantes obras cinematográficas. Les vacances de Mr Hulot, Solyaris, Dersu Uzala,… 2001: A Space Odyssey. He calculado la fecha a ojo, pero con cierta precisión, porque recuerdo que mi profesor de ciencias de octavo de EGB, el señor Ibarra, nos preguntó un día si alguien había visto la película. Fui el único. Me preguntó si me había gustado. Dije que sí. Me preguntó si sabía de qué iba. Y dije que no había entendido porqué los monos y el final. Nos contó su punto de vista. Que no he olvidado nunca. No voy a dedicarme aquí a explicar la película. Dejad de ser unos vagos, vedla y pensad.

Con posterioridad, pude verla en alguna otra ocasión en pantalla grande y en pantalla pequeña. Tengo el DVD por alguna parte. Es una película para verla en pantalla grande, sin lugar a dudas. En mi época universitaria, era una de las favoritas en los cineclubs de los colegios mayores. Y en algún otro aniversario volvió a haber algún reestreno que me llevó también a las salas de los cines. Ahora con el 50º aniversario, ha vuelto. Y hemos vuelto a alucinar con las imágenes, los sonidos, los silencios y las ideas que nos ofrece. Algunas cositas se han quedado desfasadas… los colorines del viaje final de Dave Bowman (Keir Dullea) a través de la puerta de las estrellas, están ampliamente superados por la tecnología. Pero en otros muchos aspectos sigue siendo más vanguardista y atrevida que la mayor parte del cine que se hace hoy en día.

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Puesta de sol desde el Alto de Alcubierre.

Stanley Kubrick fue un genio. Incomprendido muchas veces, como todos los genios. Adelantado a su época… Bueno, este es un tópico frecuente cuando se refiere uno a los genios. Yo creo que, como especie, todavía no hemos llegado al punto donde estaban Kubrick y Clarke cuando idearon esta historia. Aunque haya habido otros creadores que se hayan situado al mismo nivel o hayan desarrollado ideas nuevas. Pero como especie, puede que estemos incluso en retroceso. Yo lo que espero es seguir viviendo aniversarios de la película, y que en cada uno de ellos alguna sala de cine se atreva a reponer este majestuoso espectáculo visual y conceptual, esta magistral obra de arte cinematográfica.

Y luego está HAL 9000… pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: *****
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Sol de medianoche en las islas Lofoten.

[Libro] Cánticos de la lejana Tierra

Literatura

Esta es la segunda vez que reseño un libro que leo por segunda vez. Normalmente, reservo estas entradas para leos que he leído por primera vez, pero habiendo ya un antecedente, no he dudado en comentar un relato de ciencia ficción de Arthur C. Clarke, que en su momento, hace unos 20 años me conmovió, y al que he decidido dar una segunda oportunidad, una relectura, para comprobar que tenía los valores que efectivamente vi. Tentado he estado en hacerme con la nueva edición con una nueva traducción que ha salido recientemente al mercado. Pero como mis experiencias de nuevas traducciones de clásicos de la ciencia ficción no son buenas, bucée en mis estanterías para recuperar la vieja edición de bolsillo que leí por primera vez.

Cánticos de la lejana Tierra
Arthur C. Clarke
Los Jet de Plaza & Janés; Barcelona, 1989
ISBN: 8401491266

El argumento nos habla de la nave espacial Magallanes. La última y mayor de su clase, transporta los cuerpos hibernados de un millón de seres humanos, que han huido de la destrucción de la tierra por la conversión del sol en nova, y que tras una travesía de unos 50 años luz llegan a Thalassa. Un planeta cubierto de agua salvo en tres islas de origen volcánico, que fue colonizado 700 años antes, pero del que desde hace 400 años nada se sabe de él. Y la sorpresa es que hay una comunidad humana, pequeña, pero razonablemente próspera. Durante dos años, la Magallanes permanecerá en órbita para reconstruir su escudo de hielo que la protege del roce con el polvo espacial cuando se desplaza, gracias a su propulsión basada en la fluctuaciones cuánticas del vacio, a un quinto de la velocidad de la luz. Su destino es Sagan Dos, un planeta todavía inhóspito, pero que planean convertir en habitable en un tiempo razonable, y para el cual aún les falta un recorrido de 75 años luz. En los dos años, en los que permanecerá la nave en órbita, algo más de un centenar de sus tripulantes despetarán y se relacionarán con los thalassianos, generándose amistades, amores, rivalidades, pero sobre todo un sentido de solidaridad basado en el recuerdo de los sonidos y las imágenes del perdido planeta madre. También comenzarán a estudiar la vida local, descubriendo un incipiente atisbo de inteligencia a algunos seres marinos.

Aunque es capaz de escribir historias más oscuras, el carácter de Clarke al escribir ficción es el buenrollismo. No hay grandes dramas ni tragedias en sus historias más importantes, o estas son tratadas de forma matizadas. Prefiere encarar a los seres humanos con sus bondades innatas, y con algún que otro defectillo. Es también relativamente riguroso a la hora de tratar los aspectos científicos de sus libros de anticipación. Y si bien, en estos momentos sabemos que no hay riesgo que el sol estalle como una nova en tiempos próximos, sus conjeturas se adaptaban al conocimientos científico y a sus límites en el momento en que se escribió en los años 80.

Globalmente es una lectura amable, fácil, que agrada sin lugar a dudas a cualquier aficionado al género. Es cierto que alguno de los capítulos finales, me ha conmovido como lo hizo en su momento, cuando la leí por primera ocasión. Pero en esta segunda lectura me ha parecido mucho más ingenua; me resulta difícil de tragar, veinte años más tarde, tanto buen rollo por parte del personal. Pero bueno, no está mal.

Música recomendada

Más que una recomendación es un comentario musical relacionado. Mike Oldfield compuso un álbum en los años 90 con el mismo título, The Songs of Distant Earth, inspirada en el álbum. Ahora bien, si es recomendable o no… pues te tiene que gustar lo que hace Oldfield, que además de “campanas tubulares” pues son cosas… que suenan como las “campanas tubulares”… Pues eso. Pero si hasta hay un corte de este álbum que se titula Tubular World.

Barquero

Siendo Thalassa un planeta marino por excelencia, que mejor que ilustrar la entrada con los barqueros de Capri que, bajo los acantilados de la isla, te dan una vuelta por la Grotta Azzurra - Canon EOS 40D, EF 28/1,8 USM

Libro: Claro de Tierra

Literatura

Este verano me está costando centrarme en libros de cierta trascendencia. Los comienzo, los interrumpo, casi los abandono. Por ello, cojo algún otro título más intrascendente, más relajado. Algo que mi “atormentada” y dura “cabecita” acepte con menos problemas. Y un campo con el que acierto con bastante seguridad es la ciencia ficción. Aunque no cualquier ciencia ficción, ya que en los últimos años también he desechado algún que otro pestiño con ínfulas de trascendencia e intelectualidad. Así que estando en estas, me refugio en una novela que podríamos llamar clásica de Arthur C. Clarke.

Claro de Tierra
ISBN: 9788497110983
Quinteto, Barcelona

Lo cierto es que esta novelita pertenece a un tipo de novela en la escritura de Clarke que me parece muy agradable. Novelas de carácter sencillo, en el que no se realizan alardes aventureros. Donde las cosas pasan a su ritmo, y en la que enfrenta alguno de los dilemas éticos que a juicio del autor pueden derivarse del continuado progreso científico y técnico de la raza humana. Para mí, está en un mismo tenor que algunas novelas excelentes como son Cita con Rama, donde se reflexiona sobre el primer encuentro con un objeto de origen extraterrestre, o Cánticos de la lejana Tierra, donde enfrenta a la humanidad con la inexorable realidad de que la vida en el planeta no será siempre posible y tal vez sea necesario, si es posible, emigrar. En menor medida con El fin de la infancia, que por su carácter de final de la especie humana tal y como la conocemos, es más desasosegante.

En este caso, tras doscientos años de progreso espacial, se afronta el primer conflicto entre la Tierra y sus ahora independientes colonias espaciales, conocidas como la Federación. El motivo del conflicto es el monopolio que la Tierra ejerce sobre materias primas que sólo se dan en abundancia en el planeta madre y, al parecer, en su satélite, la Luna, que políticamente pertenece a la Tierra. Si estalla una guerra, nadie sabe como puede ser. En este escenario, llega a la luna bajo la tapadera de ser un auditor contable un hombre que ha asumido una labor de contraespionaje. Se supone que en una de las bases científicas de la luna, un espía está suministrando información a la Federación.

No hay una descripción de la acción desenfrenada. No hay persecuciones ni enfrentamientos. El objetivo del autor parecer ser ilustrar al lector sobre cómo imagina el hábitat humano en una futura colonización de nuestro satélite. A Clarke le gustaba la ciencia ficción dura, por lo que el rigor científico intenta ser máximo… dados los conocimientos existentes en el año 1955. Así, como cosas que chirrían, parece que resultaba difícil concebir la miniaturización de los sistemas informáticos, o de sus sistemas de almacenamiento de memoria, o de sus sistemas operativos… los operadores de los mainframes con los que trabajan los astrónomos del año 2150 siguen manipulando las tarjetas perforadas, desconocidas por completo para la mayor parte de los usuarios de computadoras actuales. Tampoco parece que se previese el desarrollo de la telefonía móvil, o el desarrollo de los satélites artificiales que resolverían de forma más eficiente algunos de los problemas cotidianos que se plantean en la narración.

El climax de la novela llega cuando se produce la primera batalla espacial en la historia de la humanidad, donde se pone de manifiesto la capacidad del hombre para llegar a la destrucción. No comentaré los detalles ni hablaré del desenlace. Aunque diré que la novela está teñida de esa idea que tenía Clarke de que el ser humano es esencialmente bueno si le dan la oportunidad de ser racional y científico. Vamos. Un eterno optimista.

A mí me ha agradado la lectura de esta novela. Quizá no esté a la altura de la imprescindibles Cita con Rama o de la poesía que subyace en los Cánticos de la lejana Tierra, pero indudablemente tiene su interés. Así que ánimo. Si os gusta el género, no os la perdáis.

Luna sobre el canal

Un poderoso creciente lunar luce sobre el Canal Imperial de Aragón a su paso por Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Philip José Farmer y su mundo del río, y otras sagas de la ciencia ficción

Literatura

Avalancha de entradas y artículos en internet anunciando la muerte de Philip José Farmer, escritor norteamericano que dedicó la mayor parte de su obra a la ciencia ficción y a la fantasía.

En algún momento entre 1981 y 1987 leí la saga de El Mundo del Río (mejor miráis el enlace a la versión inglesa del artículo). No he vuelto a leer nada más del autor. Eso quiere decir dos cosas. Como en muchas sagas de la ciencia ficción, el comienzo es muy bueno e incluso brillante, en este caso, el primer libro de la serie, A vuestros cuerpos dispersos. Y por ello, tienes ganas de saber más y vas leyendo el resto de los libros. Que desgraciadamente, no son tan brillantes. Y terminas de leerlos para ver en que queda todo. Pero ya no te quedan ganas de repetir con el autor. No te fías.

Son muchas las alabanzas que he leído del autor con motivo de su muerte… pero me temo que no podré comprobar por mí mismo si son ciertas. Es lo que hay.

Este fenómeno pasa con otras series de la ciencia ficción. Un ejemplo clásico es la saga de la Fundación de Isaac Asimov. Los dos primeros libros de la serie, Fundación y Fundación e Imperio, están muy bien. Pero ya el tercer libro, Segunda Fundación,… pues no está mal, pero no es lo mismo.  Todo lo publicado posteriormente relacionado con la saga me parece un monumental pestiño, y leerlo, una pérdida de tiempo. No incluyo en el pestiño las novelas de Elijah Baley y R. Daneel Olivaw. Son razonablemente entretenidas. Por lo menos las dos primeras, Bóvedas de acero y El sol desnudo. Las siguientes flojean un poco.

Qué se puede decir de la saga de Dune, escrita por Frank Herbert. La primera novela, Dune, es estupenda. Todo lo demás, un soporífero aburrimiento pseudofilosófico que es capaz de dormir hasta un camello. Una lástima. La idea original es buena.

En los últimos años, con la exhibición en cines de la película correspondiente, se reactivo la afición a la Guía del autoestopista galáctico del inefable Douglas Adams. Aunque no es de mis favoritas, reconozco que el libro original e inicial es muy entretenido. Te diviertes. Pero después ya… Nunca he conseguido terminar de leer el tercero de la saga.

En otro tono distinto, podemos comentar a la saga de las nubes Omega, de Jack McDevitt. Un autor no tan conocido y más reciente. Combina una escritura ágil, propia del género de aventuras, con cierto rigor científico que lo acerca a la ciencia ficción dura. Procura “no derogar” muchas leyes de la física, aunque tratándose de una space opera es “inevitable” que se invente los viajes a mayor velocidad que la luz. Es que si no la acción podría convertirse en inacción, dadas las distancias y la duración de los viajes a velocidades sub-luz. Es una saga que empieza muy bien, pero que estira más de la cuenta. La ventaja es que las novelas se pueden leer por separado sin mayor problema, aunque la última, Cauldron, que me parece muy floja intenta resolver de una vez por todas el enigma de las nubes. Pero Las máquinas de Dios y Deepsix son bastante entretenidas.

Podría comentar otras sagas en las que sucede algo parecido. No pretendo que las que he comentado sean representativas. Sólo las que se me han ocurrido en el momento, las que tengo más presentes en la memoria por una u otra razón… ahora se me viene a la memoria la maravillosa Cita con Rama, de Arthur C. Clarke, una de mis novelas favoritas de la cienca ficción, y lo aburridísimas que fueron sus superfluas continuaciones.

También sucede lo mismo con las sagas cinematográficas (por ejemplo, Star Wars y su deleznable segunda trilogía; en realidad la decadencia comenzó cuando aparecio en pantalla el primer ewok). O incluso las sagas cinematográfico-literarias (quién les mandaría hacer continuaciones a 2001, una odisea del espacio).

En resumen, sirva esta entrada para homenajear y recordar al difunto Farmer, y para lanzar un ruego a los escritores de ciencia ficción. Cuando tengan una idea genial, se la piensan, la desarrollan, escriben su librito… y ¡ale!, a pensar en otra cosa. Ya sabemos que hay que comer, y para eso hay que ganar dinero, y que lo de las sagas es una forma fácil… pero por favor, no nos aburran.

Para no aburrirnos, una imagen de carnaval.

Hortzmuga - Super Plast

Hortzmuga, Super Plast, en el Carnaval infantil 2009, Zaragoza - Canon EOS 40D; EF 200/2,8L USM

40 años para una odisea muy especial…

Ciencia, Cine, Literatura

… y espacial.

Es curioso la cantidad de tontos aniversarios con los que nos bombardean los medios cotidianamente. Sin embargo, ha tenido que pasar un mes para que apareciera en un blog el recordatorio de que el pasado 4 de abril se cumplió el 40 aniversario de 2001: una odisea del espacio.

Esta película es importante por dos motivos; uno general y otro particular, más personal.

A estas alturas, casi nadie puede negar que este filme es una obra maestra de Stanley Kubrick, que marca un hito en la historia del cine de ciencia ficción. Reflexionemos por un momento:

  1. No es una película de ciencia ficción dedicada al mero entretenimiento, a las aventuras. Es una película que entra en aspectos filosóficos sobre el desarrollo y evolución de la especia humana desde su estado de simio sin consciencia hasta el momento en el que se plantea la evolución hacia un Homo tecnológico o espacial. Kubrick es consciente de que las transformaciones tecnológicas que se estaban empezando a producir en ese momento van a impactar notablemente en el ser humano. Es la época en la que aparecen y se conocen los primeros ordenadores relativamente potentes, aunque todavía no personales. Es la época en la que el hombre sale al espacio y visita nuestro satélite. Pero es también una época en la que muchos valores son puestos en cuestión, y todo eso, de una forma u otra está ahí.
  2. Es una película en la que, salvo las partes especulativas, no quedan derogadas las leyes de la física. Los movimientos por el espacio se corresponden con la mecánica clásica newtoniana. El espacio está sumido en el silencio. La luz se desplaza a su cansina velocidad de 299.792,458 km/s. Es auténtica ciencia ficción. No es una mera película fantástica. Hay rigor. Quizá haya predicciones sobre el futuro que no resultan correctas, pero hay un interés es ser correcto dentro del marco de la ciencia conocida. Obviamente, hay una parte especulativa, por no decir metafórica, que se salta estas leyes en pro de otros objetivos.
  3. Hablando de metáforas, hay que decir que también es un filme en el que abunda la poesía. No sólo en las metáforas, sino también en la realización. Ese momento en el que el fémur lanzado al aire mientras terminan de sonar las notas del poema sinfónico Also sprach Zarathustra de Richard Strauss se convierte en una lanzadera espacial que baila un vals con la estación en órbita bajo los compases de An der schönen blauen Donau de Johann Strauss hijo, tiene algo de especial que pocas veces he encontrado en el cine.
  4. Desarrolla uno de los personajes más fascinantes y humanos de la historia del cine. Y se trata de una computadora, HAL 9000, que nos refleja más lo que somos nosotros mismos que el resto de los personajes humanos del filme.
  5. Este filme y esta historia es un influjo neto en toda la ciencia ficción posterior, tanto filmada como escrita. Acabo de leer un par de novelas del escritor Jack McDevitt y me ha sorprendido ver hasta que punto es posible encontrar el influjo de 2001 en obras escritas 38 o 39 años más tarde.

Hay más elementos de reflexión, pero nos conformaremos con estos en este momento.

El motivo personal es el impacto que tuvo sobre mí mismo. Cuando yo vi este filme, calculo que tendría unos 13 años o como mucho 14 años recién cumplidos. Recuerdo que al poco tiempo leí el libro escrito por Arthur C. Clarke, guionista del filme, que con ciertas variaciones seguí la misma historia. Es curioso, como novela me parece mucho menos importante que como película, pero hay elementos de la historia escrita que me gustaría que hubieran sido así también en el filme. El Ojo de Japeto siempre me ha fascinado. También recuerdo como el profesor de ciencias que tenía en el Colegio Calasancio de Zaragoza, José Luis Ibarra creo que se llamaba (del apellido estoy seguro), nos preguntó si habíamos visto la película. Sólo levanté la mano yo. Me hizo unas preguntas para ver si había entendido algo; fue piadoso, comprendió que una “persona” de 13 años tiene serias limitaciones para entender el conjunto de la obra. Pero entendió que sí había apreciado algunos de los aspectos formales del filme. En cualquier caso, hizo una serie de comentarios que contribuyeron a que empezase a entender de qué iba la cosa. Luego he visto el largometraje en numerosas ocasiones, y aunque reconozco que la parte final no ha envejecido bien, sobre todo la parte de los colorines psicodélicos, el conjunto sigue siendo importante y válido.

También es importante personalmente porque contribuyó a poner la semilla de lo que es mi sistema de pensamiento actual en algunas cuestiones que tienen que ver con mi concepción de la ciencia, del universo, y también del sentido de la vida.

Así que mi propósito para esta semana será encontrar un momento para volver a ver la película, que descansa en mi videoteca personal sin ser vista desde hace unos años. Recordar al maestro Kubrick y volver a pensar sobre lo que nos quiere contar.

Como la imaginación es libre, uno puede imaginar que esa estela que cruza el cielo sobre el Monasterio de Veruela es una lanzadera con destino a la Luna, transportando al profesor Heywood Floyd, para desentrañar el misterio de TMA-1.

Luna y jet - Veruela

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Via: Blog de cine.

…y Arthur C. Clarke nunca más hará volar nuestra imaginación

Ciencia, Cine, Literatura

Se dice que las gentes del cine nunca mueren solas. Que siempre se van al otro barrio en compañía. Claro, que Arthur C. Clarke trasciende y mucho al mundo del cine. El guionista y creador de la idea original de 2001: Una odisea del espacio, falleció ayer en Sri Lanka. Ya era mayor. 90 años.

Yo lo descubrí a propósito de la afamada película de ciencia ficción de Stanley Kubrick. Siendo todavía un adolescente, recuerdo las impactantes imágenes en las que descubría una nueva forma de ver el mundo. Un mundo que trascendía los límites de la bioesfera terrestre para introducirse en el frío espacio que interconecta los diversos astros. Es curioso, pero en un momento en el que las computadoras se veían como algo lejano y especializado, el miedo a que se volvieran locas como el esquizofrénico HAL-9000 no ha impedido que hayamos adoptado a estas máquinas como un elemento imprescindible en nuestras vidas. Claro que mi iMac, en el que escribo en estos momentos estas líneas, no ha intentado matarme. Todavía.

Al poco de ver la película, tuve la ocasión de leer la novela que escribió el propio Clarke. No era exactamente igual. Creo que la película es muy superior como producto cinematográfico que la novela como producto literario. Aunque siempre me pareció mucho más atrayente e hipnotizante la imagen del Ojo de Japeto que la de un monolito flotando en las proximidades de Júpiter.

Con posterioridad, he tenido ocasión de leer numerosas obras tanto de divulgación como de ficción del autor británico afincado en Sri Lanka. Con división de opiniones. La continuación literaria de 2001 me parece absolutamente innecesaria. Muy floja. Pero se contrarresta con esa absoluta maravilla, para mí una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído, que es Cita con Rama. Esa mezcla de acción, misterio y poesía en el primer contacto con una civilización extraterrestre me parece insuperada. Claro que su continuación en una serie de novelas sobre el tema me parece, asimismo absolutamente innecesaria. Y mala. Un rollo. Pero por otra parte, esa novelita de apariencia intrascendente que son los Cánticos de la lejana tierra vuelve a mostrar esa inmensa sensibilidad, destilando nostalgia a la vez que esperanza a través de esos exiliados que buscan un nuevo mundo donde vivir. Ah, y se me olvidaba… no se olviden de leer los Cuentos de la taberna del Ciervo Blanco. Se divertirán mucho.

Para finalizar esta entrada, tres cositas. La primera una cita del propio Clarke que nos recuerdan en Microsiervos y que resumen lo que realmente significa la ironía y la comprensión de lo que es la evolución biológica a un mismo tiempo. Nos decía Arthur que:

Aún tiene que probarse que la inteligencia tenga algún valor para la supervivencia.

Sútil, pero cierto y contundente. También sugiero que lean la despedida que nos ofreció recientemente, consciente ya de que estaba en sus últimos años de vida, y que nos ofrece Papel en blanco en una de sus últimas entradas. Aquí pongo el vídeo; para la traducción, vayan a la entrada mencionada.

Finalmente, un recordatorio. Aunque los termómetro quieran desmentir el hecho, es innegable que desde las 6:48 horas de esta madrugrada estamos en primavera. Hoy es el equinoccio de primavera. Y lo celebraremos con una fotografía apropiada al hecho.

Flores en árbol (III)
(Canon EOS 40D; EF 70-210/3,5-4,5 USM)