[Recomendación fotográfica] Siguen viniendo de Asia

Fotografía

Hace unos días, el domingo, subí a este Cuaderno de ruta una entrada de recomendaciones fotográficas dedicadas a fotógrafos de Extremo oriente. La pujanza de la fotografía en aquellos países es importante, y en ocasiones con propuestas más interesantes tanto en estética como en contenido que lo que se ve en Occidente. Y curiosamente, en los siguientes días he seguido encontrando artículos interesantes de fotógrafos orientales.

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Entre la modernidad y la tradición, la clave del trabajo de Kubota para tratar de entender el Japón de las últimas décadas.

El más notable es el dedicado en Magnum Photos al fotógrafo japonés Hiroji Kubota. Kubota, miembro de la prestigiosa agencia, en algún lugar he leído que el único japonés de la misma, es un fotógrafo ya muy veterano, con décadas de fotografía documental a sus espaldas, especializado en Extremo oriente. No sólo ha documentado sucesos en su país natal, también estuvo en Vietnam, y ha recogido con su cámara los cambios que se han producida en el gigante chino y en otros países del Sudeste asiático. O es de los fotógrafos que en su momento fueron pioneros en romper las rígidas restricciones impuestas por el régimen de la República Popular de Corea, Corea del Norte, y trae imágenes de lo que sucedía tras las herméticas fronteras de aquel país. Pero el artículo que hoy nos ocupa trata de su país natal, Japón. Porque este 2018 es el 150º aniversario de la Restauración Meiji, cadena de sucesos históricos que llevaron a un cambio fundamental de régimen político en el País del Sol Naciente, que se tradujo en su entrada galopante en la revolución industrial a partir de un pasado reciente de carácter feudal, y a un impulso creciente a convertirse en una de las naciones que querían y tenían algo que decir en el orden mundial. Cierto es que con el tiempo desembocó en el sinsentido de la política militarista y expansionista que dio lugar a una serie de guerras que culminaron con las primeras bombas atómicas que cayeron sobre territorio nipón. Ha sido una constante en las distintas formas de expresión cultural y artística la reflexión sobre las contradicciones que la rápida evolución del país planteó durante décadas. Un país que lleva muchas de esas décadas a caballo entre la más moderna y avanzada tecnología y la tradición más ancestral. Quizá mereciera una entrada en algún momento en este Cuaderno de ruta. De momento, quedémonos con las fotografías de Kubota.

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Y de Japón, pasamos a Corea del Sur. Corea, por cierto, es uno de los países que más crudamente sufrió las ambiciones imperialistas niponas. Un país que también ha sufrido cambios estructurales y sociales muy profundos en un periodo de tiempo todavía más corto. Hace unos días me llamaban la atención un par de fotografías del coreano Park Sung-jin en el fotoblog La beauté de Pandore. Park también es un fotógrafo documental, pero con un tono muy distinto al de Kubota. Este fotógrafo coreano es más de recorrer las calles de Seul, fijándose en las gentes que las pueblan o las ocupan. Puede ser gente sin hogar. Y puede ser, especialmente, los adolescentes, alumnos de instituto en su mayor parte, con sus uniformes escolares, que posan ante la cámara analógica del fotógrafo en formato cuadrado con una actitud entre desafiante e insegura, trasladando una sensación que el fotógrafo etiqueta como nostalgia. Aunque su estilo es muy distinto, y quizá sus objetivos, no deja de recordarme en algunos aspectos al trabajo del español Miguel Trillo cuando trata de reflejar los distintos estilos de las tribus urbanas juveniles, primero en España, luego en todo el mundo, especialmente también en Asia, como hemos visto en sus últimos trabajos.

Finalmente, para quien esté interesado en conocer más de la fotografía oriental, en concreto de la japonesa, recientemente se ha publicado, como nos recuerdan en AnOther Magazine, un libro que recorre visualmente la historia de la fotografía nipona y sus principales fotógrafos desde 1945 hasta nuestros días. Dándole vueltas estoy a su adquisición. Pero primero tengo que decidir si me aporta algo nuevo a lo que ya tengo en mis estanterías.

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[Fotografía] Exposición de Miguel Trillo en el Centro de Historias de Zaragoza

Fotografía

Esta entrada fue redactada originalmente para el blog de Fotógraf@s en Zaragoza, que os recomiendo visitar periódicamente si sois aficionados a la fotografía. Aquí aparece reproducida, con algún añadido relacionado con el libro de fotografías de Miguel Trillo, Identidades.

Desde el pasado 4 de marzo y hasta el 17 de mayo de 2015, en la planta primera del Centro de Historias de Zaragoza, podemos encontrar una interesante exposición del fotógrafo Miguel Trillo con el título “La estirpe de la calle”.

Quedé con un par de amigas a tomar un chisme en la cafetería del Centro de Historias, con la intención de disfrutar de la primaveral mañana que disfrutábamos ese día 8 de marzo en Zaragoza, luego ver la exposición, y terminar la mañana revolviendo en los puestos del mercadillo de la plaza San Bruno y tomando el vermú de rigor. Un plan ideal para un domingo en la ciudad.

Llega la primavera - Parque Bruil

Disfrutando de la primavera zaragozana en el Parque Bruil camino del Centro de Historias.

Exposición de Miguel Trillo

Entrada a la exposición en la planta primera del Centro de Historias.

Miguel Trillo fue un fotógrafo que surgió en los tiempos de la transición de la dictadura a la democracia en España, integrándose especialmente en la llamada “movida madrileña“. Es un momento de la historia del país en la que se rompen corsés. Y los jóvenes, deseosos de expresarse y de distanciarse del pasado, acogen con entusiasmo la pertenencia a las distintas tribus urbanas que proliferan en ese ambiente.

El fotógrafo ha conocido los ambientes de las culturas urbanas en sus viajes al extranjero, a Londres fundamentalmente, ciudad siempre especialmente activa en estos ámbitos, y con la lección aprendida se lanza a documentar esa parte de la sociedad tan activa en los años 80 que son los jóvenes y adolescentes.

Exposición de Miguel Trillo

Fotografías en blanco y negro de algunos “mods”, muy inspirados por la película Quadrophenia de 1973.

La exposición ocupa tres grandes salas y una sala de proyección. La primera de las grandes salas está dedicada a la fotografía en blanco y negro, las otras dos al color. En la sala de proyección, en un par de cortos documentales, escuchamos al autor describir sus experiencias.

No estamos ante un fotógrafo que “robe” instantáneas. Estamos ante una persona que antes de fotografiar habla con sus futuros modelos, interacciona con ellos, y ellos posan. Son jóvenes. Como nos dice el fotógrafo en las entrevistas que vemos al final de la exposición, se han vestido para gustarse, para seducir y ser seducidos. Así que no tienen inconveniente en mostrarse tal y como son, con sus atuendos, pero sobre todo con sus actitudes, ante la cámara del fotógrafo. Que no pretende ser objetiva, pero sí ecuánime. Con respeto hacia la persona que decide posar ante su objetivo.

Exposición de Miguel Trillo

Jóvenes y adolescentes propios de los años 80, la llamada “movida”.

Son muchos los fotógrafos que optan por el blanco y negro como el medio más apropiado para la fotografía documental. Durante décadas, el blanco y negro es el medio noble de la fotografía por excelencia, aunque a principios de los años 80 ya se espera que los reporteros ofrezcan imágenes en colo, por que son “más reales”, y algunos fotógrafos han empezado a dar categoría artística a sus fotografías en color, especialmente aunque no solamente al otro lado del Atlántico.

Trillo fotografía indistintamente con ambos medios. Y personalmente creo que sus mejores obras pertenecen a las series en color. Ve los colores magistralmente, los dota de viveza, de la saturación justa, de expresividad. Proporcionan mucha más información, al mismo tiempo que nos transportan al ambiente de aquellos años 80, y mantienen una elevada calidad estética. Yo me sentí encantado contemplando estas obras.

Exposición de Miguel Trillo

Algunas fotografías de grupos, pandillas, bandas,… colectivos que se uniforman en torno a un estilo y unas actitudes, muchos ya en los años 90 y en la última década.

Vemos a lo largo de la exposición, aunque las fotografías están más ordenadas por estilos, coherencia formal y diálogos entre ellas que según un criterio cronológico, que hay una evolución en el fotógrafo. Que manteniéndose fiel a sí mismo y unos criterios estéticos, no se queda estancada. El mundo de los jóvenes y adolescentes evoluciona y el fotógrafo con ellos.

Ya no se queda en Madrid. Viaja. Por todo el mundo, con cierta debilidad por los países asiáticos, países donde las tribus juveniles adoptan formas más personales, más vistosas. Por supuesto, en todo el recorrido de la exposición apreciamos una correlación entre las estéticas de los jóvenes y la realidad social en la que les toca vivir. Conviene escuchar integramente las entrevistas al fotógrafo en los vídeos, donde conocemos de su propia voz muchas de las claves para interpretar correctamente la exposición. Aunque la obra de Trillo se explica muy bien a sí misma sin necesidad de muchas palabras.

Exposición de Miguel Trillo

Miguel Trillo explicando sus vivencias como fotógrafo.

Yo me he quedado encantado con esta exposición, y seguramente en los dos meses largos que la tendremos a nuestra disposición volveré a verla de nuevo.

Sólo le pondría un pero. Es una exposición que merecería tener un catálogo bien publicado, y no es así. Si hubiera estado disponible me lo hubiera comprado allí mismo. No hay mucha bibliografía disponible. Un photobolsillo editado por La Fábrica, y el libro Identidades publicado por Actar. Creo que me apetece mucho este último.

Así que, ¿qué estáis esperando? Ya estáis tardando en visitar la exposición

Carlos Carreter

PS: Con posterioridad a redactar este artículo, encargué a través de Amazon España el libro publicada por Actar, aunque sólo estaba disponible en su versión en inglés, Photo-Identities. En Amazon ya no aparece disponible, parece que había pocos ejemplares. En cualquier caso, y a pesar de la chillona portada que hace que nos sepas qué puede salir dentro, nos encontramos con un libro bien encuadernado y excelentemente impreso que hace justicia a la viveza de las fotografías de Trillo. Desde que me llegó lo hojeo todos los días un poco y me encanta. Y realmente aprendes mucho analizando las fotografías de Trillo sobre como realizar retratos en ambiente de personas.