[Televisión] Cosas de series; lo que nos viene de oriente

Televisión

Una de las ventajas de plataformas de vídeo bajo demanda como Netflix es que están recogiendo producciones procedentes de muchos países del mundo. Hemos visto algún largometraje español, alguna serie británica, una curiosa e interesante distopía juvenil brasileña, intrigas políticas argentinas,… Todo tipo de cosas.

Algunas de las más curiosas surgen en Extremo Oriente. Bien sea como producciones propias o como adquisiciones de películas o series de otras cadenas. Es cierto que en de estos países se abusa de tres géneros, y muchas veces con resultados que no encajan con los gustos fuera de su terreno original: el romántico, el adolescente (variante del anterior en muchas ocasiones) y los dibujos animados más o menos fantásticos. Algún intento hay de navegar por el género histórico… He ido probando alguna cosa, aunque me haya quedado con poco. Se trata de conjugar una serie de factores para que me quede con una serie. Que me guste lo suficiente y me entretenga, que me aporte algo en el conocimiento de la sociedad de la que procede más allá de los tópicos, que no tenga un público objetivo demográficamente tan seleccionado que me resulte absurda su visión,… En el último mes y medio he visto las primeras temporadas de tres series muy distintas procedentes de Extremo Oriente.

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Series sobre la gente corriente en los países del extremo oriente asiático… pues gente corriente en las calles de Tokio.

Un peculiar restaurante nocturno en Tokio

Se puede encontrar como «Midnight Diner: Stories of Tokyo»; el título original en japonés es 深夜食堂 (Shinya Shokudō), que viene a significar algo así como «casa de comidas nocturna»,… creo. En su primera temporada se trata una serie de 10 episodios de corta duración, unos 20 minutos, que se desarrollan en el entorno de un pequeño restaurante económico en el centro de Tokio, donde el restaurante ofrece únicamente un plato en la carta, aunque puede preparar cualquier cosa que le pidan siempre que disponga de los ingredientes. Cada episodio lleva el título de un plato que es el que prefiere el personaje protagonista de ese episodio.

Son pequeñas historias sobre las relaciones humanas. Hay varios que son sobre las relaciones románticas o de pareja. Amores y desamores. Pero también hay relaciones de familia, laborales, de amistad… con protagonistas que van cambiando, aunque hay un grupo de fieles que actua como coro cómico que proporciona un desaogo a los dramas de los personajes centrales de cada entrega.

Sencillo en su producción, sin más pretensiones, es no obstante una serie bien hecha y más que digna en su desarrollo. Y sirve para comprender un poco mejor las escalas de valores de los nipones.

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Cinco estudiantes (o no) en Seul

Desde Corea del Sur, con el título internacional «Hello My Twenties» o «Age of Youth», nos llega 청춘시대 (Cheongchunsidae). La primera temporada son 12 episodios de casi una hora de duración cada uno que nos llevan a un piso de estudiantes en Seul. Cinco jóvenes entre los 20 y 28 años según dicen, aunque parece que de modo informal los coreanos cuentan los años de forma distinta a los occidentales, y sus edades entre nosotros estaría entre los 19 y los 26 o 27 años. Nuevamente nos encontramos con una de las motivaciones principales para ver estas series, la de conocer un poco más las peculiaridades de la cultura local.

Las cinco jóvenes son estudiantes, aparentemente. Los perfiles son muy distintos. La más joven es una recién llegada de una región rural, que llega despistada y tímida. Las dos siguientes en edad son pizpiretas y alegres, aunque una de ellas está colgada de un novio potencial maltratador, mientras que la otra no consigue atraer a ningún chico a pesar de ser bastante mona. La cuarta es la alta, guapa, con mundo, y en realidad no es estudiante, aunque sus compañeras no lo saben. Y la quinta, la mayor, es una callada joven que se desloma a trabajar pluriempleada para pagarse unos estudios que le cuesta mucho ir sacando a delante.

En el episodio inicial, la joven pizpireta sin novio asegura ser capaz de ver fantasmas, espíritus de fallecidos, y anuncia que hay uno en la entrada del apartamente. Lo que no sabe es que varias de sus compañeras arrastran muertos y misterios en sus vidas… pasados, presentes o potencialmente futuros.

A pesar de esta premisa, la serie no es de fantasia o fenómenos paranormales. Es de relaciones puramente terrestres, en la que se irán destapando los problemas que atenazan a cada una de ellas. Familiares, de violencia de género, sentimientos de culpa, mentiras compulsivas, acoso laboral, prostitución, el difícil acceso al mundo del trabajo… Novios posibles, probables o imposibles. El primer episodio estuvo a punto de echarme para atrás, pensando en que sería una simple serie romanticona. Pero la serie trata temás con más profundidad, como habréis podido ver en la lista anterior. Muchas veces te descolocan, por los giros de la trama,… o porque no asumes o conoces los valores y costumbres de los coreanos. Y cosas que aquí pueden ser normales, allí pueden causar conflicto o se moralmente escandalosas. Y al final coges cariño a las cinco guapas compañeras de piso. Porque eso sí, monas son.

Una curiosidad que me ha merecido la pena.

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La «justicia» de los vencedores

Me sorprendió encontrar en catálogo este título, Tokyo Trial, no por su tema, sino porque del grupo de entidades que la producen, la principal es la televisión pública japonesa. Y trata un tema delicado. De la misma forma que al final de la Segunda Guerra Mundial en Europa se produjeron los juicios de Núremberg para depurar las responsabilidades de los jerarcas alemanes por sus crímenes durante la guerra, en Tokio, bajo el mandato del general MacCarthur, se montó un tribunal internacional para ejercer la misma tarea sobre los jerarcas japoneses.

Estamos pues ante una serie con un reparto internacional, sobre los jueces que formaron este tribunal internacional, en la que se mezclan imágenes rodadas con actores actuales, con las de archivo de la época de los juicios. Unos juicios en los que algunos de los jueces pusieron en duda los fundamentos jurídicos puestos encima de la mesa. De hecho, el punto de vista principal en la serie es el del juez holandés, que al final emitió un voto particular sobre las sentencias. No voy a entrar en un comentario detallado de los dilemas que plantea esta producción de cuatro episodios de tres cuartos de hora de duración. Pero básicamente se centran en torno a la legitimidad de la guerra como medio de ejercer la política exterior de un país, la asimetría entre los países de occidente y oriente, colonizadores y colonos en muchas ocasiones, a la hora de establecer relaciones de influencia y de poder, o el hecho de que potenciales actuaciones de los vencedores no se llevasen a los tribunales a pesar de que estaban revestidas también de mucho sufrimiento y muerte entre poblaciones civiles.

No es una serie para el lucimiento interpretativo, para mostrar las virtudes dramáticas de un guion, o para sacar pecho con las excelencias de una producción. Es una serie para inducir a la reflexión, y que intenta ponerse en una posición, si no equidistante, al menos ecuánime ante los dilemas que se plantean. No está mal.

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[Televisión] Cosas de series; adiós a Masters y Johnson

Televisión

Como siempre que se despide una serie de cierta entidad y calidad, reservaré un artículo en exclusiva a la despedida de Masters of Sex, producción que nos ha acompañado durante cuatro temporadas y que está inspirada en los trabajos y las vidas del médico ginecólogo William Masters y la psicóloga sexóloga Virginia Johnson.

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No se me han ocurrido unas fotografías específicas para esta serie… así que pondré algunas fotos recientemente tomadas en estos días de niebla en Zaragoza en las riberas del Canal Imperial de Aragón.

Pero una cosa es que la serie haya estado inspirada por Masters y Johnson y otra cosa es que la historia y las personalidades del Bill Masters (Michael Sheen) y la Gini Johnson (Lizzy Caplan) de la serie, usaré los diminutivos de los nombres para diferenciarlos, sean los reales aunque existan parecidos. Ciertamente, ambos trabajaron juntos desde 1957, cuando Virginia Johnson todavía no tenía su título, publicaron diversos trabajos científicos de importancia en el conocimiento de la sexualidad humana, y se casaron en 1971 tras el divorcio de Masters de su primera mujer, Elisabeth Ellis, Libby (Caitlin FitzGerald) en la serie. Pero la serie nunca ha pretendido ser un reflejo certero de la realidad de la pareja aunque estuviera basada en una biografía de la misma. Más bien lo que ha buscado ha sido mostrar un abanico de las complejidades de las relaciones de pareja, sexo incluido, a través del peculiar trío formado por los tres protagonistas mencionados, hay que considerar al personaje de Libby necesariamente como un protagonista más, y la pléyade de personajes secundarios, unos más estables, otros recurrentes, que han ido transitando por la serie.

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Como sucede con muchas series de televisión, la primera temporada, en la que tuvimos ocasión de conocer a los personajes, se plantearon los potenciales conflictos entre ellos y el tono general de la serie, tuvo un tono más desenfadado. Muchas veces más cercano a la comedia, con las escenas de cama y desnudo apareciendo frecuentemente. Fue la temporada más entretenida, sin duda. La segunda temporada ya nos fue mostrando que la evolución de la serie iba a ser hacia el drama. Si esta segunda temporada explora con intensidad la compleja relación que se va generando entre Bill y Gini, en la tercera, Libby reivindica su importante papel en el trío protagonista. La serie se ha comparado con frecuencia con Mad Men. En primer lugar, por su ambientación y época. En segundo lugar, por tratar fundamentalmente de la relaciones humanas. Y también por algunas características de la propia dinámica de la serie. Da igual si en un momento dado el tono de la serie estaba más acertado o menos. En cualquier momento aparece una escena, con maravillosos diálogos y estupendas interpretaciones, que te deja pegado al sofá con los ojos atónitos y la boca abierta, por su intensidad y profundidad. Incluso en esta última temporada, donde el tono general ha sido más flojo, no han faltado los momentos de magnífico cine para la pequeña pantalla, del mejor, coronados por esa escena final que tan magníficamente habían ido profetizando diversos personajes secundarios, en la que nos deja claro que, independientemente de que la pareja haya sido conocida tradicional como Masters y Johnson, por personalidad, por carácter, por actitud, el nombre real de la misma tendría que haber sido Johnson y Masters.

Absolutamente recomendable. Y además creo que se ha despedido en el momento oportuno.

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[Televisión] Cosas de series; distopías juveniles brasileras y zombis de buen ver

Televisión

No me extenderé mucho en la entrada televisiva de esta semana. Además, la dedicada al cine también llevaba su dosis de serie de televisión. Simplemente, comentar la segunda temporada de una serie de mero entretenimiento, y una distopía juvénil (una más) pero que tiene la originalidad de que nos llega de Brasil. Y probablemente con elementos distintivos.

Me he visto la segunda temporada de iZombie, teleserie que empezó con una mezcla de parodia humorística sobre el fenómeno «zombi» en televisión y procedimental policiaco con pareja formada por policía y «científica». También un cliché de la última década en televisión. La gracia es que la «científica», médica forense en este caso, es una zombi perfectamente funcional. En la segunda temporada, las tramas se han serializado más, lo cual le ha dado cierto interés. Claro que a lo tonto modorro, aquí al final se va a convertir en zombi hasta el apuntador. Zombis, que siempre y cuando no acaben en modo «romero» por falta de cerebros frescos, suelen ser guapos y macizos. Empezando por la protagonista. Y su amiga la fiscal. Bueno, esta no es zombi… todavía. Pero está muy maciza. Como digo, serie meramente de entretenimiento, que se sostiene por el buen rollo que transmite su protagonista y por el tono general de buen humor. Incluso cuando se ponen dramáticos. A destacar el último capítulo donde por fin hemos visto escenas del tipo «apocalipsis zombi» que gustan tanto a los aficionados al género. A mí el tema «zombi» me aburre… salvo parodias divertidas como esta.

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Como sucede en otras entradas con tono televisivo, repaso a mi fotoblog viajero, lo que está «saliendo» en estos días (enlaces al final). En 2011, estuve de vacaciones en Hamburgo (foto del encabezamiento), y visité varias veces Barcelona, en esta foto ante el MACBA, museo de arte contemporáneo.

Como curiosidad, la película que dio lugar al arquetipo del zombi en modo «romero», apelación que es un homenaje a su director, George A. Romero, fue Night of the Living Dead (La noche de los muertes vivientes), que yo vi hace la intemerata de años en el Cinema Elíseos de Zaragoza cuando era ¡¡¡cine de arte y ensayo!!! Así se consideraba entonces esta película.

La serie de interés de la semana sería 3 %, producción brasileña de Netflix, rodada en portugués por lo tanto. Si el tema zombi se ha convertido en un cliché en los últimos años, no digamos el de las distopías con protagonistas juveniles. En los últimos años ha habido una avalancha de trilogías de ¡¡¡cuatro películas!!!, con más o menos éxito, en el que se nos plantea una sociedad distópica más o menos futura, y un grupo de adolescentes o jóvenes que luchan contra la misma, con una figura más o menos mesiánica al frente. Seguro que el arquetipo os sonará a muchos. Dejando aparte que están pensadas para un público juvenil entre el que no me encuentro, por lo que he podido ver acaban resultándome cansinas incluso si la primera entrega es decente. Que sólo lo puedo decir del arquetipo mencionado. Los emprendedores y animosos responsables de Netflix han decidido darle una oportunidad al género, pero como digo «made in Brasil». Y han tirado más de imaginación que de medios, ya que esta serie no está rodada con grandes presupuestos ni efectos especiales. Eso es evidente.

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También visité con frecuencia Madrid; una de las veces comimos en el Café de Gijón, donde no estaba lleno precisamente de jóvenes con ganas de acabar con ninguna sociedad distópica.

Nos encontramos en un mundo en el que la sostenibilidad de la sociedad con un buen nivel de vida se considera imposible. Por lo tanto, esta está dividida en dos un 3 % de privilegiados que viven en Mar Alto, con todo tipo de comodidades y posibilidades de realización, mientras que el 97% de la población vive en una enorme favela, en la pobreza y en el conflicto social. Pero todos los habitantes de la favela, al llegar a los 20 años, pueden optar a pertenecer al 3 % de privilegiados si superan el «Proceso», peculiar sistema de selección, altamente competitivo que, teóricamente, selecciona a los mejores y más provechosos para la sociedad de alto nivel de desarrollo. Por supuesto, las relaciones sociales en lo poco que se ve de la sociedad avanzada no serán todo lo idílicas que parece, y existe un grupo de revolucionarios «La Causa», que quiere subvertir el orden establecido. Y algunos de los candidatos de este año pertenecen a «La Causa».

La serie es entretenida. Y la primera temporada se deja ver sin problemas. Pero es difícil que se sostenga si una mejora en algunas cuestiones. Que no sé si serán trascendentes de cara a temporadas futuras. Las pruebas del proceso siguen unos criterios extraños, poco lógicos, que no sabes muy bien qué narices están midiendo, o por qué se permiten las violencias, a veces gratuitas, que se permiten. Y los conflictos entre los personajes están también muy forzados en ocasiones. Así como el cambio de rol de los personajes conforme pasan los episodios, así como de repente. No obstante, ha habido un par de episodios muy apreciables. No está mal, pero necesita mejorar. Lo malo es que si seguimos las tendencias de las producciones de cine con este tema, lo más probable es que vaya a peor. Espero equivocarme. En cualquier caso, también es bueno que la plataforma de vídeo bajo demanda tenga vocación global y no se limite a promocionar los productos anglosajones.

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E hizo una escapada a Estocolmo, donde hicimos el oso en Skansen, parque etnológico y zoológico muy visitado de la capital sueca.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

[Televisión] Cosas de series; superhéroes afros y policias británicos paranoicos

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En realidad, en estos momentos tengo bastante cosas que comentar en él ámbito televisivo. Han ido llegando y pasando distintas novedades, y se me han ido acumulando. Indudablemente, se nota que colé a las chicas Gilmore el lunes en exclusiva. Bueno, pues voy un par de series que me he merendado en Netflix recientemente.

Hace tiempo que opino que en los Estados Unidos, el tema de la convivencia racial está muy muy muy lejos de estar resuelto. Y que en ocasiones dan pasos que parecen más encaminados hacia una segregación étnica que hacia una convivencia natural. En estas semanas atrás he tenido oportunidad de ver la primera entrega del tercer «superhéroe» Marvel que aterriza en Netflix. Se trata de Luke Cage, que ya fue un secundario destacado en la primera temporada de Jessica Jones. Y parece como si fuera la cuota para la comunidad afroamericana de Estados Unidos. Situada la acción en Harlem, apenas hay un par de personajes de origen europeo en la serie. Y por lo que se ve el equipo de producción está formando también por personas con ascendencia africana. Lo dicho… productos por cuotas. Cuotas que luego se exigen también en otros entornos, a veces con razón, a veces de forma un poco chorra. Soy de las personas que opinan que cuando existen situaciones de desigualdades manifiestas, están justificadas las discriminaciones positivas hasta que la situación se corrija. Los grupos de poder pocas veces están dispuestos a cederlo porque sí, por buenos y simpáticos. Pero una cosa es discriminar positivamente en las oportunidades, para equilibrar, y otra cosa es separar y segregar en campos distintos, supuestamente iguales. Porque ese «supuestamente» pocas veces me lo voy a creer.

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Como en otras entradas televisivias, miscelánea de fotos procedentes de mi fotoblog de viajes (enlaces al final); como los canales de Leiden, Países Bajos, en el encabezado, o el Rin al atravesar Colonia, Alemania.

En cualquier caso, a lo que vamos, la serie. Cortada por el mismo patrón de las anteriores producciones de Marvel para la cadena de vídeo bajo demanda, se aleja del estilo de los superhéroes cinematográficos… afortunadamente. Sin embargo, mientras que las series de los dos personajes protagonistas previos aportaron novedades y un aire fresco al género, en este caso se limita a seguir la corriente. La serie es entretenida, pero previsible, excesivamente previsible. Y hay otro problema también. La calidad del héroe en la ficción está habitualmente relacionada con la del villano. Cuando hay un villano de alto nivel, cosa que sucedía en las primeras temporadas de Dare Devil y Jessica Jones, la serie también sale muy beneficiada. Sin embargo, los villanos en esta ocasión, siendo razonablemente adecuados, no tienen el nivel de «carisma» de los anteriores. Entretenida, bastante; entusiasmante, poco.

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Las casas típicas de la Petite Venice en la alsaciana ciudad de Colmar en Francia.

En un tono menos notorio, se puede ver también en la cadena de vídeo bajo demanda la serie policiaca Paranoid. No es precisamente el mejor ejemplo de policiaca británica. Y menos teniendo reciente The Fall. Las principales novedades radican en una serie de puntos. Los protagonistas de la serie, los policías, están bastante perjudicados. Todos arrastran complejos o problemas vitales que irremediablemente les afectan en el trabajo. De hecho, son todos bastante petardos por uno u otro motivo. Con alguna excepción. La excepción está en que no sólo salen protagonistas británicos, sino que comparte la acción con policías alemanes, en Duseldorf, donde hay algún personaje femenino que podría dar bastante de sí como protagonista. Y por otra parte, las cosas no pasan en una gran ciudad. Se trata de un grupo policial de una zona rural, y a pesar de ello tienen que lidiar con un caso de gran complejidad. Ya digo, a nivel internacional. Tiene un reparto de buen nivel. Sin embargo, sólo destaca a veces. Otras veces, la naturaleza de sus personajes la hace un poquito rollo… pero bueno se deja ver si no hay algo más interesante en ese momento.

Dentro de unos días, distopías brasileras y zombis de buen ver.

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O un dinosaurio de madera en el centro de Budapest, Hungría.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

[Televisión] Cosas de series; las cuatro palabras y el punto final a las chicas Gilmore ¿o no?

Televisión

En el mes de junio, si no recuerdo mal, aparecía como disponible en el catálogo de Netflix las siete temporadas de Gilmore Girls, una de las comedias familiares más apreciadas de la primera década del siglo XXI. Para ese momento ya se había confirmado que se estaba preparando un cierre en diferido para esta serie, que sin ser de las más vistas en la televisión mundial, había adquirido una popularidad notable por contener determinados valores que la hacen apreciable. Este «revival» de los habitantes de Stars Hollow, el pueblo ficticio de Connecticut donde transcurre principalmente la serie, iba a ser estrenado en el fin de semana de Acción de Gracias por la cadena de emisión de contenidos televisivos bajo demanda. Momento ideal para realizar maratones y ver los anunciados cuatro nuevos episodios de entre una hora y media y una hora y tres cuartos de duración.

Pero hagamos un repaso a lo que fueron las chicas Gilmore, aunque ya he hablado de ella en los últimos meses, ya que dediqué el verano a volver a ver esta serie de la que conservaba y conservo muy buenos recuerdos. Aunque algunos asociados a momentos tristes. Los primeros se corresponden a algunos de los primeros capítulos que se emitieron en España. En aquella época, la primavera del año 2003, en la familia la vida la llevábamos muy atribulada. Fue el año que falleció mi madre. Y mi padre, esa primavera, también pasó quirófano. El caso es que yo tan apenas veía la televisión en casa; alguna película de vez en cuando y poco más. Pero cuando eventualmente pasaba algún rato largo en casa de mis padres, haciéndoles compañía o por el motivo que fuera, recuerdo que de vez en cuando aparecían en pantalla estas chicas de diálogos vertiginosos, amoríos inestables y situaciones estrambóticas o delirantes en ocasiones.

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Uno de los protagonistas principales de «Gilmore Girls» es Star Hollow, un cuco pueblecito de Connecticut. Como no tengo fotos de pueblecitos cucos norteamericanos, menos de Connecticut, Connecticut, tramperos de Connecticut, os dejo la de un pueblecito cuco francés, Le Bugue, a orillas del Vézère en el Perigord.

He contado todo esto para que se entienda cómo una serie que normalmente debería haber pasado desapercibida, nunca he formado parte de su público objetivo, acabó formando parte del recuerdo emocional de mi vida. Conforme la situación familiar se fue estabilizando y mis hábitos de consumo televisivo fueron variando, empecé a mostrar interés por esta serie. En aquellos momentos en Estados Unidos iban ya por la cuarta o la quinta temporada. Así que recupere la serie desde el principio, fue la primera que vi integramente en versión original, y ya la acompañé hasta su final en 2007. Sus valores principales estaban en una sabia mezcla de 2 partes de comedia, 1 parte de drama, 1 parte de absurdo, aderezado todo ello con las dosis adecuadas de romance, de acuerdo a la cadena que la emitía en su país de origen. Guiones muy buenos, diálogos vertiginosos, muy ingeniosos, repletos de referencias populares, y juegos de palabras cuyo sentido se perdía en muchas ocasiones en el doblaje al castellano. Motivo por el que preferí la versión original, lo cual acabó siendo la norma para todo tipo de ficción televisiva. La producción era muy estándar, abundancia de diálogos rodados en una más o menos clásica alternancia de planos y contraplanos de los dialogantes. Nada complejo cinematográficamente hablando. Pero como digo, la gracia estaba en los maravillos diálogos. Y en los personajes. Ambas chicas Gilmore, Lorelai (Lauren Graham) y Rory (Alexis Bledel), se hacían querer de inmediato, especialmente la primera. Hasta tal punto que se hacían perdonar las limitaciones interpretativas del reparto, especialmente de la segunda. Claro que había que sumar una constelación de personajes secundarios que tenían momentos sublimes, especialmente al entrar en el surrealismo y en el absurdo de la ficticia sociedad civil de Stars Hollow.

Se ha hablado de los valores progresistas de la serie. El protagonismo de una mujer que siendo madre adolescente, cría a su hija ella sola, trabaja con aínco para pasar de trabajar de camarera en un hotel hasta montar y dirigir su propio establecimiento. La versión progresista del sueño americano. Que si la comparamos con el significado de «progresista» o «feminista» en Europa, se queda en una idealogía moderadamente conservadora y razonablemente tolerante.

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La serie comenzó discretamente su andadadura, para ir captando poco a poco la atención del respetable, hasta alcanzar su legión de incondicionales. Cada temporada de entre 20 y 22 episodios de 45 minutos, si no recuerdo mal, comprendía un año en la vida de las Gilmore. Desde el comienzo de curso de Rory hasta la llegada del verano. En total fueron siete temporadas, desde que Rory comienza su segundo año de instituto (de los cuatro que tiene el equivalente al bachiller en Estatos Unidos) hasta que termina su cuarto y último año de universidad y tiene que salir al mundo. Por supuesto, a partir de determinado momento, cuarta o quinta temporada, la serie empezó a mostrar señales de desgaste. Y el productor ejecutivo («showrunner») principal de la séptima temporada no fue su creadora, Amy Sherman-Palladino, que además manifestó su disconformidad con el cierre de la serie. Sinceramente, yo siempre lo consideré muy apropiado. No eché en falta nada. Nada se cerraba definitivamente en las vidas de las Gilmore, la vida seguía. Pero con unas etapas, marcadas por la adolescencia y primera juventud de Rory, terminadas. En cualquier caso, se generó un nuevo mito. Las «cuatro palabras» que Sherman-Palladino dijo que había pensado para que terminara la serie, y que al no estar al cargo de la misma en su cierre, no se pronunciaron.

Nueve años más tarde… Qué coincidencia. Cuando se cierra la serie, el trabajo que va a tener la Rory Gilmore recién graduada es seguir la campaña de cara a nominación a la presidencia de los Estados Unidos de un joven senador por Illinois, un tal Barack Obama. El regreso de las Gilmore a la pequeña pantalla coincide con el final del segundo y último mandato de Obama en la casa blanca. Nueve años más tarde han regresado en una temporada especial, Gilmore Girls: A Year in the Life. Nada especial… ¿no? Todas las temporadas fueron un año en la vida de las protagonistas. Pero nos encontramos con que han pasado casi 10 años. Lorelai lleva ese tiempo conviviendo con Luke Danes (Scott Patterson), aunque no se han casado, y Rory se ha convertido en una reportera que ha alcanzado algún éxito puntual, pero no tiene una estabilidad en su carrera. Esencialmente, este revivir de la historia de las Gilmore no es otra cosa que mostrar al público el planteamiento, desarrollo y desenlace de un momento de crisis en la vida de estas chicas. También en paralelo se plantea la crisis de la «tercera» de las chicas Gilmore, la madre y abuela Emily (Kelly Bishop), marcada por su reciente viudedad. Obligada porque el actor que interpretaba al padre y abuelo murió en la vida real.

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No voy a entrar mucho en el argumento, que ha he esbozado «grosso modo» en el párrafo anterior. Para ver esta «nueva temporada», organizamos un grupo de amigos un «maratón» televisivo. Veríamos los cuatro episodios de que se compone en dos noches seguidas. En dos casas distintas, y encargando para cenar comida a domicilio, al más puro estilo Gilmore. Italiana el viernes, japonesa el sábado. Ha sido muy divertido, y ha dado lugar a divertidas discusiones. Puntos en común en las opiniones, que yo comparto,… La historia que nos cuenta se podría haber contado en un único largometraje de 90 a 120 minutos de duración. Dentro de ese tradicional esquema de desarrollo de la ficción, planteamiento o presentación, nudo o desarrollo y desenlace, dedican dos episodios, 180 minutos al planteamiento, totalmente excesivo y condicionado a realizar constantes guiños a la legión de incondicionales que esperan ver a los personajes de siempre en situaciones similares.  Sin embargo, los guiños y las referencias a la cultura popular están metidos con calzador en muchas ocasiones, no fluyen con la naturalidad con la que lo hacían en la serie original.

El nudo de la historia está en el tercer episodio, que a mí me parece el más entretenido. Y en el que además Sherman-Palladino se permite homenajear a otra de sus series, fracasada en este caso, ya que dos de las tres protagonistas de Bunheads, que tenía un tono muy similar, tienen papeles en esta historia, Sutton Foster, cantando y bailando, en el demencial musical que se inventan para la ocasión, y Julia Goldani Telles, en un breve papel de joven empresaria de la información. Ambas actúan como espejos en los que se miran y se confrontan las dos protagonistas. Con más o menos éxito. La tercera protagonista de Bunheads, Kelly Bishop, lo es también de la serie que nos ocupa.

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Y llegamos al final… todo está dispuesto para un desenlace en el que todo lleve a que alguien pronuncia las famosas cuatro palabras que Sherman-Palladino tenía pensadas de siempre. En este final, se demuestra lo que yo decía. La serie va de progresista pero en realidad promueve una serie de valores familiares y sociales moderadamente conservadores. Y de alguna forma me resulta insatisfactorio. Alrededor del concepto «ciclo de la vida», algo parecido a aquello que decía los cylones en Galactica, «todo esto ha pasado antes y volverá a pasar de nuevo», resituamos a todos los personajes en una nueva posición. En la que de alguna forma ocupan cada uno en su generación la que ocupaban los de la generación anterior en la serie original. Lo que pasa es que para mí me deja una sensación. La gran historia de Lorelai Gilmore ya fue contada. Durante siete años y hasta hace nueve años. Y Rory Gilmore ha fallado en ser protagonista de su propia historia… ha sido siempre un apéndice de la de su madre. No voy a entrar en cuales han sido las cuatro últimas palabras. Evidentemente, están a tono con ese tono de ciclo eterno de la vida que se propone en este capítulo. Pero no tienen, ni de lejos el mismo sentido que tuvieron cuando fueran pronunciadas en algún momento en el pasado de Lorelai Gilmore. Y si en aquel momento supusieron el principio de una aventura de crecimiento personal, en esta ocasión y con las edades y circunstancias de las protagonistas, dejan a Rory Gilmore un poco como una mema.

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Probablemente el ciclo se considere ya cerrado. El final importa poco, el viaje ha sido divertido. Y con los defectos que tiene esta «nueva temporada» de las Gilmore, ha contribuido, a veces mucho, a la diversión. Pero evidentemente, el negocio es el negocio. La carrera de Alexis Bledel no es excesivamente brillante. Lauren Graham quizá ya haya pasado sus mejores momentos de su carrera. ¿Habrá lugar a que si el mercado lo permite construyan una nueva historia a partir de esas cuatro últimas palabras? Yo espero que no. De verdad.

PS: De los trabajos de los estrafalarios secundarios que pueblan el universo de las Gilmore, en este «año en la vida» de las chicas destacar a dos. Siempre el de Kirk (Sean Gunn), probablemente el más dadá y divertido de todos los vecinos de Stars Hollow. Y como novedad el doble papel de la actriz que interpreta a Gipsy (Rose Abdoo), con un nuevo personaje desconocido en el universo Gilmore, aunque resume a varias decenas de «ellas», y que nos proporciona estupendos momentos de diversión.

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[Televisión] Cosas de series; relaciones de todo tipo, mejores y peores

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Hoy traigo dos temporadas de dos series muy distintas, pero que básicamente hablan de lo mismo. En una encontramos a viejos amigos, en la otra encontramos a algunos nuevo.

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Como en otras entradas televisivas, aprovecho para mostrar ejemplos de lo que aparece en mi tumblelog viajero (enlaces al final). Como las trincheras de la guerra civil española en la sierra de Alcubierre en Aragón (fotografía del encabezad), o esta vista de los jardines del palacio de Schönbrunn en Viena, Austria.

Terminó recientemente la tercera temporada de You’re the Worst, comedia de situación que parte de la premisa de que los dos protagonistas, improbablemente destinados a ser pareja, son dos personas sumamente egoístas. Y a pesar de todo ligan y empiezan a tener emociones desinteresadas hacia el otro. Esta tercera temporada comenzaba con la necesidad de los dos protagonistas de lidiar con sus puntos más débiles. Con los episodios de depresión de Gretchen (Aya Cash) y con la muerte de su padre en el caso del muy británico Jimmy (Chris Geere). Por su puesto, acompañados por las desventuras eventuales de Lindsey (Kether Donohue) y Edgar (Desmin Borges), mejores amigos respectivos, y que especialmente en esta ocasión han actuado más con desahogo cómico de las vicisitudes de los protagonistas, pero sin perder ocasión para mostrar sus propios dramas. La serie sigue siendo muy interesante, aunque tengo la sensación de que ha perdido un poco de la pegada de las dos primeras temporadas. En las anteriores, los guionistas ofrecieron a los intérpretes momentos estupendos para lucirse, especialmente Aya Cash, que sabe dar muy bien a su personaje ese punto a la vez caradura y sensual, siendo que no tiene un físico especialmente llamativo. En esta, la línea ha sido más plana, constante eso sí, y quizá la serie ha perdido un poquito de intensidad como decía. Peor son episodios cortitos de algo más de veinte minutos que se ven muy bien.

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También más cerca, el claustro de la seo vieja de Lérida.

La otra serie ha sido la primera temporada de Easy. En esta ocasión, cada episodio ha contado las peripecias de una pareja o grupo de personas distintos, poniendo sobre la mesa los problemas de las relaciones humanas. Principalmente las sentimentales, pero no sólo. También ha explorado las familiares de otro tipo. Hermanos, paternidad/maternidad, etcétera. Aunque los protagonistas de cada episodio, ocho en total de algo más de 20 minutos, han variado, la serie ha estado en modo «vidas cruzadas», por lo que algunos personajes han aparecido en más de un episodio. Si en uno era personajes secundarios, en otro eran protagonistas o viceversa. Curiosamente hemos tenido también a Aya Cash en un par de episodios. Pero no han faltado otras caras conocidas. Por ahí ha aparecido el «elfo» Orlando Bloom, la polifacética Kate Micucci, la guapa sueca Malin Akerman, la no menos guapa británica Gugu Mbatha-Raw, que últimamente parece que está por todos lados, y otras caras que nos resultan conocidas de series o películas diversas, pero de cuyos nombres no solemos acordarnos. Quizá no ha sido una serie tan llamativa como otras de la factoría Netflix a la que pertenece, a pasado más desapercibida, y eso se nota por ejemplo en la valoración que los votantes de IMDb ofrecen. Pero yo creo que tiene momentos muy buenos, algunos muy divertidos, y otros con tonos más dramáticos, incluso si no lo parecen.

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O el amanecer en los llanos de la Violada, en Aragón.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

[Televisión] Cosas de series; «trans» californianos y asesinos en serie norirlandeses

Televisión

Ando un poco caótico estos días. Por algún motivo que desconozco, mi ordenador de sobremesa no se conecta correctamente a la red de mi casa. Ni por WiFi ni por PLC. Este es el modo adecuado en su lugar de otoño-invierno-primavera, porque a la distancia que se encuentra del emisor puede haber bajadas de rendimiento en la conexión inalámbrica. Pero algo va mal, no sé qué, y van mal las dos. El caso es que el resto de los chismes, el portátil que estoy usando ahora, la tableta y el teléfono, se conectan sin problemas con la red inalámbrica.

Bueno… voy con las últimas series que me he merendado. Salvo unas poquitas series, de las de temporada larga, que veo por episodios los fines de semana, las de temporada corta las veo seguidas a lo largo de varios días entre semana. Por cierto, que con uno de mis guilty pleasures confesos, Pretty Little Liars, me he puesto al día. Ya sólo me esperar los últimos 10 episodios para saber quién es el enésimo «A». Siguen siendo una coña estas chicas y estos guionistas. Interpretaciones entre flojas y ridículas, especialmente gracias a los entre flojos, repetitivos y ridículos guiones, que a pesar de todo no he podido dejar de ver… Guilty pleasures.

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Mis problemas con internet están afectando a mi tumblelog de viajes (enlaces al final); en los últimos días, no obstante, han aparecido rincones de la isla de Capri en Italia (en esta foto), o del Zugspitzbahn en Garmisch-Partenkirchen, Alemania (en la cabecera).

Pero vamos con cosas más serias. Hemos tenido la oportunidad de ver la tercera temporada de Transparent. El otro día tuve que explicar a unas amistades mías el juego de palabras del título, muy difícilmente traducible al castellano. Transparent = Transparente. Trans-parent = progenitor «trans». Por si a alguien le quedaban dudas. Porque a estas alturas, quienes se hayan interesado por la serie sabrán, es algo que se desvela en el capítulo inicial, que el padre familia (Jeffrey Tambor) de los Pfefferman, familia judía establecida en California, decide a sus sesenta y muchos años que va a salir del armario para confesar, no que es gay, sino que se siente mujer. Maura. A partir de ahí, con varios miembros de la familia con una sexualidad diferente de la heterosexual «estándar» (obsérvense las comillas), nos encontramos con esta comedia dramática, o drama con momento de relax cómico, que acompaña a todos y cada uno de ellos en sus alegrías y frecuentes traspiés. Y también los de aquellos que se cruzan con ellos. Especialmente disfrutables los episodios en los que nos trasladan al pasado. Y final inmenso para la madre de familia, Shelly (Judith Light), que se marca un número musical lleno de intensidad y excelente puesta en escena. Como las anteriores temporadas, muy recomendable.

O el Pont des Arts en París, Francia.

Y el siguiente comentario es para la tercera temporada de The Fall, esa magistralmente desarrollada caída (fall) en las sombras de Paul Spector (Jamie Dornan), la superintendente Stella Gibson (Gillian Anderson) y todos los demás que los han acompañado en esta aventura de persecución de un asesino en serie con tintes sexuales en Belfast. En realidad, la persecución del asesino terminó en la segunda temporada, pero la tercera ha tenido un arco argumental derivado lleno de sutileza, de momentos de grandeza interpretativa y de tensión. Poca acción, alguna ha habido, muchos momentos de diálogo, interrogatorios intensísimos, duelos de miradas, juegos de gato y ratón, como en toda la serie, en los que nunca sabemos quién es el gato y quién es el ratón… y lo peor del género humano asomando en cada paso con el que nos adentramos en la historia de estos personajes. Que Gillian Anderson es una excelente actriz ya se sabía, a pesar de la tonta serie de los marcianos. La gran sorpresa es Dornan, que tiene en su carrera como actor varias tontadas notables, muy grises algunas, pero de matiz, que no sombra (shade no shadow), gris mediocre. En esta serie está superior. Esperemos que en un futuro haga mejores elecciones en su trabajo, porque parece muy capaz. No está formalmente cerrada. Existe la posibilidad de futuros nuevos arcos argumentales totalmente distintos y renovados a partir del personaje de la superintendente de policía Gibson.

O uno de los tranvías típicos de Varsovia, Polonia.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

[Fotos/viajes/televisión] Tales by Light – Viajes y naturaleza desde el punto de vista de los fotógrafos – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía, Televisión, Viajes

Hace unos días Netflix, la plataforma de televisión bajo demanda, nos sorprendió con una novedad de las que no son muy anunciadas ni cacareadas pero que a mi me interesó de inmediato. Una serie de documentales sobre fotógrafos de naturaleza y de viajes. Seis episodios de poco más de veinte minutos, muy entretenidos. Para los más aficionados a la fotografía, en el enlace a continuación me extiendo más sobre los fotógrafos que participan. Para el resto, decir que son muy bonitos incluso para los no aficionados a la fotografía… y os dejo unas cuantas fotos de mis propios viajes. Que creo que no están mal.

Origen: Tales by Light – Viajes y naturaleza desde el punto de vista de los fotógrafos – Fotografía y otras artes visuales.

[Televisión] Cosas de series; de resucitados y distopías tecnológicas

Televisión

Hoy traigo como platos fuertes dos temporadas de seis capítulos de dos series muy distintas que se pueden ver actualmente en Netflix, y que me han ocupado principalmente mis ratos de asueto televisivo en las últimas semanas.

La primera merece poco comentario. Es la primera temporada de una serie australiana, Glitch, que se apunta como parece estar de moda al tema de los muertos que resucitan misteriosamente. Moda que iniciaron los franceses con la interesante Les revenants, y que ha dado lugar a nuevas versiones reconocidas o no de la historia o del tema en distintos países. Con sólo seis episodios en esta primera temporada, y un ritmo pausado, les ha dado para plantear el misterio y poco más. No aporta novedades al tema, parece que se decanta más por el lado «ciencia ficción» que por el lado «místico», pero sin más. Eso sí, es razonablemente entretenida; si no no creo que le hubiera dado muchas oportunidades.

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Aunque no tengan que ver necesariamente con las nuevas tecnologías, las zonas suburbanas de las ciudades siempre han simbolizado para mí ese contraste entre lo bueno y lo malo que nos trae el progreso. Por ello, estas recientes fotografías de una de esas zonas suburbanas en Zaragoza, me han parecido apropiadas para ilustrar esta entrada.

La segunda temporada de serie que he visto, también con seis capítulos, ha sido la muy esperada tercera temporada de Black Mirror. La serie ha cambiado de «casa» ya que se ha ido de su cadena de televisión británica original a ser un original de Netflix. Afortunadamente, ha mantenido las características que han hecho de ella una serie imprescindible para el aficionado a la ficción televisiva en estos momentos. Como hasta ahora, sigue con su serie de episodios con historias independientes unas de otras, que se pueden ver en cualquier orden o en cualquier momento sin que haya tramas entrelazadas. Todas ellas analizan las consecuencias de la introducción de nuevas tecnologías en la sociedad, especialmente en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación. Y presta atención concretamente en las consecuencias negativas que pueden aparecer detrás de la aparente felicidad de la innovación tecnológica. No deja de ser una exploración de lo que de distopía tiene la sociedad actual y sus posibles rumbos futuros. La serie no es antitecnológica, como algunos han propuesto, sino que más bien está interesada en analizar los comportamientos humanos, que son los que hacen que una herramienta tecnológica, un avance científico con aplicaciones prácticas, tenga consecuencias positivas o negativas para la sociedad.

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El tono de cada capítulo va variando. En algunos casos estamos en situaciones cómicas o paródicas. En otros flirtea con el suspense, y en algunos casos, directamente con el terror. Las consecuencias no siempre son negativas. Quizá, dos de los episodios más celebrados de esta temporada, Nosedive, y San Junipero, admiten consecuencias finales de las situaciones que se nos presentan. El logro de una libertad perdida en un caso, la posibilidad de vivir la vida que ha sido imposible en el otro. Pero los tonos son francamente negativos en el resto, especialmente en el duro episodio bélico, Men Against Fire, que reflexiona con dureza sobre algunos aspectos relacionados con el soldado combatiente, o Hated in the Nation, profunda reflexión sobre las actitudes de odio, linchamiento o «bullying» social.

Hay episodios con más nivel y otros con menos. Pero todos ellos merecen la pena y están por encima de la media de la ficción televisiva común. Como digo, una serie imprescindible.

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[Televisión] Cosas de series; volviendo al rancho

Televisión

Antes de hablar de la última serie cuya temporada de turno he terminado, he de decir que cada vez me estoy quedando con menos series tradicionales, de las de temporada larga y esas cosas, y cada vez me dedico más a la cosa monográfica. Verme una serie de tirón. En días, no en horas como hacen algunos. A ver, que tengo vida más allá de la tele, y mucha. Pero evidentemente Netflix ha afectado mucho a la forma a como ahora concibo ver la televisión. Por ejemplo, supongo que a lo largo de esta semana he empezado y finiquitaré la tercera temporada de Black Mirror, que ya anuncio que estoy disfrutando bastante. Son seis episodios, así que a uno al día, contando con que algún día no vea televisión,… una semana.

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Fuertes nevadas en el rancho de los Bennett, paisajes nevados para la entrada televisiva de hoy.

Hemos terminado de ver… No tengo muy claro qué temporada de The Ranch. No sé si es la segunda y última parte de la primera temporada, como se deduce de IMDb, o si es la segunda parte de la serie, o sea segunda temporada, como deduje al principio, supongo que erróneamente, según como la presentaron en Netflix. En cualquier caso, en estos diez episodios ha habido una clara continuidad en las tramas con respecto a los primeros diez episodios. Beau (Sam Elliott) y Maggie (Debra Winger) han seguido discutiendo y distanciándose, Rooster (Danny Masterson), asombrosamente, da síntomas de ir madurando como persona, y el duo protagonista, que son los personajes menos interesantes desde mi punto de vista, Colt (Ashton Kutcher) y Abby (Elisha Cuthbert) han seguido reencontrándose y progresando como pareja… hasta el final con sorpresa y correspondiente «cliffhanger». Hemos seguido teniendo es mezcla de drama familiar con abundante dosis de comedia, en el que todo el mundo actúa estupendamente menos los dos protagonistas… que no desentonan pero tampoco son nada del otro mundo, cosa que se sabe desde hace tiempo. Serie entretenida que seguiremos viendo en un futuro, en ese rancho de algún lugar perdido en el estado de Colorado. Y bueno… a mi siempre me ha encantado Debra Winger… sus películas no siempre, pero ella sí.

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[Televisión] Cosas de series; reinas y soldados nos llegan de la pérfida Albión

Televisión

La vuelta de vacaciones no me ha proporcionado claridad sobre cómo quiero ver y seguir las series de televisión. Se me empiezan a acumular posibilidades, y además hay que atender a las novedades de la cartelera. Por otra parte, me he acostumbrado tanto a lo cómoda que es una plataforma como Netflix, que me pregunto si realmente me apetece agobiarme con otras programaciones. Más cuando parece que últimamente no está para series muy sesudas y se conforma fácilmente con entretenimientos para pasar el rato. No obstante he de decir que he visto los primeros capítulos de tres series, Westworld, Timeless y Divorce. Ninguna me ha parecido mala, ninguna me ha entusiasmado. Se habla de Westworld como la baza de HBO para cuando se despida Game of Thrones. Bueeeeeno… tiene pinta de estar bien hecha, parece que va a ser una enésima vuelta de tuerca al problema de las inteligencias artificiales de aspecto humano (cylones, replicantes, robots de Asimov, etc). Pero el hecho de que el ambiente sea del far west no me entusiasma… Seguiré pensando.

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La entrada de hoy me ha quedado muy «british», así que nos daremos una vuelta por Londres, con soldado y reina Victoria incluidos.

Me ha hecho gracia ver el primer episodio de Timeless, serie de acción basada en una patrulla de tres, uno de ellos una mujer inteligente del mundo de las humanidades, otro un soldado,… que se desplaza a momentos clave de la historia de los Estados Unidos para evitar que esta se vea alterada. Los «minhistéricos» españoles se han llevado las manos a la cabeza y han empezado a gritar «plagio, plagio». Las semejanzas son obvias. Pero también hay diferencias evidentes. Y por otra parte, las series con viajes en el tiempo están empezando a surgir como setas. Yo que nos los «minhistéricos» me preocuparía de mejorar los guiones y el nivel interpretativo de alguna de sus protagonistas, y me dejaría de preocupar por otras historias. Salvo de lo que se trate sea de ingresar pingües beneficios por los derechos de autoría de la idea… y no tanto sobre la digna presentación al espectador de buenas producciones televisivas.

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Lo que sí he hecho es terminar de ver dos series de origen británico.

Una de ellas ha sido la corta segunda temporada, cinco episodios, de Our Girl. La primera temporada seguía las aventuras de una chica de clase trabajadora que acaba metiéndose en el ejército de su graciosa majestad para buscar su lugar en el mundo. En esta segunda temporada, que ha tardado en llegar, han cambiado de protagonista. La primera temporada era evidentemente complaciente y poco crítica con la institución castrense y sobre sus actuaciones. La sociedad civil británica no ha tenido excesivos encontronazos con su ejército, bastante respetuoso con el ordenamiento legal y constitucional del país, lo cual ha sido más raro en el resto del continente europeo y del mundo en general. Los desmanes causados por el ejército británico hay que atribuirlos a los propios gobiernos que dirigen el país. En general. Pero esta segunda temporada ha tenido un carácter especialmente propagandístico, y ha acabado cargándome un poquito. No creo que vuelva a ver esta serie en el caso de que llegase una tercera temporada. Fuera.

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La otra serie tenía de partida aspecto de miniserie. Cerrada en una temporada. Victoria, los años jóvenes de la longeva monarca británica cuyo reinado ha dado nombre a toda una época y cultura de la historia del país, la era victoriana. Con la pizpireta Jenna Coleman en el papel protagonista, humanizando notablemente la imagen de la adusta monarca, desde el principio no hemos podido dejar de pensar que en el ADN de la producción de esta serie había genes comunes con Downton Abbey. Con tramas entre los de «arriba» y tramas entre los de «abajo», el personal al servicio de palacio, hemos asistido al acceso al trono de la reina, su consolidación y su compromiso y matrimonio con Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Al final,… pues no va a ser una miniserie. Ya nos anunciaba el cierre del último episodio que en 2017 habría más reina Victoria. No ha estado mal, pero tampoco ha sido entusiasmante. Ya me pensaré si sigo interesándome por los residentes del palacio de Buckingham. Probablemente, no.

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[Televisión] Cosas de series; de venganzas y «conspiranoias»

Televisión

Tras haber terminado de ver la segunda temporada de Mr. Robot, puedo dar por finalizada la temporada televisiva de verano. Pero antes de comentar esta, hay que hablar de otra serie, un «guilty pleasure» de los que ya hablaba hace unos días, y con la que sorprendentemente me he enganchado.

Hace unos años pude ver el piloto de una serie protagonizada por adolescentes. Aunque en realidad fueran todas veinteañeras… pero estoy ya es una tradición. Que cuando se hizo Grease, algunos de los actores que representaban a los alumnos del Rydell High School estaban ya en la treintena. Se titulaba Pretty Little Liars, y de entrada no me llamó la atención y la dejé. Curiosamente, ahora se pueden encontrar cinco temporadas de la serie en Netflix. Porque tuvo éxito y sobrevivió. De hecho, ya lleva seis temporadas, y está prevista su séptima y última, más breve, para la primavera del 2017. En una tarde tonta, en la que no me apetecía pensar en nada, me puse los dos primeros episodios… y me pasó como con Revenge, una serie con la que comparte ADN conceptual. Se ha convertido en un «guilty pleasure», un placer culpable como los comenté hace unos días. No es cutre, ni mucho menos. Un buen nivel de producción y abundancia de gente guapa. Pero interpretaciones regulares, guiones que oscilan entre lo apasionante y lo absolutamene ridículo, constante presencia de «cliffhangers» que se desinflan echando virutas, y una huida constante hacia adelante en unos argumentos, una venganza hacia un gurpo de chicas adolescentes tras la muerte de su miembro más popular, que se agotarían en si mismos rápidamente si no funcionarán con el «y ahora, más gorda». No sé cuanto aguantaré viéndola. Son tempordas de 20 o más episodios que tienen muchos altibajos. Me recuerda mucho, como ya he comentado, a Revenge, otro «guilty pleasure» con la venganza como tema central, que abandoné cuando a sus responsables no les quedó más remedio que cerrar el arco argumental principal que la sustentaba para luego intentar reinventarla. No sé qué pasará con esta. Si eso, más adelante os lo cuento. Mientras, me sirve de serie de relleno, o para cuando no quiero pensar en nada.

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«Mr. Robot» transcurre mayormente a caballo entre Manhattan y Brooklyn, y con frecuencia de noche. Y ahí nos vamos, fotográficamente hablando.

Pero el asunto principal es que me he visto la segunda temporada de Mr. Robot. Recordatorio para los que nos esté al tanto. Se trata de una serie en la que un grupo de ciberactivistas busca tumbar el sistema financiero del mundo capitalista atacando a alguna de las empresas más significativas, mientras estas intentan consolidar su posición de plutócratas que constituyen el poder en la sombra, y todo alrededor de la figura de Elliot (Rami Malek), un joven programador que sufre algún trastorno de salud mental más serio de lo que imaginábamos al principio de la serie. La serie se caracteriza por ser rompedora en cuanto a su realización, demostrando que se puede hacer cine de primera calidad para la pequeña pantalla. Guiones cuidados, interpretaciones mesuradas y potentes, fotografía y encuadres de cámara arriesgados, todo ello para crear un clima opresivo. Todos los personajes viven en un conflicto continuado, al mismo tiempo que se generan constantemente dilemas éticos, que se pueden trasladar fácilmente de la ficción a la realidad cotidiana, y que son los que mueven a los personajes. Mentiría si dijese que no me pierdo de vez en cuando. Me pasa como con las primeras temporadas de Game of Thrones. La variedad de personajes, lo complejo de las tramas, el ambiente agobiante,… hacen que se me vaya el oremus. Que no tenga claro como avanza la trama. Pero me da igual, porque no hay episodio que no tengo al menos una secuencia o grupo de secuencias de los que te dejan sentado al sillón diciendo «olé, así se hace el cine». Por lo tanto, para mí, lo de menos es cómo vaya la trama de género «conspiranoico», que de hecho nunca han sido de mis preferidas. Lo importante es disfrutar de esos momentos de cine para la pequeña pantalla que difícilmente encontramos hoy en día en la mayor parte de las ficciones para la pantalla grande. Dicho lo cual,… serie imprescindible.

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Empieza la temporada otoño-invierno. Estoy cicatero a más no poder con las nuevas incorporaciones a mi parrilla televisiva. Ninguna serie nueva de temporada larga, de esas de 20 a 24 episodios. Y probablemente abandone las que ya seguía de estas características. Salvo uno o dos. Cada vez más aficionado a ver la series de tirón. Y dos cosas graciosas.

Ha vuelto Lucifer. Con un episodio en el que se presentaba un personaje nuevo, interpretado por Tricia Helfer, la añorada Número Seis de Battlestar Galactica. Y lo hizo bajo los acordes del All Along the Watchtower de Bob Dylan. Canción que tuvo un protagonismo importante en esta «space opera».

Estoy viendo la segunda temporada de Our Girl, aventuras y desventuras de una clase de tropa sanitaria del ejército británico. Con un cambio de protagonista. Da lo mismo. Ya la comentaré. El caso es que en el episodio tercero me partía de risa mientras miraban la radiografía de tórax de un aguerrido oficial de operaciones especiales herido. Porque se apreciaban claramente los contornos de unas mamas de notable tamaño, aparte de que la forma del esqueleto sugería su pertenencia a una señora. Soy médico. No me he dedicado a la clínica, sino a la salud pública y la planificación sanitaria, pero en tuve matrícula de honor en la asignatura de radiología y hay cosas que no se me han olvidado. Me partía de risa cuando se me iba la mirada de la radiografía al apuesto oficial que estaba sentado en la camilla de exploración en plan pecho lobo…

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