Libros: Revisitando Agatha Christie y sus Diez Negritos

Literatura

Como todo hijo de vecino, en su momento leí varios libros de Agatha Christie, especialmente algunos protagonizados por el ínclito Poirot o por la peculiar Miss Marple. Pero acabé aburriéndome un poco. Los encontraba repetitivos; pareciera que leído uno, estaban leídos todos. Y además, me daba la impresión de que había poca imaginación en la escritoria para el tratamiento de los personajes, basándose en tópicos absolutos sobre como debiera ser cada cual.

Pero tenía curiosidad por leer una de sus más famosas novelas. Muchos dicen que la mejor. Hasta el momento sólo me había gustado algo Asesinato en el Orient Express. Viendo un edición de bolsillo un poco mona en una librería, compré pues Diez Negritos.

Este es el típico crimen de la isla desierta, o de la habitación cerrada por todos lados, en la que no parece haber forma de que haya un criminal que haya llegado, entrado, matado a alguien, y luego desaparecido. En este caso, porque todos los personajes parecen víctimas y ninguno criminal. La acción transcurre efectivamente en una isla, donde son invitados diez personas, sin relación entre sí, y que todos parecen culpables de una muerte pero a los que la justicia en ningún momento podría haber juzgado y condenado. Un misterioso justiciero se encarga de ir dándoles matarile al son de la letra de una canción infantil que da nombre a la novela.

Pues bien… será de las mejor consideradas, pero me ha dado la misma impresión que antaño. Aunque la trama está bien, mejor que otras de la escritora, la acción está muy basada en los caracteres de los personajes. Pero estos son muy tópicos. Un tipo que es un canalla es descrito con la serie de facciones que el imaginario colectivo adjudica a un canalla. Un mayordomo tiene aspecto servil. Un militar tiene aspecto de seguro de sí mismo. Un antiguo policía tiene aspecto de… lo que sea. Es como si esta señora, que escribió la novela en 1939, viviera todavía en el siglo XIX donde se creía que la maldad o la bondad se heredaban y se asociaban a una serie de rasgos físicos.

Finalmente, tanto tópico me desmotiva, y llego al final del libro, por ver que pasa. Y me da igual.

Definitivamente, dejé de leer a esta señora porque no me gustaba. Y sigue sin gustarme. A otra cosa mariposa.

Os dejo con una fotillo de mis andanzas lusitanas.

Monumento a los descubridores

Un punto de vista poco habitual para fotografiar el Monumento a los Descubrimientos en el barrio lisboeta de Belem - Canon EOS 40D, EF 28/1,8

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