[TV] Cosas de series: una ronda de animación

Televisión

Dos series de animación que he visto en las últimas semanas,… mes y medio. Las dos en Netflix. Con temas muy diferentes. Va a ser una entrada breve, que ando con poco tiempo.

Neo Yokio

Cortita primera temporada de seis capítulos para esta producción norteamericana, pero con cierto sabor a anime japonés. Sátira de los jóvenes de la alta sociedad neoyorkina, en esta Nueva York alternativa, con un nombre híbrido con la ciudad de Tokio. Pero vamos… es Nueva York. Aunque esté en buena parte inundado. La cosa va de un joven de la alta sociedad que se dedica a cazar demonios, y que al mismo tiempo encabeza en competición con otro joven, la clasificación de solteros más deseables, mientras lamenta el final de una relación. Tras una serie de aventuras con más o menos acción, lo que hay es una crítica relativamente mordaz de la vacuidad y la banalidad de la alta sociedad neoyorkina y sus convenciones. No está mal. Pero podría estar mejor. Lo cierto es que el público votante en IMDb la puntúa bastante baja,… no creo que sea para tanto.

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Hoy nos vamos, claro, a Nueva York…

Noragami

Serie japonesa de tono fantástico. Yato, un dios aparentemente poco conocido o importante, un kamigami de panteón sintoísta, que tiene como ocho millones de kami, quiere salir del anonimato en el que vive. Y para ello se alía con una humana que tras un accidente se queda en el borde entre la vida humana y el más allá. Con frecuencia su espíritu abandona su cuerpo. Y también con su ayudante, que se convierte en su arma. Juntos derrotan y eliminan fantasmas y otros espíritus malignos, pero también se meten en una buena colección de líos, mientras van pasando por ahí otros kami y espíritus, a veces aliados, otras adversarios. Al final conoceremos que Yato es algo más que un kami de poca importancia…

Qué quieres que te diga. Yo me lo he pasado bien. Pero te tienen que gustar estas cosas… Los personajes son simpáticos, y aun sabe a poco, aunque hay cierta irregularidad en la calidad de los guiones. Pero a la gente que vota en IMDb les gusta bastante. Le saca más de dos puntos de ventaja a la anterior. Sobre 10.

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… y Japón. Kioto en esta imagen, Nikko en el encabezado.

[TV] Cosas de series; mujeres en el infierno

Televisión

Ya hace unas semanas que terminé de ver las dos temporadas de las series que traigo hoy aquí. Dos series muy distintas. Con protagonistas femeninos, aunque en la segunda que traigo hoy, también los hay masculinos.

Orange is the new black – Temporada 5

Reconozco que en los últimos años esta es una de las series que más me ha gustado y convencido de la televisión. El drama carcelario con tonos de comedia, o viceversa, la comedia carcelaria con tonos dramáticos, e incluso trágicos, ha mostrado ser una de las series que más humanidad ha mostrado. Especialmente cuando dejó de centrarse en su presunta, y repelente, protagonista y se abrió al conjunto de la comunidad de presas, donde hay varias joyas, tanto como desarrollo de personajes como por las interpretaciones de las actrices que las encarnan.

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Como en otras ocasiones, aprovecho la entrada televisiva para repasar las últimas novedades en mi fotoblog viajero (enlaces al final). Últimamente, hemos visitado la estación de St Pancrass en Londres (en el encabezado) y el bello valle de Baztan en Azpilkueta.

Pero también es cierto que daba la impresión en la cuarta temporada de que el microcosmos de esta particular prisión ficticia en el estado de Nueva York estaba empezando a agotarse. Algo de lo que se dieron cuenta también los responsables y guionistas de la serie, porque terminaron dicha temporada con un tono dramático importante, al mismo tiempo que dejaban un cliffhanger, el comienzo del motín en la prisión, que ha servido de ancla para el desarrollo de toda esta quinta temporada. Que ha sido eso, la crónica, a ratos cómica, a ratos dramática, a ratos rozando la tragedia, como de costumbre, de ese motín.

El intento ha sido notable. Pero sigo con la sensación de que el tema está un poco agotado. La denuncia sobre la privatización del sistema de prisiones está establecida. La humanización de las presas, también. Quien quiera haberse convencido, ya lo estará. Y los recalcitrantes, seguirán con sus rancias formas de pensar. Pero me ha costado llegar hasta el final. Pospongo la decisión sobre si seguiré viendo la sexta temporada, está anunciada ya hasta la séptima,… pero igual hay que ir dando paso a nuevas cosas.

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El Duomo de Ferrara en Italia.

The Good Place – temporada 1

Cuando hace ya hace un año se anunció esta serie no me llamó la atención. Ni poco, ni mucho, ni nada. Me pareció el enésimo intento de Kristen Bell de intentar reverdecer los laureles que conquistó con Veronica Mars. Así como el intento de Ted Danson de hacer lo propio, tras una carrera después de Cheers relativamente anodina. La premisa de partida tampoco me hacía mucho tilín. Un individua muere, y después de haber sido una tía egoísta y no demasiado buena gente, llega a lo que se denomina el «buen lugar» tras la muerte, dando por descontado que hay un «mal lugar» al que ir. A partir de aquí una comedia de enredos, en la que lo que más rabia me da es que el giro de los últimos episodios de esta temporada lo tenía que haber imaginado,… y estuve un poco lento.

En fin. Que resulta en una comedia de situación con unas ligeras pizcas de mala leche, atacando el maniqueísmo imperante en los valores de buena parte de las sociedades humanas, que se ve con facilidad, te saca con frecuencia alguna que otra sonrisa, y te pone en general de buen humor. Gracias sobretodo a los guiones, y un trabajo interpretativo que es más coral de lo que pensaba. Se deja ver. Ahora estoy con la segunda temporada, que va apareciendo en Netflix semana a semana, en lugar de todos los capítulos a la vez como sucede con sus series propias en exclusiva. Esta va en acuerdo con otra cadena.

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La catedral de Uppsala en Suecia.

De viaje con Carlos

Una foto al azar

[TV] Cosas de series; «space operas» a gogó

Televisión

Mientras esperamos con impaciencia la llegada a la pantalla grande de la octava entrega de nuestro universo galáctico preferido, con el sabor a poca cosa que nos han dejado recientemente otras space opera cinematográficas merecedoras de mejor suerte, tenemos que contentarnos con la visión que las series de televisión nos ofrecen de las aventuras en el espacio. Es cierto que en estos momentos hay una cierta abundancia de este tipo de productos. Unos con más éxito, otros con menos.

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Es una práctica común en las series de ciencia ficción y en las «space operas» inspirarse en culturas que resultan exóticas en la cultura occidental para representar a civilizaciones extrañas, más o menos alienígenas. También es una constante la realización de episodios donde estas civilizaciones forman sociedades teocráticas. Así que ilustraremos esta entrada con imágenes del templo budista de Bulguksa, cerca de Gyeongju en Corea del Sur, que resultará lo suficientemente exótico y teocrático para mis lectores occidentales.

En primer lugar comentaré que he visto la primera temporada, y llevo en bueno la segunda de una serie que cuando la estrenaron, después de haber visto el episodio piloto, descarté. Se trata de Killjoys, las aventuras de un trío de una especie de cazarrecompensas legales y organizados en el entorno de un sistema planetario con sus particularidades. En ciertos aspectos me recuerda a Firefly, aunque con menos far west, menos humor y menos carisma en sus personajes. Pero con una razonable calidad en las aventuras que se montan, con un buen nivel de acción y una producción razonable. Y los personajes no tienen tanto carisma pero tienen su punto. Lo cierto es que la serie, durante la primera temporada se viene a más. Había leído durante estos meses atrás varias críticas favorables a la misma, está disponible en Netflix, así que le di otra oportunidad. Y la seguiré viendo. Muy entretenida.

Pero lo que se ha puesto de moda es el universo Star Trek. Por dos nuevas series que se han presentado esta temporada de otoño. Salvo los buenos recuerdos de infancia referidos a la serie original, nunca he sido muy aficionado a esta franquicia. Durante muchos años ha tenido un punto cutre que se justificaba en los años 60 del siglo XX, pero no con posterioridad. Los largometrajes que siguieron a la serie original y se emitieron en paralelos a otras series derivadas de la original tampoco mejoraron la cosa. Aunque recientemente se han realizado tres largometrajes con un nivel mucho mayor de presupuesto y de cuidado en su producción… aunque sus historias me han dejado bastante frío. Pero vamos a ver qué está sucediendo aquí y ahora.

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La primera serie está inmersa plenamente dentro de la franquicia oficial, y se emite en Netflix aunque en la modalidad de un episodio a la semana y no con la habitual disponibilidad de todos ellos al mismo tiempo que es marca de la casa. Se trata de Star Trek: Discovery. Esta nueva serie se sitúa en el tiempo interno del universo trekkie en una época anterior a la serie original, cuando la Federación entró en guerra con el Imperio Klingon. Y tiene un nivel de calidad en la producción muy superior a cualquier cosa que haya visto en esta franquicia en televisión. Ha abandonado la cutredad que desde mi punto de vista la caracterizaba. Pero también ha modificado su estilo y contenido. Es mucho más dramática y oscura. No se permite alivios cómicos. Tenemos personajes que toman decisiones éticas controvertidas, o directamente censurables. Sirva de paradigma su personaje protagonista interpretado por la actriz Sonequa Martin-Green. O no tanto… Y su nuevo capitán está lejos de ser ese hidalgo de los mares, perdón, del espacio al que nos tenían acostumbrados los anteriores. Jason Isaacs encarna a un capitán complejo, cuyos fines pueden ser correctos, pero cuyos métodos pueden ser discutibles. Tal es así el cambio, que salvo por determinados aspectos estéticos y por la forma de la nave, diríamos que estamos en una serie de un universo muy distinto. Pero a mí me está gustando. Así que… que dure.

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La segunda serie no pertence a la franquicia oficial. De hecho, The Orville se presenta como una parodia de la franquicia original. Creada e interpretada por Seth MacFarlane, nos encontramos ante un capitán de la flota de la Unión relativamente mediocre, que tiene la oportunidad de comandar una nave normalita, haciendo misioncitas por el espacio, después de haber pasado un año de profunda depresión por haber encontrado en la cama a su mujer (Adrianne Palicki), también oficial de la flota, con un alienígena. Como podéis ver, la premisa de partida ya tiene elementos adultos que la diferencian de la franquicia original. El humor es un elemento fundamental de la serie, que presenta un conjunto de personajes que todos y cada uno de ellos nos recuerdan a alguien de la franquicia original, pero que difícilmente podrían tener cabida en ella por uno u otro motivo. Pero la cuestión es que vista en general, y después de seis episodios, es mucho más fiel a la franquicia original que la serie que hemos comentado anteriormente. En cada episodio se nos plantea un dilema de carácter socio político. El trato a las mujeres, las sexualidades alternativas, los estados totalitarios, la perversa influencia de las religiones en las sociedades, el trato a los animales,… De hecho es una serie mucho más comprometida políticamente que la original, con clara defensa de la tolerancia y las libertades en riesgo en estos momentos en todo el mundo, pero no de forma generalista sino mucho más directa y concreta, sin miedo a ser moderamente incorrecta políticamente. Y eso le da valor. Por lo que también me está gustando. Encima, MacFarlane se ha sabido buscar de amigos que lo apoyen. Frente a los habituales artistas invitados que suelen aparecer en las series en cada episodio que nadie sabe exactamente quien son, pero cuyas caras y voces resultan siempre familiares, qué sorpresa encontrarnos como artista invitada nada menos que a una provocadora y atractiva Charlize Theron, en uno de los mejores episodios de lo que llevamos hasta la fecha. Aunque no fuera por el cachondeo con la pierna del piloto de la nave (Scott Grimes), uno de los personajes más divertidos e irreverentes de la serie. También… que dure.

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[TV] Cosas de series; la irresistible levedad de la telerrealidad nipona

Cine, Televisión

Recién llegado de unas vacaciones por Corea del Sur, utilizaré unas cuantas fotografías de ese país para ilustrar la entrada. Aunque el tema principal va a ser la televisión nipona. Pero arrastro un jet lag de caballo que hizo que ayer por la tarde me quedara dormido en cualquier situación, y que ha hecho que desde las dos de la madrugada no haya pegado ojo. He aprovechado, cuando me he cansado de dar vueltas en la cama, insomne, para levantarme y desayunarme una película de zombis coreana que se estrenó hace unos meses en Zaragoza, Busanhaeng (부산행), traducida como «Tren a Busan», pero que no pude ir a ver. La crítica la puso bien… pero siendo de zombis. Pues oye, quitando unas cuantas ingenuidades argumentales, y que los ataques de los zombis están tratados con una evidente dosis de ironía o sarcasmo, la película está muy entretenida. Y como yo también he disfrutado estos días de los KTX coreanos, muy muy muy muy parecidos a los TGV franceses y a la primera generación de AVE españoles,… pues me ha hecho ilusión.

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Una locomotora diésel de aspecto muy norteamericano en la estación central de Seúl el día en que me desplazaba a Busan en un KTX (Korean Train eXpress) similar al que protagoniza la película que he comentado.

Pero hoy me apetece del programa de telerrealidad japonés de Netflix, Terrace House, cuya versión Aloha State se puso a disposición de los abonados hace pocas semanas, y que me merendé en un santiamén antes de salir de viaje. Ya he comentado en alguna ocasión, pero voy a insistir un poco más.

La premisa básica es muy sencilla. Se reúnen a seis jóvenes, tres chicos y tres chicas, entre 18 y 29 años, para que convivan en una casita tipo chalé, muy mona, con piscina. Les ponen un par de coches para sus desplazamientos y… nada más. No hay competición, no hay descalificaciones. No hay producción bajo mano para que haya conflictos. Se les deja que simplemente convivan, mientras siguen a lo suyo. Van a trabajar, a clase, a darse un paseo,… quedan con amigos, entre sí. La vida más vulgar y corriente que te puedas imaginar.

Yo vi primero algún episodio de la entrega anterior, Boys and Girls in the City. Pero allí,… no pasaba nada. No había gritos, ni chulerías. Todo el mundo era extraordinariamente educado. En esa edición, la casa estaba en un barrio de Tokio, y los participantes eran principalmente japoneses, con alguna excepción. Ah, se me olvidaba mencionarlo. Los participantes no están obligados a estar hasta el final. Cuando se cansan o tienen cosas mejores que hacer, se van, y entra otro del mismo sexo a sustituirlo.

Mi primera impresión fue de aburrimiento. Hasta que llegó la segunda edición, la Aloha State, a la que le di una nueva oportunidad. Y entonces me di cuenta. Le vi la gracia. En su levedad, en su «aquí-no-pasa-nada» está el meollo. En esta ocasión, para impulsar el programa a través de Netflix en todo el mundo, y especialmente en Estados Unidos, la casita la pusieron en Oahu, la isla más poblada de las Hawai, con vistas al mar y a la playa. Y el reparto de participantes incluía, además de los japoneses típicos, japoneses residentes en los Estados Unidos, principalmente en el estado de Hawai, personas con algún progenitor no japonés, e incluso una chica norteamericana de origen chino que quería triunfar como modelo y diseñadora en Tokio.

Como digo, con esta entrega le vi la gracia. Vi la primera tanda de ocho capítulos y recuperé la entrega anterior. Con el tiempo, han ido llegando las siguientes entregas, hasta los 32 episodios de esta última edición que ha terminado recientemente, cada uno de alrededor de media hora de duración. En cada uno de ellos se van pasando fragmentos de lo grabado en las vidas de los participantes, los de más interés, y hay tres interrupciones en los que seis comentaristas, también tres mujeres y tres hombres, le dan unas vueltas a lo que sucede. Típicamente en clave de humor y dándole la vuelta a lo que pasa. También hacen un excelente trabajo de guiado para que los televidentes no nipones capten las sutilezas de los usos y costumbres nipones.

Porque todo el mundo es exquisitamente educado. Todos se tratan mutuamente con gran consideración. Pero claro… aunque parece que no pasa nada, donde conviven seis personas pasan cosas. Hay conflictos que poco a poco van surgiendo. Habiendo tres chicas, generalmente elegidas entre mujeres jóvenes que están de muy muy muy buen ver, hay tensión sexual, inicialmente no resuelta. Porque la formación de parejas es una de las expectativas del programa. Pero todo a un ritmo enloquecedormente lento. Ha habido parejas que han tardado semanas en darse la mano. O en darse un besito ligero en los labios. Es obvio que tras las cámaras se animan mucho más… pero todo es muy contenido. Y a la vez muy divertido.

Y los conflictos. Esto es lo mejor. Porque es el reino de los Pasivos-Agresivos. La que se puede montar por que alguien se coma un bistec de otro. O porque una de las chicas sea un poco guarrilla en el baño y no limpie todo lo que deba. O el pavo que suelta eso de «bueno, las chicas harán la comida ¿no?… y se va unas semanas más tarde desesperado porque ninguna quiere saber de salir a tomar un chisme con él. Las mismas que le consuelan con palmaditas cuando se va, con aquello de «amigos para siempre» y esas cosas.

Lejos de las estridencias, de la vulgaridad y la obscenidad mal entendida de la telerrealidad occidental, aquí todo es elegancia y buenas manera. Buen rollo, incluso si te estás despepitando con los más mundanales conflictos de las relaciones humanas que te puedes imaginar. Por eso, no soporto ni de lejos la telerrealidad occidental, y estoy enganchado como un memo con esta «terraced house» de la que ya estoy anhelando una nueva entrega, que no sé cuándo se producirá. Espero que no tarde. Es que me resulta hasta relajante.

[TV] Cosas de series; samuráis y agentes del FBI

Televisión

He empezado a seguir las nuevas aventuras de Start Trek en Netflix… y sólo llevo dos episodios, pero tengo la impresión de que conservan esas cualidades que entusiasman a muchos y que a mí me rallan los nervios, salvo que sea una serie de los años 60 del siglo XX. En fin, la van a emitir semana a semana, por lo que habrá que darle un poco de tiempo. Aunque también es verdad que me ha hecho gracia ver a Michelle Yeoh por ahí. Un señora que, independientemente de que haya aparecido en algún que otro bodrio, siempre me ha gustado. Por cierto, que tengo curiosidad por ver algún episodio de la parodia que se ha comenzado a emitir recientemente.

Pero vamos con las dos series que he visto estos días.

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Poco queda del Edo antiguo en el Tokio actual, planchado y socarrado por los bombardeos americanos; así que usaremos las calles de Kioto para trasladarnos a los tiempos de Heizo Hazewaga.

Primero con el entretenimiento.

Onihei (鬼平) es la adaptación en formato de animación de las aventuras policiacas de época Onihei Hankachō (鬼平犯科帳). Son las aventuras de Heizo Hazewaga, un samuráis que está al frente del Brigada de Robos e Incendios de la ciudad de Edo, actualmente Tokio, durante el periodo Edo de la historia del País del Sol Naciente. El tono de estas aventuras es más maduro y adulto de lo que nos tienen acostumbrados las series de animación nipona, y combina la acción, el drama y el humor en dosis adecuadas. Hombres valientes, mujeres bellas y no menos valientes, con frecuencia más inteligentes, y el contrapunto entre los villanos, ladrones que no respetan el código, y los malhechores simpáticos, que si lo respetan. «No violarás, no matarás, no robarás a los pobres y a los honrados». Pocos se escaparán de todos modos a la inteligencia de Heizo el Diablo, que es lo que significa Onihei. Me lo he pasado muy bien, y son 13 episodios de poco más de 20 minutos cada uno.

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Un tono totalmente distinto ha  tenido la nueva temporada, ¿tercera?, de las aventuras del agente especial Dale Cooper (Kyle MacLachlan) del FBI en Twin Peaks: The Return. Para quienes no estén al tanto, el conjunto de las dos primeras temporadas de la mítica serie, junto con el largometraje que las siguió para darles un cierre digno,… terminó con un monumental cliffhanger. 25 años después hemos podido tener la continuación de aquella historia. Frente a lo que es habitual con otros regresos sonados de series, no se ha dedicado a homenajear a la antigua con guiños a los fans de todo tipo. Ha sido una continuación seria de la lucha entre el bien y el mal a escala preternatural que se planteaba en la serie original. Hemos encontrado nuevas líneas argumentales, que discurrían en paralelo. Ocasionalmente, modificando sus trayectorias para converger, en otras, no. Con tonos de humor, de drama, en ocasiones de tragedia,… debiendo mucho al género de terror,… y con un planteamiento mucho más propio de las producciones cinematográficas del director David Lynch, abrazando sin remilgos el simbolismo surrealista que le es propio, habrá entusiasmado a muchos en la misma moda que habrá provocado el rechazo de otros.

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Por la serie, además de algunos de los personajes que conocimos en la etapa de hace 25 años, han circulado muchos personajes interpretados por actores y actrices que han sido importantes en la carrera del director, y para quienes el director ha sido importante a la hora de impulsar sus carreras. La serie ha producido desconcierto, como no podría suceder de otro modo. Su final está sujeto a todo tipo de especulaciones. Hay muchos que no saben muy bien por donde tirar. Yo me guardaré mis ideas para mí, pues no quiero provocar prejuicios entre quienes la quieran ver. He de decir que ha habido momentos de cine absolutamente magistral, en especial el fenomenal episodio octavo, de una imaginación y riqueza visual absoluta. Otras líneas argumentales me han desorientado/decepcionado más. No insistiré en lo mucho que se ha hablado del papel que Audrey Horne (Sherilyn Fenn), uno de los personajes más queridos del universo Twin Peaks, ha tenido en la nueva historia.

Para terminar, decir que no es una serie que se pueda recomendar o no recomendar. Todo depende de cómo afrontes tu forma de ver la ficción audiovisual, tu capacidad de eliminar prejuicios, y tus experiencias con el cine de Lynch. A mí, me puede desconcertar en muchas ocasiones tanto como el que más. Pero siempre me aporta elementos interesantes. Y no ando tan despistado como muchos,… parece ser.

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[TV] Cosas de series; despedida galáctica y familias niponas que juegan unidas

Televisión

No me extenderé mucho en la entrada televisiva de esta semana. No tengo grandes novedades o series de campanillas, así que iré ligero.

Me puse al día con la tercera temporada de Dark Matter, una space opera de aventuras con la peculiar tripulación de la Raza, que se llaman entre sí mediante números, como protagonistas. Un grupo de marginados que pasaron de ser criminales a ser los tipos más íntegros y éticos de toda la galaxia. He de decir que la primera temporada me gustó regular. Pero ante la ausencia de buenas space operas decente, le seguí dando oportunidades. Es un género que siempre me ha divertido. La cuestión es que conforme pasó el tiempo, le fui cogiendo cariño a estos sinvergüenzas aventureros. Y ahora que he terminado la tercera temporada y han anunciado que no habrá una cuarta… me joroba que termine. Sobretodo, porque termina en un cliffhanger molesto. Más que importante. Todos sabemos que la mayor parte de las veces que se usa este recurso argumental para terminar una temporada de una serie, se resuelve de forma rápida y simplona en el primer episodio de la siguiente. Esto no es The Empire Strikes Back, después de todo.

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Con una serie japonesa en la entrada, visitaremos la ciudad de Nara… aunque no sus abundantes parques, templos y santuarios… escenas más cotidianas. Como en la serie de hoy.

Y hemos podido ver la primera temporada, posiblemente única, de Fainaru Fantajī Fōtīn: Hikari no Otōsan (ファイナルファンタジーXIV 光のお父さん), que vendrá a ser traducido al «castellano» algo así como ‘Final Fantasy XIV’: el papá de la luz. Esta es una de estas más o menos extrañas serie que nos ponen de vez en cuando en Netflix, y que vienen del País del Sol Naciente. Un señor de 60 años, casado y con un hijo joven que recientemente ha empezado a trabajar en una empresa, se jubila repentinamente a pesar de que tiene una importante posición en la suya y es muy apreciado profesionalmente. Su hijo siente que su padre ha estado siempre alejado de él y de su familia por culpa del trabajo, y para acercarse le regala el videojuego del título, con el fin de acercarse a él subrepticiamente como uno de los jugadores que se alían para llevar a cabo las misiones del juego. Sospechará desde el primer momento que hay algo raro en la jubilación del padre. Por otro lado, están las tribulaciones del joven en su empresa.

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A caballo entre la acción real y la animación con estética de videojuego, es una serie buenrollista, donde todo el mundo se quiere, aunque no se lo digan unos a otros. Desde mi punto de vista, se ha ido desinflando poco a poco, pero manteniendo un razonable interés. Uno de los problemas es que en paralelo a la historia central ha ido abriendo otras, como la relación del joven con una guapa compañera de trabajo, pero que luego han dejado colgando. Apta para curiosos, más que otra cosa.

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[TV] Cosas de series; superhéroes revueltos y asesinos místicos «blanqueados»

Televisión

Mientras voy avanzando poco a poco con el regreso de Twin Peaks, que me está llevando a todo tipo de debates entre los que no entienden y/o no les gusta y quienes confesamos que nos atrapa, incluso cuando no siempre entendamos a la primera lo que pasa, voy a comentar un par de anécdotas televisivas. Porque esta semana no da más de sí. Espera… un momento… ya que he mencionado el regreso de Twin Peaks. El capítulo 8º de esta nueva temporada es para considerarlo como un algo aparte. Una verdadera obra de arte audiovisual, llena de contenido y simbolismo. Algo que pertenece profundamente al imaginario colectivo desde la posguerra mundial, y que ayuda a entender porqué Twin Peaks es básicamente una obra totalmente surrealista, en el sentido adecuado del término. Y atención al uso del Treno a las Víctimas de Hiroshima de Penderecki; inquietante y adecuado.

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Como en otras cosas, entrada televisiva con fotos viajeas, de mi tumblelog fotográfico viajero (enlace al final); en el encabezado, el parque Monceau de París (Francia), y aquí esculturas de Xavier Mascaró en el paseo de Recoletos de Madrid (España).

En Netflix nos han puesto The Defenders, que es el grupo formado por los superhéroes «cutres» de Marvel que adquirieron para sus series televisivas. Ya adelanto que me ha dejado bastante frío. Personajes o situaciones que funcionaron bien en algunas de las series dedicadas a los personajes individuales, aquí se han vuelto repetitivas o tediosas. También es una demostración de que la calidad o el nivel de un héroe está en relación con el nivel de la amenaza o el villano al que se tiene que enfrentar. Y toda la tontada del grupo secreto de inspiración mafiosa oriental que montan me parece un tostón de cuidado. Exceso de palabrería y coreografías relacionadas con las ares marciales orientales, diálogos prefabricados, y un paseo patético de algún nombre importante entre el grupo de villanos. Si Jessica Jones o la primera temporada de Daredevil podían funcionar a nivel general, para cualquier público, esta serie sólo es apta realmente para fanáticos del género y otros friquis. Desde el primer momento me di cuenta que no era lo mismo, y que no iba a funcionar para mí.

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Grote Markt de Haarlem (Países Bajos)

Y también en esta cadena de vídeo bajo demanda nos han ofrecido, y ofrecen, el largometraje basado en el Death Note nipón, cuya serie animada comenté hace unas semanas. El título es también, por supuesto, Death Note, que para los que no se cosquen es «Cuaderno de la Muerte». Cuando vi la serie animada, ya me di cuenta que sólo funciona si te pones en la posición de los valores y las formas culturales propias del País del Sol Naciente. Desde un punto de vista occidental, la cosa no funcionaba bien. Si te dejabas llevar, te divertías. Si no,… podría resultar ridículo. En este largometraje, han «blanqueado» la historia. La han adaptado a la sociedad norteamericana, y han cambiado elementos de la historia, e incluso el carácter de los personajes, para que sean asumibles desde el punto de vista occidental. El problema es que no creo que hayan estado acertados. Han roto la dinámica original de enfrentamiento entre los dos personajes protagonistas, han creado un personaje, el de la chica, muy distinto al de la historia original, y a la larga ninguno de los cambios ha mejorado nada. Hay historias y personajes que no siempre son universales y trasladables de una cultura a otra. Y este, parece que es uno de esos casos.

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Vista desde el tren de alta velocidad a su paso por Calatayud (España).

De viaje con Carlos

[TV] Cosas de series; de dioses y «espectros»

Televisión

Con la «intrusión» la semana pasada del final de la muy comentada temporada de Game of Thrones, he acumulado cierta lista de espera en mis comentarios televisivos. Esto me permitirá ir dosificando los mismos. Así me da tiempo a terminar el largo retorno de Twin Peaks. Que me está pareciendo algo muy curioso e interesante. Aunque sospecho que no para todos los públicos. En fin. Vamos con un par de series, primeras temporadas, que ya terminé de ver hace… ¿dos semanas?

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Aprovecho para un repaso de lo que aparece últimamente en mi blog de fotos de viajes (enlaces al final); por ejemplo, en el encabezado, el dolmen de Ibirque, y sobre estas líneas las calles de Bratislava en Eslovaquia.

La primera es una producción de Amazon que se debió estrenar esta primavera, American Gods. En principio no me atrajo. Pero las buenas críticas emitidas con posterioridad, y el disponer de ella sin problemas gracias a mi suscripción Premium a la tienda en línea, hicieron que le diese una oportunidad. Basada en la novela fantástica del mismo título de Neil Gaiman, parte de la premisa de que estamos en un mundo en el que basta creer en un dios para que este exista. Y existen los dioses antiguos, tradicionales, que pueblan Estados Unidos traídos por los inmigrantes de diversas épocas; Odin, Cristo, Manitú, Anubis,… Y están los dioses modernos, en los que creen los actuales norteamericanos; el dinero, la fama, la droga, los medios,… La guerra por la supervivencia de unos y otros está servida. Y todo ello a partir de las andanzas de un convicto, Shadow (Ricky Whittle), que es liberado de prisión unos días antes de lo previsto por la muerte de su esposa Laura (Emily Browning). Pero por el camino hacia el funeral, es atraido para que trabaje con él por un extraño tipo llamado Wednesday (Ian McShane). Mantengo los nombres en inglés por dos motivos. Porque he visto la serie en versión original y porque la traducción de algunos nombres, como Wednesday, al castellano hace que pierdan su sentido. Excelente trabajo de estos intérpretes, especialmente Browning, un hallazgo, y McShane, así como de un sinnúmero de secundarios, algunos de prestigio, para una historia compleja, pero progresivamente absorbente y muy imaginativa. Y que da que pensar.

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Un rally de coches clásicos en el monasterio de San Juan de la Peña.

En Atypical, el segundo estreno que traigo hoy, de la mano de Netflix, también se habla mucho de «espectros». Pero más bien en un sentido clínico. El protagonista, Sam Gardner (Keir Gilchrist), padece un trastorno del espectro autista, siendo altamente funcionante. Vive con su familiar, su padre desconcertado, Doug (Michael Rapaport), su madre controladora, Elsa (Jennifer Jason Leigh), y una hermana protectora, Casey (Brigette Lundy-Paine), personaje que se convierte en una auténtica robaescenas. Es curioso, Gilchrist hizo de hijo de una mujer con trastorno de identidad disociativo, personalidad múltiple, en United States of Tara. Otra con problemas conductuales de fondo. Y en aquella también había una hermana adolescente robaescenas, que no por casualidad estaba interpretada por una jovencita Brie Larson. El caso es que Sam, el protagonista que nos ocupa, acude regularmente a la consulta de una psicóloga, Julia (Amy Okuda), que le gusta. Y entonces plantea a todo el mundo que quiere tener novia. Y a partir de aquí, el desarrollo de los conflictos en un tono que alterna la comedia y el drama, con dosis de protagonistmo para toda la familia. No es de lo mejor, pero no está mal. Se deja ver sin problemas y tiene buenas interpretaciones. Me entran dudas sobre la fidelidad a los problemas reales de una persona en el «espectro»,… que es como lo dicen constantemente en la serie.

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Vista de la sierra de Guara desde la Hoya de Huesca.

[TV] Cosas de series – Verdad, verosimilitud, incredulidad; a propósito de «Game of Thrones»

Televisión

Hemos terminado de ver la séptima temporada de Game of Thrones. Sólo siete episodios, frente a los diez habituales, aunque con la duración en minutos sumada de ocho. En un principio, cuando anunciaron que la serie duraría hasta la octava temporada, pero con las dos últimas más cortas, asumí que se trataría de la estratagema que se ha dado en otras series de dividir en dos la última temporada para aumentar la expectación en torno a la misma. Pero parece que todavía no está rodada esa octava temporada,… que a saber lo que nos depara.

La cuestión es que esta séptima temporada ha sido la que más polémica ha deparado, por su desarrollo, con ventaja sobre el resto. De hecho, ha dividido al personal en dos. Los que han estado entusiasmados y los que se han sentido decepcionados, considerando que la serie ha perdido en sus compases finales su naturaleza, su ADN. Soy de estos últimos, y me explicaré.

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 Castillo y torres medievales para ilustrar el universo de «Game of Thrones». El castillo de Edimburgo (Escocia) en el encabezado y una torre de vigilancia en Hoz de la Vieja, Aragón (España), sobre estas líneas.

Aunque salpicada con episodios de acción y aventura, Game of Thrones ha sido una serie política y de desarrollo de caracteres. En general, el esquema general de cada temporada ha sido el de ocho episodios dedicados a hacer avanzar la trama y el desarrollo de caracteres, establecer los puntos de conflicto y de tensión, para en el noveno de la temporada ofrecernos un espectáculo con más o menos acción o tensión, dedicando el décimo al reagrupamiento de líneas argumentales y encarrilamiento de las futuras a desarrollar en temporadas sucesivas. Eventualmente se daba algún momento de acción para animar el cotarro, pero casi todo sucedía en los maravillosos diálogos, sin desperdicio alguno, que constituyen la columna vertebral de la historia.

En la séptima tempora no ha sido así. No ha habido construcción de tensión y caracteres, sino una locura de acumulación de momentos espectaculares acompañada por una inevitable aceleración de los tiempos internos, de la cronología propia de la acción, que ha incomodado a no pocos espectadores porque ha supuesto una ruptura de lo que era propio en el desarrollo argumental. El momento cumbre de este desconcierto ha sido el sexto episodio de la temporada, en el que la gestión de los tiempos ha sido tal, que incluso ha llenado las redes sociales de todo tipo de memes haciendo solfa sobre lo que sucedió en el mismo. Incluso poniendo en duda la verosimilitud de la historia, y al mismo tiempo dando lugar a encendidos debates sobre los limítes o ausencia de ellos en una serie de ficción fantástica. Me gustaría aclarar algunos términos antes de explicar mi opinión, con el fin de hablar todos el mismo idioma.

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Castillo de Peracense, Aragón (España).

En la ficción, sea literaria, cinematográfica, televisiva o de las artes escénica, existe lo que llamamos suspensión voluntaria de la incredulidad. De una forma u otra, cuando nos acercamos con una actitud acogedora hacia la obra de ficción, aceptamos que en el universo que crea el escritor, siempre hay escritores incluso en los audiovisuales, hay una leyes que lo rigen que son o pueden ser distintas de las del universo real en el que vivimos. No existen los dragones que escupen fuego en el mundo real. No hay magos que resucitan al caer en un abismo envueltos en las llamas de un Balrog. No se puede viajar a la velocidad de la luz. No nos podemos teletransportar instantáneamente desde una nave espacial a la superficie de un planeta desconocido. Pero en el ámbito del universo de ficción al que accedemos, aceptamos que son posibles, los integramos en la historia y disfrutamos con las consecuencias de la existencia de esos elementos en tales universos.

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Roca de Cashel, (Irlanda).

Establecida pues la suspensión voluntaria de la incredulidad, y sabiendo de antemano que estamos ante una ficción, nada de lo que sucede es verdad en sí mismo. El concepto de verdad como algo universal desaparece. Incluso en el mundo real nos vemos a veces en apuros para establecer lo que es verdad en los relatos históricos o biográficos, estando sometidos los hechos a interpretación de los testigos, que sufren engaños en sus sentidos, someten lo acontecido a la subjetividad provocada por su personal escala de valores, o directamente deciden ocultar o exagerar algunos hechos para arrimar el ascua a su sardina. Pero una vez establecidas las leyes por las que funciona un universo de ficción, sí que es importante el concepto de verosimilitud. Si has establecido el hecho de una comunicación a distancia mediante cuervos mensajeros, es fácil aceptar una raza de ellos más fuerte, rápida y resistente que los cuervos comunes que conocemos, por crianza y selección de ejemplares, y que recorran las grandes distancia en menor tiempo del previsible en el mundo real. Si has establecido que cualquier ser vivo muerto por uno de los caminantes blancos adquiere la naturaleza de estos, puedes aceptar lo que le pase a cualquier criatura en esas circunstancias,… incluso un dragón. Pero si has establecido que un ejército se desplaza caminado a través de un continente, o que los navíos que lo desplazan tienen el aspecto de los drakares vikingos o de las galeras mediterráneas, las guerra avanzan despacio, muuuuuuy despacio. Si quieres acelerar la acción y mantener la verosimilitud de la misma, de acuerdo al conjunto de reglas, por fantásticas que sean, de tu universo de ficción, tienes que exponer los hechos de forma clara. Y las elipsis tienen que ser perfectamente reconocibles y estar bien justificadas. Si esto no sucede, el trabajo de los guionistas es chapucero.

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Castillo de Loarre, Aragón (España).

Se ha discutido mucho la verosimilitud de algunos pasajes de esta temporada, especialmente en el episodio sexto. No discuto esa verosimilitud. En algunos lugares, con pensamiento escéptico y crítico, incluso explican muy bien las condiciones en las que tales hechos son posibles dadas las leyes reinantes en el universo de Westeros. Pero si un porcentaje de tus espectadores se siente incómodo con el relato, si aquellos espectadores más exigentes que no se conforman con los fuegos de artificio propios de los blockbusters palomiteros y se acostumbrado a una forma de trabajar la historia y a unos niveles de calidad determinados en los guiones, tienen más ganas de hacer chistes sobre lo sucedido que de otra cosa,… algo ha fallado.

En mi opinión, los guiones y el relato de esta séptima temporada de Game of Thrones no ha estado a la altura de las circunstancias y se han acercado peligrosamente a esos productos cinematográficos a los que muchos se han acostumbrado en las dos últimas décadas. Productos sin coherencia interna, sin cuidado en el desarrollo de las historias, que basan su éxito en una espectacularidad muchas veces vacía de contenido. Lo espectacular por lo espectacular, sin más. Funciona a nivel de taquillas, aparentemente. Pero eso no quiere decir que sean buenos productos. Ni mucho menos.

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Uncastillo, Aragón (España).

Recuerdo un momento importante en Battlestar Galactica. Al final de la segunda temporada, los refugiados humanos encuentran un planeta habitable donde establecerse. Aparentemente, han dado esquinazo a los enemigos cylones, y pueden formar la colonia de Nueva Cáprica e iniciar una nueva sociedad planetaria. Pero en ese momento son atacados, derrotados e invadidos. Sólo las dos grandes naves que los han llevado hasta ahí consiguen escapar. Cuando empieza la tercera temporada, no se nos cuenta nada de lo que ha sucedido a continuación. Ha pasado mucho tiempo desde los acontecimientos del final de la temporada anterior. Los guionistas confian en que la inteligencia del espectador rellene los huecos que deja la enorme elipsis en el argumento. Luego ya irán soltando perlas de información que ayudarán a ello. Algo así he echado en falta en esta temporada de Game of Thrones. No necesitaba que me contaran todas la guerra en Westeros. La podíamos haber cogido ya muy avanzada, con los ejércitos cansados, con los dirigentes afectados por el desgaste… y encaminarnos directamente a lo esencial de la temporada. Todo ello contado correctamente. Hay muchas formas de hacer las cosas bien. Este es un ejemplo. Pero si cambias tus objetivos, si modificas tu forma de actuar… pues dejas descontentos. Generas el horrrrrrrrrendo deus ex machina del tío Benjen y equiparas al soso de Gendry al igualmente soso superhéroe de la capucha roja y el rayito amarillo.

Aunque da igual. Están batiendo récords de audiencia. Incluso con las filtraciones de los hackers. Pero no es debido a la calidad… es la «fast food» de la ficción audiovisual. El espectáculo vacuo. Por favor… den un cierre digno y de calidad a la serie. Y oye… que en una serie de televisión lo importante es el camino… que no es necesario cerrar perfectamente todas las tramas. O se puede dejar a la imaginación del espectador el cierre de algunas… Cosas.

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Castillo de Sora en Castejón de Valdejasa, Aragón (España).

[TV] Cosas de series; convivir entre tres, convivir entre seis…

Televisión

En este martes que voy a dedicar a la ficción serializada para la pequeña pantalla, me encuentro todavía digiriendo las chapuzas que los guionistas de Westeros nos están ofreciendo en esta acelerada temporada 7.1 de la más épica lucha por el poder que en la televisión ha sido. A duras penas la espectacularidad de algunos momentos me hace olvidar o perdonar la utilización de recursos argumentales tan cobardes o simplones como algún deus ex machina que haría palidecer cualquier llegada imprevista e impredecible del 7º de Caballería en las escenas finales del más cutre de los westerns de hace cincuenta o sesenta años. Pero las series que me ocupan hoy tienen un tono muy distinto.

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Unas cuantas escenas cotidianas japonesas para ilustrar la entrada televisiva de hoy.

En primer lugar, dar un repaso aunque sea breve a la segunda temporada de You Me Her,  comedia dramática, o drama cómico, que plantea la situación de un matrimonio convencional de clase media norteamericana cercano a los cuarenta años que se enamora, ambos consortes, de un joven universitaria de veintipocos. En esta segunda temporada, la trama ha jugado con la aceptación por parte del resto de la sociedad de una relación poliamorosa, con los potenciales desequilibrios en la relación, si una relación a dos difícilmente es simétrica no digamos a tres, y con los relojes biológicos que impulsa a las personas a tomar determinadas decisiones relacionadas con la perpetuación de la especia y los apellidos. La serie no es quizá lo más fino que se puede encontrar en este tipo de temas en la televisión contemporánea, pero se deja ver.

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Mucho más intrigante es la miniserie japonesa, doy por hecho de que es una serie de una sola temporada, 1000000 yen no onnatachi [100万円の女たち] (Mujeres de un millón de yenes). Un escritor con muy poco éxito de treintaipocos años lleva viviendo en su amplio domicilio en Tokio desde hace seis meses con cinco mujeres jóvenes, entre los 17 y los 30 años, que recibieron un invitación en su momento de un desconocido para ser inquilinas del escritor por una cantidad de un millón de yenes al mes. Con una serie de condiciones, que mantienen el misterio sobre cómo han llegado a esta situación, y sobre el origen de estas cinco mujeres, que evidentemente gozan de una excelente situación económica, y tienen distintos niveles de excentricidad personal. Desde la misteriosa mujer de misteriosos negocios que se pasea desnuda por la casa, a la adolescente huérfana, todavía en el instituto. Y todas ellas trabajarán en su momento para conseguir el éxito del escritor, que está condicionado en su vida y su trabajo por ser el hijo de un condenado a muerte que acabó con la vida de su mujer, el amante de esta y un policía en un delirio homicida.

He de reconocer que últimamente he podido ver varias series niponas, muy diversas unas de otras, y muchas de ellas casi inclasificables. Es cierto que esta que nos ocupa hoy evoluciona de formas más convencionales de lo que parecía indicar su surrealista comienzo. Pero mantiene un adecuado nivel de intriga, al mismo tiempo que una notable reflexión sobre la soledad, sobre los remordimientos, sobre el éxito y sobre las relaciones entre personas de distinto sexo. Está bastante bien interpretada y… todas las chicas son monísimas. Qué más vas a pedir.

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[TV] Cosas de series; cuadernos endemoniados y contables del diablo

Televisión

Esta semana empiezo directamente con una entrada televisiva. Pocas horas después de haber el episodio más tranquilo de la temporada actual de Game of Thrones, pero uno de los más jugosos si no el que más, he terminado de ver una serie que ha llegado con poco ruido pero que no carece en absoluto de interés. De hecho es muy visible. Pero vamos por partes, porque antes tengo que hablar un poco de la animación japonesa para televisión.

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Siguiendo la serie de animación japonesa, pasearemos por los templos y santuarios de Kamakura para empaparnos de los ritos, las religiones y la mitología popular del País del Sol Naciente.

Una noticia hace unos meses sobre que iban a convertir una serie de animación japonesa en una serie con personas reales norteamericana para Netflix, me hizo comprobar a ver si la original estaba en el servicio de vídeo bajo demanda. Y sí, está. Se trata de Death Note, una serie de animación que ya tiene una década, y que se maneja entre los géneros fantástico y policiaco, este último sobre la variante de las tramas sobre asesinos en serie. Aunque un asesino en serie un poco particular. La cosa va de un cuaderno de la muerte, propiedad de unos seres demoniacos, los shinigami. Tiene unas reglas que no voy a comentar de forma integral, simplemente lo esencial. Quien posea el cuaderno, si escribe el nombre de una persona mientras piensa en ella, esa persona morirá. De la forma en que describa en el cuaderno o, si sólo pone el nombre, tras cuarenta segundos de un para cardiaco. El cuaderno lo encuentra un joven adolescente, hijo de un policía de alto nivel, y decidirá que va a librar al mundo de criminales y la injusticia. Pero será perseguido, por su propio padre y por un misterioso joven con grandes capacidades detectivescas. Luego todo se complica mucho más. No está mal, aunque tiene cosas que parecen simplonas e incluso ridículas, que atribuyo a las diferencias culturales entre los nipones y los occidentales. Para ellos tendrán sentido,… para mí no. Pero es entretenida. Son 37 episodios de 20-25 minutos de duración y,… sospecho que la adaptación con personajes de carne y hueso no puede trasladar los elementos fantásticos de la historia con facilidad, pero me puedo equivocar.

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Pero lo más interesante de los últimos tiempos ha sido un estreno reciente también en Netflix, la primera temporada de 10 episodios de una hora de duración titulada Ozark. Yo no había oído hablar de los Ozarks hasta hace unos años cuando pudimos disfrutar de la mejor interpretación de Jennifer Lawrence en mi opinión hasta la fecha. Es una región de los Estados Unidos en el Medio Oeste, con una relativa riqueza natural, pero no excesivamente boyante económicamente. Tierra de rednecks, el término despectivo equivalente a nuestro paletoscagajudías. Gente rural con poca educación y bajo nivel adquisitivo. Pero parece que una de las industrias más boyantes sería la cocina y tráfico de sustancias tóxicas para uso recreativo, lo cual es aprovechado como fondo para las tramas de determinadas ficciones cinematográficas o televisivas como la mencionada o la serie que nos ocupa hoy. Serie que trata de un contable, Marty Byrde (Jason Bateman), que para salvarse de unos ajustes de cuentas de un peligroso cartel de la droga mejicano en Chicago, trama un medio de refugiarse en los Ozarks para lavar el dinero procedente de ese tráfico de droga. Y allí se va con su mujer Wendy (Laura Linney) y sus hijos. Pero nada será fácil, porque el encaje de esta familia urbanita entre el hampa y la cerrada sociedad locales traerá más conflictos que los que se buscaban resolver.

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Como ya podéis ver, de entrada el reparto tiene empaque, que se completa con secundarios como el conocido buen actor escocés Peter Mullan, una fenomenal Lisa Emery, estos dos son los más peligrosos delincuentes locales, y otros menos conocidos que ofrecen un nivel interpretativo notable. En la trama no falta de casi nada. Hay un religioso que va muy perdido por el mundo, por ejemplo. Está el FBI, que van detrás de todos, pero que de momento les toca hacer de tontos de la función. Algún malo malísimo malo que todavía tiene que dar mucho de sí… Y varias posibles líneas secundarias de acción que garantizan que la familia Byrde no se va aburrir durante mucho tiempo. Y nosotros tampoco. Muy recomendable.

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[Televisión] Cosas de series; malvados cutres y malvadas pijas

Televisión

Poco a poco me voy quitando la lista de espera de series emitidas esta primavera, y hasta la primera mitad del verano. Es cierto que tengo una cierta lista de espera… cosas que quiero ver y no doy abasto. Es bueno cuando no doy abasto. Eso quiere decir que tengo cosas más interesantes que hacer que ver la tele… En fin. No divaguemos. Que hoy toca tele. Es cierto que en estas semanas veraniegas parece que a la gente no le interesa otra cosa que no sean las guerras e intrigas en Westeros/Poniente… pero bueno, hay más vida más allá de las riberas del Mar Angosto.

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Una de las señas de identidad de la película y las series de Fargo son los paisajes nevados en las grandes praderas del norte de los EE.UU. Paisajes muuuuuuuuucho más raros en mi tierra, Aragón, pero no imposibles.

Hace un tiempo me enganché con mucho retraso a un guilty pleasure, un placer culpable, muy culpable, que fue Pretty Little Liars. Una mezcla de «mujeres desesperadas» con «venganza» y algo de «psicosis» y otros acosadores diversos, con un reparto presuntamente adolescente. Presuntamente, porque siempre hay una cierta divergencia entre las edades reales de las actrices y las de sus personajes en todo o en parte del reparto. En su momento me puse al día, siendo una serie que ha estirado todo lo posible y hasta la náusea su premisa inicial, mucho más allá de lo posible. Recordamos… grupo de adolescentes con un pasado oculto que empiezan a recibir anónimos de un/a misterioso/a acosador/a, «A», que les amenaza y les lleva a hacer todo tipo de tonterías a base coacciones y chantajes. Los últimos diez u once capítulos han tenido un pequeño argumental propio, aparentemente concluso en el penúltimo capítulo para llegar a un capítulo final donde se sacan de la manga una mala improbable y desconocida. Bien. Como decía, un guilty pleasure, con un diseño de producción de buen nivel aparente, con unos guiones que a veces son de vergüenza ajena, y con unas protagonistas muy monas y muy pijas, pero muy malas actrices. En fin… serie que ha pasado a mejor vida… la de las reproducciones interminables de las plataforma de vídeo bajo demanda.

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Mucho más interés por su contenido y su infinita mejor calidad es la que me despertaba la tercera temporada de Fargo. Con uno de los descubrimientos más interesantes de la tele en los últimos años gracias a The Leftovers, como es Carrie Coon en su papel de policía rural pero lista, un clásico de este universo, con Ewan McGregor en un papel doble, de dos hermanos gemelos sumamente cutres, con la atractiva y competente Mary Elizabeth Winstead marcando la línea de que las mujeres son más inteligentes que los hombres incluso para delinquir, y con un inquietante David Thewlis como malo, malísimo, malo… prometía mucho desde el principio. Lo cierto es que la serie sigue estando a muy buen nivel. Sin embargo, no ha llegado a las cimas a las que llegaron las dos temporadas anteriores. Quizá en parte porque ya causa menos sorpresa sus derivas argumentales, siempre fieles a la senda marcada originalmente por la película de los Coen. En cualquier caso, estamos ante la antítesis afortunada de la serie anterior. Aquí hay un diseño de producción mucho mejor aunque no se aparente. No hay pijos, sino gente modesta o cutre. Los guiones son muy buenos. Y los intérpretes de alto nivel. Seguramente la serie anterior tiene más audiencia que esta. Pero bueno. Aquí estamos para recomendar lo bueno, no lo malo.

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