Esencialmente, así ha sido el vuelo esta tarde. Hemos salido con sol abundante de Madrid, nubes y claros al llegar a Bretaña en Francia, y densamente nublado al pasar el Canal de la Mancha (en la foto), y lloviendo en destino. Es lo que pasa si uno se viene a Londres en otoño.
Londres
[Deportes] Se apagó la llama olímpica; hasta… ¡yo que sé!
DeporteSí. Ayer terminaron los juegos olímpicos. De cuestiones fotográficas y de retransmisiones televisivas no hablaré más. Ya he dado la tabarra lo suficiente. Aunque si os interesa la ceremonia de clausura, como siempre en In Focus de The Atlantic nos traen bonitas y significativas imágenes a gran resolución. Yo aguanté un ratito, pero amenazaban con terminar bastante más tarde de la medianoche, y hoy había que ir a trabajar. Y la cosa, que giraba en torno a la música pop británica, tampoco me tiraba tanto. Me perdí a Eric Idle cantando Always look on the bright side of the life, pero me ahorré la visión de la Spice Girls de nuevo más o menos reunidas, lo cual, sin duda, me hubiera producido horribles pesadillas… durante los cuatro añoss que pasarán hasta los siguientes juegos.
Pero bueno. Se rompió la tradición de que la última prueba de los juegos fuera la maratón masculina, cuyo final era seguido por la ceremonia de clausura. Como la femenina, se corrió por la mañana, por el centro de Londres, con principio y final en The Mall. Está bien porque ves más de lo bonito de Londres, pero la tradición tampoco estaba mal.

El maratón se corrió con salida y llegada a The Mall, pasando varias veces ante el palacio de Buckingham. Mucho mejor ver correr a los delgaditos atletas africanos que desfilar a los estirados guardias Coldstreams.
Se jugó la final de baloncesto. Y por momentos, España (me niego a llamarle ÑBA, lo cual me parece renunciar a tener una personalidad propia) plantó cara a la todopoderosa NBA. Ganar era muy difícil; pero visto el torneo en su conjunto, también parecía difícil caer por un tanteo abultado. Y no, la cosa no se decidió hasta el último cuarto. Bien por ellos. Y porque querían más. Hasta estaban tristes a pesar de la plata conseguida.
El hecho de que los países anfitriones consigan sus mejores resultados en medallas cuando lo son, a mí me indica una cosa. Que no tiene que ver con la motivación, con el orgullo, con jugar en casa o tontadas por el estilo. Tiene que ver con la inversión económica que los países hacen en sus deportistas para quedar bien en sus juegos. Por lo tanto, opino que los buenos resultados depende de los recursos invertidos. Dada la triste situación económica de nuestro país, y teniendo en cuenta su trayectoria en las dos últimas décadas, con la desinversión en espectáculos deportivos distintos del pelotón que se ha producido tanto el sector público como en el privado, las 17 medallas se me antojan un éxito del copón. Y bien por las chicas que son las que más han aportado, sin quejarse (demasiado) de la horrenda vestimenta que en ocasiones se han visto obligadas a vestir. Estos es una coña. Bien por ellas, sin más. Incluidas las que pelearon y no lo consiguieron.

Las cámaras pillaron en alguna ocasión a las ardillas de St-James’s Park, cruzando The Mall, sorteando atletas.
Bien por Jamaica. Además de correr mogollón de deprisa, son mucho más simpáticos que sus contrincantes principales los velocistas yanquis, que no sólo desfilaron vestidos de militares en la apertura, sino que constantemente hacía saludos militares en sus triunfos. Parece que nos olvidamos que en la época clásica, la celebración de los juegos era un momento en el que los ejércitos cerraban por vacaciones. Eso sí, que cutres los jueces que no le querían dar al bueno de Bolt el testigo de la prueba del 4×100. Que eran las reglas decían. Serán memos… menos mal que hubo alguien con sentido común, y arreglaron la falta de tacto y diplomacia.
Me alegran mucho los éxitos de los corredores africanos en las medias y las largas distancias, pero no me gusta lo de las nacionalizaciones a la carta para llenar los equipos de otros países con corredores de estos orígenes. Creo que se desvirtúa el espíritu de los juegos. De todas formas, lo de la representación por países me parece bien, para que haya gente de todo el mundo. Pero se debería correr sin banderas. Todos bajo el emblema olímpico, y celebremos todos a los ganadores por su esfuerzo y habilidad en lugar de por su bandera. Dicho esto, no me gustan los éxitos de los países con dictaduras que usan este tipo de logros para su indecente propaganda populista. Sí. Estoy hablando de China.

También paso la prueba ante el mazacote barroco con tintes neoclásicos de la catedral de Saint Paul.
Me gusta ver deportes minoritarios. Ayer me encantó ver el final de la prueba de Pentatlón moderno femenino, en el que una chiqueta lituana de metro sesenta de estatura, con gran esfuerzo se imponía en la línea de meta, después de haber nadado, montado a caballo, tirado con espada, y tirado con pistola mientras se corren 3000 metros en un recorrido campo a través. Seguro que no se hace famosa como otros. Pero me resultó muy meritorio. Laura Asadauskaitė se llama la chica. Como para acordarse del apellido. Pero de lo más simpática.
En fin, podría comentar más cosas, pero se me acaba el tiempo. Tengo cosas que hacer y se me está haciendo tarde. Los próximos juegos se celebran en Río de Janeiro. Así que los horarios de televisión serán infames. Según sean las siguientes citas olímpicas, me puedo pegar otros 20 años sin ver este tipo de cosas. Bueno, siempre quedan los de invierno. Cuando se celebran en América, ya que como las pruebas de esquí son por la mañana y primeras horas de la tarde, entonces las vemos aquí entre la tarde y la noche… Que rollo lo del mundo redondo, ¿no?

Y corrieron los maratonianos a través de Leadenhall Market, mercado cubierto en la City, que siempre me ha gustado mucho. A ver por donde corren el maratón en la calurosa y húmeda Río. Pobres. ¿Por la playa de Copacabana? ¿Barra da Tijuca? ¿Ipanema, donde las garotas?
[Televisión] Cosas de series,… y lo surrealista de las retransmisiones olímpicas
Deporte, TelevisiónPocas novedades con respecto a la semana pasada. Las series, no muchas de las que estar pendientes este verano, las llevo al ralentí. Y más esta semana en la que la «sesión de noche» la dedico a los Juegos Olímpicos, fundamentalmente a las pruebas de atletismo. Por dejar las cosas claras. La semana pasada mostré mi admiración por uno de los personajes femeninos de The Newsroom, la analista económica Sloan Sabbith (Olivia Munn), que si en la semana anterior mostraba su lado dramático, en esta, con menos protagonismo mostraba buenos destellos de su capacidad para la comedia. Con éxito. Y lo sigo diciendo, está como un queso. Guapísima. Merece muchos más minutos que la sosa de Maggie (Alison Pill). Incluso la amiga de esta Lisa (Kelen Coleman) merece más minutos que la sosa en cuestión. Pero bueno, como véis, anecdótico.
Apoyar mi opinión de hace unas semanas, que el drama policiaco tipo western moderno, Longmire, ha ido creciendo en intensidad y en interés conforme ha avanzado su primera temporada y ahora, a punto de terminar, me va a saber a poco. Pocas cosas novedosas más que contar.

No todo es deporte en Londres; también hay cultura, como los museos,… o depósitos de expolios de tierras ajenas como el British Museum… Si ya conozco las razones de los británicos para decir que no es un expolio sino otra cosa… ya.
Pero volvamos a los JJ.OO. de Londres. Ya comenté también mi decisión por optar por las retransmisiones de Eurosport HD por la excelente calidad de las imágenes en alta resolución. Y también por la variedad de disciplinas deportivas que he podido ver, aunque sea en pequeñas dosis. No penséis que me estoy tragando muchas horas de juegos. Ni mucho menos. Alguna cosita por la tarde después de comer, y por la noche después de cenar la retransmisión de atletismo. Pero bueno. Aún estoy ahí. Los que tengo más dudas de que estén ahí, o en el mundo en general, son algunos de los comentaristas. Que confirman mi teoría de que lo peor de las facultades de periodismo debe ir a las secciones de deportes. Bien. Algunas perlas.
Se supone que saben inglés, pero de vez en cuando meten la gamba que da gusto. Por poner un ejemplo, no se han enterado que el lugar de las pruebas de tiro, The Royal Artillery Barracks, es el «Cuartel de la Artillería Real» y no el «barracón de artillería». Es por poner un ejemplo.
Un comentarista se metió en un berenjenal con el país de Bielorrusia, la «última» dictadura de Europa, lo cual es ser muy benevolente con algún otro régimen de la zona. Más o menos empezó a hablar de este país como la «Rusia Occidental», redondeándolo con la versión inglesa del término «Western Russia». Suponiendo que «Rus» y «Rusia», en los idiomas eslavos del lugar, fueran equivalentes como hacemos en español, lo cual no está claro, el país no sería la «Rusia Occidental» sino la «Rusia Blanca». Al ratito de meterse en este fregado, así como de pasada, aplicó este apelativo al país. Quizá alguién le dio un toque. O alguno de sus seguidores en Twitter de los que tanto presumen. Quizá este dato no sea del conocimiento del público en general, pero en un periodista que transmite unos juegos olímpicos,…

El Old Royal Naval College en Greenwich no está muy lejos de The Royal Artillery Barracks.
Creo que fue el mismo periodista, que en el momento de entregar las medallas de los 100 metros vallas femenino, empezó a hablar del Waltzing Matilda, canción popular tradiciona australiana, país de la ganadora, que ha sido propuesto en alguna ocasión como himno del país oceánico. Hasta ahí, pase. Pero coge y va y empieza a compararlo con el Paquito el Chocolatero. Una canción que, aunque muy popular, es profundamente nostálgica y canta algunos valores sobre la justicia social comparado con un pasodoble pachanguero de los de bailar en bodas y fiestas de pueblo, cuando vas bien servido vinorro y licores espirituosos. Esto es estar en lo que se está. Esto es tener sentido de la proporción y conocimiento del mundo… Por cierto, que la «matilda» de la canción no es ninguna señora, que la expresión «waltzing matilda» es sinónimo de vagabundear. Pero esto ya es mucho pedir.
Pero pasemos a lo políticamente correcto/incorrecto. No es que yo sea un fanático de lo políticamente correcto; a veces, tapa otras miserias y desigualdades que convendría dejar explícitas. Pero en general reconozco la necesidad de convivir en paz, y de no arremeter verbalmente contra el prójimo con comentarios que pudieran ofenderlo. Pero no hay que preocuparse, que para eso tenemos al comentarista, no sé si es el mismo u otro, no me quedo con los nombres, que a una chica norteamericana que compite en halterofilia, en la categoría de más peso, más de 75 kilogramos, pero que evidentemente padece una obesidad mórbida ya que acreditaba un peso corporal de más de 160 kilogramos, va el tío y empieza a decir que mira tú que suerte que en esa categoría de competicía la chica podía comer lo que quisiera, que qué feliz, que qué bien… No como las de las categorías inferiores que tenían que vigilar el peso. Y que se notaba que le gustaba menear el bigote… Yo no podía dar crédito a los sonidos que llegaban a mis oídos. De verdad. Sobretodo porque no creo haber escuchado en la competición masculina comentarios similares. Totalmente fuera de lugar. Catastrófico. En cualquier caso, también sería interesante hablar de cuándo el deporte no lleva aparejado el famoso «mens sana in corpore sano».

Tomando unas pintas o lo que sea en Covent Garden; si tomas muchas te arriesgas a terminar cantando el «Waltzing Matilda». O peor, bailando el «Paquito el Chocolatero».
Claro, en un tono no muy distinto, en los lanzamientos de objetos más o menos pesados en el estadio de atletismo, lo que en las competiciones masculinas eran demostraciones de fuerza o potencia, en las femeninas de repente se convertía en «mira tú que bestia», «pero será bestia» o similares. Y no voy a entrar en otros comentarios sobre el físico de las competidoras.
Otros fregados en los que se han metido con frecuencia han tenido que ver con los conceptos de raza/genética. En los últimos años,… décadas más bien,… los atletas de origen africano, han sido los dominadores de muchas pruebas atléticas. Y aquí me refiero tanto a los del África subsahariana, a los del norte de Africa, o a los descendientes de esclavos llevados al caribe o a Norteamérica. Lo que vulgarmente se denomina en la calle «negros» y «moros». Analizar porque esto es así es complejo, por la variedad de factores sociales, económicos, culturales, e incluso tal vez biológico, sólo tal vez, que llevan a ello. Pero esto no ha impedido para que hayan abundado los comentarios pseudocientíficos, sobre genética. Lo cual sorprende dada la relativamente escasa variabilidad genética de la especie humana que hace que el concepto de raza sea dudosa aplicación en esta especie. Pero ya, cuando el comentarista se pone a dar alaridos de alegría porque en una prueba ha ganado un blanco, en un ejemplo sorprendente e inapropiado de chovinismo «racial»… De verdad… ¿Tanto cuesta ignorar el color de la piel del atleta y simplemente aplaudir cuando lo hace bien y lamentarlo cuando las cosas van mal?
Estos son ejemplos. No me he dedicado a llevar un diario de gazapos e incorrecciones. Es simplemente de lo que me acuerdo. Ha habido más. No sé. Creo que los medios deberían meditar y cuidar un poco a quien contratan. Porque creo que los espectadores merecemos otra cosa. Aunque algunas veces te partas de risa por lo kafkiano de los comentarios. Otras veces, maldita la gracia que hace.

Qué queréis que os diga, visto lo visto, viva el Londres multiétnico.
[Fotografía] Recomendaciones semanales – De los Juegos Olímpicos
Deporte, FotografíaAdelanto un día mi sección de recomendaciones semanales de fotografía. Mañana veréis por qué. Es preciso reservar el día para hablar de algo relacionado con el cine. En cuanto a lo de hoy,… cierto es que había un cierto número de recomendaciones interesantes, que quizá guarde para dentro de una semana. Pero con el bombardeo mediático sobre las fotografías que se están tomando estos días en los Juegos Olímpicos de Londres, parecía obligado hablar de esto.
Muchas fotos. Muchas. Muchos fotógrafos. Ardua competición entre los teleobjetivos blancos de Canon, que llevaban dominando muchos años, contra los teleobjetivos negros de Nikon, que se van recuperando poco a poco. El resto de las marcas ni se notan. O sí. Porque viendo el otro día desde mi casa la competición individual femenina de gimnasia artística me sorprendí viendo a un tipo con una cámara de gran formato para película entre la masa de modernas reflex megapros digitales. Y no soy el único que lo vio, que en Popular Photography también lo vieron y hablaron de ello. Hay fuertes sospechas que se trata del fotógrafo David Burnett, con una Speed Graphic. David Burnett ya tuvo un lugar destacado en una entrada de este Cuaderno de ruta.

Fotos londinenses, claro. The Millenium Bridge con St-Paul al fondo.
Aunque no es el único que utiliza este tipo de material para documentar el acontecimiento olímpico. En PetaPixel nos cuentan cómo un fotógrafo de Los Angeles Times, Jay L. Clendenin, tuvo la experiencia de retratar a deportistas olímpicos con dos materiales muy distintos. Con una moderna Canon EOS 5D Mark II y con una cámara de campo de gran formato calzada con un objetivo Petzval de más de 100 años de antigüedad. Toma ya.
Por supuesto, si de lo que se trata es de ver fotografías modernas y espectaculares de los juegos, hay muchas opciones, aunque con frecuencia las fotos se repiten de uno a otro sitio.
El mencionado Los Angeles Times prácticamente saca una galería sobre los juegos cada día.
En The Big Picture de The Boston Globe son más selectivos y, además de la dedicada a la ceremonia inaugural, tienen una galería a la que van añadiendo fotografías paulatinamente, y otra de resumen de la primera semana de juegos.
La mejor presentación, con resoluciones más altas en las fotos, está en In Focus de The Atlantic. Yo juraría que estaban sacando galerías cada día, pero cuando he ido a ver, no es así. De momento han dedicado alguna suelta de momentos destacado. Supongo que irán sacando otras de vez en cuando. Podéis buscarlas bajo la categoría sports, o seguirlos por Twitter.
Hay muchos más sitios donde ver las fotos de los juegos, pero sería excesivamente prolijo ponerlos aquí. Los fotógrafos que están allí destacados están haciendo un excelente trabajo y nos están proporcionado magníficas imágenes. Pero también hay lugar para la crítica. En Metro.us se han puesto ha buscar entre los fondos de Getty Images y han encontrado que las fotos de voleibol playa están fuertemente sesgadas en sus temas. Básicamente culos femeninos embutidos en los ajustados biquinis de las deportistas. Diría que utilizan alguna talla menos de las que necesitan. Muestran a continuación una serie de imágenes de otros deportes si se fotografiasen utilizando los mismos criterios. Y resulta absolutamente anormal, claro. Nada tengo yo contra un buen culo femenino, pero estoy de acuerdo con la crítica, y que hay que estar a lo que se está. Claro que las agencias parece que están sólo a vender más aprovechando la líbido desatada del personal. Como curiosidad, la fotografías de ejemplo son de traseros con el biquini con los colores de España. En algo teníamos que destacar en estos juegos. Con todos mi respetos a las dos medallas de Mireia Belmonte y a la de la piragüista Maialen Chourraut. Únicas medallas hasta el momento para el medallero de este decaído país.

Entre los pubs y los teatros del West End londinense.
[Deporte] Y los juegos de Londres empezaron… anclados en las glorias de antaño
DeporteCreo que hace 20 años que no veía una ceremonia de inauguración de unos juegos olímpicos. Es decir, desde los del «año triunfal», aquel 1992 que colocó teóricamente a España en la primera división de los países del mundo. Lo cual, viendo la que nos está cayendo, sólo me deja un comentario que hacer… Sic transit gloria mundi.
Pero ayer me pilló en casa. Por la tarde tuve muchas cosas que hacer, amenazaba tormentas, estaba un poquito cansado, así que nada. A ver el espectáculo. Me costó decidirme sobre el canal en el que lo iba a ver. Entre TVE1, donde había una comentarista competente pero una triste emisión con resoluciones del siglo pasado, o Eurosport con unos comentaristas tradicionalmente incompetentes pero con imágenes de calidad. Opté por lo segundo. Me arrepentí. Pero es que uno siempre se arrepiente en estas cuestiones, elija lo que elija. Parece que la televisión estatal emite en alta definición, pero como no suelo tirar de este tipo de televisiones, no tenía clara donde encontrar esta emisión en mi aparato. Mecachis…

Jóvenes ciclistas dispuesto a tirar colina abajo en Primrose Hill. Todas las fotografías de la entrada, tomadas en Londres.
Pero vayamos a lo que fue la ceremonia. Que ahora está tan de moda que diseñen y dirijan directores de cine. En este caso el británico, claro, Danny Boyle. Un tipo que hizo una película que me gustó hace 16 años, y que luego hasta que no se dedicó a explorar las miserias de los niños indios, pasó para mí totalmente desapercibido. En lo que llevo leído en esta mañana, he leído pareceres para todos los gustos. Desde los que la valoran como más auténtica e interesante que otras más espectaculares, hasta los que abominan de la pobreza conceptual de la misma. Yo me encuentro en la incómoda posición de estar entre ambas posturas. En un mundo que cada vez se polariza más en cualquier tema, estar en medio te garantiza que no vas a tener amigos.
Veamos. Mentiría si dijese que no me pareció entretenido y a ratos divertido. Por lo menos hasta que empezó ese latazo que es el desfile de las delegaciones participantes. Eterno pasar de gente más o menos joven y fornida que parece que no han salido nunca del pueblo por las cosas que hacen, o las caras que ponen cuando salen al estadio. Esta fase sólo se ve animada cuando sale algún país donde la alegría y la imaginación han predominado a la hora de vestir a los participantes. No hablo de los de siempre,… los de las Bermudas con bermudas, los de las islas del Pacífico con faldas, o algún país africano en taparrabos discreto. No. Me refiero a los novedosos. Ayer en concreto, uno podía alucinar con el imposible atuendo de la delegación checa, a quienes debieron informar de que en Inglaterra llueve mucho, y salieron con unas chillonas katiuskas a juego con unos paraguas que llevaban en la mano, y los leggins que asomaban por debajo de las faldas blancas de las chicas, que no pegaban ni con cola, pero imposible no divertirse con el conjunto y la actitud. En el extremo opuesto, los italianos salieron muy elegantes, con trajes de diseñadores de postín, pero más sosos que un plato de habas, o el colmo del despropósito, los usamericanos, desfilando con boinas militares. Está muy claro cual es el concepto que maneja al otro lado del océano el vigía de Occidente y garante de «la democracia» sobre la mejor forma de conducir las relaciones internacionales. Pero bueno. La realización se entretuvo más «cazando» chicas musulmanas embutidas en los trapos que sus imanes, ayatolás y mulás les obligan a llevar. De los setenteros, y por lo tanto tirando a horribles, detalles dorados de la indumentaria de la delegación británica… pues tiene que ver con lo que comentaré a continuación.
Y es que el grueso del espectáculo de ayer, la parte creativa, fue un ejercicio de monumental nostalgia hacia las glorias pasadas de los británicos, con escasas o nulas referencias a lo que el futuro debería ser. Los temas estaban tan absolutamente anclados en el pasado que, dado que la economía y la sociedad británica andan más bien poco boyantes aunque sólo se hable de la crisis de los países del sur de Europa, si yo fuese súbdito de su graciosa majestad, me hubiera ido a la cama absolutamente deprimido y dispuesto a suicidarme. Por supuesto, cuando uno se enorgullece del pasado en exceso es que suele desconocer cómo fue su historia con precisión. La visión idílica de la campiña británica, un mito que enreda la belleza del paisaje inglés con las condiciones en las que realmente vivían los campesinos arrendatarios de los señores. Alabar a las sufragistas como heroínas, cuando la mayor parte de los ciudadanos y ciudadanas de su época las ridiculizaban. Recordar solemnemente a los caídos en la primera guerra mundial, cuando los soldados caían batidos como carne picada en ofensivas sin utilidad alguna por la incompetencia de los generales británicos. Homenajear al National Health Service, cuando la tendencia actual es el desmontaje de los elementos que configuran el estado de bienestar social tal y como lo conocemos.
Un aspecto en el que la nostalgia se combinó con mi tristeza más absoluta fue la banda sonora de la noche. Compuesta por éxitos de la música pop británica, en realidad nos dio un muestrario de lo más popular a nivel básico y no de las auténticas glorias de una tradición musical mucho más rica que todo eso. Como he leído por ahí, es como si se hubiesen limitado a reproducir la lista de reproducción del mp3 de alguna adolescente del extrarradio londinense que ronde ya los cincuenta años. Sobre el final de fiesta basado en el gerontopop-rock de Paul McCartney (MBE), prefiero no decir gran cosa…
Pero hubo cosas divertidas. Me pareció estupendo que para luchar contra las huestes de Voldemort enviasen a un ejército de marypoppins, que a los repelentes adolescentes de las historias de magos que ya conocemos. Pero indudablemente, los momentos más gloriosos nos los proporcionó su graciosa majestad. El paripé montado con el actual jamesbond, según el cual, presuntamente llegó al estadio en helicóptero y paracaídas tuvo lo suyo de surrealista. La cara de inexpresivo cartón que mostró las escasas veces que el realizador se atrevió a enfocarla… bueno. Pero la ocurrencia del mencionado realizador de mostrar la actitud de la reina cuando sus súbditos salieron a desfilar, resultando en que fue el momento que la soberana consideró más oportuno para limpiarse la roña de las uñas, con una indiferencia de tamaño piramidal hacia los saludos y los vítores de los entusiastas atletas británicos… eso hizo que el tragarse la ceremonia inaugural que duró casi cuatro horas mereciese la pena. Danny Boyle ha resultado un excelente director de comedia, y a su director de reparto habría que darle un óscar.
Bueno, hay más, pero ya me he extendido demasiado. Ver un espectáculo de estos una vez cada 20 años no hace daño. Creo. Y da para hablar un rato en alguna tertulia intrascendente de las terrazas de verano.
[Fotografía de viajes] Londres 2004 e Irlanda 2005, revisitados y renovados
Fotografía personal, ViajesMe contaban en el colegio cuando era niño que la prehistoria fue el periodo de tiempo en el que los humanos ya campaban por la superficie de la Tierra, pero del que no conservamos documentos escritos que atestigüen sus andanzas. Más o menos. Supongo que este concepto hoy en día no será tan absoluto, y habrá otras cuestiones a considerar. Básicamente, la estructuración de las ciudades.
Pero no es de prehistoria en sí mismo de lo que quiero hablar. Sino de la “prehistoria” de mi fotografía con medios digitales. Aproximadamente, entre 1999 y 2003 mi acercamiento a la fotografía digital fue mediante la digitalización de diapositivas y negativos tradicionales. De esa época vienen mis primeras andanzas en internet, creando algunos sitios que ilustraba con mis fotografías. Mucho sobre trenes, algo sobre viajes. Pero la mayor parte de los archivos generados quedaron latentes en mis discos duros sin que quedase constancia de su existencia. Prehistoria. En la primavera de 2003, Canon lanzó al mercado una serie de cámaras digitales de 4 megapíxeles que fueron saludadas por mi medio de referencia en aquel momento, Chasseur d’Images, como las primeras cámaras que se recomendaban de forma clara y concreta para el aficionado en general. Entre ellas, la Canon Digital Ixus 400, una monada de cámara, de la que me hice un ejemplar, que me empezó a acompañar por el mundo.
En los viajes que hice entre 2003 y julio de 2004 la llevé como segunda cámara, mientras seguía confiando el grueso de mis reportajes viajeros a las diapositivas de toda la vida. Pero en septiembre de 2004, con motivo de un viaje a Londres al que decidí ir ligero de equipaje, la fotografía digital se convirtió en mi única opción para ir por el mundo. Ese mismo año adquirí la Canon Powershot G6, y con ambos aparatos viajé a Roma (2004), a Irlanda (2005) y a la Toscana (2005). Con estos últimos viajes, y coincidiendo con mi compra de un Apple iBook G4 que incluía una copia de iPhoto, me inicié en la elaboración de álbumes o libros de fotografías de mis viajes. Poco a poco he ido refinando la forma y el contenido que tienen estos libros, pero los primeros de los que dispuse pertenecen a aquellos viajes.
Revisando aquellos primeros intentos, y comparando con lo que obtengo ahora, compruebo dos cosas. Una, que hoy en día dispongo de mejores medios para el procesamiento de las imágenes digitales. Algo que es especialmente importante considerando que aquellas mis primeras cámaras con esta tecnología, si bien eran capaces de producir dignos resultados, no alcanzaban la calidad de las de hoy en día. Bajo rango dinámico, mucho ruido a sensibilidades “altas” (por encima de 200 ISO), etcétera.
Por ello, he acometido la tarea de darle una vuelta a aquella mi “prehistoria” en la fotografía digital, procesando de nuevo muchas imágenes, y elaborando nuevos libros de aquellos viajes.
Estoy a la espera de que me vengan los nuevos libros, que he encargado como de costumbre en Blurb, donde se pueden hojear parcialmente. E incluso adquirir. Si es que a alguien además de a mí les puede interesar. En cualquier caso, también he generado copias integras de los mismos que se pueden hojear en mi biblioteca en Issuu. Espero que os gusten.
Happy. Un cuento sobre la felicidad (2008)
CineHappy. Un cuento sobre la felicidad (Happy-go-lucky, 2008), 21 de octubre de 2008.
Después de la julioverniana disgresión cinematográfica de este fin de semana, vuelvo a la normalidad de las películas vistas tranquilamente en una sala de cine, con las amistades habituales y con una elección más o menos meditada o sensata de lo que se quiere ver.
Y resulta que tampoco hay mucho de donde rascar o que motive. Por ello, optamos por ir a ver una producción británica, dirigida por Mike Leigh, y que había recibido algunas buenas críticas a priori.
La historia… bueno… no hay exactamente una historia. Más bien se trata de un conjunto de retazos de la vida de Poppy, una chica de 30 años, maestra británica de educación primaria. Esta chica, interpretada por Sally Hawkins, es una optimista empedernida. Todos y todo le cae bien, con todo se divierte. Es féliz por definición. Conocemos a sus amigas, a su familia, vemos cómo trabaja, cómo va a aprender a conducir, cómo se echa un novio,… en resumen, todo aquello que normalmente hace la gente. Pero todo ello matizado por el especial carácter de la joven, que empieza a no ser tan joven. La única pequeña historia que vemos empezar y terminar es la de la relación con el profesor de autoescuela, un tipo también muy peculiar y, de alguna forma, totalmente antagónico con el carácter de Poppy.
La verdad es que a la chica o la adoras por su actitud vital, por su optimismo, por sus ganas de ser feliz,… o la odias a muerte por lo mismo. Y en esto residen tanto las fortalezas como las debilidades del filme. Por un lado, te proporciona momentos que te llenan de buen humor, de optimismo,… por otro lado, hay momentos que piensas que la chica es idiota.
Además de la intérprete protagonista, hay que destacar el personaje de su compañera de piso y amiga, interpretada por Alexis Zegerman, y al profesor de autoescuela, encarnado por Eddie Marsan. En general, cumplen con la profesionalidad tradicional de los británicos.
En resumen, un filme que me deja con una sensación ambivalente, muy condicionado por el personaje que como podéis imaginar, a ratos me divierte y a ratos me carga. Yo le pongo un seis, con un siete en la interpretación y la misma nota en la dirección.
En la imagen de hoy. Londres. Cómo no. Y Camden, donde pasan cosas de la película.
Camden Market se quema
ViajesCasi seguro que el mercadillo más famoso de Londres para mucha gente es el de Portobello Road, en el distrito de Notting Hill, dentro de los límites del Royal Borough of Kensington and Chelsea. Incluso una mala película, presuntamente una comedia romántica, contribuyó a aumentar más su fama fuera del Reino Unido. Pero a mí, desde hace muchos años, los que más me gustan son los de Camden Town.
Son varios los mercados y mercadillos callejeros que encontramos, siendo el más importante el de Camden Lock, pero hay otros, cada uno con su interés. El sitio es muy llamativo. Situado al lado del Regent’s Canal, muchas de las casas en las alrededores tienen las casas llamativamente
decoradas. Es un sitio estupendo para pasear. La mayor animación se produce los domingos, y conviene madrugar para no
encontrar demasiado follón ni el metro ni el propio mercado.
Pues bien, ayer comenzó un incendio y parece que ha afectado a buena parte de Camden Lock Market. Así que hoy me siento un poco triste, y por eso estoy dedicando esta entrada a este estupendo lugar, en vez de dedicarla a la película que vi ayer. Consuela saber que los laboriosos londinense no tardarán mucho en volver a ponerlo en marcha. Incluso mejorado. Espero. Pero que no le quiten su saborcillo. Os pongo unas fotos, tomadas en un domingo de principios de septiembre de 2004. Están tomadas con mi ya difunta, pero fiel mientras vivió, Canon Ixus 400. No sé yo si no tendría que volver a las Ixus… aunque mi Finepix F10 no va nada mal… Bueno, las fotos, para que os hagáis una idea de lo que hay.














