Me quedaban dos series por comentar del primer trimestre de anime de 2024. No tan brillantes ni mucho menos como las que comenté hace unas semanas. Pero al menos entretenidas. Y nos sirve para comentar la visión de los animadores nipones de algunos de los diversos géneros a los que se dedican. A veces con numerosos elementos predecibles. Otras… más originales.
Majo to yajū [魔女と野獣, la bruja y la bestia], en inglés, literalmente, The witch and the beast, es la típica adaptación de un serie de manga que se mueve en el terreno del fantástico. Presuntamente en el del terror, pero más bien funciona como una de aventuras entre buenos y malos. En un mundo ficticio donde existe la magia y los seres sobrenaturales, ambientado como la Inglaterra a caballo entre el siglo XIX y el XX, una curiosa pareja formada por un ser bestial atrapado en un cuerpo femenino y un mago que acarrea consigo a cuestas un ataud van por el mundo cazando brujas, buscando la que embrujó al ser bestial, de aspecto muy poco bestial. No voy a decir que me haya entusiasmado siempre el periplo de esta pareja, pero tiene algunos momentos conseguidos. Yo creo que le falta algo para terminar de atrapar. Quizá demasiado convencional en determinados aspectos. Si hay futuras temporadas, no tengo nada claro que me vaya a enganchar a ellas. He probado, he visto… y ya está.
Una de las series tiene en sus primeros episodios unas entretenidas aventuras ferroviarias… así que unas fotos de ferrocarriles nipones.
Metallic rouge (en inglés en el original) es una serie de ciencia ficción que va claramente de más a menos. Desgraciadamente, demasiado a menos. En un futuro más o menos cercano o lejano, el ser humano a colonizado ya algunos planetas del Sistema Solar, y ha entrado en conflicto con alguna raza extraterrestre. Estamos en una tregua. Uno de los elementos para luchar contra los extraterrestres es una raza de humanoides sintéticos, que llevan incorporadas, mira tú por donde, las leyes de la robótica de Isaac Asimov. En ese ambiente, tenemos a una androide en una misión en el planeta Marte, acompañada de una joven, donde debe acabar con una humanoide que por algún motivo es hostil al gobierno. La cosa empieza bien. En un Marte que quiere recordar, a veces, al de Cowboy Bebop, tenemos una aventura entretenida entre estas dos chicas y una fauna diversa de gentes de moral siempre dudosa. La cosa empieza a enredarse cuando resulte que alguno androides se convierten en unas especies de grandes robots que disparan muchos tiros, y lo que parecían unas aventuras simpáticas por Marte, se complica en una trama sobre conflictos entre humanos y humanoides, pero mal llevada, engorrosa, y que resuelven de forma poco sutil. Esta es prácticamente seguro que no la seguiré viendo. Esta es la típica que parte de ideas interesantes, aunque no originales, y que pretende darle originalidad a través de tramas enrevesadas y espectacularidad pirotécnica llevada al extremo.
En fin… que en esta ocasión, no hay mucho que recomendar. El problema de ver estrenos,… que no tienes referencias para elegir. Tienes que arriesgar.
Tengo unas cuantas series de televisión pendientes de comentario de antes de cogerme las vacaciones. Pero en la tónica de estos días, me apetece comentar cositas que he visto durante, o aprovechando, estas vacaciones. Porque en un viaje largo siempre hay tiempos muertos, o un rato antes de dormir, en los que aparte de la posibilidad de leer algo, puedes ver algo de lo que llevas en tu tableta por si acaso. Las dos series que comento las llevaba empezadas de antes del viaje a Japón, pero las he terminado durante el viaje.
Jongmar-ui babo [종말의 바보, el tonto del fin del mundo] es una serie surcoreana preapocalíptica, que en inglés se ha titulado Goodbye Earth y en castellano Adiós, Tierra. O sea, lo mismo que en inglés. Es una producción de Netflix que se basa en una novela japonesa que estoy dudando si leer o no, creo que no adapta exactamente la historia, se inspira en ella, y que en en doce episodios nos cuenta lo que pasa en una ciudad coreana en los 200 días que faltan para que quede destruida por la colisión con la Tierra de un asteroide. Pero antes de seguir, quiesiera hacer algunas puntualizaciones terminológicas. Que últimamente el personal adjetiva la ficción cinematográfica o televisiva.
En primer lugar, sí, he dicho preapocaliptica. No posapocalíptica como se puede leer en algunas reseñas o comentarios. La catástrofe no ha sucedido. Sucederá. Incluso se puede prever minimizar las consecuencias de la misma. Pero lo que analiza la serie no es lo que pasa después de la catástrofe. Lo que analiza es la descomposición de la sociedad cuando hay amenazas graves sobre la misma. Y eso puede ser de carácter catastrófico natural, pero podría ser por otros motivos. A lo largo de la historia de la humanidad, las sociedades, aparentemente estables y prósperas, se han desmoronado, los tejidos sociales destruidos, y la civilización se ha venido abajo. Sucedió en Mesoamérica con los mayas, sucedió en muchos lugares de Europa con el derrumbe del Imperio Romano, sucedió en el Mediterráneo oriental en la Edad de Bronce,… civilizaciones potentes, avanzadas para su época, que se desmoronan, hay un declive demográfico, y un abandono de la grandes ciudades y vuelta a la subsistencia básica. Pero antes de que eso suceda, hay un periodo de advenimiento del caos social.
En segundo lugar, el maldito término distopía/distópico que ahora se aplica a todo. Sobre la película sobre una hipotética guerra civil en Estados Unidos que comenté recientemente vi y comenté, la mayor parte de los medios hablan de una situación distópica. No tal. Es un escenario histórico alternativo o teórico, más bien una ucronía a futuro. Pero sobre una sociedad no diferente en esencia de la actual. Y a la serie actual también se le aplica en algunos medios el término distópica. No tal. Es un derrumbe social. No una distopía. Aunque ahora ha degenerado el término para abarcar muchas situaciones muy distintas, incluso los artículo en inglés y en castellano se lían mucho, originalmente la distopía se refería a sociedades que bajo la apariencia de una utopía, o sociedad ideal, se trata de sociedades o sistemas sociales y políticos deshumanizadores, que anulan la persona. Por lo tanto, relatos posapocalípticos, preapocalípticos, ucronías, o relatos sobre dictaduras hechas y derechas, sobre todo derechas, no son distopías. Lo importante, filosóficamente, de la distopía es su apariencia de sociedad ideal… cuando es todo lo contrario. No estamos en la situación.
Cuando comienza la serie, hace más de 150 días que se sabe que un asteroide colisionará contra la Tierra en algún lugar muy próximo a la península de Corea, por algún mapa que sacan en lo que la mayor parte del mundo llama el mar de Japón, y que ellos llaman el mar del Este… denominación que sólo tiene sentido para ellos, claro. Pero bueno, también al mar del Norte se le llama así aunque sólo tenga sentido para los europeos occidentales que no viven en los países escandinavos. En fin, no nos extenderemos mucho sobre el hecho de que la nomenclatura cartográfica está condicionada por el histórico impulso colonizador de la Europa occidental. Aquí estamos de nuevo. En esos 150 días, sabiendo que Corea, ambas Coreas, van a desaparecer como nación, en la del sur se ha producido una guerra civil y una descomposición del tejido social. Algunos coreanos son acogidos como refugiados en otros países, pero los criterios son egoístas, arbitrarios, injustos,… y no van a alcanzar a toda la población. Al mismo tiempo, mafias criminales campan por el país, y es infame la trata de personas, especialmente de niños y adolescentes.
En ese entorno, nos encontramos con cuatro amigos. Una profesora de educación intermedia, Ahn Eun-jin, el equivalente a la ESO, que vive con dificultad la desaparición o muerte de todos menos tres alumnos de su clase, víctimas de esas mafias. Su novio, un científico brillante, Yoo Ah-in, que se encuentra en Estados Unidos. Una capitana del ejército, Kim Yoon-hye, con un alto sentido del deber y que pretende proteger a la población de la ciudad. Y que en secreto es lesbiana, y está colada por la profesora. Y un sacerdote católico, Jeon Sung-woo, que tiene que confortar a su parroquia cuando el párroco titular desaparece. Y luego hay una pléyade de secundarios, más o menos habituales en los dramas coreanos, haciendo de buenos vecinos, o de malvados. En los doce episodios, desarrolla una serie de tramas personales, y otras globales, que ponen énfasis en como sobrevivir cuando no hay esperanza, o como mantener una cierta cohesión social, cuando las desigualdades y los egoísmos personales sobresalen en el «sálvese quien pueda». La propuesta es muy interesante, y la serie se deja vez con interés. Especialmente por el buen trabajo de muchos de sus intérpretes. Pero la historia no está siempre bien hilvanada, el peso de la trama está muy desequilibrado a lo largo de los episodios, y algunas situaciones caen en el tópico previsible. Pero algunos de los conflictos éticos que se plantean son interesantes. Al público no le ha gustado mucho. Aparte de los defectos señalados… la gente quiere finales felices. Siento haber destripado el final. Pero es que es obvio y consecuente. Es lo que hay.
En la plataforma Disney+ han celebrado recientemente su estreno estrella de los tiempos recientes. La producción es de FX, uno de los canales que distribuyen en la plataforma. Y se trata de la segunda adaptación televisiva de una novela superventas de los años 70 del mismo título, Shōgun. La primera fue en los años 80, cuando estaban de moda las series con cierto componente épico que, en TVE, solían venir agrupadas como Grandes relatos, aunque esta denominación se usó también para otros programas. Fue la época de (usaré las denominaciones en España) Raíces, Holocausto, Norte y sur (esta acabó teniendo varias temporadas), Séptima avenida, Hombre rico, hombre pobre, y otras que ahora no me vienen a la memoria. Eran muy populares… porque sólo había una televisión con dos canales, o sea que no podíamos elegir ver otras cosas. Así que eran objeto de comentario habitual por parte de todos tras la emisión del episodio semanal. Todas o casi todas eran adaptaciones de novelas del tipo superventas. O best-sellers para los que no son incapaces de prescindir de la superflua denominación inglesa. Novelas formulaicas, muy entretenidas, aunque de valores literarios discutibles en ocasiones, que seguían esquemas similares. Y que mucha gente, tras la serie, acababa comprando en el Círculo, aunque la mayor parte de esta gente no la llegaba a leer. Pero quedaban bien en las bibliotecas domésticas.
Pues bien, algunas de aquellas historias se están actualizando en nuevas series, más ambiciosas, con más medios técnicos y con la intención de atrapar al espectador para la plataforma de contenidos de turno. Shōgun es una ficcionalización de los acontecimientos históricos que rodearon la llegada al poder de Tokugawa Ieyasu como primer shōgun de su dinastía, que entre 1603 y 1868 procuró un periodo, llamado periodo Edo, por instalarse la sede del gobierno del shogunato en esta ciudad, hoy conocida como Tokio, en el que el país estuvo en paz. La capital oficial del país, donde residía el emperador, sin poder real, seguía siendo Kioto. Fue una dictadura militar, con una sociedad dividida en castas, pero que gozó de estabilidad, y se caracterizó por el mantenimiento de un sistema feudal en el territorio, al mismo tiempo que surgía una casta de comerciantes en las ciudades. Casta que combinaba la contradicción de estar en la base del sistema social, pero que era muy próspera económica y manejaba mucho dinero. Y por ello, aunque supuso un parón en el desarrollo tecnológico del país, fue un periodo de esplendor en la cultura y las artes.
El advenimiento al poder de Tokugawa Ieyasu, del clan Matsudaira, el tercero de los unificadores del país, y el definitivo, tras el convulso periodo Sengoku, se produjo cuando fue expulsado (o se rebeló) del consejo de cinco regentes del que formaba parte, durante la minoría de edad del heredero de Toyotomi Hideyoshi (en la serie Toranaga Yoshii, Hiroyuki Sanada), el segundo de los unificadores, tras Oda Nobunaga, el primero de ellos. Ieyasu fue lugarteniente de ambos, pero en un momento dado sintió que le llegaba el turno. Esta rebelión genero una serie de tensiones que amenazaban el desencadenamiento de una nueva guerra civil entre las dos facciones; el ejército del Este, al mando de Ieyasu, con base en Edo, y el ejército del Oeste, al mando de Ishida Matsunari (en la serie Ishido Kazunari, Takehiro Hira), con base en Osaka. El casus belli fue el intento de Ishida Matsunari de retener como rehenes en el castillo de Osaka a familiares de los señores feudales que apoyaban a Ieyasu en el ejército del Este. En este intento, murió la esposa de uno de los lugartenientes de confianza de Ieyasu, general destacado en su ejército, una mujer de origen noble que había adoptado la religión católica, originalmente llamada Akechi Tama, aunque pasaría a ser conocida como Hosokawa Gracia (en la serie Toda Mariko, Anna Sawai). La serie es ficción, y los nombres de los personajes son distintos pero basados claramente en estos personajes históricos. Y narra una sucesión de acontecimientos ficticia, que no se corresponde con la realidad histórica, que llevan a la muerte de la dama noble en Osaka y el desencadenamiento de la guerra. Mezclados con la llegada a Japón de un piloto naval inglés al servicio de los comerciantes neerlandeses, John Blackthorne (Cosmo Jarvis), que se basa en un la figura del marino William Adams, y que no consta que interviniese en modo alguno en los asuntos históricos que he comentado.
La serie es entretenida. Muy entretenida. Pero no me ha gustado tanto como a la peña. De verdad que no. Hay algunos «errores» de reparto. Anna Sawai no lo hace mal. En lo que yo la había visto hasta ahora… la consideraba una actriz mediocre, como en cierta serie de monstruos de Apple TV+. Me dicen que también salía en la excelente Pachinko, pero no en un papel de los más destacados. También salía en una serie de yakuzas en Londres que vi hace un tiempo, pero ni siquiera la mencioné en la reseña, porque no tenía un papel muy trascendente. Se ha movido sobretodo en el cine de acción, y en la serie se le nota más cómoda en las secuencias de acción que le ofrecen. Lo curioso es que hay dos actrices japonesas en la serie, en papeles secundarios, que desde mi punto de vista tenían más potencial, y en lo que les toca lo hacen mejor, como son Saeko Kimura y, especialmente, Fumi Nikaidō. Esta última sería una potencial antagonista para Toranaga en caso que decidieran por una segunda temporada, no prevista inicialmente. Ieyasu y Yodo-dono, la madre del heredero de Toyotomi Hideyoshi, acabaron enfrentándose en el castillo de Osaka catorce años después de la batalla de Sekigahara que fue el punto final a la historia original en la que se basa la serie. Y sobretodo… el inglés no pinta nada en todo esto. Incluso el relato fuerza una relación romántica entre la dama noble católica y el piloto inglés que está fuera de carácter por completo para una noble japonesa de la época, especialmente siendo una católica convencida. Eso me ha chirriado como pocas cosas. La necesidad del escritor original de poner un protagonista occidental para atraer lectores hace que la historia baje un montón de enteros. Existió una personaje real que estuvo por allí. Pero con nula trascendencia real, más allá de lo que algunos quieran ver en el posterior permiso a los holandeses para establecer un puerto franco en una isla frente a Nagasaki. Y hay elementos insuficientemente tratados, o con poca sutileza. Como la influencia del clero católico jesuita predominantemente portugués, pero que sería expulsado años más tarde, y prohibidas las religiones cristianas. Hemos de recordar por otra parte, parece que los ingleses y americanos no se han enterado, que en 1600 Portugal estaba integrado en la Monarquía Hispánica junto con el resto de los reino peninsulares, varios dominios por el resto de Europa y las correspondientes colonias por el resto del Mundo. En aquel momento, durante el periodo entre 1580 y 1640, no tenía sentido de hablar de «España» y «Portugal» como dos entidades políticas distintas en cuestiones internacionales.
En otro orden de cosas, el ambiente tétrico, brumoso permanentemente, oscuro, frío, con unos viñeteos en la fotografía muy excesivos… tampoco me ha convencido mucho. Da la impresión de que de un momento a otro van a empezar a salir dragones, elfos, orcos y demás… por allí. O sus equivalentes nipones. Y es que no es la imagen que tengo yo de un país que ya he visitado en tres ocasiones, y que, aunque llueve con cierta frecuencia… es bastante luminoso. Como decía, muy entretenida… pero no me parece tan maravillosa como algunos la ponen. Ni de lejos.
Pues sí. En breve, este blog pasará durante unos cuantos días al modo sólo fotos. Tocan vacaciones. Y toca viaje a Japón. El tercero. Por eso, la entrada televisiva de esta semana está dedicada, de alguna manera, a ese país. Un par de series de Netflix que, sin ser maravillas, son simpáticas y me han hecho pasar algún rato simpático.
Karakai Jōzu no Takagi-san [からかい上手の高木さん, la bromista de Takagi] es una adaptación más de un popular manga, o sea, tebeo japonés, que ha sido objeto ya de diversas adaptaciones en forma de serie de animación, de película animada y, finalmente, con esta serie, a serie de televisión de acción real. Es un estreno actual de este 2024, del cual Netflix tiene los derecho fuera de Japón. La historia es muy simplona. En un ambiente de provincias, en un isla del mar interior de Seto, la jovencita Takagi (Rui Tsukishima) y el jovencito Nishikata (Soya Kurokawa) son compañeros en el segundo curso de la escuela intermedia. O sea, algo así como segundo de ESO en España. Unos 14 años. Son vecinos y, en una población pequeña, se conocen de siempre. Takagi es vivaz e inteligente, mientras que Nishikata es más tranquilo y muy confiado. Por lo que Takagi lo somete a una sucesión de bromas sin mayores consecuencias, que Nishikata intenta devolver sin éxito. Pero claro, entre ellos surge una tensión romántica no declarada. De la que la chica es muy consciente… el chico, más bobo e inmaduro, no tanto. Había visto una temporada de la versión animada. Simpática. En esta versión de acción real, poco a poco se deja de dar importancia a las bromas, para dar trascendencia a la relación entre los dos adolescentes. Y esto es lo que da valor a la serie, ya que estas relaciones, inocentes e indecisas son muy majas. La chiqueta es mejor intérprete que el chaval. En general, y a pesar del agridulce final, la serie deja buen sabor de boca… y se ve en un pispás. Parece ser que la película largometraje de animación da resolución a la relación. En inglés se encuentra como Teasing master Takagi-san y alguna de las versiones en castellano aparecen como Maestra en bromas pesadas Takagi-san… pero no me gusta, porque nunca son bromas pesadas.
Unnatural (en inglés en el original) es una serie japonesa de diez episodios de 2018. Lo cual da un punto de ironía a alguno de sus episodios que trata de un brote de síndrome respiratorio grave causado por un coronavirus. Es una serie más o menos típica de investigadores forenses. Los protagonistas trabajan en un instituto autónomo de medicina legal, en el que trabajan dos forenses y otros técnicos. El personaje principal, Mikoto Misumi (Satomi Ishihara), es una joven forense muy dinámica, querida por sus compañeros, que fue adoptada tras perder a sus padres. El complementario, Kai Nakado (Arata Iura), es un hombre, también forense, osco y algo misántropo, marcado por el asesinato de su novia ocho años atrás, del que fue acusado. En principio es un procedimental en el que en cada episodio o cada dos episodios resuelven un caso. Pero hay un misterio global, relacionado con la novia de Nakado y con crímenes recientes, que se resolverá al final.
Aunque empecé a ver el primer episodio sin mucho convencimiento, pensando que probablemente abandonaría la serie directamente, lo cierto es que me enganché. Y el principal motivo no está tanto en las tramas, que son correctas, pero lejos de la espectacularidad de lo que series similares norteamericanas plantean (hacen bromas a costa de una de ellas), sino en la empatía con los personajes. Se hacen querer. La chica protagonista es de estas actrices japonesas ubercharming que no lo hace mal. Y el conjunto que la rodea no funciona mal. Dentro de que la interpretación de los actores japoneses en teleseries siempre me resulta un poco forzada. Pero está bien. Yo la he disfrutado.
Dos cuestiones que entran en conflicto me han venido pasando últimamente. Por un lado, se me han acumulado muchas series de televisión para comentar, a pesar de que tenía la sensación de que estaba muy irregular con estas cosas. Y por otro lado, voy con poco tiempo para comentarlas. Pero he sacado un poco de tiempo este viernes para sacar adelante el comentario de algunas de ellas. Aunque sea de forma telegráfica. Tres series. Y una película documental para televisión.
Los bosques suecos tienen un cierto papel en una de las películas de astronautas, así que pondré algunas fotografías alusivas.
Ha coincidido que en estos primeros meses del año se han estrenado dos miniseries con premisas argumentales muy similares. Una en Apple TV, Constellation. Otra en Netflix, Das Signal. La primera es una coproducción en la que participan productoras de Estados Unidos y algunos países europeos, ocho episodios, con el gancho de Noomi Rapace como protagonista. La segunda es una producción alemana de cuatro episodios. Ambas comparten algunas premisas. Una astronauta con una misión en órbita alrededor de la Tierra, un evento extraño, y un regreso a la Tierra accidentado. Y una conspiración. La primera, dándole vueltas a algunos conceptos de la mecánica cuántica, más bien hipótesis indemostrables sobre lo que significan algunas de sus matemáticas, como los multiversos, malentendiendolos las más de las veces. La otra, con una curiosidad que a algunos de los más aficionados trekies les sonará más o menos familiar. Pero resumiendo, para no aburrir, ninguna de las dos ha convencido mucho a la parroquia. Ni a mí tampoco. Entre lo pretencioso de la primera, y lo simplón de la segunda. Con guiones flojos, basadas en ideas que puedan estar lastradas de partida. No especialmente recomenables.
Sí que me parece recomendable Manhunt. Serie norteamericana para Apple TV que nos cuenta en siete episodios como fue el asesinato de Abraham Lincoln, como se persiguió a sus asesinos, y como fue el juicio, vinculándolo, de alguna forma, a la mala administración que hizo Andrew Johnson, el vicepresidente y sucesor de Lincoln, que tanto tergiversó la llamada Reconstrucción, con corrupción y secuelas que, tal vez, repercutan hasta hoy en día. Se apoya en una excelente ambientación y en las excelentes interpretaciones de Tobias Menzies como el secretario de guerra Stanton, que dirigió la persecución de los criminales, y Anthony Boyle interpretando al asesino John Wilkes Booth. No es una excelencia de las de recordar para toda la vida, pero está bastante bien, y es recomendable.
Finalmente, me vi recientemente el documental de 80 minutos de Netflix, Secrets of the neanderthals. Un producción británica en la que se recorren los hallazgos paleontropológicos y arqueológicos más importantes para comprender quienes fueron los miembros de esta especia humana que ocupó Europa y buena parte de Asia y de quien los euroasiáticos, incluidos los descendientes de los que emigraron a otros continentes, conservamos un 2-3 % de sus genes en nuestro propio genoma. Indicando que hubo reproducción cruzada fértil entre los neandertales y Homo sapiens. Pero la serie se centra en la interpretación de fósiles y restos arqueológicos que dejaron en Oriente Medio y distintas localizaciones de Europa. No está mal. Se deja ver. Es cierto que a mí me hubiera gustado algo de tiempo a profundizar un poquito en los descubrimientos realizados a través de la biología molecular y el estudio del genoma… pero bueno. Es que a mí me gustan estas cosas. Narrada por Patrick Stewart.
Vamos con mi última ronda de k-dramas… o sea, dramas coreanos, cuando drama es un genérico que incluye también la comedia. He de decir que estaban un poco de bajón estas series. Y de hecho algunas de las que he empezado últimamente las he abandonado. Son cosas que pasan si a unas producciones que tienen no poco de guilty pleasures se une una falta de empatía absoluta con los personajes protagonistas. Como por ejemplo en esta producción de guapos protagonistas que tan buen resultado dieron en otras ocasiones, que está siendo muy bien recibida por la mayor parte del grupo, pero que a mí se me ha vuelto estomagante. Pero vamos con las que no.
Ghost doctor (en inglés en el original) es una serie de 2022 que se puede ver en Netflix, pero creo que sólo con subtítulos en inglés. Un antipático pero tremendamente hábil y eficaz cirujano cardiovascular y un simpático pero torpón residente de primer año, pero heredero de la empresa que gestiona el hospital, se tienen que aliar para desentrañar los misterios que rodean algunas muertes y accidentes en el entorno del hospital. Pero con la peculiaridad de que el hábil cirujano es víctima de «un accidente», acaba en coma y es su fantasma temporal el que colabora con el torpón residente que, casualmente, es capaz de ver fantasmas desde niño. Entre la comedia de las situaciones que se producen por las «posesiones» del fantasma, y otros fantasmas, y el drama de la conspiración para hacerse con el control del hospital y despojar a una rica heredera, y neurocirujana, e interés romántico el hábil cardiovascular, de su herencia. En general, muy animada y entretenida. Con dos peros. La neurocirujana, una actriz muy guapa, hace una interpretación en su 85 % aburridísima. Hay otro personaje femenino, la joven residente, interés romántico del torpón residente, que es bien maja y está absolutamente desaprovechada en la trama. Pero ya está.
He podido ver la segunda temporada de Sobangseo Yeop Gyeongchalseo (소방서 옆 경찰서, la comisaría próxima al parque de bomberos), conocida en inglés como The first responders y en español como Unidad de primera intervención. Este drama de acción (y romance) con bomberos y policías como protagonistas (y los forenses) me pareció muy entretenido en su primera temporada de 12 episodios, que quedaba con las tramas abiertas y cerraba con un cliffhanger. Por eso me apetecía ver la segunda temporada. Que va en la misma línea… pero baja de interés notablemente. Se centra mucho más en el personaje del policía, y la chica, la enfermera de los bomberos, pasa a ser un florero en el conjunto de la serie. Sigue siendo entretenida, pero por esos y otros motivos que no menciono para no destripar la trama, pierde bastante. Pero cerrada está.
Finalmente, en Amazon Prime Video he podido ver Gaseum-i ttwinda (가슴이 뛴다, mi corazón late) conocida en inglés como Heartbeat, y en castellano El latido de mi corazón. Dramedia romántica, con el romance entre una tristona enfermera escolar que vive solitaria y con apuros y un vampiro que estaba sumido en un sueño de 100 años con el fin de convertirse en humano y al que despierta un día antes de lo que corresponde. A partir de ahí, chascarrillos, romance, y los elementos que pondrán palos en las ruedas de la relación. En el reparto de secundarios, los «payasos», los «rivales amorosos», y el vampiro perverso como contrapartida a los vampiros buenos. Y como en casi toda serie sobrenatural coreana, una historia de reencarnaciones y de romances y rivalidades que se extiende desde cientos de años atrás. Empieza bien… pero va decayendo. Tiene el problema que la chica protagonista no acaba de estar cómoda en el papel, en lo que a mí me parece. Le falta expresividad en algunos momentos. Normalita. Entretenida, pero poco memorable.
Hoy traigo dos series de animación japonesas. Con agilidad, porque no tengo mucho tiempo para dedicar. Una de ellas viene de Netflix y la otra es de otras plataformas, una de las pruebas que hago de vez en cuando para probar distintos géneros de animación japonesa. Unas con más fortuna, otras con menos.
Onmyōji(陰陽師), algo así como el maestro del yin y del yang) es una serie de Netflix, en la que retrocedemos al período Heian del Japón, con personajes reales, históricamente documentados, pero con un fuerte toque fantástico. Los protagonistas son Minamoto no Hiromasa, un noble de la corte y músico, nieto de un emperador, y Abe no Seimei, el onmyōji del título, unos funcionarios que eran astrólogos y consejeros del gobierno y el emperador a la hora de decidir la fecha y el momento adecuado para hacer los actos de gobierno. Pero en la serie se dedican a proteger a la corte de Heian-kyō (actualmente Kioto) y a sus funcionarios de los demonios que los acechan. Es curioso que la serie no está muy bien valorada por los espectadores, y sin embargo a mí me ha parecido muy entretenida. Especialmente cuando las tramas son más ligeras. Cuando se pone más seria… se hace un poquito más pesada. Y es cierto que no todas las interacciones están bien aprovechadas, como el personaje de la princesa Tsuyuko, que podría haber dado un poco de variedad al asunto. Pero a mí me resultó entretenida.
Yubisaki to renren (ゆびさきと恋々, el afecto y la punta de los dedos), conocida por A sign of affection/Signos de afecto es una de las series de animación con las que llevo explorando el género en los últimos tiempos. Es una serie muy bien valorada por los aficionados, pero destinada a un grupo demográfico muy determinado; las chicas jóvenes. Me ha costado terminar la temporada a pesar de las buenas críticas, precisamente por su grupo diana tan específico. Y porque los tópicos que se asocian al género me resultan muy indigestos. Nos cuenta la relación romántica entre una joven universitaria de primer curso, sordomuda (de ahí el título que hace referencia al lenguaje de signos), y un joven algo mayor, también universitario, muy cosmopolita, políglota, y muy viajado. Más todos los amigos y familiares que los rodean. La idea es buena. Pero hay algunas cosas que me cansan o empalagan mucho. Una, especialmente, es la voz en off que representa los pensamientos de la chica, y que parece una constante en este tipo de series. No sabéis hasta que punto odio las voces en off salvo que estén muy muy muy bien justificadas. Suelen ser signo de mala capacidad para contar historias audiovisualmente. Y hay formas de narrar la vida interior de una persona mucho más elegantes que una voz en off. Y luego otros aspectos visuales. No creo que repita en este género. Me resulta un tanto estomagante. Es de esos géneros que están tan dirigidos a un sector demográfico, que difícilmente pueden digerirse por quien no pertenezca al mismo. Y al mismo tiempo me resulta una representación extremadamente irreal e idealizada de las relaciones a esas edades. Por lo menos, en los tiempos que corren.
Dos series muy distintas. Pero es que no tengo tiempo para engarzar una entrada más homogénea y coherente. Una de las series me la encontré, me entró curiosidad y la vi. La otra era muy esperada desde hace meses; una de las adaptaciones de un libro de ciencia ficción más esperadas. Y como dije un 23 de agosto del año pasado, una adaptación que esperaba con cierto pesimismo. Ya he comentado en alguna ocasión que me estoy planteando mandar a Netflix a freír churros. Y esta serie llega de la mano de esta plataforma de contenidos en línea.
Ya que las series de hoy tienen un fuerte componente británico, nos daremos un paseo fotográfico por el West End londinense.
Pero vamos primero con Inside man, una serie de la BBC que es distribuida por Netflix fuera del Reino Unido. Me llamó la atención por su reparto. David Tennant como un clérigo anglicano al que cierta situación se le va de las manos, Stanley Tucci como un genio asesino que resuelve casos detectivescos desde el corredor de la muerte de una prisión de máxima seguridad de Arizona y Dolly Wells como la situación que se le va de las manos a Tennant. Un reparto muy prometedor. Y sólo cuatro episodios de una hora de duración… ¿Cómo no ponerse a ello? La cosa va de que una serie de malentendidos lleva a que el clérigo secuestre a la profesora de matemáticas de su hijo por miedo a que lo denuncie por algo que no ha hecho. Y eso lleva a una espiral de catastróficas consecuencias. Mientras una conocida de la profesora (Lydia West), una periodista que entrevista al asesino le pide que le ayude a encontrar a su desaparecida amiga. Indudablemente está bien interpretada y en general se ve bien, sin problemas. Pero es mucho más previsible de lo que creía, y al final te deja con la sensación de que tenía mimbres para haber resultado mucho más interesante de lo que es. Me pasa mucho últimamente…
3 body problem es la segunda adaptación, una fuerte apuesta de Netflix para este 2024, de la famosa novela de Liu Cixin, El problema de los tres cuerpos. En el enlace que ya he puesto antes, me explayé a gusto sobre la primera adaptación, la realizada en China. Una adaptación muy imperfecta, pero perfectamente asumible, entretenida, bastante fiel al original, que merecía una distribución de mejor calidad que la que se hizo a través de Youtube. He dicho imperfecta. Obviamente, los chinos no tienen el oficio de Estados Unidos, Reino Unido u otros países occidentales a la hora de realizar series de televisión. Hay alguna cutredad, el reparto es heterogéneo en calidad, el guion mejorable. Pero algo que sorprendió de inmediato es que la versión de Netflix encaja en 8 episodios lo que la producción china narraba en 30 episodios. Y no sólo eso, sino que en sus últimos episodios se mete ya en la trama del segundo libro de la trilogía. Esto ya marca alguna diferencias importantes. A eso hay que añadir que el reparto es mucho más internacional, que la mayor parte de la acción en la época actual transcurre en el Reino Unido y no en China, y que hay personajes nuevos que no existen en el original. Mientras que el original era un reparto, unos personajes, en un 90 % chinos, aquí estamos ante un elenco benetton, de todas las etnias y colores.
La trama es esencialmente la misma. Pero la serie de Netflix echa a correr y en los primeros cuatro episodios resume mucha de la trama de la novela de Liu. Modifica también los protagonismos. Aunque el reparto me parece muy coral, hay personajes más importantes que otros. Y el principal, a parte de Ye Wenjie (Rosalind Chao/Zine Tseng), es el de Jin Cheng (Jess Hong), que mezcla varios personajes de las novelas, sin ser fiel a ninguno en concreto. Y esta chica lo hace bien. El resto del reparto, con algunos nombres conocidos, tiene una calidad diversa. Demasiado diversa. Lo cierto es que en esos cuatro primeros episodios, la serie me estaba decepcionando. En la segunda mitad de la temporada mejora, tiene momentos buenos o muy buenos. Empieza a definir lo que quiere ser la serie. A unos les parecerá mejor y a otros peor, pero la peripecia de Ye Wenjie tiene importancia sólo como desencadenante de lo que la serie da importancia. En la novela y en la adaptación china, esa peripecia es una parte importante de la narración, que justifica la novela por sí misma. En la serie de Netflix, es un punto de partida para lo que quiere ser… una serie de guerras espaciales entre la humanidad y los trisolarianos. Que no es el enfoque de los libros de Liu Cixin. En su conjunto, la serie está bien. Seguro que veo una segunda temporada si se da, no sé si está confirmada… pero voy a asumir que no es lo mismo. Que está inspirada en, pero que el espíritu es otro, aunque los acontecimientos sean parecidos. Pero no va a ser una ficción de referencia en el ámbito de la ciencia ficción. Difícilmente se puede convertir en eso. No da para tanto. Ya veremos cómo sigue. Si sigue.
Sip. En los últimos meses no ha habido series surcoreanas, mi guilty pleasure particular para los fines de semana, que fueran realmente interesantes o que destacasen. Simplemente, las típicas comedias románticas con su punto de drama… y una serie con pretensiones y pocos resultados.
Nae namjaneun kyupideu [내 남자는 큐피드, mi hombre es un cupido], en castellano Mi chico es Cupido, y en inglés, My man is Cupid es una comedia romántica con tono sobrenatural. Un chica muy mona (Im Jin-Ah, también conocida como Nana cuando se dedica a la canción), veterinaria ella, pero que está destinada a no encontrar a enamorarse, sus pretendientes sufren todo tipo de desgracias, se topa con un cupido, un tipo que se dedica a tirar flechas para emparejar gente, pero que está maldito por algo que hizo 500 años hacia atrás. Todo tipo de aventuras con más o menos tontas, algunos momentos cómicos entretenidos, y un misterio criminal de esos que meten por el medio para introducir un poco de drama. Entretiene si lo que buscas es no pensar en nada, todo el mundo es muy guapo, pero poco más. La típica serie rodada a mayor gloria de sus guapos y famosos protagonistas. Se ve en Amazon Prime Video.
En varias series he observado que juegan, generalmente de forma cómica, con el acento de los personajes que son de Busan. Un poco como en España con los andaluces y cosas así. Así que por ello, ilustro la entrada con el templo del mar de Haedong Yonggungsa, que se encuentra al norte de esta populosa ciudad del sur de Corea del Sur.
Doctor slump (título original en inglés), en castellano Urgencias existenciales (¡¡??) es al revés. Un drama romántico con tono de comedia aquí y allá. Dos antiguos compañeros de instituto, rivales a la hora de competir por ser el alumno más brillante de su promoción, se han convertido en médicos. Él, un famoso cirujano plástico; ella, anestesista. Pero a los dos les va mal. A él lo han encausado por una presunta negligencia médica. Ella tiene una profunda depresión, provocada por el pésimo clima laboral en su hospital. Y se encuentran, y acabarán dándose consuelo y algo más. Su premisa de partida se agota enseguida, y la serie se alarga en exceso sin que tenga mucha sustancia. Su protagonista femenina está reputada como una de las más guapas de su generación. Park Shin-Hye. Y lo es. Guapa. Pero me sigue pareciendo, ya la he visto en varias series, una actriz mediocre. Se puede ver en Neflix.
Anna es una serie de 2022 que se puede ver en Amazon Prime Video. Sólo seis episodios. Una adolescente brillante en los estudios que, tras un traspiés con un profesor en el instituto, la vida se le empieza a torcer, tirando para adelante a base de mentiras, lo que le llevará, de alguna manera, a triunfar socialmente. Pero tarde o temprano las consecuencias de sus mentiras le alcanzarán y su brillante vida se complicará. Puro drama. Sin romances. A mayor gloria de su protagonista, Bae Suzy (conocida simplemente como Suzy como cantante, nombre real el cuasi homófono Bae Su-ji). Esta chica es prácticamente un clon de la protagonista de la serie anterior. Y al igual que la anterior, tiene unas cualidades interpretativas limitadas. Aunque eventualmente es capaz de hacerlo algo mejor, si el material lo permite. Que no es el caso. Un drama con pretensiones, pero muy vacío. Poco que rascar.
He cambiado algo la forma de acceder a la animación japonesa, y esto me ha permitido en los últimos meses detectar algunas series realmente buenas. Pero realmente. Con historias interesantes, con construcción y definición de caracteres, con elementos originales, con buenos guiones, con buen dibujo. Realmente fenomenales. No sé si las mejores de la historia como se dice de una de ellas… especialmente porque me gusta más la otra, pero están muy bien. Vayamos por el orden en el que las he terminado de ver, aunque no fuese así cuando empecé a verlas.
El palacio de la serie sobre Maomao está claramente inspirado en la Ciudad Prohibida de Pekín. Como la pandemia me impidió visitarlo en 2020, ilustraré la entrada con la tumba de Ming Xiaoling en Nankín, que también puede venir al caso.
Sōsō no Frieren (葬送のフリーレン, el duelo de Frieren o algo así; sōsō 葬送 sería como un último adiós a los muertos) ha tenido una primera temporada de 28 episodios. Visto el éxito que ha tenido, suponen que habrá una segunda temporada, pero puede tardar. Adaptación de un manga, en inglés recibe el título Frieren: beyond the journey’s end (Frieren: más allá del final del viaje). No me consta que haya un título formal en castellano, o es simplemente Frieren. Es una serie de acción y fantasía. El personaje protagonista, Frieren (en alemán, congelar; muchos nombres de personajes tienen traducción desde el alemán), es una elfa con más de mil años de edad, y con una perspectiva de vida casi ilimitada, participó durante diez años en una aventura para derrotar al Rey Demonio (魔王 Maō, un equivalente en la fantasía japonesa al Satanás de las religiones abrahámicas que se extendió en la cultura popular occidental). La acción empieza tras el final de esa aventura, liderados por Himmel (cielo en alemán). Pero unas décadas más tardes, Frieren permanece inalterada, mientras que sus compañero han muerto, están muriendo o son muy ancianos. Lo que para ella ha sido un instante, para ellos ha sido toda una vida. Y empieza a tomar conciencia del valor de las relaciones y de la amistad. Por cierto, que Frieren es una maga, muy poderosa, pero que suele preocuparse por los hechizos más cotidianos y banales.
Y en estas estamos que se ve obligada a aceptar una niña como aprendiz, Fern (distante en alemán). Y tras unos años, a un chaval de edad parecida, Stark (fuerte en alemán), ya un adolescente, como acompañante. Un chaval que aspira a convertirse en un guerrero heroico como Himmel. Y deciden viajar al fin del mundo en el norte, para encontrarse en el país donde residen las almas, para dar el último adiós a sus antiguos amigos, una vez que ha comprendido el valor de esas relaciones. Y así empieza la aventura después de la aventura. Una aventura que se cuece a fuego lento, dando tiempo a desarrollar personajes, a desarrollar relaciones, a profundizar en sentimientos, con las dosis justas de acción aquí y allá, que nos permiten ver quién es exactamente Frieren, junto con los flashbacks a su pasado, y el desarrollo de los jóvenes. Está muy bien. Te engancha. Es una de esas historias que da igual que estén pensadas para un público juvenil, porque contienen valores narrativos para todos los públicos, y valores éticos para todo el mundo. Está muy bien. Y me gustaría ver la continuación de estas aventuras. Imprescindible para los amantes de la animación. Japonesa o de cualquier nacionalidad.
Y luego está Kusuriya no hitorigoto (薬屋のひとりごと, los diarios de la boticao de la boticaria; 薬 kusuri o お薬 okusuri es medicación, 屋 ya es tienda, por lo tanto botica o farmacia, pero en el original a la protagonista le llaman kusuriya en el sentido de boticaria). Conocida internacionalmente precisamente como The apothecary diaries, los diarios de la botica/boticaria… también aquí puede ser cualquier de las dos, es adaptación de unas novelas ligeras de éxito, que también han tenido versión en manga. La acción se sitúa en un reino no denominado, pero inspirado claramente en la China de alguna dinastía de algunos siglos atrás. En algunos lugares, he leído que en la dinastía Tang (del año 618 al 917). En otros, en la dinastía Ming (del 1368 al 1644). Muy distintos. Dado que uno de los personajes lleva monóculo, opto por pensar que se trata de la Ming. Las lentes, en Europa, se conocían desde la antigüedad. Pero las gafas y similares fueron cosa del periodo final de la edad media. Ni idea de que pasó en China. Bueno… la protagonista es Xiaomao (小猫, gato pequeño), o familiarmente Maomao (猫猫, repetición del carácter gato), una joven de diecisiete años que trabaja en la botica de un prestigioso establecimiento de cortesanas del barrio rojo de la ciudad. Barrio donde se concentra la prostitución, aunque en España se suele usar la expresión barrio chino, que no me parece adecuada en este contexto, ni en cualquier otro, puestos a ello. Vive con su padre adoptivo.
El caso es que a Maomao la secuestran y la venden al palacio imperial como sirvienta. Donde deberá trabajar tres años para cubrir la deuda de su precio. Intentará pasar desapercibida, pero es inteligente e inquisitiva. Y se mezclara con el que parece ser jefe de los eunucos, un atractivo joven un poco mayor, con quien empezará a resolver los misterios de las cosas que pasan en palacio. Primero en relación con las concubinas del emperador, y sus juegos de poder y rivalidad, pero posteriormente con otros misterios. Por lo que inicialmente parece un procedimental simpático. Sin embargo, poco a poco la serie, que ha tenido una temporada de 24 episodios dividida en dos tramos de 12, va desarrollando una trama longitudinal, que afecta a los orígenes de la propia Maomao. Así como otras laterales que afectan a la auténtica identidad del joven y atractivo «eunuco». La serie es muy divertida, tiene una fenomenal definición de caracteres, es mucho más adulta en sus temas de lo que parece, y es de lo mejor que he visto en series de animación. A mí me parece superior a la anterior, aunque sea por poquito. Y espero con muchas ganas su ya comprometida segunda temporada. Otra imprescindible de los amantes de la animación.
Hoy me apetecía mucho hablar de animación japonesa. En este fin de semana han llegado a su fin las primeras temporadas dos series excelentes, con alguna cosita en común. Pero al final he decidido seguir con el ritmo previsto inicialmente, y darme un tiempo para reposar esas series. El inconveniente es que me veo obligado a hablar de una de las grandes decepciones de la temporada. Pero antes, un previo simpático de origen tailandés.
Después de la agradable sorpresa que fue una serie tailandesa ambientada en el año 2000, hace unas semanas, decidí darle otra oportunidad a otra serie del país del sudeste asiático. ¿O es del sur asiático? ¿Dónde acaba el sur y empieza el sudeste? Acabo de comprobar en Wikipedia que consideran a Tailandia como Sudeste Asiático, siendo esta una de las veintidós subregiones en las que la ONU divide el mundo. España está en la subregión Europa Meridional, junto con Portugal, Italia, los países de la antigua Yugoslavia, Grecia, Andorra, Gibraltar, San Marino y la Ciudad del Vaticano. Ah… y la parte europea de Turquía. Curiosa mezcla, con una fuerte discontinuidad territorial entre la Península Itálica y la Península Ibérica. Compárese esa subregión en población y superficie con la subregión América del Sur, que ocupa todo un continente enorme. Pero dejemos esta digresión. Ready, Set, Love, en inglés el título original, que en castellano se puede encontrar como Preparadas, listas, ¡amor!, está claramente inspirada en el gran éxito surcoreano sobre juegos colectivos, pero con un tono muy distinto. En una sociedad distópica en la que casi no nacen hombres, las mujeres procrean fundamentalmente por inseminación artificial, y los pocos hombres están protegidos en un área reservada, todos los años se realiza un reality show con juegos para decidir cómo se forman las parejas con los pocos hombres casaderos del momento. En general, las competidoras pertenecen a la élite social. Pero por lotería se da la oportunidad a una chica procedente de las clases populares de competir. Y lo hará para conseguir tratamiento para su hermana menor enferma. Pero también encontrará al buen mozo que le hará tilín, por lo que, aunque al principio no tenía interés en participar, la inscribió su hermana en la lotería, acabará haciéndolo con uñas y dientes, enfrentándose al poder fáctico establecido. Es una serie entretenida. Intrascendente. Pero son sólo seis episodios, por lo que no le dedicas mucho tiempo. Pasas el rato de forma agradable, muchas veces con una sonrisa. Las interpretaciones son normalitas, pero la protagonistas tiene su carisma.
La gran decepción procede de Masters of the air, tercera entrega de la saga de series bélicas que hablan de la historia los soldados norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial, producida en mayor o menor medida por Steven Spielberg y Tom Hanks, entre otros muchos productores, productores ejecutivos y demás. Estas series son obvias descendientes de Saving private Ryan, dirigida por el uno y protagonizada por el otro. Lo cual, en principio, me hubiera alejado de estas series. En aquella película, al mismo tiempo que Spielberg demostraba su maestría para dirigir, y Hanks y otros su maestría para actuar, también quedaba de manifiesto la capacidad del director para lanzar mensajes éticamente confusos o incluso cuestionables. Y aunque pasa por mantener posiciones políticas liberales progresistas, a mí entran muchas muchas muchas dudas sobre la naturaleza de ese progresismo de olorcillo en ocasiones muy carca. Pero le di una oportunidad a Band of Brothers, y me encantó. Es claramente una de las mejores series bélicas de la historia. O una de las mejores series de la historia, no importa el género. O incluso si la mezclamos con los largometrajes bélicos, también está en cabeza. El recorrido de la compañía E (o Easy) de uno de los regimientos de paracaidistas de la División Aerotransportada 101 de los Estados Unidos desde su lanzamiento sobre Normandía, hasta su llegada a Austria al final de la guerra para atender a prisioneros políticos, raciales y de guerra es absolutamente magistral. A ella siguió The Pacific, en la que cambias de ejército y de escenario. Ahora seguiremos a algunos infantes de marina de la Primera División de Infantería de Marina desde la campaña de Guadalcanal hasta Okinawa. Sí… infantes de marina. La palabra marine tiene traducción al español, infante de marina. De hecho el concepto de infantería de marina es un invento español, de 1537, por Carlos I, aunque ya existían previamente en la Corona de Aragón o su reino vasallo de Nápoles las Compañías Viejas del Mar que combatían sobre galeras o en desembarcos en el norte de África.
Y en la tercera entrega, 14 años después de la segunda, cambiamos nuevamente de rama militar y nos vamos a la aviación. Que en la Segunda Guerra Mundial, en Estados Unidos no era un ejército autónomo de otros, sino que formaba parte del ejército de tierra (Fuerza área del ejército de los Estados Unidos, USAAF, entonces, frente a Fuerza área de los Estados Unidos, USAF, distinto del Ejército de los Estados Unidos, USA). Y la unidad de combate elegida es el 100º Grupo de bombarderos, formado por las tripulaciones de bombarderos Boeing B-17 Flying Fortress, que participaron en los bombardeos estratégicos de los aliados sobre la infraestructura industrial y la población civil alemana en la guerra. Unas acciones que, desde mi punto de vista, en no pocas ocasiones merecen el calificativo de crimen de guerra. Lo cual, ya supone un lastre sobre la serie, que debe justificar lo injustificable. Las dos series precedentes tienen unos protagonistas cuyas acciones son mucho más defendibles en un estado de guerra. El segundo problema es que es difícil encontrar un anclaje firme a lo largo de todo el tiempo. La supervivencia de las tripulaciones fue muy baja. Especialmente en esta unidad, que durante mucho tiempo estuvo mal dirigida, y que sufrió la mayor cantidad de bajas, por la mala gestión, la mala coordinación y el deficiente mando. El tercer problema es que la serie abusa del postureo emocional. Del plano bonito y «trascendente»… con las nubes del sol poniente lanzando rayos del «dios glorioso» y esas tontadas. Hay varias peripecias en la serie, como la de los pilotos negros de aviones de caza, que tienen difícil encaje en la narración, y están ahí por la corrección política, sin más. La he terminado un poco a la fuerza. Pero además de la falta de coherencia interna de la historia, con ramificaciones que quedan incompleta o mal explicadas, tiene la falsa moral spielbergiana que ya he comentado antes y que tanto me molesta. Lo único que me ha hecho gracia es que los prisioneros de guerra llegasen en un momento dado a un Stalag 13, que siempre pensé que era un campo ficticio al servicio de la comedia paródica Hogan’s heroes, clara parodia de películas como la magistral Stalag 17 (el real fue el Stalag XVII B, o la popular The Great Scape, que sucedió en el Stalag Luft III, donde están los prisioneros americanos, aunque aquella peripecia la protagonizaron los prisioneros británicos. Pero más allá de la parodia, hubo varios Stalag XIII, próximos a Núremberg.
Acompañando a la serie, que se puede ver en Apple TV+, se ha programado un documental, The bloody hundreth, que es bastante más útil para entender la historia de esta gente, más claro, y basado en testimonios reales, lo cual teóricamente también es cierto para la serie. No es el mejor documental del mundo, pero es correcto, y con algunas secuencias de los hechos reales, tomadas con las cámaras que llevaban los aviones, que son muy interesantes.
Voy a aliviar la decepción del primer episodio de una serie muy esperada con una entrada de contenidos ligeros en lo que a lo televisivo se refiere. Últimamente he diversificado en lo que se refiere a los k-dramas. No tanto en las características de los mismos, sino en la plataforma en los que los veo. Ya comentaba recientemente que tengo a Netflix bajo amenaza de abandono. Y más ahora que este «mi guilty pleasure» televisivo favorito está accesible en otras plataformas como Amazon Prime Video. Evidentemente, no son las mismas series… pero teniendo en cuenta las características de las mismas… eso… sinceramente,… da igual
Por ejemplo, Nae nampyeongwa gyeolhonhaejwo [내 남편과 결혼해줘], que se encuentra en otros idiomas bajo las variantes Marry my husband o Cásate con mi esposo, que son traducciones directas del original en coreano. Es un estreno reciente, de este 2024, en Amazon Prime Video. Su protagonista femenina, y principal estrella de la función, es Park Min-Young, que ya había podido ver en otras series (la de la agencia meteorológica, que no llegue a considerar necesario mencionar a la protagonista), aunque no me había llamado especialmente la atención por sus capacidades interpretativas. La premisa original está bien y lleva a que la serie se divertida, muy entretenida. Una mujer en torno a los 40 años ha sido una desgraciada buena parte de su vida, con un marido que es una desgracia, que le engaña con su mejor amiga (no se porque le llaman «engañar con su mejor amiga» porque obviamente no ES su amiga), enferma de cáncer. Y encima estos, aunque accidentalmente, la matan, antes de que lo haga el cáncer. Pero por un extraño sortilegio, su alma se instala en su propio cuerpo de cuando tenía 31 años, antes de casarse. Por lo que tiene la oportunidad de hacer las cosas de otra forma… y de vengarse lo más cruelmente posible del que con esa edad es su novio y «su mejor amiga». Si además liga con un tipo rico, mejor que mejor. Hubiera necesitado más mala baba. Funciona mejor como comedia negra que como comedia romántica. Y por ello, muchas veces se apoderan de la pantalla los secundarios, especialmente «la mejor amiga» (Song Ha-yoon). Pero es muy entretenida. Típica en sus 16 episodios de una hora o un poco más de duración.
En otro orden de cosas está Sejak, maehokdoen jadeul o simplemente Sejak [세작, 매혹된 자들, que se traduciría libremente como algo así como el espía o el espía cautivado o fascinado], y que en otros idiomas más próximos podemos encontrar como Cautivar a un rey o Captivating the king. Estreno reciente también, de este 2024, pero en Netflix. Y con una protagonista femenina con la que simpatizo, Shin Se-Kyung, aunque creo que tiene un registro limitado, o lo que pasa es que sólo la he visto en series de época. Y un protagonista masculino con quien también simpatizo, Jo Jung-Suk, aunque parece que los papeles dramáticos no se le dan tan bien como en aquella serie que me parece de lo mejor que he visto en estos años de placer inconfesable surcoreano. La serie parece que va a ser la típica comedia romántica ambientada en la dinastia Joseon, en este caso en la época de la transición en China de la dinastía Ming a la dinastía manchú, dinastía Qing. Con el romance entre una jugadora de go (baduk en Corea), hija de un noble, que juega disfrazada de hombre, y un príncipe real. Pero no. Ya desde el principio el argumento toma un rumbo dramático, y acaba siendo una intriga política en tiempos revueltos, con el príncipe convertido en rey, desconfiado y sospechoso de todo, y la jugadora de go, admitida, pese a sus antecedentes criminales, en el maestro de go del rey y de uno de los príncipes todavía niño. Pero siendo en realidad una agente secreta destinada a derrocar al rey. Cuando se mueve por la intriga política tiene buenos momentos, que bajan de nivel cuando se mezcla con el romance que no es pero sí es. Y tiene el problema de [ATENCIÓN ESPOILER]………… un happy end muy forzado. Le hubiera sentado mejor un final más trágico. Pero es entretenida, aunque mejorable en sus interpretaciones.
Finalmente, hay en Netflix una nueva entrega de Risqué business, esta vez en los Países Bajos (1 episodio Ámsterdam) y Alemania (5 episodios en Berlín). Como en las dos anteriores, los dos presentadores coreanos, representando a la conservadora y mojigata sociedad de su país, se adentran en el mundo del sexo/erotismo/pornografía o cosas parecidas aunque no necesariamente lo sean. Además de la prostitución reglamentada en el Barrio Rojo de Ámsterdam, conoceremos el mundo del negocio del BDSM, la industria de los juguetes sexuales en Alemania, el mundo de las relaciones poliamorosas, las saunas mixtas o el naturismo… Estás últimas, por mucho que vayan en pelotas en el tiempo libre, no debería ser incluido como dentro de las cuestiones sexuales. En mi opinión. Pero cuando el desnudo es un tabú, pasan estas cosas. Es una serie que es entretenida, aunque con un interés oscilante según los temas, en la que lo más entretenido es el teatro que le echan sus presentadores a la hora de fingir que se escandalizan, y esas cosas. Como se ve enseguida, seis episodios de media hora… pues subsiguientes ediciones las seguiré viendo. Es un relleno entretenido en casa.
Durante la última década, Disney se ha dedicado a realizar versiones en acción real, es decir con actores de carne y hueso, de su algunas de sus películas más famosas de animación. Incluso con segundas partes. Y poco a poco también está llegando a las series. Los japoneses llevan mucho tiempo explotando sus mangas de éxito haciendo múltiples versiones audiovisuales; largometraje, serie de animación, serie de acción real… A veces las tres para la misma historia. Pero, sinceramente, pocas veces me convencen estas maquinaciones. Netflix lo lleva intentando con especial interés. Pero con resultados discutibles… véase cierto ejemplo. Pero insisten. Hoy vamos con una de estas adaptaciones a acción real, y lo complementaré con una animación pura y dura, también en Netflix.
Ya que estamos con culturas asiáticas, ilustraremos la entrada con una paseo por las orillas del lago del Oeste de Hangzhou.
Hace ya años, algo menos de una década, vi una temporada de una serie de animación, The Legend of Korra, que me cayó en gracia. Me gustó. Sin embargo, no insistí con ella, no vi las siguientes temporadas. Era un spin off de otra serie previa con gran éxito, Avatar: The legend of Aango Avatar: The last airbender, según regiones del mundo, que tiene una sorprendente puntuación de los votantes de IMDb con 9.3 de promedio procedentes de más de 365 mil votantes. Tampoco me dio por verla. Unas series norteamericanas, aunque hay quien cree que son animes por la ambientación de la historia en un pastiche de culturas orientales o árticas. Un terreno muy atractivo para relanzar estas historias y generar ingresos basados en su popularidad. Netflix ha optado por trasladar la historia a acción real, en lugar de una nueva versión en animación. Y así, hace unas semanas llegó a la plataforma, Avatar: The Last Airbender, que recrea la historia de la serie original.
Básicamente es la típica historia del advenimiento de un héroe, más o menos mesiánico, en un mundo en el que está presente la magia, especialmente por la existencia de personas capaces de dominar los cuatro elementos; aire, agua, tierra y fuego. Los malos son los del fuego. Y en este caso el héroe es un chaval de 12 o 13 años de edad, uno de los que denominan el aire, que despierta de un sueño congelado en hielo de 100 años de duración, para liberar al mundo de la tiranía de la guerra y los malos, y para ello recibirá la ayuda de dos hermanos que proceden del pueblo que domina las aguas. Y de otras personas que encontrarán en su camino de descubrimiento, mientras son perseguidos por los malos. Realmente, nada original en cuanto a la historia. Así que la gracia está en cómo se cuente. Como en el original, el entorno es mundo mágico con unas culturas que son pastiches de culturas asiáticas, con mezclas más o menos improbables. Así… los que dominan el agua tiene pinta de inuits, pero a sus lugares sagrados se entran por puertas similares a los toriidel shinto japonés. No hay mucho esfuerzo creativo; como digo es un pastiche de elementos existentes. Y me ha resultado difícil de tragar por unos diálogos propios de adolescentes de un instituto yanqui. Un lenguaje simplón que si lo combinas con una colección de frases de aspecto grandilocuente, filosofemas que realmente tienen mucho menos significado que el que aparentan, puestos en labios de los personajes adultos, confiere al guion un aire de baratillo… típico ejemplo de que se busca atraer por los efectos gráficos y especiales, descuidando las historias y el desarrollo de personajes, que son en realidad bastante planos. No creo que repita. Está muy por debajo de lo que yo recuerdo de aquella animación que vi hace nueve años. Muy muy muy por debajo.
Quizá por eso, en paralelo, he estado viendo, también en Netflix, una serie de animación japonesa, también de corte fantástico. Nada original tampoco. Un territorio relativamente trillado. Onimusha [鬼武者, el guerreo demoniaco] es una de samuráis contra demonios [oni 鬼], que transcurre tras el final de las guerras del período Sengoku, al principio del período Edo. A un samurái que ha alistado a un pequeño grupo de guerreros, unos monjes budistas le confían un guantelete con poderes demoniacos, para derrotar a un señor de la guerra que sea convertido, así como sus guerreros, en seres demoniacos. En su camino, serán guiados por una niña huérfana por la acción de los demonios. Como digo, no me ha parecido original, pero está relativamente bien hecha, y es entretenida. Está basada en una serie de videojuegos del mismo título, basados en esas premisas, un protagonista guerrero que lucha contra demonios en distintos momentos de la historia nipona, variando el protagonista según la versión del videojuego. Nada especial, pero vale para pasar el rato con sus episodios de menos de media hora de duración.