[TV] Cosas de series; reinas, luchadoras y resucitadas

Televisión

Como se me siguen acumulando los finales de temporada o de serie, hoy también voy con tres de ellos, aunque de más nivel que la semana pasada. Iremos de menos a más.

Glitch es una serie australiana que se ha desarrollado en tres modestas temporadas de seis episodios cada una, muy al estilo británico, aunque su desarrollo y trama recuerde más a los modos norteamericanos. Producida por una cadena de aquel país, se ha distribuido internacionalmente por Netflix. Pertenece al género de “resucitados”… uno género que se puso de moda hace algunos años con producciones francesas y norteamericanas. Gente muerta hace un tiempo que vuelve a la vida misteriosamente en alguna perdida población. En este caso en algún lugar de Australia, ficticio, pero que no sabría decir exactamente dónde colocarlo, supuestamente, en el mapa. Como pasa con muchas series de este tipo, arrancan con fuerza, generando unas tensiones dramáticas correctas o interesantes, pero… pero luego suelen descarriarse cuando intentan dar un cierre que dé una explicación satisfactoria a los televidentes. Y a esta serie australiana, bien valorada en sus primeras temporadas, se ha cerrado en un última que a mí me ha parecido un correcalles y un embrollo. En fin… que si te gusta el género le encontrarás su cosa, pero si no… mejor te abstienes. Aunque no son muchos episodios

Como no puede ser de otra forma, dedicaremos las fotos a escenas de lo más británico y regio. Aunque los ingleses no nos quieren a los europeos. Otros británicos sí, pero los ingleses… ellos se lo pierden. Acabarán siendo el 51º estado de la Unión. Porque la “grandeza” no la van a recuperar por ese camino… seguro que no.

GLOW es una producción original de Netflix que tiene más empaque. Y que ha ido creciendo y evolucionando al mismo tiempo que lo hacían sus personajes. En su tercera temporada, las maravillosas chicas de la lucha americana han triunfado en Las Vegas; una temporada que ha repartido más el protagonismo, dentro de que son cuatro los principales. También hemos tenido interesantes personajes secundarios, de los que duran una temporada, especialmente una deslumbrante Geena Davis. Aunque no todos han evolucionado por igual. Y mientras que que Bash (Chris Lowell) y Debbie (Betty Gilpin), con algún traspiés siguen una trayectoria claramente ascendente, Ruth (Alison Brie) y Sam (Marc Maron) van dando más bandazos y sufriendo algunos desengaños amargos, aunque con tendencia al optimismo. La serie ha sido menos oscura que en sus principios, pero también más madura en sus tramas. Todavía le queda algo de cuerda antes de que empiece a cansar. En general, bastante bien.

Y The Crown es una de las joyas de la corona de Netflix, que este otoño se enfrentaba a un punto de inflexión notable. La familia real va envejeciendo y eso ha conllevado un reemplazo de casi todo el reparto. Desde luego, de los personajes protagonistas más importantes. De los antiguos, a algunos los hemos echado más de menos que a otros. Tras un primer episodio que resultaba un poco desconcertante, lo cierto es que enseguida asumes el cambio, por que el nuevo reparto, empezando por su protagonista actual, Olivia Colman, son de altísimo nivel interpretativo. Colman, en particular, nos ha regalado gestos, poses, momentos absolutamente geniales. Qué grandísima intérprete es esta actriz. El resto muy bien, con alguna sorpresa de gente para mí desconocida, como Erin Doherty, que a pesar de que la princesa Ana aparezca con un peso poco importante en la trama, es una auténtica robaescenas, gracias a los ingeniosos diálogos que le han colocado los guionista y que ella interpreta con una pica de cinismo que le sienta muy bien al personaje. Serie muy recomendable desde el principio, que acumula ya unos cuantos episodios antológicos y cuyas temporadas de 10 episodios saben a poco.

[TV] Cosas de series; dos mujeres en sus respectivos infiernos

Televisión

Tanto Eleanor Shellstrop (Kristen Bell) como Elizabeth of Windsor (Claire Foy) viven ya en Netflix sus respectivos infiernos en sus segundas temporadas. Dos series muy distintas, pero ambas muy recomendables. Con las dos puedes disfrutar. Y con una de ellas te podrás reir. Con la otra,… puede que también. Pero es seria.

The Good Place – 2ª temporada

Esta comedia de situación norteamericana sorprendió en su primera temporada. Después de haberno hecho reír durante toda ella, dio un vuelco final a su trama que la dejó preparada para una segunda temporada renovada.

Mentiría si dijese que todo ha sido estupendo en esta segunda temporada. He de reconocer que me costó cogerle el tranquillo. Sus primeros episodios me parecieron un poco apresurados, como con ganas de correr mucho. Pero al cabo mereció la pena, puesto que permitió situar a los 6 personajes principales de la serie en un punto a partir del cual pudieron crecer y avanzar, sin encasillar la serie en ningún momento.

Carlos Carreter

Nada… hoy toca visitar los dominios de la “Isabelita”… Incluso nos llegaremos a las puertas de sus casas, en Londres y en Windsor.

Recientemente he leído un análisis de la serie que muestra hasta qué punto, lejos de ser una mera serie de entretenimiento, tiene calado. Realmente, hay una reflexión sobre cuestiones éticas y morales de cierto calado, que sin embargo nos entran con facilidad, muy didácticamente. Y totalmente alejadas de cualquier dogmatismo o a priorismo sobre lo que es correcto o no. Probablemente, si alguna conclusión se puede sacar es lo absurdo del concepto del cielo (el buen lugar) o el infierno (el mal lugar) para premiar o castigar el comportamiento de nadie. Tan condicionado por su entorno y el momento que le ha tocado vivir. Y con valores en continua evolución, nunca estables ni prefijados.

Todos los intérpretes están bien, aunque especialmente nos alegremos de la recuperación de Bell, a la que añorábamos desde su Veronica Mars. No es que haya estado inactiva precisamente; simplemente, nunca la he encontrado al nivel que prometía. En cualquier caso, ahí la tenemos liderando la función con un hilarante Ted Danson, que tiene momentos sublimes. Y con un final de temporada que ya nos avisa que la serie se volverá a reinventar en su tercera temporada. Que ya añoramos.

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The Crown – 2ª temporada

Está claro. Esta serie de época es una serie de momentos. De episodios enteros incluso. Y el protagonismo se reparte. A mí, toda esta gente de la que hablan, me importa entre poco y nada. Pero sabes que en todo episodio encontrarás un par de escenas o secuencias que te van a dejar pegado al sillón. Un diálogo. Un cruce de miradas. Un recorrido de cámara. Lo que sea, que te permite ser consciente de lo buena que es esta producción.

Reconozco, al igual que en el caso anterior, que el comienzo de la temporada me pareció un poco moroso, y dependía mi atención mucho de estar atento a esos momentos de genialidad. El ciclo sobre el viaje del duque (Matt Smith) y sus posibles infidelidades, no me interesó gran cosa. Pero pronto entró en materia.

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Episodios absolutamente antológicos como Beryl, el que protagonizó Vanessa Kirby encarnando a una princesa Margarita con un atractivo impresionante, muy lejos de la imagen que te dan las fotografías de la época, y al mismo tiempo con una conducta elitista que te darían ganas de meterla boca a bajo en una maceta del palacio de Kengsinton.

O ese Paterfamilias en el que Matt Smith se luce y muestra hasta que punto ha dejada atrás al Doctor, y es capaz de mostrarse como un actor dramático de primer nivel.

Y estos son solo dos que he seleccionado para mostrar cómo la serie sabe ceder el testigo del protagonismo cuando conviene, repartiendo juego, otorgando variedad y profundidad, haciendo más interesante el conjunto.

Esperando también con ganas la tercera temporada, en la que se anuncian cambios de protagonistas conforme envejecen los personajes históricos.

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[Televisión] Cosas de series; lo más “british” de lo “bristish”

Televisión

¿Qué puede haber más británico que las aventuras de Sherlock Holmes y la reina de Inglaterra? ¿A alguien se le ocurre algo? “Objetos” incorporados en la cultura popular no ya del Reino Unido sino de todo el mundo, vendidos mil veces en sus diversas versiones y a través de miles de variantes de mercaderías, generalmente con la Union Jack como tercer gran símbolo, la logomarca que vende el concepto de lo británico. Y ambos “objetos” han sido recientemente objeto de translación a la ficción televisiva.

Carlos Carreter

Os traigo acompañando la entrada algunas de las escenas más típicamente londinenses que he podido encontrar; de un viaje a la capital británica en diciembre de 1994. Pentax P30N, un par o tres de focales fijas y película Ektachrome… la que ahora dicen que quieren resucitar los de Kodak…

Si Downton Abbey se configuró durante unos años en un fenómeno televisivo internacional a costa de vendernos un culebrón de relumbrón, ahora las televisiones están atacando a sus reinas favoritas o menos favoritas. Estos meses atrás ya tuvimos la ocasión de ver cómo nos vendían la juventud de la reina Victoria, una señora que hasta hace unos años, la cosa cambió con una película que pasó con cierta discreción por las carteleras, daba la impresión de haber sido siempre mayor, grandona y sin ningún sentido del humor. Ahora nos quieren vender a una joven menuda, pizpireta, romántica, enamoradiza y sonriente… ¿Están en campaña de imagen los británicos, buscando renovar su imagen? Justo ahora que con su “brexit” están desempolvando lo más rancio y apolillado de su naturaleza “patria”.

Carlos Carreter

Es cierto que con su más famoso detective, de ficción, que algunos parecen que ya confunden lo que es real con lo que no lo es, ya habían iniciado hace unos años una operación de renovación, Sherlock, en la que el doctor Watson no escribe libros sino que es un bloguero, y las pistas para el televidente se suministran a base de mensajes de texto a través del móvil. Cierto es que esta serie fue recibida con entusiasmo. Pequeñas temporadas de tres largometrajes de 90 minutos en las que se recrean alguna de las más famosas aventuras del detective creado por Arthur Conan Doyle, o se inventan nuevas aventuras, más o menos en consonancia con el carácter del personaje, convenientemente actualizadas. Una combinación de saber hacer del equipo de guionistas, bastante tramposos, pero habilidosamente tramposos para hacernos tragar con gusto las marrullerías de los guiones, más dos protagonistas en estado de gracia y que se complementan perfectamente, dos de los mejores intérpretes británicos de la actualidad, consiguen hacer de esta serie un “must” del aficionado a la ficción televisiva.

1994, Londres, Inglaterra. Cuaderno de ruta: carloscarreter.com Paisajes sin figura: paisajessinfigura.wordpress.com Seguir en Twitter Los comentarios son bienvenidos. Los iconos llamativos, las animaciones chillonas y otras cosas de este tipo, no. Molestan y distraen la atención de lo importante; las fotos.

La cuarta temporada no ha cambiado gran cosa el panorama de las anteriores. Emitida ahora en combinación entre la BBC y Netflix, la distribución internacional está garantizada de forma inmediata en una jugada redonda para ambas entidades, rompiendo además con inteligencia el círculo vicioso de las descargas ilegales a un precio más que razonable. Como en las anteriores temporadas, hemos tenido momentos mejores y peores. En mi opinión dos episodios iniciales muy buenos, y un tercero, el de la hermana, más discutible. Pero como decía, obligatoria para el aficionado.

Carlos Carreter

Y la otra producción que traigo aquí también tiene que ver con la monarquía británica. Lo cierto es que ya hace unos meses que Netflix puso a disposición del público The Crown, una producción de época cuya primera temporada ha versado sobre los primeros años del reinado de Isabel II de Inglaterra, en la primera mitad de la década de los 50 del siglo XX. De entrada, no me interesó. Los Windsor me parecen y me han parecido siempre una panda de siesos de mucho cuidado, absolutos impresentables que me hacen plantearme que algo va mal en la mente de los británicos para no haberlos botado hace tiempo. Entiendo desde luego, que la monarquía británica forma parte del negocio. Y al fin y al cabo, la reina de Inglaterra es una de las principales terratenientes del país. Es decir, buena parte del país es literalmente suyo. Con estos antecedentes, no me atrajo la serie. Lo que pasa es que con posterioridad se han mostrado unas críticas buenísimas hacia esta producción propia de la cadena de vídeo bajo demanda, llegando al extremo de conseguir un éxito notable en los Globos de Oro recientemente concedidos, en los que resultó premiada como mejor serie dramática. Una recién llegada aupándose por encima de muchos pesos pesados con trayectoria.

Carlos Carreter

“Aprovechando” mi síndrome gripal o pseudogripal de hace unos días me la vi de tirón. Y puedo confirmar una cosa. Los Windsor son efectivamente un panda de siesos impresentables de mucho cuidado,… pero la serie es buenísima. Esta hecha con un tremendo esmero, los guiones son fenomenales, y las interpretaciones de primer nivel. Simplemente por ver el capítulo de John Lithgow como Winston Churchill interaccionando con Stephen Dillane en su papel del pintor modernista Graham Sutherland. De hecho… la serie es más interesante por el retrato que hace del viejo Churchill, un tipo que tuvo la suerte de que una atroz guerra mundial hiciera que pasase a la historia como una figura destacada, en lugar que como un político que cometió nos pocos errores, y que estaba mucho más cerca del fascismo que decía combatir de lo que él mismo podía reconocer.

Como dígo la serie es muy notable. De una calidad elevadísima. Aunque eso sí, no cambiará la percepción que de los personajes uno pueda tener. Al que le caigan simpáticos los Windsor, le seguirán cayendo bien. Quien opine que son unos pelmas… se mantendrá en su opinión también. Que anda que vaya panda de maulas que están hechos.

Carlos Carreter