[Televisión] Cosas de series; una serie española, por una vez que no quede

Televisión

He decidido darle una oportunidad a la ficción televisiva de producción nacional. Creo que desde que intenté ver Crematorio¿Qué fue de Jorge Sanz? no empezaba a seguir una serie española. Y aquellas, aunque tenían cosas que no estaban mal, no consiguieron engancharme, y no las terminé de ver. Quiero recordar que para que me enganche a una teleserie no sólo tiene que estar bien hecha, sino que además me tiene que interesar de lo que trata. Y también se dan los “guilty pleasures”. Ya sabéis si habéis visitado estas entradas alguna vez; series que llenas de defectos, por algún motivo, no puedo dejar de verlas. El caso es que con las series españolas hace mucho, mucho, mucho, mucho tiempo que no recuerdo una que me enganche. Ni siquiera como “guilty pleasure”. ¿Qué posibles motivos hay para esto?

Las interpretaciones. Me pasa también en el cine español actual, sobretodo con intérpretes jóvenes que han salido de la televisión. No están cuidadas. No están curtidos. No me parecen buenos. Y no me creo los personajes que componen.

La penosidad de las series históricas. Soy consciente de que en ninguna producción histórica televisiva del mundo, salvo en alguna honrosa excepción británica, son especialmente fieles a la historia. Pero algún capítulo suelto, o fracción de ellos, de las series españolas de trasfondo histórico que se han puesto de moda me ha producido auténtico sonrojo y bochorno. Ni me arriesgo ya.

La caspa. Sí, esa cutrez prácticamente idiosincrática que acompaña las situaciones de la ficción nacional en muchas ocasiones. Descendientes más o menos obvios de las “españoladas” de antaño, de estesos y pajares, de ozores de los cutres (también los ha habido buenos), y otras caspas diversas. No nos la sacudimos ni hartos de vino.

Los demenciales horarios y las demenciales longitudes de los episodios. Más de 60 ó 70 minutos de episodio, que con el habitual abuso publicitario se convierte en dos horas de duración, muchas veces para terminar cerca de la medianoche o más allá.

Pinares de Venecia

Después de dedicar algún tiempo a grandes angulares, con conclusiones que me han llevado a pasar a la acción como mostraré pronto, un paseo por los Pinares de Venecia con el 40/2,8 de Canon.

En fin. Que no. Pero he decidido dar una oportunidad a la serie de moda del momento, la adaptación de la novela de María Dueñas que lleva el título El tiempo entre costuras. Las desventuras de una joven costurera madrileña, pava como pocas, que acaba viviendo, por lo que he visto hasta el momento, aventuras exóticas en el Marruecos de los tiempos de la guerra civil. No sé hasta donde se estira en el tiempo. No he leído la novela. Ya he visto los tres primeros capítulos y aguanto. ¿Es que carece de los defectos señalados? Pues no.

La interpretación de la protagonista, Sira Quiroga (Adriana Ugarte), es pasable pero justita. La chica tiene su encanto, pero entre que el personaje lo pintan tan de pava, que parece tonta de remate a veces, y que su incapacidad para actuar con soltura en vez de “recitar” sus diálogos de una forma soportable, casi la caga. Pero tiene un pase. Desde luego no es una catástrofe como el doblaje que le han clavado a la chica inglesa, la que interpreta a Rosalinda Fox (Hannah New),… que da pena. Sin embargo, algunos secundarios se desenvuelven muy bien. Volvemos a lo mismo. Los intérpretes jóvenes actuales españoles han salido casi todos del medio televisivo que es mala escuela. No como cuando se fogueaban en el teatro, o directamente en cine, o las producciones televisivas tenían otro cariz.

El trasfondo histórico… no sé… creo que me van a colocar una serie de intrigas que Tetuán va a parecer la Casablanca de Bogart. Pero todos sabemos que aquella Casablanca de romances maravillos, y “siempre nos quedará París” no existió en la realidad… así que tampoco pidamos peras al olmo.

Caspa hemos visto. A las tertulias y sobremesas en la pensión de Candelaria (Mari Carmen Sánchez) sólo le han faltado los “corn flakes” y los tambores de detergente de fondo para parecer las estúpidas escenas de cocina de algunos “serranos” y “médicos de familia”. Afortunadamente, el daño está limitado; no se ha abusado demasiado, y puede que haya sido cosa de un episodio.

Los demenciales horarios y longitudes son tal cual. Dí que la veo con los anuncios “recortados” y grabada para cuando me viene bien. Pero doy fe, que en los tres capítulos que he visto hasta ahora, lo que se nos cuenta se podría haber narrado en la mitad de tiempo. Los guiones son flojos.

Pinares de Venecia

Esta focal sigue siendo la que me resulta más cómoda en general, tanto en su versión 40 mm para formato completo, como 20 mm en micro cuatro tercios.

¿Tiene algo positivo? Sí. La producción global es de buen nivel. Está bien ambientada, bien fotografiada, bien vestida… Hay un esfuerzo en el diseño de producción que se agradece. En ese aspecto han sido capaces de sacudirse la tradicional “caspa”. El balance global… Pues que se acerca bastante a un “guilty pleasure”. Que normalmente tiene defectillos suficientes para que no me enganchase, pero tiene algún puntito que hace que todavía no la haya dejado. Y teniendo en cuenta que llevamos más del 25% de la serie, igual aguantamos hasta el final.

Un último aviso. Si alguien no ha visto nada, evitad los avances de la serie. La destripan sin piedad. En realidad, después de ver los 10 minutos de avance al principio del primer episodio, casi pensé que ya me podía ahorrar el resto. Que prácticamente me la habían contado, y probablemente me habían adelantado las mejores escenas.

Pinares de Venecia

Pero precisamente, para progresar y salirme de la zona de confort, voy a pasar en los pocos días al ataque con un gran angular de verdad. Ya os contaré.