[TV] Cosas de series; los mejores zombis… ¿son coreanos?

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Esta semana toca una de mis ya clásicas rondas de teleseries surcoreanas. Lo que veo los fines de semana. Son tres las que traigo, de las cuales seré somero en el comentario de dos de ellas, y me extenderé más con la tercera.

Sonyeon Simpan 소년 심판, traducida como Juvenile Justice o Tribunal de menores según cómo se denomine esta jurisdicción en cada país, es un drama judicial que tiene como escenario un juzgado de menores en un ciudad ficticia surcoreana, y los dramas a los que allí se enfrentan los jueces y menores que pasan por el juzgado. Me interesó por que a su protagonista, Kim Hye-su, ya la conocía de alguna serie o película previa y me parecía interesante. Pero lo cierto es que me ha convencido muy poco. Tira de mucho sensacionalismo en los casos, los papeles de los jueces no tienen nada que ver con la realidad que yo conozco, y que no será tan distinta en el país asiático, y en varias ocasiones resulta inverosímil y excesiva. La terminé por ser más corta de lo habitual en las series surcoreanas, 10 episodios de una hora frente a los 16 de 70 minutos habituales. Ha gustado más al público que a la crítica.

El área metropolitana de Seúl es tan enorme… que no sé si Suwon entra o no, como la ficticia ciudad de la serie de zombis de hoy. Está a unos 30 kilómetros. En cualquier caso, algunas escenas de la ciudad en día de fiesta me servirán para ilustrar la entrada de hoy.

Bulgasal 불가살 es una serie fantástica, con demonios inmortales, reencarnaciones y maldiciones que siguen a sus protagonistas en todas sus vidas, aunque centrada en sus reencarnaciones de finales del siglo XX y principios del XXI. Su protagonista femenina, Nara, una cantante de k-pop que también tenía un papel destacado en otra serie que vi recientemente, me llamó la atención… hace un papel digno, pero no es una gran actriz. Tiene su lado oscuro, y momentos muy entretenidos, aunque no creo que explote todas sus posibilidades. Queda deslucida por el falso happy end, algo que acostumbran los coreanos en sus series…

Y con interesantes antecedentes en el cine (y su precuela de animación) y en series de televisión, llegó recientemente una de zombis,  Jigeum Uri Hakgyoneun 지금 우리 학교는 [se traduce como ahora, en nuestro instituto], conocida como All of us are dead en inglés o Estamos muertos en castellano. Zombis en el instituto… lo cual me hizo pensar si estaría relacionada con una animación japonesa que vi hace un tiempo, pero no. Su origen está en webtoon publicado entre 2009 y 2011, con una estética muy distinta a la de la serie actual, y con un tono definitivamente muy distinto al anime referenciado. El caso es que, siendo que a mí los zombis me cansan pronto, salvo que aporten algo distinto a lo de siempre, esta variante del terror, cuando es de nacionalidad surcoreana, siempre tiene algo que me atrae. Y esta ocasión no ha sido distinta.

En una ficticia ciudad satélite del área metropolitana de Seúl, en un instituto grande, normal y corriente, se da el caso 0 de una epidemia vírica desencadenada por un científico que pretendía dotar a su hijo de la capacidad de enfrentarse a los abusadores del instituto. Pero lo que sucede es que convierte a los infectados… en zombis, claro. La epidemia se extiende rápidamente, y la serie sigue a varios grupos de gentes. La principal línea argumental es un grupo de adolescentes del instituto que las pasan canutas intentando sobrevivir, algunos, no todos lo conseguirán, a la invasión de zombis. Luego está el militar que tiene la misión de contener y combatir la plaga, a veces con métodos de ética dudosa. Finalmente, diversos individuos, bomberos, policías, políticos, yutubers, otros… que se ven metidos en el área infectada con distintos objetivos y propósitos.

Como buena fanta-ciencia-ficción, la serie usa su planteamiento de fantasía/ciencia ficción, cada cual que lo califique como le parezca, para realizar crítica social a distintos niveles. El acoso escolar, la presión sobre el estudiante, los abusos sexuales, el embarazo adolescente, la discriminación ante las personas enfermas, el militarismo irracional, el oportunismo político… y todo ello con una serie de dramas y conflictos internos, especialmente en el grupo de adolescentes, que hacen la serie especialmente disfrutable. A lo que se añade unas escenas de acción muy divertidas, aunque no muy verosímiles. Pero a quién le preocupa la verosimilitud si de entrada estamos hablando de zombis… Su principal lastre es que se alarga quizá en exceso, por lo que algunas situaciones se empiezan a vivir como repetitivas. Todo ello nos lleva a un final abierto en una última escena ante los ojos de los adolescentes supervivientes, que para mí es un final perfecto, que cada cual puede interpretar y darle el significado que prefiera. Aunque dadas las buenas cifras de visionado de la serie, no sería de extrañar una segunda temporada. No está confirmada de momento, que yo sepa.

[TV] Cosas de series; mujeres con problemas y astronautas como pollos sin cabeza

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Si os he de ser sincero, en estos tiempos no me siento muy motivado por muchas series que en el pasado me atraían. Hoy en día, quizá por otras cosas que llevo en la cabeza, lo intrascendente, bien hecho si es posible me atrae más que lo sesudo. Y las historias autoconclusivas en una temporada me apetecen más que las temporadas sucesivas. También me pasa que he empezado varias series que he abandonado al segundo o tercer episodio… No me centro. Además, dedico menos tiempo a las series. Pero a pesar de todo, hoy tengo tres series o temporadas de series que he visto en las últimas semanas, aunque me ha costado terminarlas más de lo que hubiera pensado en el pasado.

La acción de la serie de espías de hoy transcurre la mayor parte del tiempo en Viena, así que me voy fotográficamente a las calles y parques de la capital austriaca.

Con un título tan largo como The Woman in the House Across the Street from the Girl in the Window, tenía varios atractivos a priori. Su protagonista, Kristen Bell, que nos ha gustado en varias series; la duración de sus episodios, en torno a los 30 minutos de promedio; y su presunto tono de parodia de alguna película que no he visto, que recibió muchos palos de la crítica, y de cierto tipo de literatura que se está convirtiendo en los últimos años en un tópico. Bell es una mujer que perdió a su hija en un accidente y se ha vuelto agorafóbica por miedo a la lluvia, que caía cuando la muerte de la niña. Se ha separado de su marido, bebe demasiado tintorro, y sus amistades empiezan a cansarse de ella. Un día, un padre viudo y su hija se mudan a la casa de enfrente. Y la protagonista presencia el asesinato de la novia del padre, acuchillada, a través de la ventana… pero nadie va a creer en lo que vio. El problema es que la serie es inconsistente en su narración, para ser una parodia no te genera excesivas sonrisas ni buen humor, y sus continuos giros argumentales, que abundarían en lo paródico, se convierten en una pesadez. Floja, floja. Menudo pinchazo de Netflix y de Bell, que hace lo que puede, pero sin llegar a salir adelante.

Hanna es la adaptación a serie de televisión de una entretenida película de espías con protagonista adolescente. Y ha llegado a su tercera y última temporada en Amazon Prime Video. Es una serie con momentos entretenidos, con un reparto razonablemente competente, pero que no acaba de destacar en ningún aspecto en concreto. Y con algunos vaivenes argumentales que no siempre son bien digeribles. Le pasaba lo mismo a la película original. No obstante, en muchos momentos funciona como entretenimiento no demasiado trascendente, está razonablemente bien realizada y, junto con el trabajo de sus intérpretes, es el motivo por el que he llegado hasta el final. Pero,… sin más.

Y finalmente, Space Force sí que es una comedia que me divierte. Y con episodios muy cortos, tipo comedia de situación, se ve con facilidad. Y aunque tiene un tono ligero, no deja de tirar alguna china crítica contra la sociopolítica actual. Incluso si la triste actualidad sociopolítica actual ha descontextualizado el hecho de que el enemigo actual más amenazante es Rusia y no China. En cualquier caso, esta rama paródica de la de más reciente creación de las fuerzas armadas estadounidenses, y que inspiró la serie, ha generado una serie de personajes con grandes debilidades y carencias, pero que inspiran simpatía. Una rama militar para una serie claramente antimilitarista, pero que no hace sangre de las personas sino de determinados conceptos y estereotipos. No es brillante, y le costó arrancar, pero a mí me entretiene.

[TV] Cosas de series; animación en Japón y juerga en Asia

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Dos series de animación japonesa para esta semana, junto con un documental sobre la juerga nocturna en algunas de las principales metrópolis asiáticas. Vamos con ello.

El templo de Kennin-ji y alrededores dentro del popular y turístico distrito de Higashiyama-ku en Kioto.

Chikyūgai Shōnen Shōjo 地球外少年少女 [Chicos y chicas en órbita], traducido bastante literalmente en sus versiones en castellano y en inglés como Jóvenes en órbita y The orbital children, respectivamente, es una serie de animación japonesa, anime, en Netflix sobre un grupo de chavales que se ven atrapados en una estación espacial en órbita de la Tierra cuando aparece la amenaza de impacto de un cometa sobre el planeta y un grupo terrorista, que se inspira en los textos elaborados por una inteligencia artificial, decide intervenir para provocar una catástrofe planetaria, porque eso «será mejor para la humanidad». Aunque inicialmente entretenida, a la serie le cuesta mantener una coherencia argumental razonable, con varias huidas hacia adelante en la historia, que aumentan innecesariamente su complejidad. Y mucha tontá pseudocientífica, que se identifica fácilmente por el abundante uso de la expresión «AI» (inteligencia artificial) y «cuántico/a»… claros identificadores de palabrería sin sentido en la ciencia ficción de bajo nivel. La terminé porque sólo eran seis episodios. En Japón está dividida en dos largometrajes, y estos seis episodios corresponden al primero de ellos. No tengo claro que vea la segunda parte. Por supuesto, está basada en un manga.

Kimetsu no yaiba 鬼滅の刃 [la hoja que destruye demonios], conocida internacionalmente como Demon Slayer, es otro cantar. Uno de los manga más populares y valorados en la última década generó esta serie que se puede ver en Amazon Prime Video, una de las plataformas que más fuerte apuesta por la animación japonesa, y que ha dado lugar también a un largometraje, Gekijō-ban «Kimetsu no Yaiba» Mugen Ressha-hen 劇場版「鬼滅の刃」 無限列車編 [Kimetsu no yaiba: compilación Tren infinito, la película], en España Guardianes de la noche: Tren infinito, que incluyo en este comentario, que se pudo ver el año pasado en las salas y que también se pueden ver ahora en la misma plataforma de contenidos en línea.

El protagonista es un mozo entre la adolescencia y la juventud, hermano mayor en una familia en el que el padre murió, que vive aislada en el bosque. Familia que es asesinada por un demonio [oni 鬼] una noche de mal tiempo en la que se tiene que refugiar cuando vuelve del poblado. Sólo sobrevive una de sus hermanas, convertida también en demonio. Así se enterará que existe un cuerpo secreto de agentes que lucha contra los oni, a los que se unirá en un difícil entrenamiento y aprendizaje. A partir de ahí se irán sucediendo una serie de arcos argumentales, divididos en varios episodios de 20 minutos, en los que se irá enfrentando a diversos contrincantes, y en los que irá conociendo nuevos aliados y compañeros. Una originalidad de la serie es que transcurre en la era Taishō (1912 – 1926), época en la historia de Japón de avance democrático parlamentario, entre el desconcierto de la era Meiji y la vuelta al militarismo y el totalitarismo de las primeras décadas de la era Shōwa. Lo cual mezcla el aspecto del periodo feudal japonés en las zonas rurales, con la modernidad de la zonas urbanas, en unos contrastes visualmente muy interesantes. La primera temporada tiene 26 episodios. La película es un montaje en versión en largometraje de la tanda de episodios que constituyen el arco argumental Mugen ressha [Tren infinito] de la segunda temporada de la serie. Una serie de aventuras bien hecha, con algún altibajo en su historia, normal siendo tan larga, que puede gustar mucho a los más jóvenes. Los oni japoneses, tal y como los presentan, tienen mucho en común con los vampiros europeos.

Finalmente, he visto una serie documental de seis episodios de Netflix con origen en Singapur, Midnight Asia: Eat, dance, dream, que hace un repaso de la vida nocturna de seis metrópolis asiáticas, Tokio, Seúl, Bombai, Bangkok, Taipéi y Manila. Curiosamente… falta Singapur. Con 35 minutos de duración por episodio, es cómoda de ver, y muy entretenida. Eso sí, no esperéis gran profundidad en los contenidos. Está llena de tópicos, lugares comunes que se repiten muchas veces entre las distintas ciudades. Por haber visitado estas ciudades, los episodios que me resultaron más interesantes fueron los dedicados a Tokio, Seúl y Taipéi. Algunos de los lugares que aparecen en estos episodios los visité personalmente en su momento. Sin más que un entretenimiento fácil, buenrollista, que aboga por la diversidad y la apertura a distintas culturas, va bien por ejemplo para ver mientras cenas tranquilamente un día cualquiera, sin complicaciones.

[TV] Cosas de series; placeres inconfesables surcoreanos pendientes de comentario

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En las últimas semanas se me habían acumulado muchos finales de temporada, y he ido comentando semana a semana primero las que me parecían más interesantes. Y por ello tenía varias series surcoreanas, muchas de ellas se remontan a los días de Navidad, pendientes de comentario. Aunque en el título de la entrada las he calificado de placeres inconfesables, el guilty pleasure de los anglófonos, no necesariamente merezcan todas ellas este calificativo.

Para ilustrar la entrada, unas fotos realizadas paseando una tarde de principios de octubre por la histórica ciudad de Gyeongju, República de Corea (o Corea del Sur, como prefiráis llamar al país).

Gan Tteoreojineun Donggeo 간 떨어지는 동거 [probablemente algo así como un desastre de compañeros de piso], conocida internacionalmente como My roommate is a gumiho [Mi compañero de piso es un ‘gumiho’] probablemente sí que merezca el calificativo. Es una de las dos series que he podido ver sin necesidad de suscripción de la plataforma china iQIYI, que en general no me interesa más. Sinceramente, tal y como se las gasta el gobierno chino con los datos personales, paso de cualquier servicio que propongan. Y es un drama romántico de carácter preternatural, que mezcla a un tipo guapo (Jang Ki-Yong) que interpreta a un gumiho de casi mil años de edad, zorro de varias colas mítico del folclore coreano, con una estudiante de historia actual (Lee Hyeri, cantante de un grupo de k-pop reconvertida en actriz), que por un accidente acaban compartiendo casa. Y por supuesto, acabaran siendo algo más que compañeros de vivienda. La serie es entretenida, no especialmente original; aunque sus protagonistas funcionan bien, especialmente ella, los mejores momentos los proporcionan algunos secundarios, especialmente otra gumiho recientemente convertida en humana (Kang Han-na), que interpreta cualquier cosa que se dice al pie de la letra, especialmente las frases hechas. Aunque es la más sensata de todos, a pesar de su bisoñez como humana. Bien valorada por la peña votante en internet, agradable de ver, con todos los vicios y virtudes de las comedias románticas del país asiático, puede funcionar como una introducción agradable para quien quiera iniciarse en este peligroso vicio. La principal pega… que se ve a través de una plataforma china… o pirateándola.

Siendo Kang Han-na la intérprete más interesante de la serie anterior, y que ya he visto en alguna otra serie, recalé en otra serie que se puede ver libremente en Youtube, Bite Sisters. Una web serie de diez episodios entre 9 y 13 minutos de duración, que se puede ver de una sentada, y que nos presenta a tres hermanas vampiras, que regentan una tienda de ropa de moda en el Seúl actual, pero que llevan viviendo durante siglos. Y que no son mala gente, puesto que para matar el aburrimiento de una existencia eterna, se dedican más a ayudar a otros que a comérselos. Producto sencillo, elegante, de gente guapa, pero también absolutamente intrascendente, donde Kang es la figura central. Realmente, no se puede negar que, además de sus aptitudes interpretativas, la chica es muy guapa.

Y finalmente, Gu Gyeong-i [la maravillosa Gu (o Ku)], conocida internacionalmente como Inspector Koo [Detective Ku (o Gu); lo de la transcripción fonética del coreano a lenguas indoeuropeas varía, con g (sonido en ga, gue, gui, go, gu) y k como un único fonema, y con determinadas vocales que se transcriben distinto según el idioma, como u en castellano y oo en inglés)]. La historia va de un equipo investigador en horas bajas dentro de una compañía aseguradora, que contrata a una alcohólica, otaku, y ludópata exdetective de policía (Lee Yeong-ae) para investigar unas muertes accidentales que podrían ser criminales. Y se tendrán que enfrentar a una joven asesina en serie (Kim Hye-jun), con quien la exdetective ya se cruzó en el pasado cuando la chica era una adolescente y murió alguien, así como el esposo de la protagonista. No es un placer inconfesable, está bien hecha y es muy entretenida. Mezcla acción, suspense, investigación criminal, corrupción política, en tono mezclado de comedia y drama, todo en dosis adecuadas para hacer de la serie, de 12 episodios de 70 minutos, muy divertida de ver. No es la octava maravilla del mundo, pero es un producto más que digno, y estupendo para evadirse Los intérpretes, tanto los protagonistas como los secundarios, lo hace bastante bien. Y el rollo entre la veterana expolicía y la psicópata veinteañera funciona de maravilla. Algunos la describen como una versión asiática de Killing Eve… pero no lo veo así… este tipo de interacciones entre policía y asesino simpático son un subgénero en sí mismo. Es divertido que los nombres de pila de los dos personajes protagonistas, Gu Kyung-yi y Song Yi-kyung, son muy similares, invitando a pensar que son dos variantes de una misma personalidad.

[TV] Cosas de series; al espacio, a por la aventura

Televisión

Dos series centrarán nuestra entrada de aventuras espaciales de esta semana. Con una no nos detendremos mucho… con la otra… ya veremos.

Sol y futurismo en las fotos que acompañan a la entrada de hoy. Desgraciadamente, de este sistema solar en el que vivimos, sólo tengo fotos de un planeta. Y no creo que pueda resolver esta carencia en mi vida actual… ¿Quizá en la siguiente?

The Book of Boba Fett se puede considerar como un derivado, spin-off que se dice en inglés, de las aventuras del Mandaloriano y Baby Yoda (me niego a llamarlo por su nombre que, al menos en castellano, es H O R R I B L E). Boba Fett, en la trilogía original, era un villano instrumental, que no tenía mucho tiempo en pantalla, y que finalmente se convertía en un personaje chusco por su final en las azarosas manos de un Han Solo cegato. Sinceramente, nunca tuvo más trasfondo, un personaje utilitario dentro de la historia. La flojísima trilogía de los episodios I, II y III lo presentaba de niño, como un clon del mercenario original del ejército de clones, cuyo actor, el adulto (Temuera Morrison), ha sido rescatado para dar cara al Boba Fett adulto… como son clones. El personaje ya apareció en la interesante que precedió a esta, y Disney vio una oportunidad de explotar al personaje, acompañándolo de otro personaje, que no aparece en las películas, la asesina Fennec Shand, interpretada por una mucho más interesante Ming-Na Wen. Y aquí viene mi principal crítica a la serie. Aparte de estar rodada claramente con menos medios que sus predecesora, ni el personaje principal ni su actor tiene el nivel para arrastrar esta serie. Si además la historia no está especialmente bien trenzada, con idas y venidas a base de flashbacks,… pues ha tendido en muchas ocasiones al aburrimiento. Lo cual… es una lástima, por que una serie con más acción, y buenas dosis de humor e ironía protagonizada por Wen, hubiera funcionado sin duda mucha mejor. Pero se está viendo que los fans de Star Wars son en su mayoría misóginos… muy lamentablemente, y Disney dosificará los protagonismos femeninos lo justito para no ser acusada de ser poco diversos. Creo que sus creadores eran tan conscientes de las debilidades de la serie, que acabaron cediendo el protagonismo de dos de los siete episodios al muñequito más famoso de la actualidad y al cara de metal brillante que le acompaña. Producto fallido, aunque no catastrófico.

Y hemos asistido a la temporada final de The Expanse. Sin duda, la mejor aventura espacial televisiva desde la versión renovada de Battlestar Galactica. No es casualidad que el creador de estas aventuras rebautizase la abandonada MCRN Tachi como Rocinante, el jamelgo sobre el que Don Quijote, acompañado del realista Sancho inició sus aventuras por las llanuras manchegas y más allá en el llamado Siglo de Oro español. Siglo de Oro en la cultura, porque al final significó el retroceso de la capacidad política del país a unos niveles de los que nunca se ha acabado de recuperar, gracias a una tradición de gobernantes incompetentes, sólo salpicada por breves y honrosas excepciones en estos últimos 400 años. Y hago este comentario al parecer no pertinente, porque la serie en cuestión es ante todo una reflexión sobre la política y la dirección de los asuntos humanos como especie social, como la sociedad que conformamos. Una sociedad que, en este universo imaginado, se ha extendido por el Sistema Solar y comienza su expansión más allá.

Debemos considerar que toda la historia de la protomolécula no es más que el enorme macguffin que sirve para desarrollar lo que realmente importa en esta serie sobre la expansión de la serie humana en el espacio y en el humano. Que lo que importa realmente es hablar de los desequilibrios del poder, de las desigualdades de la especia humana en el acceso a los recursos, a la riqueza, de la carencia de ética de los políticos, del militarismo como peligro constante para la resolución justa de los asuntos, de la importancia de la diversidad cultural y humana… esos son los temas importantes de la serie. Y Holden (Steven Strait) a bordo de la Rocinante, junto con su conflictiva pero leal tripulación de sanchos más o menos juiciosos, se convierte en el quijote idealista que intenta ofrecer un punto de vista ético, justo y equitativo a las soluciones a la sucesión de crisis que amenazan constantemente a la especie humana. Sin pararse en concesiones a las consecuencias de los actos injustos, que ocasiones millones de víctimas humanas. Y sin maniqueísmos, pues el presunto canalla criminal puede tomar la decisión ética adecuada si se le da la oportunidad, mientras que el respetable político u hombre de negocios, en el fondo, y también muchas veces en la superficie, es y siempre será un desalmado sin escrúpulos. Mención especial a algunos intérpretes de un reparto muy coral como para hacer justicia a todos; Shohreh Aghdashloo en uno de los más complejos e interesantes papeles, la secretaria general de Naciones unidas Avasarala, Thomas Jane en su limitado papel de detective Joe Miller, unos de los impulsores de la acción inicial, y Cara Gee, la cinturiana Camina Drummer, de cuyo personaje no me importaría nada ver un buen spin-off. Muy recomendable. Altamente recomendable. Aunque hay que verla con paciencia y atención para encontrarle la sustancia. Porque, en muchas ocasiones, es un buen guiso que se cuece a fuego lento.

[TV] Cosas de series; la chica de «La Bruja», auténtica robaescenas…

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Comentaba hace unos días la sorpresa que me di al ver una película coreana en Netflix que había desechado hasta el momento, porque tenía una confusión sobre el género al que pertenecía, e incluso, correctamente encuadrada, no era un tipo de película que habitualmente disfruto. Sin embargo, la película, sin ser una gran maravilla, funcionaba muy bien como entretenimiento. Y buena parte de su mérito radicaba en la idoneidad de su protagonista principal, una joven actriz surcoreana de nombre Kim Da-mi o Kim Dami. Yo creo que habría que escribirlo de la segunda manera, pero se suele ver de la primera. En cualquier caso, recordar que en Corea, como en otros muchos países asiáticos, el apellido, Kim, va delante del nombre propio, Dami. La cuestión es que esta actriz ha trabajado muy poquito todavía, pero siempre con éxito. Y tiene dos series en Netflix que paso a comentar, porque las he visto en las últimas semanas.

El barrio por donde se mueven los protagonistas de la segunda de las series que comento hoy recuerda al Bukchon Hanok, donde abundan las casas de estilo tradicional coreano. Por ello traigo algunas fotografías de ese barrio de Seúl para ilustrar esta entrada.

Itaewon Class 이태원 클라쓰 es una serie distribuida por Netflix fuera de Corea de Sur, lleva el apelativo de «una serie de Netflix», que lleva ya un tiempo en programación, a muchos les alivió el confinamiento por la pandemia de la primavera de 2020. Cuando se estrenó, vi el primer episodio, en el que no aparecía Kim Dami, y no me enganchó. Me parecía la típica serie de tipo pobre y desgraciado (Park Seo Jun) que se enfrenta al ricachón poderoso y sumamente malvado (Yoo Jae-myung)… todo lleno de tópicos… y, no sé… en aquellos tiempos me apetecía algo más ligero. De hecho, parecía que la chica protagonista e interés romántico del chico era otra (Kwon Nara, nombres cogidos de IMDb, obsérvese la falta de homogeneidad en como transcribir el nombre de pila, casi siempre bisílabo; a esta actriz volveré cuando termine una serie que tengo ahora en marcha). Lo dejé… y se me olvidó. Pero con el tiempo me sorprendió la cantidad de buenas referencias que había a la serie, y los premios y reconocimientos que había recibido en su momento. Tras ver la película mencionada de Kim Dami, le di una segunda oportunidad y…

… la serie gana muchísimos enteros cuando entra en escena nuestra protagonista de hoy. Que incluso al principio parece ser un personaje secundario que funciona como una auténtica robaescenas, en las que siempre destaca sobre sus interlocutores, sea el protagonista de la película, sea su rival femenina, la ya mencionada Kwon Nara. Su papel es la de una jovencita influencer en las redes sociales, de buena familia, que asume el papel de gerente en la empresa de ocio y restauración que ponen en marcha el protagonista junto con un par de marginados sociales, para pelear y desbancar al malvado ricachón. Su presencia en pantalla hace que la serie funcione a un nivel superior que cuando no está. La serie, en su conjunto, resulta bastante entretenida. Como casi todas las series coreanas, dieciséis episodios de 70 minutos son excesivos para lo que ha de contar… pero se sostiene bastante bien. Y se nota el interés de tentar a otros mercados, planteando temas de mayor diversidad e integración, con un personaje transexual, interpretado por una mujer, eso sí, y un coreano de piel negra, que nadie reconoce como tal coreano. Sin provocar demasiado al conservador público de su país eso sí. Hay una tensión sexual no resuelta entre el personaje transexual y un compañero de trabajo masculino, no formalmente declarada, y que mantienen dentro de los límites de la amistad… sin atreverse a dar el paso siguiente. Nunca sabré si realmente estaba planteado que Kim Dami fuese la coprotagonista femenina de la serie, o que fuese Kwon Nara, como parecía al principio. Quizá fuese este segundo caso, pero los responsables de la serie, viendo como funcionaban, la adaptaron para dar el protagonismo a la primera. Esa es la sensación que me da en ocasiones. El caso es que funciona. Y la serie es perfectamente visible, sin necesidad de incluirla en el cajón de los placeres inconfesables.

Geu hae urineun 그 해 우리는 (Aquel año, nosotros…), titulada en inglés y castellano respectivamente Our beloved summer o Aquel verano inolvidable es una serie muy reciente también en Netflix. Comedia romántica en la que los protagonistas son dos personas de 28, 29 años, que fueron pareja durante cinco años, desde que terminaron el instituto y hasta que ella cortó cinco años antes de la época actual. Se conocieron en el instituto cuando protagonizaron un documental debido a sus caracteres opuestos, siempre discutiendo. Ambos arrastraban complejos desde la infancia, por pérdidas importantes en su vida. Él, poco ambicioso, tranquilón (Choi Woo-sik), mal estudiante, ha acabado por tener éxito y dinero como dibujante e ilustrador. Ella, muy ambiciosa, nerviosa (Kim Dami), con calificaciones altas, trabaja con intensidad por su salario en un empresa de relaciones públicas. Diez años más tarde, por el éxito del antiguo documental en las redes sociales, un amigo y compañero común, les propone rodar un nuevo documental.

De Kim Dami ya he hablado. Su coprotagonista fue conocido por ser uno de los personajes de la afamada película coreana que triunfó en los Oscar. Y ambos coincidieron en la película a la que me he referido al principio de esta entrada,… donde se hicieron novios. Son pareja en la vida real. Y eso se nota. La serie es una comedia romántica amable, sobre personas que arrastran sus lastres emocionales y tienen que encontrar su rumbo. Todos los personajes, principales o secundarios, arrastran consigo la tristeza de la pérdida o el abandono. Con dificultades. Pero también con buen rollo, en realidad. Son buena gente. Todo el reparto cumple muy bien con su tarea, aunque sea con personajes más o menos estereotipados. Pero que despiertan la empatía del espectador. La gran baza de la serie es la enorme química que hay entre los dos protagonistas. Supongo que el ser pareja en la vida real hace que se sientan cómodos interactuando, y eso se nota. Todavía faltan de emitir dos episodios, para el 14 de febrero, casualmente, pero yo he tenido la oportunidad de verlos ya. Tiene un final muy típico de las comedias románticas coreanas. Muchos piden una segunda temporada. Pero yo lo dejaría como está. Aunque la vería.

[TV] Cosas de series; de doctores alienígenas y otros psicópatas sangrientos

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Durante el mes de enero he acumulado muchos finales de temporada y de serie. Es lo que pasa cuando hay series que se emiten semana a semana en lugar de colgarse en una plataforma todos los capítulos a la vez. Y como todas las cadenas tienen ritmos estacionales similares, se acumulan finales. Entonces, con las que tengo acumuladas para comentar, tengo conflictos entre las que llevan más tiempo a la espera de este comentario frente a las de que realmente me apetece hablar. De momento seguiré con un criterio más o menos cronológico, las que terminé de ver hace ya unas semanas.

Ya que tenemos un producto tan británico como «Doctor Who», nos daremos una vuelta por Regent’s Canal en Camden, Londres. Aunque en esta ocasión se centran más en Liverpool…

Doctor Who es una serie muy entretenida. Un personaje de ciencia ficción/fantasía/terror británico que, con algunas interrupciones, desde 1963. Es tan «veterana» como yo. Para quienes no estén al tanto, la serie tiene un truco para renovarse. Cuando al Doctor, el personaje protagonista, se le para una de sus dos corazones… en lugar de morir de una vez para todas, se transforma físicamente. Así que… renovación asegurada de forma más o menos periódica. En la actualidad está encarnado por una mujer, interpretada por la actriz Jodie Whittaker, lo cual fue una novedad en la serie, donde el Doctor había sido siempre hombre. Como en inglés Doctor es invariable, el nombre de la serie o el apelativo del personaje no varía sea hombre o mujer. Y desde que Whittaker llegó, es una buena actriz, y creo que lo hace razonablemente bien, la serie se ha enfocado mucho en lo políticamente correcto; diversidad sexual, diversidad racial o étnica, diversidad en edades… Frente al modelo tradicional de protagonista masculino y más o menos maduro con acompañante femenina, frecuentemente joven, ahora se ha ido a una mayor diversidad. Lo cual me parece muy bien. Aunue para mí no condiciona en absoluto el resultado final, que depende mucho más de las historias que se cuentan y los guiones.

Entonces… creo que en esta última etapa de Doctor femenino (léase en inglés para mantener el invariable en género) femenino, la serie ha decaído un tanto. Si mezclas el conservadurismo de la audiencia, que no acaba de aceptar a los protagonistas femeninos en esta y en otras franquicias, es así de triste, y unos guiones más preocupados por las formas que por contar buenas historias, la valoración de la serie se ha resentido. Por lo que podríamos asegurar que la serie ha tenido mejores tiempos. Sin embargo, esta última temporada de seis episodios ligados argumentalmente, más un especial de Año Nuevo con una línea argumental separada, ha mejoradbastante en mi opinión. Y en líneas generales, la amenaza del fin del universo causado por el flux (el macguffin de turno) ha estado bastante bien, aunque algún episodio ha sido un tanto lioso y complejo de seguir. Y a pesar de que entre los villanos de la serie, los daleks son los que menos me gustan, el bucle temporal del especial de Año Nuevo estuvo también muy bien. Los tiempos de Whittaker como Doctor están contados. Parece que vienen dos o tres episodios especiales aislados para despedirla antes de su nueva reencarnación. Es una pena que no haya dejado más impacto en la serie; aunque materia para ello había.

Y de repente nos reencontramos con Dexter Morgan en una nueva miniserie, Dexter: New Blood, que rescata el personaje del psicópata y asesino en serie favorito de muchos de nosotros, después de que se despidiera de nosotros en 2013, tras ocho entretenidas temporadas acompañando sus aventuras y desventuras como especialista de laboratorio forense para la policía metropolitana de Miami. Sinceramente, para mí el personaje estaba cerrado. Había dado de sí lo que había de ser y ya está. Así que afronté con cierta desconfianza el regreso del personaje, que sonaba más a oportunismo para hacer ingresos que a una necesidad creativa real.

Encontramos a Dexter (Michael C. Hall) viviendo con el nombre de Jim Lindsay en una comunidad rural en el norte del estado de Nueva York, en la que hay también una reserva de nativos americanos de la tribu séneca, a la que pertenece la jefa de policía del lugar (Julia Jones), que es la novia de Jim/Dexter. Por supuesto, sin conocer la auténtica identidad del protagonista. Pero la pacífica vida de Dexter se trastoca cuando en un altercado con el malcriado hijo de un ricachón local tiene un encontronazo con el antiguo técnico de laboratorio y acaba… muerto, claro. Y al mismo tiempo, se presenta en casa de Dexter su hijo (Jack Alcott), que dejó al cuidado de una vieja amiga, que ha fallecido. El adolescente y su padre tendrán un difícil reencuentro. Y el padre del malcriado fallecido tampoco es ningún santito. Y hay una serie de misteriosas desapariciones de mujeres jóvenes… Mmmm… mézclese en una coctelera, agítese y adivinad qué sale. Relativamente previsible si conoces los antecedentes. Una serie probablemente innecesaria, porque no aporta gran cosa al personaje. Pero por lo menos está bien hecha, bien interpretada y la trama tiene un razonable interés, por lo que se puede ver sin problemas.

[TV] Cosas de series; la diversidad en la animación japonesa

Televisión

Entre finales de octubre y principios de enero fui siguiendo algunas series de animación de estreno en Netflix, así como recuperando en la misma plataforma alguna otra relativamente antigua que en su momento tuvo bastante éxito y tuve curiosidad por el motivo de ese éxito. Y me encontré con una serie de impresiones contradictorias,… lo cual es frecuente que me pase con la cultura nipona. Entre las cosas que me gustan, a veces muchos, y las cosas que no… o incluso me horrorizan. Pero un tema recurrente en estas series es que tienen un componente pedagógico importante sobre la diversidad… y esa es la parte buena.

Para ilustrar una entrada de producciones japonesas, un paseo por los alrededores de monte Kurama, al norte de Kioto.

Fruits basket [フルーツバスケット, Furūtsu Basuketto] es una serie de 2001 que, como muchas otras está basada en una serie de historietas. Esta serie de historietas fue muy popular y ha dado lugar no a una sino a dos adaptaciones animadas. Narra las aventuras y desventuras de una joven adolescente que ha quedado huérfana que es acogida por una extraña familia de gente,… que son la encarnación de los signos del horóscopo chino, popularizado por toda el Asia oriental. Y con una trama principal a propósito de porqué la rata forma parte de los signos del horóscopo y no el gato. En sus aspectos positivos, la serie trata de la aceptación de los demás, con sus diferencias y particularidades, y no importando sus orígenes o su pasado. En sus aspectos negativos… es patriarcal como no te puedas imaginar. A la chica la acogen en la casa… pero porque les trabaja de chacha a los tres maromos que allí residen, limpiando, haciendo la comida, cuidándoles enfermos… al mismo tiempo que tiene que estudiar en el instituto y trabajar limpiando en un edificio de oficinas para sacar algo de dinero, porque de ellos nada. Y encima ¡está encantada! No sé cómo será la versión más reciente… pero la de hace 20 años combina buenas intenciones y pedagogía con una cierta casposidad.

Komi-san wa, Komyushō desu (古見さんは、コミュ症です; Komi no puede comunicarse) también está basada en una serie de historietas japonesas. Su personaje central es una joven adolescente, atractiva, inteligente, deportista, admirada por todos sus compañeros… pero que padece un trastorno de ansiedad social que le impide comunicarse correctamente con el resto de las personas, incluidos sus compañeros. Hasta que conecta con un compañero de clase, aparentemente anodino, pero que la comprende. Y que será el vínculo para ir adquiriendo otros contactos en su entorno escolar. La serie funciona como una serie de sketchs, entre dos y cuatro por cada episodio de 23 minutos, cómicos en general, al final del cual la joven supera alguna situación o contacta con alguna nueva persona, por lo que es muy dinámica. Y está planteada de tal forma que muestra que no existe una persona diferente y el resto «normales»… sino que todo el mundo tiene sus puntos débiles o sus variantes de carácter más o menos acusadas, más o menos aceptadas socialmente. Y que incluso la chica más popular y con más amigos tiene sus momentos en los que mete la pata y la caga. Es por lo tanto una serie pensada para orientar en la tolerancia y en la diversidad, en la aceptación del prójimo con sus peculiaridades, más allá de los aspectos superficiales que percibimos de los demás, que nos atraen o nos repelen. Es más moderna que la anterior. Aunque con elementos culturales que pueden resultar más o menos marcianos desde el punto de vista occidental. En general, está bastante bien. Y parece que tendrá una segunda temporada. Teniendo en cuenta que su público diana son los niños mayores y los adolescentes más jóvenes, me parece que es recomendable.

La tercera y última serie de hoy tiene un tono algo distinto. Aunque también trata el tema de la diversidad, pero como un elemento secundario. Blue Period (ブルーピリオド, Burū Piriodo – Periodo azul), por supuesto, también está basada en una serie de historietas. Muy prolífica la industria del manga, que suministra material para todo tipo de adaptaciones. Y nos cuenta la historia de un adolescente, popular, fiestero, no mal estudiante, pero desorientado en su vida. Hasta que un encuentro con la obra de una compañera perteneciente al club de arte del instituto hace que le entre el gusanillo de la pintura. Su interés irá progresando hasta el punto que aspirará a superar las difíciles pruebas de ingreso a la Geidai (Universidad Nacional de Bellas Artes de Tokio, un centro muy prestigioso en este ámbito). En el camino se relacionará con un conjunto de jóvenes con su misma meta, pero con personalidades y objetivos muy diversos, y con formas de entender el arte y la expresión artística muy diversa. Creo que esta serie, que no está mal, resume en exceso los posibles contenidos de la historieta original, que no conozco, en los 12 episodios de 23 minutos que dura. Y no consigue profundizar de forma adecuada en los diversos conflictos que presenta, tanto del protagonista como de su entorno.

[TV] Cosas de series; alegres romances en París, trágicos romances en Seúl

Televisión

Entrada televisiva de transición antes de hacer otras más temáticas las próximas semanas. Lo único que tienen en común las dos de hoy es que hay romances. Y triángulos anómalos. Si los triángulos más habituales involucran a dos catetos y una hipotenusa… estos son de dos hipotenusas y un cateto. Es lo que hay.

Hoy, nos iremos a París. A ver si nos encontramos a Emily en algunos de estos tópicos y típicos lugares.

Emily in Paris es una comedia llena de topicazos, de la que he podido ver recientemente su segunda temporada. La primera temporada me pareció una posibilidad improbable… una de esas comedias que uno esperaría que se emitiesen en Cosmopolitan Tv o algo así, pero que en Netflix programaron a bombo y platillo. Y sin ser una cosa del otro mundo, resultó entretenida. Y la segunda… no puedo decir que me haya gustado más. Los amoríos y líos de trabajo de la publicista de Chicago en tierras parisinas tiene altibajos. Los altos suelen conllevar interacciones con sus compañeros de trabajo franceses. Los bajos suelen asociarse a los americanos… y a los momentos en que el episodio parece un publirreportaje turístico. En cualquier caso, los episodios son suficientemente breves como para ser un entretenimiento intrascendente que no molesta. Y si los franceses se quejaron en la primera temporada por una visión demasiado tópica de nuestro país vecino, hay que reconocer que la serie es más crítica aún con la mentalidad yanqui que con la gabacha.

Neoreul Dalm-eun Saram 너를 닮은 사람, que significa Alguien que se te parece, y que en inglés han traducido como Reflection of you y en España como Tu viva imagen, es un drama romántico en Netflix que creo que tenía unas pretensiones que tengo la sensación que no ha cumplido. A mí, cuando leí la sinopsis y vi que no era comedia… me dio un poco de pereza. Pero el hecho de que una de las protagonistas fuese Shin Hyeon-bin, que me gustó bastante en una de mis series coreanas favoritas y en un interesante largometraje del año pasado, me animó a verla. Al principio de la serie conocemos a una pintora, esposa y madre en una familia muy muy acomodada, que de repente se reencuentra con otra artista más joven, que ahora da clases, y con quien tuvo un pasado… un pasado que consiste en que le birló el novio, con quien vivió una aventura en Irlanda, estando ya casada, un niña de unos años y un bebé de meses. Y resulta que el «novio» de las dos, que creían muerto… está vivo, aunque amnésico. Una historia de una venganza que al final se lía para todos los implicados. Me ha dejado con un sensación un poco… meh… Creo que los productores surcoreanos se manejan mal con estos dramones cuando duran 16 episodios de 65 – 70 minutos. Y es que no dan para tanto… En fin… Dentro de unos días nos pasaremos a la comedia.

[TV] Cosas de series; nos vemos en el espacio

Televisión

Hoy vamos con una entrada televisiva dedicada a las aventuras espaciales. Género televisivo al que me sigo apuntando siempre, aunque me decepcione con demasiada frecuencia. Pero antes, un breve sobre Death to 2021, un mediometraje de una hora de duración en la oferta de Netflix, en el que se hace un repaso a las calamidades del año 2021. Entre el documental y el cachondeo de ficción, con una serie de actores y actrices interpretando estereotipos de gentes diversas, en general nocivas socialmente, que dan su «visión» sobre lo que ha sido el año. Lo vi porque en diversos medios hablaban bien de él, y sólo es una hora de duración. Pero me resultó demasiado centrado en los Estados Unidos como para que al final me resultara algo más que anecdótico. Lo que ya no entiendo es porqué el título en castellano es un escatológico A la mierda el 2021, versión grosera de ese Muerte al 2021, que me parece innecesaria e innecesariamente sensacionalista. Pero vamos con el espacio.

Entre la sequía permanente y el agua ocasional en el tiempo o en el espacio, que mejor que unos paisajes de los Monegros para ilustrar las aventuras espaciales de hoy.

Hemos asistido a la temporada tercera de la versión excesivamente doctrinal de Lost in Space, en la que sus alabanzas a la familia más o menos tradicional, a la amistad, y a la confianza ciega a las acciones imprudentes de unos críos han acabado cansándome bastante. Creo que con los medios que han puesto para realizar esta serie, podrían haber pagado a algún guionista competente para contar una historia interesante de verdad, y con algún tipo de engarce en la realidad. No una serie de doctrina muy conservadora disfrazada de buenrollismo progresista políticamente correcto. Muy estomagante en su temporada final. Una lástima.

Confieso que cuando empecé a ver anuncios en Netflix de The Silent Sea quedé muy intrigado. Por antecedentes recientes de aventuras espaciales realizadas en este país, y por algún nombre interesante en el reparto. El título anterior es el título internacional de la surcoreana Goyo-eui bada 고요의 바다, y en IMDb aparece como el título oficial de la serie. El título coreano hace referencia al Mare Tranquillitatis, uno de los maria más conocidos de la Luna y que da lugar al título en castellano de la serie, Mar de la Tranquilidad. Los maria, yo prefiero el termino latino al castellano mares, son extensiones basálticas de origen volcánico, que parecieron mares en el sentido terrestre, extensiones acuáticas, que no son, a los primeros astrónomos que observaron nuestro satélite. Por eso prefiero el término latino. Y si usamos el término en castellano, no olvidarnos del adjetivo, llamémosles mares lunares. Pero el caso es que aquí se juega al equívoco, puesto que está involucrada el agua de una u otra forma en la trama.

En un futuro no muy lejano, catastrófico, cuasi apocalíptico, en la Tierra está desapareciendo el agua. Los ríos y los mares se están secando. Y hay un sistema de castas basado en el acceso al agua. La protagonista (Bae Doona), una exobióloga, es llamada para una misión espacial en la Luna. Una base en el satélite terrestre sufrió un acontecimiento catastrófico, aparentemente de carácter radioactivo, cinco años atrás, y murieron sus ocupantes. La científica jefe fue la hermana de la protagonista. El objeto de la misión es recuperar unas muestras que quedaron allí abandonadas y que pueden ser importantes en la crisis que sufre el planeta. Pero claro, las cosas no van a ser fáciles, se han dicho muchas mentiras, se han ocultado muchos hechos, y todo va a ser más complejo desde el principio. Especialmente por culpa del agua lunar.

La serie me despierta sentimientos encontrados. Como ciencia ficción,… es enervante. Como siempre hacen los coreanos, copian descaradamente ideas y situaciones de otras series o películas. El emplazamiento de la base lunar parece una copia de algunas instalaciones de cierta serie ucrónica con viajes a la Luna cuya tercera temporada esperamos. Y la trama general es la típica del terror ante una amenaza alienígena. Pero dan mil patadas a los manuales básicos de física, química y biología, sin ninguna consideración, hasta casi (o sin casi) el absurdo. Pero por otra parte, el guion de la trama, tomando lo anterior como un simple macguffin sin importancia, va de menos a más, el trabajo de los intérpretes es bastante sólido, y llega un momento que te ves absorbido, en los limitados ocho episodios de 45 minutos en que se divide la historia. Están bien dosificadas estas duraciones. Aunque el desenlace tiene elementos que ponen muy, pero que muy, a prueba la suspensión voluntaria de la incredulidad del espectador, por excesivamente fantásticos/fantasiosos. Sensaciones por lo tanto contrapuestas, entre el suspenso y el notable, entre el placer inconfesable y la producción interesante de ciencia ficción con un planteamiento científico muy descuidado. En fin. No se puede tener todo.

[TV] Cosas de series; chica pizpireta que se nos pone seria y aventuras en las montañas coreanas

Televisión

Hola, soy Carlos y soy adicto. Adicto a las series surcoreanas. Sean buenas o malas. Hasta no hace mucho las calificaba de placer inconfesable, o guilty pleasure como dicen los anglófonos. Pero hoy en día también hay series de buena o gran calidad. Y todo empezó con las cinco chicas de la residencia para universitarias Belle Époque en la serie que internacionalmente se conoció como Hello my twenties!, pero cuyo título original fue Cheongchunsidae 청춘시대, o sea, Años de juventud. Fue mi primera serie de esta nacionalidad, la primera que vi en Netflix allá por 2016, su primera temporada, y nunca la he considerado un placer inconfesable. Tenía su punto, aunque no fuera perfecta, y a ratos, no acostumbrado todavía a las peculiaridades culturales del país asiático, un poco marciana. A parte de ser responsable de mi adicción, también lo fue de que me animara a irme yo sólo en octubre del año siguiente de vacaciones a Corea del Sur, en un momento en que me quedé colgado sin planes de vacaciones bien definidos, y cuando comprobé que podía tener un coste adecuado para el viaje en solitario. Las fotos que acompañan esta entrada son de ese viaje, claro.

Entre las protagonistas de aquella serie, del quinteto inicial de chicas compañeras de residencia, estaba la actriz Park Eun-bin, que interpretaba a una chica alocada y un tanto fantasiosa, estudiante de periodismo, muy animada, pero que también arrastraba sus problemas por dentro. Como todas. Pues bien, esta actriz desde entonces ha ido adquiriendo impulso y ha llegado a ser protagonista principal de algunas series, estando muy bien considerada en su país, donde opta a premios diversos, y algunos los gana. Decidí comprobar si aquellas pizpireta joven, que provocaba no pocos de los contrapuntos cómicos a los aspectos dramáticos de la serie de 2016, funcionaba también como parecía en otro tipo de papeles.

Yeonmo 연모 (traducción, afecto o cariño), pero presentada internacionalmente como The King’s Affection, en español El afecto del rey, es un drama de época situado en la dinastía Joseon o Choson, en el siglo XV. El reina del momento da a luz a dos gemelos, algo que parece que era de mal augurio, por lo que en secreto deciden matar a la niña recién nacida. Pero la madre la salva y la entrega para su cuidado a unos monjes budistas. Años más tarde, con trece o catorce años, vuelve a la capital y entra al servicio del palacio real, donde se encuentra con el príncipe heredero, con quien, aparte de ser de distinto sexo, comparte un mismo aspecto. Descubierta por los asesinos originales, deciden enmendar el error, y se disponen a matarla. Pero a quien matan es al príncipe. A partir de ahí, la reina su madre decide que para salvar a la chica lo mejor es hacerla pasar por el príncipe heredero. Entre medias,… pues hay un romance adolescente… y tal. Y años más tarde, ya un «joven príncipe adulto», todos se vuelven a encontrar. La historia es absolutamente ficticia, pero es obvio que se inspiran en el corto reinado de uno de los reyes de Joseon en ese siglo. Incluso el nombre es similar, si no igual, siendo las diferencias un problema de transcripción. La serie esta bien… a ratos. Combina romance, comedia, intriga palaciega y drama, con alguna tendencia momentánea a la tragedia. Y es muy irregular en su desarrollo. La protagonista, Park Eun-bin, tiene un papel que le obliga a estar muy seria y estática, lo cual no le sienta bien. Los momentos en los que hay acción y se mueve con más libertad son cuando muestra que tiene calidad. Irregular todo en general, aunque tiene una nota muy alta entre los votantes de IMDb… que suelen ser fanáticos del género.

Mientras veía la anterior, supe que la protagonista había protagonizado un drama romántico el año anterior, Beuramseureul Joahaseyo? 브람스를 좋아하세요?, literalmente, ¿Te gusta Brahms?, o por el título internacional de la serie, Do you like Brahms?. Al coprotagonista masculino lo vimos haciendo de enfermero en uno de los muchos dramas médicos del país asiático (también en este enlace, previo al anterior). Y nos narra las dificultades de una estudiante universitaria de música, de violín en concreto, que ha llegado a la carrera habiendo empezado muy tarde, por lo que le cuesta mucho más que a quienes empezaron con sus instrumentos de niños. Y además es incomprendida. Y las dificultades aumentan cuando conoce a un joven pianista de éxito, niño prodigio, que arrastra sus propios problemas personales. Todos ello en medio de un drama romántico con tres triángulos amorosos entre seis personas. Esta serie tiene algunos de los problemas de interpretación que he comentado en la anterior. Y no son frecuentes en los dramas románticos coreanos, frente a las mucho más animada y libres comedias románticas. Las interpretaciones son muy estáticas, muy rígidas y poco expresivas. Creo que más que un problema de calidad de los actores es de la forma en que se dirigen y se conciben. Una pena, porque el lío de triángulos amorosos que se plantea al principio de la serie hubiera podido dar para mucho… y poco a poco se desinfla de forma un poco desvaída. También irregular.

Voy a comentar brevemente Jirisan 지리산, que es el nombre de una de las montañas más famosas de Corea, y del parque nacional que la rodea. Jirisan sería «monte Jiri«. San, u otras variantes parecidas, es una palabra de origen chino que significa monte o montaña, y encontramos en otros idiomas orientales. También en japonés… véase Fujisan (monte Fuji, nunca Fujiyama), Koyasan, o Shoshazan, tres lugares estupendos que he visitado en mis viajes a Japón. O Huangshan, maravillosas montañas que visité en China. O Namsan (Seúl) y Jangsan (Busán), también visitas que hice en Corea del sur. La serie se emite en iQIYI, un canal chino similar a Netflix pero con producciones asiáticas exclusivamente. Lo probé. Pero no me interesó más que como curiosidad, porque su oferta no me parece de gran calidad, y porque no me fío nada en absoluto de entregar datos personales a plataformas de servicios en internet de esa nacionalidad. Y vi la serie por que está protagonizada por la actriz que protagonizó la estupenda película, precuela de la serie Kingdom, Jun Ji-hyun. Son las aventuras de los guardas del parque nacional, rangers los llaman, protegiendo a los visitantes y al propio parque, mientras se enfrentan a un asesino en serie, y con elementos sobrenaturales. Una mezcolanza curiosa. Ficción con elementos de publirreportaje destino a concienciar a la gente sobre los peligros de la montaña, y la necesidad de respetar la naturaleza. Tiene momentos muy entretenidos, cuando hay acción, y los intérpretes lo hacen bastante bien. Pero por lo demás es anecdótica. Dan ganas de visitar el parque y sus montañas. Eso sí.

Y esto es todo por hoy.

[TV] Cosas de series; Hailee Steinfeld está de moda

Televisión

Hasta tres series que he estado siguiendo en los dos últimos meses y que he terminado recientemente tienen como protagonista, de una forma u otra, a la actriz norteamericana Hailee Steinfeld. Esta chica que ahora debe rondar los 24 o 25 años, pero que conocimos con doce o trece cuando coprotagonizó con Jeff Bridges, Matt Damon y Josh Brolin la nueva versión de True Grit (Valor de ley) dirigida por Ethan y Joel Coen. Quizá una de las menos «coenescas» películas de estos hermanos, pero que a mí me gustó bastante. Y me gustó ella. Aunque lo que ha hecho después y hasta la fecha me ha pasado totalmente desapercibido. Y sinceramente… no me interesa gran cosa recuperarlo… Lo cierto es que aquella adolescente se ha convertido en una mujer joven con gran presencia física, y con buenas mañas interpretativas.

Nos iremos a Nueva York,… la ciudad que parecen odiar los de Marvel… porque la destrozan continuamente. La deben odiar.

En Arcane, el último gran éxito de Netflix en animación adulta, la oímos pero no la vemos. Da la voz a Vi, el personaje protagonista de la serie. Una serie que además de éxito entre los espectadores, está recibiendo desde su estreno grandes alabanzas de parte de la crítica. De estilo steam punk, en un mundo en el que se mezcla la ciencia con la magia, asistimos a las disputas entre una ciudad superior, rica y privilegiada, y una inferior, enterrada, pobre y necesitada. Y cada una de las dos con su propia dosis de corrupción entre los poderosos. Y está el conflicto entre dos hermanas separadas en la adolescencia y convertidas en rivales, Vi y Powder/Jinx (Mia Sinclair Jenness/Ella Purnell). Rodada en una mezcla de animación plana y tres dimensiones, diseñada por ordenador, de indudable mérito,… a mí me costó entrar en ella. Creo que lo que cuenta, una historia basada en un videojuego, no da para tanto como para los nueve episodios, divisibles en tres grupos de tres episodios, a modo de tres actos en el desarrollo de la historia. Y por lo tanto, uno de los actos, el segundo, me costó sacarlos adelante. Empieza muy bien, y tiene un final bastante conseguido, al que casi no llego… por aburrimiento. El estilo de animación, como ya he dicho, tiene mucho mérito… pero no es de los que más me gustan.

Hawkeye es una serie del universo Marvel dedicada a uno de los Vengadores menos vistosos, el que tradicionalmente se ha denominado en España, en traducción directa del inglés, Ojo de halcón. Un tipo sin poderes, pero que tira muy bien con arco. Si lo pensáis bien, puestos a pensar en un universo de superhéroes,… mmmmm… resulta más bien sosete. Protagoniza, teóricamente, la serie de seis episodios Jeremy Renner. Pero la serie resulta interesante cuando está el personaje de Kate Bishop (Steinfeld) en pantalla. Ahí, la chica es una auténtica robaescenas. El personaje en sí, pero sobretodo el carácter que le da la actriz, es mucho más interesante que el taciturno personaje protagonista. La chica pija que sueña con ser una gran arquera… pero que es gamberra, movida, poco reflexiva, aunque buena persona, da mucho más juego. Y por ella… porque si no, esta serie que ha resultado razonablemente entretenida, no me hubiera interesado nada en absoluto. Sale por ahí también Vera Farmiga en una papel muy poco aprovechado, y Florence Pugh, en una subtrama paralela que no va a ninguna parte y que claramente sobra. Quizá para tentar si merece la pena dedicarle una serie a su personaje o no. Hay otras caras conocidas, pero sin más interés. La serie me parece muy maja… cuando no se dedica a referenciar al resto del universo Marvel. Cuando lo hace se convierte en un tostón sólo apto para los aficionados con el cerebro lavado. Por lo tanto, irregular.

Y finalmente, Dickinson, serie de Apple TV+ que cuenta en tres temporadas una versión reimaginada de la vida de la celebrada poetisa norteamericana Emily Dickinson. Cuando la cogí había empezado a emitirse, con un episodio a la semana, la tercera y última temporada. Así que me vi las dos primeras de forma ágil, con algún episodio, de media hora de duración, casi todos los días, para llegar a los dos últimos teniendo que esperar al viernes correspondiente para verlos. Como digo, es una reimaginación de la vida de la poetisa. Se basa en lo que se conoce o lo que se supone de la vida de esta mujer que vivió toda su vida retirada, y sin publicar prácticamente nada, escribiendo continuamente, en la casa de sus padres Amherst, cerca de Boston, Massachusetts. Fue su hermana, interpretada por Anna Baryshnikov, quien se encargó de sacar a la luz su obra, convirtiéndola en una de las más grandes autoras de la lengua inglesa… postumamente.

La serie juega constantemente con esta paradoja. Y nos presenta una mujer joven, tremendamente imaginativa, con una mente inquieta, muy activa, constantemente creando, mientras a su alrededor, los dramas familiares, sociales y políticos de mediados del siglo XIX sirven para reflexionar sobre los problemas de principios del siglo XXI. Al fin y al cabo, ambos siglos solo parecen diferenciarse en la posición del palo, I. Sexismo, feminismo, homosexualidad, racismo, desigualdades, las guerras, familias prósperas y felices que quizá no lo sean… Todo ello con una buena ambientación de época, pero con personajes que hablan, o bailan, u otras cosas, al estilo contemporáneo. Entre la realidad y la fantasía… quizá en el realismo fantástico, la serie tiene unos guiones suficientemente inspirados para que, gracias un reparto mucho más inspirado, liderado con gran resolución por su protagonista, llegue a buen término, en una apuesta con cierto riesgo, que podría haber resultado más chirriante. Pero nó… resulta una comedia seria, fresca y atractiva. Desde mi punto de vista, muy recomendable.