Una vez más como sucede con frecuencia desde el otoño pasado, la Leica Minilux, con su estupendo Summarit 40/2,4, me ha acompañado buena parte de los días del mes de abril de 2021, siempre dispuesta a funcionar como bloc de apuntes, bloc de notas, en forma de fotografías, de las escenas cotidianas que la ciudad ofrece en mi deambular por la misma. Muchas veces son las mismas o similares escenas, pero con elementos nuevos, con una luz distinta, o bajo una nueva mirada que no se había producido previamente.
La primavera está muy avanzada y el verano climatológico, teniendo en cuenta las progresivas elevaciones del termómetro por culpa del calentamiento global, está cercano. Y si a eso sumas las numerosas horas de sol y la modificación de los horarios para el verano,… quedan pocas horas en el día con una luz agradable o adecuada para la fotografía. Salvo que buscas miradas alternativas a lo que las «reglas», «cánones» y «sabios» de la materia nos dicen. Y una de las alternativas es mirar en el espectro del infrarrojo. Ya he publicado en estas páginas bastantes entradas sobre este tipo de fotografía, así que no la voy a explicar en esta ocasión.
El primer rollo de este año ha tenido su parte de prueba y experimentación. Pero como de costumbre no voy a extenderme sobre ello aquí. Los datos técnicos, esta vez más abundantes que en otras ocasiones, lo tenéis en Empezando la temporada del infrarrojo – Leica M6 con Rollei Superpan 200. Pero si no os interesan u os aburren, aquí os dejo algunas fotos.
Supongo que siempre he considerado comprar película fotográfica de «segunda mano» o «previamente utilizada» como un absurdo esencial. Pero a pesar de eso arriesgué con un pedido… y salió bien. Obviamente, la película no estaba previamente utilizada. Era un pedido devuelto a tienda y luego revendido más barato. Entre un 35-40 % más barato. Y estaba bien. Ale… buen negocio.
Aunque este año no me pilló por sorpresa, no pude prepararme a tiempo para celebrar el Día Mundial de la Fotografía Estenopeica (Pinhole Photography Worldwide Day), que sucede cada año el último domingo de abril. Pero siempre encuentras una solución de compromiso. En esta ocasión fue usar mi Pentax MX y colocarle el objetivo Thingyfy, que consiste en un barril de objetivo con la bayoneta adecuada para la cámara que tengas, y una serie de estenopos de varios diámetros para que elijas el que creas más oportuno.
Último de los rollos de la #FP4Party de este año. Llegado el domingo de la semana dedicada a realizar las fotos, había dado por descontado prácticamente que con los tres rollos realizados hasta ese momento y que ya he comentado (1, 2 y 3), me iba a conformar. Pero ese domingo, por la tarde, me quedé liberado de cualquier obligación, la temperatura ambiente era buena, la luz era agradable, y me apeteció darme un amplio paseo por la zona agrícola en industrial de Zaragoza. Y pensé que tenía que sacar a pasear algún equipo distinto, poco habitual. Diferente a lo que había usado hasta el momento.
No pocas de las fotos de esta entrada o tomadas con el mismo rollo que las que os presento en la misma se hicieron al mismo tiempo que las que os mostré hace unos días por el extrarradio industrial de la ciudad o en el Museo Pablo Gargallo. Forman parte de un mismo ejercicio fotográfico. Son complementarias para mis usos particulares.
El sábado de la semana de la «FP4Party», después de haber estado fotografiando con la Leica M6 buena parte de la mañana, tenía pensado usar la tarde para quehaceres domésticos antes de cenar con unos amigos, manteniendo siempre las precauciones debidas por la epidemia de covid-19. Pero a la hora de comer me llegó el mensaje de que el esposo de un compañera de trabajo había fallecido. Así que me sacudí la pereza y decidí subir un momento al cementerio para presentarle mis respetos y mostrarle mi solidaridad. Y conforme me preparaba para ello, viendo la suave luz de un nublado con claros esa tarde, decidí coger un cámara de formato medio con película en blanco y negro.
Así que después de visitar en el tanatorio municipal a mi compañera de trabajo, bajé caminando a casa recorriendo la zona del cementerio donde se encuentran las tumbas en tierra con las muestras más destacadas de arte funerario. Y también algunas situaciones que impresionan y que nos hablan de forma indirecta de algunos de los momentos más tristes de la ciudad, como la elevada mortalidad infantil de la posguerra. En fin… los detalles técnicos en # FP4Party Edicion 2021 – Hasselblad 500CM en el cementerio. Aquí, simplemente, os dejo unas fotos.
Agradables ratos de fotografía con negativos en color de alta sensibilidad en el extrarradio industrial y ferroviario de Zaragoza, o en el interior del Museo Pablo Gargallo. Mi intención era dedicar algunas tardes de los días de Semana Santa al paisaje en el extrarradio industrial. Pero las condiciones del tiempo atmosférico no siempre colaboraron. A veces, paradójicamente, por exceso de buen tiempo.
Después de un año, el 2020, en el que por el confinamiento domiciliario de la población debido a la pandemia de covid-19 los parques de la ciudad quedaron totalmente clausurados, este año están llenos de gente. Con restricciones en los viajes, la hostelería, los establecimientos de diversión… cuando hace buen tiempo, visitar los parques de la ciudad se ha convertido en una actividad apetecible por una proporción de la población superior a la habitual. Especialmente si las flores de primavera han hecho su aparición y podemos disfrutar de su belleza y colorido.
Ya en ocasiones anteriores había visitado los cerezos ornamentales de lo que pretende ser un jardín japonés en el Parque Grande de Zaragoza, que florecen entre finales de marzo y principios de abril. También, a partir de finales de abril y durante unos meses, paseo por la rosaleda del mismo parque, buscando tanto las rosas en flor, como los frecuentes insectos, minúsculos, que se refugian entre sus pétalos. Todo ello, en el 90 % de las ocasiones, con fotografía digital. Pero este año se han puesto de muy de moda, han ido muchos espectadores a contemplarlos, las bulbosas de la acequia de las Abdulas, que recorre paralela al paseo de los Bearneses, un paseo entre plátanos muy agradable para los paseantes en el principal parque de la ciudad.
Los grupos de florales de bulbosas son realmente llamativos, aunque no son tan abundantes como podrían ser. Y los cerezos ornamentales todavía son muy jovencitos. En invierno parecen estacas. Todavía faltan años para que supongan un espectáculo completo. Además de que vendrían bien otros arreglos paisajísticos para que realmente a esa zona se le pueda llamar «jardín japonés». Pero bueno… poco a poco… y si los presupuestos municipales lo permiten,… quizá alguna vez podamos disfrutar de un Parque Grande que, además de «grande», sea también un orgullo para la ciudad. Desde mi punto de vista, tiene posibilidades, pero todavía le falta. Reconozco que la naturaleza árida del clima de Zaragoza hace que los esfuerzos que hay que invertir en unos jardines vistosos sean mucho más costosos e ímprobos que en otros climas más húmedos.
Hace unos años descubrí una iniciativa en las redes sociales, en Twitter en concreto, por la que periódicamente se celebra una «fiesta» fotográfica, en la cual se participa de una forma muy sencilla.
En la primera semana del mes de la «fiesta», los participantes cargan sus cámaras con película Ilford FP4 Plus o algunas de sus variantes antiguas, si es que les quedan rollos caducados de las mismas.
En la semana siguiente, la segunda del mes, los participantes se dedican a revelar por si mismos, o remitiéndolos a laboratorios comerciales, los rollos expuestos. Y también digitalizan las fotos para…
En la tercera semana, tercera del mes, claro, se suben a las redes una selección de las fotos realizadas con la etiqueta #fp4party.
Una vez terminado este proceso, hay una selección de fotos y una votación para ver quien/es es/son los ganadores,… que no ganan nada más que la satisfacción del reconocimiento de sus pares. O nada menos.
Hoy os muestro fotos del primero de los cuatro rollos que he utilizado en la (¿primera?) edición de 2021. Los detalles técnicos en # FP4Party Edición 2021 – Agfa Box Synchro.
Hace ya un año que hice las doce fotos con mi Hasselblad 500CM y un rollo caducado de Ilford Delta 400 de fotografías, objetos y documentos extraídos del baúl de los recuerdos familiar que mantenía mi madre y que ahora tengo yo en casa. En aquellos momentos, en los días de Semana Santa, como todos los confinados, tenía muchas horas de estar en casa. En los días laborables, salía todos los días a trabajar, al considerarme trabajador esencial. Pero los festivos… como todo el mundo. Por eso dediqué una tarde de hace un año a estas fotos. También me pasaba que, ante la ausencia de vida social, tenía menos temas para tratar en este Cuaderno de ruta. Televisión sí, mucha. Cine,… sólo algún estreno en plataformas de vídeo bajo demanda en internet. Libros,… con un bloqueo de lectura tras otro que todavía me duran. Fotos, sí… todas las semanas un rollo en blanco y negro. Pensé que podría dedicar algunas entradas a la nostalgia.
Lo curioso es que, poco después, las se empezaron a animar… y de las doce fotos para doce entradas nostálgicas, un año más tarde sólo «he consumido» diez de ellas. Once con la de hoy. Una colección de fotografías aparecidas en una vieja cartera en las que aparece mi padre y mi madre cuando eran jóvenes, mi madre en tres de ellas. Pero también su hermana Aurelia. Y la tía Maruja, que era amiga de mi madre antes de convertirse en concuñadas, si no me perdí en su día en la explicación de la historia. Y mi abuelo cuando no tenía pinta de abuelo, en 1941, sino de señor interesante.
Y está el bebé, tan despabilado. Una anotación dice que soy yo… pero no lo tengo nada claro. Mi aspecto en otras fotos de la época era distinto. Con más pelo y más rechoncho. Y algún observador ajeno ha comentado la posibilidad de que se tratase de una niña. Queda en la duda de porque estaba en una cartera con otras fotos de familia tan cercana.
Yo sigo a lo mío como llevo haciendo desde hace mucho tiempo. Llevo muchos años dedicando mis paseo fotográficos a un área en las afueras de Zaragoza que comprende la parte más oriental del barrio de San José, lo que se llama el entorno de la Granja, las riberas del Canal Imperial de Aragón, el barrio de Montemolín y el rectángulo comprendido entre el río Ebro y el soto de Cantalobos al norte, el Canal Imperial al sur, la ronda de la Hispanidad o Tercer Cinturón de ronda al oeste y la Z-40 o Cuarto Cinturón de ronda al este.
Es un área de terreno en la que se mezclan los usos residenciales, los equipamientos comunitarios, las áreas industriales y las huertas de Las Fuentes y otros restos de actividad agrícola en Montemolín y Miraflores. Un área que desde que soy jovencito he visto siempre en perpetuo cambio. Y aun ahora, sigue en perpetuo cambio.