[Televisión] Cosas de series; antisuperhéroes británicos

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Cuando tenía 9 años, más o menos cuando nació mi hermana, se puso de moda en el colegio leer historietas de superhéroes de la Marvel. Comprábamos pocos. No había mucho dinero. Los intercambiábamos entre nosotros. Y nunca seguíamos las aventuras consecutivas… porque nunca se podía garantizar de que se pudieran conseguir. Así que muchas veces empezábamos un volumen con la historia ya empezada, pero sin saber cómo, y lo terminábamos sin saber nunca como iba a acabar. Era los tiempos de la Patrulla X, Dan Defensor, Namor, Thor, Los Vengadores, Spiderman, La Masa,… A los más jóvenes, algunos nombres les suenan actuales, pero otros quizá no. Y es que en la España franquista, todo lo que se podía traducir de una forma u otra se traducía. Y más si tenía un nombre siniestro o satánico como «Devil»,… diablo. La moda no sé cuanto duró. No creo que llegase a cumplir los once años antes de que mandara a la porra este tipo de lectura. Nunca me convencieron aquellas historietas. Simplemente estaba de moda.

No nos iremos a una zona de Londres tan despersonalizada como la que rodea al centro cívico donde cumplen condena nuestros inadaptados. Optaré por la agradable Primrose Hill al atardecer. O los paseos junto a Regent’s Canal.

Con 19 o 20 años, volví a leer algo de historietas, pero no mucho. Y en cualquier caso nada de esto. Todas esas tonterías de que porque te pique una araña radiactiva, te golpee un haz de rayos gamma, o te veas sumido en una tormenta de energía Z te conviertas en un tipo con superpoderes me empezó a parecer una majadería. Es cierto que con los tiempos, alguna serie de televisión reciente, me ha atraído e incluso me ha gustado bastante. Pero por motivos muy distintos a los planteamientos de base de la historia. Y porque su realización se ha alejado del aspecto de aquellos tontos cómics.

También han menudeado las parodias del género; algunas, las menos, con éxito, muchas, tan pobres como el material original. Pero casi siempre en tono de comedia. Y no han faltado los intentos de dar giros y trascendencia y otro tono al género del héroe con superpoderes. Desde mi punto de vista, sin mucha fortuna tampoco. Independiente del éxito de público… que ha podido ser abundante. Por cierto, ningún héroe es nunca mejor que el villano al que se enfrenta. Y con frecuencia, los supervillanos, los villanos con superpoderes, son también ridículos.

Hasta que llegaron los británicos, con sus superhéroes inadaptados. O como dirían ellos en la lengua de Shakespeare… Misfits. Serie que ya se emitió en directo en su país de origen hace un tiempo, pero que recientemente me he merendado, fin de semana a fin de semana, gracias a Netflix.

Tras un comienzo absolutamente absurdo, como es de rigor, una tormenta sobre uno de los muchos vecindarios que forman el Gran Londres, uno especialmente anodino, descarga unos rayos de energía sobre la población, y especialmente sobre un grupo de cinco jóvenes que realizan condenas penales de servicios a la comunidad, los inadaptados del títulos, y empezarán a aparecer «superpoderes» en la gente. «Superpoderes» que lejos de ofrecer a sus poseedores de una ventaja competitiva sobre el resto de la humanidad, contribuirán a hacer su vida más miserable. Y así con un 50 % de comedia, negra en la mayor parte de los casos, un 40 % de drama y un 10 % de tragedia, acompañaremos durante cinco temporadas de entre 6 y 8 episodios de una hora de duración a estos jóvenes y los que eventualmente los sustituyan en sus demenciales aventuras.

Fuertes dosis de crítica al sistema, serie heredera del cine y la televisión británicos más comprometidos socialmente, y no poca compasión por jóvenes condenados a unas vidas mediocres y patéticas, si no a perpetuarse en los márgenes de la sociedad. Jóvenes que de repente verán sus vidas alteradas, no necesariamente para bien… aunque la serie no deje de tener, incluso en sus momentos más trágicos, un tono esperanzador.

Es una serie adulta, incluso si está dirigida a espectadores relativamente jóvenes. Hay conflictos, hay sexualidad, no siempre bien entendida, muchas veces muy básica, casi animal, hay sufrimiento, hay muertes. No falta algún momento gore o asquerosito, sin caer en la vulgaridad, derrocha humor negro, pero también nos lleva a momentos de ternura y solidaridad.

¿Probablemente la mejor producción de gentes con superpoderes? ¿De «superhéroes»? Seguramente esto es opinable. Para mí, sí. Que se le va a hacer. Soy así. No os la perdáis.

[Televisión] Cosas de series: entre demonios y superhéroes del kungfú

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No ando con mucho tiempo, pero voy a sacar adelante esta entrada televisiva, porque alguna de las series que comento la tengo ya vista desde hace semanas y al final se me va a olvidar. A la espera de terminar la más curiosa y divertida serie de gente con superpoderes que he visto hasta la fecha, una serie de super-antihéroes, y a la que dedicaré un especial, la cosa va de cosas fantasiosas esta semana.

Hace ya muchos tiempos, yo la veía en ocasiones, Buffy the Vampire Slayer inició de alguna forma el género de los adolescentes peleando contra vampiros, demonios y otras gentes de mal vivir del presunto inframundo. Nunca he entendido por qué está tan valorada,… pero marcó una época. Aunque creo que Sarah Michelle Gellar en estos momentos debe de estar desaparecido en combate o algo así… Da la impresión de que nunca volvió a hacer nada interesante.

Preparando estos días una charla sobre películas negativas en blanco y negro, he estado un buen rato de la tarde seleccionando fotos demostrativas.

Hace unos meses, tirando de Netflix vi la primera temporada de Shadowhunters, que llevaba el asunto de los cazadores de diablos a un extremo presuntuoso y superpijo. Y malísimo. Probablemente, una de las peores series que he visto nunca. Y sin embargo vi su primera temporada de forma integral. Pensaba que se podía convertir en una especie de guilty pleasure. No preocuparse, llegó la segunda temporada, y ya en su primer episodio me entraron escalofríos y náuseas de lo mala que es… y nunca más. Pero curiósamente, en estas estaba cuando me encuentro con Crazyhead, un serie original de Netflix también, británica, cuya primera temporada tiene sólo seis episodios, y en las que encontramos a dos jóvenes inglesas de muy poquito más de 20 años, que también van cazademonios. Pero en lugar de tomárselo totalmente en serio, empiezan a mezclar la aventura de acción con la comedia, a veces humor negro, otras rozando la parodia, y sobretodo con un sentido mucho más adulto y borde del asunto. Yo me lo he pasado muy bien. Y como es una temporada muy cortita, no te cansa nada. A mí me ha reconciliado con el género. O me ha hecho entender que de cualquier tema se puede hacer un producto mínimamente inteligente y entretenido.

Pero lo más serio de las últimas semanas ha sido la llegada del cuarto superhéroe de Marvel a Netflix. La cosa va a desembocar en otra serie en la que salen los cuatro juntos. De momento, el nexo común, además de que todo sucede en el mismo universo, es la enfermera Claire Temple (Rosario Dawson). Que por cierto, ha empezado a dar sus primeros bofetones a diestro y siniestro. Aunque su papel sea la de poner un poco de sentido de común en el asunto. El superhéroe de turno es Iron Fist, el puño de hierro. Sinceramente, tengo dos problemas con esta serie, que no está mal hecha, ya aviso. La primera es que toda la cosa esta de las artes marciales y del kung fú me parece siempre una superchorrada. Si encima se inventan una especie de Shangri-La, parece que andamos un poco justos de inventiva, ya la líamos más. Y si encima el superhéroe es un canelo de marca mayor… pues acabáramos. A mí, todas estas danzas que hacen los de las artes marciales en las que se concentran mucho y dicen cosas muy profundas, es decir, mayormente sin sentido ninguno, me provocan la risa floja. Lo único positivo del asunto es que la chica, Colleen Wing (Jessica Henwick), es muy mona. Que me he enterado que es una de las «Serpientes de la Arena» de Game of Thrones, y una de las pilotos de Alas X del episodio VII de Star Wars. Por lo demás, serie prescindible salvo que seas muy muy muy fan del universo Marvel. Muy muy muy muy por debajo de mi superheroína borracha favorita, muy muy por debajo del mamporrero ciego, y por debajo del afroamericano indestructible. Dicho lo cual, probablemente uno de los principales problemas de la serie es la carencia de un malo en condiciones.

[Televisión] Cosas de series; un nuevo paseo por extremo oriente

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Uno de los aspectos más interesantes que encontré en una plataforma global de vídeo bajo demanda como Netflix era la posibilidad de acceder a programas o series de televisión, o películas, de una diversidad de nacionalidades. Y cuanto más exóticas mejor. Luego, en la práctica, las opciones son bastante más limitadas de lo que parece. Y menos exóticas de los que parece.

La excepción aparente son las producciones de extremo oriente, especialmente Japón, China y Corea del Sur. De estos países hay más títulos disponibles, y son relativamente exóticos. Luego también las cosas se quedan reducidas a menos opciones reales. Porque parece que cada uno de estos países se ha  especializado en algo concreto.

Acompaño la entrada de instantáneas tomadas en Tokio y de camino a Kamakura. En esta ocasión en ese blanco y negro muy contrastado que tanto gusta por allí a ciertos fotógrafos.

De China no llegan series; fundamentalmente largometrajes. Y con un interés limitado.

De Corea del Sur llegan muchas series. Con temas aparentemente variados. En general, copiando los géneros de éxito de las series americanas. Algún drama médico, tienen algo de aventuras y terror, y muuuuuuuuchos dramas románticos cuyo público objetivo son adolescentes o chicas jóvenes. He ido picoteando algo por aquí y por allá, y en general son productos insatisfactorios con alguna excepción que ya comenté. Hoy traigo otra… que más que satisfactoria,… ha sido corta y curiosa.

De Japón, mucha animación para adolescentes, masculinos o femeninos. Que por cierto, de la divertida Nanatsu no taizai (七つの大罪, Los siete pecados capitales) , de la que ya os hablé hace un par de meses, ha habido un adelanto de lo que sea una próxima segunda temporada. Tampoco me agarran mucho… no es fácil encontrar títulos apetecibles para un adulto. Y mucho menos en series con personas reales, la mayor parte dominado por los «doramas» (pronunciación japonesa de «drama») o las comedias románticas. También fijándose con preferencia en el público juvenil… femenino.

Pero dentro de este panorama de poco interés he visto algunas cosas completas que voy a comentar. Alguna de ellas bastante interesante.

Me animé con un drama romántico coreano, que en castellano han titulado con el largo y complicade título de El día después de la ruptura (He-eo-jin Da-eum-nal), que venía bien valorado por el público (en Neflix, regulín en IMDb) y que sólo dura 8 episodios de unos 30 minutos. Poco cuesta el esfuerzo de verla. Veamos… es básicamente una versión coreana del día de la Marmota (Groundhog Day (Atrapado en el tiempo)), en el que un tipo se despierta todos los días siendo el 4 de octubre. Y es el único que recuerda qué ha pasado en los ciclos anteriores. En general, cada día la caga, todo va mal. Especialmente en lo relacionado en la que ha sido su novia en los últimos siete años. La serie va en ciclos de dos episodios. Es más bien como una serie de cuatro episodios de una hora. Y el interés va en ascenso, desde un inicio flojo, hasta el ciclo de dos episodios en el que nos cuentan la historia desde el punto de vista de la chica, proporcionándonos todas las claves para entender lo que pasa. La protagonista femenina es mucho mejor intérprete y el personaje se hace más interesante que el masculino. El caso es que a esas alturas han liado mucho la trama, y no saben como salir del follón en el que se han metido con el guion, desembocando en una conclusión poco brillante. Fallida después de todo, aunque un «original de Netflix».

Otra serie breve, que no aparece como «original de Netflix» pero está en esa línea, es una comedia romántica adolescente con tonos dramáticos, basada en una historieta. O manga para los japonofilos puristas. Se trata de Minami Kun no Koibito (Mi pequeño amor). Un niño y una niña, vecinos desde la infancia, crecieron siendo amigos inseparables. Pero al llegar a la adolescencia, los avatares familiares, especialmente los de él, los han separado, aunque ella se siente atraida por el chaval. Entrando en el terreno de la fantasía, tras una tormenta, la chica queda reducida al tamaño de una muñeca de 15 centímetros. Y será Minami quien la tendrá que cuidar y guardar el secreto hasta que encuentren una solución. Dentro de que es un producto para jovencitos, y sobretodo jovencitas, está hecho e interpretado con dignidad, con algún elemento argumental que tiene su interés, aunque no hay una explotación integral de la situación, que da mucho de sí. De hecho, la historieta en la que se basa debe ser mucho más rica en conceptos. Tomémoslo como una curiosidad, que nos permite conocer aspectos de la vida cotidiana de los nipones. Está muy valorada por el público, tanto en Netflix como en IMDb.

Entrando ya en el terreno de los adultos, me ha gustado bastante Hibana – Spark. La serie, en 10 episodios de entre 45 y 60 minutos, sigue la peripecia durante 10 años de un duo de manzai. Estos son duos cómicos, en los que uno de los participantes es el «serio» y el otro es el «destalentado». Los conocemos jovencitos e inexpertos y los acompañamos en su carrera. En paralelo, uno de ellos entabla amistad con un excéntrico cómico de otro duo de manzai, que le inspira, entablándose una peculiar relación. Aunque me costó entrar en la serie, puesto que las referencias culturales no eran muy asequibles, pronto empiezas a entender el lenguaje universal de la serie, que va planteando muchos temas sobre las relaciones humanas, sobre la despersonalización de la vida moderna, sobre el mundo de los cómicos, sobre la amistad, sobre la creatividad, sobre ser artista aunque modesto,… Los dos episodios finales llegan a tener diversos momentos emotivos, mezclando la comedia y el drama. Es curioso pero el público votante en Netflix la califica bajo mientras que en IMDb está muy bien considerada. Yo creo que es bastante buena. Recomendable, aunque no de fácil digestión, especialmente al principio.

Y terminaré con una serie simpática, Samurai Gourmet, también basada en una historieta, en la que acompañamos en 12 cortos episodios de unos 18 minutos a un señor japonés de 60 años, que tras toda una vida dedicada al trabajo en una empresa, donde ha llegado a ejecutivo, ahora se encuentra jubilado y sin saber muy bien qué hacer o como adaptarse a su vida. Casado con una simpática señora que tiene su vida absolutamente organizada y plena siendo ama de casa pero muy activa, tendrá que salir a conocer al mundo. Y lo hace… comiendo. Comiendo en distintos ambientes y lugares. Y como es un señor tímido y prudente, surge en sus fantasías un samurái que le da el valor para afrontar las dificultades… que normalmente se resuelven por sí mismas. Es muy simpática, como decía, y nos permite conocer las costumbres y el pensamiento de la sociedad japonesa, con sencillez y sin alaracas. Yo me lo he pasado muy bien con ella.

Como veis, algo se puede rascar. Por lo menos para intentar conocer otras culturas y otros mundos. Y salirnos de los caminos mil veces trillados.

[Televisión] Refugee; documental sobre cinco fotógrafos trabajando con refugiados

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El problema de los refugiados, personas desplazadas de sus hogares por motivos bélicos o políticos, también por causa de la pobreza o el hambre, ha sido una de las costantes de la historia del siglo XX y en estos principios del XXI, probablemente en escalas mucho más importantes que en otros tiempos de la historia, aunque los desplazamientos más o menos masivos de poblaciones se han registrado a lo largo de toda la historia.

Han sido muchos los fotógrafos que han trabajado y documentado el tema, creando imágenes que en muchas ocasiones se han considerado un icono de una época, un conflicto o una situación. La actual situación de conflictos en el mundo, especialmente, aunque no sólo, en el mundo islámico, sumado al reforzamiento de las derechas populistas, generalmente racistas o xenófobas, la crisis financiera de 2007/2008 cuyas consecuencias todavía se arrastran y otros factores han hecho que en los últimos años las noticias sobre los problemas de los refugiados encabecen con frecencia los programas de noticias de los medios de comunicación.

Para ilustrar la entrada de hoy, algunos lugares de la Europa actual, que hoy se muestran reticentes a la solidaridad con los refugiados y cuyas poblaciones lo fueron en su momento. En el encabezado, el cementerio de judío de Praga. Aquí, Potsdamer Platz en Berlín.

Recientemente se estrenó en la cadena de vídeo bajo demanda Netflix un corto documental, Refugee, de 23 minutos de duración, que se realizó con motivo de una exposición colectiva en The Annenberg Space for Photography en la ciudad de Los Ángeles, que se celebró entre el 23 de abril y el 21 de agosto de 2016.

Traduzco a continuación libremente la nota de prensa que se publicó con motivo de la misma, y que servirá para comentar el contenido del documental. El cortometraje sigue las andanzas de cinco fotógrafos de fama internacional que fueron encargados por la Fundación Annenberg para realizar fotografías de personas desplazadas en los cinco continentes de cara a la exposición que hemos mencionado.

Trincheras de la guerra civil española en la sierra de Alcubierre.

Lynsey Addario, de quien os hablé hace unos días a propósito de su libro autobiográfico, cubre los problemas de los musulmanes rohinyá, minoría religiosa desplazada de sus hogares en Birmania, país de mayoría budista. ¿No habíamos quedado que los budistas eran buena gente y muy pacíficos y tolerantes? ¿No es eso lo que nos vende el dalai lama?

Omar Victor Diop, fotógrafo de moda senegalés, ha fotografiado retratos de mujeres de la República Centroafricana que han huido con sus bebés al vecino Camerún.

La mejicana Graciela Iturbide, una de las más destacadas continuadoras de la excelente tradición de fotógrafos documentalistas de ese país, con obra en muchos de los museos de arte moderno más conocidos en el continente americano, ha documentado las familias de desplaciados internos de colompia, que huyen de la violencia de los conflictos con las guerrillas y con los cárteles de la droga.

Martin Schoeller, conocido por sus intensos retratos en primer plano de destacados líderes políticos y otras figuras destacadas del mundo de la cultura y de las artes, retrata a los refugiados reasentados recientemente en los Estados Unidos.

Y el británico Tom Stoddart sigue los pasos de los refugiados de Oriente Medio que a través de Turquía llegan a Europa a través de las islas griegas del Egeo, pasan por el infierno de los Balcanes, donde quedan frecuentamente en tierra de nadie, para finalmente llegar a Berlín.

Estación de ferrocarril de Budapest Keleti.

Como narradora actúa la actriz australiana Cate Blanchett, que entre otras actividades filantrópicas, desde 2016 es embajadora de buena volunta de ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados.

El documental, como ya he dicho antes, tiene una duración de sólo 23 minutos, en los cuales poco se puede profundizar en el tema. Y evidentemente tiene un tono complementario a unas fotografías de las cuales aparecen algunos ejemplos, pero que como conjunto expositivo suponemos más ricas. Pero nos da una idea, aunque sea somera, de la forma de trabajar de estos fotógrafos. Es además dinámico, y con imágenes que no dejan indiferente, aunque la imaginería del problema de los refugiados y poblaciones desplazadas en general haya empezado a saturar las sensibilidad, por otra parte lábiles, de la población privilegiada del mundo occidental. Que tampoco hace tantas décadas que sufrieron en sus propias carnes las sensaciones de ser refugiados. Por lo tanto, es un documental recomendable, tanto para el aficionado a la fotografía como al que no. Que nunca sobran este tipo de producciones.

Esta fotografía no es actual, es de la ciudad de Zagreb en 1993, en plena guerra de los Balcanes, donde las mujeres rezan en las capillas por sus hijos, hermanos o maridos en el frente o desaparecidos.

[Televisión] Cosas de series; diablos, infidelidades, tríos

Televisión

La semana pasada hubo entrada televisiva pero estuvo dedicada al documental. Así que en esta se han acumulado las series de ficción. Hay varias cosas que comentar.

He intentado ver una serie que apareció hace unos días por Netflix, Greenleaf, ya hace un tiempo que se emitió en algún otro sitio su primera temporada, pero no he podido con ella. A mitad de su segundo episodio me aburría como una ostra. El caso es que al principio parecía interesante…

Sigo viendo, los fines de semana, Misfits. Y cada vez me gusta más. Ya he terminado la segunda temporada, pero le dedicaré una entrada al conjunto de la serie cuando la termine.

Como lo británico tiene mucha presencia en la entrada de hoy, pasearemos por Londres, especialmente por localizaciones que tienen que ver, de una forma u otra, con la miniserie que comento más abajo.

Como lo británico tiene mucha presencia en la entrada de hoy, pasearemos por Londres, especialmente por localizaciones que tienen que ver, de una forma u otra, con la miniserie que comento más abajo.

Terminé de ver la primera parte de la segunda temporada de Lucifer. Es una de las pocas series de temporada larga que mantengo en cartelera. Unos guiones entretenidos y unos protagonistas con química y carisma hace que esta historia sobre el diablo que harto del infierno se viene a vivir a Los Ángeles, tenga su gracia. Moviéndose siempre con habilidad entre la comedia y el drama, lo policial y el romance que no acaba de enganchar. Creo que para mayo o así volverá con su tirón final.

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Otra serie cuya primera temporada ha recalado en Netflix un año después de su estreno ha sido You Me Her. Lo que comienza como las ganas de relanzar la vida en el dormitorio de un matrimonio cuyos cónyuges rondan los 40 años contratando una chica de compañía universitaria, muy mona ella. Pero ¿qué pasa si surge algo más que lo físico entre los tres? Muy pillado de los pelos, el argumento. Pero la serie es entretenida, especialmente cuando intervienen los diversos secundarios, muchos de ellos bastante pirados.

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Y si hace un par de semanas aproximadamente teníamos ocasión de seguir comprobando las consecuencias de las infidelidades en The Affair, con la miniserie británica de cuatro episodios Apple Tree Yard está indagación sobre las consecuencias de las canas al aire en los matrimonios aburridos lleva a consecuencias trágicas. El principal aliciente de esta corta producción televisiva son las interpretaciones, con Emily Watson y Ben Chaplin a la cabeza.

Mientras, si en Misfits los británicos le dan una vuelta al género de superhéroes, quizá la semana que viene os cuente cómo se la dan al género de los cazademonios…

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[Televisión] Cosas de series; entre el gore, los superpoderes y los engaños maritales

Televisión

Dos novedades, una de ellas muy relativa, y el final de una tercera temporada es lo que os traigo hoy en esta entrada seriéfila.

Misfits – Temporada 1ª

Esta serie británica tiene ya unos años, ya que se estrenó en el Reino Unido en 2009. Y ahora que la tengo a mano, y ya que las temporadas de series británicas son muy cortitas, he decidido darle una oportunidad ya que siempre cosechó buenas críticas.

El argumento es curioso. De alguna forma, se toma a cachondeo el concepto de los superhéroes de la Marvel, aunque la serie tiende a ser un drama,… o tiene un humor muy muy muy negro.

Un grupo de jóvenes inadaptados ingleses cumplen servicios comunitarios por distintas faltas penales. Y en estas están cuando una misteriosa tormenta les concede «superpoderes». Aunque en la mayor parte de los casos, más que servirles para convertirse en superhéroes lo que les hace es crearles más problemas que otras cosas. Imaginaos que si a Spiderman le pica la araña, se vuelve en un tipo mucho más pringado de lo que es. El momento final de esta primera temporada lleva el concepto a su extremo más cínico y macabro.

En fin, que está muy bien. Y que tiraré para adelante. Probablemente no comentaré cada temporada por separado. Me quedan cuatro, entre siete y ocho episodios cada una. La primera sólo tiene seis… por si acaso no gustaba, supongo.

Estos días atrás en mi blog de fotos de viajes (enlaces al final), han aparecido cosas como este hayedo en el Moncayo, Aragón (España), o el interior de la catedral de San Esteban en Viena (Austria) del encabezado.

Estos días atrás en mi blog de fotos de viajes (enlaces al final), han aparecido cosas como este hayedo en el Moncayo, Aragón (España), o el interior de la catedral de San Esteban en Viena (Austria) del encabezado.

Santa Clarita Diet – Temporada 1ª

Esta es una novedad de Netflix. Y está algún que otro escalón por debajo de la anterior, aunque comparte con ella cierto humor macabro. Y si la anterior le daba una vuelta al tema de los superpoderes, esta lo hace con el tema de los muertos vivientes, léase zombis.

En un matrimonio de agente inmobiliarios con una hija adolescente en la más convencional de las urbanizaciones residenciales norteamericanas en California, sucede un hecho inesperado. A Sheila Hammond (Drew Barrymore), tras una inmensa vomitona verde en la que expulsa una bola roja extraña, le cambia el apetito. Y tras un cierto tránsito… lo único que le apetece comer es carne cruda de ser humano. Y por cierto, deja de latirle el corazón y sufre algún pequeño desperfecto físico. Su marido, Joel (Timothy Olyphant), no sólo no se aterra (demasiado), sino que decide apoyarla. Y tras una cierta adaptación, lo mismo sucede con su hija Abby (Liv Hewson).

A partir de ahí… pues una comedia de situación con tonos gores, macabros y de humor negro. Que probablemente no pasará a la historia como la mejor de las series, pero entretiene. El que mejor, Olyphant, con mención especial para la chica adolescente.

También hemos tenido las murallas de la ciudad italiana de Orvieto...

También hemos tenido las murallas de la ciudad italiana de Orvieto…

The Affair – Temporada 3ª

 

No debían tener muy claro que esta premiada serie fuera a seguir después de esta su tercera temporada, porque las cosas quedan relativamente cerradas… siempre y cuando tengamos en cuenta que la vida sigue.

Sinceramente, no ha estado a la altura de las anteriores, aunque sigue siendo una serie muy interesante. El recurso argumental de las diversas versiones de los mismos hechos ya no sorprende tanto. Y además, con hasta cinco puntos de vista distintos y una variedad de escenarios, la cosa exige más atención. El quinto punto de vista es el de la francesa profesora de universidad Juliette Le Gall (Irène Jacob), que se convierte en la nueva adquisición en este ya quinteto de interrelaciones. Me refiero a las principales… porque hay más.

En cualquier caso, el descenso a los infiernos de los protagonistas ha continuado, con momentos muy intensos, especialmente para el exmatrimonio Noah (Dominic West) – Hellen (Maura Tierney). El otro ha quedado más desdibujado, aunque ha tenido sus momentos también. West sigue siendo el principal protagonista, y su arco argumental hubiera sido muy interesante… sino fuera porque era previsible, ya hemos visto situaciones similares en otras producciones. Y Tierney, que siempre me ha gustado bastante, ha ido cogiendo protagonismo desde su primera temporada.

Como digo, pareciera que no confiaban en renovar. Pero parece que se ha confirmado una cuarta temporada, que no sé muy bien por dónde tirará. Porque de alguna forma tendrán que renovar tramas. Siempre recomendable.

... o los paisajes de los Pirineos en verano, Aragón (España).

… o los paisajes de los Pirineos en verano, Aragón (España).

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

[Televisión] Cosas de series; Gallaghers y seres mecánicos contra el mundo

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Llevo un cierto retraso a la hora de comentar las temporadas de series que voy cerrando completas. Y encima no dispongo de mucho tiempo. Así que iré al grano.

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«Humans» está rodado en Inglaterra, y aunque creo que las localizaciones son próximas a Londres o en el Gran Londres, no se pasean por lo sitios típicos. Fotográficamente aprovecharé para pasear por las provincias, o mejor dicho condados, inglesa. ¿Qué tal por el condado de Somerset?

Durante el mes de enero me merendé la séptima temporada de la versión norteamericana de Shameless, en la que para empezar teníamos curiosidad por ver qué tal le había ido a Frank (William H. Macy) tras su fría sumersión en las aguas que alimentan el lago Michigan. No es que haya que hacer mucho esfuerzo por decir lo que supone esta comedia gamberra con toques de drama, que eventualmente rozan la tragedia, en la que una peculiar familia de origen irlandés en los barrios del sur de Chicago tratan de sobrevivir, casi siempre con medios poco ortodoxos. Yo me lo paso bastante bien, y por una vez, quizá sin que sirva de precedente, el viaje de los Gallagher, aunque lleno de baches ocasionalmente dolorosos, no ha terminado demasiado mal. No os cuento más. Simplemente es una serie que hay que ver.

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Por otro lado, desde el otro lado del charco, del charco grande me refiero, no del lago Michigan, desde el Reino Unido, nos ha llegado la segunda temporada de Humans. Recordamos que se trata de una adaptación británica de la serie sueca Äkta människor, que ya comenté de forma detallada en una entrada televisiva dedicada a las singularidades tecnológicas. Es decir, al de las máquinas que son capaces de pensar o actuar racionalmente, de forma análoga a los seres humanos. Si las dos primeras temporadas de las versiones sueca y británica eran muy similares, en la segunda ya hay una clara divergencia argumental. Los británicos han tirado por su cuenta, planteando la posibilidad de una emergencia global de la inteligencia artificial y las consecuencias que ello traería. Razonablemente bien, aunque menos que la primera, y con menos descarada frescura que la versión sueca. Y con varios, paradójicamente, deus ex machina, que es un recurso argumental que me gusta más bien poquito. Pero no está mal, se deja ver bastante bien, e incluye alguna interpretación de buen nivel. A por ella.

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[Televisión] Cosas de series; lo más «british» de lo «bristish»

Televisión

¿Qué puede haber más británico que las aventuras de Sherlock Holmes y la reina de Inglaterra? ¿A alguien se le ocurre algo? «Objetos» incorporados en la cultura popular no ya del Reino Unido sino de todo el mundo, vendidos mil veces en sus diversas versiones y a través de miles de variantes de mercaderías, generalmente con la Union Jack como tercer gran símbolo, la logomarca que vende el concepto de lo británico. Y ambos «objetos» han sido recientemente objeto de translación a la ficción televisiva.

Carlos Carreter

Os traigo acompañando la entrada algunas de las escenas más típicamente londinenses que he podido encontrar; de un viaje a la capital británica en diciembre de 1994. Pentax P30N, un par o tres de focales fijas y película Ektachrome… la que ahora dicen que quieren resucitar los de Kodak…

Si Downton Abbey se configuró durante unos años en un fenómeno televisivo internacional a costa de vendernos un culebrón de relumbrón, ahora las televisiones están atacando a sus reinas favoritas o menos favoritas. Estos meses atrás ya tuvimos la ocasión de ver cómo nos vendían la juventud de la reina Victoria, una señora que hasta hace unos años, la cosa cambió con una película que pasó con cierta discreción por las carteleras, daba la impresión de haber sido siempre mayor, grandona y sin ningún sentido del humor. Ahora nos quieren vender a una joven menuda, pizpireta, romántica, enamoradiza y sonriente… ¿Están en campaña de imagen los británicos, buscando renovar su imagen? Justo ahora que con su «brexit» están desempolvando lo más rancio y apolillado de su naturaleza «patria».

Carlos Carreter

Es cierto que con su más famoso detective, de ficción, que algunos parecen que ya confunden lo que es real con lo que no lo es, ya habían iniciado hace unos años una operación de renovación, Sherlock, en la que el doctor Watson no escribe libros sino que es un bloguero, y las pistas para el televidente se suministran a base de mensajes de texto a través del móvil. Cierto es que esta serie fue recibida con entusiasmo. Pequeñas temporadas de tres largometrajes de 90 minutos en las que se recrean alguna de las más famosas aventuras del detective creado por Arthur Conan Doyle, o se inventan nuevas aventuras, más o menos en consonancia con el carácter del personaje, convenientemente actualizadas. Una combinación de saber hacer del equipo de guionistas, bastante tramposos, pero habilidosamente tramposos para hacernos tragar con gusto las marrullerías de los guiones, más dos protagonistas en estado de gracia y que se complementan perfectamente, dos de los mejores intérpretes británicos de la actualidad, consiguen hacer de esta serie un «must» del aficionado a la ficción televisiva.

1994, Londres, Inglaterra. Cuaderno de ruta: carloscarreter.com Paisajes sin figura: paisajessinfigura.wordpress.com Seguir en Twitter Los comentarios son bienvenidos. Los iconos llamativos, las animaciones chillonas y otras cosas de este tipo, no. Molestan y distraen la atención de lo importante; las fotos.

La cuarta temporada no ha cambiado gran cosa el panorama de las anteriores. Emitida ahora en combinación entre la BBC y Netflix, la distribución internacional está garantizada de forma inmediata en una jugada redonda para ambas entidades, rompiendo además con inteligencia el círculo vicioso de las descargas ilegales a un precio más que razonable. Como en las anteriores temporadas, hemos tenido momentos mejores y peores. En mi opinión dos episodios iniciales muy buenos, y un tercero, el de la hermana, más discutible. Pero como decía, obligatoria para el aficionado.

Carlos Carreter

Y la otra producción que traigo aquí también tiene que ver con la monarquía británica. Lo cierto es que ya hace unos meses que Netflix puso a disposición del público The Crown, una producción de época cuya primera temporada ha versado sobre los primeros años del reinado de Isabel II de Inglaterra, en la primera mitad de la década de los 50 del siglo XX. De entrada, no me interesó. Los Windsor me parecen y me han parecido siempre una panda de siesos de mucho cuidado, absolutos impresentables que me hacen plantearme que algo va mal en la mente de los británicos para no haberlos botado hace tiempo. Entiendo desde luego, que la monarquía británica forma parte del negocio. Y al fin y al cabo, la reina de Inglaterra es una de las principales terratenientes del país. Es decir, buena parte del país es literalmente suyo. Con estos antecedentes, no me atrajo la serie. Lo que pasa es que con posterioridad se han mostrado unas críticas buenísimas hacia esta producción propia de la cadena de vídeo bajo demanda, llegando al extremo de conseguir un éxito notable en los Globos de Oro recientemente concedidos, en los que resultó premiada como mejor serie dramática. Una recién llegada aupándose por encima de muchos pesos pesados con trayectoria.

Carlos Carreter

«Aprovechando» mi síndrome gripal o pseudogripal de hace unos días me la vi de tirón. Y puedo confirmar una cosa. Los Windsor son efectivamente un panda de siesos impresentables de mucho cuidado,… pero la serie es buenísima. Esta hecha con un tremendo esmero, los guiones son fenomenales, y las interpretaciones de primer nivel. Simplemente por ver el capítulo de John Lithgow como Winston Churchill interaccionando con Stephen Dillane en su papel del pintor modernista Graham Sutherland. De hecho… la serie es más interesante por el retrato que hace del viejo Churchill, un tipo que tuvo la suerte de que una atroz guerra mundial hiciera que pasase a la historia como una figura destacada, en lugar que como un político que cometió nos pocos errores, y que estaba mucho más cerca del fascismo que decía combatir de lo que él mismo podía reconocer.

Como dígo la serie es muy notable. De una calidad elevadísima. Aunque eso sí, no cambiará la percepción que de los personajes uno pueda tener. Al que le caigan simpáticos los Windsor, le seguirán cayendo bien. Quien opine que son unos pelmas… se mantendrá en su opinión también. Que anda que vaya panda de maulas que están hechos.

Carlos Carreter

[Televisión] Cosas de series; fantasías y monstruos, en la tierra y en las estrellas

Televisión

Con este fin de semana que llevo de no poder salir de casa por culpa de un Malvirus febrilis (a todos que me acusáis de tener la gripe, no es algo que se pueda asegurar, estoy vacunado, y conociéndome, no me lo parece; en estas fechas hay muchos otros bichos que te hacen estar malito), estoy viendo episodios de series de televisión por un tubo. Largometrajes no. Los episodios de las series duran menos, en caso de desgana. Tal es la cuestión, que estoy casi seguro de que en los próximos días, podría escribir un par más de entradas seriéfilas. En fin… iré espaciándolas para no cansar con el tema.

Pero esta sí que toca. Por aquí voy a hablar de algunas series que han ocupado los momentos intrascendentes del periodo navideño y del fin de año. Esas series que no te hacen pensar mucho, entretienen… esas cosas. Pero en esta ocasión he decidido arriesgar un poco, conociendo otro mundo.

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Como es lógico, me voy fotográficamente a Japón… donde sinceramente, hay de todo… y para todos los gustos, por raros que sean.

Ese mundo es el de la animación japonesa, versión televisiva. Sinceramente, he probado varias y la mayor parte de ellas no han pasado del primer episodio. Pero ha habido dos que han llegado hasta el final. En cada una de ellas hablamos de entre 10 y 12 episodios de 20 minutos cada uno. La verdad es que ven en un momento. Al final te quedas con la idea general de que lo que cuentan no da para más allá de la duración de un largometraje de dos horas.

Uno de ellos es Sidonia no Kishi (シドニアの騎士, Caballeros de Sidonia) y es una «space opera», género que algunos sabréis que me gusta bastante tanto en cine, como en televisión, como en literatura de ciencia ficción. Plantea un futuro en el que la vida en la Tierra ha desaparecido por el ataque de una raza de monstruos alienígenas, y no consta que la especie humana exista fuera de una nave refugio, «Sidonia», de carácter gigantesco, donde se han adaptado a vivir transitando por el espacio. Y desde la que se defienden de los gauna, estos terribles monstruos. Como la serie es japonesa, juegan con la idea de que se trata de la nave refugio que trataba de conservar la cultura nipona. Claro. Es tremendamente fantasiosa y melodramática, y pretende ofrecer abundante espectacularidad, y un cierto tono de seriedad, aunque tenga algún momento de relajo cómico. Pocos.

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El otro es Nanatsu no taizai (七つの大罪, Los siete pecados capitales) y nos lleva a una versión mágica de uno de los reinos de Britannia (si, bueno, parecido), llamado Liones. Una serie de caballeros mágicos proscritos tendrán que pelear para devolver la paz y restaurar en el trono al rey, teniendo en contra al resto de los caballeros mágicos y una buena porción de monstruos y demonios. Es menos intensa, más humorística, más pícara también (tendrías que ver los atuendos de la «princesa», lo sobón que es el protagonista, y especialmente en lo que han transformado a Merlín el Mago, en este caso la Maga), tiene en general un tono más de divertimento.

Por lo que he visto, al menos en Netflix que es donde las he buscado, la ficción para adultos no se da. Y para adultos no quiero decir pornográfica, quiero decir con temas adultos. Estas dos series están dedicadas claramente al público adolescente masculino. Y ambas tienen tonos muy distintos, que ya he comentado, pero características similares. Personajes que, salvo casos puntuales, tienen un aspecto muy juvenil, especialmente los femeninos que son muy aniñados, aunque al mismo tiempo suelen estar hipersexualizados. No me voy a dar de entendido sobre cultura japonesa, ni de lejos. Pero por lo que he podido ver allí o desde aquí, a esta gente le pasa algo raro con su sexualidad, algo que dado que tiene que ver con su afición a las colegialas o a las chicas con aspecto de colegialas, me parece un poco grimoso. De todas formas, ambas son entretenidas, y la segunda, la de la «Britanni» mágica, muy divertida en ocasiones.

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También me he visto los diez episodios de una serie con personajes de carne y hueso, perteneciente asimismo al género fantástica. En realidad, hace ya tiempo vi los dos primeros capítulos que no me parecieron gran cosa. Se trata de The Shannara Chronicles (Las crónicas de Shannara). Nuevamente perteneciente al género medieval fantástico, aunque con tono apocalíptico, ya que sitúa la acción en un futuro indefinido en el que la civilización humana, la nuestra, se ha destruido, y de hay han surgido las estirpes de los elfos, los trolls, los gnomos y los hombres… Vamos, los sospechosos habituales en este tipo de cosas, siguiendo la línea que marcó Tolkien basándose en las antiguas sagas nórdicas y célticas. El problema es que la historia es en realidad una cagarriña… unos que van y vuelven a un sitio, para que al final pase lo que tenía que pasar si no se hubieran movido del lugar, y con menos esfuerzo. Una melonada de tomo y lomo vista en su conjunto. Y esto sin hablar de la lamentable calidad del reparto, donde predominan un grupo de jóvenes a los que les hacen comportarse como adolescentes de instituto vestidos para una fiesta de disfraces con la Tierra Media como tema. Sí, hay una españolita por ahí, que se dio a conocer hace unos años en una película notable, pero Ivana Baquero no levanta la media. Supongo que ganará más dinero que por aquí, pero no creo que aumente su prestigio como intérprete. Nop. Serie absolutamente prescindible y lamentable. Y si he visto toda su primera temporada es por dos motivos… porque es corta,… y porque puede ser un «guilty pleasure».

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[Televisión] Cosas de series; entre nazis, japoneses y cazurros del sur profundo de los EE.UU.

Televisión

Dos series traigo hoy a comentario. Y dos de las buenas. Una que se nos ha despedido. Y otra que a la que al menos queda otra temporada. Es posible que no más… Posiblemente, da para un tercer acto, pero a veces es bueno saber cómo cerrar bien y a tiempo una historia. Empecemos por esta.

The Man in the High Castle (temporada 2ª)

Esta serie basada en una novela de Philip K. Dick, que tuve ocasión de leer hace unos meses, fue uno de los hallazgos de la navidades de 2015. Una ucronía sobre qué podría haber sucedido en el caso de que las potencias del eje hubiesen ganado la Segunda Guerra Mundial y se hubiesen repartido el mundo en áreas de influencia. Europa, África y la costa atlántica de las Américas para el Reich alemán, Asia y el Pacífico, incluido la costa este de las Américas, para el Imperio del Sol Naciente.

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Entre las localizaciones más importantes de la ucronía que presento hoy están Berlín, Nueva York y… una San Francisco ocupada por los nipones. A falta de esta última, unas vistas de los parques y santuarios de la ancestral ciudad de Nara en Japón.

La historia, tanto en la novela, como sobretodo, poco a poco, en la serie de televisión. Tiene dos vertientes. Por un lado, la especulación política sobre lo que podría ser el estado del mundo a principios de los años sesenta, quince años después del final de la guerra. Y con una nueva guerra entre las dos potencias en ciernes, cuestión que explora especialmente esta segunda temporada de la serie televisiva. Por otro lado, especula con el concepto de realidades alternativas que discurren en paralelo. En este caso, nuestro universo con la historia como la conocemos, y la del universo alternativo, la de la historia como nos la presentan en la ficción. Con puntos de contacto entre ambas realidades. Muy interesante. Y bien manejado como dispositivo argumental que mueve a los personajes, o los condiciona.

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Y por supuesto, como toda buena ficción especulativa, lo importante son los personajes, ya que no deja de ser una exploración de la humanidad, y de lo que tiene de noble o lo que tiene de vil. Sin maniqueísmos. Aunque el personaje clave alrededor del cual giran los acontecimientos es Juliana Crane, una muy solvente Alexa Davalos, aunque estaba mejor en la primera temporada, el que resulta realmente apasionante es el Obergruppenführer John Smith, con la sobresaliente interpretación de Rufus Sewell, un ambivalente personaje en el que reconocemos la maldad de los totalitarismos fascistas y policiales (hoy en día camuflados bajo el paraguas de las derechas nacionalistas populistas, que tanto tirón están adquiriendo en diversos países), pero que al mismo tiempo se ve empujado por las circunstancias a actuar en un sentido que al final resulta aparentemente ético. O con consecuencias positivas para el mundo. Estas sutilezas me encantan. Mi reconocimiento también a los personajes e intérpretes Inspector Kido (Joel de la Fuente) y Ministro de Comercio Tagomi (Cary-Hiroyuki Tagawa).

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He disfrutado mucho también con esta segunda temporada que no puedo dejar de recomendar. Desde luego.

Rectify (temporada 4ª y final)

Cuatro temporadas, con treinta episodios, han sido precisas para desarrollar esta historia sobre un recluso que, tras diecinueve años en el corredor de la muerte, acusado del asesinato y violación de un joven de su edad al final de su adolescencia, es liberado porque una muestra de ADN pone en duda la autoría del hecho. Y juega durante una parte de la serie con la duda de si es el autor o no.

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Pero la serie, localizada en una pequeña población del estado de Georgia, en el sur de los Estados Unidos, es una disección de una sociedad aparentemente conservadora, moral y religiosa, pero en el fondo podrida por la hipocresía y los secretos. Y al mismo tiempo, una reivindicación de la familia como entorno de soporte y de tolerancia cuando las cosas pintan mal.

La cuarta temporada me ha parecido muy complaciente. Existían otros finales u otros derroteros por los que podría haber circulado la historia, más oscuros, dramáticos e incluso trágicos. Pero no por ello ha dejado de ser emotiva. Porque como digo, al mismo tiempo que denuncia, es una serie que propone valores. Y finalmente, esperanza. Esperemos que no peque de optimista.

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Mencionar todos los intérpretes que lo hacen de sobresaliente en esta serie, empezando por el protagonista, Daniel Holden (Aden Young), sería absolutamente prolijo y aburrido. Leeros el reparto en IMDb y sabréis quienes son. Pero ya puedo decir que esta serie, absolutamente excelente, es una afortunada combinación de un trabajo conceptual y de escritura de guion concienzuda y bien hecha, con unas interpretaciones de primer nivel.

Para cualquier seriéfilo,… para cualquier cinéfilo,… es obligatoria. Los «palomiteros» que busquen en otro lado, salvo que busquen la redención como espectadores.

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[Televisión] Cosas de series; especiales de Navidad (o no de Navidad)

Televisión

Durante las fiestas navideñas o de fin de año, que cada uno las vea según su perspectiva personal de la vida, las producciones televisivas se modifican, la programación cambia. Es cierto que con las nuevas plataformas de vídeo bajo demanda, uno ve lo que quiere. Pero hay cambios en el panorama televisivo siempre, más acusadas en las plataformas de televisión más tradicionales. Uno de los elementos que aparecen son los especiales navideños, especialmente frecuentes en la televisión británica. Los americanos son más proclives a dedicar la despedida por la temporada festiva a esta época, pero emiten sus episodios una, dos o tres semanas antes de la misma. Y en otras televisiones de otros países… no tengo muy claro lo que pasa.

En este año he visto cuatro especiales. Que merezcan el calificativo de navideños… depende. Unos claramente que sí, pero otros, dedicidamente, no. Vamos con ellos, aunque sea rápidamente.

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Este última entrega especial de Doctor Who tiene como escenario Nueva York… cada vez se quieren vender más en los EE.UU. Pero con frecuencia se han rodado los episodios normales de la serie en Gales. Y por eso acompaño la entrada de algunos paisajes del norte de ese país británico.

Doctor Who – The Return of Doctor Mysterio

Este es uno de los más tradicionales de la televisión británica. Incluso se emite en años en los que, como en este, no ha habido temporada convencional. Y tiene un carácter muy, muy, muy navideño. Suelen aparecer niños… y esas cosas. Algunos pensábamos que en esta ocasión igual servía para presentar a la nueva compañera del Doctor… pero no. A cambio hemos tenido una parodia/homenaje a Superman. Hecha con amabilidad, con unos malvados invasores alienígenas, como de costumbre, como amenaza, y con romance incluido. También hay un niño. O dos. Pero uno de ellos se hace mayor… y se enamora de la madre del otro. Simpático. Entretenido, este especial. Pero sin nada más de especial que el hecho de que esté realizado de encargo para estas fechas. Ha habido otros especiales navideños del doctor mucho más especiales.

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Call the Midwife – Christmas Special

Uno de los problemas de esta serie es que pasó de ser una serie sobre las comadronas del National Health Service en el East End londinense, un recuerdo de un avance social importante del estado de bienestar en la posguerra mundial, alrededor de las memorias de una de ella, a ser la narración de lo que pasa en una comunidad religiosa de monjas, donde también prestan cuidados sanitarios. Este año, incluso se van de misioneros durante unas semanas a Sudáfrica. Ya la pérdida de su protagonista inicial supuso un cierto hándicap… por lo menos desde mi punto de vista. Ningún otro personaje ha recogido el protagonismo, aunque dieramos por sentada la coralidad de la serie. Pero esta deriva ñoña, conservadora y religiosa ha llegado a unos extremos que hace que para mí este sea el punto final de la serie. Aunque en IMDb hablan de su continuidad hasta 2020… Con este tono, no seré yo quien lo compruebe.

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Garfunkel and Oates – Trying to be Special

Las comediantes norteamericanas Riki Lindhome y Kate Micucci forma un duo musical satírico conocido como Garfunkel & Oates. Con un estilo de canciones de lo que en los EE.UU. llaman folk, pero llenas de referencias irreverentes y sexuales. Son bastante divertidas. E irreverentes. Me gustan. Hace unos años hicieron un piloto para una serie en una cadena de cable norteamericana que llevaría el mismo nombre que el dúo. Pero no llegó a cuajar en una serie, que venía a definirse como «Glee, pero con pollas«. Y todo el resto de los genitales y caracteres sexuales primarios y secundarios de ambos sexos. Lamenté que no siguiera adelante.

Ahora han estrenado en Netflix un especial que va sobre una actuación en la que tratan de recaudar dinero… para hacer un especial. Básicamente es la grabación de una actuación del dúo, con una introducción y una conclusión «dramatizadas» de la situaciones. No es especialmente navideño, aunque se haya presentado en estas fechas. No es nada navideño. Afortunadamente. Pero es muy divertido.

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Sense8 – A Christmas Special

Sense8 (léase «senseit», homófona con la palabra inglesa «sensate«) fue uno de los platos fuertes de 2015 para el impulso de la plataforma de vídeo bajo demanda de Netflix. Producida por los/las hermanas Wachowski (en el tiempo que ha pasado desde que se emitió la que quedaba en estado masculino ha pasado a su estado femenino, por lo que a partir de ahora los Wachowski pasan a ser las Wachowski), y parcialmente dirigida por ellas también, tiene muchas de las características de estas directoras. Reivindicación de la diversidad sexual, un reparto con abundancia de diversidad racial y cultural, no pocos toques ciencia ficción, y mucha riqueza visual. Es curioso… la película que más me gusta de las Wachowski, entonces los Wachowski, sólo tiene uno de estos elementos. La reivindicación de la diversidad sexual.

Su primera temporada me entretuvo, me interesó, aunque no me entusiasmó enormemente. Su idea de partida y su trama tiene suficiente material para construir una serie interesante, pero su desarrollo fue algo irregular. Las producciones de las Wachowski, peca del exceso visual, que a veces viene bien, pero a veces cansa; a veces asombre y estimula, y otras te da la sensación de estar en una especie de espectáculo Viva la gente (Up with People, en el original) o anuncio de Coca-Cola de principios de los años 70, pero en la segunda década del siglo XXI. Y esto no es un halago. Afortunadamente, de vez en cuando se ponen cañeros, demos gracias a Sub Bak (Doona Bae) especialmente por ello, entran en acción y empieza la diversión.

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Pero aquí viene otro de los inconvenientes de la serie. De los ocho «sensates», no todos son igual de interesantes. Y no todos están interpretados con la misma solvencia. Si he nombrado a la actriz coreana es porque es una de mis favoritos… no mencionaré a los que me parecen que sobran. Sobre todo por si alguien siente mancillado el orgullo nacional (pero mira que es mal actor este chico). O no mencionaré a los personajes que mandaría a tomar por el saco, y los cambiaría por algunos secundarios de la serie mucho más interesantes y mejor interpretados. Yo querría más de la ex del Doctor (Freema Agyeman), por poner un ejemplo, y sobretodo, más de los malos… que el taimado Mr. Whispers (Terrence Mann) merece mucha más presencia que sus principales antagonistas.

Por motivos que desconozco, en 2016 no ha aparecido la muy esperada segunda temporada de los «sensates». Parece que viene esta primavera. Pero se han marcado un especial navideño en el que nos resumen lo que les pasa durante una añito, más o menos, celebración navideña incluida. Y que ha servido para aplacar la angustia de la deprivación a los más adictos. Nada nuevo bajo el sol. Una historia que bien contada no daba para más de 40 o 45 minutos, estirada hasta las dos horas largas con el fin de añadir a lo esencial de la misma tanto los delirios pastilleros o como los buenismos de sus responsables. Pero se deja ver. Sí. Hay una escena de sexo orgiástico. Pero de verdad… no es para tanto.

Eso sí, el público votante en IMDb está «encantadísimo». Pues nada ¡¡¡Viva la gente!!!, digo… ¡¡¡Vivan los Sense8!!!

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[Televisión] Cosas de series; entre músicos, ángeles y familias ruidosas

Televisión

Con la llegada de las navidades he terminado de ver con unos días de diferencia dos temporadas de series ya conocidas y la primera temporada de una serie presentada por sorpresa y que ha producido bastante revuelo. Aunque no opiniones unánimes.

Hace unos días Amazon anunció que ponía a disposición de sus clientes Premium el servicio Prime Video. Los clientes Premium son aquellos que pagan una cierta cantidad de dinero al año, que no llega a 20 euros, y a cambio reciben sus compras sin gastos de envío, además de otra serie de ventajas, como espacio ilimitado de almacenamiento para sus fotografías. Ahora se suma sus servicio de vídeo bajo demanda. Para mí, de momento tiene dos inconvenientes. No se puede ver en la televisión usando el Chromecast, se pueden usar otros dispositivos más caros o inconvenientes, pero no el chisme de Google. El segundo es que, supongo que por acuerdos previos de derechos de emisión, en España, sus mejores series no están al día. Y aunque la oferta es inferior a otras plataformas, hay algunas muy, muy interesantes que hemos ido comentando por aquí.

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Hoy haremos como los protagonistas de Mozart in the Jungle; nos iremos a Venecia. De las cuatro veces que he visitado a la capital de la Serenissima Repubblica, he escogido algunas diapositivas del primer viaje, en 1993.

Por ejemplo, Mozart in the Jungle, que recientemente ha emitido su tercera temporada. Las aventuras de una ficticia orquesta sinfónica neoyorquina con el estrambótico director Rodrigo de Sousa (Gael García Bernal) al frente, con sus devaneos con la guapa y simpática oboísta Hailey «Hai Lai» (Lola Kirke) y un conjunto de secundarios que nos deleitan notablemente. En tono principalmente de comedia, pero con notable elegancia, es muy disfrutable. Su tercera temporada ha tenido dos partes, una primera con Rodrigo en Venecia y con La Fiamma (Monica Bellucci, que no se suele prodigar en papeles de comedia), una fogosa soprano como artista invitada. La segunda en Nueva York más centrada en los avatares de los músicos. Fenomenal el episodio rodado en la prisión con música de Olivier Messiaen. Para mí es un fijo de la época navideña mientras dure.

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Mientras, Netflix ha puesto a disposición de sus abonados la segunda temporada de Fuller House, «spin off» de Full House, comedia de gran éxito en los años noventa que en España se pudo ver en el difunto Canal Plus como «Padres forzosos». A mí, las comedias estas rodadas con público, con múltiples cámaras y con parones para que el público se ría o celebre las apariciones de sus personajes favoritos me resultan casposillas. Y sinceramente, me parece muy floja. Pero mira tú que este año ha sido la serie más vista por los USAmericanos, y especialmente por los segmentos demográficos que más gustan a los productores, los jóvenes. No especialmente recomendable salvo para incondicionales de las comedias familiares más cursis y trasnochadas.

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Y luego ha estado la gran sorpresa de Netflix. Sin previo anuncio ni promoción, apareció The OA. Parece ser que es de mal tono desvelar qué significa OA, así que me lo callaré. Serie que pretende ser de ciencia ficción, aunque tome elementos claramente procedentes de la ficción paranormal o pseudorreligiosa. Protagonizada por Brit Marling, que hace de chica ciega que desaparece y reaparece siete años más tarde capaz de ver, y que según ella ha sido secuestrada y retenida por científico en búsqueda de la demostración de que hay vida detrás de la vida. Bueno,… todo esto lo exponen de forma bastante más complicada. La serie está creada por la propia Marling y por Zal Batmanglij, que ya tienen colaboraciones previas, que no me convencieron en exceso. Buscan mundos propios, más o menos extraños y misteriosos. Esta serie, hay quien la ha odiado, hay quien la ha adorado. A mí,… me ha dejado un tanto frío. Como productos anteriores de sus creadores. Si hay segunda temporada, que supongo que llegará también por sorpresa, me lo pensaré antes de verla.

Y dentro de unos días, hablaré de los especiales navideños.

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