Tras visitar el entretenido ayuntamiento de la ciudad, y siguiendo las informaciones que tenía sobre horarios de distintos centros o monumentos, me dirijo hacia lo que es el centro de la vida social moderna de la ciudad de Estocolmo. Sergels Torg, o sea, la plaza Sergel. Y es todo muy feo. Edificio cuadradotes, mucho cemento y cristal, pero no especialmente puesto con gracia. Me sorprende que una ciudad no especialmente baqueteada por las guerras, dada la tradicional neutralidad sueca desde hace un tiempo, no conserve más gracia en sus construcciones.
El caso es que me dirijo al Kulturhuset, en la misma plaza, que me habían recomendado como interesante. Un centro cultural con muchas amenidades. Pero está cerrado salvo un par de plantas y la cafetería de la terraza. Yo sé que los lunes suele ser día de cierre en muchos museos, monumentos y otras instituciones culturales en toda Europa, pero mis informaciones previas no hablaban de que estuviera cerrado. Lo mismo me sucede después cuando me dirijo al Moderna Museet (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo). Así que me doy una vuelta por las bonitas islitas de Kastellholmen y Skepsholmen, y como algo en el af Chapman mientras con una guía mejor reorganizo mi visita a la ciudad.

Sergels Torg, con sus filas de bancos mirando al sur para permitir a los suecos tomar su escaso y valioso sol.





