[TV] Cosas de series; la corona y otras cosas antes de la crisis navideña

Televisión

Sip. Para Navidad suelo entrar en una crisis televisiva, en la que casi nada me apetece o me engancha. Y ya lo estoy notando. De hecho, esta semana he empezado a aprovechar para ver largometrajes en las plataformas interneteras que tenía pendiente. Ayer fue una de dibujos animados. Ya veremos hoy. Alguna serie maja estoy viendo eso sí. Ya llegará el momento de hablar de ellas.

Este año hemos tenido bastantes dosis de paisajes escoceses en The Crown, así que al norte de la Gran Bretaña nos iremos.

De la que ya no hablaré es de uno de los últimos estrenos de campanillas de Netflix de fabricación nacional, El desorden que dejas. Cuando llevaba 10 minutos del cuarto episodio me pregunté a mi mismo porqué estaba viendo una historia tan mal llevada, poco interesante y más inverosímil que Luke Skywalker redivivo, y tan mal interpretada, y lo cerré para no volver a abrirlo nunca. ¿Por qué interpretes españoles que funcionan bien en la gran pantalla lo hacen tan mal en la pequeña? Entre otras cosas… claro.

Mucho más satisfactoria, incomparablemente más satisfactoria, ha sido la cuarta temporada de The Crown. Y eso que no ha habido un episodio específico de esos que dices «de antología». Pero la calidad de la serie, en general, se mantiene. En esta ocasión el interés ha venido alimentado además por las protestas de sectores gubernamentales británicos. Y es que nos vamos acercando a momentos que más gente tiene frescos en la memoria. Y que a los tories les toquen a Maggie (Gillian Anderson), y no presentando precisamente una faz agradable, les debe de fastidiar bastante. Especialmente viendo las mediocridades con las que torean ultimamente. A ver… todos dábamos por sentado que lo que vemos es especulativo. No están documentada para la posteridad las conversaciones privadas de los personajes históricos que se muestran. Pero eso no resta valor dramático a la serie. Luego que cada cual se estudie la historia donde convenga.

Finalmente, algo que no sé si denominarlos guilty pleasure, o si es algo todavía peor que eso. Nos recomendaban hace poco varias expresiones en castellano para esta expresión en inglés, y la que más me convencía era la de placer inconfesable. Mejor que placer culpable. En algun lugar de internet de cuyo nombre no quiero acordarme, recomendaban una serie de acción de Amazon Prime Video titulada Motherland: Fort Salem. Me puse a verla y resultó ser delirante en su planteamiento y puesta en escena y… delirantemente mala. Las brujas de Salem no fueron quemadas, firmaron un acuerdo con las colonias británicas en norteamerica, y acabaron siendo el ejército de los Estados Unidos. Y vemos cómo les va a unas reclutas en la academia militar. Absolutamente delirante. Pero no conseguí dejar de verla. No. No la recomiendo. Ni a mi peor enemigo. Pero ¿qué te apuestas a que me meriendo la segunda temporada si no la cancelan, que es lo que se merece? Por qué el público votante en IMDb le da más de un 7 de puntuación media sobre 10… eso forma parte de los misterios de Fátima, probablemente. Una cosa es engancharte a un bodrio y otra no ser consciente de que es un bodrio.

Las próximas semanas nos iremos a extremo oriente. Aunque en algún momento hablaré de lo bien que me lo paso con el Mangurriano, beibi Yoda y otras ranas espaciales. Mandaloriano, quería decir.

[TV] Cosas de series; comedia navideña, monstruos góticos y un corto de animación

Televisión

Sigo llevando un cierto retraso en mi comentario de series televisivas. Hoy voy con una serie de producciones, vistas más por curiosidad que por genuino interés. Con consecuencias diversas. Alguna de estas series hace prácticamente dos semanas que las vi.

Paseo por Londres, dedicado a todas las variantes del monstruo de Frankenstein que los dos últimos siglos se han dado.

Dash & Lily es una comedia de situación de ambiente navideño, producción de Netflix. Para nada me había planteado verla, porque estos productos me empalagan sobremanera, pero algunas recomendaciones procedentes de gente que considero bien informada me animaron. No me arrepentí. Un romance adolescente con Nueva York como fondo, en el que dos jóvenes de 17 años, con actitudes distintas ante la vida y la Navidad, ella (Midori Francis), muy naíf, él (Austin Abrams), muy escéptico, entran en un juego a través de un cuaderno en el que se van dejando notas sin llegar a conocerse realmente en persona hasta muy avanzada la serie. Unos diálogos ágiles, unos personajes simpáticos y una gestión de los tiempos internos de la historia muy dinámica llevan a un producto amable, simpático, fácil de ver y de digerir y que no molesta a nadie. Aunque la joven protagonista roza, sin alcanzarla, la categoría de «cargante».

Lo que se llama habitualmente el terror gótico no es lo mío. Por lo que la aparición hace un tiempo en Netflix de una serie procedente de alguna cadena de televisión británica dándole vueltas al monstruo creado por Mary Shelley, paradigma del romanticismo anticientífico por excelencia, no me atrajo de inmediato. La serie, The Frankenstein chronicles, son dos temporadas de seis episodios cada una emitidas originalmente en 2015 y 2017. El protagonista es de postín, Sean Bean, y la cadena de vídeo bajo demanda utilizan mucho la imagen de Vanessa Kirby como reclamo. Pero esto es engañoso. En la primera temporada, realizada antes de que Kirby subiera su cotización por su trabajo como princesa Margarita, tiene un papel secundario, aunque razonablemente importante. En la segunda… apenas la vemos en un episodio. Pero como digo, en estos momentos esta chica igual es un reclamo más importante que su protagonista. Lo cierto es que la serie no está mal. Aunque tengo la sensación de que la segunda temporada sobra. Que lo que había que contar se cuenta en la primera y ya está. Una reimaginación de la historia del monstruo de Frankenstein, curiosamente en un universo en el que dicho libro ha sido escrito por la propia Shelley que es un personaje más de la ficción. Las ficciones de época británicas suelen estar bien hechas y bien interpretadas. Luego ya es cuestión de que la historia, con más semejanzas con Jack el Destripador que otra cosa, funcione o no. Y en esta ocasión lo hace. Aunque esta versión sean tan anticientífica como el texto de Shelley. Como curiosidad, en 2015 no me animé a ver la serie.

Finalmente un corto de animación visto en Netflix. If anything happens I love you dura 12 minutos. Y teniendo en cuenta la duración de los créditos finales, en realidad apenas dura 10 minutos. Es una pequeña pieza muy bien hecha, con una animación muy elegante, sobre un matrimonio que pierde a su hija de nueve o diez años en un tiroteo en su centro escolar. Un alegato antiviolencia y antiarmas directo, claro y si necesidad de grandes discursos. Si tenéis diez minutos, dadle una oportunidad. Se lo debemos a Michael GovierWill McCormack.

[TV] Cosas de series; inacabadas británicas y anarquía romántica sueca

Televisión

Vamos esta semana con dos series de poca repercusión mediática, pero que puede tener su interés.

Sanditon fue la novela inacabada de la célebre escritora inglesa Jane Austen. Después de haberme informado un poco sobre esta obra, lo de «novela inacabada» puede parecer casi un humorismo. Porque no es que el relato estuviera muy avanzado cuando la enfermedad de Austen la hizo detenerse y no volver nunca a retomarla. Es que prácticamente sólo había esbozado un escenario. Cuyo desarrollo sería más o menos previsible, de acuerdo a las obras anteriores de la escritora. Una joven impulsiva, bien intencionada y simpática, la heroína de la novela, y un hombre apuesto, austero, casi antipático… y a partir de ahí. Lo que supongan. Ha habido muchos intentos de dar continuidad a la obra. Y en Filmin podemos ver el último intento en forma de serie televisiva, Sanditon.

Fotográficamente, hoy pasearemos por Estocolmo,… como los protagonistas de los anárquicos romances de hoy.

Lo que sorprende es el tono. No es que la serie se desmadre. Pero que a las primeras de cambio un personaje femenino de la serie sorprenda mientras pasea por un bosque a otro personaje femenino haciéndole unos «trabajos manuales» a su hermanastro… eso seguro que no lo pensó escribir Austen. Me jugaría algo y no lo perdería. Y así, con Rose Williams y Kris Marshall al frente, nos encontramos ante un culebrón de época, bastante entretenido, que recoge que el ambiente y las formas de los tiempos de las novelas de Austen, aunque le sube el tono en ciertos momentos. Y juega con el espectador al dejar un final sorprendente. Que para algunos podría ser un final abierto, quizá de cara a una segunda temporada. Las declaraciones formales de sus responsables es que no la habrá. Pero suena más a que no tuvo la acogida prevista que a que no lo tuvieran en mente. Digan lo que digan. No es la mejor de las adaptaciones de la obra de Austen. Ni siquiera sé si se le puede incluir entre estas. Pero es entretenida.

En otro orden de cosas, tenemos una comedia de situación sueca, con más fondo del que habitualmente tienen las comedias de situación. Se trata de Kärlek & Anarki [Amor y anarquía], y ya adelanto que me ha resultado una agradable sorpresa en el catálogo de Netflix. Una consultora autónoma, Sofie (Ida Engvoll), en el filo de sus cuarenta, casada y con dos retoños, entra a trabajar en una pequeña editorial para impulsarla, y al poco entra en un juego de desafíos con el joven informático de la empresa, Max (Björn Mosten), veinteañero, con contrato temporal, y que comparte piso con otros jóvenes de su edad. Y por supuesto, se van a complicar la vida… de la forma que os podéis imaginar por el título. Mientras, les rodea un peculiar universo laboral, en el que se parodia el mundo de la cultura y la actividad editorial, y un universo familiar, bastante menos paródico y más serio. Comedia, muy divertida, con un fondo de denuncia social, con momentos muy inspirados y un tono general bueno. Recomendable.

[TV] Cosas de series; comedia polémica, drama menos polémico de lo previsible y apocalipsis

Televisión

Se me están empezando a acumular las teleseries. Pasa. De repente terminas varias series o temporadas. Luego pasan unas semanas… hasta que vuelves a terminar varias. A veces voy amortizando los comentarios, otras se me acumulan. Hoy tenemos dos series y un corto. Interesante. Empecemos por este.

El ruido solar es un corto de ciencia ficción que se pudo ver brevemente en Filmin. No tenía claro si incluirlo en el apartado televisión o en el de cine. Lo voy a comentar aquí… pero creo que lo añadiré a mis estrenos cinematográficos. Si incluí el cortometraje de Almodóvar, ¿por qué no éste? Ya veré. El caso es que se trata de un curioso e interesante ejemplo de ciencia ficción realizada con cuatro perras. Dirigido por Pablo Hernando, nos cuenta cómo un evento cambió el mundo para siempre. En el año 2020 se produjo una especie de gran destello solar, que hizo que cada persona percibiese durante ese instante un momento de su futuro. Un futuro de carácter apocalíptico. Un futuro que anunciaba el fin del mundo tal y como lo conocemos. Este tipo de cortos tienen su punto experimental. Por ello, pueden no ser del gusto de todo el mundo, pero esto no les resta valor. A mí me pareció interesante. Por si lo incluyo entre los estrenos de cine, hay van mis estrellas: Dirección: ***, Interpretación: ***, Valoración subjetiva: ****.

Uno de los efectos negativos de mi rechazo a la cuestión vasca es que llevo 20 años sin viajar por ese bello país, pero en el que, entre unos y otros, no siempre me he encontrado a gusto. Aunque hubo momentos en que sí. Porque gente maja hay en todas partes. Hasta en el infierno. O sobre todo en los infiernos.

Emily in Paris es una nueva comedia de situación protagonizada por Lily Collins, que se estrenó a principios de octubre en Netflix. Me estuve pensando si ver o no ver. Tenía pintas de americanada. Y de hecho, transcurriendo en nuestro país vecino, los franceses pronto protestaron por la visión estereotipada y reduccionista que la serie transmitía de su cultura y de su sociedad. Pero también surgieron voces que decía que la serie repartía a diestro y siniestro. Que tan parodia resulta de los valores y la sociedad francesa como de la usamericana. Al final me decidí a verla. Rodada de forma «bonita», el traslado laboral de Emily a París… no es al París real, con atascos, horas puntas en el metro, días grises, gente seria, casi malhumorada yendo de casa al trabajo y viceversa. Es un París peliculero, luminoso, colorido, con cafés ideales donde siempre hay sitio y mucho romance. Y no poco sexo. Es una ficción al servicio del lucimiento de Collins, que también aparece como productora, o sea que su salario tendrá un fijo y un variable por beneficios, que se ve con agrado. Que tiene gracia en no pocos momentos. Y que efectivamente parodia a todos. Porque si los defectos aparentes de los parisinos son típicos y tópicos, tiene su gracia que en el episodio 8 la protagonista haga algo que en buena parte de los EE.UU. sería delito… y en Francia no. Pero bueno, la serie es yanqui y Collins es la heroína que siempre sale airosa de los líos en los que se mete.

Y luego está una de las series españolas más destacadas del año. La adaptación en HBO de la novela de éxito de Fernando Aramburu de estos últimos años. Patria. No he leído la novela. Hace un tiempo, me lo plantee. Incluso leí otro libro de Aramburu para ver que tal. Y aunque disfruté de aquella lectura, el tema de la historia que toca estos libro y serie, me tira para atrás. Me explico. Desde hace 35 años, cada vez que he mantenido conversaciones sobre el tema del terrorismo y la política en el País Vasco, me he encontrado sistemáticamente emparedado entre dos posturas que al parece se consideran exhaustivas y mutuamente excluyentes. Y he acabado sintiéndome tan incomprendido y tan rechazado tanto por unos como por otros. Harto de que los «vascos» me digan que si no soy de allí no puedo opinar. Parece ser que eso me hace ser incapaz de pensar, reflexionar y sacar conclusiones por mí mismo. Y harto también de que los «españoles» me digan constantemente cómo tengo que ser y pensar para ser «español». Mi conclusión es que estoy hasta las narices de los «vascos» y que no quiero que se me considere «español» más que como una situación administrativa. El problema es que ha habido un conflicto entre dos ideologías nacionalistas… y yo ODIO PROFUNDAMENTE los nacionalismos tengan la bandera que tengan. Y ODIO PROFUNDAMENTE la violencia, la ejerza quien la ejerza, no importa en nombre de qué ideales o de que legitimidades. Y ODIO LOS FASCISMOS, tanto los que me dicen si puedo o no puedo opinar o pensar sobre algo, como los que me dicen lo que tengo que opinar o pensar. No encontrando con facilidad interlocutores racionales ni razonables, me he apartado del tema. Y he tendido a rechazar aquello que lo trate.

Dicho lo cual, al final, una vez puestos a disposición del público los ocho capítulos de los que consta la miniserie, me decidí a verla. Y puedo decir que es una magnífica producción, sobresalientemente realizada y con unas interpretaciones de matrícula de honor, como pocas veces se pueden ver en las series de televisión españolas. Y no sólo su excelente protagonista, Elena Irureta, que está fenomenal. Todos, hasta el último de los secundarios están muy bien. Y que no me arrepiento nada de haberla visto. Dicho lo cual, sobre el tema que trata, sobre el trasfondo político y social,… seguiré ignorándolo y sin hablar de él. Y no por falta de opinión. Al fin y al cabo, ya sé que voy a ser rechazado por unos y por otros. Pues que les den a todos, con ikurriñas o con rojigualdas. Hasta los mismísimos c.j.nes de las p.ñ.t.ras banderas. Todas me asquean por igual.

[TV] Cosas de series; reinas del ajedrez y superhéroes de multinacional

Televisión

La semana pasada terminé de ver muchas temporadas de series que llevaba pendientes y arrastrando. Algunas me las merendé con gran rapidez y otras fueron más progresivas. En cualquier caso, las que toca comentar hoy son dos de los platos fuertes de la temporada, por no decir del año.

El año pasado The Boys en Amazon Prime Video fue todo un descubrimiento. Unos superhéroes, claramente espejos desagradables de los más conocidos del mundo comiquero y peliculero, se convierten en objetos de explotación comercial, al mismo tiempo que trasladan a su dialéctica populista los peores conceptos de los populismos fascistoides que abundan en muchos países presuntamente democráticos actuales. Frente a ellos, una panda de esgarramantas, los «muchachos» del título, que sin medios, sin ideas y sin mucha cohesión intenta enfrentarse a ellos, siendo tildados de «superterroristas». La primera temporada estuvo bien; pero la segunda ha estado mucho mejor. Con mejoras en los guiones, en el dinamismo de la serie, en la definición de los personajes, incluyendo algún nuevo personaje (estupenda Aya Cash) que da frescura a unas situaciones que evitan así resultar repetitivos, y con mucha mala leche, entre la sátira, la parodia, el humor negro y la crítica sociopolítica demoledora. Esperando ya la tercera temporada.

París también tiene su momento en la ajedrecística serie de hoy. Así que nos daremos un paseo por la ciudad-luz.

Pero sin duda, la gran y agradable sorpresa del año para mí ha sido una miniserie de Netflix, The Queen’s Gambit. Con su protagonista Anya Taylor-Joy, en absoluto estado de gracia, interpretando a una niña/joven prodigio del ajedrez a la que vamos siguiendo desde que entra en una institución de acogida a niñas huérfanas hasta que llega a… donde sea que llegue con veinte años en el mundo del ajedrez. No es la única intérprete en estado de gracia en esta serie, hay muchos otros. Aunque a mí me gustaría cita a, Marielle Heller, la madrastra… ¿buueeenaaa?… Sí a su modo.

Pero el mundo del ajedrez es el macguffin de la historia. Es el motor del personaje. Pero NO es el tema de la serie. Se nos dice y se nos recalca la gran fidelidad y el cuidado al detalle en las partidas de ajedrez, y se nos cuenta la participación de no sé cuántos grandes maestros como asesores de la serie. Pero NO es lo importante de la serie, ni del desarrollo del personaje. La serie trata sobre la identidad personal, sobre su desarrollo, las inseguridades de una niña y una adolescente con referentes difíciles. Trata sobre las adicciones como sustitutos de lo que nos da seguridad en la vida. Sea alcohol, sean fármacos, sean otro tipo de drogas. Trata sobre la necesidad de los otros para poder avanzar en la vida. NO trata sobre el ajedrez. Lo que pasa es que la habilidad con la que se ruedan esas partidas, cada una de las cuales supone un punto de inflexión en la vida de la joven Beth Harmon, da un plus de emoción y de calidad a la serie, nada despreciable.

Si ya he dicho que las interpretaciones son excelentes, hay que hacer mención a otros aspectos técnicos de la producción. El diseño de producción, el vestuario, el maquillaje, la fotografía, el sonido,… todo está redondo, de modo que, incluso cuando en los acertadamente contenidos siete episodios de la serie, existe algún altibajo, es llevadero y lo asumes como una transición a algo que va a pasar.

Me entran algunas dudas sobre la verosimilitud de lo que acontece ante nuestros ojos. Y NO me refiero a los rollos relacionados con el ajedrez. Me refiero a las personas de las que se nos habla. Pero está tan bien hecha, que me da igual. Y me sabe a poco. Me quedo con más ganas. ¿Es factible que pudieran plantearse ante el éxito de la miniserie una segunda temporada? Pues sí. ¿Deberían hacerlo? Rotundamente, no. Más vale quedarse con ganas que defraudarse con una continuación que seguramente no tendría más sentido que explotar comercialmente el éxito del personaje.

Al margen ya de todo lo anterior, acabo de leer que Anya Taylor-Joy no se considera guapa. ¿Quién lo es entonces?

[TV] Cosas de series; crímenes y vacas en el Reino Unido

Televisión

La semana pasada me despisté y no publiqué ninguna entrada televisiva. A pesar de que tenía materia para ello. En concreto, un par de series británicas vistas en Filmin. Ambas empecé a verlas por curiosidad y ambas sobrepasaron mis expectativas. Aunque deberemos situarlas en su justa medida.

Primero vi, y terminé de ver, Glue. Esta miniserie autolimitada a ocho episodios de unos 45 minutos de duración, aunque esta es variable, tiene ya unos años. Es de 2014. Se trata de un policiaco con trasfondo social. Una comunidad rural, agrícola, inglesa en la que encontramos un grupo de adolescentes a punto de transicionar a la edad juvenil adulta, y entre los que encontramos alguno procedentes de un grupo de etnia romaní. La denominación «gitano» es propia de España, y en algunos países, sus equivalentes se consideran peyorativas. En dicha comunidad, aparentemente idílica, tras una noche de juerga de ese grupo de jóvenes, se produce el asesinato de un joven romaní de 14 años. Entre los policías al cargo de la investigación hay una joven agente en prácticas de la misma étnia. Poco a poco, la investigación irá sacando a la luz las miserias de la comunidad. Tanto entre los romanís como entre los ingleses étnicos. Esta es una serie que va creciendo poco a poco, que va desvelando poco a poco las taras sociales del lugar, las hipocresías colectivas e individuales, y que pone a prueba las lealtades y las afiliaciones de cada cual. Es mejor de lo que aparenta. Y de hecho, por lo que he podido comprobar, tuvo más éxito en la crítica que en el público, aunque tampoco está mal valorada por este. No es una serie original, en los últimos tiempos hemos vistos producciones similares en tema y planteamiento, pero merece la pena recibir la atención del televidente. Como de costumbre en las series británicas, excelentemente interpretada.

En 1996 recorrí con un par de buenos amigos las tierras de York, algo de Yorkshire y Escocia.

Después, me asomé a una comedia amable, la segunda adaptación en forma serie de los libros de James Alfred Wight bajo el pseudónimo literario de James Herriot, un veterinario escocés que ejerció en el norte de Inglaterra. Estos libros, All creatures great and small, como el título de la serie, han sido objeto de adaptaciones al cine y a la televisión de todo tipo, siendo la de más éxito una serie de la BBC que se emitió entre 1978 y 1990. La serie actual no es de la BBC. Por el estilo de producción, por la forma en que se presenta, por los ritmos que lleva y el tono en general, pensaba que tendría un origen similar a Downton Abbey, aunque su cadena televisiva original es distinta. La historia va de un joven veterinario recién licenciado de Glasgow, que recibe una oferta de trabajo como ayudante de un excéntrico veterinario establecido en algún lugar de Yorkshire. Siendo ficción, la serie está basada en las vivencias del autor literario de la saga, y está escrita y rodada con un tono amable, dosificando con calma los momentos más cómicos y los más dramáticos. Los seis episodios que se pueden ver sirven para poner sobre el tablero a todos los personajes del microcosmos, y es de suponer que habrán de llegar nuevos episodios que desarrollen las distintas tramas planteadas. Especialmente, las románticas. La temporada tiene seis episodios, pero hay apuntado un séptimo… quizá, ¿un especial de navidad? En fin. Bien hecha, amable, relajante, con personajes simpáticos y empáticos… ¿qué más se puede pedir?

[TV] Cosas de series; corrupción en la justicia y corrupción en todo

Televisión

Dos series que terminé de ver o vi en las horas de tren entre Zaragoza y Sevilla y regreso hace dos semanas. Una surcoreana y la otra hispano-mejicana.

Normalmente, las series surcoreanas son de temporada única. En torno a los dieciséis episodios, hay algunas con menos, hay algunas con más. Por lo menos, lo que puedo ver en Netflix. Pero Stranger ( en coreano Bimileui sup, 비밀의 숲, que significa bosque de secretos) ya va por su segunda temporada de dieciséis episodios. Un fiscal un tanto autista (Cho Seung-woo) y una inspectora de policía dicharachera (Bae Doona) se enfrentan a la resolución de casos, pero teniendo en frente o condicionados por la corrupción de sus propias instituciones. En su segunda temporada, esta serie es un ejemplo de que las series surcoreanas podrían dejar su categoría en mi cartelera televisiva de guilty pleasures, para ser series interesantes en sí mismas. Muy bien interpretada, todavía tienen que refinar el exceso de tópicos simplones en sus argumentos, pero empieza a ser una producción digna y entretenida. Hace tiempo que considero a Bae Doona como una buena actriz, y el protagonista masculino es un poco inexpresivo, pero en esta ocasión es que le va al papel. Me lo he pasado bien.

Y también a Netflix llego una miniserie de tres episodios con el aliciente de estar impulsada por los responsables de una de sus series mejicanas de más éxito, con su protagonista más divertida, Cecilia Suárez. Alguien tiene que morir transcurre en la España de la dictadura fascista, unos años después de la guerra civil. Con un reparto a priori interesante en el que destacan, además de Suárez, Ernesto Alterio o Carmen Maura, entre otros intérpretes veteranos, y una serie de actores jóvenes, menos fogueados, y entre los que hay trabajos mejores y peores. Sobre la base del regreso del hijo de un jerarca del régimen de vivir unos años con su familia materna en Méjico, se entra en diversas críticas a la estructura familiar promovida por el franquismo, el machismo por supuesto, y en especial, la represión contra los homosexuales. La serie tiene todo lo preciso para resultad interesante, pero patina y, hasta cierto punto, fracasa. Carece de ritmo, las interpretaciones resultan impostadas, poco naturales, y la trama está llena de tópicos y lugares comunes que aportan poco poco poco a lo que ya se ha dicho y se conoce sobre el régimen fascista de Franco. Incluso que uno de los personajes más perversos de la serie se llame Cayetana, resulta casi un chiste, en estos tiempos en los que se ha dado en llamar cayetanos a los sectores acomodados de la población partidarios de las opciones políticas de la derecha más extrema, populista… o simplemente fascista. A mí… me ha resultado decepcionante. Como son sólo tres episodios, me obligué a terminar de verla en el viaje de regreso de Sevilla. Pero a punto estuve de abandonarla.

[TV] Cosas de series; utopías, distopías y apocalipsis varios

Televisión

En las últimas semanas tengo la sensación de que disminuido mi ritmo seriéfilo. Aunque ha habido muchos estrenos, algunos muy llamativos, no estoy encontrando motivación para empezar con algunos de ellos. «Baby Yodas» aparte. En cualquier caso, me animé con dos series de ciencia ficción que me atrajeron por distintos motivos. Con resultados… diversos y no muy claros.

Brave New World es una nueva adaptación televisiva de la novela de Aldous Huxley del mismo título, conocida en español como Un mundo feliz. Hace casi 40 años, por la televisión única de la España de principios de los 80, pudimos ver una adaptación televisiva de la misma obra. Muchos en mi entorno académico y de amistades la vimos, y el «soma, soma, soma» de los epsilon fue una broma frecuente entre los adolescentes/jóvenes del momento. Así como la más sexista sobre las betas muy neumáticas… aunque es un concepto que aparece en la novela de Huxley. Yo tenía el recuerdo de que fue una serie… pero en IMDb me dice que fue una película para televisión de tres horas de duración. Igual en España la fraccionaron en episodios… no recuerdo. El caso es que aquella película, que reciente he comprobado que era bastante mala, me impulsó a leer la novela de Huxley, que es muy buena. Poco antes había leído 1984 de Orwell, y quedó definido mi gusto por el género distópico, que he mantenido durante toda mi vida. Al fin y al cabo, se acercaba el año más famoso de la literatura distópica y un actor de segunda «reinaba» en Washington con políticas que con el tiempo triunfaron en todo el mundo mostrándose, si uno analiza con frialdad, desastrosas.

«Un mundo feliz» transcurre principalmente en «Nuevo Londres». No viviendo todavía (¿o sí?) en un futuro distópico, nos conformaremos con fotos del «viejo Londres».

La nueva serie se ha actualizado en distintos aspectos. Estéticamente responde a exigencias más actuales. Se suprime el culto a Ford por otro… de otro tipo que no voy a desvelar. Los individuos de cada casta son menos uniformes. No aparecen los deltas por ningún lado. Los epsilon están condicionados y en la base de la escala social pero no son deformes y feos. Todo el mundo es guapo en esta serie. Los salvajes no son nativos norteamericanos en reservas, sino desarraigados sociales en parques de atracciones. La promiscuidad sexual de la sociedad fordiana se hace más explícita con cierta abundancia de desnudos con cuerpos «danone» y orgías diversas. Hay más mujeres en la casta alfa plus. Aunque esencialmente, la historia es la misma. Más cuestionable es que lo sea el espíritu. La serie, mirando más a la estética y al tirón sobre el público, pierde profundidad en la reflexión. Por mala que fuera la producción de 1980, su tono de sátira no le sentaba mal a la distopía. Aquí se toman demasiado en serio. El reparto no está mal, pero las interpretaciones quedan supeditadas a una preocupación por la estética. La serie se deja ver… pero no es una gran serie. Incluso puede ser dudoso calificarla de una buena serie. Me entero hoy mismo que no ha sido renovada por una segunda temporada. No obstante, el arco argumental de la temporada emitida coincide con el de la novela de Huxley. A partir de ahora será invención de los productores. Si es que encuentran una nueva plataforma de contenidos que los acoja para temporadas ulteriores. Si no, hasta aquí hemos llegado, si más penas ni más gloria. Lo mejor… quién me lo iba a decir… Demi Moore. Pero no dura mucho.

Raised by wolves me la encontré por casualidad. Al principio no sabía de que iba, porque ha habido una diversidad de producciones audiovisuales con este título o similares. Pero he aquí que me entero que estamos ante una mezcla de postapocalíptico, androides y aventura espacial, y que detrás de ella está Ridley Scott, que también dirige dos episodios. Su hijo, Luke Scott, dirige otros tres, de los diez en total de la primera temporada. Y se nota. El ambiente que reina sobre Kepler-22b recuerda de alguna forma al que sentimos en su precuela de su saga alienígena más conocida.

Una nave espacial con dos androides de aspecto humano llega al planeta huyendo de una guerra apocalíptica en la Tierra entre dos facciones de la humanidad, una de fanáticos religiosos y otra racional y sin creencias religiosas. Esta nave procede de estos últimos. Y llega con una carga de embriones que han de servir como base a la creación de una nueva colonia humana, con valores racionales como principios básicos. No obstante, el planeta es habitable, pero relativamente inhóspito. Y poco a poco, todos los niños menos uno, Campion (Winta McGrath), mueren. Y en estas estamos cuando una gigantesca nave espacial de fanáticos religiosos, un arca llena de personas en hibernación, se acerca al planeta, produciendo la reacción de Mother (Amanda Collin) el androide lider y dando lugar al conflicto. A partir de ahí, otro niño de los fanáticos religiosos, Paul (Felix Jamieson), y sus padres aparentes (Travis Fimmel y Niamh Algar), en realidad ateos infiltrados, tendrán un papel fundamental en los acontecimientos.

En su conjunto, tiene más solidez conceptual, como serie, sin juzgar su origen literario, que la anterior, está ya renovada por una segunda temporada, y a mí me produjo un interés creciente, aunque el final de la temporada me chirriase un poco. O un mucho. No me dejó muy satisfecho la «alienada» final. Veremos que pasa en el futuro.

[TV] Cosas de series; coreanas protagonizadas por la misma actriz

Televisión

No sé muy bien cuándo apareció en la programación de Netflix, quizá en algún momento de septiembre. Yo no me puse a verla hasta unas semanas más tarde, cuando volví de mis vacaciones portuguesas. Pero hay una serie surcoreana en esta plataforma televisiva en internet que es una rara avis en comparación con lo que es habitual en las series de aquel país asiático.

Se trata de The School Nurse Files, en el original Bogeongyosa An Eunyeong [보건교사 안은영; Enfermera escolar An Eunyeong]. Atípica por varios motivos. Por una lado, sólo seis episodios, frente a los 16 habituales. Hasta ahora las había conocido con algunos menos o con algunos o muchos más, pero sólo seis,… no es habitual. En segundo lugar, se trata de una adaptación televisiva a una novela. Uno de los motivos por los que la duración de la serie estará ajustada a la historia que cuenta la novela. Además el director de la serie ya participó en otra serie distinta surcoreana, una antología, Persona, que me pareció interesante aunque no del todo conseguida. O más bien, irregular, con episodios muy buenos y otros más flojos. Y luego está el tema. Es una serie fantástica, en la que la enfermera escolar de un instituto privado lucha contra fantasmas y otros seres sobrenaturales armada con una espada de plástico plegable de colorines. Seres sobrenaturales gelatinosos que se convierten en corazoncitos rojos, también gelatinosos al ser tocados con la espada. Pero no nos equivoquemos. No es una comedia. Es un drama de personajes desarraigados y perdidos en el mundo y en la sociedad. Es una curiosidad, que me llamó la atención, que vi con atención, no entra en mi categoría de guilty pleasures coreanos, y en la que destaca el trabajo de su actriz protagonista, Jung Yu-mi.

Nos moveremos entre los túmulos y las antiguas pagodas de Gyeongju, para ilustrar el mundo sobrenatural de una de las series de hoy.

Me llamó la atención, como digo el trabajo de Jung Yu-mi en la serie comentada anteriormente. Y me pareció que ya me era familiar de alguna otra serie o película. Busqué en IMDb… y efectivamente ya me la había cruzado en alguna película. Y vi que protagonizaba otra serie en Netflix, que hasta ese momento no me había interesado. Se trata de Live [라이브; Laibeu que es la forma como transcriben «live» a su idioma los coreanos], que no hay que confundir por semejanzas de título con una drama de hospitales que comenté hace poco. A priori, una serie sobre los problemas cotidianos de una comisaría de policía no me interesaba mucho. Pero por la aparición en la actriz mencionada en un papel importante me puse a verla. Y me sorprendió de una forma razonablemente grata. Aunque con un guion manifiestamente mejorable, dada la simpleza de las situaciones presentadas, y cierto tono de publirreportaje alabando el trabajo de los agentes de policía normalitos, los altos mandos… todos corruptos parece ser, la serie está razonablemente bien hecha y competentemente interpretada. De hecho, quizá la actriz que me arrastró a ella resulta de las más flojas de los roles principales, sin que esté mal. Entretiene. Y es de las típicas series que puedo reservar para el fin de semana, cuando no quiero pensar en nada serio.

[TV] Cosas de series; pandemias, criminales y enfermeras

Televisión

Tenía varias posibilidades temáticas para organizar la entrada televisiva de la semana. Por ejemplo, las que he visto primero frente a las que he visto después, el orden cronológico. Otra, las que salen enfermeras con más o menos protagonismo y las que no. Y finalmente, la que al final va a ser, series occidentales, dejando para la semana que viene las asiáticas.

Nunca he sido seguidor de la políticamente incorrecta South Park, que lleva más de 20 años en pantalla. Aunque vi en el cine el largometraje que realizaron (Blame Canada!!!). Es un humor que está bien para un ratito… pero enseguida me cansa. Más cuando esta lleno de referencias a una realidad, la norteamericana, que en muchos detalles me es ajena. Pero cuando me enteré que antes de comenzar su temporada actual iban a realizar el South Park «The Pandemic Special»… tuve la curiosidad. Pues lo dicho, es divertido, para un rato, y algunas de las referencias y chascarrillos los pillas más y otros… pues no, porque no vivo en Estados Unidos. Una curiosidad. Salen enfermeras, pero sin mucho protagonismo. Cronológicamente, creo que también le hubiera tocado hoy.

Como hoy tenemos serie británica, nos daremos un paseo fotográfico por Londres.

El año pasado, Netflix estrenó… no sé si decir una serie policiaca con cuatro variantes nacionales, o cuatro miniseries con el mismo esquema y escenarios pero en cuatro idiomas/nacionalidades distintas. Probablemente esto último. De momento, la única que ha tenido una segunda temporada ha sido Criminal: UK. Casi seguro es que la idea de la serie fue británica y es la que tenía continuidad. Aunque no lo sé; no lo he investigado. El caso es que hemos tenido una nueva tanda de cuatro nuevos interrogatorios, en la estilizada sala que ya nos presentaron el año pasado. Lo bueno es que los interrogados son actores conocidos. Pero a veces en versiones casi desconocidas. Sophie Okonedo, muy habitual del cine y la televisión británica y que también tiene un papel en la última de las series de hoy; el soso de Kit Harington, que lo hace mucho mejor aquí que en todos sus episodios de «tronado»; Sharon Horgan, a quien hemos estado siguiendo los últimos años en una comedia «romántica»; y Kunal Nayyar, desconocido en el buen sentido con respecto al papel que hacía en la serie que le dio la fama. La verdad es que esta nueva tanda de casos e interrogatorios ha estado muy bien. Bastante recomendable. He hecho un inciso mientras escribía y parece que se confirma que no habrá más episodios criminales españoles.

Y finalmente, una serie por la que sentía curiosidad y miedo. Y que está protagonizada por una enfermera. Ratched. Para los que no se lo sepan… La enfermera Ratched era la antagonista principal del protagonista de One flew over the cuckoo’s nest (Alguien volo sobre el nido del cuco), tanto en la novela original, como en la magnífica adaptación al cine que hizo Milos Forman, con Jack Nicholson como protagonista. De hecho, la película se ha hecho más famosa que la novela, y hay mucha gente que no sabe que es una adaptación de una obra literaria de Ken Kesey, que yo he leído y está bastante bien. Escrita a finales de los años 50, la novela funcionaba a dos niveles. Como una denuncia específica de la situación de la atención mental y los hospitales psiquiátricos en la posguerra mundial en Estados Unidos, pero también como una metáfora de la hipócrita sociedad de la época, época de crecimiento y prosperidad, pero en la que se machacaban los derechos civiles de las minorías y donde la disensión política era perseguida, cazas de brujas incluidas. La enfermera Ratched, magníficamente interpretada por Louise Fletcher, que se llevó una estatuilla dorada por su trabajo, representaba a la sociedad convencional, blanca, protestante de los Estados Unidos. Y curiosamente algunas veces la he visto en las listas de los mejores villanos de la lista del cine. Especialmente aquellas más inteligentes que dejan de lado los absurdos villanos del cine de superhéroes. La enfermera Ratched, nurse Ratched, nunca tuvo nombre de pila, ni en la novela ni en la película.

Y he aquí que nos anuncian y ya tenemos entre nosotros una serie… una «precuela» de aquella historia, con la enfermera Ratched como protagonista. Que resulta que ahora se llama Mildred. Siendo un personaje emblemático en la historia del cine, miedo me daba. Pero por otro lado, llegaba con elementos atractivos. Con Sarah Paulson al frente del reparto que contiene otros nombres conocidos como Cynthia Nixon, Judy Davis, Vincent D’Onofrio o Sharon Stone. O Sophie Okonedo, que mencionaba antes. Así que decidí que para bien o para mal… había que verla. Y nos encontramos con que Ratched es la hermana del asesino de unos sacerdotes a los que su «hermano» ha asesinado brutalmente, y que está internado en un psiquiátrico a la espera de determinar si está cuerdo y se le puede juzgar. Por favor, nunca traduzcáis asylum como «asilo»; hospital psiquiátrico. Y allí consigue entrar a trabajar Mildred Ratched, con la idea de salvar a su hermano. Y con medios poco convencionales.

Con una presentación visual muy atractiva, copiando mucho a directores conocidos que van desde Hitchcock a otros más modernos, tenemos una historia… irregular. Empieza un poco morosa, indecisa, tiene momentos muy buenos, muy divertidos, entre el drama, la comedia negra y el gore ligero entre medias, para llegar a un final un poco desfondada. Sobre todo porque resuelven buena parte de las tramas en el penúltimo episodio, al modo «juego de tronos», para dejar un último episodio que sirva de preludio para futuras aventuras de la enfermera Ratched. ¿Funcional la series? Razonablemente bien, aunque con un amplio margen de mejora. ¿Precuela del «cuco»? No. Le habrán dado el mismo nombre. La habrán convertido en enfermera. Pero esta Ratched no es aquella Ratched. Es otra cosa.

Nota: una curiosidad. Cuando se estrenó «el cuco» Louise Fletcher tenía 41 años. En el momento del estreno de «Ratched», Sarah Paulson tiene 46 años. Y su personaje se supone que es varios años más joven… cosas del «cine»…

[TV] Cosas de series; comedia británica, policías suecos y médicos coreanos

Televisión

Trío de series que vi antes de irme de vacaciones a Portugal, o que terminé de ver durante ese viaje. Normalmente, cuando voy de viaje, me llevo episodios de series descargados en la tableta personal. Y antes de dormir veo un ratito. Si tengo poco sueño, un episodio. Si me entra más sueño,… a veces tengo que volver a verlo al día siguiente porque me quedé dormido viéndolo y no me acuerdo de nada… Pero en fin.

The Duchess es una comedia de situación británica en Netflix, razonablemente entretenida, aunque no tan brillante como otros productos similares que nos llegan desde las islas Británicas. Creada y protagonizada por la canadiense Katherine Ryan, nos habla de una madre soltera, que tuvo a su hija cuando era una groupie de un grupo de pop masculino, por sus relaciones con el líder del grupo, un destalentado informal de mucho cuidado. Educada de modo informal y con una relación especial con su madre, la niña va creciendo, tiene nueve años, y empieza a aspirar en una vida más convencional, lo cual no será fácil. En medio están el padre, el amante de la protagonista, y las amistades y relaciones que les rodean. Se deja ver bien. Son sólo 6 episodios de unos 25 minutos. Y… bueno… si no existiera tampoco pasaría nada. Curiosamente, en la versión doblada en castellano le cambian el título, y en lugar de duquesa la convierten en marquesa. Qué raros son los de los títulos en versión doblada.

Las novelas de Wallander suelen transcurrir en Ystad (foto del encabezado), a unos 60 km de Malmoe (resto de las fotos). Pero en esta aventura del joven Wallander es esta última ciudad la protagonista.

El detective Kurt Wallander de la policía sueca, personaje creado por el escritor ya fallecido Henning Mankell, ha sido ya objeto de adaptaciones televisivas, tanto en su país como en el Reino Unido, donde fue encarnado por Kenneth Branagh. Una serie que no estaba mal. A mí, el género negro nórdico no me entusiasma en exceso, aunque tiene obras interesantes. Como cualquier otro género. Y las novelas de Wallander no están mal, he leído algunas y no me arrepiento. Pero sin más entusiasmos. Ahora, tenemos una nueva versión del personaje en Netflix. También de factura británica. En el que conocemos un Wallander novato, cuando pasa de ser un agente uniformado a ser detective. No se basa en las novelas de Mankell. Se inspira en ellas. En las referencias que aparecen en ellas a su pasado. No es un procedimental en el que cada episodio es un caso. Toda la temporada es un único caso. Y hay una actualización cronológica del personaje. No se sitúa la acción en ningún momento hace treinta o cuarenta años, sino en el mundo actual, con problemas actuales, como el de los refugiados y la inmigración actual. Y las tecnologías actuales. Así que hasta cierto punto es una reinvención del personaje. Como venía diciendo, no está mal, son sólo seis episodios, está razonablemente bien producida e interpretada y entretiene. Pero a mí no me dice nada más. Lejos de otras propuestas televisivas realizadas por los propios nórdicos. Aunque la realización es británica,… el protagonista, Adam Pålsson, es realmente sueco.

Y finalmente tenemos Life [라이프, raipeu que sería la transcripción de la palabra inglesa directamente al coreano], drama «médico» surcoreano, que terminé de ver en mis vacaciones, aunque algún episodio «lo vi» dos veces… porque me acostaba cansado y me quedaba dormido a los cinco o diez minutos de empezar a verlo. No está mal, es entretenida. Aunque tampoco despierta grandes entusiasmos. Desde luego no tiene el factor guilty pleasure de las comedias románticas del mismo país. Es «seria». Transcurre en un gran hospital universitario de Seúl… pero no es el drama médico al uso. Va más sobre la transformación de los hospitales de estructuras puramente asistenciales dentro de un estado del bienestar a empresas que buscan beneficios, y la resistencia de algunos médicos a la comercialización de la salud. La intención es buena, como crítica social y política, pero ingenua. Pero se deja ver. No lo hacen del todo mal y tiene algún momento muy entretenido. Otras cosas, y lo hablo desde la perspectiva de quien durante 11 años se asomó modestamente a la gestión de los centros hospitalarios, son, como ya he dicho, de una ingenuidad tal… que parecen canelos. En fin… para alimentar mi vicio privado sobre las series surcoreanas. Sin más. Como siempre en las series de esta nacionalidad, los personajes femeninos están mejor interpretados y son potencialmente más interesantes que los masculinos, aunque tienen menos protagonismo en este caso.

[TV] Cosas de series; demonios, astronautas y doblajes nefastos

Televisión

Una ronda de series que están vistas desde antes de mis vacaciones y viaje a Portugal. Son muy diversas. Vamos con ellas.

Lucifer, 5ª temporada,… no sé muy bien cuando saltó el tiburón esta serie que tan buenos momentos nos ha deparado. Pero lo ha saltado. En su segunda ronda de capítulos en Netflix, la serie ha perdido la frescura y el desparpajo que tenía. La ruptura de la tensión sexual no resuelta entre sus dos protagonistas también suele ser un problema; hay muchas series que lidian mal con esta situación. Supongo que seguiremos viendo la serie hasta que culmine. ¿Una temporada más? Supongo. Esperemos que al final le den un buen cierre.

Away, 1ª temporada… y quizá lo sensato es que fuera la última. Porque si algo tengo seguro es que si los miembros de una expedición tripulada a Marte se comportaran como los de esta serie, si los ingenieros de la nave espacial a Marte hicieran un nave como la de esta serie,… el fracaso sería absoluto. Más que ciencia ficción es ciencia aflicción. Nos aflige el bajo nivel científico y técnico de la serie, no voy a entrar en los detalles, nos aflige ver a los protagonistas constantemente afligidos por problemas familiares… ¿para qué coño se van a Marte si no pueden lidiar con lo que pasa en casa? Tripulación modelo «Benetton», de todos los colores, etnias y orientaciones sexuales, ante todo, todo políticamente correcto, con unas interacciones absolutamente ridiculas. Su única virtud es que entretiene un tanto… pero lo que queda en el recuerdo es catastrófico.

Memorias de Idhún, 1ª temporada, es una serie de animación basada en una saga literaria de fantasía con el mismo nombre. Tanto la saga literaria como la serie son de factura nacional, española. Pero las hechuras de la serie de animación se han acomodado al estilo de la animación japonesa… o anime. Palabra japonesa que viene del francés desin animé, por lo que me parece absurdo usarla… pero las cosas son como son. La serie llego a Netflix rodeada de una polémica sobre el nivel del doblaje en español. Al parece se han buscado para el mismo actores conocidos, pero que no son actores de doblaje especializado. Realmente, empecé a ver el primer episodio con el doblaje en castellano, pero inmediatamente cambié al inglés. Catastrófico. Por lo demás… es una serie aceptable, pero sin nada en especial. Entre los anime de verdad, los japoneses, hay productos con temáticas similares mucho más interesantes y mejor hechos.