Jornada de transición; de Gdansk a Poznan

Viajes

Hoy ha sido una jornada de transición. Por la mañana, hemos aprovechado para hacer algunas compras y dar un último paseo por Gdansk. El día ha salido con nubes y claros, e incluso ha llegado a amenazar con llover, pero no ha sido para tanto.

Después de comer, nos hemos trasladado a Poznan, la capital de la región de Gran Polonia, ya en el interior. Es una primera etapa antes de llegar a Cracovia, después de pasar también por Wraclaw. El caso es que el viaje han sido la friolera de 4 horas y 40 minutos, para hacer 310 kilómetros. Un poco rollo. Aunque aún ha habido ocasión de hacer alguna foto por el camino. Sobre todo, escenas ferroviarias, viejas señalizaciones mecánicas incluidas. Pero también algún paisaje.

Finalmente, hemos llegado a Poznan, donde apenas nos ha dado tiempo a dar una vuelta, y a cenar algo de comida típica polaca. Hemos pedido unas sopas. A Javier se la han dado metida en un pan. Curioso.

Hoy, hemos caído en una discontinuidad espacio-temporal

Viajes

Sí. En algún lugar al sur de Tczew (pronúnciese chef, como los de las cocinas). Por la mañana todo ha ido bien. Cogiendo la línea de cercanías, nos hemos ido tranquilamente a Gdansk Oliwa, para ver un bonita catedral, rodeada de un frondoso parque. Nos hemos dado un paseo, y hemos disfrutado de una mañana de sol radiante.


A continuación, volvemos a la estación de Gdansk Oliwa. Comprobamos los horarios. A las 12:43, pasa un tren que nos deja poco más de una hora más tarde en Malbork. Compramos el billete. Nos situamos en el anden correspondiente. A la hora prevista tomamos el tren anunciado… y hora y media más tarde estamos en medio de ninguna parte, pero no en Malbork. Laskowice Pomorskie dicen que se llama la estación. Lo dicho en medio de ninguna parte. Tedio y sopor hasta conseguir salir del lugar.



La broma de la confusión de tren que nos ha introducido en la discontinuidad espacio-temporal nos ha costado la friolera de cuatro horas, por lo que cuando hemos llegado a Malbork, las taquillas del afamado castillo que íbamos a visitar estaban cerradas, y sólo nos ha quedado el consuelo de dar un tranquilo paseo por los alrededores y tomarnos unas cervecitas.


Finalmente, nos hemos vuelto a Gdansk, con nuestros objetivos parcialmente cumplidos. Pero disfrutando de un bellísimo atardecer en la estación de Malbork, y tomando para volver a la capital de la región un tren con procedencia en Kaliningrado, Rusia; cosa que no sucede todos los días.


Mañana nos desplazamos hacia Poznan. Espero poder seguir subiendo mis impresiones a estas páginas. Y si no, en cuanto lleguemos a una zona civilizada lo haré. Es decir, cuando tenga conexión a internet razonablemente asequible.

En Gdansk y paseando a orillas del Báltico

Viajes

Hoy hemos cogido un tren en Varsovia y nos hemos ido a recorrer el país. La verdad es que la capital a dado menos de sí de lo que esperábamos. De momento, nos hemos dirigido dirección norte, hacia la histórica ciudad de Gdansk, que tantas tribulaciones sufrió a lo largo de la historia, recordándose también como la prusiana Danzig.

Es una ciudad con un casco histórico reconstruido después de la catastrófica Segunda Guerra Mundial, pero con gran acierto. Este casco histórico es muy bonito, y refleja un pasado próspero como ciudad hanseática, con sus características y ricas casas de comerciantes. La verdad que es un tipo de ciudad más germánico que polaco. Por lo demás la animación de la ciudad ha sido considerable, con una gran cantidad de turistas paseando por sus calles, comiendo y bebiendo, y acudiendo a sus numerosos comercios.

Luego nos hemos cogido un cercanías, y nos hemos ido a Sopot a ver el mar. Esta es una ciudad próxima a Gdansk, y cuya principal razón de ser es el turismo de sol y playa a orillas del báltico. En cualquier caso nos hemos dado también un buen paseo, y hemos cenado algo de pescadito, antes de volver a Gdansk a pasar la noche.

Llegamos a Polonia, primero nosotros, luego nuestras maletas, y vemos Varsovia

Viajes

Estamos en Polonia. Ayer, día 30 de junio, llegamos a Varsovia. El viaje fue muy tranquilo. La llegada menos. Debido al escaso intervalo para el cambio de avión en Munich, nosotro llegamos a la hora a Varsovia, pero nuestras maletas no. Todo se ha solucionado hoy, y podemos seguir normalmente el viaje. De hecho, tampoco ha afectado mucho a nuestro planes hasta ahora. Pero aprended la lección, queridos niños; un transfer de sólo 35 minutos entre avión y avión, es un poquito arriesgado.

La noche de nuestra llegada hicimos poco más que darnos un paseo nocturno por la capital polaca y tomarnos unas cervecicas. Como nos dieron algo de picar en el avión de Munich a Varsovia, prescindimos de la cena. Total, todo el día sentados, tampoco habíamos hecho mucho apetito.

Hoy ha sido más ajetreado. De entrada, en Varsovia hay tranvías, lo que siempre me gusta en las ciudades. Y por otro lado, he quedado impresionado cuando al salir del hotel lo primero que he visto ha sido la “Sala Kongresowa”. Yo que pensaba que era un cachondeo del Gran Wyoming,… y no existe de verdad. Estupendo.

Después ya turismo. Barrios viejos por aquí, barrios menos viejos por allá; saludar a cierta sirena por aquí, saludar a Nicolás Copérnico por allá. Hemos encontrado rincones majos, pero la ciudad no nos ha entusiasmado. No da para mucho, y las reminiscencias de la época comunista han dejado muchos edificios feos.

Por la tarde hemos dado un paseo por un parque estupendo, al sur de la ciudad, con un palacete de lo más mono, con sus esculturas, sus pavos reales y sus sátiros sujetando lámparas con el rabo. Ha sido muy agradable.

Después a cenar. En una concurrida y animada calle, Nowy Swiat. Y a dormir. Que mañana cogemos un tren hacia Gdansk. Ya os contaré si tengo ocasión.

La explosión de Tunguska, las meninas y vacaciones en Polonia

Arte, Ciencia, Fotografía personal, Viajes

Hoy hace 100 años, en la tundra siberiana sucedió el evento de Tunguska. Tal día como hoy, una gran explosión devastó un área de más de 2000 km2. Se cree que un objeto celeste, tal vez un pequeño cometa compuesto de hielo por lo que no se han encontrado restos, explotó en la atmósfera terrestre, ocasionando el desastre. En cualquier caso, siempre me ha recordado lo que decía Abraracourcix, el jefe de la aldea gala de Astérix:

Sólo hemos de temer que se nos caiga el cielo encima; y eso no sucederá mañana.

El caso es que en estos días se celebra en Zaragoza una exposición de esculturas en la calle; instaladas en el Paseo de la Independencia, uno se puede encontrar con imágenes como éstas:

(Canon EOS 10D; EF 70-210/3,5-4,5 USM)

El caso es que si nos retrotraemos un año en el tiempo, encuentro en mi archivo fotografías como la siguiente tomada hace aproximadamente un año en la Esplanade de Helsinki.

(Canon EOS D60; EF 24-105/4L IS USM)

Mmmmm… sí, son las mismas. Obra del escultor Manolo Valdés. Y todo esto me sirve de excusa para contaros que de la misma forma que el año pasado estaba de vacaciones por estas fechas, hoy salgo hacia Polonia, dentro de un ratito. Y que en estos momentos, lo único que temo es que se me caiga el cielo encima… y eso no va a pasar mañana.

Si tengo un acceso razonable a internet, tendréis noticias mías. Si no, hasta la vuelta.

Ya estamos en el mundo (a Zaragoza me refiero)

Expo 2008, Política y sociedad, Viajes

Uno de los objetivos de la Exposición Internacional de Zaragoza, declarado por los organizadores y asumido por la ciudadanía con razonable entusiasmo, es el de dar a conocer la ciudad al mundo. Zaragoza tiene más de dos mil años de existencia desde su fundación como colonia romana hacia el 24 a. de C., y siete u ocho siglos más si contamos las presencia íbera, que se concreto en la población Salduie.

Desde ese momento ha sido permanentemente una de las ciudades más importantes por su tamaño y su dinamismo económico de la península. No son pocas las grandes ciudades de aquella época que perdieron su esplendor de antaño. Sin embargo, es una ciudad muy poco conocida. Siendo el quinto municipio de España por población y una de las ciudades con mayor renta per capita, tradicionalmente ha ido transcurriendo sus días pasando relativamente desapercibida. No sé si esto es realmente malo, la mayor parte de las noticias que hacen famosas a las ciudades suelen ser negativas; pero a la gente del lugar no le gusta. Las poblaciones son como muchas personas; aspiran a tener fama y fortuna.

Pero para eso tenemos la Expo; para adquirir fama y fortuna. Y hoy me encuentro que ya estamos en el camino, porque me llega en mi lector de noticias un artículo de The New York Times, en su sección de viajes, en las que elogiosamente recomienda acercarse a estos lares. Así que lo que decía en el encabezamiento de esta entrada, ¡ya estamos en el mundo!

El artículo de The New York Times hace referencia incluso a la puesta en marcha de un servicio de «taxis» y «autobuses» fluviales. Desgraciadamente, el desacostumbrado elevado nivel del Río Ebro a su paso por Zaragoza ha impedido que el azud construido para permitir este servicio pueda actuar correctamente. Y ahí tenemos a los barquitos, parados en su embarcadero, esperando pacientemente a que deje de llover, y las aguas vuelvan a sus niveles habituales para las fechas que corren. Como podemos ver en las fotos siguientes.

Azud

Paseando sobre el azud

Embarcadero

(Todas las fotografías: Pentax K10D; SMC-DA 40/2,8;
última imagen: composición de tres fotogramas)

Hoy no hay noticias del sábado, hoy toca planificar vacaciones. Polonia

Viajes

Pues eso. Que este año toca ir a Polonia. Ya tenemos el vuelo reservado. Saldremos el día 30 de junio y volveremos el 12 de julio.

Algunos destinos en Polonia: Varsovia, Gdansk, Malbork, Poznan, Wroclaw, Cracovia, Auschwitz, Wieliczka,… en fin… lo habitual. Probablemente nos moveremos en tren. Las distancias son grandes y los promedios por carretera son bajos. Nos perderemos alguna parada intermedia con posible interés, pero viajaremos más relajado y podremos dedicar más atención a los destinos anteriores.

De momento, me conformaré con seguir enseñando fotos de mi último viaje por Trieste.

Calles y nubes

(Pentax K10D; SMC-A 50/2)

Obituario… ¿Obituario? Se ha muerto el diseñador de las cajas de las Pringles

Fotografía personal, Humor, Viajes

Lo leí ayer en WTF? Microsiervos. A la avanzada edad de 90 años, falleció el Dr. Frederic J. Baur. Dice… y este señor, ¿quié es? Pues el diseñador de las cajas tubulares de las patatas fritas Pringles. Ya sabéis… cuando haces ¡pop! ya no hay stop. Y vosotros diréis, ¿y a nosotros qué? Pues que el buen señor decidió, entre sus últimas voluntades, ser incinerado. Y que las cenizas las guardasen en una de sus patentadas cajitas en forma de tubo. Supongo que del tamaño grande. Aunque desconozco el volumen de cenizas que saldrán de su exánime cadáver. Esto es compromiso con el trabajo, y los demás son tonterías.

Por cierto, que sepáis que comer patatas fritas de este tipo es diéteticamente malísimo. Es casi todo grasa y sal. Sólo de vez en cuando aparece alguna molécula del almidón de la patata para dar forma.

Hablando de cosas más alegres, suponiendo que lo de antes os haya puesto tristes de alguna forma, he terminado de revelar las fotografías de mi escapada italiana, que podéis encontra en la colección Trieste – Venecia 2008, en Flickr.

Así que sin más, os pongo una imagen de esta colección, una bonita plaza veneciana con iluminación nocturna.

Noche veneciana

(Pentax K10D; SMC-DA 21/3,2)

Por fin (relativamente) solo

Viajes

Aquellos que sigáis con cierta asiduidad este Cuaderno de ruta, sabréis que hace unos días viajé a Italia por trabajo, y me tomé un par de días libres para visitar la ciudad de Venecia. Venecia es muy bonita, pero uno de los problemas que tiene es que está llena de gente. De turistas. En algunos momentos, en algunos lugares, me llegó a resultar agobiante. Lo cual no es bueno cuando lo que te apetecete es relajarte un poco.

Así que en algún momento decidí huir un poco, y siendo ya por la tarde cogí el vaporetto a las islas de Murano y Burano. En Murano aún encontré cierto lío de gente, pero en Burano y, sobretodo, en el vaporetto de vuelta a Venecia, encontré la calma que me apetecía. Y se refleja en el aspecto de las fotografías de esa hora de la tarde, entre las siete y media y las ocho y media, en que realicé la travesía. Os dejo unas fotos, al atardecer en la Laguna Veneta.

Abandonando Burano

Última parada antes de salir de Burano.

Solitario vaporetto

Solo en la cubierta, los pocos viajeros que me
acompañaban iban sentados en el interior.

Puesta de sol entre las nubes en la Laguna Veneta

Intensos colores en la puesta de sol.

Cabina del vaporetto

Pareciera que hasta el piloto está ausente.

Amarras del vaporetto

Todavía se adivina lejos la ciudad de Venecia.

Faro

Última parada antes de Venecia, el Faro de Murano.

(Todas las imagenes: Pentax K10D con
SMC-DA 21/3,2, SMC-A 50/2, SMC-A 100/4 Macro)

Último día y medio en Venecia y vuelta a la dura realidad

Viajes

En el segundo día de mi estancia en Venecia, me armo de valor, pienso en que no queda más remedio, y me encamino a la plaza de San Marcos, donde si de algo estoy seguro es de que estará hasta arriba de gente. En un momento dado me planteo que la única forma de apreciar los detalles de los monumentos es fijándome en los dibujos que alguna artista confundida entre la multitud hace.

Pero bueno, en una mañana con nubes y claros, uno se arma de paciencia y buen humor, y va viendo los distintos hitos de la plaza. Uno de los momentos mejores es subir al Campanile, por la bella vista que se aprecia desde lo alto, que dará lugar a bonitas panorámicas,… cuando encuentre un rato para revelarlas.

Después de visitar la plaza, otra obligación, la de visitar el palacio ducal. Siempre me ha llamado la atención esa costumbre que tienen los turistas de tirar monedas a los pozos. Aunque estén tapados por una rejilla y no caigan al agua. Un poco absurdo. Pero mejor nos centramos en la visita, con las bellas estancias del gobierno de la antigua República de Venecia, y las vistas hacia la Catedral. A la salida, como es de rigor, foto de las góndolas en primer término, con vistas de San Giorgio Maggiore.

Tras la visita a los monumentos principales, decido alejarme del follón de las multitudes y tras comer en una cuca trattoria poco frecuentada por turistas, me dedico a callejear en dirección a San Zanipolo, entre Largos con sus puestos de venta, recoletos rincones entre los canales, con lluvia incluida, y alguna sorpresa en la rotulación de las calles. Y no, los venecianos no rotulan sus calles en español. Pero en su dialecto particular, no llaman a sus callejones vías, sino calles, como en estos lares.

Finalmente, visita a San Zanipolo (o de forma más precisa San Giovanni y San Paolo), último hito callejero antes de dirigirme a la Fundamenta Nuove con el fin de embarcarme en un vaporetto para visitar algunas islas en la Laguna Veneta.

En una tarde, nublada, con chubasquillos suaves de vez en cuando, me dirijo a Murano, donde paseo entre las factorías de vídriro y las múltiples tiendas con productos… de diverso gusto… unos monos y otros no. En cualquier caso, aprovecho para comprar algún detalle.

Vuelvo a embarcarme, esta vez con destino a Burano, con sus casitas pintadas de vivo colores, que resaltan con el suave sol del atardecer, una vez desaparecidas las nubes que han incordiado buena parte del día. Parece que a estas horas los turistas se han ido, y la isla está tranquila. En la terraza de algún bar, unos ancianos del lugar, entonan canciones tradicionales, especialmente motivados por los vinos del lugar,… o de algún otro lugar. Eso sí, producen el arrobamiento de un par de turistas americanos que siente que por fin han dado con la quintaesencia del ser italiano o veneciano. Pues bueno,… si eso les hace felices. En cualquier caso, la escena es divertida. Especialmente cuando uno de los ancianos, todavía más motivado por el vino o la cerveza, comienza a declarar su amor por la californiana de mediana edad, que no acaba de pescar el exacto significado de los «i love you».

Vuelta con el vaporetto a la ciudad, lo que permite disfrutar del atardecer en la Laguna Veneta en todo su esplendor. Está muy bien.

Después de cenar algo, con la noche ya cerrada, me acerco al Puente de Rialto, hasta ahora ignorado. Será la última visita del día, al mismo tiempo que la primera visita del día siguiente. Es el último día, y tengo tres horas para dar una vuelta antes de coger el vaporetto en dirección al aeropuerto.

Tras la visita al Puente de Rialto, vuelta a callejear que es lo más divertido de la ciudad. Unas máscaras, alguna bonita iglesia de fachadas de marmol blanco, nuevos rincones recoletos entre los canales.

Finalmente, llego no sin problemas, tras perderme un par de veces en el laberinto de callejuelas y canalillos, al Arsenal, donde hago las últimas fotos en plan turístico.

Para el aeropuerto cojo el vaporetto rápido, más caro, pero que me permitirá comer algo antes de meterme en la maraña de facturaciones, control de pasaporte y embarque que suelen ser los aeropuertos italianos. Sólo vamos dos pasajeros en el vaporetto, aparte del piloto, un asiático y yo. El asiático va preocupado por los botes que da el vaporetto, más rápido que los habituales, al cruzar las olas que provocan en la laguna las otras embarcaciones. Yo voy preocupado porque en los 40 minutos que dura la travesía, el piloto va más preocupado de hablar por el telefonino que de pilotar el barco. Pero al final, llegamos con bien.

Y aquí acaba la historia. Una escapada tranquila, casi relajada (salvo por las multitudes en algún momento), que ha merecido, y que ha sido reflejada con mi Pentax K10, con SMC-DA 21/3,2, SMC-A 50/2 y SMC-A 100/4 Macro, con el apoyo de mi Fujifilm Finepix F10.

Todas las entradas de este viaje, se han reunido en un artículo único en mi página De viaje con la cámara al hombro.

Venecia con buen tiempo, muchos turistas… pero da igual

Viajes

Finalmente, fuera trabajo y bienvenidas unas mini-vacaciones de dos días. Y aprovechando que el Adriático pasa por Trieste, me vengo a Venecia a pasear un poco. De momento, no va mal. El hotel es aceptable. Está bien arreglado, es caro como todos en esta ciudad, y tiene vistas a un canal. Vamos que como haya una acqua alta, me ahogo porque me entra el agua del canal.

En fin, ya se sabe que esta ciudad va de canales, góndolas y palacios en las orillas de los canales, y a los que se llega con las góndolas. O con lo que se quiera que navegue. Y puestos a navegar, en cualquiera de los innumerables vaporettos que surcan arriba y abajo el gran canal. En eso consiste el turismo en Venecia. Y tener cuidado de no caerse al canal, claro.

Lo de los palacios me impresiona mucho. Sí, por bonitos también. Pero ahora no estaba pensando en eso. Estaba en que no ganarán para pintura. Por que con esta humedad, no habrá techo que no se desconche. Pero bueno. Son bonitos. Y es la gracia de los canales. Porque si en vez de palacios hubiera chabolas, ya veríamos quien venía de visita a ver esta ciudad.

También hay un considerable número de museos. Ayer visité dos. La Gallería dell’Academia, que no está nada mal, y la siempre cuca Fundación Peggy Guggenheim. Claro que Miss Peggy debía ser una cochina,… porque vaya obscenidad de esculturas que se compraba.

La puesta de sol me ha pillado paseando por las orillas del Canal de la Giudecca. Todas las fachadas iluminadas por un sol que no ha aguantado mucho, porque unos nubarrones lo han ocultado prematuramente. De momento, sin mayores consecuencias.

Así que me he ido hacia el Campo Santa Margherita, donde me he tomado tranquilamente un spritz, y después me he ido a cenar. Antes de irse al hotel un paseíto. El primer paso por la Piazza de San Marco, donde pequeños grupos de músicos actuaban como reclamo para las carísimas terrazas de la plaza.

Y esto es todo por ahora. Probablemente, el resto de la estancia en Venecia os la cuente ya llegado a Zaragoza. Hasta la próxima.

Por fin Trieste con sol

Viajes

Ayer, por fin salió el sol en Trieste. Con lo que la cara de la ciudad méjoro notablemente. La mañana la pasamos en nuestras reuniones de trabajo. Pero aun encontramos un momento para hacernos una fotillo los que íbamos desde Aragón con el simpático Marco. No el que fue a buscar a su mamá; otro mucho más divertido.

Elemento importante a considerar en nuestra estancia, la trattoria en la que medio por azar medio por propia voluntad, hemos ido a cenar sistemáticamente todas las nochas, haciéndonos buenos amigos del tipo que la lleva, y que nos ha ofrecido unas insalatas, unos risottos, una pasta, y unos pesci fritti o al griglio, absolutamente excelentes.

Por supuesto, como vengo diciendo desde hace años, si en una ciudad hay tranvías, esa ciudad me suele gustar. Y Trieste, pasado los primeros grises y húmedos momentos, me ha resultado una ciudad destartalada pero agradable. Y tan competente como cualquier otra ciudad italiana a la hora de ofrecer sus salumerie con sus quesos, sus pastas, sus setas, sus… mmmmmmm, que bueno.

El lugar más emblemático es la Piazza della Unitá d’Italia, con edificios magníficos como el antiguo palacio del gobierno de Trieste. Esta ciudad fue un estado independiente durante siete u ocho años tras la Segunda Guerra Mundial. También conviene acercarse del mar a la hora del atardecer, ya que el ambiente es magnífico.

Por el interior de la ciudad, encontraréis otras atracciones; sencillas pero coquetas, como el teatro romano. Cuestión de darse un paseo, sin muchas prisas, y disfrutando.

Ahora he llegado ya a Venecia, donde todo será muy bonito, pero lleno de gente y de follón. En fin. Ya os contaré. Ahora saldré a comer algo y a dar un laaaaaaaargo paseo hasta la noche.