Última mañana en Munich; Deutsche Museum, sopa y de vuelta a casa

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Hoy nos hemos dividido al principio de la mañana. A mí no me apetecía ver tiendas. Así que entre las 10 y las 12 de la mañana, me he dirigido al Deutsche Museum para echar un vistazo al que dicen que es uno de los mejores y el más grande de los museos de la ciencia y de la técnica de Alemania, o sea de Europa. Tan grande es que apenas he paseado someramente por alguna de sus salas.

Las salas más visitadas probablemente sean las de la navegación y de la aeronáutica, por la espectacularidad de las naves expuestas. A parte de barcos y aviones diversos, me ha llamado la atención que, de alguna forma, presumen de ser inventores del cohete. Y por ello, exponen una V2. Una de aquellas bombas volantes que los nazis usaron para bombardear Gran Bretaña. Curioso avance. Eso sí. Ninguno de los vehículo de la época aquella luce la cruz gamada. Está prohibida en Alemania.

No dispone de salas dedicadas al ferrocarril como sí tiene el museo de Berlín, hay que contentarse con modelos ferroviarios a escala. Eso sí, disponen de una maqueta funcional que ponen en marcha tres veces al día que hace las delicias de grandes y pequeños. Controlada digitalmente, también tiene cámaras en todo el circuito, incluido en alguno de los trenes que se desplazan, y que emiten por diversas pantallas.

Camino de la sección de fotografía, obligatoria para mí, me he entretenido un rato viendo como trabajaba un vidriero. Luego, he consumido el resto de mi tiempo admirando todo tipo de aparatos fotográficos. Pensaba que estaría más dedicado a los aparatos alemanes, pero había una buena selección de diversos hitos de la fotografía de todo el mundo. Bien.

A mediodía, nos hemos reunido en el Viktuelmarkt, donde hemos tomado un piscolabis muy muniqués a base de sopa y weißbier (la alternativa hubiese sido weißwurst y weißbier, pero era demasiado weiß, y ya la probamos en el Spitze).

Tamibén he admirado allí a un ciudadano que lejos de tirar de cámara digital, se mantenía fiel a su Leica con montura de rosca, con un teleobjetivo y un visor múltiple de revolver. Que estupendo.

Después, a recoger las maletas al hotel, coger el S-Bahn al aeropuerto,… y para casa. Se acabó.

Salzburgo: Mozart, sonrisas y lágrimas, y lluvia, mucha lluvia

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La primera vez que supe algo de Salzburgo fue una de las varias en las que siendo niño mi madre me llevó/obligó a ver Sonrisas y lágrimas, en las que una virginal novicia acaba liando a un «pobre» viudo con una caterva de hijos a cual más ñoño. Eso sí, parecía ser todo muy bonito, con muchos montes, y con calles y paseos muy monos para montar en bicicleta y cantar canciones sobre el do, re, mi,… etc, etc.

Bueno, sí, muy bonito, pero hoy todo con un nublado de preocupar. Y tan de preocupar que lo que ha hecho ha sido llover casi todo el día. A ratos, con cierta intensidad. Si hasta se estaba produciendo una invasión de babosas. Me refiero a los limacos,… había también muchas señoras y señoritas de diversas partes del mundo invadiendo la ciudad, pero no me atrevo a calificarlas con tan grosero adjetivo.

La ciudad es bonita en sí. Tiene sus jardincitos bien cuidados, sus casas monas, su río, sus puentes,… vamos lo que toca. Hay una calle, la Gedartegasse, llena de tiendas. Y por consiguiente llena de turistas. Los cuales hoy andaban muy decepcionados porque al parecer es fiesta. Supongo que en Austria, o al menos en Salzburgo, también celebran la Virgen de agosto. Son muy católicos ellos. Hasta el punto de que durante gran parte de su historia, Salzburgo fue un electorado del Sacro Imperio, cuyo príncipe elector era el arzobispo de la ciudad. Estos curas nunca han entendido bien qué quiso decir el Cristo con aquello de «al Cesar lo del Cesar, y a Dios…», lo que fuere.

Dominando la ciudad, una imponente fortaleza con sus torreones, sus almenas y sus cañones. Se sube en funicular. También puedes subir andando, pero la gente que lo hacía llegaba bastante cansadica. Así que lo mejor es caminar cuesta abajo, y que te suban tirando de la cuerda. En cualquier caso, teniendo en cuenta que las vistas estaban poco vistosas por culpa del nublado y la lluvia, la fortaleza en cuestión tampoco tenía mucho de donde rascar.

Más majetes son dos antiguos cementerios, el de la Iglesia de San Pedro y el de la Iglesia de San Sebastian. Muy recoletos y muy cuidados. El primero me ha gustado más por lo recogido y lo vistoso de sus tumbas. El segundo más seriote, hecho para más gloria de uno de los príncipes-arzobispos de la ciudad, tenía alguna celebridad enterrada. La que más me ha llamado la atención ha sido la tumba de Paracelso, de los médicos el más excelso. El epitafio, en latín, miente bastante. Ni harto de vino era aquel buen hombre capaz de curar la lepra. Pero eso es lo que dice, según las traducciones que por allí han puesto.

Finalmente, el rollito de Mozart. Porque el famoso músico nació en el lugar. Y allí le han puesto una estatua todo serio y majestuoso. Nada que ver con el descerebrado que retrato Milos Forman en su excelente película Amadeus. Pero nada. Eso sí, luego su música hay quien se la toma en serio, y otros la tocan con balalaicas. Si el bueno de Amadeo levantara la cabeza…

Bueno. Mañana es día de regreso. Aún podremos dedicar la mañana ha ver algo por Munich. Quizá nos acerquemos al enorme Deutsche Museum, el mayor museo de ciencia y tecnología del país y de Europa. O quizá no, y si eso nos dedicamos a pasear si sale bueno. Ya os contaré.

Aire fresco, sol, montañas, lagos,… los Alpes, el Zugspitze

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Después de todos estos días de patear medio urbano, nos apetecía un poco de aire libre. Desintoxicarnos, y aspirar un poco de oxígeno del de verdad. Y chico, teniendo los Alpes tan cerca… Claro que el pronóstico meteorológico no lo ponía nada claro. Podíamos encontrarnos un mar de nubes ocultando las montañas… pero ha habido suerte. Empiezo por el principio.

Lo primero, nos hemos acercado a la Hauptbanhof de Munich para coger un tren que nos llevara a la olímpica ciudad de Garmisch-Partenkirchen. La de los saltos de esquí de Año Nuevo. Como casi todas las estaciones alemanas, un hervidero de gente. Claro que aquí no se llevan las tontadas de las estaciones españolas, y así, puedes encontrarte un ICE primo hermano de los AVEs que hacen la ruta Madrid-Zaragoza-Barcelona, estacionado en el andén con unas mochileras en bici a su lado. Sin controles de billetes, sin restricciones de acceso a los  andenes, sin segregación de viajeros pobres y ricos; nada, aquí todo el mundo se mueve por donde quiere. Eso sí, si ve esto el responsable de comunicación e imagen de Renfe igual sufre una ataque de corazón. Con lo elitistas y soplapollas que se han vuelto con sus AVEs.

Y no sólo es eso. Junto al tren que ibamos a coger estaba estacionado uno de la compañía Arriva-Alex en dirección al Lago Constanza, Bodensee en alemán. Hasta el monopolio de la todopoderosa DB se acaba.

Una vez llegados a Garmisch-Partenkirchen la cosa era llegar hasta el Zugspitze, el pico más alto de Alemania con algo más de 2960 metros de altitud. Y para ello había que coger una combinación de tren de cremallera, cuyo trayecto incluye más de 4 kilómetros subterráneos en la montaña, y teleférico hasta casi la cumbre. Impresionante obra de ingeniería en su conjunto.

El enclave junto al pico está a caballo entre el Estado Libre de Baviera en Alemania, y el Tirol austriaco. Eso sí, la mayor parte de las instalaciones están en el lado alemán, con otro teleférico que sube desde el Eibsee y otro desde el lado austriaco.

A la cima se puede subir, pero hay que trepar un poco. Y aunque han puesto escalerillas y agarres en los pasos más dificiles… pues nos hemos abstenido. Cuando uno va de dominguero… pues va de dominguero. Aunque sea un jueves. Pero no faltaban los valientes.

El regreso lo hemos hecho por el teleférico que baja al lago de Eibsee, donde nos hemos montado en una barquita para un modesto pero majo recorrido de 25 minutos. El patrón iba dando datos… pero en alemán. La verdad es que era un soso de mucho cuidado. En cualquier caso, los paisajes, con los montes y la abundancia de bosque, han sido realmente bonitos.

Hasta ese momento, el día ha estado radiante, pero al llegar de regreso a Garmisch-Partenkirchen con el cremallera, se ha nublado a base de bien. Pensábamos pasar la tarde en esta cuca población formada por dos obligadas a unirse por Hitler para la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno del año 1936.

Todo muy turístico. Un centro de veraneo, más que otra cosa. Por lo menos Garmisch, que en Partenkirchen no nos hemos atrevido a pasear porque se estaba preparando una buena que se ha desatado nada más coger el tren de regreso a Munich.

Lleva toda la tarde lloviendo. Hemos descansado un rato en el hotel, nos hemos bajado a cenar y tomar un chisme por los alrededores, y nos hemos vuelto al hotel a charrar tranquilamente. Mañana excursionamos a Salzburgo. Esperemos que con lo que está lloviendo hoy mañana se lo tome con más calma, porque si no en Austria… ¡nos vamos a mojar!

Un bonito día en Munich, que empezó con lluvia y acabó con sol radiante

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Lloviendo se pegó toda la noche pasado. Poco, pero lloviendo. Y lloviendo estaba cuando hemos salido del hotel camino del Schloss Nymphenburg. Un palacete estilo Versalles pero en pequeño que se hicieron los Duques de Baviera.

El día se ha ido aclarando muy poco a poco. Así que hemos recorrido los bonitos jardines del Schloss, con un nubladillo suave. La verdad es que mejor para no pasar calor. A la hora de comer, ya hemos disfrutado de un almuerzo bávaro al aire libre, rodeados de conspicuos señorones y señoronas del país.

Por la tarde, nos hemos impregnado del espíritu olímpico visitando el Parque Olímpico de Munich 72. Por supuesto, obligado subir a la Olimpiaturm de muchoscientos metros de altura. Luego nos hemos ido a subir una de las colinas del parque. No son naturales. Son la consecuencia del desescombro de la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial. No parecía muy alta, no. Pero lo era. Las vistas, también bonitas.

La tarde estaba a esas alturas tan estupenda, tan soleada y agradable, que nos hemos ido de cabeza a un Biergarten que fichamos ayer en el Englische Garten. Se estaba de muerte. Y lo mismo opinaba el montón de muniqueses que habían ido allí a beberse sus weißbiers y a empujarse sus buenas salchichas y codillos.

Después, una paseo (largo, más de lo que imáginábamos) por las orillas del Isar, con sorpresa en forma de puesta de sol desde un monumento con similitudes a la Siegesaule berlinesa. Así, una especie de victoria alada y dorada sobre una columna. Pero más chiquita. Estaba mono. Con mucha gente joven viendo ponerse el sol. El momento ha estado muy bien.

En la cena, palique con una catalana y un valenciano que llevaban un par de semanas viajando por el país. Un pis y a la cama. Mañana más.

Visitando Munich, con sol, lluvia y nublado… y gente, bastante gente

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Por lo menos en el centro megaturístico en los alrededores de la Marienplatz y del Neue Rathaus. Pero es así. Qué se le va a hacer. La mañana ha sido muy agradable. Soleada. Casi con calor. Pero muy llevadero. Hemos ido caminando desde el hotel, haciendo la primera parada en la catedral, la Frauenkirche, que por fuera es un talabarde de ladrillo, pero por dentro no está mal.

Como ahora están en fiestas en Huesca, me he acordado de ellos, y les mando a San Lorenzo que estaba ahí con su parrillica en la catedral de Munich. Aunque a mí lo que me ha hecho gracia han sido las niñas gemelas que correteaban por el templo.

Después hemos salido a Marienplatz dónde hemos visto a unos monigotes bailar al son de un carrillón. Pues eso. Como lo que se puede ver las ciudades de media Europa Central. Que conste que este no esta mal, que hay hasta una justa a caballo… gana el bávaro claro.

Para ver mejor la Marienplatz y el Neue Rathaus nos hemos subido a la torre de la Peterkirche. Allí, además de disfrutar de las vistas, hemos disfrutado de codazos y empujones, así como de alguna otra que otra discusión ya que… no se cabe. Es muy estrechito. Y había mucha gente… claro que con lo que vale… sólo cobran 1,50 euros.

Hartos de los codazos, nos hemos ido al Viktualienmarkt, donde hemos visitado varios puestos y hemos empinado un poco el codo en una de las muchas cervecerías que sirven para refrescar el gaznate de compradores y vendedores, en los días de calor… y en los otros. Por cierto, hemos comenzado nuestro romance apasionado con esas bávaras rubias que tanto me gustan. A la weißbier, o cerveza de trigo, me refiero, claro. ¡Qué buenas están!

Hemos comido unas salchichas típicas y tópicas… con más weißbier, claro,… y luego hemos ido a ver la Residenz. Es el palacio ducal, y sopongo que también real durante el siglo XIX, de los mandamases bávaros. No está mal. Hay alguna sala que es muy aparente.

Mientras visitábamos la Residenz, se ha puesto el sol tras unas feas nubes que nos han traído un chaparrón que había parado al salir. Pero ya no ha vuelto a salir el sol. Así que con ánimo más sombrío hemos emigrado hacia el norte, hacia el barrio de Schwabing, donde nos habían dicho que había buen ambiente. De camino, un arco del triunfo y algo de música callejera. De buen nivel, tanto musical, como… bueno, eran majas. Lo del buen ambiente, debe ser en época no vacacional. Ahora, muchos de los garitos, mucho más monos que los turísticos del centro, estaban cerrados por vacaciones.

Antes de cenar, y a pesar de lo tristona que estaba la tarde hemos vuelto recorriendo el Jardín Inglés. Este es un parque grande del copón, que ya me gustaría ya que tuvieramos en Zaragoza uno la mitad de aparente, con tanto arbolito, estanque, praderas de cesped impoluto, y sobretodo unos hermosos biergartens que hoy estaban casi vacíos al no acompañar la tarde. Supongo que con sol y buen tiempo estarán de culo en bote.

En fin, mañana seguiremos un rato. Pero al siguiente, sospecho que nos iremos de excursión a algún sitio. Lo que pasa es que no sabemos dónde todavía. Lo de irse a los alpes, con el tiempo tan indeciso… está un poco crudo.

Estamos en Munich; está muy animada,… y llueve

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He salido solico en un AVE hasta Barcelona, donde me he unido en la estación de Sants con el resto de la (pequeña) expedición. Destino, Munich, la capital bávara. Salchichas, cerveza y mocetonas (y mocetones, para quien esté interesada) recias y rubias. Suponíamos.

Munich nos ha recibido con un bonito sol… que en poco rato se ha escondido detrás de unas feas nubes, y ¡ale! a llover cada tanto. Así que nada, chubasquero y paraguas y a pasear. Claro que las nubes y la lluvia no han impedido que en una ciudad que fue olímpica allá por el 72, ¡qué barbaridad, cuánto tiempo!… ¡y me acuerdo de cosas!, como decía, esta ciudad se manifieste contra los desmanes chinos en el Tibet. Pues vale.

La ciudad es grande, y se ve que tiene vida propia, que no depende del turismo. Se nota mucho porque los bares y los restaurantes suelen tener las cartas y los carteles sólo en alemán. El que venga de fuera que se espabile. Si dependieran del turismo, seguro que serían más políglotas. Sin ánimo de ofender.

En cuanto a lo de las mocetonas rubias… pues lo que más se ven son islámicas más o menos (más bien más) veladas. Burka no hemos visto, pero cosas parecidas sí. No sé si es la colonia inmigrante, o es que los acomodados de los países islámicos se vienen de vacaciones por aquí. Puede que una mezcla de ambas.

Así que nada, después de echar algún vistazo a algún monumento, y a alguna calle típica nos hemos ido a cenar. Nos hemos moderado. Nos ha tentado alguna taberna de estilo bávaro… pero era empezar a entocinarse en exceso. Así que hemos buscado algo más moderado.

Luego hemos vuelto paseando al hotel, encontrándonos aquí y allí con animosos grupos de música callejera, todos ellos con muy buen nivel, acomodándose donde pudieran guarecerse de los esporádicos chubascos. Ale, mañana más.

Algo de Juegos Olímpicos y… ¡me voy de viaje!, escapadita por Alemania

Deporte, Política y sociedad, Viajes

Creo que voy a ver poco de los Juegos Olímpicos. Creo que salvo que uno esté de vacaciones y tenga mañanas para ver pruebas en directo, o se contente con retransmisiones en diferido, con los horarios chinos, no es cómodo dedicar el ocio a ver las retransmisiones.

En mi caso, esta próxima semana sí que voy a estar de fiesta, pero… me voy de escapada al sur de Alemania. Hotel en Munich y desde allí alguna excursión a Salzburgo o algún otro sitio dependiendo de la climatología. Nos gustaría acercarnos a Garmisch-Partenkirchen, donde los saltos de esquí de Año Nuevo, y coger el cremallera y los teleféricos al Zugspitze, pero no anuncian muy buen tiempo para esta semana, así que ya se verá. Como viene siendo habitual, si las brujas de internet y la infraestructura de los hoteles son favorables, iré subiendo entradas del viaje, con las fotos correspondientes. Aunque tampoco me voy a dar mal. Si no está muy favorable, las subiré «en diferido». Con la fecha correspondiente, pero a la vuelta.

Así que esta semana, pocos Juegos voy a seguir. Y la semana siguiente volveré a currar… así que… pues nada. Ya hace tiempo que veo poco de estos acontecimientos. Aunque me gustan. Sobre todo porque uno puede ver algún deporte poco habitual.

Este fin de semana he visto alguna cosica. Por satélite están retransmitiendo hasta por tres cadenas. He de decir que el nivel de las retransmisiones es muy bajo. Ayer, vi el final de la prueba de ciclismo en carretera. En un momento dado, opté por seguir los comentarios por la radio ante el aburrimiento que producía RTVE y Eurosport. Pero la retransmisión de la SER tampoco era muy allí, y además con el problema de que iban adelantados con respecto a la imagen de la televisión. Un rollo. Alguna retransmisión desde las piscinas por Teledeporte ha resultado también otro rollo. Muchas interrupciones publicitarias, en momentos poco apropiados, y cortando el ritmo de la retransmisión. Además, anuncios muy cutres. No sé si se darán cuenta las empresas anunciadas que con esta estrategia se convierten en marcas odiosas. Vamo que causan rechazo por la molestia que producen. Dudo de que así se venda más; aunque para todo hay.

La fotografía de hoy corresponde a mi último viaje por Alemania, hace 10 meses. Dresde, en concreto.

Puente de Albert

(Pentax *ist DS; SMC-A 50/2)

Trasteando un rato con el Photoshop

Fotografía personal, Viajes

Semana de trabajo después de las vacaciones, semana liada. No falla. Pero esta tarde me he relajado un rato con algunas de las fotos del viaje a Polonia. Al mismo tiempo, explorando alguna técnica photoshopera, para ir aprendiendo más cosas.

Hoy ha tocado simular los procesados cruzados de diapositivas en la química C41. Es un tema que no tengo nada dominado. Siguiendo las sugerencias que aparecen en una página cuya dirección no he guardado. ¡mecachis! Menos mal que he grabado una acción en el photoshop para poder repetirla.

En fin. Os dejo un para de ejemplos. Gente charrando a orillas del Vístula junto a la colina Wawel en Cracovia. El resultado final depende mucho del original. Pensaba que los resultados iban a ser más homogéneos. Seguiremos investigando.

Dialogo cara a cara

Diálogo en rojo

(Ambas fotos, Canon EOS 40D, EF 24-105/4L IS USM)

¿Viajes organizados? No, gracias

Fotografía personal, Viajes

Me gusta viajar. Es un hecho.

Me gusta la fotografía. Es otro hecho.

Por supuesto, me gusta fotografíar en los viajes. En la medida en que mi limitada capacidad lo permite, intento conseguir alguna imagen propia, personal.

No me gustan los viajes organizados.

¿Alguien se imagina por qué?

Fotografiando la catedral - Cracovia

Fotografiando la Catedral de Cracovia
(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Polonia: Colección Flickr y reportaje en Google Pages

Fotografía personal, Páginas personales, Viajes

He vuelto un poco vago del viaje por Polonia. Ya estamos a martes y el tratamiento serio de las fotografías del viaje va lento. Pero ya he abierto la colección correspondiente en Flickr. De momento sólo hay un álbum, correspondiente a Varsovia. Pero a lo largo de la semana irán subiendo otros.

Por otra parte, también he recopilado todas las entradas sobre el viaje en mi página sobre el tema, De viaje con la cámara al hombro, elaborada en Google Pages. Sólo tenéis que seguir el enlace Polonia, desde la página principal, a la cual os podéis dirigir siempre desde el barra lateral de este Cuaderno de ruta.

Ahora, sólo me queda ir terminando el revelado de las imágenes para pasar a obtener el reportaje en papel, que es como mejor se ven las fotografías. De lo más entretenido.

Arcos - Stare Miasto
Recorriendo el Stare Miasto (Ciudad Vieja) de Varsovia
(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Viajar en tren por Polonia (y algún otro medio)

Trenes, Viajes

En el viaje que recientemente he realizado por Polonia, fundamentalmente nos hemos movido usando la extensa red de ferrocarriles que dispone el país.

Los ferrocarriles polacos (PKP) disponen de un excelente buscador de combinaciones de trenes para viajar entre las distintas estaciones de la red, con la ventaja de que además del incomprensible polaco, está traducida a inglés, alemán y francés. En general, bastante conveniente.

Eso sí, para poder entender algunas cosas, también es conveniente saber qué tipo de trenes nos vamos a encontrar en la red ferroviaria. Dependiendo de los mismos, van a variar mucho las condiciones de comodidad y precio.

Lo que resulta relativamente inmutable es las condiciones de tiempo. Salvo alguna excepción, como la línea Varsovia-Cracovia, los ferrocarriles polacos son lentos. Comentaremos más adelante algún caso notable.

En primer lugar, deberemos considerar los trenes de más calidad; los servicios Intercity. Son de los pocos trenes en los que podemos encontrar climatización interior, y son bastante confortables. Sin embargo, salvo en la línea Varsovia-Cracovia, con cerca de 300 kms en algo menos de tres horas, no van especialmente rápidos. Y son los más caros. Reserva de asiento obligatoria. Tomamos dos de ellos:

IC 1607: 5/7/2008 11:57 Poznan – 14:03 Wroclaw (165 km)

IC 3502: 11/7/2008 15:55 Cracovia – 18:50 Varsovia (292 km)

En el siguiente nivel deberemos incluir los servicios Express. Dentro de esta categoría están los propiamente Express y los EuroCity, que cruzan las fronteras con otros países.


EX 35414 estacionado en Gdansk Glowny

Viajando en el EC 241, procedente de Hamburgo Altona, entre Wroclaw y Cracovia

EC 109 procedente de Praga entrando en Oswiecim con destino a Cracovia

Pueden ser también muy confortables… especialmente si pillas un coche de otro país, como por ejemplo de la DB alemana. Pero no necesariamente llevas climatización interior, por ejemplo. Son los siguientes en precio, y también tienen reserva de asiento obligatoria. Tomamos tres de ellos:

EX 25414: 2/7/2008; 10:18 Varsovia – 14:29 Gdansk (344 km)

EC 241: 7/7/2008; 15:37 Wroclaw – 19:44 Cracovia (268 km)

EC 109: 10/7/2008; 19:49 Oswiecim – 21:19 Cracovia (65 km)

Si alguien se molesta en hacer los cálculos comprobará que a este último tren, los 65 km le cuestan 90 minutos. Y eso que es un tren de cierta calidad.

El siguiente nivel de calidad está en los popularísimos Pospieszny. Esto significa en polaco «rápido», lo cual no es más que un humorismo por parte de estos señores. Porque no van especialmente rápidos. Claro que son muy similares a los rápidos que hasta principios de los años 80 circularon por España, que tampoco eran especialmente «rápidos». Y tenían un ambiente muy similar. Hay muchos, y recorren el país en todos los sentidos y suelen ir muy concurridos. Comodidades, las justas. A partir de aquí ya no detallaré todos los trenes que cogimos.

El primero de ellos lo tomamos por error, ya que llegó a la estación de Gdansk Oliwa a la hora en la que nosotros esperabamos otro tren con dirección a Malbork. El caso es que acabamos en un sitio llamado Laskowice Pomorskie, cuya estación era más grande que el conjunto del pueblo que alcanzamos a ver.


P 54102 entrando en Gdansk Oliwa con un destino insospechado para nosotros

La hora que tuvimos que esperar en dicha estación para coger otro Pospieszny que nos dejar en Tczew y volver a coger un tren a Malbork, nos permitió comprobar que se está abriendo el mercado ferroviario a otras compañías, como este automotor de la compañía Arriva. Previamente, había visto trenes de esta compañía en Gales y Dinamarca. En España, de momento, sólo tiene servicios de autobuses.

Automotor diesel de Arriva en Laskowice Pomorskie

Otros pospieszny que cogimos fue el tren entre Gdansk y Poznan, y uno muy curioso. Se trata del P 8, entre Kaliningrado, Rusia, y Gdynia. Cuando llegó a Malbork, la composición era una locomotora diesel, dos coches rusos y un coche polaco. En esta estación cambió la locomotora diesel por una eléctrica. Al llegar a Tczew, volvió a realizar maniobras, ya que uno de los coches rusos, camas o literas, que llevaba un cartel indicando como destino Berlín, fue desenganchado del tren, que ya con sólo dos coches, nos llevó hasta Gdansk.


Pospieszny entre Kaliningrado y Gdynia estacionado en Malbork


Pospieszny entre Gdansk y Poznan

Finalmente, en la base de los trenes polacos están los Osobowy. Generalmente servidos por unidades automotoras eléctricas, aunque no necesariamente, hacen servicios regionales y de cercanías, y recuerdan mucho a los viejos trenes tranvía de los años 70 en España. Tomamos este tipo de trenes para ir de Tczew a Malbork y para ir de Cracovia a Oswiecim. Curiosamente, la duración de este recorrido no fue sustancialmente mayor que el regreso en un EuroCity.


Osobowy entrando en la estación de Oswiecim

También utilizamos la red específica de cercanías de las Tres Ciudades (Gdansk – Sopot – Gdynia), más barata y con mayor frecuencia de trenes que los trenes de la PKP. Muy adecuada.


Tren de la red SKM entre Gdynia y Gdansk

Finalmente, comentar los únicos desplazamientos no ferroviarios que hemos hecho. Y fueron los minibuses que tomamos para ir desde Cracovia a las minas de sal de Wielizka. Estos minibuses no están bien señalizados en ningún lugar, y funcionan un poco como los dolmus en Estambul, aunque son mejores y con horarios más estables. Claro que en Estambul hace ya 16 años que estuve; no sé cómo serán ahora. Nosotros lo cogimos en la calle Pawia de Cracovia, en frente de la estación de ferrocarril. Muy convenientes. Y baratos.


Minibus de Wielizka a Cracovia

Una última recomendación. Es difícil saber cómo se va a pronunciar una ciudad polaca en polaco, y las taquilleras o los taquilleros de las estaciones no suelen saber idiomas fuera de las ciudades grandes. Y en estas, lo justo. Por ejemplo, Wroclaw suena en polaco algo así como vrotsuaf. Así que lo mejor es llevar una libretita y dar una hoja con los datos de destino, hora y clase en la que queréis viajar. Lo agradecen mucho.

Termino esta larga entrada con un motivo ferroviario menos alegre. Se trata del cambio de agujas a la entrada de la tristemente famosa playa de vías en el campo de concentración Auschwitz-Birkenau.

Ayer fue día de vuelta; pesada vuelta…

Viajes

Nos quedaba ayer una última mañana para dar una vuelta por Varsovia. Aprovechamos para seguir la ruta del recuerdo histórico del gueto establecido por los nazis durante su ocupación de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial.

Antes cogimos el metro con el fin de visitar lo que según habíamos leído era una de las estaciones de metro más bellas de Europa. O no la supimos encontrar, o la que encontramos más o menos mona no era para tanto. Qué sé yo.

Del gueto no queda prácticamente nada. Todo quedó derruido tras la guerra, y con la reconstrucción de la ciudad, no se conservó la estructura de la ciudad antigua. Eso sí, entre los tristes edificios propios de las ciudades de la antigua Europa del Este, encontramos algunos monumentos conmemorativos a los distintos sucesos que acontecieron. El cementerio judío no lo pudimos visitar. Era sábado, y los sábados los judíos no curran.

Cogimos un tranvía; el primero en todas las vacaciones, y va y lo cogemos el último día. Nos gusta demasiado caminar. Lo dicho. Cogimos un tranvía, y nos bajamos a Nowy Swiat, una calle muy mona en el centro a comer algo, antes de ir al aeropuerto.

En el aeropuerto, una sorpresa desagradable. El avión que debíamos tomar para Munich, donde transbordaríamos a otro hasta Madrid, llevaba casi hora y media de retraso. Imposible el enlace. Nos cambiaron el embarque a otro vuelo con destino Fráncfort, desde donde cogimos otro avión a Madrid. Resultado, llegamos a Barajas dos horas y media más tarde lo previsto. Cogimos por poco el último autobús hacia Zaragoza, y pasadas las cinco de la madrugada de hoy domingo llegaba a mi casa. Tras domir poco y mal, todo el día zombie… Menos mal que no vuelvo inmediatamente a trabajar. Aún me queda una semanita para dedicarme a «asuntos domésticos». Pero se acabó lo mejor.