[Fotos] El Mont-Blanc desde Chamonix

Fotografía, Viajes

En estos primeros días de la semana, me he puesto a procesar fotografías del viaje reciente de vacaciones por el sudeste francés y el lago de Lemán en Suiza. Y he empezado por lo difícil, por las difíciles condiciones de luz que tuvimos en los Alpes, en Chamonix. Los detalles técnicos los podéis encontrar en En los Alpes; un objetivo sencillo, y barato, unas condiciones difíciles, una herramienta de procesado digital.

Para los que no estéis interesados en la técnica fotográfica, simplemente os dejo unas fotos del macizo del Mont-Blanc, la Aguja del Midi y otras cimas alpinas vistas desde Chamonix.

[Cine] Clouds of Sils Maria (2014)

Cine

Clouds of Sils Maria (2014); vista el 28 de junio de 2015.

Versión original subtitulada en castellano para esta película con muchos alicientes a priori, que también se puede encontrar en la cartelera española con el título en castellano desvirtuado de “Viaje a Sils Maria”. Por son más importantes las “nubes (clouds)” que el “viaje”. Pero la capacidad de las distribuidoras españolas para causar desmanes en los títulos de las películas extranjeras es notable; en esta ocasión casi se podría decir que se han moderado.

Digo que la película tiene muchos alicientes. Para empezar porque está interpretada por la siempre interesante Juliette Binoche. En segundo lugar, porque aunque no he visto mucho cine de su director, Olivier Assayas, en algunos medios siempre despierta expectación. En tercer lugar, por que la réplica a la veterana y madura Binoche viene dada por dos actrices entre jóvenes y muy jóvenes de las que se espera mucho. O hay quien espera mucho. Ya veremos.

Maria Enders (Juliette Binoche) es una veterana actriz de cine y teatro que acude a la localidad alpina suiza de Sils Maria para un homenaje a un viejo amigo, escritor y director teatral, que le proporcionó en su juventud su primer éxito con la obra “Majola Snake” (la serpiente de Majola, un fenómeno atmosférico en este valle alpino, en el que las nubes procedentes de Italia parece deslizarse por el valle como una serpiente; ya he dicho que cambiar “clouds” por “viaje” en el título era una tontada como una casa). Pero el director se suicida allí mismo, en una casa de montaña, y el homenaje se convierte en póstumo. Al mismo tiempo, un joven director teatral, Klaus Diesterweg (Lars Eidinger) le propone volver a hacer la obra. Pero en lugar de la protagonista joven de más de 20 años atrás, la protagonista madura de la misma. Tras pensarlo y discutirlo con su joven ayudante, Valentine (Kristen Stewart), y encontrarse con la actriz de apenas 20 años que hará el papel que a ella le dio la fama, Jo-Ann Ellis (Chloë Grace Moretz), aceptará. Pero le producirá muchos conflictos personales.

Para ilustrar la entrada de hoy, nos iremos también a los Alpes suizos, también en la frontera con Italia.

Para ilustrar la entrada de hoy, nos iremos también a los Alpes suizos, también en la frontera con Italia.

Estamos ante la típica historia en la que una persona, una actriz llega a la madurez después de una vida de éxito, y se empieza a plantear las cuestiones que acompañan esa madurez. El nuevo tipo de papeles que le son ofrecidos, el escepticismo con el que acoge las propuestas o la vida en general, el empuje de nuevas generaciones de actrices, con nuevas formas de comportarse en sociedad y nuevas formas de interpretar y de entender las obras. Así como la desaparición de aquellos que influyeron en sus vidas. Es por lo tanto una película reflexiva que pivota en torno a al personaje interpretado por Binoche, y en el que las dos actrices jóvenes tienen dos misiones distintas. La asistente (Stewart) es el “pepito grillo” de la actriz. Con una lealtad incondicional, pero que se verá sometida a dura prueba, es la visión de la actualidad para una mujer que empieza a no comprender el mundo que le rodea. La actriz joven (Moretz) es el polo opuesto, el mundo moderno, frívolo, superficial, por lo menos aparentemente, cuyos valores han cambiado y, por consiguiente, su actitud ante el mundo y las obras a interpretar.

Por su puesto, el peso de la película, más allá de los bellos paisajes alpinos que se nos ofrecen, descansa en las sólidas interpretaciones de sus protagonistas. Desde luego de Binoche, que muestra una vez más su solidez y madurez interpretativa. Y luego la razonable competencia de sus “sparrings” más jóvenes, que hacen un trabajo suficiente, incluso meritorio, pero que de momento están a otro nivel. Por lo menos Stewart ha dejado de parecer que está permanentemente colgada, y hace creíbles los conflictos internos de su propio personaje. Moretz tiene un papel que corre el riesgo constantemente de sobreactuar y caricaturizar, y por lo menos tiene la suficiente contención para que no suceda.

Pero en lugar de visitar los Grisones, nos iremos al Valais (Wallis en alemán), y subiremos desde Zermatt a Gornergrat, frente al Monte Rosa.

Pero en lugar de visitar los Grisones, nos iremos al Valais (Wallis en alemán), y subiremos desde Zermatt a Gornergrat, frente al Monte Rosa.

Dicho todo esto, al final nos quedamos con una cierta sensación de vacío. De que hemos hecho un viaje… no necesariamente a Sils Maria, sino al interior de estas personas, pero que no hemos profundizado en exceso, y que nos hemos limitado a pasear por algunos lugares comunes, que ya se han tratado en otras ocasiones, sin aportar gran cosa nueva. La película se deja ver, es correcta, pero no va mucho más allá.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

En la película se ven imágenes de un cortometraje de 1924 de Arnold Franck sobre el fenómeno de la “serpiente de Maloja”, que os dejo a continuación por si os apetece verlo.

[Cine] Turist (2014)

Cine

Turist (2014); vista el sábado 28 de febrero de 2015.

Siempre me gusta poner el título original de la película cuando la vemos en versión original. En la versión doblada al castellano, el título que le han dado es “Fuerza mayor”, que es la traducción directa del título que han dado a la película en el mundo anglosajón “Force Majeure”, que paradójicamente es una expresión en francés. Tanto más paradoja cuanto que la versión exhibida en Franica recibía el título en inglés de “Snow Therapy”….¡¡¡¡¡¡?????? ¿Tanto les costaba haber dejado en todas parte el título que le dieron los suecos que la hicieron? Simplemente, “Turist”. Cada vez entiendo menos a las gentes del marketing.

Esta película sueca dirigida por Ruben Östlund, y rodada en la estación alpina francesa de Les Arcs, venía avalada de buenas críticas y por haber optado a diversos premios a lo largo de su carrera comercial. Lo cierto es que la idea original es que después de varias semanas viendo películas “oscarizables”, vendría bien “desintoxicarse” con las propuestas de otras cinematografías. Entre las propuestas diversas que aparecieron en la cartelera española este fin de semana, optamos por esta por una cuestión de conveniencia práctica.

La película nos habla de una familia sueca, el papá Tomas (Johannes Kuhnke), la mamá Ebba (Lisa Loven Kongsli), la niña mayor Vera (Clara Wettergren) y el niño pequeño Harry (Vincent Wettergren), que están pasando una semana de vacaciones esquiando en los Alpes franceses. Todo va bien, y parecen el paradigma de familia ideal hasta que sucede un incidente. Tras una noche de nevada, los cañones de la estación provocan aludes controlados, y uno de ellos crece más de la cuenta y parece dirigirse hacia la terraza del restaurante donde está comiendo la familia, cundiendo el pánico y cubriéndolo todo de la nieve pulverizada, pero sin más consecuencias. Cuando todo se aclara, se descubre que mientras que Ebba se ha quedado en la terraza protegiendo bajo su cuerpo a los niños de cualquier posible riesgo, Tomas ha salido corriendo de la terraza dejándolos solos. Esto marcará el rumbo del resto de sus vacaciones, especialmente cuando llegue Mats (Kristofer Hivju), un amigo de Tomas, con su nueva novia veinteañera Fanni (Fanni Metelius), y Ebba les cuente la experiencia mientras cenan todos juntos, y cómo se sintió. La familia entrará en crisis.

Muchas horas he echado yo esquiando en sábados y fines de semana del invierno durante años, muchas de ellas en esta estación de Formigal, en el Pirineo aragonés.

Muchas horas he echado yo esquiando en sábados y fines de semana del invierno durante años, muchas de ellas en esta estación de Formigal, en el Pirineo aragonés.

Con una dirección sobria, pero de iluminaciones y encuadres exquisítamente cuidados, donde muchas veces el personaje que habla no es quien aparece en el encuadre, de diálogos parcos y directo, esta película sueca realiza un profunda disección de las familias modernas de corte burgués, de los roles establecidos, de la comunicación entre los cónyuges, de la ética de la relación. Disección que tiene sus momentos de humor, sus momentos de drama, que bordea la tragedia, que no pocas veces lanza miradas irónicas a los personajes sin negarles cierta simpatía, y que nos ofrece un final frío extraño, que nos incita a cierta desesperanza. Especialmente cuando comprendemos que el ser humano no es ni bueno ni malo, habitualmente, que todos tenemos nuestros momentos, pero que a todos nos resulta más fácil ver la paja en el ojo ajeno que un camión de vigas en el propio.

Interpretaciones sobrias igualmente, herederas como la realización de ciertas tradiciones del cine nórdico, pero efectivas. Ambos progenitores se adueñan respectivamente de una mitad de la película, contando a partir del incidente del alud. Ambos decontruyen sus personajes con eficacia y junto con los secundarios componen un buen elenco, mezcla de intérpretes suecos y noruegos así como de otras nacionalidades, para sujetar la ya de por sí buena realización.

En los últimos años, circunstancias diversas, especialmente una lesión en la rodilla, me han impedido practicar el esquí. Con lo bonita que es la luz del invierno en estaciones como la de Artouste, al otro lado del Portalé, en Francia.

En los últimos años, circunstancias diversas, especialmente una lesión en la rodilla, me han impedido practicar el esquí. Con lo bonita que es la luz del invierno en estaciones como la de Artouste, al otro lado del Portalé, en Francia.

Desde luego no es la película comercial al uso, ni hay grandes aventuras, ni grandes eventos. Un incidente, y los pequeños eventos cotidianos que suceden en una estación de esquí. Pero detrás de todo ello hay un implacable y excelente análisis sociológico de la familia occidental y de sus valores. Se le puede poner la pega de que es un poquita morosa, que se toma las cosas con mucha calma, y que los seis o siete días que dura la acción y que configuran otros tantos capítulos del relato, se estiran quizá demasiado tiempo. Los 120 minutos de duración se me antojan algo excesivos para exponer la tesis y la reflexión mencionada. Pero es un filme interesante y recomendable salvo si eres de los que sólo te gusta el cine palomitero y con mucho ruido, o las relaciones postizas de romanticismos impostados que tanto se llevan últimanente.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***
Echo de menos los paisajes de las montañas nevadas, especialmente a primera hora de la mañana, como este del paso fronterizo de Portalé, entre Francia y España, por los Pirineos centrales.

Echo de menos los paisajes de las montañas nevadas, especialmente a primera hora de la mañana, como este del paso fronterizo de Portalé, entre Francia y España, por los Pirineos centrales.

Top of Europe llaman estos suizos al tinglado que tienen montado en la Jungfrau

Viajes

Por fin, tras varios retrasos por miedo al mal tiempo. Nos encaminamos hacia el Jungfraujoch. Es un complejo turístico científico situado a unos 3500 metros de altitud en la cresta que une dos de los picos del macizo de la Jungfrau, el Jungfrau propiamente dicho y el Mönch. El tercer pico en discordia del macizo es el famosísimo Eiger y su terrible cara norte que tantos alpinistas se ha llevado por delante. Uno de los motivos también para intentar garantizar un poco de buen tiempo es que los sucesivos trenes, entre normales y de cremallera, que hay que coger hasta semejante altitud, cuestan en su conjunto un huevo y parte del otro. Pero bueno, el viaje es entretenido.

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Foto a través de la ventanilla del tren; calidad floja, pero de las pocas ocasiones que han surgido de fotografiar la cara norte del Eiger.

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Trenes de cremallera de la Jungfraubahn, dispuestos a subir a lo alto.

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Una de la estaciones del tren de cremallera es Eigergletscher, el glaciar del Eiger; y aquí vemos cómo termina.

Una vez allí, pues a fotografíar montes se ha dicho. Hacía relativamente bueno. -3ºC, pero con sol y sin viento. Así que no se notaban mucho. Pero algunas nubes ligeras pasaban de vez en cuando por las cumbres. Una incluso nos ha dejado cinco minutos de nevada. Ni un minuto más. El Jungfrau estaba tímido y apenas se ha dejado ver entre las nubes. El Mönch estaba mucho más aparente. El Eiger, tapado por el Mönch. Pero lo que más me ha impresionado ha sido el inmenso glaciar que fluía, muy lentamente, a nuestros pies. Como anécdota, hay un palacio de hielo, muy frío, con distintas esculturas. Una de ellas, con sorpresa… pues para mi gusto un poco cutre. Pero yo soy así.

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El Jungfrau se asoma tímidamente entre las nubes.

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La mole del Mönch se despeja ante nuestros ojos.

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La zona que vemos la llaman la plaza de la Concordia, pues recoge tranquilamente tres glaciares que se reunen en una única lengua al fondo.

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Sí, es cierto, la alineación de España en la final de la Eurocopa que ganaron embutida en el hielo... aggggg.

Hemos vuelto por Grindelwald con el fin de admirar la cara norte del Eiger, pero estaba cubierta por las nubes casi por completo. Mala suerte. Nos hemos tenido que conformar con lo vislumbrado por la mañana subiendo. Eso sí, en Grindelwald, una banda musical de niños animaba la tarde, y lo hacían muy bien.

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Horribles nubes nos impiden ver la impresionante cara norte del Eiger.

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Pues tocaban bien estos chavalillos en Grindenwald.

Finalmente, llegados a Interlaken, la tarde era muy bonita por lo que nos hemos dado un amplio paseo antes de cenar, observando la bonita ciudad turística entre dos lagos.

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No sabemos muy bien, pero a estos vistosos y cuidados edificios en Interlaken les llaman el castillo.

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Vuelos en parapente con instructor aterrizan en pleno centro de Interlaken.

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Veteranas locomotoras las que todavía usa el Bern-Loschberg-Simplon Bahn.

Para volver, un ICE alemán. Toma ya. No sé hasta donde iría. Estos suizos son muy suyos y ponía destino Basilea. Pero siendo ésta una ciudad fronteriza, seguro que seguiría hasta alguna ciudad importante alemana.

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ICE de la DB alemana que nos llevará de vuelta a Berna.

Mucho sol, algo de lluvia y montones de montañas

Viajes

En primer lugar, ayer cerré el blog antes de cenar. Y resulta que pasaron cosas. Justo antes de cenar, presencie una especie de duelo entre bandas de música suizas. En realidad, estaban a caballo entre lo que es una banda y lo que es una charanga. Pero en algún que otro momento no les faltaba calidad. Sobre todo a los de atuendo de colorines. Y llevaban mucha marcha.

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Estos coloridos mozos y mozas se arrancaron con un swing de lo más marchoso.

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Estos, más discretos, vestidos de oscuro, además de los metales llevaban un par de vibrafonistas.

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Estos dos japoneses bailaban el vals exactamente igual que si fuera un rock de los años cincuenta.

Hoy, el objetivo era recorrer las montañas en los alrededores del Cervino. O Matterhorn, si prefieres la voz alemana. Pero se ha mostrado esquivo a lo largo del día, siempre coronado por más o menos nubes. Incluso a primera hora de la mañana, cuando el cielo estaba casi totalmente despejado.

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El día sale totalmente despejado; pero los dioses del Cervino no permiten que le veamos la cara.

Después de ser sableado abundantemente en la corriente taquilla, y ya provisto de mi forfait, he empezado a coger telecabinas y teleféricos, para llegar a lo más alto en el Kleine Matterhorn, a 3.883 metros de altitud. Allí se mezclaban los turistas con los esquiadores de verano, que los había. También había muchos montañeros en dirección al Breithorn, también de más de 4.000 metros. No faltaban los correspondientes chiringuitos para sacar la pasta al incauto turista, así como una atracción, el palacio de hielo, para permitir que cualquiera se diera una fría vuelta por las entrañas de un glaciar.

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Un sistema de telecabinas y teleféricos nos lleva hasta el Kleine Matterhorn; el pico oscuro que se ve al fondo, allá arriba.

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Los glaciares con sus traicioneras grietas rodean los cuatro miles en la frontera con Italia.

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En primer plano el Breithorn y, al fondo, los glaciares que bajan del Monte Rosa.

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Hay fila para subir al Breithorn,... y para bajar.

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¡Qué frío hace en las entrañas de un glaciar!

Ya comenzando el regreso, el Cervino se mostraba igualmente esquivo, mientras que mirando en sentido opuesto el Monte Rosa aparecía absolutamente deslumbrante, aun a través de los cristales del teleférico. Por cierto, en uno de los telecabinas he hecho amistad con un estudiante chino de “telecos” que está estudiando dos meses en Austria. Majo. Ahí lo veréis en el Schwarzsee.

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Apenas nos enseña una arista el Cervino, cada vez más rodeado de nubes.

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El Monte Rosa de color rosado por culpa de los cristales del teleférico que nos lleva.

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He hecho una amigo chino, de Shanghai; aquí posa en Schwarzsee.

La bajada a Zermatt ha sido caminando desde uno de los cruces de telecabinas. Y ha estado muy bien aunque se ha puesto a llover. La campiña de montaña suiza es realmente bonita. Incluso con tiempo gris.

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Paisaje bucólico bajando hacia Zermatt.

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Y dos de las muchas flores que flanquean la senda.

Bueno. Hoy también cierro el blog antes de cenar. Veremos si mañana tengo que añadir algo.

Zaragoza – Barcelona – Berna – Zermatt y al cielo, todo en tren

Trenes, Viajes

Dos días llevo danzando por el mundo. Ayer, de viaje. Primera a Barcelona, dónde cogí el Tren Hotel que me llevaría hasta Berna. Están bien estos trenes, pero tuve un percance con el aire acondicionado, aunque se resolvió, creo que con ventaja para mí. En cualquier caso, creo que es un viaje más largo de lo que debería. Es un tren al que paran mucho, de forma un tanto incomprensible.

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El Tren Hotel con destino Zurich, Suiza, situándose en la estación de Barcelona-França.

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Con un calor horrible, por el mal funcionamiento del aire acondicionado en el coche 32, abandonamos Barcelona.

Esta mañana, una vez en Berna, sin perder mucho tiempo había que hacerse con francos suizos y con el billete de tren a Zermatt. Primer un tren a Visp y luego un cremallera a la turística ciudad alpina. Todo ha ido muy bien.

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El tren que une Visp con Zermatt, a ratos de cremallera, se cruza con otra composición que hace el recorrido inverso.

Un paseo por la ciudad después de una ducha, y a comer con vistas al Cervino o Matterhorn, como prefiráis, que ha eso hemos venido.

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Vista del Cervino o Matterhorn desde Zermatt a la hora de comer.

Por la tarde, tren de cremallera a Gornegratt. Llega hasta más de 3000 metros de altura. Desde allí una vista magnífica del Monte Rosa y los glaciares que de él bajan. También se ve el Cervino muy bien, pero hoy estaba con bastante bruma atmosférica. A alguno hasta le da la vena poética musical, se saca un cuerno alpino plegable de la mochila…. y a soplar.

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Ferrocarril de cremallera de Gornegrat; sube a más de 3000 metros de altitud.

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Picos de más de 4000 metros y glaciares en torno al Monte Rosa, cubierto a medias por las nubes.

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Entre el contraluz y la bruma, el Cervino no se ve con gran nitidez.

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Un entusiasta despliega su cuerno telescópico, extasiado por la belleza de los montes.

De bajada, nada de hacerlo de tirón en tren. Bajándose en Riffelberg, uno se puede dar un paseo de una hora de lo más bucólico, con ovejitas, florecita azules diminutas, alguna cabra que no se estaba quieta, y un poco de bosque. En Riffelalp, uno puede ver el tranvía más alto de Europa y uno de los más pijos. Está allí para los clientes de un hotel de las cercanías con muchas estrellas

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Cordericos pastando y, al fondo, Zermatt.

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Diminutas y bonitas flores azules en los alrededores de Riffelberg.

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Los bosques se van haciendo más densos cuando llegamos a Riffelalp.

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A la izquierda, una moderna composición del Gornegrat Bahn; a la derecha, el tranvía privado de los pijos de un hotel de cinco estrellas.

Bueno, y por ahora ya vale, a cenar, un pis y a la cama.

Vuelta a la cruda realidad, sobre las nieves…

Viajes

Lo dicho ayer. Hoy no ha habido tiempo para nada más que volver, sin más. Nuevamente ha salido un día radiante en Viena. Y hemos sobrevolado unos hermosos paisajes de picos nevados. Lo sorprendente es que al cruzar los Pirineos, hemos sobrevolado más paisajes nevados, y no necesariamente montañosos. Hoy ha debido nevar por el norte de España. Lo que pasa es que estos me han pillado con la guardia cámara baja.

Pues nada… que hasta otro.

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Sobrevolando los Alpes, a caballo entre Austria y Suiza - Panasonic Lumix LX3

Actualización en De viaje con la cámara al hombro

Fotografía personal, Páginas personales, Viajes

Mantengo varias páginas de contenido diverso en Google Pages. Este es un servicio de Google que permite crear páginas en internet de forma muy sencilla. Bien es verdad que con opciones bastante limitadas, pero que para lo que yo buscaba ya me han valido. Una de estas páginas es la versión 2 de mis páginas dedicadas a la fotografía en mis viajes De viaje con la cámara al hombro. Pero estoy en un relativo sinvivir. Google ha anunciado que dentro de unos meses dejará de prestar este servicio, en favor del que actualmente está desarrollando llamado Google Sites. Se supone que Google establecerá algún sistema para migrar los contenidos de uno a otro servicio,… pero ya veremos como queda…

En cualquier caso, de momentos sigo actualizando el mencionado sitio sobre mis viajes, y actualmente he incluido el reportaje sobre mi reciente escapada a Munich, con excursiones a los Alpes y a Salzburgo. La dirección:

Munich y Salzburgo en Google Pages

Para quienes hayáis seguido las entradas de este diario, los contenidos os serán familiares, porque se trata de un transcripción de los mismos. Para los que no, ahí están todos organizadicos.

La foto de hoy, cómo no, del mencionado viaje. El pabellón Pagodenburg en el jardín botánico del Palacio de Nymphenburg, en la capital bávara.

Pagodenburg

(Pentax K10D; SMC-DA 70/2,4)

Aire fresco, sol, montañas, lagos,… los Alpes, el Zugspitze

Viajes

Después de todos estos días de patear medio urbano, nos apetecía un poco de aire libre. Desintoxicarnos, y aspirar un poco de oxígeno del de verdad. Y chico, teniendo los Alpes tan cerca… Claro que el pronóstico meteorológico no lo ponía nada claro. Podíamos encontrarnos un mar de nubes ocultando las montañas… pero ha habido suerte. Empiezo por el principio.

Lo primero, nos hemos acercado a la Hauptbanhof de Munich para coger un tren que nos llevara a la olímpica ciudad de Garmisch-Partenkirchen. La de los saltos de esquí de Año Nuevo. Como casi todas las estaciones alemanas, un hervidero de gente. Claro que aquí no se llevan las tontadas de las estaciones españolas, y así, puedes encontrarte un ICE primo hermano de los AVEs que hacen la ruta Madrid-Zaragoza-Barcelona, estacionado en el andén con unas mochileras en bici a su lado. Sin controles de billetes, sin restricciones de acceso a los  andenes, sin segregación de viajeros pobres y ricos; nada, aquí todo el mundo se mueve por donde quiere. Eso sí, si ve esto el responsable de comunicación e imagen de Renfe igual sufre una ataque de corazón. Con lo elitistas y soplapollas que se han vuelto con sus AVEs.

Y no sólo es eso. Junto al tren que ibamos a coger estaba estacionado uno de la compañía Arriva-Alex en dirección al Lago Constanza, Bodensee en alemán. Hasta el monopolio de la todopoderosa DB se acaba.

Una vez llegados a Garmisch-Partenkirchen la cosa era llegar hasta el Zugspitze, el pico más alto de Alemania con algo más de 2960 metros de altitud. Y para ello había que coger una combinación de tren de cremallera, cuyo trayecto incluye más de 4 kilómetros subterráneos en la montaña, y teleférico hasta casi la cumbre. Impresionante obra de ingeniería en su conjunto.

El enclave junto al pico está a caballo entre el Estado Libre de Baviera en Alemania, y el Tirol austriaco. Eso sí, la mayor parte de las instalaciones están en el lado alemán, con otro teleférico que sube desde el Eibsee y otro desde el lado austriaco.

A la cima se puede subir, pero hay que trepar un poco. Y aunque han puesto escalerillas y agarres en los pasos más dificiles… pues nos hemos abstenido. Cuando uno va de dominguero… pues va de dominguero. Aunque sea un jueves. Pero no faltaban los valientes.

El regreso lo hemos hecho por el teleférico que baja al lago de Eibsee, donde nos hemos montado en una barquita para un modesto pero majo recorrido de 25 minutos. El patrón iba dando datos… pero en alemán. La verdad es que era un soso de mucho cuidado. En cualquier caso, los paisajes, con los montes y la abundancia de bosque, han sido realmente bonitos.

Hasta ese momento, el día ha estado radiante, pero al llegar de regreso a Garmisch-Partenkirchen con el cremallera, se ha nublado a base de bien. Pensábamos pasar la tarde en esta cuca población formada por dos obligadas a unirse por Hitler para la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno del año 1936.

Todo muy turístico. Un centro de veraneo, más que otra cosa. Por lo menos Garmisch, que en Partenkirchen no nos hemos atrevido a pasear porque se estaba preparando una buena que se ha desatado nada más coger el tren de regreso a Munich.

Lleva toda la tarde lloviendo. Hemos descansado un rato en el hotel, nos hemos bajado a cenar y tomar un chisme por los alrededores, y nos hemos vuelto al hotel a charrar tranquilamente. Mañana excursionamos a Salzburgo. Esperemos que con lo que está lloviendo hoy mañana se lo tome con más calma, porque si no en Austria… ¡nos vamos a mojar!