[Libro – ficción] Le crime du comte Neville

Literatura

La belga Amélie Nothomb (el enlace es a la Wikipedia en inglés, porque el artículo de la española no me convence nada) parece que ha dejado de lado, al menos momentáneamente, a su alter ego literario para dedicarse a rehacer o revisitar historias de la literatura previamente ya contadas, actualizándolas a los tiempos que corren o dándoles su toque particular. Hace un tiempo ya actualizó Barba Azul (Barbe-Bleu), el cuento clásico recopilado por Charles Perrault.

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Un paseo por Bélgica… Lieja, Bruselas, Brujas, Gante… aunque la nobleza belga de Nothomb parece ser fundamentalmente valona… No sé si la nobleza belga está tan dividida lingüísticamente como el conjunto del país.

En esta ocasión conoceremos al conde de Neville, un aristócrata belga venido a menos, que va a recibir una terrible premonición de una médium que pondrá más en crisis su ya atribulada situación, en la que se ve obligado a deshacerse por problemas económicos de su preciada mansión señorial. Y dos son las referencias literarias que va a revisitar Nothomb a través de esta corta novela, que se lee en un plis plas. Por un lado, un relato corto de Oscar Wilde, El crimen de lord Arthur Savile. Tiene de parecido, además del título, la premonición de un asesinato. El resto de la historia va por otros derroteros. Este cuento apareció en una recopilación en la que se encontraba también El fantasma de Canterville, mucho más conocido. La otra referencia mitológico-literaria está en el mito del sacrificio de Ifigenia, hija de Agamenón y Clitemnestra. En esta ocasión, el conde protagonista tiene tres hijos a los que ha llamado Orestes, Electra y… no, Ifigenia no. La menor se llama Serieuse… pero esta le exige un sacrificio, y hasta ahí puedo contar.

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Sinceramente, comparada con otras novelas de la belga, de extracción también aristocrática, me parece una obra menor. Casi… muy menor. Si bien se lee con comodidad, es corta, y el estilo de la escritora es fácil de leer, cuesta interesarse en los problemas de estos aristócratas. No acaba de funcionar como parodia de esa aristocracia de ese pequeño país, resultado de la incapacidad del Reino de los Países Bajos para integrar a las provincias católicas que le habían sido añadidas tras el Congreso de Viena, tras haber sido dominio de los Habsburgo durante siglos. Y el desenlace, bastante chusco, tampoco produce ni excesiva sorpresa ni excesiva diversión. Novela que no funciona ni como comedia ni como drama, se queda en tierra de nadie… y supongo que pasará a la historia de la literatura francófona sin pena ni gloria. Relativo pinchazo de Nothomb.

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[Cine] Sesión doble de animación japonesa – la princesa Kaguya y Marnie

Cine

かぐや姫の物語 – Kaguya-hime no Monogatari (2013; 192016)

思い出のマーニー – Omoide no Mânî (2014; 202016)

La distribución del cine de calidad en España es lamentable. Especialmente cuando se trata de cinematografías extranjeras ajenas a la estadounidense. Sorprendentemente, esto también suce cuando hablamos de productos de calidad internacional reconocible, producidos por gentes que se han dedicado durante décadas a realizar algunos de los títulos más notables del cine de animación mundial. Porque sí… hay vida, y mucha, más allá de Disney, Pixar y otros candidatos norteamericanos a repartirse esta parte del pastel, que han ido surgiendo con el advenimiento de la animación generada por computadora.

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El monte Fuji suele formar parte de las leyendas niponas, y también tiene su papel en el cuento original en el que se basa la película sobre la princesa Kaguya.

Ahora he estado unos días fuera de casa, y no he podido ir al cine. Pero me sorprendió que entre los estrenos que se produjeron antes de salir de viaje que llegasen dos títulos procedentes del Studio Ghibli, que yo ya había descartado que se fuesen a estrenar en nuestro país, y ya había buscado las formas de verlos. Me gusta la animación de calidad. Y hace tiempo que este estudio japonés, que desgraciadamente ha cerrado su estudio de producción recientemente, se encuentra como mi favorito de las últimas tres décadas. Historias con profundidad en el desarrollo de los caracteres, comprometidas socialmente y con una fuerte apuesta por el ambientalismo, y que han producido caracteres protogonistas muy interesantes, especialmente entre las niñas y adolescentes. Jóvenes y mujeres que son un modelo personal mucho más interesante que los que llegan del otro lado del Atlántico.

La dos películas que traigo aquí hoy, y que se estrenaron simultáneamente en la cartelera española, tienen ya un recorrido relativamente largo. La primera de ellas, conocida también en la cartelera española como “El cuento de la princesa Kaguya”, se estrenó en Japón en 2013, en Estados Unidos en 2014, y optó a los premios Oscar en la ceremonia que se celebró en 2015. La segunda de ellas, conocida por su título en español “El recuerdo de Marnie”, ha llevado una trayectoria similar pero un año más tarde; 2014, 2015, 2016. Son las dos últimas producidas por Ghibli, son obras respectivamente de los directores Isao Takahata y Hiromasa Yonebayashi, y ambas son adaptaciones a historias literarias previamente conocidas.

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La mitología de la religión popular japonesa es muy compleja, y está muy vinculada a la naturaleza. Cualquier lugar, como el monte Tenjō o el propio Fuji son considerados como santuarios relacionados con los millones de kami que conforman el panteón sintoista nipón.

La historia de la princesa Kaguya procede de un relato japonés del siglo X conocido como El cuento del cortador de bambú, considerado como el texto nipón más antiguo conocido. Es un cuento que mezcla el carácter moral de algunas de sus enseñanzas con la fantasía procedente de la compleja mitología japonesa, siendo la protagonista, la princesa Kaguya, una habitante de otro mundo, que llegó a la Tierra en un día de luna llena y que está destinada a abandonarla en otra luna llena, puesto que nuestro satélite es su lugar de origen. Es un relato muy bello, cargado de poesía, y que es trasladado en imágenes por Takahata con un estilo de animación pintada a mano, pero muy expresiva e innovadora. Una auténtica obra de arte visual, muy por encima de lo que se ve habitualmente, conceptual y artísticamente hablando. Lo cual hace que tampoco sea la película de animación más asequible para el gran público, acostumbrado a los productos prefabricados norteamericanos. Pero merece la pena darle la oportunidad. De verdad.

La historia de Marnie se enraíza sin embargo en la tradición literaria occidental ya que es la adaptación de la novela para adolescentes de la británica Joan G. Robinson, “When Marnie Was There”. No es la primera vez que la gente del Studio Ghibli adapta historia y ambientes de origen europeo, convirtiéndolos con habilidad en relatos universales aptos para personas educadas en las tradiciones de todo el mundo. Quizá porque saben conservar los valores universales que contienen las obras. En esta ocasión, a través de los dibujos más convencionales pero técnicamente impecables y con momentos también muy bellos, cambia el paisaje inglés por Sapporo y las costas de la isla de Hokaido. Un relato que también juega con los recuerdos, con la fantasía y con los vínculos entre generaciones para dar sentido a la vida de un joven preadolescente huérfana que no encuentra con claridad su sitio en el mundo, no teniendo claros sus vínculos con el pasado.

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Esto permite a los habitantes de las islas del Sol Naciente tener un peculiar relación con la naturaleza.

Nuevamente, en ambas historias encontramos algunos de los denominadores comunes de los productos de Ghibli. Personajes femeninos protagonistas interesantes, fuertes o en desarrollo positivo, compromiso con la tradición bien entendida y con el medio ambiente, uso de la fantasía o del realismo fantástico como vehículo para la transmisión de valores positivos.

Ambas están todavía en cartelera, por lo menos en Zaragoza. No creo que duren mucho. Si os interesa el cine de animación es obligatorio verlas. Y si no, igual deberíais darles una oportunidad. Lo ridículo es que estas películas tarden dos años en llegar a nuestras pantallas desde su estreno en el país de origen.

A la princesa Kaguya les doy cuatro estrellas, ****.

A Marnie le doy sólo tres, porque el guion me parece mejorable, ***.

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En cualquier caso, las películas del Studio Ghibli siempre tienden al entendimiento entre las personas, y se sacuden el sexismo con personajes femeninos interesantes y decididos. Quizá su objetivo es que niñas como la de la foto, hija de una pareja mixta entre japonesa y occidental, vivan en un mundo realmente mejor, más tolerante y abierto a todos. Si lo hacen ellas, lo haremos todos.

Mito y rito… o ir de boda en España

Política y sociedad

Este fin de semana hemos estado de jolgorio. Ha habido una boda en la familia. Lo primero que se me ocurre decir es algún tópico como “es agotador” y esas cosas. Pero bueno… si las cosas están razonablemente bien organizadas, y te tomas las cosas con cierta filosofía, pues tampoco es para tanto. El único problema real en el plano físico, el calor implacable al que estamos siendo sometidos este verano, especialmente en la ribera del Ebro.

Pero no voy a hablar del acontecimiento en particular, que pertenece a la privacidad de la vida familiar. Sí que me apetece hablar un poco sobre los ritos que habitualmente acompañan en nuestra sociedad a un acto que en esencia, y a efectos prácticos, no es más que un contrato público de convivencia entre dos personas. Sin embargo, aunque poco a poco se han ido extendiendo las bodas civiles, todavía se celebran muchas bodas bajo ritos religiosos.

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Muchas personas caminan por la vida ignorando el hecho religioso en sus quehaceres cotidianos, pero sin embargo aparece presente en los acontecimiento sociales - Panasonic Lumix LX3

Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, en 2005, un 76% de los españoles se definiría a sí mismos como católicos. Sin embargo, un 54% de ellos (un 41% de la población) nunca o prácticamente nunca realiza prácticas religiosas (acudir a misa, etcétera). Según el Eurobarómetro 2005, en España habría un 59% de personas que creen en algún dios, un 21% de personas que creen en algún espíritu o fuerza vital no identificable con el concepto tradicional de dios, y un 18% de personas que no creen en nada de lo anterior. No esta mal para un país que hace 30 años era obligatoriamente católico y con el que la Iglesia Católica mantiene una relación de claro privilegio, digan lo que digan o se quejen de lo que se quejen los obispos. Teniendo en cuanta que como consecuencia de la inmigración principalmente, un cierto porcentaje de personas que creen en Dios no serían católicos… musulmanes, protestantes, etcétera. Y también el hecho de que de los datos anteriores hay un cierto porcentaje de españoles que se definen a sí mismos como católicos, pero que no creen en un dios. Curioso, ¿verdad? Supongo que para muchos españoles ser católico no es profesar una religión sino identificarse con una determinada herencia cultural.

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Pórtico del Münster de Berna, donde se profesa una variante del protestantismo especialmente abierta y tolerante; diríase que cada cual puede creer lo que guste creer, y está bien - Panasonic Lumix LX3

Por otro lado, el Instituto Nacional de Estadística nos dice que en 2008 casi un 51% de los matrimonios se celebran por el rito católico, apenas un 0,40% por otros ritos religiosos, y casi un 49% en un ceremonia de carácter civil. La tendencia sería a que cada vez se celebra un menor porcentaje de matrimonios religiosos. Bueno. Si tenemos en cuenta que sólo un 35% de los españoles tienen una vivencia religiosa católica que puede ir de asistencia ocasional a frecuente a actos religiosos, es normal la tendencia. Es más, me sorprende que todavía se celebren tantos matrimonios católicos.

Hay que tomar en cuenta que, en general, se puede decir que los católicos viven relativamente de espaldas a la Iglesia a la que dicen pertenecer. La Iglesia Católica ha presentado una dura y áspera batalla a la legalización y normalización social del matrimonio entre personas del mismo sexo. Matrimonio tal y como lo define el código civil, claro. Sin embargo, el apoyo social de los españoles a esta cuestión llega al 70%. Obviamente, no hay que ser un genio de las matemáticas para deducir que en el supuesto de que todos los no católicos apoyasen el matrimonio entre personas del mismo sexo, lo cual es mucho suponer, los números nos dirían que en torno a 2 de cada 3 católico también apoyan el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por ser irónicos, a esto se le llama un notable “divorcio” entre las personas y la institución católica por excelencia.

Todos estos datos, más lo que puedes deducir de lo que hablas con la gente, me hacen pensar desde hace mucho tiempo que la religiosidad de los españoles es baja, y que muchos de ellos serían protestantes si las circunstancias históricas lo hubieran permitido. Pero bueno, nadie se quiere meter en berenjenales por estas cosas, que muchos de ellos consideran poco importantes, y se mantiene una asistencia a ritos notables, bautizos, bodas, funerales, principalmente, motivados a medias por diversas consideraciones… Porque “casi todos lo hacen”, porque “las bodas civiles son muy frías”, porque “cómo no me voy a casar en la/el iglesia/ermita/santuario de mi pueblo”, porque “a mi me parece un teatro pero es lo que quería mi pareja”…

Para muchos españoles, los dogmas religiosos están alcanzando el rango de meros mitos. Como sucede en todo el mundo, hay cierta predisposición a creer en algún tipo de ente sobrenatural para explicar aquellas cuestiones trascendentes que no han alcanzado una explicación científica. Pero los aspectos asociados a una creencia en particular son mirados con escepticismo. A muchos “católicos” les cae bien la figura de Jesucristo, su buen rollo con los pobres, con las “pilinguis” y esas cosas. Pero sobre su divinidad,… pues les da igual. No faltan los chistes sobre la “virginidad” de María y sus relaciones con la “pícara paloma”, por poner un ejemplo. Pero parece que los ritos son más difíciles de erradicar. Forman parte de la tradición cultural. Y ahí nos toca encontrarnos de vez en cuando.

Y entonces es cuando te quedas mirando al cura de turno. Si es un pesado, si es un monótono, si es de los que riñen a los que no se comportan como la ortodoxia exige, acaban siendo “crucificados” por los comentarios de los asistentes. Si es entretenido, si va de colega, si es de los que abogan por el buen rollito,… pues caen simpáticos, y los más escépticos se limitan a echarles unas miradas irónicas, por las cosas que dicen, que sacadas fuera de contexto o de creencia son de lo más peregrinas, y son saludados con razonable respeto. Porque tengo la impresión, por éstas y por otras cuestiones, que los españoles somos mucho más tolerantes que la mayor parte de las instituciones de todo tipo y finalidad que dicen representarnos. Y especialmente, más tolerantes que las instituciones religiosas, claro.

Torre y cimborrio de la Seo

La torre y el cimborrio de La Seo de Zaragoza sobresale por encima de las vallas de las obras del balcón de San Lázaro; bonita sede metropolitana, de la que desgraciadamente con frecuencia salen sermones más destinados a formentar el sectarismo y la división, que la tolerancia y la concordia social - Panasonic Lumix LX3