[TV] Cosas de series; Ronda de series orientales

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Ya sabréis los habituales de estas páginas que uno de mis vicios (in)confesables desde que aterrizaron las plataformas de cine y series bajo demanda en internet son las series orientales. Uno de mis guilty pleasures, puesto que dejan bastante que desear en diversos aspectos, unas veces en guiones, otras en actuaciones, otras en producción,… pero al mismo tiempo tienen un no sé qué divertido que hace que siga enganchándome a algunas. De vez en cuando hay alguna tan infumable o con temas que no me interesan que se queda en el primer o segundo episodio. Pero otras siguen adelante. Lo de hoy es lo que en la práctica he ido viendo desde el establecimiento de las medidas especiales por la pandemia de covid-19. La mayor parte de estos episodios los veo en fin de semana, aunque hay excepciones.

Nos pidieron ayuda unos amigos con niños todavía entre los 8 y los 13 años con las series de anime, por si podían salirse en la televisión de los caminos trillados. Hemos tocado varias series, no necesariamente vistas enteras, pero sí como para orientar. A mí me tocaron en suerte alguna demasiado cursi, alguna muy bien valorada pero excesivamente excesivamente melodramática, y alguna bastante salada y razonablemente divertida… siempre que tengas entre 11 y 13 años. Quizá de la que empecé a curiosear ayer comente algo más… puede que sea divertida en general. Aunque tiene un problema conceptual de base… que ya veremos.

Fotográficamente nos vamos a China, donde hice algunos carretes en blanco y negro. Si no hubiese sido por el maldito coronavirus de los h..v.s, ahora mismo estaría en aquel país… de vacaciones. Probablemente en Xi’an o alrededores… En fin…

Si las series que predominan en las plataformas son las surcoreanas, especialmente en Netflix, seguidas de las japonesas, poco a poco se van colando de otros países. Tailandia, Taiwán… ya han aparecido por aquí. Incluso procedentes de la China continental. Como Nai He BOSS Yao Qu Wo [奈何BOSS要娶我], o Well-intended love para el mundo no sinoparlante (traducción literal del título chino, Porqué quiere casarse conmigo el BOSS). Reúne todos los defectos característicos de estas series; situaciones tópicas, absurdas, malos de cartón piedra, protagonistas femeninas encantadoras con amigas con desparpajo, y un protagonista masculino que es un sieso, pero con buen corazón. Un guion de risa, abundante emplazamiento de producto y situaciones ridículas que siempre terminan bien. Pero a pesar de sus muchos y terribles defectos, la ves mientras consigues mantener la mente absolutamente en blanco. La demostración de que es posible vivir sin pensar.

Y una de las últimas producciones surcoreanas para Netflix es Hyena [하이에나, haiena], donde mezclan el drama legal con ramificaciones políticas con la comedia romántica, con ciertos toques de screwball comedy, ya sabéis, las comedias románticas donde las chicas siempre llevan la iniciativa y ponen en cuestión de forma cariñosa la masculinada del protagonista varón. Eso sí, con final feliz. Aparte de ser un ejemplo extremo de publicidad por emplazamiento de producto, pero realmente hasta llegar a lo humorísticamente paródico, con los defectos habituales de situaciones más o menos inverosímiles, que ponen duramente a prueba la suspensión de la incredulidad del espectador, lo cierto es que no está mal interpretada y hay momento muy divertidos. Siempre y cuando [potente condicional aquí] estés dispuesto a entrar en el juego de este tipo de series, está bien. Incluso bastante bien.

[TV] Cosas de series; historias para no dormir noruegas y cazadores de nazis

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Ya hace un tiempo que terminé con estas series de hoy, aunque ha habido otras que me ha apetecido comentar antes conforme terminaban. Pero bueno, aquí las tenemos

Con el título en inglés de Bloodride (viaje o trayecto sangriento) llegó a Netflix esta corta serie noruega de seis episodios que rondan la media hora de duración. Cada uno de ellos es una historia autónoma, independiente de los demás, aunque están vinculadas por la siniestra introducción en la que se ve a los protagonistas de todas las historias viajar juntos en un autobús de transporte público, por la noche y con un ambiente tétrico. Todas las historias están basadas en un terror a caballo entre lo psicológico y lo moderadamente gore. Aunque no son muchos episodios, sí que hay una cierta variabilidad en su capacidad de sorprender y en la originalidad de las historias. Alguna de ellas es fácilmente previsible, otras no tanto. Dijéramos que en su conjunto es una buena idea con una ejecución que varía entre lo acertado y lo mediocre. Quizá a alguien más aficionado al género que yo se sienta más atraído por la serie.

Visitaremos Noruega, las Lofoten, en honor a la serie nórdica de terror que comento hoy.

Y vamos con una de las series que más prometía a priori de las que se han estrenado recientemente en Amazon Prime Video. Se trata de Hunters. Con aspecto un poco comiquero, que no cómico, nos habla de un grupo de judíos y simpatizantes que se convierten en «justicieros», de los que buscan la justicia por su cuenta y ajustician, de los nazis que se afincaron en Estados Unidos tras la guerra mundial. La acción se sitúa en los años 70. Es conocido que un cierto número de ciudadanos alemanes, especialmente científicos e ingenieros, fueron reubicados en EE.UU. tras la guerra, conforme se intuía el comienzo de la guerra fría, y ante la posibilidad de que ese gran caudal de conocimiento científico y técnico fuese a parar a manos de la Unión Soviética. El caso más conocido fue el de Wehrner von Braun, responsable del programa espacial de la NASA, pero que previamente había sido responsable del diseño de las V2 alemanas. Tiene un cierto papel, ficticio, en la serie. Frente a estos «justicieros», encabezados por Al Pacino, que acaba de cumplir los ochenta años, tenemos a un grupo de conspiradores nazis, tanto de origen alemán como neonazis americanos, al frente de los cuales se encuentra Lena Olin haciendo de… bueno, eso es la sorpresa final. Y cada grupo intenta desbaratar los planes del otro, mientras una agente del FBI (Jerrika Hinton), afroamericana, intenta resolver casos relacionados con esta confrontación. Mmmmm… qué queréis que os diga. El principio de la serie, bastante impactante, prometía bastante. Pero luego la acción y el guion tiene demasiados altibajos. No he acabado especialmente entusiasmado. En el caso de que hay una segunda temporada, no tengo claro que siga viéndola. No he sentido especial empatía por ningún personaje, ni especial interés por la acción.

[TV] Cosas de series; universos paralelos y Meredith

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En la entrada televisiva de esta semana hablaré de tres series. Pero de una seré breve. O lo intentaré. Y me centraré más en dos series de ciencia ficción a propósito de historias alternativas y universos paralelos.

Terminó, prematuramente por culpa del covid-19, la 16ª temporada de Grey’s Anatomy, lo cual al parecer la convierte en el drama médico más longevo de la televisión o casi. E.R. tuvo quince, así que por ahí le debe ir el récord. Sigue siendo un guilty pleasure. Tiene defectos por todos los lados, pero algunos no podemos dejar de ver esta historia de amoríos de instituto en un hospital de alta tecnología en Seattle. Así que no merece la pena mucho más comentario. Quizá decir que el capítulo donde «explicaban» la ausencia de uno de sus más destacados protagonistas para siempre fue ab-so-lu-ta-men-te nefasto y vergonzoso. Una de las temporadas más flojas… dentro de lo que es.

Bosques y lagos predominan en los paisaje de algunas de las series de hoy. Y tal paisaje lo he ido a buscar a los lagos y bosques cerca Tampere (Finlandia)

Pero vamos a lo que interesa. Distopías, historias alternativas y universos paralelos. Tales from the loop es una interesante propuesta, a priori, basada en las pinturas del sueco Simon Stålenhag (instagram), en las que se muestra un presente/futuro tecnológicamente distópico. Situado en una población de algún lugar de Norteamérica, aunque con un ambiente muy nórdico, donde una instalación científica The Loop (El Bucle) ha dado lugar a una serie de dispositivos o fenómenos avanzados pero extraños. El ambiente es más bien setentero u ochentero, como en una historia alternativa, aunque hay saltos adelante y atrás en el tiempo, así como en universos paralelos. Y en este ambiente, vamos siguiendo a una serie de habitantes del lugar, relacionados todos ellos con la familia en la que residen los principales responsables de The Loop. Y asistiremos a una serie de historias que nos harán reflexionar sobre temas como la identidad, la familia, la maternidad, el amor, el ser distinto, las expectativas que tenemos depositadas en nosotros mismos o las que sentimos de los demás… temas profundamente cotidianos, en un entorno casi aburridamente cotidiano, salpicado de fenómenos u objetos extraños. La serie tiene una puesta en escena sobria, pero estéticamente muy conseguida, que nos traslada a un ambiente melancólico, decadente. Y algunos de los personajes tienen mucho interés intrínseco, interpretados por actores y actrices con buen quehacer. Pero el nivel de las historias, de los guiones, es desigual, tiene notables altibajos. Y habrá episodios que no podremos dejar de mirar, mientras que otros… son prescindibles. Creo que la idea era muy buena, pero la ejecución perfectible. No obstante, a mí me ha merecido la pena.

Y si la anterior se situaba en un pasado alternativo, la siguiente se sitúa en un futuro más o menos próximo y… más o menos plausible. Devs es una miniserie creada y dirigida por Alex Garland, director y guionista que se ha hecho un nombre por distintas producciones de ciencia ficción, donde especula con determinados conceptos en el borde de lo que podemos considerar ciencia y lo que no. En esta ocasión, seguimos las andanzas de Lily Chan, una ingeniera informática que trabaja para una empresa Amaya, donde su novio ha sido asesinado tras ser transferido al departamento DEVs. La chica protagonista está interpretada por Sonoya Mizuno, una británica nacida en Tokio, de padre japonés y madre británico-argentina. Una chica que hasta ahora había realizado papeles menores pero muy vistosos en algunas de las producciones de Garland, como Ex-Machina y Annihilation. Y también la habíamos visto cantando y bailando en Lalaland, y en un papel alocado en Crazy Rich Asians, una comedia romántica que no se llegó a estrenar en España, y extremadamente sobrevalorada en EE.UU. tanto por el público y la taquilla como por la crítica. Me detengo en esta actriz, porque desde mi punto de vista condiciona el resultado hasta cierto punto. Garland, en esta serie, trata sobre el conflicto en filosofía de la ciencia entre un universo determinista (visión mecánica desde Galileo a Einstein pasando por Newton) y un universo azaroso (visión probabilística de la mecánica cuántica). Los adversarios de Lily representan a la visión determinista, que implícitamente negaría la libertad del ser humano, condicionado por la mecánica universal, mientras que Lily representa el libre albedrío, que según algunos sólo se daría en universo azaroso. Error común en mucha gente confundir el azar con la libertad… y donde reside uno de las debilidades de la tesis de Garland, confundiendo conceptos que mucha gente y que no deberían ser confundidos. La cuestión es que Lily ha de ser un personaje que, de alguna forma, represente al ser humano común. Y debe generar empatía. Mizuno cambia notablemente de imagen en esta ocasión. Pasa de ser la vistosa bailarina y modelo de esbelta figura y notable sensualidad, a una joven de aspecto andrógino, reservada, aunque fuerte interiormente. Pero de alguna forma su interpretación no consigue tener la fuerza necesaria. A esta chica se le ven las goteras interpretativas; no acaba de dar el salto de presencia vistosa, en producciones anteriores, a punto de fijación y arrastre de la acción. Y la serie, aunque con momentos muy interesantes, especialmente gracias a algunos secundarios, acaba descarrilando, especialmente con un final que no me lo compro… que me parece una ida de olla a la que cada vez nos tiene más acostumbrados más Garland con sus producciones. Recordemos que Annihilation, que enamoró visualmente a muchos, tampoco me convenció. En fin, no me arrepiento de haberla visto, pero me ha decepcionado.

[TV] Cosas de series; segunda ronda de aventuras espaciales,… o así

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Es irónico que en esta época donde pasamos más tiempo en casa que nunca, mi actividad en este Cuaderno de ruta haya bajado tanto. Cuando habitualmente escribo 6 o 7 entradas por semana, la pasada me quedé en tres. Pero claro… aunque tenemos el cine en las plataformas de vídeo bajo demanda, hace semanas que no vamos a un estreno en salas comme il faut. Y si ya, antes de las medidas de emergencia estaba en crisis lectora,… ahora no me concentro en la lectura ni por lo que se dijo. Si sumas que en estos días dedico más tiempo a refrescar mis conocimientos como especialista en medicina preventiva y salud pública en materia de epidemias, que a leer sobre mi afición a la fotografía, ahí se pierden varias oportunidades para escribir en estas páginas. Y no, no me siento tentado a escribir sobre LA epidemia. Aunque creo que mis palabras serían mesuradas y correctas en función de la ciencia conocida, a efectos prácticos lo único que sucedería es aumentar el ruido de fondo que ya existe sobre el tema. Conclusión, desde el viernes no he escrito nada.

Picard se asocia a su origen francés y a sus viñedos. Pues nada, viñedos en Alsacia, para ilustrar la entrada de hoy.

Hoy me dedicaré a la televisión, que eso no falla. Ya dije hace dos semanas que había visto unas cuantas series con aventuras espaciales, de las que ya adelante mi comentario sobre un par de ellas. Vamos ahora con las otras dos.

La primera de ella es la segunda temporada en Netflix de Altered Carbon. Ese futuro interestelar y distópico en el que es difícil morir si puedes trasladar tu conciencia y tu ser de un cuerpo a otro. Ha seguido en la línea de su primera temporada. Mucho protagonista musculado, bastante violencia, protagonistas conflictuados frente a los malvados tradicionales de este género de series. Tengo cierto límite de tolerancia hacia este tipo de productos, y creo que he llegado al mío. La serie no está mal, pero te tiene que gustar este tipo de series de ciencia ficción, más basadas en los excesos de testosterona que en tramas sutiles o en reflexiones sociopolíticas. No puedo asegurar si veré más temporadas, pero en estos momentos no me supondría ningún problema si desapareciera del futuro televisivo.

Una serie que me despertó cierta expectación, aunque un interés moderado, fue Star Trek: Picard, la última de la veterana franquicia de aventuras espaciales buenrollistas, que se puede ver en Amazon Prime Video. Nunca he sido un trekkie. Guardo un recuerdo cariñoso de los episodios que veía de la serie original en mi infancia, pero las película que empezaron a hacer a partir de 1979 y las series posteriores me han parecido siempre un tanto… cutres. Lo aceptable en los años 60 no me convenció tanto con posterioridad. Pero la penúltima serie de la franquicia sí que me gusto, especialmente en su primera temporada, gracias a una trama bastante interesante y a personajes más interesantes que los habituales, con más conflicto e imprecisión ética que el buenrollismo habitual de la serie. Y eso elevó mis expectativas por evoluciones futuras. Pero con un interés moderado, he dicho, puesto que Picard (Patrick Stewart) es un personaje que me cae… mal. Y especialmente, las películas que protagonizó en los años noventa eran malas de narices. La serie… con ese conflicto entre humanos (y otros alienígenas) y las inteligencias artificiales con aspecto antropomórfico… mucho mejor como producción que muchas series de la franquicia anteriores, pero con un interés limitado. A estas alturas, el tema de los androides con inteligencia artificial y aspecto humano se ha tratado un montón de veces mucho mejor que en esta ocasión. Las aventuretas son pasables. Y Picard,… sigue siendo un personaje que no me cae especialmente bien.

Y vale por hoy. Aunque según como evolucione la cosa, igual aumento el número de comentarios televisivos para que no se me acumulen las series interesantes que estoy viendo.

[TV] Cosas de series; cómo he podido vivir sin Villanelle (y sin Eve) y algo más

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Cambio el orden previsto que tenía de comentarios televisivos. Dejo lo que me quedaba de aventuras espaciales y ciencia ficción para otra semana y hoy me centro en dos series que, por muy distintas razones, me han tenido de lo más entretenido. Lo cual ya está muy bien.

Lo primero. Lo más importante. No entiendo cómo he podido vivir hasta ahora sin Villanelle (Jodie Comer) y Eve Polastri (Sandra Oh). Killing Eve lleva ya dos años pululando por el mundo televisivo. Producido para la BBC América y distribuido mundialmente por HBO, ha recibido el aplauso prácticamente de la crítica y el público. Pero por algún motivo que no puedo entender, a mí no me había atraído. Hasta que hace menos de dos semanas le di una oportunidad al primer episodio. Y ya me enganche de forma que he visto los 16 episodios de 45 minutos que conforman las dos primeras temporadas en prácticamente diez días. O quizá menos. No sé. Muy deprisa. Bien hecha, bien interpretada, con un guion que en muchas ocasiones es un no parar, con humor, con personajes carismáticos. Tomando todos los tópicos del cine de espías y de asesinos, asesina en este caso, sociópatas, asumiéndolos y, al mismo tiempo, poniéndolos boca abajo. Espero con ansiedad la tercera temporada que se ha anunciado para dentro de una semana. Un par de semanas antes de lo previsto. Algo de bueno tenía que tener el coronavirus. Sólo encuentro un motivo de crítica, algo en lo que discrepo totalmente. ¿De dónde coño se sacan que Villanelle tiene las tetas pequeñas y está delgada? Que conste que yo no le pondría ni quitaría absolutamente nada, y que su principal atractivo está en otras cuestiones más importantes. Pero vamos… Se me olvidaba, menciones especiales para los secundarios, especialmente para el danés Kim Bodnia, cuyo buenhacer pudimos comprobar en las primeras temporadas de Bron/Broen.

La segunda temporada de «Killing Eve» termina con una dramática escena entre los monumentos de la Roma clásica que podemos suponer cómo se resuelve,… porque un rato antes nos han dado una pista para que nos cosquemos del asunto. Pero bueno, los que prefieran sentir que están en ascuas, mejor para ellos.

En otro orden de cosas, me he merendado las épicas aventuras de la surcoreana Naui Nara [나의 나라; mi país], conocida en Netflix con el título «internacional», o sea, en inglés, de My country; the new age. Situada la acción en la transición entre el reino o dinastía de Goryeo y el reino o dinastía de Joseon, a finales del siglo XIV. La trama sigue las aventuras y, sobre todo, desventuras de dos jóvenes. Uno, Seo Hwi (Yang Sejong), huérfano de un famoso general que fue acusado injustamente y obligado a suicidarse, quedando sus hijos en desgracia. El otro, Nam Seonho (Woo Dohwan), hijo bastardo de un intrigante ministro de la corte. Está la chica, Han Heejae (Kim Seolhyun), una muy guapa cantante pop reconvertida en actriz que, afortunadamente, es más que un florero en la trama. Todo ellos rodeados de unos malos muy malos, y de unos compañeros más o menos serios más o menos cómicos, para relax de las muchas tragedias y maldades que suceden. Con algunas cosas ridículas como… los extras y secundarios se mueren en cuanto les enseñas la espada, mientras que los principales pueden recibir infinidad de cuchilladas y atravesamientos de espada, incluso con veneno, y aun así sobrevivir, lo cierto es que es muy dinámica y entretenida. Y se nota que han echado el resto en el esfuerzo de producción. Bajo el sello de Netflix para el mundo mundial, es de lo mejor que ha impulsado esta cadena, aunque las interpretaciones, especialmente de los actores y actrices más jóvenes sean manifiestamente mejorables. De todos modos… está muy bien… para ser surcoreana. Que conste y que nadie se llame a engaño.

[TV] Cosas de series: aventuras y desventuras en el espacio-tiempo

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No lo he hecho a propósito pero me acabo de dar cuenta que en los últimos tiempos he terminado muchas temporadas de series que se mueven en el ámbito de la ciencia ficción, en la aventura espacial, con o sin viajes en el tiempo. Vamos con dos de ellas.

Decimosegunda temporada ya para la nueva época de Doctor Who que dio comienzo en 2005, y que nos trajo hace ya un tiempo su primera reencarnación femenina de la mano de Jodie Whittaker. Aunque ya podríamos decir que ya ha tenido dos versiones femeninas, suponiendo que se cuenten las reencarnaciones de universos alternativos. Creo. Siempre ha sido una serie que ha oscilado entre la aventura espacial cienciaficcionesca y el terror fantástico extraterrestre. Prefiero lo primero, aunque me he quedado con la sensación de que en esta temporada ha predominado lo segundo. Si bien los últimos episodios han sido más espaciales. No está mal, sigue siendo entretenido, me gusta el toque que le da Whittaker, pero… hecho de menos los tiempos en los que se acompañaba de algún compañero, casi siempre compañera, carismática. Ahora tiene un grupo de ellos, tan políticamente correctos, que parecen un anuncio de Benetton pero con los bebés ya talluditos. En fin… la verdad es que me gusta cuando vuelve, ahora, la Doctora, pero ya no me entusiasma como antaño.

Ale… aventuras espaciales para todos los gustos. En Disneyland Paris.

Y hemos tenido en HBO la primera temporada de una parodia espacial protagonizada por Hugh Laurie, en el papel de «capitán» de la Avenue 5, que también es el nombre de la serie, una nave que por un «accidente», se sale de trayectoria y ve convertido su viaje espacial de unas semanas en uno de varios años. Empeorando la situación cada vez que intentan arreglarlo. Humor absurdo, humor negro, humor escatológico, humor políticamente incorrecto, aunque no demasiado, que tardó un poco en entrarme, pero que al final me ha divertido. Mejorable, francamente, pero visible.

[TV] Cosas de series; el coco y los muertos vivientes coreanos

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Ayer empecé la mañana con un bajón de ánimo, nada alarmante, pero muy presente. En realidad, venía de la tarde anterior. Hoy estoy mucho más animado. Tenía invertidos 620 euros en un viaje a China que no se va a hacer, y la compañía aérea ya ha comunicado la suspensión de los vuelos y la posibilidad de solicitar el reintegro. Vale… nada se pierde; salvo el placer del viaje, algo que llevo muy mal. Con el lunes ha llegado la vuelta al trabajo; la administración me considera trabajador esencial y me ha dado salvoconducto. Todos los días. También me alegra; me permite salir de casa y hablar con gente. Además, como han mandado a casa a mucha gente, la gente que nos hemos quedado estamos con muy buen ambiente. Y finalmente, además de hacerme venir, me he encontrado con una tarea que me apetece hacer y que hará que vuelva contento a casa. Cansado, pero contento. Así que,… todo bien, a un nivel personal. De momento.

La fortaleza de Suwon representa en esta ocasión a las ciudadelas y fortalezas que aparecen en «Kingdom». No sé si se corresponden a la misma época, pero es que a mí, todas las épocas de Corea anteriores a mediados del siglo XIX me parecen la misma.

Y mientras, sigo terminando de ver temporadas de series, más o menos interesantes.

The outsider llegó con su primera temporada a HBO con mucha fuerza. Adaptación de una obra de Stephen King, y con un reparto que prometía. He decir que no soy muy fan de las obras de Stephen King, de hecho no lo leo, y tampoco de las adaptaciones de sus obras al cine, aunque hay muy notables excepciones. Al final decidí que merecía la pena darle una oportunidad. La cosa empezó que ni fu ni fa. En realidad, bien el primer capítulo, pero seguido de unos devaneos con los sobrenatural que nunca me resultan muy atractivos. La catástrofe vino cuando alguien va y dice que se están enfrentando [ATENCIÓN SPOILERES RIDÍCULOS] como decía, se están enfrentando al coco. Sí, al de «cómete la sopa, que viene el coco», «a la cama, que viene el coco». El «coco» ibérico de toda la vida. El de ir a las ferias de adolescentes y preguntarle al del puesto, «¿tiene coco?; ¿sí?; pues qué miedo… y salir por piernas» ¿Quién demonios se va a tomar en serio una serie con esta premisa? [FIN DE LOS SPOILERES RIDÍCULOS]. A punto estuve de mandarlos a freír espárragos. Pero aguanté. Al fin y al cabo, un episodio por semana, poca sobrecarga es. Los último episodios mejoran algo, pero vas con el prejuicio generado. Una pena, porque el reparto estaba bien, aunque algunos de sus mejores nombres desaprovechados. La peripecia ha terminado; el caso cerrado. Pero han dejado abierta la serie a continuaciones. Ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego. Una serie que se queda por debajo de expectativas.

Kingdom llega a su segunda temporada en Netflix. En un principio tenía todos los ingredientes para no verla. Coreana, de época y de zombis. Pero tiene varias virtudes. Una muy importante. Frente a los interminables 16 episodios de más de una hora de duración de la mayoría de las series surcoreanas, nos presentaba un esquema de seis episodios por temporada de 45 minutos de duración. Y un reparto que lo hace razonablemente bien. De esta forma, han podido montar un producto bien hecho, dinámico y muy entretenido. Nada que envidiar a producciones de otros países con más abolengo en las series de género. Y su segunda temporada ha sido más entretenida todavía, mezclando muy sabiamente dosis de desmadre zombie, con su notitas de humor bien dispersas, con un drama político razonablemente planteado y muy bien y coherentemente resuelto. Nos han dejada abierta la puerta con una tercera temporada. Que probablemente veré. Al contrario que la atenrior, una serie que se queda muy por encima de expectativas.

[TV] Cosas de series; amores difíciles, imposibles, dañinos,…

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Hoy traigo dos series, ambas visibles en Netflix, que no están mal. Aunque ninguna de las dos sea perfecta, ni de lejos. Curiosamente la que me ha parecido más entretenida es la que más «goteras» tiene. Voy a ello.

Se puede ver ya desde hace un tiempo la segunda temporada de You. Para los que no estén al tanto, Joe (Penn Badgley), el protagonista de You, es un sociópata cuyas potenciales víctimas son las mujeres de las que «se enamora». En ciertos aspectos recuerda tanto a Dexter, que incluso dentro de la propia serie han hecho alguna referencia o alusión a aquel inolvidable y entrañable sociópata justiciero. Pero eso no quiere decir que funcione como Dexter. Una de las claves de un serie con un protagonista sociópata es que tienes que, una de dos, o te sientes atraído por el (véase Hannibal Lecter) o empatizas con él (véase el propio Dexter) por aberrante que parezca la idea. Y mi problema es que, en mi caso, Joe ni me atrae ni empatizo con él. Por lo cual, has de tirar de los personajes que le rodean. Que en la primera temporada tenían su aquel, pero en esta segunda tampoco me han llamado la atención para nada. Especialmente decepcionante me ha resultado el papel en la trama de su primera, fallida, víctima. Siendo una serie que no está mal… he terminado por verla un poco forzado… y no creo que me enganche ya a una potencial tercera temporada. Ha dejado de interesarme.

Corea, inevitablemente; es lo más vistoso que tengo de lo relacionado con las series de hoy.

El domingo comentaba una película coreana de 2010 que he visto en estos días de aislamiento social. Me llevó q ella una revisión de la carrera del protagonista masculino de la serie que comento a continuación. Se trata de Bin Hyun, y la serie es Sarangui Bulsichak [사랑의 불시착], conocida internacionalmente como Crash landing on you. O sea, estrellándome (o aterrizaje forzoso) sobre ti. El título coreano traduciría más bien por aterrizaje forzoso amoroso. Así que bueno… ya se puede deducir que es una serie romántica. Así que es necesario una protagonista femenina, en este caso Son Ye-jin. A ambos protagonistas los había visto ya en series previas. Él nunca me convenció en exceso, pero ella, a pesar de que la serie era muy floja, siempre me pareció una actriz con posibles. No son ningunos críos. Estamos hablando de intérpretes de treintaymuchos, haciendo el papel de treintaypocos. Son guapos, y están muy arregladitos y apañados y resultan monos. El tema es que el punto de partida es suficientemente demencial como para impulsar una serie que me ha resultado tremendamente entretenida a pesar de las goteras de guion, de ambientación y de interpretación, que como «buena» serie coreana, tiene.

Son Ye-jin interpreta a una empresaria, hija de una familia todopoderosa en los negocios, pero que vive al margen de ellos y a pesar de ello a conseguido mucho éxito. Curiosamente, su padre se da cuenta de su valía y decide que sea su heredera, generando la envidia y el rencor de sus hermanos varones. En un momento dado, practicando parapente, se mete en una tormenta con tornados incluidos, y acaba aterrizando en el lado norcoreano de la zona desmilitarizada, donde es recogida por un capitán del ejército norcoreano. Y a partir de ahí… no voy a entrar en los numerosos enredos en los que se meten para devolverla a Corea del Sur, para enamorarse, y para sortear a todos los malos, del norte y del sur, que los amenazan. Con un planten de secundarios, especialmente los que hacen de norcoreanos, de lo más divertidos, se convierte en un placer culpable relativamente bien hecho que acabas devorando y pasándotelo de miedo. Y las chicas son muy guapas. Aunque probablemente en la vida se haya visto paseando por las calles de Pionyang mujeres tan elegantemente vestidas, ni aun entre las clases dominantes de la monarquía marxista-leninista. Pero el emplazamiento de producto manda sobre la veracidad histórica y social.

[TV] Cosas de series; yakuzas y superpoderes adolescentes

Televisión

En una semana compleja para mí, por lo menos en lo que se refiere a su inicio, voy a aprovechar un momento de pausa para hablar de un par de series de televisión que he terminado recientemente de ver. Ya veremos que más puedo hacer o escribir hasta el miércoles o el jueves, según como vaya. Porque además de líos laborales, de cuestiones que no quiero comentar y de que tengo que revelar tres carretes de fotos… bueno… da igual. Estoy muy liado. Vamos con este ratito, con un poco de agilidad a hablar de estas dos series, que son interesantes.

I am not okay with this

Con el escatológico título en castellano de Esta mierda me supera, nos encontramos con un drama adolescente basado en un cómic de Charles Forman, el mismo que The End of the F***ing World, y adaptada al igual que la anterior por Jonathan Entwistle, que nos vuelve a llevar a las angustias propias de la edad. Especialmente si eres un chica, que arrastra un duelo patológico por el padre muerto, y descubres de repente que tienes superpoderes que no puedes controlar.

Siete episodios de 22 minutos de duración suponen una duración de dos horas y media… como tantas películas de hoy en día. Así que se ve rápida. Y descarga su peso en la interpretación de su protagonista, Sidney Novak (Sophia Lillis), y algunos otros de sus compañeros de instituto. Con un montón de referencias a otras historias sobre angustias adolescentes, las más obvias de las cuales nos llevan a Carrie, aunque sería tonto ver en esta serie una nueva versión camuflada de aquella película, no parece un producto perfecto, pero sí atractivo. Y en el que nos dejan muchas dudas de por donde va a seguir, si sigue. Porque no hay un cierre claro de la historia, y da pie a una continuación. A mi no me importará seguir viéndola.

Giri 義理/Haji 恥

Cuando apareció en el catálogo de Netflix esta serie, pensé que se trataba una producción japonesa para la cadena de vídeo bajo demanda en internet. Y aunque quien sigáis este Cuaderno de ruta, sabréis que no soy precisamente de los que rechazan las series asiáticas, el tema de las mafias o yakuzas no me pareció atractivo en un primer momento. Hasta que empecé a encontrar algunas referencias a la serie que volvieron a despertar mi interés por ella.

Lo cierto es que bajo el título en japonés que se puede traducir como Por derecho/Vergüenza, encontramos una producción de la BBC británica, con un reparto mixto británico y japonés, con localizaciones en el Reino Unido y en Japón, y con diálogos también en los dos idiomas implicados. Un policía de Tokio, Kenzo Mori (Hira Takehiro), que es enviado extraoficialmente a Londres a buscar a su hermano, Yuto (Kubozuka Yōsuke), exiliado de la yakuza tokiota y sospechoso de un asesinato de otro yakuza en la capital británica, se verá metido en una escalada de interrelaciones que afectará a mucha otra gente. Entre ellas a una policía británica (Kelly Macdonald), a un chapero de madre inglesa y padre japonés (Will Sharpe), a Taki (Okuyama Aoi), su hija adolescente, a su callada y resignada esposa (Nakamura Yūko) y otro buen número de personas.

La serie, de ocho episodios de aproximadamente una hora de duración, va creciendo lentamente para explotar en plena intensidad en su cuarto episodio, muy notable, y para mantener la tensión hasta un final,… que no está mal, pero quizá demasiado rosa. En cualquier caso, una serie que ha pasado relativamente desapercibida, pero que es bastante recomendable, tanto por su puesta en escena como por sus excelentes interpretaciones. Adolescente japonesa incluida que tienden a ser muy monas (かわいい ね?), pero limitadas como actrices, como comentaré dentro de una o dos semanas con otra serie que estoy viendo, pero que en este caso resulta bastante convincente.

[TV] Cosas de series; ligereza asiática, mejor… o peor

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Quien esté más familiarizado con este Cuaderno de ruta ya lo sabe. De vez en cuando, con demasiada frecuencia, caigo en los placeres culpables de las teleseries asiáticas, fenómeno que llevo sufriendo desde el auge de las plataformas de vídeo bajo demanda, especialmente Netflix, que dispone en su catálogo de abundancia de series del Asia más oriental. Vamos con algunas de los últimos tiempos, en las que hay de todo.

Para ilustrar la entrada, nos iremos a Taiwán, nacionalidad de una de las series, a las animadas orillas del estanque del Loto en el distrito de Zuoying en Kaohsiung.

The Ghost Bride [彼岸之嫁, es multilingüe, con personajes que hablan mandarín, cantonés y malayo] es una producción de taiwanesa de Netflix que… me ha resultado simpática. Ambientada entre la colonia de chinos de Malaca en Malasia, a finales del siglo XIX, es una «dramedia» romántica de carácter fantástica basada en una novela de un autor moderno, a propósito de una costumbre de algunas culturas asiática, las llamadas «novias fantasma«. Sin ser gran cosa, la serie tiene una ventaja indudable. Y es que algunos de sus protagonistas principales tienen un razonable carisma e interpretaciones también razonables. Y resulta entretenida en su conjunto. Comparada con series de otras nacionalidades, tiene un aire y una calidad general que la sitúan en lo anecdótico, pero con cierta dignidad. Quizá muy dirigido a un sector demográfico muy específico de su región geográfica de origen.

Sin embargo, la serie surcoreana que se presenta en Netflix con el título en inglés Under the black moonlight [Geomeun Dalbich Araeseo (검은 달빛 아래서)] es bastante infumable. Es una miniserie de dos episodios de algo más de 40 minutos de duración, se puede ver como un largometraje, que reune a un grupo de jóvenes universitarios en una trama que oscila entre el crimen y el terror,… pero mal. Es la segunda serie de estas características de duración que veo en la cadena de vídeo bajo demanda, y las dos han sido malas. A evitar. Indudablemente.

Y entramos ahora en The Legend of the galactic heroes: Die Neue These Seiran [銀河英雄伝説 DIEディNEUEノイエTHESEテーゼGinga Eiyū Densetsu: Di Noie Tēze], una serie de animación japonesa, una aventura espacial, nueva versión de otra serie emitida entre 1988 y 1997, que tuvo nada menos que 110 episodios divididos en cuatro temporadas. La cosa va de un futuro en el que la especie humana ha colonizado la galaxia y, tras un periodo de unidad, se divide en dos grandes bloques, uno imperial, inspirado por la estética del Reich alemán de finales del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, y otro de «planetas libres», inspirado por la estética de los países aliados en la Segunda Guerra Mundial. El primero es una dictadura, el segundo una democracia. Hay un tercer estado del que sabemos poco todavía. Y ambas potencias libran una lucha sin fin cuando llegan a sus flotas interesterales nuevos comandantes jóvenes, más osados y atrevidos. La serie es entretenida, sin duda, pero es rara. Creo que los japoneses llevan un lío mental tremendo con una serie de cuestiones sobre la historia y tradiciones de occidente que se refleja en esta serie. De forma que, en ocasiones, esa inspiración en las potencias occidentales del pasado, roza el ridículo. También son raras las batallas espaciales… a base de enoooooooooormes flotas de naves espaciales que se disparan unas a otras puestas de frente. Algo muy absurdo, si uno lo piensa bien. Pero bueno… es entretenida. Y algunos de los personajes son simpáticos. Yo me he entretenido, en medio de los «¡manda güevos!» espontáneos que de vez en cuando me surgían con los erráticos conceptos de los nipones sobre occidente. Que supongo que será el equivalente a los erráticos conceptos de occidente sobre las culturas asiáticas. El desfile de nombres germánicos a cual más sonoro y rimbombante es como mear y no echar gota.

[TV] Cosas de series; los «nuevos» papas

Televisión

Cuando se estrenó en 2016 la serie The Young Pope, salida de la mente del director italiano Paolo Sorrentino, quedó claro que iba a entrar a formar parte del género de las «inclasificables». ¿Drama político? ¿Reflexión religiosa? ¿Comedia costumbrista en el Vaticano? ¿Crítica social? ¿Todo lo anterior es válido? ¿Nada de lo anterior puede asegurarse? Las aventuras del peculiar Pio XIII, o Lenny Belardo (Jude Law), un cardenal norteamericano, aparentemente ultraconservador, pero capaz de arrastrar tras de sí a gentes de todo tipo de ideologías, resultaron un indudable éxito. Aderezado además con un plantel de secundarios excelente en el que destaca ese impresionante cardenal Voiello (Silvio Orlando), camarlengo y secretario de estado, todopoderoso de la política vaticana, más compleja y renacentista que nunca. Todo ello aderezado con la moderna y personal estética que Sorrentino sabe imprimir a sus realizaciones. Hay que reconocerlo, nos dejo con ganas de más.

Paseemos por Roma y por el Vaticano, los museos al menos, como durante esta serie tan interesante y distinta.

Y han sido más de tres años los que hemos tenido que esperar para ver la continuación. Que no ha venido como una segunda temporada sino con un nuevo nombre, The New Pope. Pero desde ya hemos de decir que no hemos perdido al «papa joven», y que hemos tenido no uno sino dos «papas nuevos»… Uno breve, en el que se ironiza sobre el breve papado de Juan Pablo I, y otro, nuevo coprotagonista, Sir John Brannox, o Juan Pablo III (John Malkovich), que ha resultado en algún cambio de tono de la serie.

La serie ha entrado más de lleno a cuestionar o fabular sobre la realidad de las intrigas internas de la Santa Sede como peculiar organización política y económica. Se cuestionan en momentos dados, incluso las creencias. Personalmente, hace tiempo, en mi adolescencia haciendo el bachillerato unificado polivalente en un colegio católico, ya me empecé a plantear en qué medida muchos de los sacerdotes que por allí pululaban creían realmente en lo que predicaban. Mantengo la sospecha, indemostrable, de que varios de ellos, y no pocos, no creían en su propia religión. Pero en la serie, que adopta a ratos un tono más críptico y lleno de simbolismo, no siempre fácil de aprehender, aunque mantiene la excelencia formal de la anterior, vamos cuestionando muchos de los fundamentos de la organización religiosa más potente y estructurada sobre la faz de la Tierra.

Una empresa con demasiados intereses. Mucho más allá de la guía de sus fieles. Y al final, no estoy seguro de haberlo entendido bien, seamos sinceros, por lo que he comentado con otras personas, en medio de un batiburrillo en el que lo que es honesto y lo que no queda confundido o resulta sorprendente, la impresión que te queda es que Sorrentino «apuesta» por el gatopardismo de la Iglesia, en la que mucho han de cambiar las cosas,… para que todo siga igual. La tercera vía de Brannox. Que inglés tenía que ser como todos los inventores de malditas terceras vías que ha habido en las últimas decadas.

Lenny Belardo,… ¿santo, resucitado, cristo, anticristo, mesías,…? ¿O simplemente, un papa? No he oído nada sobre una tercera entrega. Yo creo que así está bien. Muy bien. No hace falta más.

[TV] Cosas de series; nueva ración de «guilty pleasures» coreanos

Televisión

Netflix sigue confiando en los dramas coreanos para rellenar su catálogo, sabiendo probablemente que hay un buen número de aficionados a estas producciones en todo el mundo, y que también estamos los que, conociendo sus debilidades, nos enganchamos a ellas como exótico guilty pleasure. Algunas cosas van cambiando. Cada vez potencia más los estrenos de producciones propias o en combinación con cadenas coreanas. Las primeras son estrenadas y difundidas por Netflix en todo el mundo. Las segundas son producidas por otra cadena, pero Netflix adquiere sus derechos de difusión mundial con el sello de «Netflix original». No siempre soy capaz de diferenciarlas. Y últimamente ha habido algún cambio en el modo de emisión. Si antes iban saliendo al catálogo los episodios al ritmo de uno o dos a la semana. Ahora ya ha habido alguna que se ha lanzado toda a la vez, propiciando el maratón de placer culpable. En las últimas semanas he terminado de ver o he visto un par de ellas. Suelo dejarlas para los fines de semana, días que destino a NO pensar en la medida de lo posible. Y estas series son ideales para ello.

Bueno… pues pasearemos fotográficamente por Corea del Sur, sea Seul, Busán o Gyeongjeon.

Chokolit [초콜릿], o sea Chocolate, es pura televisión «cebolla». Dos niños huérfanos o como si lo fueran, que se conocieron de niños, y que vuelven a coincidir de adultos, llevándose de pena. Ella, cocinera, muy simpática y cariñosa, a pesar de lo mucho que ha sufrido en la vida; el, neurocirujano, serio, un poco bastante sieso, también con su dosis de drama familiar. Y tras una serie de desencuentros, acaban trabajando juntos en una clínica de cuidados paliativos (imaginaos si hay para echar lágrimas), mientras son amenazados por malvados familiares. Pues eso, puro dramón, puro placer culpable, bastante previsible. 16 episodios que se fueron emitiendo semana a semana en Netflix, de dos en dos, tras su estreno en Corea del Sur. Ahora ya se puede ver todos en la plataforma de vídeo bajo demanda.

Na Hollo Geudae [나 홀로 그대], que significa Mi holo yo, donde «holo» es una abreviatura de «holograma», aunque internacionalmente se conoce como My Holo Love. Que quede claro que es un drama romántico. Esta es más animada, aunque con esquemas similares. Dos personas que se conocieron de niños, aunque no se recuerdan, cada una con sus problemas. Él, un genio de la informática, que ha creado una inteligencia artificial en forma de holograma que sólo se puede ver con unas gafas especiales. Ella, una discreta empleada, poco apreciada por sus compañeros, aunque es monísima, porque tiene un problema que guarda en secreto. Tras una serie de avatares, causados por unos malísimos rivales de la empresa de él, la chica pasa a ser la «beta tester» de las gafas y el holograma, del que se enamora. Ah… el holograma tiene la misma apariencia que él, claro. A partir de ahí… todo es previsible. Esta serie está «casi» bien. Aunque está muy lastrada por unos flojos intérpretes. Especialmente la chica, que como ya he dicho es monísima, pero más bien sosita. Producción exclusiva de Netflix, que subió los 12 episodios a la vez a su plataforma, así que ideal para un maratón desde el principio.

Ahora a esperar el próximo estreno, este fin de semana que viene, y que está muy valorado en IMDb, ya que se ha ido estrenando poco a poco en su país de origen. Parece que una damisela en apuros acabará aterrizando por accidente en Corea del Norte… esto parece una novedad…