[TV] Cosas de series; terror y fantasía en la animación japonesa

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Dos series de animación japonesa en el que el terror y la fantasía tienen mucho que decir. Series que, a pesar del tradicional aspecto aniñado de los caracteres del manga en el que se basan y que se traslada a la animación, entran dentro del ámbito de la animación para adultos. O por lo menos para espectadores adolescentes, pero mayorcicos. Generalmente el anime se dirige a un público joven, pero no necesariamente infantil o adolescente. A pesar de lo que parezca.

Mi única experiencia en islas del mar interior de Seto fue la visita a Itsukushima, cerca de Hiroshima, en 2014. Pero ya me vale para ilustrar la entrada de hoy.

Junji Itō es un clásico en activo dentro del ámbito del manga japonés. Extremadamente prolífico, su especialidad es el horror y la fantasía terrorífica. A veces con saludables notas de humor. Humor negro, por supuesto. He leído alguna cosa de él y he dejado pendiente alguna otra. Pero he de reconocer el horror no es un género que me atraiga mucho, y me cuesta leerlo. Recientemente, hace unos meses ya, llegó a Netflix la antología Itō Junji Maniac [伊藤潤二『マニアック』], que en la versión en castellano alarga su título como Junji Ito Maniac: Relatos japoneses de lo macabro. Como digo es una antología. Cada episodio, hasta un total de 12, contiene una o dos historias independientes y autocontenidas, todas en el ámbito del género fantástico, pero siempre orientado al horror. Incluye fragmentos o interpretaciones de algunas de las obras más características y conocidas del mangaka. A mí me ha resultado irregular y con una animación no especialmente inspirada. He aguantado hasta el final, pero, ante una posible segunda temporada, no tengo claro que repita. Quizá… lo dicho. El horror no es lo mío.

Como ya comenté la semana pasada a propósito de los dramas coreanos, Disney Plus a través de Star, va incluyendo en su catálogo series de otros países y otros géneros, también anime. Y leí recientemente críticas muy elogiosas de Summer time rendering [サマータイムレンダ, Samā Taimu Renda en japonés], que es muy valorada en diversas plataformas. El promedio de los votantes de IMDb se sitúa en 8,2/10 por ejemplo, que no está nada mal. Basada también en un manga de éxito, se mueve en el género del suspense sobrenatural. Combina en una misma aventura la existencia de monstruos bastante aterradores, por sus efectos más que por su aspecto, bucles en el tiempo, mucha acción y un entorno global que camina por el límite entre el fantástico de inspiración en la mitología nipona y la ciencia ficción. En la historia, un joven universitario huérfano que abandonó su pequeña localidad natalidad en una isla del mar interior de Seto para irse a estudiar a Tokio, vuelve a la isla para el funeral de la hija mayor de la familia que lo acogió como un hijo más tras la muerte de sus padres. La chica, de su edad, ha muerto ahogada. Pero al llegar a la isla, empezará a notar cosas raras. Y pronto, junto con sus antiguos amigos de la isla, mas una escritora de éxito que también abandonó el lugar tiempo atrás, se verá luchando en una aventura desesperada contra unas misteriosas sombras que quieren acabar con todos los habitantes de la isla en el festival anual del templo sintoísta del lugar. En lo positivo, la animación es de gran calidad, de lo mejor que he visto en la animación televisiva, que suele estar siempre un paso por debajo de la animación cinematográfica. También la concepción general de la aventura… que nadie olvide que a mí me suelen gustar los viajes o los bucles en el tiempo. En lo negativo, las «reglas» del universo en el que transcurre la acción están un poco embrolladas y a veces parece que se van inventando sobre la marcha, lo cual siempre me resulta tramposo. Esto lleva a que, tras unos primeros episodios muy divertidos, la serie tiene una sección central embrollada, con poca progresión real en la acción, hasta que esta vuelve a coger carrerilla de nuevo, con unos cinco o seis episodios finales también muy entretenidos. Está bien, en general. Pero sobra en la práctica algún bucle en el tiempo, y se podría haber contado la misma historia en la mitad de extensión.

[TV] Cosas de series; las series coreanas van llegando a otras plataformas

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Uno de mis placeres inconfesables, uno de mis vicios, los/as dramas/comedias surcoreanos/as televisivos/as, se va extendiendo. Y ya es posible encontrar en la plataforma de contenidos Disney+, bajo la etiqueta de uno de sus canales, Star, varias series con esta etiqueta. Y por lo tanto, he probado a ver que tal con una de ella. Aunque ya adelanto una cosa, es más de lo mismo que viene ofreciendo Netflix desde hace años.

Algunas fotografías tomadas en Seúl para ilustrar la entrada de hoy.

La serie con la que he probado los contenidos del país asiático en la plataforma de las «princesas» de cuento es Neowa na-ui gyeongchalsueop [너와 나의 경찰수업, Tú y mi clase de policía], conocida internacionalmente como Rookie Cops (Policías novatos). Me atrajo porque su protagonista, Chae Soo-bin, me llamó a su vez la atención en una serie que vi no hace mucho en Netflix. Serie mejorable, pero en la que la actriz dejaba una buena impresión. En esta ocasión protagoniza a una chica que, atraída por un estudiante de una institución educativa de nivel universitario de la policía surcoreana, decide ingresar en la misma para ser policía. Y a partir de ahí… pues líos amorosos, rivalidades entre estudiantes, politiqueos, y algún misterio criminal que otro. Con una mezcla de comedia romántica, historia de compañerismo y amistad y drama policiaco. Predomina lo primero. Para ponerse en contexto, comparemos cómo se accede a la policía en España… para entender que es eso de una «universidad de la policía». En el Cuerpo Nacional de Policía hay dos tipos de oposiciones. A la escala básica, donde tienes que tener un título de bachiller, equivalente o superior, y donde entrarás de agente de base, de los que patrullan de uniforme, hacen guardias, vigilan las manifestaciones y esas cosas. Podrás ascender hasta subinspector, creo. A la escala ejecutiva, donde tienes que tener un título de grado universitario o equivalente, y donde entrarás de inspector. Lo que en las series extranjeras llaman «detective». Y puedes llegar a comisario y mandamás. Pues bien, entiendo que los de la «universidad de la policía» surcoreana, que existe realmente, es para entrar en la policía directamente con el equivalente a inspector, sin pasar por los oficios de agente de base. Hay subtramas por las tensiones entre la gente que entra de una u otra forma a la policía, en la serie. La serie es entretenida, realmente esta chica protagonista es majeta y luce bien en pantalla, pero por lo demás, es una serie intrascendente. No es ningún pecado, pero tampoco deja un poso especialmente trascendente.

También me he visto dos series de reciente estreno en Netflix. Yeon-aedaejeon [연애대전, Guerra de amor] conocida internacionalmente como Love to hate you, es una comedia romántica en la que ella (Kim Ok-bin) es una abogada muy heterodoxa, y con una vida de relaciones muy desenfadada, que acaba empezando a trabajar en un bufete muy machista que representa a gentes del espectáculo y la farándula por necesidades económicas. Y él (Teo Yoo) es uno de los actores a los que representa el bufete, y que tiene algunos problemas para relacionarse y entrar en contacto con las muejres. Al principio se odiarán y se harán la puñeta bastante. Pero obviamente pasará lo que pasa en las comedias románticas. Entretenida, sin más. Lo que más vale es la empatía que transmiten los protagonistas, que tienen buena química entre sí. Algunas de las situaciones resultan absurdas, salvo que las sitúes en un contexto de moral excesivamente conservadora.

La segunda es Sarang-ui Ihae [사랑의 이해, Comprensión de amor], conocida internacionalmente como The Interest of Love, El interés del amor, juego de palabras debido a que la acción transcurre en el ámbito laboral de una sucursal bancaria. Es una drama romántico que involucra a un triángulo de cuatro lados, con dos catetos y dos hipotenusas. Las chicas son muy monas, pero una (Moon Ga-young) es pobretona, con bajo nivel educativo, introvertida, aunque muy trabajadora y dedicada. La otra (Keum Sae-Rok) es ricachona, universitaria, simpática, extrovertida, y quiere ser valorada por su trabajo y no por el dinero de su familia. En cuanto a los chicos, también muy guapos, el uno (Yoo Yeon-Seok) es universitario de familia trabajadora, pero no pobretona, huérfano de padre, y compañero de universidad de la ricachona. El otro (Jung Ga-ram) es el más pobretón, de origen provinciano, sin estudios, y quiere ser policía, pero no consigue aprobar las oposiciones. Los personajes centrales son la chica mona, muy trabajadora, de origen humilde y el chico guapo universitario, que se atraen, pero que constantemente encuentran trabas para la relación. Los otros son parte de las trabas que surgen en la relación. La serie tiene intención de tener un componente social en su trama, por las injusticias que sufren los de origen más modesto, y las facilidades de los ricachones. Y por el injusto trato y diferencia de oportunidades que sufren unos y otros. La serie prometía más en su inicio que lo que luego ofrece. Creo que hasta cierto punto es una serie fallida, que pincha en su guion y diálogos, y en la que los intérpretes están demasiado empastados y fríos en sus papeles. A punto estuve de abandonarla, pero llevaba ya demasiados episodios a cuestas para no enterarme de como acababa… aunque era un final previsible si uno a visto suficientes k-dramas.

[TV] Cosas de series; amor, música, libros y anarquías diversas

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Esta semana traigo dos series que me han gustado. Bastante. Más de lo que esperaba a priori. Y de orígenes muy diversos. Una de ellas, japonesa; comedia/drama romántico/existencial. La otra, sueca; comedia romántica con tintes de parodia sobre diversas cuestiones de «la vida moderna».

Hoy toca Estocolmo, muy apropiada para una de las dos series de hoy.

Kärlek & Anarki (Amor y anarquía) nos ha presentado su segunda temporada, en la que ha continuado el peculiar flirteo y el peligroso juego de «a ver si te atreves» entre Sofie (Ida Engvoll), convertida de consultora a directora general de la editorial, y Max (Björn Mosten), el joven y atractivo informático contratado en la misma. Pero las cosas entran en terreno resbaladizo. La nueva dirección estratégica de la prestigiosa editorial, adaptándose a los tiempos modernos, no siempre atina en sus medidas. Max se ha buscado un ligue dentro de la propia editorial. Y Sofie sufre la muerte por suicidio de su padre, con quien tenía una relación peculiar, y lleva un duelo malamente llevado. Entre las diversas pequeñas historias, más o menos alambicadas del resto de los miembros de la editorial. Lo cierto es que la primera temporada me pareció simpática, pero la segunda me ha parecido muy estupenda y totalmente recomendable. Es una comedia con todas sus consecuencias, pero también apunta afiladamente a parodiar muchas de las tonterías actuales del mundo empresarial, del mundo intelectual, de internet y sus redes sociales, entre otras cosas. No sé si habrá más temporadas. En realidad,… ha quedado bastante cerrada. Pero con temporadas de ocho episodios de media hora aproximadamente, si tiene éxito, tampoco creo que les cueste mucho seguir tirando de la manta.

Quartet es una serie japonesa de 2017, diez episodios de tres cuartos de hora, salvo el inicial de una hora, que se anunció como estreno en Netflix, que parece que ha comprado últimamente varias series de este país. Me llamó la atención por varias cuestiones. Una, por su buena valoración en muchos medios y entre los votantes de IMDb. Otra, porque una de sus protagonistas, Hikari Mitsushima, lo fue de otra serie japonesa que comenté recientemente. Así que me dispuse a verla. En un encuentro aparentemente azaroso, cuatro personas, que tocan instrumentos de cuerda, se encuentran en un karaoke. Y deciden formar un cuarteto de cuerda. Dos mujeres, Maki, primer violín, (Takako Matsu) y Suzume, chelo, (Mitsushima), y dos hombres, Beppu, segundo violín, (Ryūhei Matsuda) y Iemori, viola (Issey Takahashi). El caso es que ninguno es sincero del todo con sus circunstancias personales, su pasado. Y ni siquiera el encuentro en el karaoke es azaroso. Y mientras conviven en una casa en las montañas, en Karuizawa, irán apareciendo las cosas que cada uno de ellos ocultan. Aunque el tono de la serie es de comedia, en realidad la serie es un drama. Con buen rollo. En el que la amistad, la solidaridad, el tener alguien en el que apoyarse es importante. Y sentirse orgullosos como cuarteto… aunque no sean muy buenos. La serie se acompaña además de la buena música de cuerda, entre la que destaca por ser un motivo recurrente Music for a found harmonium, uno de los temas emblemáticos de la Penguin Cafe Orchestra, que tanto escuché en su momento, y una bonita canción de Sheena Ringo, Otona no okite (おとなの掟, la ley de los adultos), que sirve de cierre a la mayor parte de los episodios y es cantada por los propios protagonistas. La podéis encontrar en Apple Music, y supongo que en otras plataformas, si buscáis como autor Doughnuts Hole. Aunque también la propia Ringo la versión para sí misma. La serie me ha parecido estupenda. Casi podría decir que me ha sabido a poco. Los personajes generan mucha empatía. Y hay un personaje femenino secundario, una caradura de tomo y lomo (Riho Yoshioka), que es la caña. Que merecería un spin-off para ella sola.

[TV] Cosas de series; magos y cantantes actrices

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Toca hoy una ronda de series surcoreanas. Creo que es uno de los pocos motivos que me vinculan todavía a Netflix, plataforma sobre la que cada vez hay más probabilidades que me dé de baja. Y no por las polémicas sobre sus tarifas y planes de los últimos tiempos, sino porque su catálogo, más allá de ciertas cosas más o menos exóticas, cada vez me interesa menos. En fin. Vayamos con mis placeres «inconfesables» favoritos de los últimos tiempos.

Algunas fotos en las calles de Seúl, un día de fiesta nacional en la capital surcoreana.

Hwanhon [환혼, resurrección o algo así], conocida en el resto del mundo como Alchemy of souls o Alquimia de almas, fue una agradable sorpresa hace unos meses, una serie de aventuras, una épica fantástica, con magos, hechizos, y esas cosas, pero sobre todo con unos personajes/intérpretes que funcionaban muy bien en sus interacciones, y en su química interpersonal. La pareja formada por la actriz Jung So-Min y su partenaire masculino Lee Jae-Wook conformaban una cabeza de reparto que funcionaba muy bien, acompañada de un amplio reparto que cumplían. No era ninguna obra de arte de la ficción televisiva, pero entretenía mucho, lo pasabas bien durante nada menos que 20 episodios. Pero quedaban 10 episodios para cerrar la historia. Pero lo primero que llamaba la atención es que había un cambio de protagonista femenina, válido por la dinámica y el universo de la serie, aunque no sé muy bien a qué se debió cuando la protagonista original era lo mejor de la serie. Bueno, la serie ha tenido un final decente, con un happy end un poco forzado. Lo cierto es que la serie pedía un final más dramático por la historia, aunque menos por el tono general de la serie. Y la nueva protagonista, Go Yoon-Jung… pues es muy majica, no lo hace mal, pero no es lo mismo. Sinceramente. Pero bueno… no pasa nada. Se termina de ver la historia, y a otra cosa mariposa.

Las creadoras de la serie anterior, las hermanas Hong, fueron responsables también de otra serie con elementos sobrenaturales, Hotel del Luna, que también me resultó entretenida, y en la que también destacaba su protagonista femenina, conocida por su nombre original, Lee Ji-Eun, cuando es actriz, pero conocida como IU (아이유 Aiyú) cuando se mueve como cantante de k-pop en el mundo de la música. Una de las cantantes solistas con más éxito en Corea del Sur y en otros países asiáticos, con una larga lista de números uno, superventas y premios en su carrera, que empezó siendo una adolescente. Aún no ha cumplido los 30 años. Es muy mona y no canta nada mal, con temas de cierta calidad en su repertorio en lo que he podido escuchar. No mucho, pero algo. Que te enganches a su música o no… es pop… y eso está muy asociado a una edad y un lugar. En Netflix hay una serie antológica de cuatro episodios, cuatro cortometrajes dirigidos por directores de cine de prestigio en el país asiático, que vi hace tiempo. Se deja ver. Como son cortos de poca duración la volví a ver en una tarde tonta hace poco. Y era coprotagonista de la última película de Koreeda, rodada en Corea del Sur, que me gustó mucho, y en la que lo hacía muy bien. Realmente bien. No sólo es una cara mona, evidentemente. Con estos antecedentes, viendo que en Netflix hay tres series más en las que interpreta papeles de mayor o menor protagonismo, recientemente he visto dos de ellas.

Producers (título original en inglés), cuanta los avatares de los estudios de producción de la principal cadena de televisión pública surcoreana, en forma de ficción. Los dos personajes principales son dos productores ya establecidos, muy amigos entre sí, y con una tensión sexual no resuelta. Ella, Kong Hyo-Jin, produce programas musicales con éxito. Él, Cha Tae-Hyun, produce un programa de entretenimiento que está en fase de agotamiento en las audiencias. Pero en paralelo hay un par de coprotagonistas secundarios, dos personajes más jóvenes. Ella, Lee Ji-eun, es una cantante de éxito que empieza a estar harta de su peligrosa y manipuladora agente. Y él, Kim Soo-hyun, es un productor novato, que entra a formar parte del programa de entretenimiento en crisis, en el que comenzará a participar la cantante. Y entre los que surgirá también una tensión romántica difícil de definir, porque él chico se cuela por la productora veterana. Fundamentalmente en clave de comedia, es del año 2015 y eso significa que tiene una producción considerablemente más cutre que lo que vemos hoy en día. Pero entretiene bastante. En ella, la actriz que nos interesa, está razonablemente bien, aunque sin que su interpretación tampoco destaque especialmente. Como en tantas series surcoreanas, probablemente lo que más vale es la interpretación de Kong Hyo-jin, la actriz protagonista. Ya la había visto en otra serie… más floja.

Y luego está Naui Ajeossi [나의 아저씨] cuya traducción al inglés My Mister, es como es conocida internacionalmente. Y esta serie de 2018 sí que ha sido una agradable sorpresa inesperada. Un serio drama en torno a un ingeniero estructural en sus cuarentas, Lee Sun-kyun, que ocupa un puesto de responsabilidad en una empresa, pero no directivo, y sus conflictos familiares y profesionales, que lo empiezan a llevar a la deriva. Sus hermanos, contrapunto cómico en ocasiones, cuando no suman al drama, son una catástrofe en sus relaciones familiares y profesionales. Y su mujer, abogada independiente de éxito, tiene una aventura con uno de sus jefes, antiguo compañero más joven del protagonista en la universidad (en Corea del Sur, el tema de la edad es importante en las relaciones sociales). En un momento dado, como consecuencia de una confusión en las maniobras sucias por el poder dentro de la empresa, el protagonista es comprometido, más cuando interfiere una nueva empleada auxiliar muy joven, Lee Ji-eun, de poco más de veinte años. Esta interferencia, primero lo comprometerá más, pero luego le sacará del lío. La chica vive en la pobreza con su abuela sordomuda, y tiene un pasado complejo como consecuencia de las enormes deudas que dejó su madre, y haber matado a un prestamista, lo cual la persigue hasta la actualidad. La serie se centra en la compleja relación que se desarrolla entre ambos dispares personajes, que acabaron al final podrán ser la vía de redención y salida adelante el uno del otro, en medio de las trampas que les surgen por el camino. Además de esta trama principal, hay varias tramas secundarias, en torno a las familias de ambos, que complementan bien a la principal y tienen también su interés, con un plantel de intérpretes secundarios que funcionan muy bien. La serie está muy bien valorada en muchos sitios, muestra la capacidad de la Lee Ji-eun para asumir papeles dramáticos alejada del glamur propio de su agraciado físico, y a mí me convenció. Desde luego, no encaja como «placer inconfesable» como califico muchas series coreanas, sino que tiene méritos propios para ser recomendada.

[TV] Cosas de series; traiciones, espías y falsos documentales

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Creo que ya lo he dicho en alguna ocasión… o al menos lo he insinuado. Mi perspectiva y afición a la ficción televisiva está en crisis. Es cierto que mis placeres «inconfesables» de los fines de semana, los dramas coreanos, son un valor fijo que me permite descansar la mente gracias a su intrascendencia, siendo al mismo tiempo entretenidos. Y de vez en cuando aparece alguna joya inesperada entre ellos, que conste. Y es cierto que la animación nipona me permite matar tiempos muertos, cuando apenas tengo 20 o 30 minutos para ver algo porque tengo otras cosas que hacer. Pero en lo que se refiere a otro tipo de series… de esas que hacían que se hablase de «la edad de oro» de las series de televisión… No estoy muy motivado. Llevo ya un tiempo pensando en darme de baja de Netflix, pero no por su errática política de precios y cancelaciones, sino porque su catálogo cada vez me parece más confuso y menos interesante. En fin. Traigo hoy un par de series británicas y una alemana. Esta última me gustó mucho, me pareció muy divertida. Así que empecemos por las británicas.

Treason es el típico drama británico de espías con un reparto solvente. Un alto cargo de los servicios de inteligencia (Charlie Cox), se ve comprometido por unas filtraciones de sus actividades con una agente rusa (Olga Kurylenko), que le pone un brete al mismo tiempo que siente la necesidad de colaborar con ella pensando en el pasado y en el futuro. Y en medio está la esposa (Oona Chaplin), que lo enreda más por su amistad con una agente de la CIA (Tracy Ifeachor) con pocos escrúpulos. Y por el medio, algún capitoste del espionaje (Ciarán Hinds) que no sabemos si va o viene. A favor, el solvente reparto. En contra, no es especialmente original, en ocasiones un poco rebuscada, y sus personajes no generan la suficiente empatía para que nos importe lo que les pasa. Está en Netflix… son sólo cinco episodios, pero no es ni recomendable, ni horrible. Allá cada cual.

Cunk on Earth es un falso documental. Colaboración entre la BBC y Netflix, tiene como «presentadora» a Philomena Cunk, personaje encarnado por Diane Morgan, que ya tiene un recorrido en series previas similares. En cinco episodios de casi una hora de duración hacen una historia de la humanidad y las civilizaciones, que parece real, pero que es interpretada de forma absurda por Philomena, que además entrevista a auténticos expertos en historia de las civilizaciones, pero haciéndoles preguntas absurdas y anacrónicas. Siempre he dicho que me llevo relativamente con eso que se llama el humor británico… pero en esta ocasión me costó entrar. Al final encontré alguna cosa graciosa, pero si la vi entera es por su corta duración. Está muy bien valorada, pero a mí me dejó un tanto frío. Y la presuntamente graciosa inexpresividad del personaje principal… no me llegó. Como la anterior, desde mi punto de vista, ni recomendable, ni horrible. Allá cada cual.

Y con la serie con la que he disfrutado mucho es con Kleo, otra de espías. Kleo (Jella Haase) es una asesina de la Stasi de la RDA, nieta de un capitoste del aparato militar-policial, que tras apiolar a un objetivo en un club nocturno del Berlín Occidental, es detenida, acusada de traición y encarcelada, estando embarazada de un bebé que perderá, así como la capacidad para tener hijos en un futuro. Mientras, un policía poco brillante del Berlín Occidental (Dimitrij Schaad) se percata de que hay algo raro en el asesinato del club nocturno, querrá investigar, pero sin que nadie le haga caso. Cuando tres años más tarde cae el muro de Berlín, en el intervalo hasta que la reunificación alemana se produce, con la amnistía de los presos políticos que pone a Kleo en la calle, esta comenzará una desenfrenada carrera para descubrir los motivos de su caída en desgracia, aliándose contra todo pronóstico con el poco brillante policía, y buscando una venganza de la que nadie puede afirmar que escapará… porque nadie es lo que parece. Nadie. Crítica lucida sobre unos tiempos, unas políticas, unos regímenes políticos y unas instituciones, cargada de humor, en muchas ocasiones humor negro, con un reparto alemán en estado de gracia, y con una mezcla de mala leche mezclada con el profundo cariño que la serie muestra hacia su trastornada protagonista. Muy recomendable.

[TV] Cosas de series; animación entre la aventura ci-fi, la fantasía y la comedia pseudomafiosa

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Estos días estoy realmente muy liado. La entrada de ayer mismo de este Cuaderno de ruta estaba programada desde el domingo, porque sabía que el martes iba a ser imposible. Y las fotografías para ilustrar las entradas de hoy también las preparé el domingo. Y me líe. Las preparé para unas series que no tocaban. Así que voy a hablar de las series que dejaba para la semana que viene… y la semana que viene… pues serán las que tocaban esta semana. En realidad, da igual. No pasa nada. Así que esta semana toca animación. Y alguna cosa que no es animación.

Unas vistas de Kyoto con un aspecto menos turístico de lo habitual servirán para ilustrar la entrada, especialmente pensando en la serie con la trama más basada en las peripecias cotidianas de las(os) amas(os) de casa.

En primer lugar, Dragon age: absolution es una serie estadounidense de animación original de Netflix, basada en un videojuego de rol ambientado en un medioevo fantástico. Ya sabéis… con elfos, magos, dragones y demás. Es una serie breve, de seis episodios de 30 minutos. Oficialmente, no está cancelada, así que podría haber más entregas en un futuro. Aunque la nacionalidad de la serie es norteamericana, y se nota que el movimiento de los labios de los caracteres se adaptan al diálogo en inglés, las tareas de producción y animación han recaído en gran medida en la industria surcoreana de la animación. La cuestión va de un grupito de proscritos de diversos orígenes, convertidos en ladrones, que se internan en el centro de poder de un imperio para un osado robo. Que no va del todo bien y acaba ocasionando la caída del imperio o algo parecido. En general es bastante entretenida, aunque en algún momento tiene un exceso de melodrama. Puede ser recomendable para quienes gusten de este género de animación… pero no tanto con carácter general, para todos los públicos. No me entusiasmó, pero no me arrepiento de haberla visto, y si hay temporadas futuras del mismo estilo, al fin y al cabo son tres horas de visualización, como una película larga, no descarto seguirlas.

Spriggan スプリガン es animación japonesa basada en manga, como tantas, estrenada en Netflix en forma de serie de seis episodios de 45 minutos de duración. Lo habitual en la plataforma son 12 episodios de 23 minutos… así que es parecido, aunque por la mayor duración de los episodios a mi no me encaja de la misma forma en mis rutinas. El manga ya fue objeto de una adaptación a película de animación en 1998. Está a medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía. La premisa es que en la Tierra hubo una antigua civilización que desapareció y que dejó restos arqueológicos en forma de artefactos de tecnologías muy avanzadas y desconocidas, codiciadas por los ejércitos y servicios secretos de todo el mundo. Los protagonistas pertenecen a una organización localizada en Japón que los busca para evitar que caigan en malas manos y sean utilizados con fines aviesos. También es entretenida, pero sin entusiasmos. Mucha pirotecnia, muchas batallas, que intentan suavizar con humor, que a veces funciona bien, y otras… meh. Lo de los episodios largos no me gusta. Aunque como digo es entretenida, y me parece divertido que los yanquis sean los antagonistas, por no decir que los «malos» en algunas ocasiones. Pero ya veremos que pasa si ha futuras temporadas. No ha levantado pasiones.

Y la que definitivamente me ha divertido mucho ha sido Gokushufudō [極主夫道, el camino del amo de casa], titulado internacionalmente con su traducción más o menos literal en inglés The way of the Househusband. También está basado en un manga, y para mí es una parodia bastante inteligente y divertida, al mismo tiempo que apta para un público muy amplio demográficamente hablando, desde un público preadolescente a cualquier adulto. La premisa es la siguiente. Un antiguo sicario de la yakuza, tras un altercado en el que queda malherido, es socorrido por una joven que trabaja de diseñadora en una empresa. Y acaban casados. Pero es ella la que mantiene el matrimonio con su trabajo, mientras que el es amo de casa. Y a partir de ahí una serie de piezas breves de un par de minutos de duración en la que se nos cuentan los chascarrillos de la vida del antiguo yakuza reconvertido en amo de casa. Y en la que participan la esposa, por supuesto, las vecinas, los suegros, su antiguo compañero de yakuza, y otros miembros de otros clanes mafiosos. La terminación 道 [se pronuncia michi aisalada, camino, ruta, senda… ] aparece en muchas artes marciales y prácticas deportivas y artistas. Judō, camino de la flexibilidad, kendō, camino de la espada, bushidō, camino del samurai, kyudō, camino del arco, chadō, camino del té (ceremonia del té), kadō, camino de las flores (también conocido como ikebana)… Por lo tanto, el título de la serie forma parte de la parodia, al equiparar la actividad del amo de casa a estas prácticas de habilidades pero con un trasfondo filosófico. Aunque es criticada que su animación es poco depurada, muy estática, más como una sucesión de viñetas que como un auténtico anime bien desarrollado, la verdad es que yo me lo he pasado muy bien. Y me gustaría que hubiera más. Mi personaje favorito es Miku, la esposa del antiguo yakuza, que tiene momentos estupendos, además de ser una mujer muy maja en todos los sentidos positivos de la palabra.

Un derivado de esta es otra serie, de acción real, titulada de forma parecida, aunque en inglés aparece como The ingenuity of the househusband (El ingenio del amo de casa), diez episodios de cuatro o cinco minutos de duración. En ella, el actor de doblaje del protagonista de la serie de animación, Kenjirō Tsuda, hace de una versión ficticia de sí mismo en tareas de amo de casa, actuando con método y atención al detalle en sus tareas, aunque al final siempre hay algo que sale mal. Es simpática.

[TV] Cosas de series; series japonesas, algunas estupendas

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Cuando me suscribí a Netflix y comprobé que había una oferta muy diversa de producciones, series en su mayor parte en ese momento, de todo tipo de países, y empecé a probar algunas de ellas, pensé que me lo iba a pasar muy bien con las series realizadas de Japón. Aparte de alguna comedia romántica que podían entrar en el saco de los placeres inconfesables, encontré algunas cosas muy curiosas y con personalidad propia. Sin embargo, con el tiempo, lo que más veo de esa nacionalidad es animación. Y sólo de vez en cuando surge alguna serie que me atrapa lo suficiente para pasar del primer o segundo episodio. Me pasó algo parecido con Amazon Prime Video, pero también con la misma irregularidad. Sin embargo, parece que en los últimos meses ha habido un aumento de oferta en series de acción real en Netflix. No sé si son de las abiertas a todo el mundo o sólo a quienes configuramos la interfaz de la aplicación en inglés; ya he comentado que existen diferencias en la oferta disponible con respecto a la configuración de la interfaz en castellano. El caso es que entre el final de 2022 y el principio del 2023 he estado muy activo con algunas de estas series. Para bien.

En primer lugar, hemos podido ver la segunda temporada de Imawa no Kuni no Arisu [今際の国のアリス], más conocida internacionalmente como Alice in Borderland, adaptación de un popular manga. Recordemos que el título de la serie es un juego de palabras. El apellido del protagonista Arisu (Kento Yamazaki), 有栖 o アリス en katakana, es homófono en japonés con Alice, la del País de las Maravillas, Wonderland en inglés. Y además, hay una correspondencia entre los personajes de la serie y el relato fantástico de Lewis Carroll. Un caso descarado es que el apellido de la coprotagonista femenina Usagi 宇佐木 (Tao Tsuchiya) es homófono con うさぎ, conejo en japonés, alusión al conejo blanco del País de las Maravillas. En cualquier caso, recordamos que la serie traslada a los personajes a un universo alternativo, a un Tokio desierto, convertido en un mortal y cruel campo de juego, adelantándose de alguna forma a una famosa serie coreana, aunque el sentido final de ambas series sea distinto. La segunda temporada ha tenido más carga dramática, los personajes, incluido los protagonistas, han adquirido mejor definición, y en general ha sido mejor y más interesante. Bastante recomendable. El ciclo argumental ha quedado cerrado, de una forma bastante satisfactoria, y no pasa nada si no volvemos a este universo en serie de televisión. Pero la escena final es un guiño, más a un spin-off que a una continuación de la historia. Yo me lo he pasado bien con esta serie.

Precedida de buenas críticas y comentarios muy favorables llegó a Netflix First Love 初恋, o sea, primer amor en inglés y en japonés (se lee hatsukoi). La serie tiene una puntuación elevadísima entre los votantes de IMDb, 8,4, y ya digo que venía precedida de comentarios críticos muy positivos. Inspirada por dos canciones de una muy popular cantante japonesa, Hikaru Utada, o simplemente Utada cuando publica sus álbumes en inglés, una de ellas First Love, uno de sus primeros éxitos a finales de los años 90 que dio título a su primer álbum en 1999, y otra de ellas más reciente Hatsukoi 初恋 que dio título a su álbum de 2018. Ya he comentado que significan lo mismo. Y durante 20 años largos seguimos la peripecia de dos personas que se enamoraron de adolescentes, cada una con su sueño, ella, Yae (Rikako Yagi de adolescente, Hikari Mitsushima de adulta), el de ser azafata y viajar por el mundo, él, Harumichi (Ell de adolescente, Takeru Sato de adulto), derivado del anterior, el de ser piloto en la rama aérea de las Fuerzas de Autodefensa de Japón (constitucionalmente, Japón no tiene lo que se llama un ejército… o eso dicen, porque sus miembros uniformados se rigen por el sistema jurídico de los funcionarios civiles y están sometidos a la legislación civil y penal común a toda la población). Pero su relación ideal y sus sueños se romperán por sendos accidentes, y ella acabará de taxista y él de vigilante de seguridad en Sapporo. Ella divorciada de otro hombre y con un hijo adolescente que vivirá su propio primer amor, y él a punto de casarse con otra mujer… cuando vuelven a encontrarse con el tiempo. La acción no es lineal, y la serie se mueve constantemente hacia delante y hacia atrás en el tiempo. Hasta el final, el espectador no tiene toda la información para comprender lo sucedido. No está mal y tiene momentos buenos, pero abusa de las casualidades para hacer avanzar la trama, y de un algún que otro exceso melodramático en algún momento. También chirría algo el reparto. Entre el chico adolescente y el adulto me creo que sean la misma persona, pero no así en el caso de la chica, empezando porque la adolescente es claramente bastante más alta y con un físico muy distinto que la adulta. La actriz protagonista adulta lo hace muy bien y es uno de los motores que sostiene la serie. Se deja ver con agrado, en general, pero no me entusiasmó tanto como me habían prometido los «listos» de la cosa.

Y finalmente una serie, muy sencilla y amable, pero que me ha encantado. Y encima nos llega de la mano de Hirokazu Koreeda, uno de los directores japoneses que con más facilidad se abre camino hasta las grandes pantallas españolas, que a mí me encanta, y del que hace unas pocas semanas veíamos su último trabajo, rodado en coreano, con intérpretes coreanos y en Corea del Sur. La serie es Maikosanchi no makanaisan [舞妓さんちのまかないさん], internacionalmente conocida en inglés como The Makanai: Cooking for the maiko house. Bueno, el título japonés significa algo parecido, La cocinera de las maikos. Un poco de contexto. Maiko 舞妓 es una aprendiza de geiko 芸子 o geisha 芸者. Cuando hablamos de geisha lo hacemos en el contexto estricto, persona que profesionalmente entretiene a sus clientes en sus reuniones sociales con sus habilidades artísticas, como la danza, la música, la interpretación o la declamación. No son prostitutas. De hecho, el termino geisha es neutro respecto al sexo de la persona, mientras que geiko se referiría a cuando la persona es un mujer. Una actividad tradicional en Japón que hoy en día se limita a unos pocos lugares entre los cuales esta Gion, un barrio dentro del distrito de Higashiyama en Kioto, de los que mejor conservados están en lo que se refiere a arquitectura y tradiciones, y que por lo tanto… suele estar lleno de turistas y no tiene el aspecto tranquilo y relajado que nos ofrecen en la serie. Las fotos de hoy, proceden de Gion en Kioto, año 2014. Con alguna maiko y alguna geiko, mucho más escurridizas a la hora de dejarse fotografiar por los visitantes de lo que aparece en la serie.

Dos jóvenes, Kiyo (Nana Mori) y Sumire (Natsuki Deguchi) se desplaza desde el norte de Japón, en Aomori, hasta la antigua capital imperial nipona para el aprendizaje que les permita ser maikos. Sumire destacará, y con la ayuda de la geiko principal de la casa, Momoko (Ai Hashimoto), avanzará en ese camino. Pero Kiyo se quedará atrás, aunque sus habilidades en la cocina hará que se quede en la casa como cocinera. Makanai sería un término para designar a la cocinera de una casa de huéspedes o de un pequeño colectivo de personas. Koreeda ha dedicado buena parte de su filmografía a reflexionar sobre el concepto de familia. Y aquí, una vez más, configura una familia no tradicional. La serie se basa en un manga, Kiyo in Kyoto, que sigue publicándose. Y la familia está conformada por las dos veteranas geiko que ahora gobiernan y gestionan la casa y sus actividades, y que tienen el papel de madres, las geiko en activo, hermanas mayores, y las maiko y otras aprendizas, que son las hermanas menores. Así como otros personajes que rodean a esta comunidad. Es una serie amable. Rodada para que sea bonita, con bella fotografía, con atención al detalle, con ritmo pausado. Llena de momentos cotidianos, aparentemente banales, pero entre los que se cruzan los pequeños dramas y las pequeñas comedias de los miembros de la casa. Predomina el sentido de solidaridad y apoyo mutuo, como idea fundamental de la razón de ser de una familia. Y a mí me ha encantado. Como digo es muy muy bonita de ver. No creo que haya una segunda temporada… no tendría mucho sentido, sería más de lo mismo, o sería buscar algún elemento dramático, que quizá rompería lo que da encanto a una serie en la que, aparentemente, no pasa nada, pero, en realidad, pasa mucho. Pasa la vida. Muy recomendable.

[TV] Cosas de series; series amables coreanas para la época festiva

Televisión

Pues sí. Los fines de semana y festivos adjuntos suelo ver en la televisión series surcoreanas poco trascendentes. Aunque de vez en cuando hay alguna que sí que lo es. Y para los fines de semana y días festivos en torno a las navidades y el año nuevo, opté por series de carácter alegre o con buen rollo. Tirando a comedias, aunque siempre tienen una dosis mayor o menor de drama acompañando a la comedia. Veamos las que fueron.

Keopi Hanjan Halkkayo? [커피 한잔 할까요, ¿tomamos una taza de café], internacionalmente conocida como Would you like a cup of coffee? (más o menos parecido), es una serie de 12 episodios cortitos. Alrededor de media hora de duración en lugar de los 70 minutos que son frecuentes en las series surcoreanas. Y es una serie tranquilita de buen rollo. Un joven despistado con su vida decide empezar a trabajar en una pequeña cafetería como barista. Vamos a ver… barista es una palabra italiana que se refiere al camarero que sirve detrás de la barra de un café o de un bar. Pero que se ha extendido por el mundo como sinónimo del que prepara cafés pijos, más o menos sofisticados, en determinado tipo de cafeterías donde cobran 6 u 8 euros por un café en lugar de la modesta cantidad que, al menos en España, se cobra por un expreso, un cortado o un café con leche. Esta mañana, a un compañero de trabajo, en el descanso del trabajo, un euro y treinta céntimos. Y le ha parecido que estaba bien. Y con un churro. A mí no me gusta el café. Pero viviendo en una cultura donde el café es de consumo habitual y de batalla, y barato, esto de que te cobren un dineral por uno, por mucho que te dibujen un corazoncito o un oso panda con la espuma… no acabo de cogerle la gracia. En cualquier caso, la serie no está nada mal. Pues al fin y al cabo, lo del café es el macguffin. Lo de importante son las relaciones humanas de una comunidad, el buen rollo y la solidaridad entre las gentes. Muy agradable de ver.

La chica protagonista se supone que vive en Busan, y se desplaza a Seúl donde trabaja su padre en una agencia de representación de famosos. Y al final, en las playas de Busán hay algunas escenas importantes dentro de la trama.

Yeon-yein Maenijeolo Sal-anamgi [연예인 매니저로 살아남기, Como sobrevivir como agente de famosos] es conocida internacionalmente como Behind every star (Detrás de cada estrella). Es una adaptación coreana de una serie francesa, Dix pour cent (Diez por ciento, por el porcentaje que se lleva el agente), de gran éxito que yo no he visto. La premisa es similar; una agencia cuyo presidente y alma fallece, y los cuatro principales agentes tienen que sacarla adelante. Cada episodio lidia con un famoso, versiones ficticias de famosos reales con sus mismos nombres y apellidos, generalmente en tono de comedia. Pero también tiene una trama transversal en torno a las vidas privadas de los agentes. El personaje conducto es una joven aprendiza de agente, que es hija natural de uno de los cuatro agentes importantes… pero que nadie sabe que tiene una hija natural en otra ciudad. Es simpática y tiene momentos divertidos. Son 12 episodios de una hora, y el final queda abierto a futuras temporadas. No tan estupenda como pensaba que sería… pero divertida.

Y The fabulous [título original en inglés, por una vida fabulosa o de fábula] tiene un premisa parecida. Un grupo de amigos que trabajan en el mundo de la moda; un diseñador-modisto, una modelo de cierto nivel, un fotógrafo aspirante, y una relaciones públicas en una agencia de representación de marcas. Esta última, encarnada por Chae Soo-bin, es la protagonista; ahora me he puesto con otra serie, en Disney+, que también protagoniza. Y la cosa va de las dificultades en sus carreras profesionales, combinadas con las dificultades o peripecias en el ámbito personal. Vamos… al estilo de la anterior. Al igual que la anterior, es simpática. Y son ocho episodios de una hora. Podría tener segunda parte… pero ha quedado más cerrada. Y hay temas que los trata de un poco… meh. Por ejemplo, los personajes LGBTQ+ están demasiado estereotipados… y más que una visión inclusiva, a veces resulta una visión caricaturesca, aunque creo que la intención es buena. Pero parece que en Corea del Sur todavía tienen mucho que avanzar en estas cosas. Tiene sus momentos, los protagonistas son todos muy majos… pero es mejorable.

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[TV] Cosas de series; siempre entretenida animación japonesa

Televisión

Una serie de animación para las navidades y segunda parte de la primera temporada de la que muchos consideran una de las mejores y más interesantes series de animación japonesa del 2022

Las dos series de esta semana son japonesas, pero la ambientación de la misma está inspirada por ciudades europeas. La más característica, el «Berlint» en el que se desenvuelve nuestra familia de espías preferida.

B The Beggining, en inglés, es el título de una serie de animación japonesa que lleva ya un tiempo en Netflix, y que tras leer algunos comentarios elogiosos sobre la misma, decidí ver durante mis días de fiesta en la época navideña. En un país ficticio, en una época indeterminada, pero de inspiración europea, el nombre del país es Cremona como la ciudad italiana que todavía no he tenido la ocasión de visitar, el cuerpo de policía se ve con la necesidad de lidiar con un asesino en serie, que firma sus asesinatos con lo que parece una B. Aunque quizá no lo sea. Un policía que parecía retirado se une a la investigación, en la que poco a poco se va destapando que el asesino es un justiciero que ataca a miembros de una organización criminal que utiliza a jóvenes que fueron producto de un proyecto de investigación avanzada en crear personas con capacidades o poderes especiales. Conforme se profundiza en la investigación, las raíces de la conspiración se ven más profunda en la estructura del poder del país, al mismo tiempo que muchos de los implicados en la investigación tienen relación con las causas de la situación. Es una serie entretenida con bastante acción y personajes relativamente majos. Pero que tampoco destaca especialmente sobre otras similares. Consta de una primera temporada de 12 episodios, emitidos desde 2018, y una segunda de 6 episodios, emitidos desde 2021. Pero da la sensación por la forma en que termina el sexto episodio de la segunda temporada de que es como si hubieran dejado esta a medias. Desconozco si habrá, o cuando, una continuación de esta segunda temporada, o una tercera temporada que resuelva el cliffhanger en la que quedó la serie. Como digo, un entretenimiento decente, sin más.

SPYxFAMILY (leáse como Spy family), es el título original de otra serie japonesa, de estreno el año pasado, cuya primera mitad se emitió separada en dos partes de 13 episodios cada una de unos 24 minutos de duración. Ya comenté en su momento mis impresiones de la primera parte de 13 episodios, que fueron elogiosas. Las aventuras de esta peculiar familia, que no son realmente familia, pero que funcionan mucho mejor como tal que muchas familias reales, en la que el padre es un espía, la madre una asesina a sueldo y la hija y el perro son telépatas de alguna forma, pero nadie sabe la realidad sobre los otros, salvo la niña, claro. Como en los primeros doce episodios, aunque hay misiones para los personajes, lo que realmente mueve la serie es su crecimiento como familia, cómo van aprendiendo a asumir de verdad los papeles adoptados por conveniencia, cómo se van creando auténticos vínculos entre ellos. La serie es muy entretenida, está muy bien hecha, tiene una buena, divertida y animada banda sonora, con estupendas canciones pop de entrada y final de episodio, y los episodios los consumes en un vuelo, saben a poco. Si tuviera que ponerle alguna pega, me gustaría que hubiese menos protagonismo de las misiones de espionaje del padre, que al fin y al cabo son el macguffin de la serie, y ver más de las misiones de la madre como asesina. Para muchos, entre los que me encuentro, Yor también conocida como The Thorn Princess (La princesa de espinas, por las armas punzantes que usa en sus trabajos), es el personaje preferido. Su mezcla de peligrosidad, candidez e incapacidad básica para la realización de las actividades domésticas que se esperan de una mujer casada es estupenda. Y esa inspiración en el Berlín de la guerra fría me parece también un estupendo acierto.

[TV] Cosas de series; en el terreno de la fantasía y de la realeza

Televisión

Series de origen europeo, suponiendo que podamos considerar que el Reino Unido sea parte de Europa, que no es lo mismo que la Unión Europea, y no se haya convertido en un universo paralelo y alienígena. En cualquier caso, dos de Netflix y una de HBO. Dos británicas y una alemana. Y con mucha fantasía por el medio, incluso en la que se basa en hechos reales, me parece a mí.

Como hay mucho británico en las series de hoy, ilustraré la entrada con fotografías de mi visita a Stratford-upon-Avon, la ciudad natal de William Shakespeare en las Midlands inglesas. ¿Que cosa más británica/inglesa puede haber, dejando de lado a los rancios y apolillados Windsor?

Con cambio de protagonistas, como era de esperar para ajustarse al envejecimiento de los personajes, hemos asistido a la quinta temporada de The crown. La celebrada serie de Netflix, una ficción razonablemente verosímil, pero ficción, basada en hechos reales entorno a la difunta Isabel II de Inglaterra (Imelda Staunton) y su familia. Con especial atención en esta temporada al actual Carlos III de Inglaterra (Dominic West), a su anterior y difunta exposa, Diana de Gales (Elizabeth Debicki), y en menor medida a Felipe de Edimburgo (Jonathan Pryce) y otros miembros de la familia, allegados, apegados y advenedizos. Con la aparición estelar del erotismo de retrete de Camilla Parker-Bowles (Olivia Williams), actualmente reina consorte Camila de Inglaterra. Cuando digo «de Inglaterra» hay que considerar que habría que incluir también el resto de los «dominios» del Reino Unido y países de la Commonwealth que reconocen al soberano británico como jefe del estado. Los acontecimientos de esta quinta temporada han correspondido a la ajetreada época que sufrieron en los años 90, muy centrados en las desavenencias entre los príncipes de Gales, aunque con otros derivados o asuntos en paralelo. Pensaba que terminaría con el finiquito al personaje de Diana de Gales… pero no. Eso lo dejan para la sexta temporada. En cualquier caso, sigue siendo una muy buena serie, aunque haya perdido ya el factor sorpresa y novedad de las primeras temporadas. Las nuevas «chicas», Staunton, Debicki, Williams y otras, siguen haciendo papeles tremendamente creíbles y bien adaptados, mientras que a los nuevos «chicos» me cuesta más verlos en sus personajes. No porque lo hagan mal, hacen lo que pueden… pero no los veo. En cualquier caso, sigue siendo una serie muy recomendable.

Hace unos años, una serie alemana de fantasía/ciencia ficción, no sé cómo calificarla porque no terminé de verla, sorprendió al público de Netflix, y tuvo gran éxito. No terminé de verla porque era tan compleja, que a lo que llegó su segunda temporada se me había olvidado casi todo y no tenía ganas de volver a ver la primera temporada para que la segunda y la última tuvieran sentido. Pues bien, de sus creadores ha llegado 1899, que empecé a ver con reticencia por si me sucedía lo mismo. Esforzarme en una primera temporada para que luego me costase excesivo esfuerzo retomarla al cabo del tiempo. Pues bien, sin preocupaciones, porque a pesar del éxito y las buenas críticas, a Netflix no le han salido las cuentas y la han cancelado. Con un reparto coral y multinacional, recorremos la peripecia del pasaje de un trasatlántico tipo «Titanic» que recibe una llamada de socorro de un gemelo suyo desaparecido, y que como consecuencia también empieza a sufrir las consecuencias de una realidad alterada que va afectando profundamente al pasaje. Evitando destripar la serie, esta se mueve entre la intriga y la fantasía hasta desembocar en el ámbito de la ciencia ficción en sus últimos compases. Que para mí es cuando la cosa empieza a tener más interés… pero nos quedaremos sin saber qué narices pasa en realidad. Netflix no encuentra su rumbo y lleva un tiempo dando bandazos. Todas las plataformas los dan; la cuenta de resultados pesa mucho en la toma de decisiones, lo que genera la frustración de los espectadores tarde o temprano. Por mi cabeza ha pasado ya en varias ocasiones la idea de mandarlos a freír espárragos. Es difícil recomendar una serie de misterio inacabada. Pero no está mal si te gusta este tipo de ficción.

Y la que sí que ha llegado a término es la fantasía basada en las novelas de Philip Pulman, His dark materials. Reconozco que estuve a punto de abandonarla en algún momento durante la segunda de las tres temporadas que la componen. La serie tiene logros notables, pero también tiene momentos débiles. También es de las que complican enormemente la trama, como múltiples ramificaciones, que son llevaderas en forma literaria, pero que en formato audiovisual, no siempre es fácil equilibrar el seguimiento y el cierre progresivo de todas las subtramas. También hay un problema de reparto, con algunos logros notables, entre los que he de considerar la presencia de Ruth Wilson, solidísima actriz británica, encarnando el personaje más complejo e interesante de la historia. Sin embargo, los dos protagonistas juveniles, Dafne Keen como protagonista principal y Amir Wilson como su partenaire principal, no siempre me convencen. Son dos intérpretes que empezaron en su preadolescencia y han terminado la serie hacia el final de su adolescencia, pero con todavía una falta de madurez interpretativa, que no han terminado de alcanzar. La chica protagonista resultaba más convincente al principio, por su aire más espontáneo, con una edad más temprana, pero no me ha parecido que mantuviera la solidez con el tiempo. No es que lo haga mal. Ninguno de los dos. Pero no sé si están a la altura de la encomienda de sostener una serie de por sí compleja. No obstante, la tercera y última temporada ha estado bien desarrollada, proporcionando buenos cierres a todos los hilos pendientes, y lo único que me ha chirriado ha sido el prescindible último episodio, que no sé hasta que punto interpretarlo como un pie a futuras secuelas. Bien. Visible. Con momento muy buenos. Pero sin más.

Como curiosidad, Ruth Wilson/Mrs. Coulter y Dominic West/Carlos de Gales coprotagonizaron hace un tiempo una serie que tuvo momentos excelentes… como amantes.

[TV] Cosas de series; desde la península de Corea, asesinos en serie y robos espectaculares

Televisión

Hace ya un tiempo que terminé de ver la primera de las series que comento hoy. Que no incluí en otras entradas dedicadas a las series coreanas… porque es otra cosa distinta a las habituales. En cualquier caso, algo que despertó mi interés. Y luego… la curiosidad por saber cómo iban a evolucionar mis impresiones sobre la versión de La casa de papel del pequeño pero populoso país del Asia más oriental

Somebody (titulo original en inglés) llegó a Netflix sin hacer mucho ruido. No tiene el formato habitual de las series de las que la plataforma es distribuidor absoluto fuera de la República de Corea. Estas son 16 episodios, a veces alguno más, de 70 minutos de duración, que muchas veces, por lo temas de cuotas de publicidad, son emitidos en su país de origen en dos episodios de 35 minutos. Así puede «legalmente» meter más anuncios. Aquí estamos en un encargo propio de la plataforma, con ocho episodios de entre 45 y 50 minutos. Ya aviso que al público votante de IMDb y algunas redes sociales no le ha convencido. Pero es que se escapa bastante de los estereotipos de las series coreanas. Es oscura, violenta, hay sexo con desnudos, hay situaciones incómodas relacionadas con la discapacidad, tanto física como de otros tipos… Una serie realmente para adultos. Además, su protagonista está en el espectro autista, pero muy distinta de la de una serie de gran éxito y buen rollo que se ha podido ver también en la plataforma. La historia de una joven desarrolladora, altamente inteligente, pero emocionalmente discapacitada, que ha creado un aplicación móvil de relaciones interpersonales de gran éxito, que está siendo usada por un asesino en serie, un sociópata, para elegir sus víctimas. Y ambos llegarán a conocerse… y romper su aislamiento emocional, de una forma no especialmente saludable. Sin ser redonda del todo, tiene algún problema de ritmo en su desarrollo, me ha parecido interesante, y bien interpretada. Y sirve para salirse de los caminos mil veces trillados. Y con una producción muy muy cuidada, que recuerda a alguna excelente cinematografía del país asiático. No entiendo porque a la gente no le ha gustado.

A la versión coreana de La casa de papel también le han llovido críticas negativas. Y después de la segunda tanda de episodios, su valoración tampoco es muy boyante. Jongieui Jib: Gongdonggyeongjeguyeok [종이의 집: 공동경제구역, Money Heist: Korea – Joint Economic Area en su título internacional], en su segundo parte, sigue en la misma peripecia, el asalto a una ceca situada en una zona de desarrollo económico común entre las dos Coreas, en un futuro próximo en el que ambas avanzan hacia la reunificación. Pero en la que políticos de ambos países y otros agentes económicos, pretenden lucrarse sin escrúpulos. Como ya dije en su momento, esta adaptación me parece prescindible. En lo esencial, recorre muchos de los caminos ya trillados por la versión original española. Sin embargo, he de decir que no está peor hecha. Ni peor interpretada, ni mucho menos. Es más, me atrevería a decir que personaje por personaje, el balance es favorable a las interpretaciones coreanas. Y hay algunas variaciones del argumento que también me ponen del lado de la versión coreana. Los atracadores tienen no sólo usan la excusa de la corrupción para llevar a cabo sus fechorías, realmente tienen interés en exponerlas y en realizar una denuncia. Y el personaje que más me incomodó siempre en la versión española, aquí tiene un recorrido distinto que permite que se pueda empatizar con él, al menos hasta cierto punto. Siempre me pregunté porqué un violador sin escrúpulos era presentado al final como un héroe bajo los acordes de una estridente versión del Bella ciao. Y porqué se le va a dedicar una serie a tal personaje, como protagonista. Se deja ver bien, ya sabes por donde va a ir, pero las variaciones que tiene, que parecen pocas y pequeñas, tienen más trascendencia, al menos en el plano ético, de lo que parece. Al final, no me arrepiento de haberle dado una oportunidad, aunque sea prescindible una vez que conoces la historia original.

Así pues, dos series poco valoradas por el gran público, pero que desde mi punto de vista no están mal.

[TV] Cosas de series; novedades en fantasía e imperios galácticos

Televisión

Un par de novedades que han despertado, al parecer, mucho interés. Por lo menos eso manifiestan los voceros de la prensa y de la cosa del internet. Porque en lo que se refiere al público general, con el enormemente atomizada y dispersa que está la oferta televisiva, dudo que tengan tiempo y ocasión para mantenerse al día. Y no necesariamente lo que más publicitan las plataformas de contenidos es lo que tiene más calidad o más interés. Es curioso cómo las empresas, de cualquier tipo, se resisten como gato panza arriba a reconocer que sus problemas de rentabilidad derivan de a) sus expectativas eran irreales; b) son torpes y se equivocan; c) el capitalismo (dicen) se basa en la competencia y, por lo tanto, unos ganan y otros pierden; d) varios o todos los anteriores coinciden en el tiempo.

Lo que tienen las series de «Star Wars» es que sacan tantos paisajes diversos para acomodarlos a sus «planetas», que cualquier paisaje que tengas en fotos sirve para ilustrar alguno de ellos, seguro.

Wednesday es la enésima incursión al mundo de la familia Addams. Hasta la película de 1991, no significaban absolutamente nada para mí, y me parecían una variante, no demasiado interesante, de la familia Monster. Y es que donde esté Yvonne de Carlo… Así que, a priori, ni fu ni fa. Eso sí. Siempre me hizo gracia Christina Ricci en su papel de Wednesday/Miércoles. Ya simplemente el nombre me parece un punto. Y era realmente muy cría cuando hizo aquella película. Así que quizá por eso he dado una oportunidad a la que a priori me parecía el enésimo intento de Netflix de tener éxito gracias al genero del fantástico/terrorífico para adolescentes. Entonces… pues eso. Una más de las diversas series que en esta y otras plataformas que le dan vueltas a estos temas. Para mí, me ha resultado entretenida… sin más. Dignamente hecha, bien interpretada, si te va este tipo de series está bien. Pero no entiendo la expectación, excesiva, que parece haber despertado. Como curiosidad, Ricci tiene un papel en estas aventuras de instituto con brujas, monstruos, seres sobrenaturales y asesinos en serie. A la protagonista, Jenna Ortega, no haciéndolo mal, no acabo de verla en el papel. Pero es lo que hay.

Con mucha reticencia me acerqué a Andor en Disney+. Dentro del universo Star Wars, las series que se han estrenado en los últimos años me despiertan sensaciones encontradas o, directamente, negativas. The Mandalorian es muy entretenida y simpática, es una buena serie, pero su trama argumental, hasta ahora, representa algo anecdótico en lo que es la gran historia de la saga. No sé muy bien cómo y cuando encajarán a Baby Yoda en el gran esquema de ese universo. Pero lo dicho, hasta ahora, anecdótico. Su derivada, The Book of Boba Fett, es una serie mediocre, en la que cual cualquier personaje secundario es más interesante, o está mejor interpretado, que su protagonista. Y Obi-Wan Kenobi es una serie impropia de uno de los personajes más interesantes de la saga, absolutamente prescindible, mal pensada, mal encaminada, totalmente decepcionante. Con estos antecedentes… A los que hay que sumar el hecho de que esta serie sea una derivada, una precuela, de Rogue One. Una película que, sinceramente, sin ser perfecta, tenía momentos estupendos, y personajes nuevos mucho más carismáticos que casi cualquier otra cosa en la saga desde que pasó a manos de Disney. Pero parecía muy autocontenida.

De modo que han basado la serie en uno de los personajes con los que más se podía rascar, Cassian Andor (Diego Luna), en aquella película un oficial rebelde de los servicios de inteligencia que junto con su coprotagonista y algunos secundarios sostenían con algo más que dignidad aquel largometraje que nos divirtió bastante. Y así, nos hablan de un Cassian que todavía no está implicado en la rebelión contra el imperio. Una rebelión todavía atomizada, disgregada y sin objetivos concretos. Aunque tienen el detalle de presentarnos el origen de Mon Mothma (Genevieve O’Reilly), inspiradora de memes sin fin a propósito de los bothan que la diñan consiguiendo planos de estrellas de la muerte. Pero también entran otros personajes muy interesantes, como la madre adoptiva de Cassian (Fiona Shaw), o el intrigante sin escrúpulos que intenta impulsar la rebelión a cualquier coste (Stellan Skarsgård), que constituyen la parte prestigiosa del reparto. Queda coja la parte de los malos, ya que los villanos no son especialmente carismáticos, sin que esto sea culpa de los actores que los interpretan. El caso es que esta serie está bien interpretado. Tiene un lugar claro, manifiesto e importante en el conjunto de la saga, uniendo acontecimientos. Es muy entretenida; sin apresurarse, no deja de mantener la expectativa. Y sobre todo, con un personaje protagonista que va creciendo y con un Luna que interpreta estupendamente, que sostiene perfectamente la serie y el carisma del personaje. Si no lo echan a perder en temporadas siguientes, una serie que sí que tiene la calidad e interés que la saga siempre ha merecido y no siempre ha recibido.