Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. La Olympus Trip 35, una cámara sencilla, con la Acros II, una película que me gusta, pero compleja.
Como explico en el enlace de la introducción, las fotos de hoy no dejan de proceder de un «experimento» que no fue bien. Pero a pesar de ello, finalmente, las fotografías sí que quedaron bien. O por lo menos a mí me convence el rendimiento de la imagen que la película y su revelado ofrecen. Que no está mal. El experimento lo quise hace en Utebo, donde hice alguna foto, pocas, y renuncié. O quedaron mal.
Otra cosa son las fotos realizadas a muy primera hora de la mañana, al amanecer, con las que terminé el rollo de película unas semanas más tarde. A pesar de que los motivos pueden estar ya muy vistos en estas páginas, encontré muchas oportunidades, o muchas sugerencias, de cara a utilizar la misma combinación de material sensible y revelador en un futuro. Ya veremos. Que ahora entramos en una época, con luz dura y demasiado brillante, el verano, que no es la más sugerente que se nos ofrece a lo largo del año. ¿Tendré que ir pensando en conseguir algo de película con sensibilidad extendida al infrarrojo? Puede.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Hoy un adelanto del comentario sobre las fotografías realizadas con película fotográfica en el viaje a Sicilia. En el mercado de Ballarò de Palermo.
No he recopilado muchos enlaces sobre recomendaciones fotográficas esta semana. Una mezcla de «he visto pocas cosas que me interesen» y «no he tenido mucho tiempo para buscar cosas que me interesen». Pero a pesar de todo he decidido redactar la entrada aunque sea sólo con un par de cosas.
Se acerca PhotoEspaña 2025. Intentaré escaparme algún día a Madrid, entre semana si es posible, a ver algunas exposiciones. Creo que hay algunas muy interesantes. De momento, en Clavoardiendo (y otros medios) nos informaron de la exposición de Judith Prat «Aquella niebla, este silencio» en una galería madrileña dentro de la sección Festival Off del festival. La comprometida fotógrafa de Altorricón, tras su muy interesante trabajo sobre la «brujería» en las tierras pirenaicas, nos habla en esta ocasión del pasado esclavista de nuestro país. Un pasado del que se habla poco, incluso si hasta muy avanzado el siglo XIX todavía existían esclavos en la isla de Cuba. Tengo ganas de ver cómo nos lo cuenta la fotógrafa.
En otro orden de cosas, Tomasz Trzebiatowski desde su boletín cotidiano PhotoSnack nos recomienda la obra del norteamericano Matthew Moore, cuyo último trabajo explora los paisajes de los países de la Europa oriental en los que quedan huellas de su pasado comunista. El trabajo de Moore con frecuencia busca en el paisaje las huellas de acontecimientos del pasado, reflejados o no en la historia oficial, pero que han marcado sociedades y culturas en mayo o menor medida. Una variante de la corriente de fotografía que busca analizar el paisaje alterado por el ser humano, que desde hace años tanto me interesa. Y que de alguna forma me ha influido en la forma en que me acerco yo mismo a la fotografía del paisaje, en la que no rehuyo las señales de la ocupación y la actividad humana, frente a aquellos que buscan el paisaje prístino e inmaculado… que tanto dudo que exista en la mayor parte del mundo.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Tulipanes y narcisos en el Parque Grande de Zaragoza con la Hasselblad 500CM.
Por fin les ha llegado el turno a las bulbosas del principios de la primavera, tulipanes y narcisos, que fotografié sobre película fotográfica a mediados del mes de marzo. Pero desde que me llegaron revelados estos negativos, la prioridad que doy siempre al comentario de las experiencias fotográficas en los viajes, y otros temas, los ha ido relegando hasta hoy. Pero ya están aquí.
Otros años les he hecho más fotos. Pero se nota que estamos a mitad de un ciclo electoral, los ediles municipales no se preocupan tanto de agradar a los ciudadanos como en vísperas de los comicios cada cuatro años. Había menos cantidad, menos calidad, y yo diría que un cierto descuido. No sé si es que hay menos dinero, que lo hay pero no se dedica, o que tienen a los jardineros cabreados. Que todo podría ser. Pero aquí os dejo unas cuantas fotos.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Ayer madrugué para hacer fotos. No salieron como esperaba. Pero hice fotos, algunas de las cuales me gustan.
En los últimos tiempos llevo mucho caos cuando llega el domingo y me planteo, o no, realizar mi tradicional entrada de recomendaciones fotográficas. Cuya dinámica se ha visto alterada por los viajes de los últimos tiempos, y otras cuestiones. Tenían un montón de marcadores guardados en Pocket… pero he decidido no atenderlos, y centrarme en cosas recientes. Hacer borrón y cuenta nueva. Porque además, este servicio para guardar marcadores e información interesante que tan bien me ha funcionado en los últimos años, ha anunciado su cierre. De forma ordenada, afortunadamente, y con mecanismos de salvaguarda para conservar la información acumulada. Que ya he podido a trasladar a Raindrop, un servicio similar, al que todavía me estoy acostumbrando. Pero que parece que está bastante bien. Incluso mejor que Pocket. A rey muerto, rey puesto.
Así que voy con tres cosas. En orden de cómo me sucedieron. Así que lo primero, antes que nada, comentar la exposición de fotografía que pude visitar el domingo pasado por la tarde en Palermo. Dediqué el último día completo del viaje a Sicilia a recuperar cositas interesantes en la capital siciliana que se me habían escapado en los días anteriores. Y dos de ellas fueron dos museos que me resultaron muy interesante, el Arqueológico y la Galleria d’Arte Moderna. Ambos muy recomendables. Y en esta última, que está dedicado al arte de finales del siglo XIX y principios del XX, el arte más actual y contemporáneo está en otro museo al que no pude acceder por un problema de horarios, me encontré con una exposición de la fotógrafa mejicana Cristina Mittermeier. Una de estas fotógrafas de la National Geographic, que suelen mostrarnos un mundo en colores vivos y brillantes, con retratos, paisajes y fauna maravillosos. Unas fotografías estupendas, pero bastante acríticas con lo que está pasando en el mundo actualmente. Es el problema de la National Geographic, que en su afán por divulgar y embellecer, traslada una imagen deformada de las realidades del mundo. No obstante, disfruté mucho con la exposición.
En esta semana nos llegó la triste noticia del fallecimiento de Sebastião Salgado (1944 – 2025), fotógrafo brasileño, uno de los primeros que atrapó mi imaginación cuando empecé a dedicar tiempo y recursos a la afición fotográfica, allá en los finales de los años 80 y los años 90. Recuerdo especialmente el impacto de sus fotografías realizadas en los campos de petróleo de Kuwait durante la primera Guerra del Golfo. Pero a partir de ahí, todas los increíbles reportajes que realizó por todo el mundo, exponiendo a la luz y denunciando muchas de las tristes realidades contemporáneas, pero al mismo tiempo con unas fotografías de una belleza incuestionable. Tengo varios libros suyos, y son de mis libros de fotografía más queridos. Decir que ha sido una gran pérdida para la fotografía, como aseguran tantos, me parece una tontà… que el hombre tenía 81 años, sus achaques y ya no estaba para producir como en sus mejores tiempos. Lo que tenía que ofrecernos ahí queda. La noticia no deja de ser triste, pero descanse en paz. Si tibi terra levis.
Y por otro lado, del lado de los premios institucionales, serios y formales, que no son precisamente los que más valoro, nos llegan noticias para otra fotógrafa mejicana. La Fundación Princesa de Asturias ha anunciado que el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025 es para Gabriela Iturbide. Debatir sobre si el premio está justificado es una absoluta memez. Iturbide no es que merezca este o cualquier reconocimiento; es que es una de las fotógrafas de referencia más importante todavía vivitas y coleando. Y cuando digo fotógrafas no digo que lo sea entre las féminas; me refiero a que lo es entre todas las personas fotógrafas sea cual sea su sexo y condición, nacionalidad, lengua o estilo. Obviamente, es especialmente trascendente entre los fotógrafos documentales. Con su blanco y negro muy expresivo, lleva décadas documentando el paisaje social, antropológico, humano en general, de su Méjico natal, pero con un mensaje universal, que trasciende fronteras. Este tipo de premios siempre me da la impresión de que o llegan tarde o son oportunistas. Hace muchos años que Iturbide hubiera sido ya digna del reconocimiento. Es jugar sobre seguro, sin riesgos. Es lo habitual en estos premios, que pocas veces toman decisiones arriesgadas. Sólo se salen del guion para premiar de forma oportunista al personaje de moda, pero que no suponga riesgos políticos o de relaciones públicas. Pero bueno… Iturbide es una fotógrafa cuyo trabajo y personalidad hay que conocer, por lo que bienvenido sea el reconocimiento. Que llega a tiempo, porque es dos años mayor de lo que era Salgado… Pues eso… que hace años que podría haber sido reconocida con justicia.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Unos díptico a partir de fotografías realizadas a principios de abril en Utebo.
Hoy iba a mostraros unos tulipanes fotografiados en el mes de marzo. Sí. Todavía hay experiencias fotográficas de hace más de dos meses que no he comentado. Pero la actualidad manda. Y en las últimas 36 horas se ha puesto de moda hablar del “medio fotograma”. Incluso is esta denominación es incorrecta. Fujifilm anunció ayer una cámara de la que se venía hablando meses; la Fujifilm X-Half. Ahora vamos un poco con ella y su denominación
El medio fotograma, “half frame” en inglés, es algo que surgió a principios de los años 60, impulsado por Olympus. Un formato de fotograma con unas dimensiones aproximadamente la mitad que el estándar impulsado por Oskar Barnack desde Leica; 17 x 24 mm frente a los 36 x 24 mm habituales. Esto permitía duplicar el número de fotogramas en un rollo de fotografía. Y a mí me gusta, por varios motivos. Sígase el enlace anterior, y se verán todas las publicaciones que he redactado por aquí en el último año.
Una de las características de muchas cámaras de medio fotograma es que, al ser el desplazamiento de la película horizontal, como en las de fotograma completo, la orientación por defecto es vertical. Lo cual algunos lo ven como un engorro, pero otros no lo vemos así. Y esto coincide con el hecho de que la mayor parte de la gente, cuando usa la cámara de su teléfono móvil, la usa también en vertical. Por comodidad. Los teléfonos móviles tienen una ergonomía horrible para la fotografía y el vídeo. Pero para mucha gente, especialmente jóvenes, la imagen vertical es casi la norma.
Fujifilm, con su nueva X-Half, ha realizado una operación de mercadotecnia curiosa, mezclando básicamente tres elementos. Primero, ofreciendo una cámara que recuerde en su estética a dos de sus productos estrellas, la X100VI y la GFX 100RF. Pero mucho más económica. Segundo, invocando la nostalgia de las cámaras para película fotográfica de medio fotograma; tengamos en cuenta que recientemente Ricoh sacó al mercado su Pentax 17, una revisión del tema. Tercero, orientando el sensor, un Sony de tipo 1” muy frecuente en cámaras compactas, de forma vertical y con un aspecto 4:3, aunque sea perdiendo dos de los 20 megapíxeles, para que se asemeje al formato al que están acostumbrados los más jóvenes.
Tras haber revisado su hoja de especificaciones técnicas, y haber revisado las “entusiastas” revisiones de los “yutubers” “independientes”, he llegado a la conclusión que no es una cámara para mí. De hecho, no creo que esté pensada para el fotógrafo de corazón. Creo que es una cámara para “hipsters”. Un complemento para el atuendo personal, más o menos mono, que permita hacer fotografías que se publiquen en las redes con “originalidad”. Indudablemente permite hacer fotos. Pero cualquier cosa que se puede hacer con ella, en serio, la puedo hacer con mi Sony ZV-1, y bastante más. Y aquí os dejo auténticas fotografías de medio fotograma, con una auténtica cámara de medio fotograma, realizadas con auténtica película fotográfica
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Paseo fotográfico por el casco antiguo de Utebo, ciudad emergente en el área metropolitana de Zaragoza.
Si todo hubiese ido como debería, ayer u hoy tendría que haber comentado las fotografías de los negativos en color que hice en mi escapada alemana de Semana Santa. Pero algo no ha debido ir bien. Quizá un apagón inconveniente. Quizá el festivo entre semana. El caso es que no los tengo. Lo cual me contraría. Voy a comenzar dentro de muy un viaje, y querría haber tenido organizado de forma definitiva el anterior.
Si en la visita anterior había aprovechado las últimas horas con luz suficiente de la tarde, en esta ocasión madrugué. Cogí el tren que salía algo después de las 7:30 de Miraflores, para llegar a Utebo en torno a las 8 de la mañana. Con el sol ya en el cielo, pero con una luz matizada. Y la principal diferencia es que opté por película para negativos en blanco y negro.
Por lo tanto, seguiré comentando mi exploración fotográfica del casco viejo de Utebo, de la que ya comencé a hablar hace unas semanas en digital, y hace unos días con negativos en color de formato medio. Una semana después de mi primera “expedición” en el tren de cercanías, volvía a acercarme a esta ciudad del área metropolitana de Zaragoza, de reciente expansión demográfica, que conserva sus rincones que denotan su origen rural y más agrario.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Paseo fotográfico por el casco antiguo de Utebo, ciudad emergente en el área metropolitana de Zaragoza.
Con esto del apagón eléctrico no pensaba que me diese para publicar nada hoy. Pero mira tú. Un tipo ha dicho que tardarían entre seis y diez horas en devolver la energía eléctrica. No sé si ha regresado en todo el país, pero en Zaragoza ha vuelto a las cinco horas y cincuenta y siete minutos aproximadamente. Así que a ese tipo habría que hacerle presidente del gobierno vitalicio o algo así. ¿No creéis?
En fin. Os dejo con unas fotografías realizadas en un sábado por la tarde de marzo con la Hasselblad en el casco histórico de Utebo. Lo que más me impresiona es que no me tuve que esforzar nada en absoluto en que las calles salieran vacías de gente. Prácticamente no me crucé con nadie entre las cinco y las seis y media de la tarde. Al otro lado de las vías del ferrocarril era otra cosa. Mucho más animado. Pero allí no hice fotos.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Olympus Pen F con Kodak Ektar 100.
Hace unas semanas os fui mostrando imágenes de mi exploración fotográfica del barrio rural de la Cartuja Baja de Zaragoza. Unos paseos, realizados durante el mes de enero, en las tardes de los sábados, que fueron muy agradables durante ese mes. En el mes de febrero, en otra tarde sábado, con tiempo muy agradable, apuntando a lo primaveral, volví a acercarme al barrio rural de la ciudad con intención de seguir mi exploración fotográfica del lugar.
Ciertamente, no me dediqué tanto a los restos del antiguo monasterio cartujo que da nombre al barrio. Opté por buscar rincones más cotidianos del lugar. Que pongan además de manifiesto su naturaleza de pequeña población que, hasta hace bien poco y todavía, tiene su base en la actividad agrícola. Aunque ya disponga de zonas urbanizadas más concebidas como barrio dormitorio de la gran ciudad. Al fin y al cabo, muchos de sus jóvenes estudian en el núcleo urbano de Zaragoza, y no pocos de sus adultos trabajan también en el mismo. Pero no ha perdido su personalidad propia.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Amanecer del sábado 5 de abril y maratón en Zaragoza al día siguiente.
Este fin de semana ha sido el del “quiero y no puedo”. Me hubiera volver a Utebo a seguir explorando fotográficamente el casco viejo de la ciudad del área metropolitana de Zaragoza. Pero es algo que estoy haciendo con otro compañero de afición y no le venía bien.
Como contrapartida, salí el sábado por la mañana para ver si habían despejado las nubes que trajeron tormentas la noche del viernes. El pronóstico era favorable. Pues no, las nubes estaban ahí. Tres cuartos de hora más tarde ya estuvo despejado, pero no se vio salir el sol que era lo que se pretendía. Aun así aproveché la buen luz de ese ratito.
Para el domingo hablamos de ir a fotografiar la Maratón de Zaragoza a su paso por los espacios de la que fue Expo Zaragoza 2008. Pero no nos aclaramos con la logística de la cuestión. El problema es que había que madrugar los suyo para estar allí en posición entre 8:30 y 9:00 horas. Esa parte del recorrido está al principio de la carrera.
Pero llegar allí no era baladí por los cortes en los recorridos de líneas de autobús urbano. Y es una parte de Zaragoza que nos pilla especialmente apartados. Así que el personal, con pocas ganas de madrugar, se rajó. Y yo, al despertarme tomé la decisión de aprovechar que el paso por los kilómetros 26 – 27 estaba en el Puente de Hierro, con un paso previsto del primer corredor entre las 9:45 y las 10:00 horas. Y allí estuve fotografiando el paso de los primeros correros de la carrera.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario técnico de la Olympus Trip 35 recientemente reparada.
Cuando me hice con la Olympus Trip 35 hace unos años me hizo mucha ilusión, y la estuve usando bastante. Incluso viajó conmigo un poquito por el mundo. Por el Sobrarbe, por Sevilla,… no mucho más. En los viajes siempre he tendido a llevarme la Minox 35 GT-E, algo más ligera, y con mejor calidad global. Pero es una cámara sencilla, que sirve su propósito de bloc de notas fotográfico.
Hace un par de años se me desajustó el obturador, de tipo central, incorporado en el objetivo fijo. Y la he tenido parada durante un tiempo. La duda era si me agenciaba otra o si la llevaba a reparar. Porque suponía que el gasto no sería muy distinto. Como así ha sido. Ya que la cámara está en muy bien estado cosmético, y el objetivo de selenio no está gastado y expone correctamente, decidí reparar. La llevé en diciembre a Casanova Foto, y en enero me la devolvieron reparada.
Por supuesto, había que comprobar que la reparación había sido eficaz. Por ello, le puse un rollo de película para negativos en blanco y negro, teniendo en mente probarla también unos días más tarde con un rollo de película para negativos en color, durante una excursión en el día de ASAFONA Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza. Pero de eso hablaré otro día. Pronto.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. El casco antiguo de Utebo en formato medio digital.
El catalán Joan Fontcuberta es uno de los fotógrafos españoles que genera más controversia entre los amantes al medio. Creo que despierta admiración y rechazo a partes iguales, o eso deduzco de lo que los medios (más o menos) especializados escriben. Voy siguiendo las cosas que hace desde hace tres décadas. Y he leído alguno de sus ensayos sobre el arte y la práctica fotográfica. Algunas de sus cosas me gustan, otras no tanto. Recientemente nos recordaban su quehacer con motivo de una exposición en la que nos habla de los monstruos, Monstrorum historia, donde reúne fotografías de varias de sus series anteriores. Alguna de ellas, como Herbarium la conozco por haber visitado alguna exposición sobre ella. Fontcuberta juega mucho con los significados y los significantes de la imagen fotográfica. Y por lo tanto, para poder disfrutar de su obra hay que liberarse de prejuicios y acudir a la misma no con la idea de ver los que creemos ver, sino lo que el fotógrafo intenta que veamos. No confundamos el realismo con la realidad.
No conocía yo la obra de la japonesa Kunié Sugiura. Desconozco el porqué de la tilde en su nombre, habitual cuando los nombres japoneses se transcriben al francés, pero cuando lo hacen al inglés o al castellano, la autora reside en EE. UU. En fin, da igual. Sugiura lleva años en el panorama del arte contemporáneo. Y aunque utiliza la fotografía para sus obras, estar suelen invocar el auxilio de otras disciplinas artísticas, como la pintura y la escultura, por lo que suelen ser técnicas mixtas. Me llamó la atención en un artículo de Aperture, y me gusta bastante cómo a lo largo de su carrera ha jugado con la forma y la luz. Otra forma de entender la fotografía.
Nos hablaban recientemente del esfuerzo que está realizando la agencia Magnum Photos para digitalizar su enoooooorme archivo fotográfico, en concreto su archivo de diapositivas en color. Dicen que disponen de aproximadamente 650 mil diapositivas. El artículo que lo contaba tenía lo suyo de propaganda ya que glosaba las virtudes de las cámaras de formato medio de Fujifilm con sensor de 100 megapíxeles para esta tarea. No sé. Creo que Hasselblad tiene un sistema de gestión del color más orientado a la fidelidad de los colores, mientras que Fujifilm fía más en su «simulaciones de películas fotográficas» como argumento de venta. Pero bueno… el cliente tipo de una cámara de formato medio digital creo que busca más la fidelidad que el truquillo de mercadotecnia. Digitalizar diapositivas en color no es fácil. Las antiguas Kodachrome aguantan bien el paso del tiempo, pero las Ektachrome y otras película para positivos en color similares basadas en el proceso E6 o precursores, suelen presentar una degradación de los tonos de color que es necesario corregir, tarea no sencilla en un medio que requiere tanto rigor como un archivo de estas características.
Por lo que nos cuentan, también van a intentar sacar un rendimiento económico de este esfuerzo, que no será barato, poniendo a la venta productos derivados, como libros o copias fotográficas de aquellas fotografías más destacadas que vayan digitalizando de este amplio archivo. El primer ejemplo de esta serie de obras, que van a denominar A world in color, está dedicado a la llamada Primavera de Praga, el intento democratizador de la sociedad checa en 1968 que se vio aplastado por la invasión de las tropas soviéticas y del Pacto de Varsovia. Los fotógrafos son diversos. Y muestran que, aunque la mayor parte de las imágenes que hemos visto de aquella intentona democrática nos han llegado en blanco y negro, el reportaje en color ya había avanzado mucho a esas alturas del siglo XX.
Termino con una fotógrafa actual, Katie Jo Small, que tal vez no está al mismo nivel de los anteriores, ni mucho menos, pero cuyos retratos realizados con película tradicional me han resultado simpáticos, y de ahí me he ido a revisar el resto de su obra, que me ha caído bastante bien también.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Hasselblad 500CM con Ilford Delta 400.
Desde hace unas semanas, he ido mostrando imágenes de mi exploración fotográfica del barrio rural de la Cartuja Baja de Zaragoza. Unos paseos, realizados durante el mes de enero, en las tardes de los sábados, que fueron muy agradables durante ese mes. Nada que ver con la lluvia o el viento que tenemos en el mes de marzo. Habrá más en un futuro. En febrero hubo otro con un sistema fotográfico muy distinto, del que ya os hablaré en su momento.
La peculiaridad de este último paseo fotográfico del mes de enero es que usé película en blanco y negro. Con resultados que, no son exactamente lo que yo buscaba, pero que no están mal. Quizá hubo más nubes de las que esperaba, y eso modificó el contraste con el que yo imagen las fotografías. Pero podéis ver vosotros mismos el resultado.