Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Hasselblad 500CM con Lomography Color Negative 800.
A mediados de enero, una compañera de afición fotográfica, Ana Cosculluela, inauguraba una exposición de fotografía estenopeica. De la que ya hablé en mi Cuaderno de ruta. Quise aprovechar esa mañana para probar hacer fotografías con flash usando una cámara para película de formato medio con el apoyo de una luz de flash. Pero no funcionó. Así que fueron sin flash, y quedaron un tanto subexpuestas.
Esa misma tarde, decidí terminar el rollo volviendo a La Cartuja Baja, como la semana anterior, aunque ya sólo me quedaban cuatro exposiciones de las 12 de un rollo de tipo formato 120 con negativos de 56 x 56 mm. Pero bueno, menos da una piedra. Y son válidas para añadir a la colección de fotografías que estoy reuniendo del lugar. Ahora estoy en un impasse, después de una incursión en febrero, pero volveré a La Cartuja para seguir explorando.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Hasselblad 500CM con Kodak Portra 800.
Hacia mediados del año 2024, durante los meses de verano, hice varias incursiones fotográficas a la Cartuja Baja. Bueno. En principio, eran caminatas realizadas a horas tempranas con el fin de hacer ejercicio. Pero empecé a ser consciente de las posibilidades que ofrece el lugar, en el que se combinan los hogares de los vecinos con los restos del antiguo monasterio cartujo que da nombre al barrio zaragozano.
Por ello, me propuse seguir explorando el lugar fotográficamente durante el otoño y el invierno. Con luz más adecuada a horas más adecuadas. Luego, por motivos que no vienen al caso, durante el otoño no surgió la ocasión. Pero no se me fue la idea de la cabeza. Hasta que llegó el mes de enero, en el que me hice el propósito de retomar con más frecuencia la fotografía con cámaras de formato medio. Y la Cartuja Baja me pareció un entorno adecuado para ello.
Durante tres sábados por la tarde en ese mes me desplace hasta el barrio con el autobús urbano que lo conecta con la casco urbano de la ciudad. Ya os hablé de uno de ellos, porque ya presenté algunas fotografías en blanco y negro recientes. La Cartuja Baja es lo que se llama un barrio rural. Fuera del casco urbano principal. Desde la plaza de España de la ciudad hasta la plaza de España del barrio hay 8.5 kilómetros. Algo menos, claro, si lo midiéramos en línea recta y no siguiendo los recorridos de las vías de circulación o de los caminos peatonales.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre el flash Godox ia32.
Cuando llega la primavera, me gusta fotografiar las flores que encuentro. En la naturaleza, en los parques y jardines, en las calles de las ciudades. Donde sea. No soy entendido en flores. Ni busco especies determinadas. Simplemente, cuando considero la ocasión y me apetece, o quiero experimentar.
Hace unas semanas ya mostré algunos ejemplo de mis ensayos utilizando flash fotográfico. En aquellos momentos utilicé el flash que generalmente uso para la fotografía de aproximación. Un flash tradicional, tipo cobra, de potencia media y tamaño relativamente compacto. Pero en las últimas semanas, junto con una pequeña compacta digital, he llevado un flash más pequeño, pero razonablemente capaz, de tal forma que en mis recorridos cotidianos puedo utilizarlo para tomar las fotografías al vuelo, en una diversidad de oportunidades. Noche, día, exterior, interior,… tremenda versatilidad para un chisme tan pequeño. En el enlace al principio de la entrada encontraréis más detalles.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata.
Ya estoy empezando a añorar la luz de las mañanas o las tardes de finales de noviembre, de diciembre y de principios de enero. Son momentos del año en los que es más probable encontrar una luz suave, agradable tanto para pasear como para fotografiar a cualquier hora del día. Si el sol no se eleva mucho sobre el cielo en su recorrido diario, y si algunas nubes matizan la luz solar que nos llega, todo es más agradable.
Sí, sí… ya sé. A cambio, hace frío. Y las horas de luz son menos. Pocas incluso. Pero esta visto que no lo podemos tener todo. Pero cuando las elementos se conjuran, que hermoso es contemplar el mundo con la luz adecuada. Más si te gusta pasear con una cámara fotográfica. Y en ese momento, qué estupendos son los resultados que se obtienen con una cámara de formato medio, con sus grandes negativos llenos de detalle, de texturas y de formas. Hoy está nublado, pero si no, qué dura y antipática es ya la luz cuando ya vemos en el horizonte, a pocas semanas, el equinoccio de primavera.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata.
No mucho que contar, aparte de mostrar las fotografías. El primer sábado del año me encontré bastante libre de obligaciones e incordios. Y como salió una buena mañana, aunque con niebla al principio, decidí salir a explorar. Cogí un tren de cercanías a Casetas. Mi intención era explorar algunos paisajes rurales entre este barrio rural de Zaragoza y Utebo, un municipio que, paradójicamente esta más cerca del núcleo urbano de la ciudad que el propio barrio. Cosas raras de las lindes municipales.
Había hecho revisión de rollos de película en el frigorífico en los días de Navidad. Y comprobé que tenía varios rollos de película para negativos en color de formato 120 caducadas o a punto de caducar. No es que me preocupase mucho su estado. Habían estado guardadas en el frigorífico a 4 ºC en todo momento. No obstante, decidí que era el momento de usarlas. Y aquí están las fotografías.
Más de la mitad de las 10 fotografías que se obtienen en un rollo de tipo 120 fueron tomadas en los viejos y oxidados vehículos ferroviarios que AZAFT, Asociación zaragozana de amigos del ferrocarril y del tranvía, tienen en la estación de Casetas. Apenas tomé fotografías en la caminata por los campos y la ribera del Ebro, e hice un par de fotos en el casco viejo de Utebo. No dio para más.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata.
Esta es la segunda parte de mi experiencia fotográfica con película tradicional en Gerona el pasado 29 de enero. Ya comenté hace unos días el viaje ilustrándolo con las fotografías digitales realizadas para un uso más o menos inmediato, con una compacta digital. Más recientemente, la primera parte de las que realicé con una cámara para película fotográfica de medio fotograma, en las que se obtiene el doble de fotografías por rollo que en las que tienen unas dimensiones del fotograma más estandarizadas, de 24 x 36 mm.
Hoy cierro el ciclo de fotografías de ese viaje con las que realicé al caer la tarde, agotado el rollo que he mencionado de medio fotograma, con una cámara de fotograma completo. Y película con una sensibilidad superior, ya que fue utilizada cuando la tarde empezaba a estar algo más avanzada, algunas nubes amenazaban en el cielo de Gerona, y la luz era algo más escasa. Especialmente entre las estrechas calles del centro histórico de la ciudad, de carácter tan típicamente mediterráneo. Espero que os gusten.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata.
En esta semana me han ido llegando las fotografías realizadas con rollos de película fotográfica para negativos en color. Tras varias pruebas, los rollos con película de 35 mm los he remitido a un laboratorio, donde suelen dejar un equilibro del color y los tonos más agradable y sin dominantes extrañas que en otros, y los rollos con película tipo 120 los he remitido a otro donde ofrecen un tamaño de archivo en megapíxeles mayor, que aprovecha mejor la información del negativo de formato medio, con un coste similar o muy poco superior. En general, bien. Las de hoy son fotografías procedentes de un rollo de película de 35 mm, pero en una cámara de medio fotograma, por lo que en un rollo de 36 exposiciones se obtienen más de 72. A mí me han salido 76 y media. Es decir, el primer fotograma está parcialmente velado.
Las fotografías corresponden al viaje en el día a Gerona del que os hablé hace unos días. Y han quedado bastante bien. Las condiciones de luz eran muy agradables. Estuvo soleado todo el día, pero con la presencia de un velo de nubes que quitaba dureza a la luz y evitaba los contrastes excesivos. El resultado me ha gustado bastante, teniendo en cuenta que el medio fotograma nunca puede ofrecer la calidad intrínseca de imagen que otros tamaños de negativo más grandes. Pero son cámaras ligeras y agradables de usar, como explico en el enlace que he puesto al principio de esta entrada.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata.
Este es uno de esos rollos de película que acaban no teniendo un fin bien definido, y al que le pasan cosas. Empecé usándolo para hacer pruebas con el nuevo flash que me regalaron para Navidad, después de un sonoro fracaso el día anterior. Aquí funcionó. Pero hice muy pocas fotos.
Una semana más tarde, un sábado por la mañana en el que salimos a caminar, y a hacer otro tipo de fotos, hice unas cuantas fotos más mientras hacíamos un amplio recorrido por el Canal Imperial de Aragón, entre nubes y claros, hasta que nos retiramos por que amenazó lluvia de forma relativamente seria. También hice pocas fotos.
Así que lo terminé esa misma tarde, en la que mejoró mucho el tiempo, en la Cartuja Baja, dentro de este proyecto que estoy llevando a cabo en el que documento los restos de la antigua cartuja que da nombre a este barrio rural de la ciudad de Zaragoza. En fin. De lo más diverso. De lo de la Cartuja Baja, hablaré más cuando me lleguen revelados los rollos en color del mes de enero.
Las serie de fotografías que ilustra esta entradas de mi Cuaderno de ruta se comentan desde un punto de vista de la técnica fotográfica en Carlos en plata.
Día de Navidad por la tarde. Tengo poco que hacer. Pero el día no está mal. Por la mañana he intentado encontrar motivos en las riberas del Ebro para fotografiar, especialmente algunas aves. Pero no se me ha dado bien. Y estoy un poco amodorrado. Así que me animo un poco, cargo una cámara de formato medio con un rollo de película experimental, en desarrollo, y pruebo suerte con la luz de la tarde de invierno.
No es un día con la mejor luz. El cielo está completamente despejado, ni una nube en el cielo, que está totalmente azul. Eso provoca un atardecer rápido. Como poca sutileza en los tonos de la luz. A pesar de, que siendo invierno y próximos al solsticio, el sol viaja muy bajo por la bóveda celeste, y la luz debería ser más matizada que en cualquier otra época del año. También estoy agarrotado, porque estoy intentando adaptarme a las especiales características de la película que he cargado en la cámara, pero no tengo las ideas claras. En cualquier caso, es lo que hay.
Ya comentaba hace dos días mi viaje en el día a Madrid. No voy a repetir las circunstancias del viaje. Pero sí hablaré de la última hora de estancia en la capital española. Llegábamos con mucho tiempo de sobra a la estación de Madrid-Puerta de Atocha. Teníamos que coger dos trenes, el mío a Zaragoza a las 18:55, el de mi amiga a Sevilla a las 19:00, si no recuerdo mal. Así que sugerí que parásemos un momento en la Librería La Fábrica, muy cerca de la estación de alta velocidad ferroviaria. Esto es muy peligroso. Tradicionalmente dedicada a la fotografía, hoy en día es más diversa. Por la ida y venida de sedes y locales de la librería, esta empresa que también edita sus propios libros, y organiza festivales y otras actividades culturales, siendo el más destacado el festival anual PHotoEspaña, ha debido tener algunos baches. Porque intentó consolidarse en unos locales más amplios y con más servicios, y acabó volviendo a donde estaba, y diversificando su oferta de libros, tradicionalmente centrada casi exclusivamente en la fotografía.
El caso es que cuando tengo ocasión me pasó por la librería. Y como decía, es una actividad peligrosa, porque es muy apetecible todo lo que allí se vende. No obstante, en los últimos tiempos no siempre compro. Sólo si hay he previsto previamente la compra, o si hay algo que me salta mucho a la vista, y me despierta unos apetitos de consumo inmediato. He observado en las últimas visitas que hay una estantería prácticamente dedicado a la fotografía japonesa, con algún infiltrado de algún otro país asiático. Pero en uno de los estantes superiores de la estantería encontré una curiosa colección de libros. Todos llevaban el mismo título, y tenían el mismo formato, Des oiseaux. Sobre los pájaros, en francés. Pero cada uno contenía fotografías de distintos fotógrafos, de distintas nacionalidades. Y a pesar de las similitudes en el formato, solo pequeñas diferencias entre unos y otros, son de distintas editoriales. Supongo que la obra de cada fotógrafo la publica su editorial habitual. Acabe comprando dos.
Uno de ellos el primero que vi y me llamó la atención, de la fotógrafa japonesa Rinko Kawauchi 川内 倫子, de la que ya conocía un proyecto de hace un tiempo sobre un tema similar, murmuration, o sea, las bandadas de estorninos, que tan peculiares formas configuran en el cielo al atardecer, cuando regresan de los campos donde comen a las arboledas donde duermen. Kawauchi dedica su Des oiseaux a las golondrinas japonesas. De las que por cierto tengo algunas fotos tomadas el año pasado y que me sirven para ilustrar la entrada. La obra de Kawauchi está llena siempre de simbolismo y, por lo tanto, tendré que dedicar un tiempo a leer los textos que acompañan el libro, así como a conocer qué representan las golondrinas en la cultura japonesa. Pero vamos… muy bien. El libro está publicado por Atelier EXB.
El otro que me llamó la atención… Bueno, en realidad hubo varios que me llamaron la atención. Estoy pensando en ir adquiriendo poco a poco toda la colección. O, al menos, algunos volúmenes más de fotógrafos destacados como Graciela Iturbide, Paolo Roversi, Michael Kenna o Albarrán Cabrera, por mencionar algunos. A lo que iba, el otro que compré fue el Bernard Plossu, publicado por Éditions Xavier Barral. Vaya… Las iniciales son EXB… pues va a ser que son de la misma editorial… Ya me he líado con esta colección. No me hagáis pues mucho caso, sobre los cometarios de las editoriales, digo. Plossu es uno de mis fotógrafos preferidos desde hace 30 años… o más. Sus fotografías son aparentemente sencillas. Realizadas con una Nikkormat y un 50 mm, muestran paisajes y entornos diversos, reflejos de su actividad de sempiterno viajero. No pocos de sus trabajos y series están realizadas en la Península Ibérica, tanto en España como en Portugal. Tengo varios de sus libros. Residente de las costas provenzales, es especialmente amante de los países mediterráneos, tanto en el sur de Europa como en el norte de África. Y los pájaros que nos regala en es volumen, como habitualmente en blanco y negro, proceden de estas tierras ribereñas del Mediterráneo.
Hoy miércoles es festivo en Zaragoza. San Valero. Y yo voy a estar muy ocupado. Así que ayer por la tarde dejé programada esta entrada. En la que muestro más rosas del Parque Grande de la ciudad tomadas con una técnica similar a la que usé con las que mostré este domingo pasado. Pero con otra cámara distinta y una técnica de exposición del flash distintas. Las cuestiones técnicas también las publiqué ayer en Carlos en Plata.
Más fotos del mes de diciembre. En las vísperas del día de Navidad, cuando ya tenía más tiempo para salir a hacer fotografías. Pero como andaba con pocas ideas y las condiciones de luz, sol radiante, cielos aburridamente azules, contrastes elevados para la época del año, no eran muy buenas, decidí aprovechar para seguir probando el gran angular que había comprado un mes antes para la Nikomat FTN
Fundamentalmente, lo «torturé» en las poco iluminadas calles del casco histórico de Zaragoza, y en algún paisaje en las riberas del Ebro a las horas menos recomendables, las horas centrales del día, cuando la luz es más contrastada. No se trataba de hacerlo especialmente bonito, sino comprobar los límites de una óptica que tiene casi cincuenta años de antigüedad. Aunque está en perfectas condiciones. Los detalles técnicos en Carlos en Plata.