Como de costumbre, hay un plazo de más de un mes desde que hago las fotografías de un rollo de película fotográfica tradicional hasta que las comento aquí.
Paseos con buen tiempo que culminan en la nevada del año en Zaragoza
La fotografía con película tradicional tiene un ritmo más pausado:
Haces las fotos… sin apresurarte. Que la película está cara. Asegurando el disparo para que, después de un rollo de 36 fotos, se cuenten con los dedos de la mano las realmente interesantes. Luego esperas a tener varios rollos para mandarlas a revelar. Ese negocio en Zaragoza es una calamidad, así que los mando fuera. Generalmente, el primer día laborable del mes siguiente. Aunque probablemente los de febrero no los mande hasta el día 6 de marzo. El día 5 estaremos en Barcelona, e incluiré esos rollos también. Luego hay que contar unos días para que correos los lleve hasta el laboratorio, que fuera de las épocas electorales o los previos navideños son dos o tres días, y una semana más para tener las fotos. Y luego ir repasando los diversos rollos. En orden cronológico. Si hay alguno de algún viaje… se cuela delante de los otros.
Así que las fotos de hoy son de la semana entre el 13 y el 19 de enero. Hace mes y medio. Días de buen tiempo; demasiado buen tiempo para la época del año. Salvo que de repente, aquel 19 de enero, nevó. No fue mucho rato. ¿Empezó a las dos de la tarde y terminó a las seis? Algo así. La cosa pudo ir por barrios. Y saliendo a comprar la fruta y la verdura, como todos los viernes, a las cinco y media de la tarde, hice las últimas fotografías del rollo, mientras nevaba, camino de la frutería.
Creo que me está gustando mucho la comodidad y la facilidad con la que se editan entradas de contenido con Substack. Es el segundo mensaje que publico, y lo podréis encontrar en
En esta ocasión va con el comentario y las fotos del rollo de película negativa en color que llevé para relajarme paseando, aprovechando el buen tiempo que hizo el día de Nochevieja y en la mañana de año nuevo. No descarto que durante un tiempo simultanee el blog técnico con Substack, pero que con el tiempo abandone el blog. Para lo que yo quiero… esta solución es más sencilla. Y a la larga probablemente será más barata. Ya veremos. No tengo prisa por tomar una decisión hasta febrero de 2025. Creo. Mientras, podréis ir a todas las entradas de Substack en el correspondiente enlace. Aunque tengo muchas cosas que pulir todavía.
Además del día de fiesta local el 29 de enero, que como tal fiesta lo fue para todos los zaragozanos, me cogí un día extra para mí mismo, al día siguiente, 30 de enero. Lo hago ya habitualmente desde hace siete u ocho años. Y siempre aprovecho para irme a algún sitio en plan relajado, casi siempre con algunos amigos. Bueno… el año 2021, como estábamos bloqueados por las ondas epidémicas,… fue una caminata hasta la Cartuja Baja; no dio para más. Pero en esta ocasión, nos fuimos a Tarragona. Lo planificamos con mucha antelación, y conseguimos unos buenos precios en AVE.
Ya comenté en su momento. Hacía décadas que no revisitaba la ciudad mediterránea, antigua capital del mundo romano en la Península Ibérica. Así que no me extenderé mucho más por ese lado. Pero al igual que hice en Madrid, me llevé una cámara con película negativa en color, que me divierte mucho más que las cámaras digitales. Las cuestiones técnicas de las fotografías que os presento están en En Tarragona con película negativa en color – Pentax MX con Kodak Ultramax 400. Y aquí, simplemente, os dejo algunas de las fotos.
Esta es la segunda entrega de fotografías realizadas con película fotográfica durante el viaje en el día a Madrid el 29 de enero de 2024, día de San Valero, festividad local en Zaragoza, por lo que hay que aprovechar. La primera entrega os la mostré el sábado pasado, y hubo también un resumen del viaje con fotografías digitales a los poquitos días del viaje.
Al igual que en la entrada del sábado pasado, si alguien está interesado en conocer más detalles del proceso fotográfico seguido, puede dirigirse a la entrada específica dedicada a ello; En Madrid con película negativa en color (II) – Pentax MX con Kodak Ultramax 400. Pero si no, aquí os dejo una muestra de las fotografías. Si el sábado eran las tomadas por la mañan, estas son las de la tarde. Con distinto tipo de película fotográfica, aunque no encontraréis grandes diferencia de presentación.
No voy a extenderme aquí en las cuestiones de técnica fotográfica que acompañan a las fotografías. Para quienes estén interesados, en mi blog de técnica fotográfica hay una entrada dedicada a ellas; En Madrid con película negativa en color (I) – Pentax MX con Kodak Portra 400. Como comprobaréis, es el primero de dos entradas dedicadas a las fotografías con película fotográfica de ese día. Y es porque utilicé dos tipos de película distintos. Dentro de unos días, os hablaré de la otra y os mostraré también algunas fotografías de ese día.
No tengo claro si en algún momento he comentado sobre este tema o no. Es algo sobre lo que pienso de vez en cuando, y ya no recuerdo cuándo lo pongo por escrito y cuándo no. En cualquier caso, me ha venido a la cabeza cuando elaboraba la entrada fotográfica La luz de las mañanas de julio en blanco y negro – Pentax MX con SMC-A 35 mm f2.8 y Lomography Potsdam Kino 100, y he decidido trasladarlo aquí. Comentar algo sobre los pinares de Venecia, lo que muchos zaragozanos llaman el «pulmón» de Zaragoza. Alguna vez habrá que explicar que los pulmones sirven para captar el oxígeno del aire y consumirlo, mientras que los pinares hacen al contrario, consumen el dióxido de carbono que exhalamos y nos devuelven el oxígeno en forma molecular respirable.
Los pinares de Venecia son reciente. El nombre procede de la góndola que surcaba el Canal de Imperial de Aragón a principios del siglo XX. Y en esas primeras décadas del siglo se procedió a plantar un bosque de pino carrasco en los montes de Torrero a ambos lados del Canal Imperial, por donde navegaba la góndola, y por analogía con la capital de la Serenissima Repubblica, pues se les llamó «de Venecia». Una parte de los pinares quedaron integrados en el actual Parque Grande de Zaragoza. Sometidos a mejores cuidados y riegos, son altos y lozanos. También, por la cercanía al agua, los próximos al canal, también tienen buen porte. Pero conforme se alejan del preciado líquido elemento, con la escasa pluviosidad de Zaragoza, se muestran más magros, a veces raquíticos. Y no obstante, a pesar de ser un bosque artificial, en terrenos no extraordinariamente fértiles, con poca agua, han conseguido mantener un ecosistema básico que, para los entendidos, presenta algunas sorpresas desconocidas para los legos.
A mí, me gustaría verlos más frondosos y diversos. Pero menos es nada. Mi madre me contaba que de niña, antes de la guerra civil, fue alguna vez a plantar pinos. Así que… bueno, por respeto a las buenas intenciones de aquellos zaragozanos de hace casi 100 años, habrá que cuidarlos, conservarlos y, en la medida de lo posible, mejorarlos.
… el calor de estos días, ¿qué es pues? Salí hacia Estocolmo el jueves de la semana pasada con temperaturas relativamente altas. Y los que se quedaron en Zaragoza me iban diciendo que hacía mucho calor. Llegué el martes… y sigue haciendo mucho calor. Con temperaturas nocturnas más altas de lo que habíamos tenido en todo el verano hasta este momento, «olas de calor» incluidas. Y ahora… nos dice que llega una nueva «ola de calor». Es decir, en lugar de los 39 ºC de estos días tendremos 40 o 41 ºC de máxima. Y en lugar de los 24 ºC de mínima, tendremos… 24 ºC de mínima… ¡¡¡???
Bueno. Simplemente, es verano. Y los veranos cada vez son más cálidos. Ya circula la broma esa desde hace unos años. Ya sabéis… «Alégrate y disfruta, que este será el verano más fresquito del resto de tu vida». En cualquier caso, desde los peores momentos de la pandemia, ya he cogido la costumbre durante el verano de salir a caminar muy pronto por la mañana. Porque el resto del día no apetece, y no es plan estar apoltronado todo el día, salvo cuando hay que ir a trabajar o quedas en algún lugar fresquito a tomar algo con unos amigos. Cada vez menos en terrazas y cada vez más en interiores con aire acondicionado. En cualquier caso, ese el plan, madrugar, pasear cuando la temperatura es más agradable, salir sólo para ir al cine o a tomar algo, e intentar hacer alguna foto. Como las que aquí os presento y de las que podéis saber más en Caminar en verano a primera hora de la mañana – Pentax MX con SMC-M 40 mm f2.8 y Adox Color Mission.
Hoy no tenía suficientes recomendaciones fotográficas para dedicarles la entrada del domingo como de costumbre. También ha sido un fin de semana raro. Pero agradable… salvo la cosa electoral, que aun ha de verse como termina. Tengo la sensación de que cenaré algo, veré un rato la tele, leeré un poquito de la cuarta entrega de L’ombre du chardon de Aki Shimazaki, y dejaré para mañana el enterarme de ese final. El caso es que por un «error», fuimos a la matinal del sábado para ver una película que íbamos a ver hoy, y he acabado viendo otra película en la matinal del domingo que no tenía previsto ver… al menos todavía.
Ayer sábado, mientras hacíamos un pequeño almuerzo antes de meternos durante tres horas en la sala de cine, comentábamos las cosas que habían pasado en los últimos cuatro o cinco años. Un brunch llaman los modernos, creyendo que es algo que inventaron los neoyorquinos, como si los españoles no hubiésemos inventado desde tiempo inmemorable el almuerzo de media mañana, a caballo entre el desayuno y la comida del mediodía. Mucho más adelantados y civilizados que los neoyorquinos los países ribereños del Mediterráneo en el asunto del buen vivir. Pero bueno,… nos pusimos nostálgicos.
Hace tres años, a finales de julio de 2020 vivíamos en una especie de pesimismo existencial por culpa de un virus que dejaron suelto los chinos. Que conste que las gentes de china me caen bien. Sus dirigentes, más bien no. No sé si la pandemia podría haberse evitado. Pero seguro que empeoró por la falta de libertad de expresión y de información impuesta por los autócratas del gigante asiático. El caso es que teníamos la sensación de que nuestra vida había quedado interrumpida, y no sabíamos cómo y cuándo podríamos reemprenderla.
Tres o cuatro semanas más tarde conseguía, aprovechando la tregua epidémica veraniega, montarme un viaje semiimprovisado, por mi cuenta, sólo, a la isla de la Palma. No sabéis cuánto bien me hizo aquel viaje, que de alguna forma fue el inicio de algunos cambios en mi vida posteriores, en general positivos. Creo. Y además hice fotos muy majas, especialmente con la Pentax MX un 50 mm f1.4 y unos rollos de película Ilford XP2 Super que, sin embargo, revisito con poca frecuencia.
Hoy lo he hecho. Y os dejo en esta entrada algunas de aquellas fotos. Un viaje sin masas, con aeropuertos casi vacíos, con hoteles donde te trataba como un rey simplemente por haber ido. Y donde disfrutabas de los paisajes volcánicos y marinos sin los agobios de las muchedumbre. Tampoco imaginaba que aquellos lugares, una año y un mes más tarde, se harían famosos mundialmente durante meses por la erupción en las faldas de Cumbre Vieja, que se puede ver en una de las fotos que aquí os dejo. En el encabezado. En fin. Me despido, que quiero hacer alguna cosa más antes de cenar.
No me voy a enrollar mucho. Especialmente porque no ando sobrado de tiempo esta mañana en la que tenía muchas cosas que hacer. Aunque como he madrugado un poquito, ya he avanzado bastante. Pero como una de ellas era escribir sobre mi experiencia sobre una fórmula de revelado de película para negativos en blanco y negro no recomendada en ninguna parte, como podéis leer en Revelado desatendido con SPUR Acurol-N – Pentax MX y Olympus mju-II con Ilford HP5 Plus, se me han ocurrido algunas reflexiones sobre las formas de hacer.
Hay dos formas de hacer. La de las personas más conservadoras, en un sentido psicológico o sociológico, no en un sentido político, que tienden a hacer las cosas según las normas. Según lo establecido. Manteniéndose a los cánones, al modo de toda la vida. Y luego están las personas más progresivas, menos conformistas, en ocasiones incluso transgresoras, que se niegan a aceptar el statu quo (Status quo es una banda de rock, no una expresión latina correcta), y que experimentan y cambian siempre que pueden. Mi posición está a medio camino, con cierta tendencia a aceptar las novedades por encima de atarme a los modos de siempre. Un tendencia muy acusada, si he de ser sincero. Creo que hay momentos en los que conviene seguir las normas, y otros en los que hay que romperlas.
Soy un chico de ciencias. Y frente a lo que creen muchos sobre las ciencias como verdades demostradas y establecidas en las leyes de la naturaleza, lo cierto es que el método científico lo que nos enseña es a ser escépticos, a poner en cuestión constantemente el conocimiento que tenemos sobre el mundo, y a proponer nuevas interpretaciones y nuevas formas de hacer. Pero no alocadamente, sino de forma racional. Si decidimos que hay algo que podemos cambiar, debemos explicar porqué. Qué es lo que no funciona bien. Qué puede hacerse mejor y en qué basamos nuestras propuestas. Hay que tener cuidado con los expertos. Con eso de que la experiencia es un grado. Por que puede haber expertos… en hacer las cosas de forma ineficiente, o con baja calidad, aunque sea la forma en que se ha hecho toda la vida. Trabajo en una administración pública, que suelen ser paradigmas en esto, aunque tengan otras virtudes que compensen. Pero esencialmente, creo que hay que buscar siempre nuevas formas de hacer, y experimentar de forma controlada, siempre bajo el principio de, ante todo, no hacer daño. Es algo que nos enseñan en las facultades de medicina, primum non nocere. Pero por favor, que esto nos estanque en un pasado obsoleto e ineficiente.
Desde hace unos meses, a partir de las fotografías de mis experiencias con película fotográfica, vengo realizando comentarios sobre temas diversos que se me ocurren a partir de las imágenes. Pero hoy estoy de bajón. Cuando «hoy» es «desde hace unos días». Empiezo a notar el tiempo gris del otoño avanzado. Así que me limitaré a compartir algunas fotos.
Dejaremos para mañana el comentario de la versión literaria de Pachinko que pronosticaba ayer. Y voy con unos paisajes urbanos con película en blanco y negro que datan de finales de marzo y principios de abril. Madre mía cuanto retraso llevo con el comentario de mis rollos de película fotográfica.