[TV] Cosas de series; desde Taiwán a Los Ángeles, y de allí a Hong Kong

Televisión

Sin haberlo planificado, en el principio de este 2024 he reunido tres series que transcurren total o parcialmente en algunos territorios chinos distintos de la China continental, con tramas más o menos interesantes, y con temas y protagonistas muy diversos.

Hong Kong en el otoño de 2016, dos años tras las protestas de los paraguas, en el Ladies’ Market, mientras intentábamos orientarnos en el cúmulo de estímulos de esta ciudad a las pocas horas de llegar a la misma para pasar una semana.

Àiài nèihán guāng [愛愛內含光, La luz interior de Aiai], conocida internacionalmente como Let’s talk about Chu, y en castellano Alguien como Chu, es una producción taiwanesa de ocho episodios en torno a la hora de duración. Chu Ai (Tzu Hsuan Chan) es una chica joven y moderna en Taipéi, que tras la universidad intenta abrirse camino como yutuber hablando sobre sexualidad, mientras se gana la vida en un centro de depilación. No cree mucho en las relaciones, y aboga más bien por un vida de libertad sexual en las relaciones. Pero está rodeada de un entorno complejo. Tiene un mejor amigo del mundo que evidentemente está colada por ella, ella está colada por un antiguo amor adolescente que vive en Londres, su hermana mayor, casada y sin hijos, con un hombre mayor que ella que fue su profesor en la universidad se siente insegura y amenazada por alguna alumna, su hermano es gay y se gana la vida en el mundo del juego con apuestas mientras siente insatisfacción en sus relaciones, y sus padres sufren una profunda crisis cuyos orígenes no están claros. Por lo tanto, la teoría de Aiai [Chu es el apellido, Ai es el nombre, y significa amor, y en las chicas chinas es frecuente que la forma familiar del nombre sea la repetición de alguna de las sílabas del nombre] se derrumba porque no puede aislarse del problema de las relaciones y vivir la vida hedonista y libre de preocupaciones que pretende. Esta serie comienza fuerte en sus primeros episodios, con tono de comedia romántica, y con interpretaciones bastante buenas, con unos caracteres que se hace querer. Pero tiene altibajos en su desarrollo y poco a poco se hace más previsible y convencional. Aunque puede ser un ejemplo de que Taiwán, en estos momentos, es el país más abierto y liberal en temas de sexo de toda la región del Asia oriental.

The brothers Sun es una producción norteamericana de Netflix rodada entre Taipéi y Los Ángeles, en inglés y mandarín, con la oscarizada Michelle Yeoh a la cabeza del reparto. La acción comienza en Taipéi cuando a la cabeza de una tríada taiwanesa le viene encima un ataque, dejando en coma al líder, y poniendo en riesgo la vida de su hijo mayor y sucesor (Justin Chien). Este, para reorganizarse y contratacar contras la tríada presuntamente hostil, viaja a Los Ángeles donde vive su madre (Yeoh) y su hermano menor (Sam Song Li), ajenos al mundo mafioso de la isla china. Pero la amenaza principal, y otras que no sospecha, le han seguido hasta allí, y nada será fácil. Especialmente, cuando interfieran los problemas familiares, y resulte que su madre es algo más que su madre, y que también tiene algo, mucho, que decir en el mundo de la delincuencia organizada. Esta serie sobre mafiosos chinos rodada en clave de comedia principalmente, aunque no faltan los episodios de acción violenta y su punto de drama familiar, me pareció muy divertida. Y prometedora. Las interpretaciones son muy buenas. y esta primera entrega de ocho episodios venía bien como apertura y presentación de futuras aventuras de esta peculiar familia. Lamentablemente, a pesar de las buenas críticas y de las virtudes de la serie, no ha debido de tener la repercusión esperada en el público, y Netflix ya ha dicho que no habrá segunda temporada. Netflix galopa a toda velocidad hacia la mediocridad guiada por los datos de audiencias. Un público, cada vez peor formado en cultura audiovisual, está ansioso por el equivalente en ficción televisiva a la comida basura. Curiosamente, no fue así como Netflix y otras plataformas se hicieron con un lugar bajo el sol de los contenidos para televisión.

Expats es una producción creada y dirigida por Lulu Wang, que ya nos sorprendió hace no muchos años con una muy notable película sobre la inmigración china en Estados Unidos, de seis episodios en Amazon Prime Video. Episodios de duración muy variable. Hay alguno en torno a los 40 minutos apenas, mientras que el episodio 5 es prácticamente un largometraje. Y por cierto, probablemente el mejor de la serie. La serie está rodada en Hong Kong… donde no se puede emitir por la censura. La acción transcurre durante los meses de la Protesta de los Paraguas, en el otoño-invierno de 2014, en los que los jóvenes de la ciudad autónoma se levantaron en protesta pacífica contra el intento del gobierno central chino de recortar el nivel de libertades y democracia que tiene la ciudad. Los paraguas servían lo mismo para protegerse de la frecuente lluvia como para evitar las cámaras del aparato policial y represor chino, mientras ocupaban distintos puntos estratégicos de la ciudad. Y en ese entorno, conocemos la vida de tres expatriadas. Un madre de familia norteamericana (Nicole Kidman) casada con un chino-americano (Brian Tee) y con tres hijos, que un año antes perdió a uno de sus hijos mientras paseaban por uno de las mercados callejeros de la ciudad, como puede ser el Ladies’ Market o alguno similar. Una amiga suya india (Sarayu Blue), casada con un europeo (Jack Huston), que estaba en la zona cuando la desaparición del niño, y que lleva tiempo debatiéndose entre tener o no tener hijos, mientras entra en sus cuarentas. Y una veinteañera coreano-americana (Ji-young Yoo), que siente que su vida está sumida en la mala suerte, que se ha desplazado a Hong Kong para huir de su entorno habitual tras graduarse en una buena universidad de Nueva York, pero que es quien pierde al niño cuando paseaba con la familia considerando la posibilidad de entrar a trabajar como institutriz con ellos.

La serie está basada en una novela de la escritora Janice Y. K. Lee, que no he leído. Y la vida de este grupo de expatriadas de nivel alto, que viven, al menos la rubia norteamericana y la acomodada india, en uno de los distritos más selectos de la ciudad. Cada uno de los episodios de la serie tiene el nombre de un distrito de Hong Kong, y el primero de ellos The Peak, hace referencia al lugar donde residen estas mujeres. Pero como contrapunto a estas mujeres a las que, a priori, no les falta nada en la vida, incluso la desgraciada joven de origen coreano tenía de partida mucho para salir adelante en la vida (unos estudios, una familia en Nueva York) están las helpers, eufemismo como denominan las mujeres acomodadas a sus criadas, también expatriadas, filipinas en su mayor parte, que también tienen sus propias familias y sus propios problemas. Y el resto de los habitantes de la antigua colonia inglesa, los chinos que intentan mantener un nivel de democracia que el Reino Unido no les concedió hasta poco antes de la retrocesión a China, y que la dictadura china les quiere quitar. Todos ellos aparecen representados de fondo en al serie, y adquieren el protagonismo debido en ese excelente quinto episodio. En mi opinión, estamos ante una serie muy interesante en la que, curiosamente, la pieza más débil me parece una Kidman muy encasillada en un tipo de mujer, destacando mucho más el resto del reparto. La serie ha gustado en general a la crítica, pero mucho menos al público, porque no es una serie fácil, ni amable, ni condescendiente. Es un fragmento de vida, condicionado por una tragedia del pasado, y que no se resuelve, no hay final feliz, ni infeliz, para estas mujeres… simplemente tienen que seguir sus vidas, cada una como buenamente puede y entiende.

[TV] Cosas de series; la cara menos amable de los dramas surcoreanos

Televisión

La tendencia general de los dramas surcoreanos es que sean una mezcla de comedia y drama. Muchos de ellos son comedias románticas, con su puntito de drama para dar un poco de interés a los 16 episodios habituales de estas producciones. Uno de los problemas de muchas de ellas, porque 16 episodios de 70 minutos suelen ser claramente excesivos para lo que dan de sí sus premisas argumentales. Pero, aunque los veamos en plataformas de contenidos en línea, muchas de estas series se emiten en su país original en cadenas generalistas, muy sometidas a las necesidades comerciales y publicitarias. No obstante, existen otras producciones, más dirigidas a su emisión directa en plataformas de pago, con otros planteamientos. Menos episodios, de menor duración, y tramas más complejas, más adultas. Vamos con dos de estas… con distinta suerte en cuanto a su desarrollo y calidad.

Seonsan [선산, burial ground / lugar de enterramiento], se titula en inglés/español The bequeathed/El legado. A caballo entre el suspense psicológico y el género negro, nos habla de una profesora asociada de universidad (Kim Hyun-joo), de una escuela de arte, que es ninguneada en su entorno académico que le niega su promoción a profesora titular, y al mismo tiempo vive en un matrimonio que naufraga, con un marido infiel. Y en estas fallece un tío suyo que le lega unas tierras. Unas tierras que codicia una poderosa empresa para especular y hacer negocios de dudosa legalidad. Por lo que empezarán a surgir muertes en su entorno. Dos policías que tienen una relación peculiar por una tragedia en su pasado se encargan de llevar a cabo la investigación, pero con encontronazos y discrepancias.

La serie se puede ver en Netflix, y tiene unas premisas de partida que la hacían potencialmente interesante. Sin embargo, creo que no las explota suficientemente. Y creo que la pasividad de la que dotan los guionistas a los personajes, que se dejan arrastrar por las circunstancias más que moverse por las premisas de partida, hace que nos distanciemos de ellos. Que nos empiece a dar igual lo que les pase. Tampoco acaba de explotar en toda su potencialidad la torpidez de las relaciones familiares de su protagonista, una familia fuertemente disfuncional, incluso patológica. Tampoco aprovecha el potencial interpretativo de su elenco, que promete mucho, pero se queda a medias. Se deja ver. Especialmente porque sólo son seis episodios de 50 minutos de duración.

Más interés me despertó, especialmente en sus episodios iniciales, Ijae, got jukseumnida [이재, 곧 죽습니다, Yi-jae, vas a morir pronto], que en inglés/español encontramos como Death’s game/El juego de la muerte. Esta serie de ocho episodios de una hora de duración se puede ver en Amazón Prime Video. Una plataforma en la que últimamente estoy encontrando propuestas muy interesantes, y que recientemente ha incorporado a su catálogo un buen número de series del país asiático. Un hombre relativamente joven (Seo In-Guk) se sume en la desesperación porque, a pesar de su prometedora carrera académica, un desafortunado acontecimiento en la búsqueda de su primer trabajo lo sume en una dinámica de fracaso personal. Y se suicida. Por lo que la Muerte (Park So-dam) se coge un cabreo de mucho cuidado por que considera que se ha burlado de ella y le propone un juego. Volverá a la vida hasta en doce ocasiones, trasladando su alma a los cuerpos de 12 personas que van a morir. Si consigue sobrevivir y terminar alguna de sus vidas decentemente, tendrá una oportunidad en su destino trascendental. Si no… irá al infierno a un sufrimiento eterno.

El comienzo de la serie es muy dinámico, y entramos en una dinámica de una serie de acción, en la que las reencarnaciones se dan en personas que tienen todas alguna relación entre sí, y con los acontecimientos que vivió en su vida original. Hay un malo, unos no tan malos, y algunos inocentes. Pero en general, durante los seis primeros episodios se mueve en un terreno muy divertido, en el que no falta de vez en cuando el humor… un humor negro, como podréis comprender. Sin embargo, los dos últimos episodios pierden intensidad, puesto que entra en un terreno mucho más relleno de moralina y sensiblería melodramática. Globalmente me parece bastante recomendable. Y de hecho está muy valorada por el público… quizá no tanto por la crítica, por esas inconsistencias en el tono. Pero bueno… ya iremos hablando de la oferta de Prime Video.

[TV] Cosas de series; Marte y los Smith

Televisión

Voy esta semana con dos series de las que estoy muy a favor. Aunque con algún pero para una de ellas. La otra, sencillamente, ha sido una de las más agradables sorpresas que me he llevado en los últimos años en ficción televisiva, que me ha sabido a poco y de la que quiero más cuanto antes.

Uno de los episodios más divertidos de la serie de espías asesinos con problemas conyugales de hoy transcurre a orillas del lago de Como en Italia… así que viajaremos allí fotográficamente.

Se puede ver ya al completo la 4º temporada de For all mankind, la estupenda ucronía de Apple TV+ en la que son los soviéticos los que llegan en primer lugar a la Luna en 1969 y, como consecuencia, la carrera espacial no se detiene, sigue adelante y la exploración espacial y otras cuestiones sociales avanzan mucho más rápidamente, al mismo tiempo que determinados geopolíticos nunca llegan a suceder. En esta cuarta temporada, estamos en la primera década de los 2000. Hay una colonia humana multinacional consolidada en Marte, se está desarrollando la tecnología y la ingeniería para capturar objetos espaciales, como asteroides, para su aprovechamiento científico, industrial y comercial, y la Unión Soviética ha entrada en la perestroika, que descarrilará tras un golpe de estado que devolverá al gigante al autoritarismo. Mientras, entre los antiguos protagonistas de la serie surgen conflictos de intereses, con el sector privado buscando dinero, sin importa como. Cuando se descubre un asteroide con gran contenido de iridio en su composición, comienza una carrera contra el reloj para capturarlo, pero con dos bandos opuestos, los que quieren mandarlo a una órbita en torno a la Tierra y los que lo quieren en órbita marciana.

La crítica ha declarado casi unánimemente esta temporada como la mejor de la serie. Pero la apreciación de los espectadores, votantes de IMDb por ejemplo, es menor que la de temporadas anteriores. Aunque sigue siendo bastante alta, especialmente en los últimos episodios de la temporada, que realmente son muy bueno. Y en esta ocasión estoy de acuerdo con los espectadores. Hay algunas cosas que chirrían en esta temporada. Por lo menos, para mí. La trama en torno a Margo Madison (Wrenn Schmidt, para mí la mejor intérprete de la serie), exiliada en Moscú y en manos del sector duro de la clase política soviética, con sus conflictos morales, es la mejor. Pero el conflicto entre Baldwin (Joel Kinnaman) y Poole (Krys Marshall) no siempre está bien resuelto. Especialmente, creo que se ha estirado en exceso la presencia del personaje de Baldwin en la serie. Este anciano de aspecto «achacoso» desenvolviéndose en Marte no siempre me resulta verosímil. Ni la forma en que se gesta el conflicto en la base marciana. Me parece difícil de tragar que las cosas que pasan en esa base, con mercados negros, y conflictos laborales como los que se plantean tengan realidad en esa fase de la exploración espacial, con fuertes exigencias de capacitación, compromiso y disciplina para sobrevivir y prosperar en un medio esencialmente hostil. Pone a dura prueba mi renuncia a la incredulidad como espectador. Por lo demás sigue siendo una serie muy bien hecha, muy entretenida, y bien interpretada, con la salvedad de que creo que tendría que haber empezado a rotar protagonistas, nuevas generaciones de exploradores espaciales. Dicen sus creadores que tienen material pensado para tres temporadas más. Pero no sé si está confirmada todavía la quinta. Por mí bien. Pero tienen que ir renovando cosas.

En 2005, Brad Pitt y Angelina Jolie estaban en uno de sus momentos de mayor popularidad. Jóvenes (al menos relativamente), guapos, habían destacado en diversos trabajos, gozaban del favor del público. Y juntos protagonizaron su versión particular de «la guerra de sexos» como matrimonio ficticio de asesinos que reciben la misión de acabar el uno con el otro. Guapura, romance y acción; qué más quieres pedir. Pues bien… el tipo de película prefabricada a mayor gloria de sus protagonistas, que no es especialmente de mi gusto. Y de hecho, sin recibir suspensos, fue acogida con cierta frialdad por la crítica profesional y por la crítica popular. Por ello, cuando anunciaron un relanzamiento del concepto en forma de serie,… el anunció me dejó frío. Se estrenó a principios de este mes de febrero en Amazon Prime Video y… toda la crítica era unánime, una de las mejores series estrenadas en los últimos tiempos. La nueva Mr. and Mrs. Smith, protagonizada por Maya Erskine y Donald Glover, siendo este uno de los creadores de la serie, es realmente una serie excelente. Divertida, con sus momentos de comedia, acción bien dosificada, y sus dramas cotidianos de un matrimonio ficticio que sirve para hacer una reflexión crítica sobre la institución matrimonial.

Erskine y Glover están estupendos, con una química impresionante. Alejándose del modelo de la película original de beautiful people. Son una pareja atractiva, pero de otras formas, muy distintas a la pareja de la película de 2005. Especialmente Erskine, que compone el personaje más complejo y difícil, con ventaja, de los dos. El que esconde mayores misterios, el que es más difícil de desentrañar y el que realmente mueve la dinámica entre ambos. La norteamericana de ascendencia mixta europea y japonesa, borda las complejidades de una mujer conflictuada, a veces encantadora, pero dura, difícil, a veces borde, pero de la que cualquiera nos enamoraríamos. Demuestra además que una mujer en su treintena puede ser enormemente atractiva con el físico de una mujer normal en su treintena. Sin artificios. Como es. Con gran naturalidad. Y encima ambos bordan las secuencias de acción, que supongo habrán sido bastante exigentes físicamente. No le falta humor a la serie. Un humor fino, a veces con muy mala leche. Cada episodio cuenta con algún intérprete invitado, de trayectoria reconocida, que suele aportar el revulsivo para la crisis entre la pareja, que genera sus buenas dosis de humor, y que renueva constantemente un interés por la serie que nunca se pierde. Ocho episodios de entre 35 y 50 minutos de duración en su mayor parte, que se pasan muy deprisa. Que saben a poco. Queremos saber más… queremos más. Y encima, ese final… esos tres disparos que destellan en una ventana de la ciudad de Nueva York… queremos más. Cuanto antes.

Como curiosidad, Maya Erskine era la actriz de voz del personaje principal y titular de la serie de animación Blue eyes samurai, otra serie excelente. Parece que esta actriz está en plan rey Midas… donde está, se convierte en oro.

[TV] Cosas de series; a propósito de Kim Yoo-jung

Televisión

Hoy vamos con un trío de series con la misma actriz protagonista. Kim Yoo-jung, una actriz todavía muy joven, 24 años, que según nos cuentas las diversas wikis lleva trabajando en el show-business o en el modeleo desde muy niña. Por lo tanto, será muy joven comparada con otras protagonistas femeninas de series surcoreanas, pero no le falta experiencia. Ya protagonizó en 2022 un largometraje de Netflix que vi y comenté. Una película que no estaba mal, que se dejaba ver, con buen trabajo actoral

Hace una semanas, Netflix empezó a emitir My demon, título original en inglés, que en castellano se ha denominado Mi adorable demonio. En ella se nos cuenta el encuentro, o encontronazo, entre una joven ejecutiva, que fue acogida por la matriarca de un imperio empresarial tras la muerte de sus padres, y a la que lleva protegiendo desde entonces pese a la hostilidad del resto de la familia, y un ser preternatural, un demonio que se dedica a comprar las almas de seres humanos potencialmente corruptibles, y que tiene un pasado trágico como humano. La muerte de la matriarca en extrañas circunstancias, designando como heredera del imperio empresarial a la chica, y la alteración de los poderes del demonio, muy guapo y apuesto, por el encontronazo con la joven, les lleva a la necesidad de asociarse, incluso fingir un matrimonio, para sobrevivir en un mundo que de repente se les ha vuelto hostil, con un asesino peligroso actuando de fondo. Y por supuesto, son jóvenes y guapos, por lo que acabarán… pues ya os imagináis. Romance al canto. La serie me llamó la atención por la joven protagonista, que entre el físico privilegiado que gasta y la simpatía que muestra roba bastante la pantalla al resto del reparto. O eso me pareció. Aunque la serie está bien producida, con posibles, y está bien valorada, desde mi punto de vista se va desinflando un poco conforme avanza la trama, que se hace excesivamente larga y redundante. Las hay mejores de este tipo de romance con tono sobrenatural.

Como la serie avanzó paulatinamente a un ritmo de dos episodios cada fin de semana, decidí complementarla con otra serie protagonizada por Kim Yoo-jung, Gureumi Geurin Dalbit [구르미 그린 달빛, luz de luna dibujada por las nubes o algo así], conocida internacionalmente como Love in the moonlight, disponible también en Netflix, pero sin traducción al castellano. En ella, la actriz hace de una chica adolescente, huérfana, hija de un rebelde al régimen político, aunque no lo sabe, que escapa a una persecución haciéndose pasar por eunuco y entrando al servicio de príncipe heredero. La serie es de ambientación histórica y se situaría en la primera mitad del siglo XIX cuando Corea era el reino de Joseón o Chosón, un reino aislado y feudal, de inspiración confuciana. Algunos personajes están inspirados en personas históricas reales, aunque sin ninguna fidelidad a la historia real. Como es habitual en estas series, se moverá entre el romance y la intriga palaciega. Es muy entretenida, y los personajes principales se hacen de querer. Pero siendo una serie de 2016, muy apreciada en su momento, se me hace ya viejuna comparada con las series más recientes. La actriz en aquellos momentos debía tener unos 16 años cuando la rodó, y se nota que es casi una cría. Pero cumple bien con su papel. Mejor que en la serie que he comentado en primer lugar.

Y una vez terminada la anterior, y mientras llegaba al final de la serie actual, me puse con otra serie de la actriz disponible en Netflix sin traducción al castellano, Pyeon-uijeom Saetbyeor-i [편의점 샛별이, tienda de conveniencia Saetbyeor-i], conocida internacionalmente como Backstreet rookie. Aquí, la protagonista interpreta a una joven de 20 años, una chica un poco bruta, muy ducha peleando porque su padre era profesor de taekwondo o algo así, huérfana, con una hermana más joven, que ha salido adelante, con su hermana, como ha podido, aun renunciando a terminar su educación. Y que lleva mucho tiempo enamorada en secreto de un chico, ocho o nueve años mayor, que dirige la tienda de conveniencia familiar, franquiciada con una conocida cadena de tiendas de conveniencia surcoreana. Cuando consigue entrar a trabajar como empleada a tiempo parcial en la tienda del chico, todo se complica. La vida de su hermana, que quiere triunfar como cantante, la de chico, que tiene una novia adinerada y bastante manipuladora, la de sus amigos, la de la familia del chico… pero todo con un tono en el que predomina la comedia romántica sobre el drama. Los personajes son simpáticos, especialmente más algunos de los secundarios, y eso tira de la serie. Una serie que no deja de ser una producción de promoción de la cadena de tiendas de conveniencia, idealizando este tipo de comercio, muy habitual en el Asia oriental, también en Estados Unidos, más raro en nuestro país, más allá de las tiendas de gasolinera y algunos supermercados de horario ampliado y de apertura en festivos. Por lo menos en Zaragoza. La serie… en realidad es algo mediocre, por muy simpáticos y guapos que sean los protagonistas.

[TV] Cosas de series; monstruos, asesinatos en frío y buenrollo tailandés con efecto año 2000

Televisión

Hoy traigo un trío de series muy variopinto. Sin relación entre sí. Pero es lo que he visto últimamente más allá de la animación y mi vicio surcoreano de los fines de semana. Alguna cosa está bien… pero en su mayor parte, como mucho, para pasar el rato sin pretensiones.

No era muy consciente yo de la existencia de un Monsterverse. Un universo cinematográfico y televisivo en el que se mezcla el universo de Godzilla y de King Kong… y no sé si algún otro. Yo sabía que en los últimos años se habían hecho películas sobre ambos monstruos. La de King Kong incluso la vi atraído por su protagonista femenina, que en aquellos momentos prometía mucho. Cuando vi la estupenda recreación del Godzilla original realizada recientemente en Japón, mucho mejor con ventaja que los pastiches de Hollywood, me enteré un poco del rollo de este universo de ficción. Y supe de una serie de Apple TV, Monarch: Legacy of monsters, integrada en ese universo de ficción, apreciada por algunos comentaristas en la red de redes. Así que la vi. Bueno. Vale. Entretenida. Sin más. Narrada en dos líneas temporales que acaban confluyendo, habla de la típica organización secreta que suele haber en estos universos de ficción, algo nada original, de cómo se crea y como llega a ser lo que es, mientras vamos siguiendo las peripecias por todo el mundo de los buenos. Porque Monarch, la organización, tiene sus más y sus menos. Como digo, entretiene, pero es tirando a mediocre, con una flojísima definición de caracteres. Lo cual es grave, porque una serie de televisión tiene menos presupuesto que un largometraje de acción y hay muchas menos secuencias espectaculares de monstruos, que es lo que parece atraer a los aficionados a estas cosas. Entonces… con apariciones monstruosas puntuales, o te interesa lo que les pasa a los vulgares seres humanos que salen en pantalla, o la cosa es… meh.

Islandia es la localización de una de las series de hoy, y allí nos desplazamos fotográficamente hablando.

A murder at the end of the world es una serie de las de Brit Marling, protagonizada por ella y por una de las Dianas de The Crown, Emma Corrin. La vi porque vi una reseña de una fuente que consideraba fiable alabándola mucho. Lo cierto es que no me fijé que era una serie de Marling. Una actriz, directora y guionista que a principio de los 2010 prometía mucho, pero con el tiempo me ha parecido que es alguien que hace producción muy pretenciosas… pero potencialmente muy aburridas. El caso es que una vez empezada, siendo una serie limitada de una temporada, sólo ocho episodios… Sólo diré una cosa. Sin darme cuenta me salté un episodio, el segundo, no me di cuenta hasta que iba por el cuarto… y no lo había echado de menos. Lo cual quiere decir que la historia está muy inflada para lo que cuenta. No es ninguna catástrofe esta investigación de un asesinato en un remoto hotel de lujo en Islandia. Una whodunit propia de una pseudo Agatha Christie postmoderna llena de gente guay, guapa y millonaria, y con inteligencias artificiales. Y si la Christie original me deja frío las más de las veces, imagínate una versión postmoderna. No es ninguna catástrofe. Y se deja ver. Pero como de costumbre en las cosas de Marling, más pretenciosa que otra cosa.

Y finalmente Analog squad. Un serie tailandesa con mucha nostalgia. Lo de squad [equipo] es porque va de un grupito de cuatro personas, en las que uno de ellos, un tipo que ha vivido mucho tiempo extrañado de su familia, contrata a los otros tres para fingir que son su familia, esposa e hijos veinteañeros, para ir a visitar a sus padres mayores, ya que su padre ha sufrido un percance de salud que lo tiene al borde la muerte. Lo de analog [analógico] es porque la acción transcurre en las semanas previas al fin de año de 1999, con los miedos al efecto 2000, cuando las fotos se hacían con rollos de película fotográfica, lo que ahora se llama fotografía analógica, y el señor enfermo tiene un estudio de fotografía.

Las series sobre familias ficticias, si están bien llevadas, tienen mucho interés. Véase por ejemplo la opera prima de un prestigioso director español, para mí su mejor película, o por lo menos la que mas me interesó realmente. Y en esta serie lo importante es que los integrantes de esta familia, verdadera o falsa, acaban importándote. Porque todos tienen sus problemas. Con sus familias. El «padre de familia» perdió su familia de origen, sus padres, y luego la propia, su esposa e hijos, por la forma en que llevó sus negocios y se relacionó con malas compañías, y desde entonces es un resto de un naufragio. La «madre de familia», una atractiva mujer madura que fue novia del anterior en su momento, vive sola, y con diagnóstico a sus espaldas que la envuelve en el pesimismo, al mismo tiempo que intenta sacar adelante este peculiar encargo con cierto entusiasmo… porque sigue enamorada del «resto de un naufragio». El «hijo menor» es hijo de una madre soltera, famosa en el país por haber sido modelo de fotografía erótica, una sex-symbol reconocida por cualquiera, lo que ha marcado al chaval, a pesar de que están muy unidos. Y la «hija mayor», lesbiana, tiene una padre que aparece y desaparece por negocios, poco presente en sus vidas, pero con quien se siente muy unida, hasta que una tragedia le hace ver que su padre llevaba una doble vida, y que tiene una familia real más extensa de lo que esperaba.

Está bastante bien. Y está bien considerada. Conforme avanza la serie tiende demasiada tendencia al sentimentalismo fácil. Hay sus buenas dosis de «tele cebolla». Pero como ya digo, los protagonistas se hacen de querer, y los no protagonistas también, y se ve bien. Con agrado. Lo mejor de lo que traigo esta semana, aunque su «exótico» origen probablemente desmotivará a muchos suscriptores de Netflix, donde se puede ver. Hubiera querido que la hija real del protagonista hubiera tenido más protagonismo, y su arco argumental un poco más de miga. Pero bueno… es que todo es muy buenrollista al final en esta serie. Muy optimista el final.

[TV] Cosas de series; espías en familia, brujos sin brujería y dragones contra espadachines

Televisión

Dediquemos una entrada, como toca de vez en cuando, a la animación televisiva. Que últimamente estoy viendo cosas interesantes, divertidas,… incluso a veces, ambas cosas a la vez. Hoy animación japonesa, anime, en exclusiva.

De SPYxFAMILY (o Spy x Family, según como se estile) ya hablé en su momento, un par de veces, a propósito de la primera temporada de 24 episodios, divididos en dos partes. Esta es una de las series de animación japonesa más divertidas que he visto, y además está bien hecha, bien planteada, con estupendos personajes. Para los que no sepan o recuerden, está ambientada en Berlint, la capital de Ostania, un país ficticio de Europa, enfrentado con Westalia. Loid Forger es uno de los más habilidosos espías de esta última, y debe infiltrarse en Berlint, como médico psiquiatra, para realizar sus actividades de espionaje. Para ello, monta una familia de circunstancias, casándose por interés con una funcionaria municipal, Yor Briar, y adoptando a una niña pequeña huérfana, Anya. La cosa es que Yor es en realidad la temida asesina a sueldo Ibara Hime (Princesa de las espinas), que también necesita una tapadera. Y Anya es telépata, por lo que es la única que se cosca de todo el montaje. A partir de ahí, una mezcla de aventuras de acción con el anecdotario de la vida familiar. La segunda temporada ha seguido la trayectoria de la primera, estupenda,… pero mejor. Fundamentalmente porque ha habido un largo arco argumental a bordo de un crucero, en el que ha aumentado mucho el protagonismos de Yor, un poco en segundo plano en la primera temporada, lo cual ha enriquecido mucho la serie, dejando de lado que Yor es muy querida por los aficionados a la serie. Esa mezcla de candidez inocente con letalidad en su trabajo clandestino, de vestimenta marujil en lo cotidiano y osado uniforme de trabajo en lo secreto… es fenomenal. Para mí, un fijo en mi cartelera televisiva, absolutamente recomendable para los aficionados al género. E incluso para los que no, siempre que se acerquen a la serie sin prejuicios. Ni que decir tiene que, obviamente, Berlint, Ostania y Westalia son trasuntos del Berlín, Alemania oriental y Alemania occidental durante la guerra fría, y de ahí las fotos que ilustran la entrada de hoy.

マッシュル-MASHLE- es una parodia descarada y sin complejos de las aventuras de Harry Potter. En un mundo, o un país, donde todo el mundo tiene poderes mágicos, el personaje protagonista, Mash Burnedead, el Mashle del título, homófono de la palabra inglesa muscle, músculo, es un adolescentes que no tiene ningún poder mágico. Lo cual lo convierte a priori como un paria de la sociedad, un indeseable. No obstante, él vive feliz y a su aire con su padre adoptivo, que lo acogió cuando se lo encontró abandonado, y despreocupado mientras pueda atiborrarse de vez en cuando de petit choux (bocaditos de nata), a los que es adicto. Y eso sí, lleva toda su vida entrenándose y fortaleciéndose hasta un punto en que su potencia muscular y su velocidad son casi sobrehumanas, pero sin magia alguna. Tras altercado, se le ofrece una posibilidad para no se eliminado por su falta de poderes mágicos. Tiene que entrar en la escuela de magia, cursar los cursos y convertirse en uno de los alumnos destacados que le den derecho a un puesto especial en la sociedad. Y a partir de ahí vienen las aventuras, junto con el grupo de amigos que hace en la escuela, todo ello parodiando todos y cada uno de los elementos de la escuela Hogwarts de las aventuras de Harry Potter. Durante las vacaciones de Navidad vi los trece episodios de la primera temporada, que ya se emitió hace meses, en el 2023. Recientemente ha comenzado a emitirse la segunda temporada. Y sigo viéndola. Es muy divertida. En cuanto a interesante… bueno… es prescindible, si nos ponemos a ello. Pero muy divertida. Por que juega muy hábilmente con el absurdo.

Finalmente, MONSTERS 一百三情飛龍侍極 (Monsutāzu Ippaku Sanjō Hiryū Jigoku), en inglés Monsters: 103 Mercies Dragon Damnation, y en castellano, Monsters: El infierno del dragón, es un cortometraje de 25 minutos de duración que se puede ver en Netflix, aparentemente una precuela remota de los acontecimientos de One Piece, autoconclusivo. Su material original es un manga autoconclusivo de Eiichirō Oda, el creador de One Piece. En un pueblo en algún lugar se encuentran un Cyrano, el famoso espadachín, Flare, joven superviviente del ataque de un dragón a su pueblo, aparentemente salvada de las ruinas por Cyrano, y un desconocido samurái que tiene la costumbre de desafiar a un duelo a todos los que se rozan con él. Y por ello, acabará, aparentemente, poniendo en riesgo a la población del ataque del peligroso dragón. Pero todo son apariencias, la realidad sobre todos estos personajes es muy distinta, y se iniciará una aventura para salvar a todo el mundo y la población del dragón. Es muy simplona, pero entretenida, y tiene un acertado giro argumental en su punto medio que da la salsa a la aventura. Y está razonablemente bien hecha. No parece que vaya a tener continuidad. Pero obviamente podría ser también una especie de piloto para tantear la posibilidad de una serie basada en este temperamental samurai.

[TV] Cosas de series; fantástico en la Corea colonizada por Japón

Televisión

Vamos con dos series, que más bien son tres, luego me explico, y que tienen en común que, en todo o en parte, transcurren durante el periodo histórico en el que la península de Corea fue una colonia de Japón. Un periodo que los coreanos vivieron y recuerdan con amargura, porque los japoneses fueron bastante bordes con sus vecinos. Y es que las tradiciones de estos países del Asia más oriental son de fuertes identidades nacionales, ante las cuales los otros son vistos con desconfianza, con desdén, con incomprensión, etc… en mayor o menor medida y con unos u otros matices, según su posición y momento histórico. Un ejemplo es las leyes de naturaleza. El abanico que encontramos en el mundo va desde las que se basan en el lugar del nacimiento hasta las que se basan en quienes son sus progenitores. En Estados Unidos, por ejemplo, todo nacido en suelo estadounidense tiene derecho a esa nacionalidad, independientemente de la nacionalidad de sus padres. En la mayor parte de Europa, como en España, es una mezcla. En España, todo nacido de español, o incluso con abuelos españoles, tiene derecho a la nacionalidad, haya nacido donde haya nacido. Pero una persona extranjera, sin antecesores españoles, cuando lleva un tiempo de arraigo en España, creo que son diez años, tiene derecho a la nacionalidad. En países como Corea y Japón son muy excluyentes. Para ser coreano o japonés hay que ser hijo de coreano o japonés. Muy difícil la nacionalidad por arraigo. Tienen un fondo xenófobo muy potente. Así que cuando discuten entre sí… se les nota mucho; caracteres culturales nocivos. Porque en realidad son pueblos probablemente mucho más emparentados de lo que reconocen, o algo así muestran algunos estudios genéticos. Pero vamos con las series.

Periódicamente aparecen en Corea del Sur películas o series a propósito de los gumiho [구미호] o zorros de nueve colas, una criatura de las mitologías del Asia oriental, probablemente de origen chino, pero extendida a otros países, con especial éxito en la península coreana. Ya había visto un par de series pivotando sobre uno de estos gumiho, generalmente comedias románticas, que resultan entretenidas. Por eso recuperé en Netflix esta serie que no es producción propia, pero la distribuye en diversos países, bajo el título Gumihodyeon [구미호뎐], literalmente Cuento del zorro de nueve colas, como se titula en inglés, Tale of the nine tailed (fox). Como suele suceder en estas series, una mujer humana, una productora en una cadena de televisión, se enreda en una relación con un gumiho, al principio discutiendo, pero poco a poco en relación romántica. De fondo, un grupo de personajes de carácter fantástico, espíritus, dioses, demonios y demás, unos amistosos y otros siniestros, con sus rivalidades y sus afinidades, hasta que predomina una peligroso villano que busca poseer a la mujer que, inopinadamente, esconde un secreto que viene de mil años atrás y que puede dar un poder enorme al villano. «Disfrutando» de muchos de los defectos habituales de estas series, lo cierto es que divertida de ver, y sus personajes protagonistas, interpretados por Lee Dong-wook y Jo Bo-ah, a esta la he visto ya en otras series, tienen bastante carisma. Con buen acompañamiento de los personajes secundarios. Muy entretenida.

La serie tuvo mucho éxito, y eso provocó que sugieran productos derivados, como alguna adaptación animada o pequeñas webseries que complementaban a la principal. Pero en 2023, surgió un derivado más ambicioso, que se puede ver en Amazon Prime Video. En algunos sitios aparece como la segunda temporada de la serie, por ejemplo en IMDb, pero a mí me parece más otra serie, con 12 episodios en lugar de 16, en la que aparecen algunos de los personajes fantásticos principales de la primera, y nuevos personajes. La protagonista femenina original sólo aparece en escenas recuperadas de la primera serie, o en pequeños cameos. En esta segunda serie Gumihodyeon 1938, es decir, Cuento del zorro de nueve colas 1938, el gumiho y su fiel compañero viajan al pasado, a la época de colonización japonesa, donde se ven implicados en un misterio entre espíritu, dioses y demonios, y donde aparecen dos coprotagonistas nuevos, compañeros de infancia del personaje principal, interpretados por Kim So-yeon y Ryu Kyung-Soo. Y donde además de los villanos fantásticos, también aparecen los villanos japoneses, también con tintes sobrenaturales. Aunque hay algún romance pululando por ahí, es fundamentalmente una serie de aventuras. También muy entretenida. aunque con alguna inconsistencia en el guion. Pero estas son casi inevitable por lo que se ve en las series surcoreanas de este tipo, donde las argucias argumentales poco elegantes son frecuentes para salvar las situaciones. Por ejemplo, son frecuentes los deus ex machina, que a mí me ponen de los nervios. Pero si lo quieres lo coges; si no, lo dejas.

Y finalmente, una serie reciente de Netflix, Gyeongseong creature, con el título original en inglés, aunque en castellano se puede encontrar también como El monstruo de la vieja Seul. La capital de Corea del Sur ha recibido distintos nombres durante su historia. Durante el largo periodo Joseon o Chosón, 1391 – 1897, se llamó Hanseong o Hanyang, aunque en los últimos tiempos de ese periodo se le empezó a conocer como Seoul, de donde viene el exónimo castellano Seúl. Pero los japoneses decidieron darle el nombre de Keijō 京城, caracteres que en coreano se leerían Gyeongseong [eso suena más o menos como guionsón a los oídeos de un hispanohablante]. De ahí lo de la vieja Seúl. Esta serie viene con pretensiones de dejar huella. Otra cosa es que lo consiga o no. Con dos protagonistas principales atractivos, Park Seo-joon y Han So-hee, que son fáciles de encontrar en otras producciones recientes de éxito, nos habla del ambiente en la capital coreana en los últimos tiempos de la guerra, en la que el protagonista masculino, que regenta una casa de empeños muy próspera en la precaria situación de la época, se ve involucrado con la protagonista femenina, una detective que con su padre busca a su madre desaparecido tiempo atrás. Pero en un hospital de la ciudad, el ejército japonés, a imagen y semejanza del infame Escuadrón 731, que actuó en Harbin (Manchuria), realiza experimentos con seres humanos, con prisioneros y personas secuestradas. Y allí crean un poderoso monstruo, virtualmente invencible.

Frente a otras series coreanas que suelen mezclar la comedia, el drama y la acción, esta serie tiene un mayor contenido dramático, además de abundante acción en las dependencias del malhadado hospital, donde se mezclan los intereses de unos y otros. Lo cual la hace muy entretenida. Hay quien califica la serie como de ciencia ficción. Pero la naturaleza tan excesiva del monstruo a mí me lleva a calificarla como fantasía como otra cosa. Tanto en esta serie como en la anterior, los japoneses aparecen siempre como esencialmente perversos, en ocasiones hasta la caricatura. Y a los coreanos como increíblemente valientes, hábiles en la lucha, galantes y patriotas. Lo cual siempre me chirría, puesto que los intentos de establecer una resistencia y una guerrilla contra el ocupante, en la historia real, siempre fueron muy tímidos y condenados al fracaso, y hubo una importante colaboración por parte de sectores de la sociedad coreana, especialmente los más acomodados. Además, como en otros lugares, la resistencia estuvo dividida entre los nacionalistas tradicionales, y los comunistas apoyados por la Unión Soviética. Si no fuera por la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, Corea tuvo muy pocas posibilidades de independizarse por sus propios medios. Y esa división entre resistentes, se manifestaría en las zonas de influencia soviética y norteamericana, que llevaría a la división del país a través del paralelo 38 y la guerra de 1950-53. Por lo cual, también se puede considerar como «fantástica» en cuanto a la visión de la historia del país.

De todas formas, la serie se ve sin problemas. Entretenida como decía, a pesar de dejar todas las tramas cerradas, con su punto de tragedia, por el arte del birlibirloque, y algún deus ex machina que otro, donde debemos insistir en el aspecto fantástico, deja las puertas abiertas a una secuela o segunda temporada, ambientada en tiempos más modernos. Que más que probablemente vería sin problemas. Pero en general, aunque esta serie, como he dicho, venía con bastantes pretensiones, y está bien hecha, me he divertido más con la anterior.

[TV] Cosas de series; en la esencia de lo británico

Televisión

Pues sí… dos elementos tan distintos como Doctor Who y la Casa Real de los Windsor están en la esencia de lo británico. Para bien o para mal. Y como han estado en el candelero televisivo, los Windsor también en el candelabro, durante las fechas navideñas, vamos a ocuparnos de ellos. En un caso para echar el cierre a una de las series más prestigiosas de Netflix en los últimos años. En el otro, porque nos advierten de un cambio de ciclo en las aventuras del más estrafalario viajero del espacio-tiempo de la televisión, así como el más longevo. Es lo que tiene,… tener dos corazones y ser capaz de regenerarse.

Buckingham Palace y los soldaditos de plomo que adornan las dependencias reales de los Windsor y otros entes públicos londinenses.

The Crown, una ficción histórica basada inspirada en hechos reales de la vida y de la historia de la familia real británica, ha sido durante años una de las series más prestigiosas de Netflix y de la televisión en general. Seis temporadas de diez episodios cada una, con tres protagonistas distintas en el papel de Isabel II del Reino Unido, en tres épocas de su vida, o en tres intervalos de edad distintos. En realidad cuatro. En los últimos episodios, en un flashback, se nos presentó a la Isabel adolescente de 19 años, al final de la guerra mundial en Europa. Como he dicho… FICCIÓN. Aunque esté basado en lo que la prensa y los historiadores saben de los acontecimientos que han protagonizado durante la segunda mitad del siglo XX y en los primeros años del XXI, la mayor parte de lo que aparece ante nuestros ojos es ficción, más o menos plausible, sobre lo que pudo pasar en la esfera privada de la familia real o en sus interacciones con otras personas, públicas o privadas. Hay quien no tiene en cuenta esto a la hora de valorar la serie, y la considera como una especia de docudrama, que no es. Los grandes activos de la serie han sido sus excelentes interpretaciones y la grandísima calidad de la dirección de producción.

La sexta y última temporada nos la han presentado en dos partes, separadas por algunas semanas, aunque ahora se puede ver de tirón. Los primeros cuatro episodios nos marcan el camino que llevó a la muerte de Diana de Gales (Elizabeth Debicki) y sus consecuencias inmediatas, mientras que los últimos seis episodios recorre el salto de siglo hasta el jubileo de la reina y el matrimonio de Carlos de Gales (Dominic West) con su amante de largo recorrido, Camilla Parkes Bowles (Olivia Williams). Han dedicado cierta atención a los hijos de Diana de Gales, especialmente al príncipe Guillermo (Ed McVey), actual Príncipe de Gales. Y sí… probablemente sea la más floja de las temporadas de la serie. Aunque hay que manifestar que la misma había acumulado un cierto agotamiento, a lo que hay que sumar que el fallecimiento de la reina, punto al que no llegan, y la historia mediática posterior y reciente de los Windsor también han restado interés a lo que contaba esta temporada. Y las críticas sobre cómo se cuenta la muerte de Diana de Gales… pues si tenemos en cuenta que es FICCIÓN… tan válido como cualquiera otra forma. Pero sigue siendo una buena serie; otra cosa es que haya dejado de interesar en la misma medida en la que lo hizo en su inicio. Pero bueno. Punto final. Y creo que de forma adecuada. Ah… se me olvidaba… Imelda Staunton está al mismo nivel o superior al de sus predecesoras en el trono. ¿La más verosímil de las «tres reinas»?

Y hemos tenido cuatro especiales de Doctor Who. Uno de ellos el especial navideño. Los tres primeros han sido la transición del decimotercer(a) Doctor(a) al decimoquinto (Ncuti Gatwa). Síp… el decimocuarto Doctor sólo ha durado tres especiales de una hora de duración, con el mismo rostro y personalidad que el décimo Doctor (David Tennant). Por lo tanto, hemos podido tener en pantalla, durante unos minutos simultáneamente, al que probablemente sea la regeneración más popular del personaje, Tennant, sin duda alguna, nos ha ofrecido siempre una de las personalidades más interesantes y exuberantes, con el futuro protagonista de la serie durante un par de años por lo menos. De forma similar, se recupera a una de las compañeras más populares y con más perosnalidad, Donna Noble (Catherine Tate) y se nos presenta a la futura, Ruby Sunday (Millie Gibson), una expósita con un misterio a cuestas, que ha protagonizado el especial navideño. Y sobre estas novedades, lo que puede marcar más la serie en un futuro, creo que ya lo ha hecho en estos especiales, el regreso como showrunner a la serie de Russell T. Davies. En mi opinión, Davies ha sido responsable junto con Steven Moffat de los mejores arcos de la serie. Aunque yo prefiero a Moffat.

Los cuatro especiales han sido muy divertidos. Lejos quedan las pajas mentales sobre el sobre Flux de la temporada anterior. Los tres especiales con Tennant y Tate al frente han ido a esquemas clásicos pero bien hechos. Realizados para celebrar el 60º aniversario de la llegada al universo televisivo del primer Doctor, hemos tenido una buena invasión alienígena en Londres, una nave espacial varada en el fin del universo con un «monstruo» invisible que amenaza a los protagonistas y a todo el universo conocido, y un siniestro y avieso juguetero (Neil Patrick Harris), uno de esos rivales tradicionales del Doctor, amenazando Londres y al planeta. Afortunadamente, nada de Daleks o Cybermen, que me parece muy cutres… Muy entretenidos. En el mismo nivel o muy cerca de mi especial favorito. Y el especial navideño también ha sido muy divertido. La serie precisaba una renovación o estaba condenada a languidecer. Ya estaba languideciendo. Frente a quienes criticaban a los protagonistas por ello, creo que el problema han sido los guiones. Por ejemplo, los tres especiales del 60º aniversario han mostrado cómo se puede integrar la necesaria diversidad humana en las historias, sin que resulte forzada o chirriante. Por supuesto, a los sectores más conservadores e intolerantes toda integración de la diversidad les parecerá mal. Davies señala que a partir de ahora debemos considerar como un nuevo ciclo completamente nuevo. Algo como lo que supuso el regreso de la serie en 2005… aunque con un poco más de continuidad. Veremos. Ncuti Gatwa promete. Viene de bordarlo en Sex Education, es un intérprete muy versátil. Aunque hasta ahora con cierta tendencia a la sobreactuación. Y si se confirma el regreso a un sólo acompañante principal, frente a los grupetes de los últimos tiempos… también puede ser bueno. Favorece que el espectador empatice con quien le representa en la serie… el ser humano común. Confiemos en el futuro.

[TV] Cosas de series; animación de la buena… y de la realmente buena, buena buena

Televisión

Dos series de animación que no proceden del País del Sol Naciente cayeron durante el mes de diciembre. Y he de decir que me lo pase muy bien con ellas. Con la primera… muy divertida, muy bien. Pero es que la segunda roza el concepto de obra maestra. De verdad. Y al parecer no soy el único que opina lo mismo. En fin, vamos con ellas.

El principio de la serie de ambiente japonés que comento hoy transcurre en Kioto… y allí es donde nos iremos para ilustrar fotográficamente la entrada de hoy.

Scott Pilgrim takes off es una nueva versión de la historieta de éxito Scott Pilgrim en forma de animación. En primer lugar, una serie de aclaraciones. La historia original ya se adaptó al cine trece años antes en acción real, una película que yo no he visto, y que fue razonablemente bien recibida. Muchos de los intérpretes de aquella ponen la voz a los mismos personajes en esta versión animada. He dicho que no procedía de Japón, que no era un anime, pero eso es parcialmente cierto. Es una coproducción en la que hay una importante participación de animadores nipones. Pero directores, guionistas y puestos importantes son norteamericanos, incluyendo Canadá. Y la animación del movimiento de la boca está pensada para que coincida con el guion en inglés. También he dicho que es una «nueva versión» de la historieta, pero parece que en realidad cogen la premisa de partida y los personajes de aquella, y narra una historia nueva, diferente en alguna medida. Como no conozco el material original, no puedo juzgar las diferencias. Así que aclarados los puntos esenciales.

En esta versión de la historia, nuevamente, Scott Pilgrim (Michael Cera, voz) el bajista de los Sex Bob-omb, grupo canadiense de rock, de Toronto, a un nivel más bien aficionado, se encuentra sin oficio y beneficio, cuando queda prendado de una repartidora sobre patines en línea, Ramona Flowers (Mary Elizabeth Winstead, voz). Pero cuando empiece a ser correspondido, se las tendrá que ver contra la coalición maligna de los exnovios de Ramona, resultando en que desaparece, presuntamente muerto, en una pelea con uno de ellos en un concierto. Y Ramona iniciará la búsqueda, reencontrándose con los presuntos culpables. Y en general, esto es muy divertido. Siendo la premisa inicial una comedia romántica entre veinteañeros de edad universitaria, acaba siendo una aventura de ciencia ficción, con viajes en el tiempo, paradojas temporales, llena de personajes muy divertidos, muchos de ellos merecedores de su propia serie. Ciertamente una serie generacional, apropiada para gente mucho más joven que yo, pero que por sus buena factura, su guion, su buen diseño de caracteres, Ramona es un personaje absolutamente fenomenal y auténtica protagonista de la fiesta, y por su ritmo general, aunque tenga algún pequeño bajón, es recomendable para todos los amantes a la animación/comedia romántica/ciencia ficción/viajes en el tiempo (táchese lo que no proceda y quédese con lo que le valga). Los ocho episodios de apenas media hora de duración saben a poco. Pero no parece que esté prevista una segunda temporada. En Netflix.

Y luega esta Blue eye samurai. Tampoco es japonesa, aunque su historia transcurre, al menos en esta primera temporada, en una versión ficticia de lo que serían las primeras décadas del shogunato Tokugawa en el denominado periodo Edo de la historia de Japón. Ficticia… porque el shogun no es un Tokugawa y otras cosas. Es una coproducción francoamericana. La concepción y los principales productores proceden de Estados Unidos, pero la animación sea realizado en Francia. La acción transcurre en una Japón que ha cerrado las fronteras a los extranjeros, algo que sucedió en realidad, al mismo tiempo que se prohibió el cristianismo en general, el catolicismo en particular, tras conocer la colonización de las Filipinas por los españoles a través de la introducción de misioneros portugueses y españoles (no olvidemos que en aquellos tiempos los reinos hispánicos, incluido Portugal, tenían el mismo rey de la rama española de los Habsburgo, o Austrias). En este ambiente, un extraño samurái al servicio de ningún señor y que oculta sus ojos tras unas gafas de cristales ambarinos, va buscando a los cuatro europeos que supone siguen en el país. Sus ojos están ocultos por ser de color azul. Por ser mestizo. Por lo que es considerado un demonio y una aberración. Y va buscando a estos europeos para matarlos. Uno de ellos es su padre. Y ha ocasionado la ruina y la muerte de su madre. Y aun esconde algún que otro secreto más, que no voy a desvelar. Es duro. En ocasiones, despiadado. Y temerario.

Esta producción de Netflix ha recibido una unánime consideración por crítica y público como una serie excelente, con valoraciones altísimas por unos y por otros. Con unos dibujos y una animación muy expresivos, muy cuidados, con momentos que parecen verdaderas obras de arte, se acompaña de un diseño de caracteres absolutamente impecable, y de unos guiones de altísima calidad. La historia y las aventuras de Mizu(*), que así se llama el personaje principal, enganchan muchísimo y son de las que no puedes dejar. Son duras. Es animación para adultos y bien adultos. Hay mucha violencia. Hay prostitución. Hay abusos sexuales. Hay manifestaciones de odio racial. Y Mizu (Maya Erskine, voz) no es el único personaje interesante. Además del malo de la serie, el irlandés Abijah Fowler (Kenneth Branagh, voz), uno de los caracteres más interesantes es el de la princesa Akemi (Brenda Song, voz), una consentida hija de un noble que ha sido prometida al hijo menos del shogun, y que está enamorada de un samurái bravucón, inicialmente un antagonista del personaje protagonista, aunque eso evolucionará. Esperemos saber más de ella en futuras temporadas. Hay algunos de los ocho episodios que son absolutamente antológicos. Muy muy buenos. El sexto tiene una doble versión. En Netflix, bajo suscripción, en color pleno. Pero en Youtube, en abierto, en el canal oficial de Netflix, está el mismo episodio pero en blanco y negro, con acentos aquí y allí de color. Y con la banda sonora diferente. Por si queréis probar antes de consumir. Os lo dejo aquí incrustado.

(*) En la versión japonesa escriben el nombre en katakana, ミズ, como si fuese una palabra extranjera. Pero mizu 水, escrito con kanji, significa agua.

Realmente, estamos ante la mejor serie de animación que he visto en el 2023, y probablemente una de las mejores series de animación que se puedan ver en general. La primera temporada ha dejado cerrado un arco argumental, pero ha abierto la serie a un nuevo arco argumental y a nuevos escenarios por el mundo. Los ocho episodios de entre 35 y 62 minutos de duración saben a poco. Pero esta serie no será sencilla de hacer y supongo que habrá que tener paciencia para la segunda temporada. Y es material original, no se basa en manga, novela o historia previa alguna. Como curiosidad, dentro de las tendencias en integración de la industria del cine y la televisión, todos los personajes japoneses tiene actores/actrices de voz norteamericanos pero de origen asiático. Aunque hablan un ingles americano típico y tópico como lo podría hablar cualquier otro actor o actriz de la misma nacionalidad. El personaje europeo ya he mencionado que es Kenneth Branagh.

[TV] Cosas de series; amor en tiempos de pandemia y otras cosas

Televisión

La serie más destacada de hoy nos llega en Netflix desde Taiwán. Pero antes comentaré cosas de otras dos que he visto o voy viendo recientemente.

Recorriendo el estanque del Loto de Zuoying en Kaohsiung, Taiwán.

Me llamó la atención una serie documental en Netflix sobre la Segunda Guerra Mundial, realizada a partir de material audiovisual restaurado o inédito de la época. Se titula World War II: From the frontlines (La II Guerra Mundial: desde el frente). Narrada por John Boyega, actor que saltó a la fama por su aparición en la tercera trilogía de la franquicia Star Wars, vi que estaba muy bien valorada en diversos ámbitos y parecía prometer. No negaré que visualmente es muy atractiva. Básicamente han restaurado mucho metraje de filmaciones del conflicto, recuperando también metraje inédito, y lo han sometido a un proceso de coloreado que… funciona la mayor parte de las veces. Cuando funciona, impresiona. De repente las personas que tenemos en pantalla no parecen antiguas… irreales. Es más eficaz. Es de las pocas veces en que me ha parecido justificable el proceso de coloreado, al que soy contrario cuando se trata de obras no documentales, por su falta de respeto a la creación original. Pero sin duda, quienes realizaron estas filmaciones en los años 40 del siglo XX, si lo hubieran podido hacer en color, lo hubieran hecho. Por ello no me parece mal. El problema de esta serie es que se apoya tanto en el aspecto visual,… que se olvida narrar con cierta profundidad el conflicto. Es una narración histórica de trazo rápido y grueso. Se detiene un poco en eventos puntuales del conflicto, aquellos que consideran más importantes, pero pasa por alto o resume de forma excesivamente somera otros que hubieran dado fondo y consistencia a la narración. Y además, resulta obvio que las imágenes que cuentan no siempre proceden de los hechos que se están narrando en esos momentos. Creo que el momento más claro es cuando aparecen imágenes de un B-29 cuando hablan del comienzo de los bombardeos sobre las ciudades alemanas. Los B-29 aparecieron con la guerra muy avanzada y actuaron en el Pacífico. Hay otros ejemplos. Es obvio que para una buena narración de la historia hubieran hecho falta por lo menos 12 o 13 episodios. Pero eso sería caro. El proceso de restauración y coloreado consumirá muchos recursos. Por lo tanto es una serie más orientada al «espectáculo», de ahí su buena valoración entre muchos espectadores, que al comentario histórico y social en profundidad, de ahí mi cierta decepción.

Netflix ha incorporado a su catálogo algunas prestigiosas series procedentes del catálogo de HBO. Y muchas de ellas son de gran calidad. Y me he puesto con una de ellas que me durará… no sé hasta cuando, porque son cinco temporadas de 12 o 13 temporadas. Se trata de Six feet under, una de las mejores series de ficción de la historia de la televisión, siempre oscilando entre la comedia y el drama. En su momento vi algunos episodios, hace mucho tiempo. Pero entonces no era tan cómodo como ahora. Y ya llevo vista la primera temporada. Impresionante. Buenísima. Con el aspecto 4:3 en la televisión, y una realización clásica de este formato, con reglas muy distintas en la colocación en escena de los personajes y el escenario, es una maravilla. Recuerdo que las dinámicas de los personajes, tan intensas y conseguidas me recuerdan a otra maravilla, I, Claudius. En fin… que a lo largo de los próximos meses iré viendo toda la serie. Ahora estoy descansando tras la primera temporada. La retomaré después de Año Nuevo.

Finalmente, me llamó la atención otro estreno reciente en Netflix. Cǐ shí cǐkè [此時此刻, en este momento], titulada en inglés como At the moment, y en castellano como Amor, aquí y ahora, es una serie taiwanesa que responde a lo que he puesto en el título de la entrada; amor (y desamor) en tiempo de pandemia. Con diez episodios, en los que se narran historias de romances durante los años en los la pandemia de covid estuvo más en auge, es colección de historias protagonizadas por personas con vidas cruzadas. Es decir, quienes son protagonistas en un episodio son secundarios en otro. Hay correlaciones y correspondencias entre todos. Pero cada episodio se centra en una historia distinta. Amores fingidos en un reality show, amores homosexuales, amores perdidos y recuperados, matrimonios que se rompen, matrimonios con los roles cambiados,… Una variedad. Taiwán, que oficialmente no es un país, con toda seguridad es la democracia más avanzada de Asia, la que tiene un mayor nivel de derechos reconocidos, con mayor nivel de libertad de expresión, con mayores niveles de tolerancia, al mismo nivel que las democracias liberales más avanzadas del mundo occidental. Y no es un país… que oficialmente es una provincia rebelde de China… una dictadura totalitaria sin paliativos. Ironías. Y este talante tolerante y de libertades, sobre el fondo de una sociedad que conserva todavía muchas tradiciones de antaño, es lo que domina los relatos. Nadie es perfecto, pero todos tienen una oportunidad. De salir adelante… o de redimirse. Algunos no la aprovechan. A mí me ha gustado. Y voy confirmando algo. De los países asiáticos, no tiene tanta productividad como Corea o Japón,… pero quizá de promedio pueda tener más interés real que los anteriores. Más allá de los guilty pleasures a los que me he vuelto adicto.

[TV] Cosas de series; como protagonista,… Park Bo-young o similar

Televisión

Vamos con una dosis periódicas de drama surcoreano. Mi «droga» audiovisual para evadirme en los fines de semana cuando no salgo a ver algo de cine, a tomar unos chismes con las amistades, o a realizar paseos fotográficos, solo o acompañado. Las tres tienen que ver en mayor o menor medida con la actriz Park Bo-young, protagonista de dos de ellas, y con un cameo en la otra, por ser una secuela de una serie que protagonizó. Las tres se pueden ver en Netflix. Dos de ellas son estrenos relativamente recientes.

La primera vez que vi una serie de Park Bo-young fue allá por 2017 cuando empezaba a engancharme con las series del país asiático. Una serie simpática sobre una chica con una fuerza sobrenatural, que hacía de la serie un curioso híbrido entre superheroína vestida de chica normal y comedia romántica. Por aquel entonces vi otra de esta actriz, que me gustó menos, y un tiempo después otra comedia romántica con intriga sobrenatural, que tampoco me convenció mucho. La actriz es muy popular en su país, al parecer, y tiene un físico menudo y simpático, el típico de la «vecinita de enfrente», más o menos dicharachera. La primera serie de la que hablo hoy, Himssenyeoja gang nam-sun [힘쎈여자 강남순, Strong girl Gang Nam-soon] es una derivada, una especie de secuela, de la primera de ellas. Otra chica superfuerte, de forma natural. En ambos casos, el nombre de la protagonista está relacionado con el distrito de Seúl donde vive la protaginista. Bongsoon en la primera, un distrito obrero, Gangnam en la segunda, un distrito pijo y de moda. La protagonista de la secuela es Lee Yoo-mi, que se ganó el corazoncito de los espectaculares en la afamada serie del calamar. La serie es más de lo mismo con respecto a la que protagonizo Park Bo-young, que hace un cameo. Aquí es la hija menor de una familia richacho, en la que las mujeres son superfuertes, muy ricas, pero muy honradas, y luchan con el crimen. Se pierde en un viaje a Mongolia, donde es criada por una familia del país, pero vuelve a Corea para localizar a su familia, lo hace, se enamora de un policía y lucha contra una organización criminal que distribuye una droga peligrosa. Es… peor que la anterior. Claramente. Un intento de explotar una idea,… pero floja. Y la chica, a la que he visto actuar con dignidad en otras ocasiones, está muy cargante.

Eoneu Nal Uri Jip Hyeon-gwaneuro Myeolmang-i Deureowatda [어느 날 우리 집 현관으로 멸망이 들어왔다, Un día la destrucción entró por la puerta principal de mi casa, vaya título] se conoce en inglés como Doom at your service. Es una serie que no está entre los «originales» de Netflix, pero que rescaté en esta plataforma. En esta ocasión Park Bo-young es una chica que recibe la noticia de que tiene un tumor cerebral y que le quedan 100 días de vida. Pero también conoce a una deidad, Destrucción que tiene la misión de poner fin a su debido tiempo a las personas o las cosas. Y hace un pacto con ella, en la que puede salvarse a costa de perder a quien más quiera. Lo que pasa es que Destrucción tiene la pinta de un señor alto y muy guapo, y ya os podéis imaginar. Es una serie que funciona a ratos, que se lía en ocasiones y que no acaba de explotar del todo la premisa inicial, que tenía sus posibilidades. Y es una serie que me empieza a demostrar que su protagonista funciona mucho mejor en la comedia que en el drama.

Desgraciadamente, la tercera de las series, un estreno reciente con Park Bo-young como protagonista, es fundamentalmente dramática. Jungsinbyeongdong-edo achim-i wayo [정신병동에도 아침이 와요, Las mañanas llegan a la planta de psiquiatría], traducida al castellano/inglés como Una dosis diaria de sol/Daily dose of sunshine, nos habla de la peripecia de una enfermera en un gran hospital. Aunque buena profesional, no es enfermera vocacional, lo es por la necesidad de asegurar unos buenos ingresos para mantenerse a sí misma y a su hermano menor, y no acaba de llevar bien el ritmo de la planta de medicina interna, por lo que es transferida a psiquiatría. Donde sí que acabará por encontrar su sitio por su buena actitud profesional y por su capacidad para conectar y comunicarse con los pacientes. La serie tiene un buen comienzo, y los primeros seis episodios de los doce que consta la serie se plantean como un procedimental en los que se combinan los casos de los enfermos ingresados con el progreso de la protagonista como enfermera de psiquiatría. Pero a partir de ahí, convierten a la chica en paciente, y entramos en un melodramón que no siempre me convence. En paralelo hay otros dramas personales con otras enfermeras de la planta, y un par de romances, uno de el de la propia chica protagonista. La serie está muy bien valorada por muchos espectadores, pero a mí no me acaba de convencer. En un momento dado pierde el norte, y con ello además el rigor sobre como ver o tratar el trastorno mental. La serie busca educar al espectador en una mayor tolerancia y comprensión hacia la salud mental, lo cual es loable. Pero acaba cambiando falsas creencias por otras. En fin… hasta cierto punto un esfuerzo fallido, diga lo que diga la mayoría.

[TV] Cosas de series; guerra, sexo y viajes en el tiempo… con muerto

Televisión

Algunas series más o menos interesantes de los últimos tiempos, que nos llegan desde Europa… suponiendo que podamos considerar al Reino Unido como Europa y no como un raro microcontinente insertado en un mundo irreal en el que viven los propios británicos.

Oficialmente, All the light we cannot see es una microserie de producción norteamericana, en Netflix, de cuatro episodios, pero con un fuerte peso en el reparto de intérpretes europeos, y rodada en Europa. Adaptación de una novela de éxito de un autor norteamericano, nos traslada a Saint-Malo, en la Bretaña, tras el desembarco de Normandía, con los aliados en las puertas de la ciudad y con las posiciones alemanas sometidas a constantes bombardeos, guiados por las transmisiones de radio de los patriotas franceses de la resistencia. Entre ellos, Marie-Laure (Aria Mia Loberti) joven ciega que huyó de París en 1940, y que usa un viejo equipo de su tío (Hugh Laurie) para emitir sus indicaciones, disfrazadas de lectura de las 20000 leguas de viaje submarino de Verne. En el lado alemán, el joven oficial de transmisiones, encargado de localizar el origen de las transmisiones, Werner (Louis Hofmann), un huérfano que tiene motivos personales para NO localizar ese origen. Y un fanático oficial alemán sin escrúpulos (Lars Eidinger), que va tras la piedra preciosa con poderes «mágicos» que el padre de la chica (Mark Ruffalo) sacó de su museo de París en 1940. Sinceramente, una serie que prometía mucho, pero que al final es una aventureta bastante inverosímil, donde los malos son muy malos, los buenos son muy buenos, y la piedra preciosa es un macguffin lamentable. No sé como será la novela de origen, pero no me han quedado ganas de leerla. Curiosamente, la serie está recibiendo buenas valoraciones en muchos lugares, y la actuación de la joven actriz protagonista está siendo especialmente alabada,… aunque yo no veo que sea para tanto. Hace un trabajo digno… y ya está. Por cierto… que no reconocí a Hugh Laurie, que está caracterizado como muy mayor.

Visité Saint-Malo en 1991, pero no tengo muchas fotografías aprovechables. Y las pongo en esta entrada.

Bodies es una mini serie británica de ocho episodios para Netflix, que también está recibiendo comentarios muy favorables, y dicen que está siendo muy vista en la plataforma. En «un momento dado» aparecen cuatro cadáveres, en un mismo lugar de Londres, pero en distintos momentos del tiempo, y localizados por cuatro detectives distintos. En la Inglaterra victoriana de finales del XIX (Kyle Soller), durante el blitz en la Segunda Guerra Mundial (Jacob Fortune-Lloyd), en 2023 (Amaka Okafor) y en algún momento dentro de unas décadas (Shira Haas). Los cuatro cadáveres están desnudos, son la misma persona, y tienen un misterioso tatuaje en la muñeca. Todo indica que proceden de un futuro distópico, donde todo lo controla un tipo (Stephen Graham) que parece que conoce todo lo que está pasando, y pasó. La serie tiene unos comienzos un tanto confusos. Es obvia la relación entre todos los cuerpos, pero los cambios y transiciones entre épocas resultan un tanto confusas. Sin embargo, a partir del cuarto episodio, y especialmente en los últimos cuatro episodios, las piezas empiezan a encajar, y lo que parecía un whodunit intertemporal, se convierte en una aventura de acción a través del tiempo, que tiene su enganche, y momentos buenos. Por ello, con tal de que tengas un poco de paciencia en los primeros episodios, puede ser recomendable a los aficionados al género distópico y a los viajes en el tiempo… con los riesgos que conllevan las paradojas en el tiempo.

Y ha llegado a su final Sex education, la inteligente serie británica que explora la sexualidad y las relaciones entre adolescentes, y también las de los adultos de forma colateral, y que ha supuesto un filón para el descubrimiento de nuevos intérpretes jóvenes que ya están dando que hablar en otras series y películas. Decir que Asa Butterfield, Gillian Anderson, Ncuti Gatwa, Aimee Lou Wood, o Emma Mackey especialmente, entre otros muchos lo hacen bien… a estas alturas ya es una obviedad. Su cuarta temporada es su última. Es habitual que las series sobre adolescentes tengan cuatro temporadas. En muchos países, especialmente anglosajones el último ciclo de la educación obligatoria tiene cuatro años, entre los 14 y los 18 años, y suele corresponder cada temporada a un curso. Y los chicos y chicas de este instituto británico han terminado sus estudios. Y con ello, hasta cierto punto, su maduración emocional. Su última temporada, que se traslada a otros entornos, quizá no sea la de mayor nivel, desde mi punto de vista, pero sigue estando a un nivel muy alto. Entre la comedia y el drama, la serie va resolviendo las situaciones de cada uno de los chicos y chicas. No siempre con finales «felices» al uso; pero sí con finales esperanzadores. Puesto que a pesar de los problemas, la serie es optimista. Muy muy recomendable. Desde el primer episodio en la primera temporada, hasta el final.