Actualización en CineTren: Las normas de la casa de la sidra

Cine, Páginas personales, Trenes

El reciente comentario sobre la película En el Valle de Elah, me hizo revisar la filmografía de su guapa actriz protagonista, Charlize Theron. Una de las películas de esta actriz que más me llamó la atención, tanto por lo que me gustó el filme como por lo guapa que salía la sudafricana fue Las normas de la casa de la sidra. Pero también me gustó en dicha película las películas de ambiente ferroviario que en ella salían. En la boscosa región norte de Nueva Inglaterra, en el estado de Maine, salía un bonito tren de madera tirado por una imponente locomotora de vapor.

Por todo ello, he actualizado mi página sobre el ferrocarril en el cine con una reseña sobre esta película de Lasse Hallström. Si os apetece no dudéis en visitar el artículo.

La entrada de hoy queda ilustrada por una imagen de una imponente locomotora tipo Garratt 462 en el Museo del Ferrocarril de Villanueva y Geltrú.

462-0401bn

(Canon EOS 100; EF 28-135/3,5-5,6 IS USM)

En busca del negativo perdido y los amores de Ingrid Bergman

Cine, Fotografía

Varios de los blogs sobre fotografía que sigo habitualmente, como T.O.P. y Foto36, se hacían eco de una noticia aparecida en The NY Times recientemente sobre el descubrimiento en Méjico de varios miles de negativos de Robert Capa tomados durante su seguimiento de la Guerra Civil española. No sólo hay negativos de Capa. También encontramos negativos de Chim y de Gerda Taro.

Parece ser que los negativos fueron dejados en París cuando el fotógrafo abandonó Europa ante el avance alemán en 1940. Creyó hasta su muerte que se habían perdido. Pero parece ser que tras numerosas peripecias, consiguieron salvarse, y muchos años más tarde, reaparecer en buen estado, tal y como parece que han confirmado los técnicos de Eastman Kodak.

Por un lado, este descubrimiento es una excelente noticia para la conservación del patrimonio histórico de la fotografía y también, dándole la vuelta a la cosa, para la conservación del patrimonio fotográfico de la historia. Pero por otro, nos puede hacer reflexionar sobre otra cosa. Los viejos negativos fotográficos han mostrado en numerosas ocasiones su capacidad para resistir todo tipo de peripecias y durar en el tiempo. Pero… ¿los archivos digitales resistirán igualmente? ¿Estamos condenados a perder la mayor parte del patrimonio fotográfico que actualmente se está generando por la volatidad de los datos electrónicos? Interesante cuestión.

Un poco de cotilleo. Mientras releo algunas de las cuestiones relacionadas con Capa, veo que fue amante de Ingrid Bergman, quien quiso llevarle al altar, cosa que no consiguió porque el permaneció fiel a la memoria de su compañera Gerda Taro, que murió en Brunete durante la contienda civil española. Por un lado, qué envidia, y por otro, qué romántico. También leo que esta pareja, la Bergman y Capa, sirvieron de inspiración a Hitchcock para la pareja protagonista de Rear Window, interpretada por Grace Kelly y James Stewart. Cómo me gusta; todo se interrelaciona. Todo tiene que ver. Todo es un todo.En la foto de hoy, una vista de las playas del desembarco de Normandía, donde también estuvo Robert Capa.

En las playas del desembarco
(Pentax P30N; Sigma 28-70/3,5-4,5)

En el Valle de Elah (2008)

Cine

En el Valle de Elah (In The Valley of Elah, 2008), 27 de enero de 2008

Cuando uno se entera de que estrenan una película protagonizada por Tommy Lee Jones, Charlize Theron y Susan Sarandon, le entran muchas ganas de ir al cine. Si además te enteras que el director es Paul Haggis, quien ya nos ofreció una cinematográficamente interesante aunque ideológicamente confusa Crash,… pues aún parece que te interesa más todavía. Si las críticas que lees son muy positivas,… entonces empieza a dar miedo la cosa. Se crean unas expectativas muy elevadas, y el riesgo de desilusión aumenta exponencialmente. Son las cosas del cine. Pero es necesario ir. Y si hay que ir, se va.

La historia es la de la investigación de la muerte violenta de un soldado recién llegado de Iraq en los alrededores de la base donde se encuentra acuartelado. La investigación se lleva a cabo en diversos momentos por la policía militar, para pasar luego a la jurisdicción civil por una iniciativa de una inspectora de policía con problemas de integración laboral (Charlize Theron), y en todo momento por el padre del soldado (Tommy Lee Jones), un militar retirado, que quiere recuperar la memoria del hijo, de quien se sospecha pudiese estar relacionado con el consumo y el tráfico de drogas. La acción transcurre pausadamente mientras nos enteramos de cosas,… que no necesariamente tienen que ver con el investigación. Esta pasa a ser un marco adecuado para que realizar un reflexión sobre las consecuencias éticas y morales de la Guerra de Iraq en particular, y de cualquier guerra en general. La película va poniendo en cuestión la pérdida de valores de una sociedad desorientada y con problemas. El plano final de la película con una bandera norteamericana ondeando al viento de una determinada forma es una auténtica declaración de lo que concluye el filme. Por cierto, debe ser la única ocasión de que un final con bandera al viento me ha gustado. Y mucho.

La película está basada en hechos reales, aunque los nombres y las circunstancias están alterados. En esta ocasión, no hay confusión ideológica. Está claro que Haggis promueve una intensa crítica de lo que pasa en torno a ese disparate que es la invasión de Iraq por parte de los EE.UU. y sus aliados, así como en lo que se está convirtiendo el ejército norteamericano.

Un elemento importante en la credibilidad del filme es la impecable actuación de los intérpretes. Jones se mueve con la soltura y competencia que le caracteriza. Aparece mayor, triste, casi derrotado. Ha perdido a dos hijos en el ejército. Sólo le quedan las profundas y conservadoras convicciones del viejo sargento de la policía militar. Convicciones que pasarán una dura prueba conforme vaya tomando conciencia de lo que en estos momentos es la institución en la que sirvió. De fondo tiene a su esposa (Susan Sarandon) como amarga voz de la conciencia. También es muy convincente el papel de Theron como inspectora de policía. La sudafricana abandona el glamour de muchos de sus papeles, se recoge el pelo, evita el maquillaje, y a cara descubierta intenta reencontrar su punto de honestidad, su razón de ser, demostrar a los demás que es algo más que un capricho, abandonado, de su jefe.

En resumen, una película de gran calidad, altamente recomendable salvo por los que entiendan que el cine es algo para pasar el rato comiendo palomitas. Yo le pongo un ocho, con idéntica nota en la interpretación y un siete en la dirección.

Con una muerte por el medio, no parecerá mal que ilustre esta entrada con una de mis recientes fotografías en el cementerio de Zaragoza.

Cruces y cipreses

(Pentax K10D; SMC-A 100/4 Macro)

Una tarde en el cementerio

Fotografía personal, Política y sociedad

Cuando salgo de viaje por el mundo, en mis vacaciones, no faltan las ocasiones en las que nos asomamos a los cementerios por cuyas cercanías pasamos. En buena parte de las ciudades del norte de Europa, los cementerios son lugares verdes, arbolados, situados en parques o en los alrededores de las iglesias. Y no faltan las ocasiones fotográficas en dichos entornos.

Cementerio en Ilfracombe
Ilfracombe, Devon (Inglaterra)
Fujifilm Finepix F10
Iglesia y cementerio en Ruovesi
Ruovesi (Finlandia)
Panasonic Lumix LX2
Iglesia y cementerio en el Archipiélago de Turku
Archipiélago de Turku (Finlandia)
Panasonic Lumix LX2

En España, los cementerios son distintos. Más apiñados, menos verdes, menos parques. Además, en los últimos tiempos en las grandes y no tan grandes ciudades se han puesto de moda los nichos, en los cuales se apilan de forma funcional pero altamente anti-estética los ataudes de los fallecidos.

No obstante, ayer por la tarde decidí dar una oportunidad al cementerio de Zaragoza. Aprovechando que la niebla levantó al mediodía, tome la cámara por la tarde, para aprovechar la última hora de sol antes del ocaso. Me centré en la área donde se enterraba en tierra, en el entorno de las grandes tumbas familiares. Pero también me introduje entre las tumbas más pequeñas y modestas.

Familia de Perez Abenia
¿Será Dios? Cristo está a su derecha,...

Sin embargo, lo que más me impresiona siempre es ver la cantidad de tumbas en tierra dedicadas a los niños. Edades del estilo de 9 años, 30 meses, 27 días o algunas horas son relativamente frecuentes. Y a pesar de que las fechas de fallecimiento datan de algunas décadas, son las que con más frecuencia encuentras ornadas con flores relativamente recientes. Eran otros tiempos, en las décadas de los 50 y los 60, donde además de babyboom, también había una considerable mortalidad infantil, de la que hoy en día afortunadamente nos hemos liberado.

En resumen, una interesante experiencia. Fotográfica y sociológica.

Subio a la gloria
Todas las fotos actuales:
Pentax K10D con
SMC-DA 21/3,2 y SMC-A 50/2

¡Hola mundo!

Páginas personales

Esta es la primera entrada del borrador de lo que puede ser mi Cuaderno de ruta en su versión 2. La versión 1, actualmente activa, se encuentra alojada en Blogger. En estos momentos me encuentro analizando la posibilidad de comenzar una nueva etapa bajo el paraguas que ofrece WordPress.

Durante unos días o semanas estas páginas estarán a prueba, hasta que tome una decisión sobre si es mi nuevo cuaderno de ruta activo o sigo con la versión original. Así que si por algún motivo llegas aquí,… pues no esperes encontrar grandes cosas. En cualquier caso, un saludo.

La imagen que acompaña esta entrada está tomada en la Calle Alfonso de Zaragoza.

Escaparate

(Canon EOS 10D, EF 70-210/3,5-4,5 USM)

Los crímenes de Oxford (2008)

Cine

Los crímenes de Oxford (2008), 20 de enero de 2008.

Dudas me han entrado a la hora de encabezar esta entrada sobre sí debía consignar el título original de la película como The Oxford Murders. Al fin y al cabo, el filme está rodado en inglés, en Inglaterra y con un ambiente muy británico. Pero asumiremos que la película es española, y que su título original es en castellano.

Pues esto va de que a Alex de la Iglesia le da una ventolera y se pone a hacer una película que no tiene nada que ver con el cine al que habitualmente nos tiene acostumbrados. Este director tiene algunos títulos que me parecen estupendos y otros que no. En realidad, si miro su filmografía, en lo que se refiere a largometrajes, sólo hay dos que me parece que tienen algo para que se le dé la importancia que se le da en la filmografía española actual. Y son El Día de la Bestia y La Comunidad. Ambas me parecen geniales. Pero las demás… ¡uffff! Una de dos. O está sobrevalorado, o tiene poco atino a la hora de mostrar su genialidad.

El filme que aquí nos ocupa pretende ser su punta de lanza para el cine anglosajón. Bueno… ¿Y Perdita Durango, qué? ¿Nos hemos olvidado que aquella también se rodó en inglés? También se habla de un homenaje a Hitchcock. Mmmmmmmmm… Es cierto que es una película de misterio. De asesinatos por resolver. Es cierto que algunos planos y algunas secuencias tienen mucho de lo que hacía el viejo maestro. Pero ¿es esto un homenaje o mera imitación coyuntural y aprovechada? El viejo maestro nos mantenía en vilo simplemente con el acoso a un personaje, con la incertidumbre de los destinos de los protagonistas. El presunto motivo de esa incertidumbre, el McGuffin, era absolutamente secundario. Un polvo negro en Notorious, una persecución no sé sabe muy bien porqué en North by Northwest,… Eso no importaba nada. Aquí nos dan una brasa aterradora con la lógica, las matemáticas, la maldita sucesión de Fibonacci. Lo de la sucesión de Fibonacci parece que se lo han aprendido en jueves. Sale hasta en la sopa. Incluso aquí se equivocan un mogollón cuando el protagonista dice que cree en el número pi, cuando el número asociado a la sucesión de Fibonacci es el número phi. Vamos mal en matemáticas y en letras. Largas parrafadas de frases sin sentido para la mayor parte de los espectadores y que son superfluas a la hora de crear ambiente. El resultado es una melange inconsistente entre las historias tipo códigodavincianas y las novelas de Agatha Christie. Juro que a mí me parece que esta historia tiene más de los whodunit de la prolífica escritoria británica que al suspense del maestro del cine de la misma nacionalidad.

Técnicamente,… pues sí, el director tiene recursos. Pero no sé si los sabe aprovechar. Imagino que habrá quien admirará el largo traveling que nos lleva de los desengaños del joven posgraduado hasta el lugar del primer crimen. Pero aparte de presentarnos a algunos de los personajes, que ya habían sido presentados, no acabo de verle la gracia. Nada que ver, por ejemplo, con el largo traveling que se puede disfrutar en Atonement para mostrar el ambiente de la playa de Dunkerke durante la II Guerra Mundial. Por poner un ejemplo de hace una semana escasa.

En cuanto a la interpretación. El joven posgraduado interpretado por Elijah Wood convence más bien poco. La enfermera que se lo liga, las española Leonor Watling, da lugar a una relación más o menos apasionado que nadie sabe por qué surge ni adonde va, ni si importa gran cosa. Por otra parte, esta chica es guapa, y además con poco recato a la hora de despelotarse, y me cae bien. Pero no acabo de verle mucho como gran actriz. Siempre me ha parecido que flirtea con la mediocridad. El viejo filósofo y matemático, John Hurt, hace lo que puede, que es mucho, pero poco más allá. Desde mi punto de vista, habría que cesar al responsable del casting. Hay otros actores que no lo hacen mal. Pero salen poco, y poco pueden hacer.

En resumen. Una película muy floja. Más de lo que la prensa especializada reconoce. Supongo que el nombre del director influye. Yo no le pongo más de un cinco en la valoración subjetiva, con una seis en la interpretación y otro en la dirección. Si podéis elegir, elegir otra película.

En la fotografía de hoy,… qué va a ser. Oxford. La foto es de 1989. No me acuerdo ni de cerca qué es. Si alguien lo sabe, que lo diga.

Pentax P30n
Focal: 28mm
Negativo color 100 ISO

La insoportable levedad de las producciones históricas – The Tudors

Televisión

Me recomendaron no hace mucho una producción televisiva, una serie de ficción de carácter histórico ambientada en la corte de Henry VIII. El famoso rey de las seis esposas. La serie se denomina The Tudors. Los Tudor, dicho al hispánico modo. En realidad, en esta primera temporada de la serie se le da vuelta a la historia tantas veces contada de la separación del monarca inglés de su primera esposa, Catalina de Aragón, para casarse con Anne Boleyn, una de las damas de compañía de la reina. La sospecha me entra de que si les va bien, pueden hacer una temporada de en torno a diez capítulos para cada una de las consortes. Supongo que la segunda temporada puede ir de su matrimonio con la “Bolena“, hasta que esta pierde la cabeza… ¿por amor?

La producción de la serie, por lo menos en su primera temporada, es suntuosa. Decorados privilegiados, vestuario de lujo, abundancia de reparto y de extras, realización impecable. Los guiones varía. Hay algunos capítulos muy buenos y otros menos buenos; pero en general está muy bien. Se han buscado buenos actores, aunque algunos son poco conocidos. Pero otros tienen nombre, y he quedado particularmente impresionado del papel que hace Sam Neill interpretando al Cardenal Wolsey, Lord Canciller en ese período de tiempo. El personaje de Anne Boleyn esta interpretado por una casi desconocida Natalie Dormer, que une una gran belleza a una expresividad notable. Dice mucho con muy pocas palabras. Pero todos están muy bien, incluido el propio Jonathan Rhys Meyers interpretando al monarca, a Maria Doyle Kennedy como la reina de origen español, o a Jeremy Northam como Sir Thomas More.

La producción irlandeso-canadiense tira de escenas sexuales relativamente explícitas, especialmente en los primeros capítulos, supongo que como tirón para enganchar a la parroquia al televisor. Pero conforme los capítulos pasan, son otras las pasiones que importan en la historia. La ambición política, la avaricia, los celos, son los motores que mueven a los distintos personajes.

Y todo ello, está muy bien. Realmente bien. Pero…

Efectivamente, hay un pero. Es obvio que estas producciones tienen que partir de una “novelizacion” de los acontecimientos. Conocemos los hechos históricos públicos. Han llegado hasta nosotros alguna correspondencia de los personajes históricos narrando hechos más íntimos. Pero lo que realmente sucedió en las alcobas, en los comedores, en los salones, o en las recámaras ha de ser necesariamente inventado. Entiendo que esta ficción debe ser creible. Debe ser concordante con los hechos históricos. Debemos creer que las cosas pudieron suceder así. Ningún problema. Si sólo se narrase lo que realmente se conoce, sería un rollo y duraría un ratico. Pero lo que es inadmisible es que reinventen la historia. Que hechos conocidos sean falseados. Ninguna hemana del rey desposó ni mató a ningún rey portugués, que aparece como decrépito, lascivo y risible. Recordemos que la Casa de Avis portuguesa impulsó la exploración del mundo y configuró un imperio. Nada risible y sí mucho de admirable dadas las dimensiones del país. Nada indica que el Cardenal Wolsey terminase como termina en la serie. No hubo epidemias de esa categoría en esa época en Inglaterra; sí las hubo antes y después, pero no entonces, y parece que su única justificación es alargar un episodio más la serie. Las fechas y los acontecimientos no siempre concuerdan en la serie con lo que sucedió en la realidad. Y una serie de pequeños detalles que sería prolijo y probablemente aburrido buscar y detallar.

Siempre me preguntaré ¿por qué hacen esto? ¿Realmente creen que inventar o modificar cosas es necesario para que la historia sea interesante? Una pena. Porque por lo demás, la serie es altamente recomendable. A ser posible en versión original. No doblada.

¿Que otra foto de las que tengo podría poner en esta ocasión, distinta de la armadura de Henry VIII que se conserva en la White Tower de la Torre de Londres?

Canon EOS D60
Sigma 28/1,8
ISO 400
Exposición: f/1,8 – 1/50s

Expiación (2007)

Cine

Expiación (Atonement, 2007), 15 de enero de 2008.

Para empezar, el título completo en español es Expiación: Más allá de la pasión. Pero he decidido obviar ese “más allá de la pasión” en el título de la entrada, porque no sirve para nada y no induce más que a engaño. Cosa que no necesita este estupendo filme firmado por Joe Wright, basado en la novela Atonement del escritor británico Ian McEwan. Esto no es un culebrón de pasiones amorosas. Esto va de otra cosa. Va de las repercusiones de nuestros actos. De cómo afectan las vidas de quienes nos rodean. De cómo en un momento dado condicionan nuestra propia vida, e incluso hace necesarios actos de expiación de nuestras faltas.

Según la propaganda del distribuidor de la película esto van de los amoríos y pasiones de una señorita pija británica y del hijo del ama de llaves, protegido de la familia de bien, en la década de los 30 del siglo XX, en vísperas de la Guerra Mundial. La señorita pija está interpretada por Keyra Knightly y el “ceniciento” por James McAvoy. En realidad, estos personajes son secundarios. Secundarios de lujo, que se llevan buena parte de los minutos que dura la película, pero secundarios. Son los que sufren los actos de quien considero que es el auténtico protagonista del relato, la pequeña Briony, interpretada en su preadolescencia por Saoirse Ronan, en su juventud por Romola Garai, y ya anciana por Vanessa Redgrave.

No nos encontramos ante un relato de estructura convencional. La acción va y viene en el tiempo. Es necesario para poder comprender mejor lo que pasa por las mentes de los protagonistas, para entender que lo que vemos y percibimos no siempre es la realidad sino lo que queremos interpretar. Tampoco es convencional por… un motivo que sólo se comprende al final, aunque la secuencia de los hechos y los tiempos nos hagan sospechar durante la proyección. La realización por lo demás está muy cuidada; se sale de lo habitual. Toma sus riesgos. Tiene momentos muy poderosos visualmente, al mismo tiempo que una música acompañada por un peculiar instrumento de percusión, nos va dando pistas de lo que estamos viendo realmente.

La interpretación es suficientemente buena. La Knightly está mejor que lo habitual, y cumple sobradamente, aunque quiza hubiera hecho falta otra actriz con un poco más de solidez. Pero el físico lo da. McAvoy está mejor y cumple también sobradamente. El patito feo de la película, el personaje de Briony se luce menos por estar interpretado por tres actrices distintas y con unos tiempos limitados en pantalla en relación a la importancia del personaje, pero no hay nada que objetar a la interpretación, especialmente de las dos brionys jóvenes. La intervención de Redgrave, corta aunque trascendente, tiene un cariz que va más allá de lo meramente interpretativo, por lo que tiene de catártico para la resolución del relato.

Sólo había leído previamente una novela del escritor, y aunque me gustó, no me llevó a seguir buscando su compañía literaria. Pero ahora sí que me han entrado ganas de hincarle el diente a un relato que me imagino mucho más rico en su versión literaria.

En resumen, una película muy interesante y muy conveniente, que muestra que se pueden hacer todavía buenas adaptaciones de obras literarias al mismo tiempo que se cuidan los aspectos cinematográficos de la obra. Yo le pongo un ocho, con la misma nota a la dirección, y un siete en la interpretación.

La imagen de hoy, la soledad y la melancolía en las calles del Casco Viejo de Zaragoza.

Sola
Canon EOS 10D
EF 70-210/3,5-4,5 USM
Focal: 75mm
ISO 400
Exposición: f/5,6 – 1/400s

Una nueva librería en la ciudad

arte música y literatura, Fotografía, sociedad

En realidad hace ya unas semanas. Abrieron a tiempo para la campaña navideña. No sé exactamente cuándo. Pero hasta ayer no fui a conocer el nuevo establecimiento.

Cuando salgo de viaje por el extranjero, siempre me han dado mucha envidia las librerías que hay en muchas capitales. Algunas de ellas no mucho más grandes necesariamente que Zaragoza. Librerías de varios pisos, con estanterías llenas de títulos de lo más diverso, perfectamente organizados, encuentras en seguida lo que quieres, amplias, con agradables zonas para hojear los volúmenes antes de tomar la decisión de comprar o no comprar. En algunas de ellas no falta una cafetería, o cuando menos una zona con maquinitas para tomarte el café. No sólo es importante la literatura de ficción. En muchas de ellas, otro tipo de libros ocupan extensas estanterías. Siempre me paro un rato en la sección de fotografía. Claro.

Bien. Pues si me llama la atención todo esto, es porque lo hecho a faltar en mi ciudad. Una ciudad que, por tamaño, debería aspirar a disfrutar de varios establecimientos de estos. Las librerías más importantes y surtidas de la ciudad, no voy a mencionar nombres, suelen tener una estructura agobiante, y no siempre es fácil encontrar lo que buscas. Tal es así, que alguna cadena comercial orientada al ocio en general suele ser más visitada como librería a pesar de no estar especializada en el tema. Cierto es que no falta alguna librería más pequeña, con otro estilo, agradable de visitar como la Librería Cálamo (esta si la nombro; es mi preferida). Pero eso. No es la típica librería generalista. Está más especializada.

A lo que iba. La Casa del Libro ha abierto un establecimiento en la Calle de San Miguel y ayer fui a visitarlo. Tres pisos, amplios y bien organizados. Algunas zonas para sentarse. Una decoración despejada y luminosa. Se acerca a lo que me gustaría. No llega. Pero se acerca. Para inaugurarla me compré… un libro, claro está. África de Sebastião Salgado. Un libro de fotografías, que presenta una calidad impresionante sobre en la reproducción de las imágenes. Publicado por Taschen, tiene un precio razonable para la calidad que ofrece, como es propio de la editorial. Eso sí. Es grande, todavía no sé en que estante lo voy a poner.

La foto de hoy está recién salida del horno. Tomada esta mañana en la Plaza de Santa Marta. En un paseo que me he dado aprovechando que el día, aunque frío estaba sereno y con buena luz.

Canon EOS 10D
EF 70-210/3,5-4,5 USM
Focal: 70mm
ISO 400
Exposición: f/5,6 – 1/250s

Aprendiendo nuevas técnicas: Ilustraciones

Fotografía personal

Leyendo ayer el último penúltimo número de Shutterbug, me decidí a ensayar una técnica que explica para convertir fotografías en ilustraciones. Por lo que explicaba, decidí que algunas fotos de mis vacaciones del pasado verano en Tallinn, Estonia, podrían ser adecuadas. El resultado no está mal. Quedan como si fueran viñetas de un cómic, con trazos muy limpios y colores imitando a la acuarela.

Os dejo unos ejemplo, a ver si os gustan.


Originales tomados con una
Panasonic Lumix DMC-LX2

Propósito cumplido y nuevas formas de suscribirse y leer revistas

Fotografía, sociedad

Comentaba el día de Año Nuevo que, en principio, un único propósito me había hecho para el 2008. Completar mi colección de álbumes de Tintín en idioma original. Pues eso. Como adelantaba, el propósito se ha hecho realidad en los primeros días de enero. Hace dos días me llegaron los tres álbumes que me faltaban, que ya lucen en mis estanterías junto a los 21 restantes.

Pero ese mismo día, mientras redactaba la entrada sobre el fallecimiento de Herbert Keppler, vi en las páginas en internet de Popular Photography & Imaging y American Photo, que estas revistas se encontraban disponibles para su suscripción digital. Sin formato físico en papel. Para ser leídas en el monitor del ordenador. Son distribuidas electrónicamente por Zinio. Después de probar con una revista de muestra decidí suscribirme. A 10 dolares la suscripción anual; 12 números de PP&I y 8 números de AmPHOTO. Es decir, aproximadamente 6,80 euros. Teniendo en cuenta que un número de cada una estas revistas cuesta entorno a 6 euros en los quioscos españoles, que en España llegan unas tres semanas más tarde que a los quioscos norteamericanos, que desaparece el problema de luego acumular o tener que tirar todo ese papel… el inconveniente de hojearlas en la pantalla del ordenador resulta pequeño. Sobre todo porque es un inconveniente muy relativo.

Ale pues, más propósitos para este año. Gastar menos dinero en revistas, y ser más ecológico malgastando menos papel. Y… zas… propósito cumplido. Ufff, estoy que me salgo.

Llevamos unos días sin ver el sol por Zaragoza o Huesca, entre nublado y nieblas. Así que me consuelo con esta primaveral fotografía en los parques eólicos de La Muela (Zaragoza), tomada hace casi dos años.

Canon EOS D60 Tokina 12-24/4 AT-X 124 AF Pro DX ISO 100

Cómo me aficioné a leer Popular Photography: en memoria de Herbert Keppler

Fotografía

Hace ya una más que respetable cantidad de años, varios lustros, paseando como iba por la Plaza de San Francisco de Zaragoza, donde hay uno de los quioscos de prensa más interesantes de la ciudad, me llamó la atención la portada de algunas revistas de fotografía en idiomas extranjeros. Así que compre varias. No conocía ninguna. Durante unos días hojeé revistas británicas, francesas o norteamericanas. Unas me gustaron más y otras menos. Pero llegué a la conclusión de que rellenaban huecos con los magros medios de las hispanas quedaban en la literatura periódica especializada sobre el tema en el idioma de Cervantes.

Entre ellas se encontraba un ejemplar de Popular Photography. Esta revista goza/gozaba de gran prestigio. Según con quién hablas utiliza el presente o el pretérito. A mí me parecía un poco rollo algunas cosas. Por ejemplo, está llena de cartoncillos para que te suscribas que no hacen más que molestar. Una lata; y además, más basura. Hay un montón de páginas al final que sólo son publicidad. Pero muchos artículos previos terminan intercalados entre ellas. Y no son fáciles de encontrar a veces. No todas las páginas llevan el número de página. También pasa que responde mucho a idiosincrasias muy norteamericanas. Y eso a veces es bueno… y otras veces… estos yanquis me parecen marcianos. En cualquier caso es muy práctica. Y especialmene me llamó la atención un artículo que firmaba un tal Herbert Keppler.

El artículo se dedicaba a diversos aspectos práctico vinculados a la práctica fotográfica con una cámara réflex. Estaba encabezado por la fotografía de un señor, ya mayor, de aspecto enjuto. Muy sonriente. Parecía simpático. Desde entonces he comprado muchos número de la revista, y siempre lo primero suele ser leer el artículo de Keppler. He aprendido mucho con él. Sobre todo a ser práctico. A sacar partido al equipo, que no tiene por qué ser de campanillas. A saber que cosas son importante y cuáles no, sin dejarse llevar por el relumbron de lo tecnológicamente nuevo. Y siempre aparecía la foto de ese señor tan simpático, siempre tocado con diversos sombreros.

Hoy me enteró por aquí y por allá de que Herbert Kepler ha fallecido. Tenía ya 82 años. Ya no podremos volver a leer sus artículos más. El último que tengo es el del mes de diciembre de 2007. Tal vez venga alguno en el de enero de 2008, que hará unas semanas que estará en los quioscos norteamericanos, pero que todavía no había llegado aquí. Si podéis leer el inglés, no dejéis de leer el obituario en Popular Photography. Como comprobaréis fue alguien que influyó notablemente en como son nuestras cámaras hoy en día.

He vuelto a leer el artíuculo del mes de diciembre. Compara a la Leica I(A) de 1925 con la Canon EOS 1D Mark IIN. Lo que es tener un gran sentido del humor. Y cuando lees lo que dice… y una gran sentido común.

En la filosofía de Kepler estaba el aprovechamiento de viejas pero honorables ópticas de antaño. Así, la foto de hoy, tomada en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia, marida un viejo 100mm macro de Pentax con una moderna réflex digital de la marca.

Pentax *ist DS
SMC-A 100/4 Macro
ISO 200
Exposición: f/8- 1/640s