Ya hace tiempo que os hablé del día en que visitamos el parque del Tío Jorge en el marco del encuentro de recreacionistas bélicos dedicados a las guerras napoléonicas aprovechan la conmemoración de los Sitios de Zaragoza en el mes de marzo, aunque los auténticos, los que mataron a tanta gente, que entre heroísmo y estupidez hay una líneas tan fina que yo siempre he sido incapaz de ver, fueron entre junio y agosto el primero, y entre diciembre y febrero el segundo.
Además de hacer un cartucho de película instantánea, y algunos fotogramas en blanco y negro de un rollo que tenía empezado, de los que todavía no he hablado, hice todo un rollo de película fotográfica para negativos en color. Una de esas películas «modernas», «experimentales», que se venden para sufragar los gastos de investigación y desarrollo de lo que tal vez en un futuro sea una película decente. En cualquier caso, aquí os dejo unas cuantas fotos. Y si queréis saber más de las cuestiones técnicas, podéis visitar Recreación histórica de las guerras napoleónicas – Pentax MX, SMC-M 50 mm f1.4 y película Harman Phoenix 200.
En los últimos tiempos ando liado. En el trabajo y fuera del trabajo. En cualquier caso, acabo más cansado los días, me acuesto pronto, y prefiero relajarme caminando haciendo alguna foto a ponerme delante del ordenador buscando cosas sobre fotografía. Ya paso muchas horas delante del ordenador como para dedicar más en casa a ello. Por ello, últimamente recojo menos recomendaciones fotográficas. O no son tan diversas. Lo que sea.
En estas estaba cuando, volviendo a casa en autobús una tarde, después de una caminata relajante, consultaba algunas cosas en Instagram en el teléfono móvil cuando me encontré una publicación de Photography of China. Era sobre la fotógrafa Peng Ke. Había alguna cosa que me interesaba en su fotografía, aunque sin definirme bien si la incluía o no en mis recomendaciones. Pero de lo que me di cuenta en ese momento es que llevaba mucho tiempo sin extraer recomendaciones de esas páginas destinadas a hablar de la fotografía en el gigante asiático. Comprobé que, por algún motivo, ya no es posible añadir la página de novedades de Photography of China al agregador de noticias, y no veía sus titulares.
No obstante, repasé algunas de sus últimas entradas, aquellas que habían publicado desde el año nuevo chino a esta parte. Me llamaron la atención las fotografías de Elle Thorbecke, creo que alemana, que pasó varios años de la década de los 30 en Pekín (literalmente, capital del norte), recogiendo un abundante archivo fotográfico de la vida en la actual capital china. En aquellos momentos, la capital de China era Nankín (literalmente, capital del sur). También, con un sentido histórico tenemos las fotografías de William A. Joseph, uno de los participantes de un grupo de intelectuales que buscaban la normalización de las relaciones entre China y Estados Unidos. Para ello visitaron el gigante asiático en 1972, donde realizó las fotografías que ilustraban la vida cotidiana en aquella época de la Revolución Cultural. Unas fotografías que transmitían una imagen optimista y feliz de la sociedad china. Ciertamente que lo peor de la Revolución Cultural había pasado… pero fue un lamentable periodo en la historia del país, en el que se cometieron demasiados desmanes y estupideces que retrasaron el progreso chino por completo.
Más contemporáneas, tenemos las fotografías de Birdy Chu (instagram) que recuerda la retrocesión de Hong Kong por parte del Reino Unido a la República Popular China. En 2022 se celebró el 25º aniversario del hecho. Un tiempo en el que la antigua colonia ha seguido evolucionando y sufriendo cambios. Con no poca incertidumbre. Es la mitad del tiempo que ha de transcurrir hasta que se acabe lo de «un país, dos sistemas» y quede totalmente integrada en la China continental. Y eso supondrá el final de los restos de democracia que quedan en la ciudad y su territorio circundante.
En un ámbito muy distinto, y mucho más íntimo, tenemos las fotografías de la pareja de fotógrafos Liu Ke y Huang Huang (instagram). Una pareja que se encontraron y decidieron que eran cada uno el espejo del otros. Viven y trabajan juntos. Y durante un par de años realizaron una serie de dípticos, cada día cada uno tomaba una foto del otro, quedando emparejadas, como símbolo de esa relación y de ese sentimiento de verse reflejado en el otro. Está bien, oye.
Por lo demás, algunas recomendaciones que proceden de mi suscripción a Photosnack. Estas… como las recibo directamente en el correo electrónico, no me las pierdos.
Me lo pasé bien contemplando las formas geométricas, y al mismo tiempo caprichosas, de los cristales de hielo en la nieve del fotógrafo Alexey Kljatov.
Dedicó una publicación a Flor Garduño, una excelente fotógrafa mejicana que explora las vida de los indígenas mejicanos.
Y en la línea de los muchos y buenos fotógrafos documentales italianos que han trabajado en las calles de sus ciudades, tenemos las fotografías del napolitano Francesco Verolino. Para el aficionado a este tipo de fotografía, quizá convendría que conociese el blog del fotógrafo… en italiano, eso sí. A mí no me viene mal, pero no sé al resto.
Solo 26 horas después de salir del cine, de ver la divertida y espléndida película de Guadagnino que comenté muy recientemente, volvíamos a las salas de cine para ver una película no menos estupenda. Incluso más estupenda. Pero dura, difícil, áspera, incómoda… y sin embargo, de la que no podíamos despegar los ojos de la pantalla y que me estoy planteando volver a ver. Porque hay mucho que ver, muchos detalles que importan, en esta política película de Alex Garland, para mí la mejor que he visto de este director con ventaja. Un director que hasta el momento consideraba que tenía unas ideas excelentes, pero que no siempre acertaba en convertirlas en narración e imágenes. Es más, lo consideraba sobrevalorado. Pero con esta película ya se ha redimido de pecados pasados. Ya veremos si sigue cometiendo pecados en un futuro, o se mantiene en el buen camino del genio cinematográfico.
En estos días, desde que vi la película, he visto muchas valoraciones en internet sobre la película, principalmente de comentaristas norteamericanos. Me llama la atención que muchos consideran que la película no es política, se aleja de la política. Fundamentalmente, porque el director con esta película bélica, no se pronuncia sobre quienes son los buenos y los malos, qué bando representa qué en la polarizada política de los Estados Unidos. Y sin embargo es una película muy política. Y como oí decir a uno de ellos, una película fundamentalmente muy cabreada. La visión de la guerra civil que asuela al gigante norteamericano en un futuro no muy lejano es en su mayor parte periférica. Son muy pocas las ocasiones en las que los protagonistas, cuatro periodistas, se meten en el fregado, antes del fin de fiesta final en el que ya la acción es dominante, aunque no lo más importante. No lo es en ningún momento. El viaje de estos cuatro periodistas de Nueva York hasta Washington D. C. por una larga ruta que les permite evitar las zonas de mayor riesgo nos muestra la degradación moral, social y ética que sufre una sociedad en un conflicto bélico. Y más en un conflicto civil, en el que tu enemigo es tu compañero de instituto. Y con él te ensañas. Desde el punto de vista político, la reflexión no es sobre qué valores son los preferidos, progresistas y conservadores, sino sobre las consecuencias de la ruptura y desaparición de los valores fundamentales que deberíamos considerar comunes; respeto, convivencia, diálogo, renuncia a la violencia. Pero muchos estadounidenses están más dedicados a criticar que una alianza entre California y Tejas sería imposible por su opuesta orientación ideológica. No han entendido nada. Obviamente Garland lo presenta así para indicar que eso no es lo importante.
Cuatro periodistas de tres generaciones. El más veterano que mira el retiro pero todavía se resiste a él (Stephen McKinley Henderson). Están los maduros y experimentados reporteros que han llegado a su plenitud con distinta evolución, uno pidiendo «guerra» (Wagner Moura), otra con desesperanza y dudas (Kirsten Dunst). Y la joven, casi amateur, inexperta pero entusiasta (Cailee Spaeny), que todavía no sabe cómo ha de actuar, cómo tiene que enfocar su trabajo. Es irónico, amargamente irónico, que solo sobrevivirán a esta aventura aquellos con más cinismo en su visión. Y una misión. Ser testigos y fotografiar la caída del presidente que está en el origen del conflicto (Nick Offerman).
Y varias secuencias muy significativas que van retratando las distintas formas de afrontar el conflicto. Pero con una secuencia pivotal, una que marca una antes y después en la película, una que resume todo lo que la guerra tiene de deshumanizador y de brutal. Con un soldado, cuya afiliación desconocemos, en una fosa común para civiles masacrados, magníficamente interpretado por un no acreditado Jesse Plemons, pero que desde ya debería ser candidato firme a una estatuilla dorada en marzo del año que viene, que representa todos esos valores corrompidos, destruidos, las consecuencias más brutales de la guerra. En la más firme toma de posición del director, que muestra que una cosa es que la definición de los bandos no sea lo importante, pero que está lejos de ser equidistante en la polarización actual de la política. No sólo la norteamericana. Y es que la equidistancia es uno de los grandes peligros hipócritas del análisis político y periodístico. Vale ser ecuánime, pero hay que tener claros que valores fundamentales no pueden dejar de defenderse, y de denunciarse cuando se encuentran en riesgo.
Interpretación de muy alto nivel, con especial nota para Dunst, que ya había mostrado en muchas ocasiones su valía, pero que también debería situarla en la carrera hacia los premios. Una joven Spaeny que habrá que seguir, lo que había hecho hasta ahora no me había interesado para atraerme a las salas de cine. Y un conjunto de intérpretes, todos los demás que todos están a excelente nivel. Ya he comentado lo de Plemons. En todas partes hablan de la presencia en el reparto de Sonoya Mizuno, que ha estado en todas las películas que ha dirigido Garland (incluso protagonizó un serie creada por él, que no me convenció en exceso), pero de verdad que su papel es un poquito más que un cameo. Un poquito más.
Mis expectativas sobre esta película no eran muy altas. Y lo cierto es que tenía la sensación de que iba a ser la eterna mirada al ombligo de los estadounidenses, que no me apetecía mucho, a priori. Pero afortunadamente me equivoqué, y afortunadamente nos sacudimos la pereza y, aprovechando la víspera del festivo entre semana, nos dirigimos a las salas de cine para verla. Es prácticamente imprescindible. Un película con demasiados valores cinematográficos y con una reflexión suficientemente profunda como para que haya que recomendarla con carácter general. Otra película que, si no es una obra maestra, se le aproxima bastante.
NOTA: Como aficionado a la fotografía, interesante las dos fotógrafas de la película. A la mayor (Dunst), con una cámara digital (una Sony, aunque esté la marca tapada con cinta aislante negra) y dos ópticas, un Leica de focal fija adaptado, probablemente un 35 mm, no me fijé bien, y un poderoso 70-200 f2.8, más que probablemente. Y la joven (Spaeny) con un la Nikon FE2 «de su padre», un objetivo que no pude identificar, pero cuyas fotos parecen propias de un 35 mm, unos cuantos rollos de película un blanco y negro, y algunos químicos y un tambor de revelado para ir revelando sobre la marcha. Y unas fotos en blanco y negro que se nos van mostrando y que al parecer fue haciendo la actriz con la cámara durante el rodaje. Estupendas.
Vamos con mi última ronda de k-dramas… o sea, dramas coreanos, cuando drama es un genérico que incluye también la comedia. He de decir que estaban un poco de bajón estas series. Y de hecho algunas de las que he empezado últimamente las he abandonado. Son cosas que pasan si a unas producciones que tienen no poco de guilty pleasures se une una falta de empatía absoluta con los personajes protagonistas. Como por ejemplo en esta producción de guapos protagonistas que tan buen resultado dieron en otras ocasiones, que está siendo muy bien recibida por la mayor parte del grupo, pero que a mí se me ha vuelto estomagante. Pero vamos con las que no.
Ghost doctor (en inglés en el original) es una serie de 2022 que se puede ver en Netflix, pero creo que sólo con subtítulos en inglés. Un antipático pero tremendamente hábil y eficaz cirujano cardiovascular y un simpático pero torpón residente de primer año, pero heredero de la empresa que gestiona el hospital, se tienen que aliar para desentrañar los misterios que rodean algunas muertes y accidentes en el entorno del hospital. Pero con la peculiaridad de que el hábil cirujano es víctima de «un accidente», acaba en coma y es su fantasma temporal el que colabora con el torpón residente que, casualmente, es capaz de ver fantasmas desde niño. Entre la comedia de las situaciones que se producen por las «posesiones» del fantasma, y otros fantasmas, y el drama de la conspiración para hacerse con el control del hospital y despojar a una rica heredera, y neurocirujana, e interés romántico el hábil cardiovascular, de su herencia. En general, muy animada y entretenida. Con dos peros. La neurocirujana, una actriz muy guapa, hace una interpretación en su 85 % aburridísima. Hay otro personaje femenino, la joven residente, interés romántico del torpón residente, que es bien maja y está absolutamente desaprovechada en la trama. Pero ya está.
He podido ver la segunda temporada de Sobangseo Yeop Gyeongchalseo (소방서 옆 경찰서, la comisaría próxima al parque de bomberos), conocida en inglés como The first responders y en español como Unidad de primera intervención. Este drama de acción (y romance) con bomberos y policías como protagonistas (y los forenses) me pareció muy entretenido en su primera temporada de 12 episodios, que quedaba con las tramas abiertas y cerraba con un cliffhanger. Por eso me apetecía ver la segunda temporada. Que va en la misma línea… pero baja de interés notablemente. Se centra mucho más en el personaje del policía, y la chica, la enfermera de los bomberos, pasa a ser un florero en el conjunto de la serie. Sigue siendo entretenida, pero por esos y otros motivos que no menciono para no destripar la trama, pierde bastante. Pero cerrada está.
Finalmente, en Amazon Prime Video he podido ver Gaseum-i ttwinda (가슴이 뛴다, mi corazón late) conocida en inglés como Heartbeat, y en castellano El latido de mi corazón. Dramedia romántica, con el romance entre una tristona enfermera escolar que vive solitaria y con apuros y un vampiro que estaba sumido en un sueño de 100 años con el fin de convertirse en humano y al que despierta un día antes de lo que corresponde. A partir de ahí, chascarrillos, romance, y los elementos que pondrán palos en las ruedas de la relación. En el reparto de secundarios, los «payasos», los «rivales amorosos», y el vampiro perverso como contrapartida a los vampiros buenos. Y como en casi toda serie sobrenatural coreana, una historia de reencarnaciones y de romances y rivalidades que se extiende desde cientos de años atrás. Empieza bien… pero va decayendo. Tiene el problema que la chica protagonista no acaba de estar cómoda en el papel, en lo que a mí me parece. Le falta expresividad en algunos momentos. Normalita. Entretenida, pero poco memorable.
Cuando hago fotografía estenopeica, que últimamente no es con frecuencia, siempre recuerdo una cita de Bernard Plossu que voy a citar de forma aproximada. No encuentro ahora la cita literal.
Una fotografía puede estar desenfocada. No importa. El corazón a veces también esta un poco desenfocado.
Me parece una cita magnífica. Muy en línea con una de mis canciones favoritas, el Desafinado de Antonio Carlos Jobim, en la que el magnífico cantante y compositor brasileño, sobre la letra de Newton Mendonça, nos recuerda…
Que no peito dos desafinados também bate um coração.
Estamos en el primer día de mayo. Y eso, desde el punto de vista de los aficionados al cine suele ser una mala noticia. Porque durante la primavera la cartelera suele estar bastante anodina. Puedes esperar que se anime con alguna película europea o de cinematografías asiáticas que no encuentre cabida en la distribución cuando las películas norteamericanas dominan el mercado, como sucedió la semana pasada, y como tal vez suceda en alguna otra ocasión antes del final de esta semana. Pero en general es una época de poco interés. Por ello, no esperaba grandes cosas de los estrenos procedentes de Hollywood en estas semanas. Pero nos estamos encontrando que podemos estar, gracias al festivo entre semana, en una semana gloriosa para nuestro grupito de aficionados al cine. Y vamos con el primer ejemplo de ello, dirigida por Luca Guadagnino, muy de moda en la última década. El palermitano no sólo está haciendo propuestas interesantes y muy bien hechas, sino que además está lanzando a intérpretes jóvenes hacia el estrellato con una gran visión a la hora de seleccionar sus protagonistas. Lo cual no quiere decir que todo lo que haga me interese… pero bueno, son cosas que pasan.
De hecho, cuando vi el trailer de la película que nos ocupa hoy, un trailer que muchos han alabado, la película no me atrajo. Todo indicaba que Guadagnino se había lanzado al cine más comercial, había fichado algunos jóvenes intérpretes en ascenso y cuerpos danone, y se había marcado el típico triángulo rectángulo, con una hipotenusa de muy buen ver tentando a dos jóvenes tenistas y comprometiendo la mutua amistad. Posible topicazo argumental con el tirón de ver en ropa interior, y quien sabe si sin ropa interior, a estos guapos protagonistas. Y algo de eso parece que hay, pero… hay muuuuuuuucho más en esta historia llena de sutileza, dobles significados, metáforas visuales, en la que cuesta menos de lo que parece darse cuenta que la hipotenusa (Zendaya), que lo hace muy muy bien, de Oscar, no es necesariamente el personaje más importante del film.
Recorriendo 13 años en la vida de tres tenistas que se conocen en la adolescencia, y con numerosos flashbacks, se va desarrollando ante nosotros una compleja interrelación de sentimientos y caracteres, donde no siempre los dos catetos (Josh O’Connor y Mike Faist) reconocen qué es lo que realmente les pone y les mueve. Pero dado que a ambos parecen gustarles las salchichas, los plátanos y los churros, el espectador mínimamente espabilado pronto se coscara de lo que realmente nos habla la película. Después de todo, por muy espectaculares que sean las secuencias de los partidos de tenis, y por muy bien que lo haga Zendaya, que lo hace de maravilla, ambos son macguffins de primer orden que mueven la historia de los dos jóvenes. Es algo más complejo que todo eso, no quiero en absoluto desmerecer el papel de la joven actriz, que nos deja con la boca abierta por muchos motivos, pero tengo un espacio limitado para dejar mi impresión sobre lo visto.
Dejando pues sentado que estamos ante unas excelentes interpretaciones, todos los aspectos artísticos y técnicos de la película, magistralmente dirigidos y orquestados por Guadagnino, una excelente montaje, una excelente fotografía, una potente banda sonora, un guion soberbio, hacen que lo que parecía un producto más de cine puramente comercial se acerque, gozosamente, a una obra maestra. Quizá no alcance ese estatus… pero se acerca mucho. Una desvergonzada y maestral película de cine comercial y con tirón que algunos pensábamos que ya no existía, dada la afición de Hollywood a las producciones formulaicas, prácticamente indistinguibles unas de otras. Bienvenido el huracán de viento fresco que aporta el director italiano al panorama cinematográfico actual. ¿Que si recomiendo esta película? Sinceramente, no sé qué narices hacéis sentados en el sofá de casa viendo tontería en la televisión. Sorprendentemente, en España ha tenido un estreno comercialmente muy discreto. Será que tenemos suficiente con las patochadas de la clase política nacional, que parecen escritas por Azcona y dirigidas por Berlanga desde el cielo de los amantes al cine.