Ya estamos en el mundo (a Zaragoza me refiero)

Expo 2008, Política y sociedad, Viajes

Uno de los objetivos de la Exposición Internacional de Zaragoza, declarado por los organizadores y asumido por la ciudadanía con razonable entusiasmo, es el de dar a conocer la ciudad al mundo. Zaragoza tiene más de dos mil años de existencia desde su fundación como colonia romana hacia el 24 a. de C., y siete u ocho siglos más si contamos las presencia íbera, que se concreto en la población Salduie.

Desde ese momento ha sido permanentemente una de las ciudades más importantes por su tamaño y su dinamismo económico de la península. No son pocas las grandes ciudades de aquella época que perdieron su esplendor de antaño. Sin embargo, es una ciudad muy poco conocida. Siendo el quinto municipio de España por población y una de las ciudades con mayor renta per capita, tradicionalmente ha ido transcurriendo sus días pasando relativamente desapercibida. No sé si esto es realmente malo, la mayor parte de las noticias que hacen famosas a las ciudades suelen ser negativas; pero a la gente del lugar no le gusta. Las poblaciones son como muchas personas; aspiran a tener fama y fortuna.

Pero para eso tenemos la Expo; para adquirir fama y fortuna. Y hoy me encuentro que ya estamos en el camino, porque me llega en mi lector de noticias un artículo de The New York Times, en su sección de viajes, en las que elogiosamente recomienda acercarse a estos lares. Así que lo que decía en el encabezamiento de esta entrada, ¡ya estamos en el mundo!

El artículo de The New York Times hace referencia incluso a la puesta en marcha de un servicio de «taxis» y «autobuses» fluviales. Desgraciadamente, el desacostumbrado elevado nivel del Río Ebro a su paso por Zaragoza ha impedido que el azud construido para permitir este servicio pueda actuar correctamente. Y ahí tenemos a los barquitos, parados en su embarcadero, esperando pacientemente a que deje de llover, y las aguas vuelvan a sus niveles habituales para las fechas que corren. Como podemos ver en las fotos siguientes.

Azud

Paseando sobre el azud

Embarcadero

(Todas las fotografías: Pentax K10D; SMC-DA 40/2,8;
última imagen: composición de tres fotogramas)

Hoy no hay noticias del sábado, hoy toca planificar vacaciones. Polonia

Viajes

Pues eso. Que este año toca ir a Polonia. Ya tenemos el vuelo reservado. Saldremos el día 30 de junio y volveremos el 12 de julio.

Algunos destinos en Polonia: Varsovia, Gdansk, Malbork, Poznan, Wroclaw, Cracovia, Auschwitz, Wieliczka,… en fin… lo habitual. Probablemente nos moveremos en tren. Las distancias son grandes y los promedios por carretera son bajos. Nos perderemos alguna parada intermedia con posible interés, pero viajaremos más relajado y podremos dedicar más atención a los destinos anteriores.

De momento, me conformaré con seguir enseñando fotos de mi último viaje por Trieste.

Calles y nubes

(Pentax K10D; SMC-A 50/2)

Obituario… ¿Obituario? Se ha muerto el diseñador de las cajas de las Pringles

Fotografía personal, Humor, Viajes

Lo leí ayer en WTF? Microsiervos. A la avanzada edad de 90 años, falleció el Dr. Frederic J. Baur. Dice… y este señor, ¿quié es? Pues el diseñador de las cajas tubulares de las patatas fritas Pringles. Ya sabéis… cuando haces ¡pop! ya no hay stop. Y vosotros diréis, ¿y a nosotros qué? Pues que el buen señor decidió, entre sus últimas voluntades, ser incinerado. Y que las cenizas las guardasen en una de sus patentadas cajitas en forma de tubo. Supongo que del tamaño grande. Aunque desconozco el volumen de cenizas que saldrán de su exánime cadáver. Esto es compromiso con el trabajo, y los demás son tonterías.

Por cierto, que sepáis que comer patatas fritas de este tipo es diéteticamente malísimo. Es casi todo grasa y sal. Sólo de vez en cuando aparece alguna molécula del almidón de la patata para dar forma.

Hablando de cosas más alegres, suponiendo que lo de antes os haya puesto tristes de alguna forma, he terminado de revelar las fotografías de mi escapada italiana, que podéis encontra en la colección Trieste – Venecia 2008, en Flickr.

Así que sin más, os pongo una imagen de esta colección, una bonita plaza veneciana con iluminación nocturna.

Noche veneciana

(Pentax K10D; SMC-DA 21/3,2)

Por fin (relativamente) solo

Viajes

Aquellos que sigáis con cierta asiduidad este Cuaderno de ruta, sabréis que hace unos días viajé a Italia por trabajo, y me tomé un par de días libres para visitar la ciudad de Venecia. Venecia es muy bonita, pero uno de los problemas que tiene es que está llena de gente. De turistas. En algunos momentos, en algunos lugares, me llegó a resultar agobiante. Lo cual no es bueno cuando lo que te apetecete es relajarte un poco.

Así que en algún momento decidí huir un poco, y siendo ya por la tarde cogí el vaporetto a las islas de Murano y Burano. En Murano aún encontré cierto lío de gente, pero en Burano y, sobretodo, en el vaporetto de vuelta a Venecia, encontré la calma que me apetecía. Y se refleja en el aspecto de las fotografías de esa hora de la tarde, entre las siete y media y las ocho y media, en que realicé la travesía. Os dejo unas fotos, al atardecer en la Laguna Veneta.

Abandonando Burano

Última parada antes de salir de Burano.

Solitario vaporetto

Solo en la cubierta, los pocos viajeros que me
acompañaban iban sentados en el interior.

Puesta de sol entre las nubes en la Laguna Veneta

Intensos colores en la puesta de sol.

Cabina del vaporetto

Pareciera que hasta el piloto está ausente.

Amarras del vaporetto

Todavía se adivina lejos la ciudad de Venecia.

Faro

Última parada antes de Venecia, el Faro de Murano.

(Todas las imagenes: Pentax K10D con
SMC-DA 21/3,2, SMC-A 50/2, SMC-A 100/4 Macro)

Último día y medio en Venecia y vuelta a la dura realidad

Viajes

En el segundo día de mi estancia en Venecia, me armo de valor, pienso en que no queda más remedio, y me encamino a la plaza de San Marcos, donde si de algo estoy seguro es de que estará hasta arriba de gente. En un momento dado me planteo que la única forma de apreciar los detalles de los monumentos es fijándome en los dibujos que alguna artista confundida entre la multitud hace.

Pero bueno, en una mañana con nubes y claros, uno se arma de paciencia y buen humor, y va viendo los distintos hitos de la plaza. Uno de los momentos mejores es subir al Campanile, por la bella vista que se aprecia desde lo alto, que dará lugar a bonitas panorámicas,… cuando encuentre un rato para revelarlas.

Después de visitar la plaza, otra obligación, la de visitar el palacio ducal. Siempre me ha llamado la atención esa costumbre que tienen los turistas de tirar monedas a los pozos. Aunque estén tapados por una rejilla y no caigan al agua. Un poco absurdo. Pero mejor nos centramos en la visita, con las bellas estancias del gobierno de la antigua República de Venecia, y las vistas hacia la Catedral. A la salida, como es de rigor, foto de las góndolas en primer término, con vistas de San Giorgio Maggiore.

Tras la visita a los monumentos principales, decido alejarme del follón de las multitudes y tras comer en una cuca trattoria poco frecuentada por turistas, me dedico a callejear en dirección a San Zanipolo, entre Largos con sus puestos de venta, recoletos rincones entre los canales, con lluvia incluida, y alguna sorpresa en la rotulación de las calles. Y no, los venecianos no rotulan sus calles en español. Pero en su dialecto particular, no llaman a sus callejones vías, sino calles, como en estos lares.

Finalmente, visita a San Zanipolo (o de forma más precisa San Giovanni y San Paolo), último hito callejero antes de dirigirme a la Fundamenta Nuove con el fin de embarcarme en un vaporetto para visitar algunas islas en la Laguna Veneta.

En una tarde, nublada, con chubasquillos suaves de vez en cuando, me dirijo a Murano, donde paseo entre las factorías de vídriro y las múltiples tiendas con productos… de diverso gusto… unos monos y otros no. En cualquier caso, aprovecho para comprar algún detalle.

Vuelvo a embarcarme, esta vez con destino a Burano, con sus casitas pintadas de vivo colores, que resaltan con el suave sol del atardecer, una vez desaparecidas las nubes que han incordiado buena parte del día. Parece que a estas horas los turistas se han ido, y la isla está tranquila. En la terraza de algún bar, unos ancianos del lugar, entonan canciones tradicionales, especialmente motivados por los vinos del lugar,… o de algún otro lugar. Eso sí, producen el arrobamiento de un par de turistas americanos que siente que por fin han dado con la quintaesencia del ser italiano o veneciano. Pues bueno,… si eso les hace felices. En cualquier caso, la escena es divertida. Especialmente cuando uno de los ancianos, todavía más motivado por el vino o la cerveza, comienza a declarar su amor por la californiana de mediana edad, que no acaba de pescar el exacto significado de los «i love you».

Vuelta con el vaporetto a la ciudad, lo que permite disfrutar del atardecer en la Laguna Veneta en todo su esplendor. Está muy bien.

Después de cenar algo, con la noche ya cerrada, me acerco al Puente de Rialto, hasta ahora ignorado. Será la última visita del día, al mismo tiempo que la primera visita del día siguiente. Es el último día, y tengo tres horas para dar una vuelta antes de coger el vaporetto en dirección al aeropuerto.

Tras la visita al Puente de Rialto, vuelta a callejear que es lo más divertido de la ciudad. Unas máscaras, alguna bonita iglesia de fachadas de marmol blanco, nuevos rincones recoletos entre los canales.

Finalmente, llego no sin problemas, tras perderme un par de veces en el laberinto de callejuelas y canalillos, al Arsenal, donde hago las últimas fotos en plan turístico.

Para el aeropuerto cojo el vaporetto rápido, más caro, pero que me permitirá comer algo antes de meterme en la maraña de facturaciones, control de pasaporte y embarque que suelen ser los aeropuertos italianos. Sólo vamos dos pasajeros en el vaporetto, aparte del piloto, un asiático y yo. El asiático va preocupado por los botes que da el vaporetto, más rápido que los habituales, al cruzar las olas que provocan en la laguna las otras embarcaciones. Yo voy preocupado porque en los 40 minutos que dura la travesía, el piloto va más preocupado de hablar por el telefonino que de pilotar el barco. Pero al final, llegamos con bien.

Y aquí acaba la historia. Una escapada tranquila, casi relajada (salvo por las multitudes en algún momento), que ha merecido, y que ha sido reflejada con mi Pentax K10, con SMC-DA 21/3,2, SMC-A 50/2 y SMC-A 100/4 Macro, con el apoyo de mi Fujifilm Finepix F10.

Todas las entradas de este viaje, se han reunido en un artículo único en mi página De viaje con la cámara al hombro.

Venecia con buen tiempo, muchos turistas… pero da igual

Viajes

Finalmente, fuera trabajo y bienvenidas unas mini-vacaciones de dos días. Y aprovechando que el Adriático pasa por Trieste, me vengo a Venecia a pasear un poco. De momento, no va mal. El hotel es aceptable. Está bien arreglado, es caro como todos en esta ciudad, y tiene vistas a un canal. Vamos que como haya una acqua alta, me ahogo porque me entra el agua del canal.

En fin, ya se sabe que esta ciudad va de canales, góndolas y palacios en las orillas de los canales, y a los que se llega con las góndolas. O con lo que se quiera que navegue. Y puestos a navegar, en cualquiera de los innumerables vaporettos que surcan arriba y abajo el gran canal. En eso consiste el turismo en Venecia. Y tener cuidado de no caerse al canal, claro.

Lo de los palacios me impresiona mucho. Sí, por bonitos también. Pero ahora no estaba pensando en eso. Estaba en que no ganarán para pintura. Por que con esta humedad, no habrá techo que no se desconche. Pero bueno. Son bonitos. Y es la gracia de los canales. Porque si en vez de palacios hubiera chabolas, ya veríamos quien venía de visita a ver esta ciudad.

También hay un considerable número de museos. Ayer visité dos. La Gallería dell’Academia, que no está nada mal, y la siempre cuca Fundación Peggy Guggenheim. Claro que Miss Peggy debía ser una cochina,… porque vaya obscenidad de esculturas que se compraba.

La puesta de sol me ha pillado paseando por las orillas del Canal de la Giudecca. Todas las fachadas iluminadas por un sol que no ha aguantado mucho, porque unos nubarrones lo han ocultado prematuramente. De momento, sin mayores consecuencias.

Así que me he ido hacia el Campo Santa Margherita, donde me he tomado tranquilamente un spritz, y después me he ido a cenar. Antes de irse al hotel un paseíto. El primer paso por la Piazza de San Marco, donde pequeños grupos de músicos actuaban como reclamo para las carísimas terrazas de la plaza.

Y esto es todo por ahora. Probablemente, el resto de la estancia en Venecia os la cuente ya llegado a Zaragoza. Hasta la próxima.

Por fin Trieste con sol

Viajes

Ayer, por fin salió el sol en Trieste. Con lo que la cara de la ciudad méjoro notablemente. La mañana la pasamos en nuestras reuniones de trabajo. Pero aun encontramos un momento para hacernos una fotillo los que íbamos desde Aragón con el simpático Marco. No el que fue a buscar a su mamá; otro mucho más divertido.

Elemento importante a considerar en nuestra estancia, la trattoria en la que medio por azar medio por propia voluntad, hemos ido a cenar sistemáticamente todas las nochas, haciéndonos buenos amigos del tipo que la lleva, y que nos ha ofrecido unas insalatas, unos risottos, una pasta, y unos pesci fritti o al griglio, absolutamente excelentes.

Por supuesto, como vengo diciendo desde hace años, si en una ciudad hay tranvías, esa ciudad me suele gustar. Y Trieste, pasado los primeros grises y húmedos momentos, me ha resultado una ciudad destartalada pero agradable. Y tan competente como cualquier otra ciudad italiana a la hora de ofrecer sus salumerie con sus quesos, sus pastas, sus setas, sus… mmmmmmm, que bueno.

El lugar más emblemático es la Piazza della Unitá d’Italia, con edificios magníficos como el antiguo palacio del gobierno de Trieste. Esta ciudad fue un estado independiente durante siete u ocho años tras la Segunda Guerra Mundial. También conviene acercarse del mar a la hora del atardecer, ya que el ambiente es magnífico.

Por el interior de la ciudad, encontraréis otras atracciones; sencillas pero coquetas, como el teatro romano. Cuestión de darse un paseo, sin muchas prisas, y disfrutando.

Ahora he llegado ya a Venecia, donde todo será muy bonito, pero lleno de gente y de follón. En fin. Ya os contaré. Ahora saldré a comer algo y a dar un laaaaaaaargo paseo hasta la noche.

Estoy en Trieste, trabajando (o reunido, vamos) y llueve… mucho

Viajes

Pues eso, que ayer salí de Zaragoza en dirección a Trieste. Hasta hoy no he podido informar de la cuestión, pero bueno aquí estoy. Como el tiempo es malo, y me he pegado casi todo el día reunido, pocas fotos hay. Pero algo es algo y menos es nada.

Salí de Madrid, de la temida T4, que no resultó para tanto. Es grande. Y todo está lejos. Pero por lo demás, despejada y con poco follón.

En Venecia, notas el caos al que tienden los italianos, pero como llegamos puntuales y el transporte en autobús a Mestre fue bien, a la hora prevista estaba en la bulliciosa estación de esta ciudad satélite de Venecia para coger el tren hacia Trieste. Como de costumbre, los trenes italianos tienen ese aspecto cutre indefinible, pero hay muchos, y no van mal… para ser regionales.

Desde que llegué a Trieste, el tiempo ha estado muy nublado y hoy ha llovido todo el día. Ayer lunes, por la noche aún me dio para tomar alguna toma nocturna de la Piazza dell’Unitá d’Italia.

Hoy, todo el día reunido. El entorno del lugar donde nos encontramos, perteneciente a la administración pública de salud del lugar, es muy agradable, pero tan apenas me ha dado tiempo a tomar ninguna imagen. Y además, no sé si lo he dicho, todo el día lloviendo. A ver si mañana os puedo contar algo más.

Día internacional de los museos, la tetera de Russell y me voy a Italia

Ciencia, Política y sociedad, Viajes

Proclaman hoy en las radios que es el Día Internacional de los Museos. Por ello, organizan actividades especiales y se entra gratis o a precio reducido. Me ha producido cierta amargura esta noticia. Recuerdo que en 1990, año en el que viví en Madrid, cualquier ciudadano de la Comunidad Europea (todavía no se llamaba Unión Europea entonces) entraba a los museos públicos españoles gratis en cualquier momento simplemente mostrando el DNI o el pasaporte. Cualquier día era el Día de los Museos. Pero llegaron los burócratas de Bruselas y decidieron que eso no podía ser. Que qué tontería lo de la cultura. Que toda actividad económica tenía que ganarse la vida por si misma, sin subvenciones, y que había que cobrar. Es el problema. No hemos superado todavía la Europa de los Mercaderes. No hemos sido capaces de avanzar hacia la Europa del Ciudadano, de las Culturas, de las Ausencia de Fronteras, de…

En otro orden de cosas, un amigo me manda una nota sobre la Tetera de Russell. Russell es Bertrand Russell, uno de esos filósofos de los que muchos hablan pero a los que casi nadie lee. Os pongo un párrafo que muestra la idea.

Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se la enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se la instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara ameritaría la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores.

Bertrand Russell

Hoy día se han propuesto analogías similares para luchar contra la superstición en tono divertido, como el Unicornio Rosa Invisible o el Monstruo Volador de Espagueti. Yo soy especialmente adepto a este último. Aunque siempre me provoca cierta tristeza que en la sociedad actual se encuentre en desventaja quien utiliza la razón y la experimentación para adquirir conocimiento, frente a quien transmite creencias basadas en supersticiones, en mitos, en… nada.

Pero nadie me va a amargar el día. Porque mañana salgo de viaje hacia Italia. Que a pesar de su deriva política, sigue siendo un país bellísimo. Estaré seis días. La mitad de ellos tengo una reunión de trabajo. En Trieste. La otra mitad, aprovecharé para darme unos paseos por Venecia. Si no se hunde mientras tanto, claro. Os dejo una foto de la ciudad ducal.

(Pentax P30N; Sigma 28-70/3,5-4,5)

Un día libre en Barcelona

Viajes

Ayer lunes. Decidí tomarme un día libre e ir a visitar a algunos amigos a Barcelona. Hay que aprovechar el AVE, ya que lo han puesto. Es cómodo. Saqué billete para las 8:55 de la mañana, que tampoco es cosa de madrugar si no se va a trabajar. Dos horas más tarde, estaba cogiendo el metro en la estación de va a trabajar. Dos horas más tarde estaba cogiendo el metro en la estación de Sants. Quedamos pronto, antes de lo que yo pensaba. Problemas de agenda. En petit comité. No como sucede periódicamente, que quedamos un grupo a comer. Primero fui de compras. Un complemento para mi laboratorio fotográfico digital.

Habíamos quedado al final de la Diagonal. Como yo no los conocía, nos dimos un garbeo por los encants. Muy animados, pero no me parecieron nada del otro mundo. Un mercadillo donde se venden más zarrios que otra cosa. Pero terminamos de pasar la mañana. Hacía bueno.

Vendemos el tiempo

Comimos un picoteo. Un bocata. Apetecía más charlar mientras paseábamos. No sé como salió el tema, pero comenté que hacía siglos que no estaba en la Sagrada Familia. Así que fuimos. Apoquinamos los ocho euros que cuesta entrar a verla. Y lo que ves es un sitio en obras… dicen que es la gracia. Es un monumento que siempre me ha producido sensaciones contrapuestas. Hay cosas que me gustan, pero otras no. La verdad es que la arquitectura de Gaudí no siempre me gusta. Algunas de sus obras me cargan un poco. Prefiero la arquitectura de líneas más sencillas o austeras.

Pináculos

Habíamos hecho idea de ir a pasear luego por el Parque Güell, pero a alguien se le cruzó una llamada imprevista en el móvil. Eran las cinco de la tarde y había que despedirse. Yo tenía billete para las 21:00 horas. Pero como se había nublado y la luz era muy pocha decidí acortar la estancia. Lo importante era charrar un rato y llevábamos más de cuatro horas dándole. Objetivo cumplido. Me fui a la estación y cambié el billete. A las ocho y cuarto estaba en casa. Cansado y un poco melancólico. Es lo que pasa, cuando ves que el tiempo también pasa.

(Todas las fotos: Pentax K10D; SMC-DA 21/3,2 y SMC-A 50/2)

Shackleton y los náufragos del Endurance en la Lonja de Zaragoza

Ciencia, Fotografía, Viajes

Hoy he tenido la oportunidad de visitar la exposición Atrapados en el hielo en el que se relata la odisea de la Expedición Imperial Trans-antártica. La expedición, que partió el 1 de agosto de 1914 de Inglaterra, consistía en dos barcos, el Endurance y el Aurora. El Aurora era un barco de apoyo. El barco principal era el Endurance, en el que viajaba el líder de la expedición Ernest Shackleton, cuyo propósito era atravesar el continente antártico. Ambas tripulaciones sufrieron sendas odiseas, pero la que aquí nos interesa es la del Endurance.

¿Por qué la expedición del Endurance se hizo especialmente famosa? Entre otros motivos, por que el aguerrido australiano Frank Hurley, fotógrafo oficial de la expedición, frente a todas las adversidades, consiguió salvar numerosos negativos, copias y diapositivas en color de los avatares de la expedición. Estas fotografías son la base de la exposición, aunque hay otros elemntos audiovisuales, interactivos o explicativos que la complementan.

No vamos aquí a relatar los pormenores de la expedición. Diremos solamente que el Endurance quedó atrapado en un mar de hielo del que no pudo salir, que cuando naufragó dejando sin refugio a los expedicionarios estos trataron de regresar hacia el norte para ser rescatados, y que finalmente lo consiguieron. Ninguno murió, aunque la salud de varios quedó gravemente tocada. En total, estuvieron casi dos años, con dos inviernos antárticos casi completos en la región antártica. Una auténtica proeza. Aunque los objetivos de la expedición fracasaron casi por completo.

Si estáis por Zaragoza, la tenéis abierta hasta el 4 de mayo. No os la perdáis. Personalmente, creo que iré más de una vez a visitarla. En la imagen, la fila que había esta mañana de domingo para entrar.

Shackleton en la Lonja

 

(Canon EOS D60; EF 28/2,8 USM)

Camden Market se quema

Viajes

Fachada en Camden Town

Casi seguro que el mercadillo más famoso de Londres para mucha gente es el de Portobello Road, en el distrito de Notting Hill, dentro de los límites del Royal Borough of Kensington and Chelsea. Incluso una mala película, presuntamente una comedia romántica, contribuyó a aumentar más su fama fuera del Reino Unido. Pero a mí, desde hace muchos años, los que más me gustan son los de Camden Town.

Son varios los mercados y mercadillos callejeros que encontramos, siendo el más importante el de Camden Lock, pero hay otros, cada uno con su interés. El sitio es muy llamativo. Situado al lado del Regent’s Canal, muchas de las casas en las alrededores tienen las casas llamativamente

decoradas. Es un sitio estupendo para pasear. La mayor animación se produce los domingos, y conviene madrugar para no

encontrar demasiado follón ni el metro ni el propio mercado.

Asomados al Canal

Pues bien, ayer comenzó un incendio y parece que ha afectado a buena parte de Camden Lock Market. Así que hoy me siento un poco triste, y por eso estoy dedicando esta entrada a este estupendo lugar, en vez de dedicarla a la película que vi ayer. Consuela saber que los laboriosos londinense no tardarán mucho en volver a ponerlo en marcha. Incluso mejorado. Espero. Pero que no le quiten su saborcillo. Os pongo unas fotos, tomadas en un domingo de principios de septiembre de 2004. Están tomadas con mi ya difunta, pero fiel mientras vivió, Canon Ixus 400. No sé yo si no tendría que volver a las Ixus… aunque mi Finepix F10 no va nada mal… Bueno, las fotos, para que os hagáis una idea de lo que hay.

Esclusas en Regent's Canal

Interior de Camden Lock