[Cine] Godzilla Minus One (2023)

Cine

Gojira -1.0 [ゴジラ-1.0] (2023; 69/20231221)

Como en los días de final de año, con los días de fiesta y la abundancia de estrenos y tal, siempre se acumulan las películas para comentar, pensaba hacer una entrada doble. Pero tras ver esta película de Takashi Yamazaki, algo que no estaba en mis planes ni de lejos, he considerado que se merece una entrada en solitario para destacar… sus virtudes… y los defectos de la industria del cine norteamericana. No soy nada original. Mucha gente lo está haciendo en estos momentos. Especialmente cuando se hacen cuentas. Esta película ha costado, según nos dicen, algo menos de 15 millones de dólares. Desconozco lo que habrá costado su promoción… pero teniendo en cuenta que no ha habido anuncios en las marquesinas, que ha llegado sin versiones dobladas al castellano o a otros idiomas, y que su éxito está dependiendo del boca-oído en redes sociales más que otras cosas, no mucho. Las superproducciones de Hollywood… El Godzilla de 2014, hace diez años, habría que corregir por la inflación, costó 160 millones de dólares, más de diez veces más, con unos costes de promoción y distribución de 100 millones de dólares… La vi en vídeo, en televisión, apenas la recuerdo… y tal. En los agregadores de crítica cinematográfica, la película actual, japonesa, entre 10 y 15 veces más barata, concita un 98 % de acuerdo críticas muy positivas (8,4/10 de puntuación). La producción norteamericana alcanza un 76 % de críticas positivas (6,7/10 de puntuación). Entendéis por donde quiero ir, ¿verdad?

Mis fotografía realizadas con película en blanco y negro en Tokio me vienen muy bien para ilustrar esta entrada que transcurre en gran medida en la capital nipona.

La historia es la clásica del kaijū es la clásica. Como consecuencia de los ensayos atómicos norteamericanos en el atolón de Bikini en 1946, aparece un enorme monstruo indestructible y radioactivo que siembra la destrucción por donde pasa, y llega hasta Tokio donde se arma la de San Quintín. Nada parece pararlo, ante la pasividad y la ineptitud de los victoriosos en la guerra, los Estados Unidos, más preocupados, y de un gobierno japonés… que no merece la confianza de sus ciudadanos, tremendamente decepcionados tras la derrota en una guerra sin sentido, donde realizaron numerosos sacrificios. Pero una iniciativa ciudadana, desesperada, imperfecta, pero entusiasta… ¿conseguirá parar al kaijū?

Eso sí… el minus one del título, el -1.0 en el original viene de que hay un prólogo en la historia, que guía la peripecia de los personajes humanos protagonistas. La primera aparición del muestro es durante la guerra, poco antes de terminar, cuando aparece, más pequeño, en una isla donde existe un aeródromo militar japonés, y donde aterriza Shikishima (Ryunosuke Kamiki) un piloto kamikaze que ha fingido una avería en su avión para no cumplir su misión suicida. El, y el jefe de mecánicos, Tachibana (Munetaka Aoki), sobreviven al ataque del monstruo. Pero quedan traumatizados por el evento, y no consiguen superar sus miedos y sus traumas. Shikishima vuelve a Tokio, donde encuentra su casa destruida y sus padres muertos, y en la chabola que monta se refugia con una joven que ha quedado huérfana, Noriko (Minami Hamabe), y que ha recogido a una bebé, Akiko (Sae Nagatani), también huérfana, formando una curiosa familia informal. Shikishima encontrará un trabajo en los dragaminas que limpian las costas japonesas,… donde se encontrará de nuevo a Gojira, nombre original del monstruo que en los países occidentales llaman Godzilla. Un portmanteau de las palabras gorira [ゴリラ, gorila] y kujira [鯨, ballena], una nombre destinado a denominar a una monstruo muy grande y muy fuerte.

Vayamos por partes, como dijo Jack el destripador. La realización de Yamazaki es absolutamente superlativa. De su magro presupuesto, dado que es una película con un monstruo espectacular, saca oro. Visualmente es perfecta. Basándose en un uso magistral de la cámara y de las lentes, y con la fenomenal fotografía de Kōzō Sibasaki, consigue generar un realismo, una verosimilitud de sus imágenes, que contrasta enormemente con el aspecto irreal, con colores muy alterados, del cine norteamericano, que muchas veces resalta el hecho de que son imágenes generadas por computadora, en lugar de dar de impresión de autenticidad. El rodaje es en digital, pero consigue que la textura de la imagen semeje en gran medida la de la película cinematográfica, con su grano y sus imperfecciones que dan vida a la imagen. La ficción de acción fantástica, superheroica, monstruosa y demás en los EE.UU. acaba pareciendo que actores de carne y hueso se mueven en un escenario de animación más o menos realista, pero de animación. Entre Yamazaki y Sibasaki nos transportan al ambiente del Japón de posguerra. De ruina y decadencia. La película podría estar rodada en blanco y negro y ser también perfecta. De hecho, parece que van a estrenar una versión en blanco y negro, Godzilla Minus One/Minus Color. Creo que me apetecería verla.

Yamazaki se inspira también en la tradición del cine japonés, especialmente los excelentes directores de la posguerra que conseguían hacer películas estupendas con presupuestos ridículos. Los encuadres, los interiores, las vistas de las ciudades destruidas… todo ello tiene sabor a aquel cine. El hecho de que la protagonista femenina se llame Noriko no deja de transportarnos al cine de Yasujirō Ozu y su Trilogía de Noriko, las tres películas en las que Setsuko Hara hizo papeles protagonistas en los que se llamaba Noriko. Personajes distintos, con el mismo nombre, independientes entre sí, que representaban una mujer japonesa en la posguerra mundial que debía rehacerse a sí misma. Compasiva, amable, dedicada, pero buscando un nuevo papel en la sociedad, intentando superar los lastres de las tradiciones del país, pero sin romper con los valores positivos. La Noriko de Yamazaki, con pocos trazos, pero con decisión, marca su voluntad y su decisión, bondadosa, adopta a una huérfana, cuando ella misma es una joven apenas salida de la adolescencia, también huérfana, dispuesta a robar y lo que haga falta para sobrevivir, pero trazando una línea clara en lo que se refiere a venderse a sí misma, y dispuesta a sobrevivir.

Como contrapartida el héroe es una antihéroe. Caído en el deshonor por no haber cumplido con su deber de kamikaze, sumado al terror que lo invadió y lo paralizó en la primera aparición del monstruo, es un joven para quien la guerra no ha concluido. Es el paradigma del ciudadano utilizado por el estado totalitario en una guerra absurda, un estado que no valora la vida de sus ciudadanos, ni los protege, como establece con claridad otro personaje de la película. Porque la película es claramente antibelicista, pero salvando la dignidad del sufrido pueblo japonés, víctima de su propia cultura y tradiciones. En la película original, el monstruo era metáfora de dos elementos que marcaron la posguerra; el terror radioactivo, el terror a la bomba atómica, a la destrucción última y perversa, y el despertar de ese monstruo que les ha vencido y les ha invadido, los Estados Unidos, un monstruo que ha despertado y que amenaza el mundo. En la película actual, las metáforas se han modificado, pero su significado profundo es muy potente y actual. Y en esto se diferencia también enormemente de las películas norteamericanas del mismo género. Aquí, Godzilla es una macguffin para el avance y el crecimiento de los seres humanos y su comunidad, que son los que realmente importan, frente a la indiferencia de los propios gobiernos que debieran protegerlos. Todo ello impulsado también por unas interpretaciones sentidas y bien adaptadas a lo que se les pide. Sentimos la empatía, y la simpatía, hacia estos personajes que están dispuestos al sacrificio pero que, frente a la viciosa retórica del Japón de la guerra, quieren vivir, tienen que vivir, como una obligación autoimpuesta y delegada por los que murieron en la guerra.

Esta es una de las mejores películas de este 2023 que se termina. Para mi sorpresa y la de muchos. Y no debiera serlo. Porque hace tiempo que algunos sabemos que, entre la mucha morralla que realizan para consumo propio y que de vez en cuando nos llega, en Japón se siguen haciendo verdaderas obras maestras como hemos podido comprobar en los últimos años. Arriesgaos e id a verla. Sin prejuicios, sin apriorismos. Igual quedáis igual de gratamente sorprendidos como he quedado yo. Y los que me acompañaban. Y las personas que había en la sala, en una tarde-noche gélida, en la que sólo apetecía quedarse en casa, y allí estábamos.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Im Westen nichts Neues (2022)

Cine

Im Westen nichts Neues (2022; 50/20221018)

En 2006 vi en mi aparato de televisión la película de 1930, dirigida por Lewis Milestone, All quiet on the Western Front. No suelo hacer reseñas en este Cuaderno de ruta de películas que no sean de estreno. Pero tanto me impresionó, que hice un breve comentario. No era la primera vez que la veía, de eso estoy seguro. Pero sí que había pasado mucho tiempo desde la vez o veces anteriores, quizá un par de décadas. Y la visión del mundo que te da la edad, mi mayor experiencia y conocimiento sobre el medio cinematográfico, y algunos elementos relacionados con ese momento de mi vida, hicieron que la apreciase de otro modo. La apreciase más y mejor. También había leído el libro de Erich Maria Remarque en el que se basa muchos años antes. Y lo volvía a leer en agosto de 2008, también con otros ojos y otra mentalidad, pasando a formar parte desde ese momento de mis imprescindibles en la biblioteca.

Así que, cuando me enteré que desde Alemania volvían a revisitar el texto de Remarque en una nueva adaptación al cine, me entró mucho interés. Es cierto que cuando supe que venía impulsada por Netflix se me enfriaron los ánimos, porque en materia de largometrajes, la plataforma en línea da muchas de arena por cada una de cal. En cualquier caso, dado que ha tenido un estreno limitado en cines para poder optar a determinados premios, decidimos que era película para verla en pantalla grande, y la vimos la semana pasada, antes de que este próximo viernes esté a disposición de todos los abonados a la plataforma. Veamos pues qué tal la nueva versión de esta historia, ya universal, dirigida en esta ocasión por Edward Berger.

Originalmente, Remarque nos contó la historia del soldado alemán de la Primera Guerra Mundial Paul Bäumer (Felix Kammerer), homenaje al as de la aviación del mismo nombre en el mismo conflicto, que se presenta voluntario para el frente al principio de la guerra, siendo partícipe de la misma durante toda su extensión. La película de Berger presenta algunas diferencias, algunas de ellas notables. La primera es que Bäumer se alista a principios de 1917, con la guerra muy avanzada. Se nos presentan algunas acciones tras llegar al frente occidental, y luego hay una elipsis que nos traslada a finales de octubre de 2018, a muy pocas semanas del alto el fuego y el armisticio. La segunda es que, en paralelo a la peripecia de Bäumer, se nos cuenta la de Matthias Erzberger (Daniel Brühl), representante del reich alemán que firmó el armisticio en Compiegne que dio lugar al final de las hostilidades. Este episodio no aparece en la novela de Remarque.

Dos cosas tenía claras cuando salimos de la sala de cine, en la que sólo estuvimos cuatro personas, nosotros dos y dos personas aisladas más. La primera es que la realización del película y las interpretaciones son de primer orden, pudiendo equipararse a las superproducciones norteamericanas bélicas de las últimas décadas, aunque probablemente con bastante menos presupuesto, aunque no falta esfuerzo de producción en el filme. Además la película avanza con ritmo manteniendo el interés del espectador, el guion es bueno. La segunda es que no tenía nada claro si la película era realmente fiel a la obra de Remarque o no. Y ahora no me refiero a la cuestión argumental, ya he señalado las principales diferencias, sino a su espíritu.

Tras casi una semana de reflexión, he llegado a la conclusión de que esta última cuestión me da igual. Remarque, en su novela, insistía en que no quería hacer una obra política, que lo único que buscaba era que el lector alcanzase la comprensión sobre la vivencia del soldado en el frente. Claro… esto en sí mismo es un acto político. Si alcanzamos la comprensión de lo que es la vivencia de los soldados en el frente, el terror, la lucha por la supervivencia, la perversa «lógica» de las decisiones militares, el absoluto desafuero que supuso la guerra de trincheras en aquellos miserables años, necesariamente estamos adoptando una postura antibélica. Quizá Remarque no quería hacer política, o quizá no quería cabrear (demasiado) a los sectores conservadores de la sociedad alemana (su novela fue denostada y condenada por Hitler, y su lectura fue prohibida en mucho ejércitos de distintos países). No es esa la intención de Berger, que si toma una postura clara desde el principio contraria no sólo a la guerra y los ejércitos, sino también a la actitud del militarismo prusiano (y también francés, el revanchismo gabacho por la derrota de 1871 fue una de las causas subyacentes a la guerra), especialmente puesto de manifiesto en la figura de los militares de alta graduación que desfilan en la pantalla.

La película me parece altamente recomendable. Es más cruda y directa a las vísceras que la novela de Remarque, que también destila a veces cierta poesía melancólica. Berger no nos hace perder la humanidad. Al fin y al cabo Bäumer y, especialmente, su compañero de fatigas el veterano Katz (Albrecht Schuch, auténtico robaescenas de la película) no dejan de mantener restos de humanidad en sus acciones, incluso en los momentos más difíciles de esos últimos días de la guerra, y a pesar del desencanto en el que se ven inmersos. Si no queréis ir al cine… donde os recomiendo que la veáis (aunque creo que en Zaragoza la han retirado tras una única semana), vedla en Netflix. Y vedla en versión original, por favor. La única que se ha estrenado en salas. Es la única forma de apreciar las sutilezas del diálogo y de los personajes, incluso si no sabes nada de alemán (o francés).

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Benediction (2021)

Cine

Benediction (2021; 37/20220714)

Nuevamente quedamos para ir al cine con una cartelera de verano que presenta pocos atractivos y, como en otras ocasiones, alguna bien reciente, nos decidimos por una película británica de época. Los británicos tienen buenos intérpretes y oficio para estas producciones, así que suelen ser una apuesta más o menos segura, aunque no siempre memorable. Dirigida por Terence Davies, muy especializado en películas de época, se trata de una película biográfica que, a priori, presentaba buenas oportunidades.

La persona histórica biografiada es el poeta inglés Siegfried Sassoon, interpretado en su juventud por Jack Lowden y en su últimos años de vida por Peter Capaldi, al que seguimos desde que es ingresado en un sanatorio psiquiátrico por negarse a volver al frente. Previamente considerado un oficial valeroso, casi temerario, en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial, afectado por la guerra se revolvió contra ella y escribió contra quienes la mantenían en lugar de buscar la paz con el diálogo. Las autoridades, por sus antecedentes, en lugar de juzgarlo decidieron atribuir esto a causas médicas y lo enviaron a un psiquiátrico en Escocia. Y es aquí donde comienza la película que seguirá al poeta durante unos quince o dieciséis años, principalmente en sus relaciones con diversos hombres, hasta su sorprendente matrimonio con una mujer bastante más joven. Intercalada con la biografía de esta parte de su vida, conoceremos a un Sassoon anciano, melancólico, convertido al catolicismo, su origen era una adinerada familia judía con la que no mantuvo relación al parecer, con una relación difícil con su hijo George, a quien quiso mucho.

Aprovecho unas fotos de Londres que seleccioné hace poco para mi Instagram viajero, y las uso para ilustrar esta tan británica entrada cinematográfica.

Como de costumbre en estas producciones, están hechas con oficio, tanto en la realización como en la interpretación. Como decía antes, en esto son una apuesta segura. Pero en esta ocasión, para mí, insuficiente. Aunque no se puede «suspender» a la película, no acabó de engancharnos el personaje. La película falla a la hora de centrarse, explorar y profundizar en cualquiera de los conflictos que plantea; el antibelicismo, sus relaciones románticas o sexuales con los hombres, algunas muy tormentosas, la relación con su mujer, o los motivos de su conversión al catolicismo, una religión que rechaza, y más en su momento, a los homosexuales declarados. Todo esto es presentado, mostrado… pero no debatido. No sabemos cuál es la tesis del autor sobre la vida de Sassoon. Y salimos del cine con la sensación de haber ingerido una cena muy bien presentada, pero sin un sabor definido que nos haga recordarla. En fin… cada cual verá si le interesa.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Libro – historieta] Morgan – Hugo Pratt

Literatura

Sigo bloqueado en la lectura. Por probar diversas cosas, en estas últimas cinco semanas he comenzado a leer cinco libros distintos. Alguno de ellos, nuevas versiones de libros ya leídos que me apasionaron en su momento. Por ejemplo, leer la versión original en inglés de Foundation de Isaac Asimov, aprovechando que estaba viendo la adaptación de la historia, mala adaptación, como serie televisiva. También he intentado alguna obra de autores japoneses, que mis últimas vacaciones me funcionaron muy bien. Pero tampoco. Comienzo a leer, y tras unas líneas o un par de páginas mi mente se distrae en otros pensamientos, sin conseguir concentrarme en la lectura. Pero en esta ocasión es nuevamente Hugo Pratt quien sale al rescate. Pero no con una nueva aventura de Corto Maltés. Esta vez voy con la última obra de Pratt, protagonizada por un antihéroe, un oficial de la marina real británica durante la Segunda Guerra Mundial en el Adriático.

Un trayecto al atardecer en el «vaporetto» que une Burano con Venecia por la Laguna Veneta nos vendrá que ni pintado.

Pratt nació a orillas del Adriático, en Rímini o cerca de Rímini. Como Fellini, que situó en aquella ciudad, durante la época fascista, la maravillosa Amarcord (Yo recuerdo, en el dialecto local). Así que sitúa al protagonista de este fumetto, Morgan, al mando de una patrullera británica en los años de la guerra que siguieron al cambio de bando italiano, entre septiembre de 1943 y el final de la guerra. Y ahí encontramos a este flemático, decidido y estoico oficial realizando labores de cartero y de transporte de personas entre las costas yugoslavas, italianas y albanas, de las zonas ocupadas por unos y por otros, y en medio de una maraña de conspiraciones entre los servicios secretos británicos, los partisanos comunistas de varios de los países ribereños, los partidarios monárquicos de los mismo países, ahora amigos de conveniencia, ahora enemigos declarados,… y de vez en cuando tropezando con alguna guapa e interesante mujer, sobre si la podemos considerar amiga o enemiga, aliada o adversaria… pues todo es según el punto de vista. Y es que el mando de la flota no va a arriesgar a un oficial y su tripulación que de forma tan eficiente realizan sus misiones, enviándoles a misiones heroicas, donde lo más probable es que terminen muertos.

Bari, Trani, Foggia, Pescara, Ancona, Albania, Split, Trieste… y cómo no, Venecia, tan querida a Pratt, y a mí, son algunos de los lugares que visita la patrullera del teniente Morgan. En unos episodios bélicos tan aparentemente anodinos como apasionantes cuando los cuenta Pratt, en un alegato antibélico elegante, donde afloran las hipocresías aparentes o escondidas de las potencias beligerantes, en ese o en cualquier guerra, donde es difícil saber donde comienza y terminan las lealtades y, lo que es peor, donde comienza y termina el objeto de la lealtad. Contada con humor, con un final absolutamente maravilloso a costa de trece motocicletas alemanas BMW, la novela gráfica, pues tal designación merece por su bella narración y por su profundidad, se mueve entre el escepticismo, la nostalgia y una cierta melancolía, que no impide que nos solidaricemos con algunas personas, que nos enamoremos de las mujeres, y mandemos a tomar por donde amargan los pepinos a las «grandes causas», a los políticos, a los mandos militares y, sobre todo, a los fascistas.

Me ha encantado.