Treme (TV), o las consecuencias del Katrina

Televisión

La cadena norteamericana de cable HBO emitió esta primavera la primera temporada de Treme, una serie de ficción que nos sitúa en Nueva Orleans, algunas semanas después de la catástrofe provocada por el huracán Katrina, cuando poco a poco algunos de sus habitantes van retornando a la ciudad y se enfrentan con la necesidad de retomar sus vidas, devolviendo a la vida a la singular urbe en el delta del Misisipi.

Tremé es un barrio de Nueva Orleans en el que se desarrolla una especial vida cultural, pero que en esta ocasión no deja de estar escogido para simbolizar las singularidades sociales y culturales de la ciudad frente a lo que es habitual en el conjunto de los Estados Unidos. Una ciudad católica, con una elevada proporción de habitantes de origen africano o caribeño, con tradiciones y legislación procedente de las épocas francesa y española, que ha sido siempre un gran motor cultural especialmente en el terreno de la música. Para muchos es la cuna del jazz. Aunque no todo es jazz, ni todo es música, ni mucho menos.

En la serie que nos ocupa vamos a seguir a lo largo de los diversos capítulos a una serie de habitantes del lugar, cada uno con su vida, y al mismo tiempo, con interacciones entre ellos.

Antoine Batiste (Wendell Pierce), un trombonista buscando constantemente donde tocar para ganar un dinero para mantener a su mujer actual y su hija de corta edad. Perdió su coche, y pasa mucho tiempo buscando quien le lleve o discutiendo sobre lo que ha de pagar por la carrera de un taxi. Tiene sus problemas con la policía, y por su incapacidad para ser fiel a su mujer.

Ladonna Batiste-Williams (Khandi Alexander), ex-mujer del anterior, nuevamente casada, vive alejada de su marido y sus dos hijos que no han regresado a la ciudad. Se pelea con los contratistas para conseguir tener arreglado el techo de su bar. Pero sobretodo se pelea contra el sistema judicial y policial de la ciudad ya que su hermano desapareció durante el huracán estando en prisión.

Los Bernette, el profesor de universidad Creighton (John Goodman), la abogada Toni (Melissa Leo), y la hija de quince años de ambos Sofia (India Ennenga). Mientras Creighton comienza a utilizar internet para denunciar la situación de la ciudad a la espera de que vuelvan a comenzar las clases en la universidad, Toni es la abogada de Ladonna y de otros personajes en su lucha constante por retomar su vida, reclamando sus derechos.

Jeanette Desautel (Kim Dickens) es una chef que lucha denodadamente para mantener a flote su restaurante, no pudiendo confiar ni en los prestamos de los bancos, ni en la comprensión de los proveedores, ni en la capacidad de las autoridades para dar soporte a los negocios que vuelven a funcionar en la ciudad. Todo su dinero lo invierte en el restaurante, y su deteriorada casa ni siquiera tiene electricidad.

Davis McAlary (Steve Zahn) es un músico que trabaja como DJ en un emisora local, al mismo tiempo que, enamorado de la ciudad, se convierte en un peculiar activista contra las administraciones públicas. Su falta de constancia hace que no sea tomado en serio. Ni siquiera por Jeanette con quien mantiene algo parecido a una relación.

Los Lambreaux, Albert «Gran Jefe» (Clarke Peters) y su hijo Delmond (Rob Brown). El primero es el líder de una de las «tribus» de Indios del Mardi Gras, que busca restaurar la cohesión social de la comunidad. Se compromete en la lucha contra la especulación gubernamental que hace que bloques enteros de viviendas no afectados por las inundaciones y el huracán permanezcan cerrados mientras muchos habitantes de la ciudad permanecen viviendo fuera de ella, o los que regresan viven en viviendas precarias, deterioradas. Se queja amargamente de la hipocresía de las aseguradoras. No pagan indemnizaciones en los seguros contra huracanes, porque los daños los produjeron las inundaciones… que fueron producidas por el huracán. El hijo es un trompetista bastante bueno que empieza a sentir el desarraigo y prefiere Nueva York como lugar para desarrollarse como músico.

Annie (Lucia Micarelli) y Sonny (Michiel Huisman) son dos músicos callejeros y pareja. Sonny es holandés y se conocieron en Europa mientras Annie, una violinista con formación clásica, viajaba como mochilera. Viven de lo que ganan por las calles, aunque la calidad de la chica como violinista hace que pronto le lleguen propuestas de otro tipo. Esto ocasionará tensiones en la pareja.

Como se puede ver se trata de un drama coral en el que tenemos varias vertientes. Una social de denuncia contra las administraciones y gobiernos, contra los bancos y aseguradoras, contra los intereses bastardos de los distintos poderes que buscan sacar partido de la catástrofe a costa de los propios habitantes de la ciudad, muchos de ellos exiliados fuera de la ciudad, contra las policías corruptas o desbordadas que dejan de protejer a los ciudadanos para convertirlos en el enemigo. Pero también hay una crítica a aquellos aspectos negativos de la propia cultura de la ciudad. Es significativo que el «odiado» tejano que resuelve el problema de Ladonna con el techo de su bar, tenga que hablar de ética en el trabajo al contratista orleanés, así como la tendencia de muchos personajes a hablar más que a actuar.

Pero sobretodo, lo que te acaba enganchando es el drama personal de cada uno de los personajes. La bondad intrínseca tras la dejadez de Antoine, la tenacidad de Ladonna para encontrar a su hermano mientras lucha para reabrir el bar y conseguir mantener el contacto con su familia fuera de la ciudad, la constante mala suerte de Jeanette en todos los negocios que emprende haciéndole creer que la ciudad la rechaza y la persigue, la capacidad de estar en todos los lados de Toni como abogada y como madre y esposa, sintiendose impotente en numerosas ocasiones, la dignidad y la solidaridad comunitaria del «Gran Jefe» en toda situación, la depresión y la crisis existencial de Creighton ante la catastrofe de su amada ciudad mientras intenta mantener la alegría y el soporte a su hija y a su mujer,…

Y todos estos personajes nos llegan porque las interpretaciones son de primer nivel a pesar de que se mezclan actores conocidos con otros que lo son menos por actuar habitualmente como secundarios en otras series o en el cine. Si habitualmente se considera que los actores de televisión son de inferior categoría que los de cine, esta serie se encarga de desmentir el tópico. El conjunto de las interpretaciones son de primer nivel y avergonzarían al trabajo que realizan estrellas de cine muy bien pagadas.

Como podéis comprobar por la longitud de esta entrada y por el tono de los comentarios, es una serie que me ha gustado mucho, pero realmente mucho. Especialmente, porque es una serie que avanza muy progresivamente interiorizando en todos sus personajes, haciéndoles crecer y metiéndote en sus problemas y en sus sentimientos. Nada hay plano y tópico. Todo tiene matices y muchos sentidos. Si a esto añadimos una banda sonora absolutamente magnífica, soberbia,… con participaciones en cameos más o menos significativos de gente como Allen Toussaint, Elvis Costello, John Boutté, y otros que seguro que se me escapan por menos conocidos. Qué voy a decir.

Estos primeros 10 episodios han establecido un primer ciclo. Comenzaba el primer episodio con un jazz funeral por las calles de Tremé, y termina con otro, estableciendo una hermosa simetría en la que caben las vidas de todos los personajes que hemos mencionado. Es especialmente emotivo, cuando ya conocemos mucho de lo que han pasado los personajes protagonistas, el flashback a las horas previas al desastre del huracán en el que, tras enfocar la cámara a las tristes caras de Ladonna, o Antoine, o Toni, en la escena del cementerio, vemos cómo era la vida de todos ellos en aquellos momentos. Pero ese jazz funeral no nos deja necesariamente desesperadamente tristes, aunque tristes. Abre esperanzas a un futuro que espero nos muestren en futuras temporadas, en las que no faltarán los problemas y los dramas. Yo estoy deseando que vuelva.

Y con esta he terminado con las series que tenía reservadas para el verano. Veremos lo que da de sí la nueva temporada.

Río Abajo

Difícil ilustrar esta entrada; así que, he decidido que si el Misisipi condiciona la existencia y la vida de la populosa ciudad de Luisiana, el Ebro lo hace con la más modesta ciduad de Zaragoza, desde donde escribo esta entrada - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Revisando el universo cylon, y policías y detectives británicos que caminan por el lado salvaje de la ley

Televisión

Durante el mes de agosto, mi atención a la series televisivas ha sido también limitada como viene siendo tónica en este verano. Si junio y julio fue el momento de recuperar al Doctor Who y su universo, con poca atención a otras cuestiones, en agosto el tema ha ido por otros derroteros. Es cierto que hay por ahí alguna serie cuya primera temporada parece interesante, u otras ya veteranas que sirven de entretenimiento. Pero ya hablaremos de ellas más adelante. En agosto, he decidido prestar la atención de mis sobremesas a dos series que tenía guardadas de tiempo atras. Una ya la había visto, pero me quedé con ganas de prestarle una mejor atención, y la otra, una novedad de esta primavera en la BBC británica. Finalmente, otra novedad cortita, fresca del verano, también inglesa, muy detectivesca.

Caprica (en HD)

El desarrollo de la primera temporada de la «precuela» de Battlestar Galactica está durando más que la obra del Pilar, como decimos a orillas del Ebro. Si el piloto, en forma de largometraje televisivo, data de abril de 2009. Los siguientes 8 capítulos no se pudieron ver hasta el primer trimestre de este año 2010. Y la conclusión de la temporada, con otros 8 episodios, no será visible hasta el primer trimestre de 2011. Ya les vale. Dos años para contar lo que tengan que contar. Supongo que habrá motivos económicos para ello. O algo así. No sé.

El caso es que por diversos motivos, lo que se emitió hace unos meses no lo vi con la atención debida por motivos diversos que aquí no vienen al caso. Así que para este verano, recuperé los 9 episiodios emitidos hasta la fecha en alta definición. Ya que hay que volverlos a ver, pues que sea en la mejor calidad posible. Y busqué la mejor ocasión para verlos tranquilamente y disfrutarlos. Llegada dicha ocasión. He aquí mis impresiones.

Es muy difícil que pueda superar a su serie de referencia en los diversos aspectos que me ataron a la misma. Fundamentalmente, la sensación de aventura y la recreación de un universo en el amplio sentido de la palabra. En Caprica, ya no es lo mismo. Aunque teóricamente estamos en el mismo universo, en la práctica nos han limitado a una única ciudad, a caballo entre los culebrones y el cyberpunk, con sus dos versiones, la real y la virtual. Esta última mucho más interesante, de alguna forma.

Pero lo cierto es que, vista con calma, la serie es muy entretenida y tiene mucha miga. Sabe conseguir su propia imagen visual, identitaria, atractiva, que consigue algo básico de toda serie de ciencia ficción. Trasladarte a otro mundo. También tiene un conjunto de personajes que tienen su miga. Que no son planos. Que se van desarrollando con los capítulos y adquiriendo personalidad. Algo básico en una serie que poco a poco se configura como un drama coral, aunque haya algunos personajes interesantes. Es importante asimismo que las diferentes tramas que van apareciendo y desarrollándose en paralelo hasta su convergencia final, tienen todas ellas importancia y son tratadas con mimo.

Todo ello hace que, vistos «de tirón», en un plazo de un par de semanas, la cosa te sepa a poco. Te entran ganas de más. Sobre todo porque, como buena serie de acción e intriga que se precie, acaba con un triple cliffhanger (o cuádruple, ya he perdido la cuenta) de estos que «joden». En fin. Esperaremos hasta enero.

Mientras tanto… muy recomendable.

Grande Arche de la Defense

Edificios futuristas y accesos a modernos medios de transporte ferroviario; la Defense de París como un antecedente del mundo que vemos en Caprica - Panasonic Lumix LX3

Luther

Esta fue una serie que inicialmente ignoré. Va. Total, otra policíaca. Aunque sea de la BBC. Pero después leí por ahí algún encendido panegírico de la serie, y especialmente del papel protagonista y de su actor principal, Idris Elba. Así que la reservé para el verano. Una de las ventajas de las series inglesas es que muchas de ellas tienen temporadas de muy corta duración. Por lo tanto, en seis capítulo se plantea todo.

En este caso, el primer capítulo sirve de presentación de personajes. El policía torturado, la ex-mujer que le quiere pero que está harta, los compañeros que lo sufren y lo apoyan, la sociópata asesina que insospechadamente acabará siendo su aliada, el nuevo compañero de la ex,… Y también conocemos alguno de los secretos que lo torturan. Luego vienen una serie de capítulos con historias autoconclusivas, que demuestran que la guionistas no son nada complacientes. Aquí las víctimas la palma. Y los éxitos policiales a veces sólo lo son de forma relativa, o casi se podría decir que son fracasos. Para finalizar, dos capítulos relacionados, con finales tremendos, en los que el protagonista final no son los casos a resolver sino el propio Luther.

Buena realización, buenas interpretaciones, y un pero. Y ese pero es que algunas de las situaciones del último episodio no me las tragué. Su grado de inverosimilitud me sacó de la historia e hizo que mi natural escepticismo se apoderase de mi estado de ánimo. Una lástima. La serie pasó de ser excepcional a meramente entretenida y bien hecha. Pero seguramente, si hay una segunda temporada, le daremos una oportunidad. Especialmente a la pelirroja.

Piccadilly Circus

Qué puede haber más británico que Piccadilly Circus, en pleno Londres - Pentax P30N, 28 mm de marca desconocida (fue un préstamo)

Sherlock

Finalmente, los británicos han realizado y emitido recientemente una revisión de su detective más famoso de todos los tiempos; Sherlock Holmes. Eso sí, han trasladado la acción a la época moderna en la que, por ejemplo, el Doctor Watson es un médico militar herido y dañado psicológicamente por su participación en la guerra en Afganistán. Pero bueno, se mantiene la presencia de un inspector Lestrade, viene en el 221B Baker Street, y el malo, malísimo, malo sigue siendo el archienemigo de Holmes, Moriarty.

Dicho lo cual, estamos ante una producción de tres episodios solamente, pero de larga duración, en torno a los 90 minutos, con unos guiones muy bien planteados y unas interpretaciones bastante buenas, en la línea de lo británico. Hay que decir que uno de los artífices del producto es Stephen Moffat, uno de los responsables de las nuevas temporadas de Doctor Who.

Nunca he sido un fan del detective británico, pero la mini-serie está bastante bien, y es muy entretenida. Muy bien hecha. Y como termina en un cliffhanger bastante descomunal, supongo que vendrá con segunda temporada. Lo único malo… los episodios de 90 minutos se me hacen largos para mis costumbres televisivas.

Baker Street - Londres

Baker Street, residencia de Holmes, cerca de su confluencia con Marylebone Road, vista desde el segundo piso de los tradicionales autobuses londinenses - Fujifilm Finepix F10

Series para el verano, más extraterrestres,… Torchwood

Televisión

Doctor Who
Tor
c Whood
Torchwood

Mmmmmm… sí. Torchwood es un anagrama de Doctor Who. Si ya comenté que una de mis actividades televisivas de tiempo veraniego iba a ser recuperar las distintas temporadas del alienígena con dos corazones, también tomé la decisión recién vuelto de mi viaje de vacaciones de echarle un vistazo a uno de sus spin-offs.

Parece ser que el término se utilizó en primer lugar para camuflar las grabaciones de la serie original cuando se trasladaban para su emisión. De esta forma no había riesgo de que fueran interceptadas y su contenido conocido antes de tiempo. En un momento dado, durante la serie madre, la Reina Victoria crea el Instituto Torchwood para defender al Imperio Británico de las amenazas alienígenas. Durante un tiempo fue considerado un antagonista del Doctor, en sus esporádicas apariciones en la serie de este último. Pero poco a poco fueron preparando el terreno para crear una serie propia, en la que fueran los héroes, al frente de la cual colocaron uno de los personajes más simpáticos de los que acompañan eventual mente al Doctor; el capitán Jack Harkness (John Barrowman).

Este es un aventurero en el espacio y en el tiempo, un vividor, un timador, que en un momento dado coincide con el Doctor. Pronto sabemos que es atractivo, y que además es omnisexual. Es decir, más allá de ser bisexual, en un universo donde además de los dos sexos correspondientes a la especie humana, le tira los tejos a todo bicho viviente. Más o menos. También aprendemos en un momento dado, que no puede morir.

En estos días, he visto la tercera temporada de Torchwood. Se puede ver de forma aislada sin necesidad de haber visto las dos primeras o sus relaciones con Doctor Who. Esta configurada como una miniserie de cinco episodios, en el que cada uno es un día en una aventura en la que los protagonistas tendrán que enfrentar una amenaza extraterrestre muy peligrosa. También sirve de paso para emitir algunas críticas contra la hipocresía de la clase política y contras los militarismos.

Lo cierto es que el personaje principal tiene un tono mucho más oscuro que en la serie original, con aspectos más oscuros en su personalidad. Como contrapunto, el personaje femenino, Gwen Cooper (Eve Myles), representa los valores humanos más positivos. Solidaridad, amistad, entrega, ánimo, iniciativa,… Es la persona con la que se puede identificar el espectador normal. Es también una serie mucho más adulta, en la que sin haber desnudos ni nada por el estilo, sí que se plantean temas relacionados con la sexualidad, y también con la violencia, con la ética, con la obediencia debida a los superiores y al estado, etc.

Con sólo 5 episodios de menos de hora de duración, creo que es una alternativa válida para pasar las calurosas sobremesas del verano, siempre que seas adepto a los temas de la ciencia ficción. Así que, ya lo sabéis.

En la Bahía de Cardiff está la sede de Torchwood 3, la unidad para la que trabajan nuestros héroes - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

No dejes que la historia te estropee la «historia»; el caso de los Tudor

Televisión

Hace ya un tiempo, todavía en mi Cuaderno de Ruta V.1, comenté sobre la falta de rigor histórico de la serie televisiva The Tudors, una auténtica superproducción con ambientación histórica, que recientemente ha llegado a su cuarta y última temporada.

En aquella primera temporada, asistíamos al final del matrimonio de un todavía joven Enrique VIII con Catalina de Aragón, enamorado de la bella, al menos en la serie, Ana Bolena. Entonces decíamos que era una serie con acción, intriga, romance, su dosis de sexo,… lo adecuado para hacer de ella una serie de éxito. El principal problema es que los guionistas parecía que habían decidido que la historia tal cual fue no es lo suficiente interesante y había que modificarla para dar interés.

Estamos en 2010, y después de cuatro temporadas, el famoso monarca británico se ha ido a la tumba, y consecuentemente ha terminado la serie. Que ha seguido por los mismos derroteros. En total, se ha divorciado de dos, ha decapitado a dos, se le murió una por enfermedad, y la última, aunque con sobresaltos, le sobrevivió. Ha seguido habiendo intrigas palaciegas, romance, sexo,… y dosis todavía mayores de ausencia de rigor histórico. El caso es que una fórmula que funcionó muy bien en la primera temporada, donde esas veleidades históricas podían ser perdonables, han producido cierto cansancio. En un momento dado, te daba la impresión que todo eso ya lo habías visto. Que era una repetición constante de situaciones ya acaecidas con distintos personajes. Y es que quizá la historia de Enrique VIII a lo mejor da para una serie con un par de temporadas, con lo cual no es necesario inventarse hechos históricos no sucedidos, en lugar de estirar un éxito comercial inicial razonablemente merecido.

En resumen, una serie que ha terminado por cansar un poco, cuando empezó razonablemente bien. Por cierto que sigo pensando que Ana Bolena estaba como un queso. Que pena que la apiolasen tan pronto.

Yo os dejo alguna imagen de mis últimas vacaciones.

Metz desde el Centro Pompidou

Vista de Metz desde Centro Pompidou - Panasonic Lumix LX3

Por fin he comenzado mi historia de amor con Doctor Who… o más bien con Amy Pond

Televisión

Mi primer intento con el Doctor fue cuando SciFi, actualmente Syfy (distinta grafía, misma pronunciación en inglés), estrenó la primera temporada de la nueva época de Doctor Who. Doctor Who es la serie de televisión de ciencia ficción de más larga trayectoria en toda la historia de la pequeña pantalla. Se emitió de forma relativamente ininterrumpida por la BBC desde 1963 a 1989. Hubo algún largometraje con el personaje en los años 90, y volvió en una nueva época en el año 2005. Y con éxito. Es una figura importante de la cultura popular británica.

Piccadilly Circus

Serie británica por excelencia, Londres es un escenario habitual de la acción; en la imagen Picadilly Circus - Pentax P30N, SMC-A 50/2

Para quienes no lo conozcan, el Doctor es un alienígena, el último superviviente de su raza, los señores del tiempo, de aspecto humano, aunque sabemos que tiene dos corazones, que viaja por el espacio y por el tiempo con su nave, la TARDIS. Esta tenía la capacidad de mimetizarse con el medio en el que se encuentra, pero una avería hizo que se quedase con la forma de una cabina de la policía, típica del Londres de principios de los 60s.

El Doctor no viaja solo. Viaja con uno o varios compañeros. Generalmente, el compañero principal suele ser una compañera. Y, generalmente, suele ser joven y guapa. Parece que tradicionalmente no había tensión sexual entre ambos. Pero en la nueva época, pues algo si que hay. Actualmente, al final de la quinta temporada de la nueva época, la compañera principal es Amy Pond, una estupenda, animosa, y guapa pelirroja de origen escocés, interpretada por Karen Gillan, muy escocesa ella también.

Producida por BBC Wales, algún episodio de la serie está rodado en Cardiff, donde parece que hay una grieta que perturba el espacio-tiempo; yo no noté nada cuando estuve, salvo que hacía bastante calor - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Y además, el Doctor tiene otra característica. Y es que de vez en cuando se transforma. Teóricamente puede morir; tiene el equivalente a 900 años de edad en tiempo terrestre, aunque siempre resulta confuso saber cuándo nació por su capacidad para viajar en el tiempo. Pero de vez en cuando, en circunstancias diversas pero estresantes o potencialmente mortales, cambia su apariencia. Ingenioso elemento argumental que permite cambiar de protagonista cuando este se quema o se cansa del personaje. En la actualidad, vamos por la undécima encarnación del Doctor, interpretada por Matt Smith.

Como decía, intenté engancharme con la novena reencarnación del Doctor, interpretado por Christopher Eccleston, que estuvo acompañado en su temporada por Rose Tyler, encarnada por la estupenda Billie Piper, que luego nos enamoraría haciendo de pilingui de lujo en Secret Diary of a Call Girl. Los personajes estaban bien, pero no acabó de convencerme. Siempre me pareció que las tramas, los personajes y las relaciones entre ellos eran un poco infantiles. Bien es cierto que es una serie en la que en medio del buen rollo y buen humor general, la gente muere y hay lugar de vez en cuando para el drama.

Pero he aquí, que después de que en el año 2009 en lugar de una temporada completa de 12 ó 13 capítulos más el especial de Navidad, produjesen varios largometrajes televisivos de los que vi algunos, cuando volvió con una temporada convencional esta primavera, decidí volver a verla. Y me ha encantado. Y aparte de que el nuevo doctor me caiga bien, creo que buena parte del mérito se debe a lo estupenda que resulta la pelirroja Amy, una compañera con fuerte personalidad y con una historia de fondo, con sus grietas en la trama de espacio-tiempo, que han dado una continuidad y una solidez al conjunto que ha favorecido mucho a la serie. El comienzo de la serie fue bueno. Pero lo mejor fueron dos capítulos dobles.

El primer par fue aquellos en los que los adversarios fueron los Ángeles Llorosos, probablemente los malos más terribles y mejor conseguidos que he visto en esta serie. Estos adversarios ya habían salido en un capítulo en una temporada anterior, titulado Blink (parpadeo). Fue un capítulo que vi de forma aislada por estar protagonizado por la actriz Carey Mulligan, la encantadora protagonista de An Education, en el papel de Sally Sparrow, y en el que el Doctor es un personaje secundario. Me gustó mucho. Pues bien, los Ángeles Llorosos volvieron y nos obserquiaron con dos episodios excelentes, muy emocionantes. Episodios en los que apareció el personaje de River Song, una aventurera espacial capaz también de viajar en el tiempo, que interacciona de formas muy divertidas con el Doctor, y que está interpretado de forma magnífica por Alex Kingston, la antigua cirujana de Urgencias.

El segundo par de capítulos excelentes han sido los dos finales, con una aventura espacio temporal amplia y bien construida, en la que hemos vuelto a disfrutar de la presencia de River Song, espero que vuelva en un futuro, y que nos ha dejado con gana de más.

En resumen, me ha encantado esta temporada, y este verano voy a rescatar las temporadas anteriores. La de la nueva época sólo, claro. De momento, ya casi me he visto las dos primeras temporadas con Rose Tyler de compañera. Pero caerán las otras dos. Que el verano es muy largo. Y claro está, para todos los que tengan un mínimo de espíritu geek, hay que verla. Sin duda. Pero,… si soy honesto, ¿no será que me gusta por las chicas? Son todas estupendas. E incluso guapas.

El círculo de megalitos de Stonehenge es una localización fundamental en el capítulo doble final de la 5ª temporada de Doctor Who - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Actualización: 29 de junio.

Aunque el motivo principal de la entrada es el final de la temporada 5, he acabado también de ver las dos primeras temporadas de la nueva época que han sido repuestas en Syfi. El denominador común de ambas temporadas ha sido el personaje acompañante, la risueña, decidida y valiente Rose Tyler. Y reconozco que los dos capítulos finales, que nos han dejado a la estupenda Rose en otro universo han sido estupendos. Y entiendo que el Décimo Doctor está muy bien, mejor que el Noveno. Así que nada. Cuando vuelva de vacaciones y durante las cálidas tardes de verano, refrescado por el aire acondicionado del salón de casa, terminaré de ver las temporadas que me faltan. Estupendo. Divertido. Sin más problemas ni quebraderos de cabeza.

Vista de Canary Wharf desde una de las estaciones del ferrocarril ligero de los muelles; sede secreta del Instituto Torchwood, y escenario de los dos últimos episodios de la segunda temporda del Doctor - Fujifilm Finepix F10

El tapado, Raylan Givens, se justifica

Televisión

Entre las series que se han podido ver en la temporada que ya casi podemos considerar terminada, ha habido uno que llegó ya casi al final de la misma, con sólo 13 episodios, y que a mí particularmente me ha gustado. Aunque a priori no lo hubiese creído. Se trata de Justified.

Basada en un personaje de novela creado por el escritor Elmore Leonard, nos habla de las aventuras de un marshal de los EE.UU. cuando tras matar a un hombre, justificadamente se supone, en Miami (Florida) es trasladado a Kentucky, en concreto al distrito en el que se encuentra su pueblo natal, Harlan. Y allí, en pleno Medio Oeste, nos encontraremos una serie de situaciones que parecen más propiamente extraídas del Lejano Oeste, de otros tiempos.

Todo gira alrededor del personaje principal, Raylan Givens (Timothy Olyphant), y pronto se configura como personaje secundario imprescindible su amigo de juventud y delincuente habitual, un impagable Boyd Crowder (Walton Goggins). No faltan un par de chicas guapas para da tensión sexual, su pija ex (Natalie Zea), y su montaraz novia de instituto (Joelle Carter). Y a partir de ahí, tiros, peleas de saloon, crímenes de todo tipo, y peculiares formas de ejercer la justicia. Todo ello para terminar en un último capítulo con duelo al más puro estilo del western con más casta. Aunque todo suceda a principios del siglo XXI.

Es curioso que el personaje de Boyd iba a ser un personaje que moriría en el episodio piloto. Pero con gran sagacidad se dieron cuenta que podía ser un contrapunto perfecto al protagonista, y así ha sido. Buena y crepuscular ambientación, magníficas interpretaciones, personajes complejos y que crecen y se desarrollan con los episodios, todo aquello que sirve para hacer una buena historia, que tal vez no pasará a la posteridad como obra maestra, pero que supera a otras series con más fama.

Para ver. Sin duda.

Este sábado estuve tomando fotografías en el yacimiento arqueológico de Augusta Bilbilis. Probablemente destinadas al proyecto SoFoBoMo 2010. Os dejo algún ejemplar de muestra.

Plantas en flor en primavera

El paisaje que rodea Augusta Bilbilis es muy árido; pero en primavera, en el desolado Cerro Bámbola podemos encontrar alguna pequeñas flores dando color en una gris tarde de junio - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Más finales de temporada televisiva; las comedias ácidas y la comedia musical… menos ácida de lo que esperábamos

Televisión

Tras un par de semanas de calma, volvemos a encontrar esta semana varios finales de temporada entre las series de televisión que nos llegan del otro lado del charco. Y en este caso las tres series tienen algo en común; son comedias. Veamos en qué se diferencian.

En primer lugar, las dos comedias ácidas de Showtime. Dos personajes femeninos, que en 12 entregas de poco más de veinte minutos nos muestran una vida desestructurada y compleja en un medio social y familiar aparentemente cotidiana y banal.

En United States of Tara, nos hemos encontrado a nuestro personaje favorito con trastorno de identidad disociativo. La buena de Tara, tras un tiempo en el que ha podido ser ella misma, sin la intrusión de sus otras personalidades, vuelve a recaer a consecuencia de la muerte de uno de sus vecinos. Nuevas personalidades han surgido y otras parece que nos han abandonado. Mientras tanto, su entorno familiar intenta llevar una vida normal,… lo cual es difícil. El embarazo y planes de boda de la hermana, la hija que tras el instituto no sabe que hacer con su vida aventurándose en las más disparatas empresas por internet, el hijo homosexual con identidad sexual y con experiencias sentimentales profundamente inseguras, el marido que no sabe por donde tirar… Todo ello mezclado con nuevas revelaciones de su pasado familiar que intentarán acercarnos al origen de sus problemas. O confundirnos más a todos. En cualquier caso, buena televisión, con muy buenas interpretaciones, en envase pequeño pero de alta calidad.

Lejos de los escenarios del Medio Oeste norteamericano donde encontramos a Tara, nos vamos al servicio de urgencias de un hospital católico de Nueva York, para reunirnos con Jackie Peyton en la serie Nurse Jackie. Si en la primera temporada se nos presentaba la compleja vida de una enfermera con una vida familiar y profesional peculiar, con una doble vida, con su adicción a los fármacos, con su ética personal poco concordante con las normas generalmente aceptadas y con la moral tradicional, en esta segunda temporada hemos asistido a cómo todo su montaje vital se iba desmoronando poco a poco, si no por completo, si en su vertiente más familiar. En paralelo, hemos asistido a las curiosas peripecias de su aparentemente normales, aunque no tanto cuando los conocemos, compañeros del servicio de urgencias. Valen las mismas observaciones; buena televisión, buenas interpretaciones, en cortos pero intensos episodios para sumar 12 de ellos, que están muy bien.

En ambos casos, el principal soporte de la serie son sus protagonistas, Toni Collette como Tara y Eddie Falco como Jackie, respectivamente.

Finalmente, ha llegado a su final la comedia coral, en muchos sentidos, y musical, Glee. Si me enganché a ella fue por dos motivos. Por un lado, porque me gustan los musicales, y quería ver como funcionaban en una serie de televisión. Reconozco que muchos de los números musicales han estado a alto nivel. Por otro lado, porque tras su apariencia de serie de institutos y adolescentes, en los primeros capítulos veíamos altas dosis de ironía, mala leche, incluso parodia del género. Y eso era bastante estimulantes. Lo ciertos es que tras un largo parón en invierno, el aspecto musical se ha mantenido, mientras que la mala leche se ha ido matizando sino eliminando, dirigiéndose hacia un capítulo final que me ha parecido de lo más flojo de la temporada, y que me ha parecido un poco pasteloso. Frente a la acidez inicial, nos hemos encontrado con un final buen rollista, con mensajes de superación, con el tradicional todo el mundo es bueno. Aparte de la buena factura general y de los excelentes números musicales, me lo que más me ha llamado la atención han sido las risas que hemos podido hacer con las sentencias de Brittany, interpretada por Heather Morris, esa rubia tonta que no se entera y que en un momento dado permitió a los guionistas lanzar unas perlas impagables. Lamentablemente, tampoco eso duró mucho, y a final de temporada se ha convertido simplemente en un personaje desapercibido, una bailarina más del coro. Ya veremos por donde tira la temporada que viene, pero hay grave riesgo de que abandono por mi parte.

Y esto es todo en el panorama televisivo de momento.

Rapaces

Este fin de semana pasado hubo mercadillo medieval en Zaragoza; no me interesó mucho, pero alguna foto tomé - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

Las «sitcom»; poco mas de 20 minutos de diversión… y a veces drama

Televisión

Pero en esta entrada, con la que terminaré durante unos días de hablar de televisión, todas las sitcom de las que hablaré son comedias. Me gustan las comedias de situación. Duran poco. Van al grano. Son ingeniosas. Divertidas. También hay dramas. Dentro de unas semanas comentaré mis favoritas con tono dramático cuando terminen sus temporadas. Pero de momento, las que han echado el cierre hasta el otoño son todas ellas comedias. Tres que ya conocíamos de años anteriores y un estreno de esta temporada.

Por un lado tenemos el desmadre de 30 Rock. Porque cada vez están más descerebrados en esta comedia autorreferente. Son muchas las situaciones de sus imposibles protagonistas y secundarios que nos hacen reír y admirar cómo los propios animales televisivos son capaces de reírse de sí mismos, de forma tan sana e inteligente. Aunque particularmente creo que Alec Baldwin ha estado especialmente inspirado.

También de otras temporadas es el tándem The Big Bang Theory y How I Met Your Mother. Ambas han pecado del mismo defecto. Ya no están a la altura de temporadas anteriores, que fueron en algunos episodios desternillantes. Es difícil que la interacción entre Sheldon y Penny vuelva al nivel de la segunda temporada, en el piso de nuestros nerds favoritos. Por otra parte, el enamoramiento de Barney de la guapa canadiense parece que le ha quitado parte de la chispa que los neoyorquinos amigos de Ted Mosby tenían con anterioridad. Pero siguen siendo divertidas, muy entretenidas, y seguiré fiel a ellas cuando vuelvan la temporada que viene.

Finalmente el estreno, ese conjunto de familias diversas, Modern Family, que representan la falta de uniformidad en la institución familiar en EE.UU., y en Occidente en general, y que a su vez son una gran y bien avenida familia. Realmente he disfrutado con la visión crítica, incisiva, y muy divertida que presenta esta serie. Sus protagonistas son típicos pero no estereotipados. Todos tienen sus limitaciones, que en algún caso roza con la estupidez, pero todos tienen sus grandezas y su capacidad de hacer algo por los demás. Probablemente, de las cuatro series, la que más me apetece que vuelva pronto a las pantallas.

En resumen, una recomendación clara para quienes quieran ver buena televisión, divertida, y que anden escasos de tiempo.

Amapolas

Algo de la primavera que paso por el objetivo de mi cámara este domingo pasado, mientras paseaba por el Canal Imperial de Aragón en Zaragoza - Panasonic Lumix GF1, Leica Summicron-C 40/2

Perdidos en el final de Perdidos… esa soberana melonada

Televisión

Sigo con mi serie de artículos dedicados a los finales de temporada de las series norteamericanas. Y claro, con grandes fuegos de artificio mediáticos, en la madrugada del domingo al lunes se emitió en un montón de países simultáneamente el final de una de las series más célebres de los últimos tiempos. Lost. Perdidos.

He de decir que yo me enganché tarde a la serie. Era un verano, después del final de la segunda temporada. Vi entonces los primeros capítulos de la primera temporada, picado ya por la curiosidad al leer tantos comentarios favorables y entusiastas. Tras comentarlo con unos amigos a los que hice un favor en aquellos días, estos me regalaron los DVDs de las dos primeras temporadas. Los vi. Y me enganché a la serie. Claro, que después de aquellas dos temporadas de aventuras todo se empezó a complicar. Los guionistas empezaron a liarla, a hacerse pajas mentales con una serie de cuestiones, y la verdad es que seguí viéndola por inercia. Porque lo cierto es que en un momento dado fui incapaz de seguir los derroteros de la acción. Menos mal que periódicamente, decenas de bloggers te vuelven a contar y a aclarar lo que ha pasado.

Otro problema que me pasó es que empecé a coger cierta desafección por los principales personajes. Todos muy altos, muy guapos, muy sexis,… también algunos feos, y menos guapos,… pero todos en gran medida estereotipados. Y con el agravante de que pasada la novedad, las limitaciones interpretativas de una gran mayoría de los actores y actrices que los interpretaban,… pues empezó a importarme un rábano lo que les pasara. Es cierto que entre los secundarios, aunque es difícil decir quien era principal y quien secundario, había algunas excepciones… Pero…

Y así fui arrastrándome por esta afamada serie hasta llegar a esta última temporada. Habíamos pasado de los flashbacks en las primeras temporadas, a los flashforwards después, a los saltos en el tiempo,… y de repente llegábamos a lo que parecía la doble realidad. Los universos paralelos. Un concepto que están explotando con gran fortuna en Fringe. Con una serie de episodios muy irregulares, algunos de los cuales nos decían poco,… o nos despistaban francamente de por donde iban los tiros,… se sacan de la manga unos cuantos capítulos que explican apresuradamente la procedencia de algunos personajes que no iban en el vuelo 815 de Oceanic, y que se supone que tendrían que hacernos comprender mejor lo que pasaba en la isla. Y finalmente, llegan los dos últimos capítulos, donde se produce un desarrollo en la isla de los acontecimientos bastante previsible y poco sorprendente de acuerdo a lo narrado hasta el momento, y… aquí viene la tontería absoluta,… la chorrada suprema,… resulta que el universo paralelo, la realidad alternativa,… ¡es que el médico guaperas se ha muerto, está en el purgatorio y se reúne de nuevo con todos sus antiguos colegas! ¡Qué soberbia melonada!

En mi opinión, esta última temporada podría haberse reducido a nueve capítulos en lugar de los 18 de los que ha constado. Con contar lo de la isla… punto pelota. Perdoné las veleidades místico-religiosas de Battlestar Galactica porque el conjunto de la serie tuvo gran coherencia interna y pasión. Pero esto me ha parecido una tomadura de pelo.

Y encima no me ha quedado claro lo de los «números chungos«: 48151623, and 42.

Olvidémosla, y a otra cosa mariposa.

Sin volver la vista atrás

Visitar y abandonar Capri es más agradable y fácil que la extraña isla de los osos polares en el trópico - Canon Digital IXUS 860 IS

Fringe acaba temporada, y me gusta más la Olivia alternativa que la de aquí… aunque sea más mala…

Televisión

Cuando comenzó Fringe su primera temporada con problemas en un avión, pensé que era una vulgar explotación del mito de Lost. Cuando seguí unos cuantos capítulos, pensé que era una variante de Expediente X… que en su momento no me interesó; pero como nunca la vi, en realidad, no me predisponía a nada en especial. Estuve a punto de dejarla, cuando se acercó el final de aquella temporada y empezó a interesarme. En este tipo de series, hay quien se siente interesado por el misterio del episodio, mientras que otros lo están por la historia de fondo. Yo soy de estos últimos. Por lo menos en esta serie.

Toda esta temporada se ha encaminado lenta pero inexorablemente hacia la confrontación de los dos últimos capítulos en los que nuestros héroes pasan al universo alternativo, en el que Olivia (Anna Torv) se enfrenta a su yo alternativo. También una policía, de los que llaman la división Fringe del Departamento de Seguridad. No voy a entrar en detalles sobre las cosas que han pasado o podrían pasar. El tema es complicado, pero el caso es que cada vez me he ido interesando más. Esta Tierra, su alternativa en otro universo, los problemas que sufre el tejido del espacio-tiempo cada vez que algo o alguien pasa de una lado a otro… Una comedura de tarro curiosa, pero que tiene alguna de las propiedades de la buena ciencia ficción, aunque no sea de la rigurosamente creíble, que no lo es; te atrapa y tienes ganas de saber qué pasa, por qué, y te empiezas a preocupar por lo que les pasa a los personajes.

Así que, puesto que mañana Canal+ comienza a emitir esta segunda temporada en alta definición, la veré de nuevo con más atención. Creo que merecerá la pena. Espero.

Pero de momento, hay algo que es constatable. La Olivia de este lado es maja, pero va siempre con cara de estreñida. Y vestida tipo FBI, se convierte casi en un ser asexuado; cae bien, pero… Y resulta que la del otro lado es mucho más estilosa, animada, sonriente, con unos pantalones de uniforme que dejan bien a las claras que es una mujer. Atractiva. Y por lo que llegamos a saber, un poco perra. ¡Qué ganas de que vuelva al año que viene! Espero que mantenga un tiempo la tensión actual con las dos «olivias» y no den carpetazo a la alternativa en el primer capítulo…

En fin, os dejo con una foto musical. Ayer estuve tonteando un poco con los viejos objetivos manuales.

Flauta

En los domingos de primavera, bandas de música ofrecen conciertos en el Parque Grande de Zaragoza - Panasonic Lumix GF1, Leica Elmar-C 90/4

Series de televisión variadas con temporadas finalizadas

Televisión

Como comenté hace unos días, sigo con la serie de artículos dedicados a comentar el final de diversas series de televisión norteamericanas que terminan su temporada, en vísperas de la llegada del verano.

En primer lugar los llamados «procedimentales». Es decir, aquellas series con un contenido más o menos policiaco en el que cada capítulo lo dedican a resolver un caso. Para mí, el más entretenido de los que veo es Bones. Con personajes muy, muy simpáticos que tienen muy buena química entre ellos, y con dosis de humos, es una garantía de entretenimiento. Y en esta temporada ha seguido en su línea. Para pasar el rato sin complicaciones con un producto bien hecho. El final de la temporada, sin embargo, ha llevado una línea opuesta a la del año pasado. Si al final del año pasado parecía que los dos protagonistas se acercaban a la resolución de la tensión sexual siempre presente mediante la convergencia, este año se ha puesto de moda la divergencia. Y al final hemos tenido una despedida que necesariamente me ha recordado a An Affair to Remember (en español, Tú y yo). En aquella excelente película, los protagonistas se citaban para un lugar dado en un momento dado para reanudar sus vidas tras un paréntesis aclaratorio. Pero un drama personal impide el reencuentro, que se demorará un tiempo. Pues nuestro antropóloga forense favorita y el apuesto agente del FBI se han citado de forma similar en algún lugar de Washington DC. Sospecho que pueden tenernos preparado un cierto drama para el principio de la siguiente temporada. O me estoy pasando de listo. Quién sabe.

Ha aflojado un poco The Mentalist. Si bien sus casos siguen siendo razonablemente entretenidos, las interacciones entre los personajes han sido más sosas. Y aunque han introducido algún personaje nuevo para dar un poco más de variedad, tampoco ha cambiado mucho la cosa. Aunque eso sí, justo al final de temporada ha reaparecido Red John en un capítulo final bastante bueno. Quien sabe. Igual vuelven a dar importancia a esta subtrama y se anima la cosa. De todas formas, es entretenida.

En el lado del culebrón marujonil, ha pesar de que me había propuesto mandar a freír espárragos a Grey’s Anatomy, la verdad es que me volví a enganchar. Lo confieso con vergüenza. Qué se le va a hacer. Todos tenemos debilidades. Y aunque las cosas ya no son como eran en su momento, una dosis semanal de culebrón tampoco mata. Bien. Pues eso. Amoríos sin sentido en un hospital que más parece un instituto. Lo que pasa es que el doble capítulo final, con pistolero suelto con el hospital incluido, ha sido entretenido. Al estilo de algunos de los que hacían en las primeras temporadas. De todos modos, me he vuelto a hacer el propósito de abandonar esta historia. ¿Seré fuerte esta vez?

Han terminado también las temporadas de algunas sitcoms de comedia, pero de estas hablaré dentro de unos días, en una entrada global junto con otras que terminarán esta semana que viene. Así que nada. Seguiremos. Probablemente, mañana, con el monográfico de Fringe, cuyo final vi ayer… y está la cosa muy emocionante. Y la madrugada que viene, hora española, termina Lost.

Foto

Melancolía en la TV ante tanto final, como en las mañanas de domingo nubladas en Zaragoza - Panasonic Lumix GF1, Canon-S 50/1,8 II

V y otras catástrofes de la ciencia ficción televisiva

Televisión

El final de Battlestar Galactica y el próximo final de Lost abrieron a principio de temporada muchas expectativas sobre las series de televisión destinadas a cubrir el hueco de estos productos, llamados a estimular las mentes de los aficionados a la aventura, la especulación científica, y otro tipo de cuestiones similares. Bien es cierto que con frecuencia es difícil establecer si estos productos perteneces al género de la ciencia ficción, concepto que a veces de convierte en un cajón de sastre excesivamente amplio, o al de la pura fantasía. Pero bueno. Seamos indulgentes.

Hasta ahora, la única que ha terminado temporada es la versión reimaginada de V. Sí, la de los lagartos. Y la verdad es que he visto toda la temporada, porque sólo han sido 12 capítulos. Pero al igual que la primera temporada de Galactica, tras la miniserie, era totalmente adictiva, esta ha sido arrastrarse con relativa penosidad presentando unos personajes con los que difícilmente te identificas, que te da igual qué les pase, y lo único que piensas es que las «lagartas» están tan buenas como malas son las actrices que las interpretan. Ha repuntado un poquito hacia el final, aunque el último capítulo me pareció poco impactante para desear el regreso de una nueva temporada, que vendrá. Así que nada, es posible que hasta aquí haya llegado yo con los lagartos extraterrestres.

La gran esperanza de todos los aficionados a lo que son cosas como Lost era Flashforward, que todavía no ha terminado pero está a punto. Da igual. Está condenada. No seguirá. Ha fracasado. Y con motivo. Capítulos horribles de pajas mentales de y entre los personajes para terminar con 5 minutos de apresurada acción. Personajes todavía más antipáticos. Que se mueran todos en un futuro flashforward.

En el campo de las space operas, lo único en activo es Stargate Universe, que me parece una producción irregular, como todas las de la franquicia. También ha sido una producción irregular, con personajes no demasiado atractivos, aunque la acción ha resultado relativamente entretenida. No especialmente original,… el planteamiento no es muy distinto de lo que sucedía en productos de antaño y casposos como Espacio 1999 y la serie original de Star Trek. Unos que van por el espacio, porque quieren o a la deriva, y en cada capítulo llegan a algún sitio donde se encuentran con unos extraterrestres, con un campo de energía, con unos organismos o microorganismos que les plantean una amenaza. Lo que pasa es que ahora la producción es menos casposa. Pero es lo mismo en lo esencial.

Dedicaré entradas específicas a otras dos series. A Fringe, que ha terminado gustándome, y a Lost, que se acaba este fin de semana.

Museo de las Ciencias

Inevitablemente tenía que poner esta perspectiva del Museo de las Ciencias de Valencia; el interior de la nave nodriza de los lagartos está copiado (o plagiado) de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de la ciudad levantina - Pentax *ist DS, SMC-A 50/2