Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata.
Este es uno de esos rollos de película que acaban no teniendo un fin bien definido, y al que le pasan cosas. Empecé usándolo para hacer pruebas con el nuevo flash que me regalaron para Navidad, después de un sonoro fracaso el día anterior. Aquí funcionó. Pero hice muy pocas fotos.
Una semana más tarde, un sábado por la mañana en el que salimos a caminar, y a hacer otro tipo de fotos, hice unas cuantas fotos más mientras hacíamos un amplio recorrido por el Canal Imperial de Aragón, entre nubes y claros, hasta que nos retiramos por que amenazó lluvia de forma relativamente seria. También hice pocas fotos.
Así que lo terminé esa misma tarde, en la que mejoró mucho el tiempo, en la Cartuja Baja, dentro de este proyecto que estoy llevando a cabo en el que documento los restos de la antigua cartuja que da nombre a este barrio rural de la ciudad de Zaragoza. En fin. De lo más diverso. De lo de la Cartuja Baja, hablaré más cuando me lleguen revelados los rollos en color del mes de enero.
Las serie de fotografías que ilustra esta entradas de mi Cuaderno de ruta se comentan desde un punto de vista de la técnica fotográfica en Carlos en plata.
Día de Navidad por la tarde. Tengo poco que hacer. Pero el día no está mal. Por la mañana he intentado encontrar motivos en las riberas del Ebro para fotografiar, especialmente algunas aves. Pero no se me ha dado bien. Y estoy un poco amodorrado. Así que me animo un poco, cargo una cámara de formato medio con un rollo de película experimental, en desarrollo, y pruebo suerte con la luz de la tarde de invierno.
No es un día con la mejor luz. El cielo está completamente despejado, ni una nube en el cielo, que está totalmente azul. Eso provoca un atardecer rápido. Como poca sutileza en los tonos de la luz. A pesar de, que siendo invierno y próximos al solsticio, el sol viaja muy bajo por la bóveda celeste, y la luz debería ser más matizada que en cualquier otra época del año. También estoy agarrotado, porque estoy intentando adaptarme a las especiales características de la película que he cargado en la cámara, pero no tengo las ideas claras. En cualquier caso, es lo que hay.
Ya comentaba hace dos días mi viaje en el día a Madrid. No voy a repetir las circunstancias del viaje. Pero sí hablaré de la última hora de estancia en la capital española. Llegábamos con mucho tiempo de sobra a la estación de Madrid-Puerta de Atocha. Teníamos que coger dos trenes, el mío a Zaragoza a las 18:55, el de mi amiga a Sevilla a las 19:00, si no recuerdo mal. Así que sugerí que parásemos un momento en la Librería La Fábrica, muy cerca de la estación de alta velocidad ferroviaria. Esto es muy peligroso. Tradicionalmente dedicada a la fotografía, hoy en día es más diversa. Por la ida y venida de sedes y locales de la librería, esta empresa que también edita sus propios libros, y organiza festivales y otras actividades culturales, siendo el más destacado el festival anual PHotoEspaña, ha debido tener algunos baches. Porque intentó consolidarse en unos locales más amplios y con más servicios, y acabó volviendo a donde estaba, y diversificando su oferta de libros, tradicionalmente centrada casi exclusivamente en la fotografía.
El caso es que cuando tengo ocasión me pasó por la librería. Y como decía, es una actividad peligrosa, porque es muy apetecible todo lo que allí se vende. No obstante, en los últimos tiempos no siempre compro. Sólo si hay he previsto previamente la compra, o si hay algo que me salta mucho a la vista, y me despierta unos apetitos de consumo inmediato. He observado en las últimas visitas que hay una estantería prácticamente dedicado a la fotografía japonesa, con algún infiltrado de algún otro país asiático. Pero en uno de los estantes superiores de la estantería encontré una curiosa colección de libros. Todos llevaban el mismo título, y tenían el mismo formato, Des oiseaux. Sobre los pájaros, en francés. Pero cada uno contenía fotografías de distintos fotógrafos, de distintas nacionalidades. Y a pesar de las similitudes en el formato, solo pequeñas diferencias entre unos y otros, son de distintas editoriales. Supongo que la obra de cada fotógrafo la publica su editorial habitual. Acabe comprando dos.
Uno de ellos el primero que vi y me llamó la atención, de la fotógrafa japonesa Rinko Kawauchi 川内 倫子, de la que ya conocía un proyecto de hace un tiempo sobre un tema similar, murmuration, o sea, las bandadas de estorninos, que tan peculiares formas configuran en el cielo al atardecer, cuando regresan de los campos donde comen a las arboledas donde duermen. Kawauchi dedica su Des oiseaux a las golondrinas japonesas. De las que por cierto tengo algunas fotos tomadas el año pasado y que me sirven para ilustrar la entrada. La obra de Kawauchi está llena siempre de simbolismo y, por lo tanto, tendré que dedicar un tiempo a leer los textos que acompañan el libro, así como a conocer qué representan las golondrinas en la cultura japonesa. Pero vamos… muy bien. El libro está publicado por Atelier EXB.
El otro que me llamó la atención… Bueno, en realidad hubo varios que me llamaron la atención. Estoy pensando en ir adquiriendo poco a poco toda la colección. O, al menos, algunos volúmenes más de fotógrafos destacados como Graciela Iturbide, Paolo Roversi, Michael Kenna o Albarrán Cabrera, por mencionar algunos. A lo que iba, el otro que compré fue el Bernard Plossu, publicado por Éditions Xavier Barral. Vaya… Las iniciales son EXB… pues va a ser que son de la misma editorial… Ya me he líado con esta colección. No me hagáis pues mucho caso, sobre los cometarios de las editoriales, digo. Plossu es uno de mis fotógrafos preferidos desde hace 30 años… o más. Sus fotografías son aparentemente sencillas. Realizadas con una Nikkormat y un 50 mm, muestran paisajes y entornos diversos, reflejos de su actividad de sempiterno viajero. No pocos de sus trabajos y series están realizadas en la Península Ibérica, tanto en España como en Portugal. Tengo varios de sus libros. Residente de las costas provenzales, es especialmente amante de los países mediterráneos, tanto en el sur de Europa como en el norte de África. Y los pájaros que nos regala en es volumen, como habitualmente en blanco y negro, proceden de estas tierras ribereñas del Mediterráneo.
Hoy miércoles es festivo en Zaragoza. San Valero. Y yo voy a estar muy ocupado. Así que ayer por la tarde dejé programada esta entrada. En la que muestro más rosas del Parque Grande de la ciudad tomadas con una técnica similar a la que usé con las que mostré este domingo pasado. Pero con otra cámara distinta y una técnica de exposición del flash distintas. Las cuestiones técnicas también las publiqué ayer en Carlos en Plata.
Más fotos del mes de diciembre. En las vísperas del día de Navidad, cuando ya tenía más tiempo para salir a hacer fotografías. Pero como andaba con pocas ideas y las condiciones de luz, sol radiante, cielos aburridamente azules, contrastes elevados para la época del año, no eran muy buenas, decidí aprovechar para seguir probando el gran angular que había comprado un mes antes para la Nikomat FTN
Fundamentalmente, lo «torturé» en las poco iluminadas calles del casco histórico de Zaragoza, y en algún paisaje en las riberas del Ebro a las horas menos recomendables, las horas centrales del día, cuando la luz es más contrastada. No se trataba de hacerlo especialmente bonito, sino comprobar los límites de una óptica que tiene casi cincuenta años de antigüedad. Aunque está en perfectas condiciones. Los detalles técnicos en Carlos en Plata.
Hoy tengo una diversidad de recomendaciones, probablemente para todos los gustos. Pero antes que nada, la fotografías acompañantes, realizadas ayer mismo por la mañana en el Parque Grande de Zaragoza, han sido comentadas desde un punto de vista técnico en Carlos en Plata.
En varios medios norteamericanos ha sido comentado el fallecimiento del fotógrafo George Tice (1938-2025), calificado en algunas ocasiones incluso como una «leyenda de la fotografía». El caso es que yo no lo conocía. Y la cuestión es que lo que he podido ver revisando la web a partir de los medios que informaron de su fallecimiento, me ha parecido muy interesante. Así que habrá que dedicar un tiempo a familiarizarse con su obra. En la web del MoMA hay algunos ejemplos. Bajo el nombre George A. Tice.
Man Ray es uno de mis fotógrafos favoritos. Hay una cuestión curiosa sobre Man Ray, y en general con todos los surrealistas. Su forma de contemplar el mundo y su obrar está muy influenciada por el psicoanálisis de Sigmund Freud, que a mí me repele mucho. Aunque presentada como una teoría de la psique humana y un método terapéutico, lo cierto es que es un sistema de creencias que no tiene una base científica que la sostenga. Vamos, que no se diferencia mucho de los chamanes y hechiceros místicos de muchas culturas, basados en diversas creencias religiosas. Pero en el psicoanálisis, sin un dios, aun Freud y otros sean sus profetas. Pero pasa como con las religiones reconocidas como tales. Aunque no tengan base racional para creer en ellas, han llevado a la creacionista de espléndidas obras de artes. Y eso ha sucedido con el surrealismo inspirado por las teorías freudianas. Y me encantan. En un artículo que leí hace unos días, comentaban la vertiente erótica de la fotografía de Man Ray, también muy influenciada por ese psicoanálisis que tanta importancia da a la evolución de la sexualidad en el desarrollo de la personalidad. Especialmente en los aspectos más reprimidos de la sexualidad.
Uno de los fotógrafos que tampoco conocía, pero sobre el que he podido leer y conocer su obra en los últimos días, es el rumano afincado en Londres Ovidiu Selaru. Muchos lo caracterizarían como eso que hoy en día suelen llamar como street photographer, pero que es una denominación en la que parece que todo cabe, y al mismo tiempo tanta monotonía esta mostrando en los últimos tiempos. Para mí, los buenos, son fotógrafos documentales que se fijan en el paisaje urbano y en las gentes que lo pueblan. Y lo que más me ha gustado de Selaru son sus fotografías en color. Y es que siempre lo he dicho. Lo del blanco y negro… aunque se diga que es la esencia de la fotografía,… es que es más fácil de ejecutar porque hay una variable, maravillosa, menos que controlar. El color. Pero cuando se mantiene y se sabe usar y controlar… lo dicho… qué maravilla. Tomasz Trzebiatowski, de FRAMES Magazine, ha hecho un vídeo sobre este autor. Eso sí, que tengáis suerte con la invasiva publicidad de Youtube.
La fotografía de arquitectura me parece una de las disciplinas fotográficas más interesantes y bellas que puede haber, pero también mucho más difícil de lo que parece. Por eso, admiro a los buenos fotógrafos de arquitectura. Muchos de ellos arquitectos ellos mismos. Y por ello, me parece interesante destacar a Richard Schulman, que se ha especializado en el ámbito de la arquitectura y el diseño. Y no sólo eso, sino también en el del retrato, a través de los retratos de arquitectos, diseñadores y otros artistas, que constituyen series con consistencia propia, además de acompañar a su fotografía de arquitectura o diseño. No os lo perdáis.
En el ámbito del paisaje, me han gustado los lugares imaginarios de Elizabeth T. Greenberg. Trabaja fundamentalmente en blanco y negro. Con objetivos antiguos o de diseño simple con amplias aberraciones. No he encontrado referencias sobre si trabaja con película fotográfica o en digítal. Creo que en digítal, aunque podría equivocarme. En cualquier caso, creo que hay una búsqueda de cierta estética que ofrecen determinados aparatos para fotografía con película tradicional, como los lomos, dianas, holgas, y similares. Con aprovechamiento. Y… tenía alguna cosa más, pero por hoy ya vale.
Sinceramente, no veo necesidad de dedicar mucho tiempo al comentario de estas fotografías realizadas entre el puente de la “Inmaculada-Constitución” y el día de Navidad. En esas fechas de diciembre, estuve bastante ocupado. Y además de dedicar un par de ratos a probar un chisme nuevo, apenas me dio tiempo a nada más.
Eso sí, intenté encontrar mis ratos para caminar, por el bien de mi salud. Y en esas ocasiones, siempre llevo una cámara fotográfica conmigo. Como en esas semanas de diciembre, con frecuencia una cámara compacta, que no pese ni ocupe volumen. Pero tampoco la luz estuvo muy digna en esos días. Sol radiante, pocas nubes, fuertes contrastes… a pesar de que en diciembre el sol siempre va más bajo y la cosa no suele ser grave.
Los detalles técnicos de las fotografías, como de costumbre, en Carlos en plata, aquí, sin más, os dejo algunas de las fotografías tomadas en mis caminatas siguiendo las riberas del río Ebro a su paso por la ciudad de Zaragoza. Paseos muy agradables, especialmente con los colores del otoño… que antaño no duraban hasta mediados de diciembre. Cosas de la crisis global climática.
Hicimos algunos paseos, caminatas para eliminar calorías sobrantes de las comidas festivas, entre final y principio de año; la ruta circular con salida y regreso a Morata de Jalón pasando por la escuela de escalada y por Chodes, que ya comenté, y un paseo que hicimos desde la estación de cercanías de Casetas hasta la de Utebo, del que se han podido ver en estas páginas algunas fotos instantáneas de carácter ferroviario.
En ambos paseos o caminatas llevé una cámara de medio fotograma, de la que salen 72 fotos en un rollo estándar de 36 exposiciones, con película para negativos en blanco y negro. Las cuestiones técnicas, como sucede habitualmente, las encontraréis en Carlos en Plata. Aquí reproduzco algunas de las fotos. Un poco tristonas, por salir el día nublado, poco luminoso, cuando fuimos a Morata de Jalón, y más alegres y soleadas, salvo la niebla de primeras horas de la mañana, cuando evolucionamos ante las viejas locomotoras y vagones oxidados en Casetas. Espero que os gusten.
Ayer miércoles, Ana Cosculluela, una compañera de aventuras fotográficas de Zaragoza, inauguraba su exposición en el Pasillo de las Artes de la Escuela de Artes Escénicas del Teatro de las Esquinas, en la ciudad del Ebro. Una exposición de fotografías estenopeicas realizadas sobre película negativa en blanco y negro de formato medio, y de carácter muy introspectivo, en la que es ella misma quien, además de disparar, se sitúa ante el objetivo de la cámara. Muy interesante. Y pasamos un par de horas muy agradables con los compañeros de aventuras fotográficas que allí nos reunimos. Muy bien… vamos. Ilustro la entrada con algunos momentos de la inauguración.
A principio de la semana, en PetaPixel primero, luego en otras plataformas, me llegaba la noticia del fallecimiento de Oliviero Toscani (1942-2025), fotógrafo italiano de moda que se hizo especialmente famoso en los años 90, siendo director artístico de la firma italiana Benetton, por sus vistosas campañas, consideradas en muchas ocasiones provocativas, pero que solían incluir mensajes de tolerancia y convivencia. Siempre utilizó su arte, incluso el más comercial, para lanzar un mensaje sobre sus preocupaciones sociales. Descanse en paz.
Más repercusión en la prensa ha tenido el fallecimiento del director de cine David Lynch (1946-2025). Uno de mis directores de cine favoritos, creo que he visto toda su cinematografía, más todas las variantes de su obra televisiva más famosa, también dedicó una parte de su tiempo creativo a la fotografía, con una visión similar, que acompañaba bien, a la de sus películas. Para todo aficionado a la fotografía, la visualización de estas también es obligatorias, por su dominio de la composición visual y del color. Incomprendido por muchos, incomprensible según muchos, también, se negó siempre a explicar sus obras. Lo cual me parece estupendo. Estamos en una época de vagos que no quieren pensar, que prefieren que les den mascado lo que tienen que pensar. Y eso es muy peligroso, y hay que luchar contra ello. Por cierto, vi la noticia del fallecimiento en primer lugar en el Instagram de Fotografiska.
Uno de los grandes de la fotografía del siglo XX es Irving Penn. Y aunque ya falleció hace un tiempo, su fotografía, sus retratos especialmente, se han convertido en imprescindibles para quien quiera aprender y conocer las esencias del arte fotográfico. Aunque yo siento debilidad por sus naturalezas muertas, tan limpias, claras y significativas, tanto en blanco y negro como en color. En Clavoardiendo Magazine lo han recordado esta semana, y yo aprovecho para hacer lo mismo.
Llevamos varios años en los que el tiempo de otoño es sorprendentemente benigno. Temperaturas agradables, días soleados. Adiós a las nieblas persistentes que antaño duraban semanas en Zaragoza. Sin embargo, este año dio la sensación de que sí que era más otoño que otros. No lo sé. Con la crisis climática global ya es difícil saber si tus sensaciones se corresponden con los datos registrados por los meteorólogos.
La cuestión es que a finales de noviembre sí que tuvimos algunos días con nieblas. Las fotografías de hoy, y cuyas características técnicas podéis leer en Carlos en plata, son de esas semanas. En la que la luz de sol estaba matizada por un cierto grado de bruma, o simplemente desaparecida, por nieblas más o menos persistentes.
En estas navidades me he hecho con un nuevo flash fotográfico. Un capricho más que una necesidad. Pero muy divertido de usar. Y con un aspecto muy retro. Si queréis conocer los detalles, podéis visitar la publicación que lo explica en Carlos en plata.
La mayor parte de las fotografías corresponden a un paseo fotográfico realizado con compañeros de AFZ Asociación de Fotógrafos de Zaragoza, para fotografiar la iluminación navideña en Zaragoza durante las horas crepusculares. Y me lo llevé para usarlo de relleno e iluminar los primeros planos. También tengo una foto realizada en el entorno familiar durante la Nochevieja. Así que… feliz año (5*3^2)^2, si no os lo había deseado con antelación.
Como ya explico en Carlos en plata, de vez en cuando me salen fotos anodinas, sin mucho interés. Incluso me había planteado ignorar supinamente la fotografías de este rollo de película. Pero al final… pues aquí hay algunas. Sin más. Y es que hoy es el día adecuado,… porque hoy es un día sin más… espero,… que simplemente tiene que pasar. Dicen que estos días de enero son los más tristes del año. Nunca había pensado mucho en esas cosas, pero este año va a ser verdad. O algo.