Como digo en el encabezado, en mi segunda mitad de vacaciones, he hecho una escapada a la bonita ciudad portuguesa de Oporto. Ya la había visitado hace 22 años, en un viaje más largo que nos llevó desde Valença do Minho en la frontera con Galicia hasta la Lisboa de la Exposición Internacional de 1998. Un viaje que recuerdo con cariño, pero del que conservo una memoria muy selectiva. Hay cosas de aquel viaje de las que me acuerdo mucho y con detalle y de otras que apenas recuerdo. No sé muy bien cómo me funciona la memoria.
Estación de São Bento, Oporto.
En esta ocasión, aunque la posibilidad de volver a la ciudad de la desembocadura del Duero la llevaba en mente desde hace tiempo, la decisión la tomé sobre la marcha, tres días antes de salir de viaje. Estamos en lo que estamos. Y nos dejan entrar en pocos países con facilidad a los españoles en estos momentos. En muy pocos. En la mayor parte de Europa, o hay que autoaislarse unos días al llegar, o llevar certificados con PCR negativas u otros incordios. Así que la cosa era entre Francia, Portugal… o España. Pero sinceramente, después de vivir todo el año en este país,… me cansa. Y mientras pueda… me voy de vacaciones a otro.
Visitando bodegas de vino de Oporto y arte callejero en los parques de la ciudad.
No es que crea que otros países sean mejores o peores. Como decía un amigo, viajando se curan dos graves enfermedades; el nacionalismo y los complejos de inferioridad. Siempre y cuando viajes con los ojos y los oídos abiertos y dispuestos, claro. Otro problema con el turista español por el mundo, y en este viaje me he encontrado con algún ejemplo, es cuando se empeña en que el resto del mundo funcione como está acostumbrado en su pueblo. Y como no es así,… va y se enfada. En fin… Que cansadico estoy de la idiosincrasia nacional…
Plaza de Almeida Garrett, Oporto.
El viaje ha ido bien. El tiempo ha sido bastante más que razonablemente bueno. En los primeros días del otoño siempre es de esperar en esas latitudes de la Península Ibérica algo de lluvia. Bueno… pues tan apenas. No he llegado a abrir el paraguas. Y sólo el último día, en el que se levantó el viento, hube de poner una chaqueta cortavientos. Temperaturas máximas entre 18 y 22 ºC son muy agradables para viajar. El 80 % del tiempo con sol o nubes y claros.
Fachadas pintadas en Costa Nova, ría de Aveiro.
La nota negativa la puso mi afición a la fotografía. El jueves, dos días antes de volver, extravié mi cámara digital, prácticamente nueva, en Aveiro. Me lie con las cosas que llevaba encima, creía que la llevaba dentro de la mochila, y me la dejé en un banco en una parada de autobús. Así que perdí las fotos de cuatro días de viaje. Me quedan los seis rollos de película en blanco y negro que he ido haciendo y que ya he empezado a revelar, y las fotos que hice ese día y al siguiente con el teléfono móvil. Y las dos docenas que subí a redes sociales en los días anteriores. Si lo siento es por las fotos y por el objetivo que llevaba la cámara en ese momento. Un recuerdo que me traje de Tokio en 2014 y que iba muy bien. Ya veremos cómo lo suplo, si lo suplo. Igual que la cámara… que a lo mejor no me molesto en sustituirla… Aunque tenía sus ventajas para estas escapadas urbanitas, por su poco volumen y peso.
Praia da Barra, ría de Aveiro.
Decir que además de Oporto he visitado Guimaraes y Aveiro con alguna localidad en el entorno de la ría del mismo nombre. Todo muy tranquilo. Sin prisas, sin agobios. Sin batir records de visitar atracciones turísticas. Además ya había estado por allí. Comer y cenar bien, pasear, ver alguna cosa nueva y relajarse. He dormido como un tronco todos estos días… ya veremos ahora a la vuelta.
Durante mi reciente viaje en el mes de agosto a la isla de la Palma, en las Canarias, además de mi equipo habitual digital, para la fotografía en color principalmente, me llevé también una de mi más queridas y fiables cámaras para película tradicional y cuatro rollos de película en blanco y negro. Aquí os dejo unas cuantas fotos.
Tienen ya más de 25 años estas fotos realizadas con película negativa en blanco y negro en un frío pero soleado mes de diciembre de los años 90. Pero me quedaron bastante majetas. Los datos técnicos de las tomas los podéis encontrar en Historias de mi historia; en Londres con una Minox ML 35 e Ilford Delta 400.
Para quienes no estéis interesado en lo técnico, simplemente os dejo las fotos puestas.
Este año está siendo un año azaroso. En todo el mundo. La pandemia que nos tiene a todos atenazados en una cotidianidad totalmente anormal, por mucho que le apliquen eufemismos de «nueva normalidad», hace que hay cosas difícil de planificar o prever. Como por ejemplo, dónde irse de vacaciones. Y cuándo. Y si será posible. No me iré a los detalles, pero este año decidí y reservé billetes y alojamientos sólo tres días antes de salir.
Piscinas de La Fajana de Barlovento.
Cascada de los Tilos.
Playa de los Nogales en Puntallana.
El destino me lo recomendó un compañero de trabajo tinerfeño. Hace tiempo que llevaba dándole vueltas a la idea de visitar las Canarias. Pero no encontraba con quién. Y hay una cosa que me tira para atrás de las islas. Necesariamente hay recorrerlas en coche alquilado. Y a mí, no me gusta conducir. Y menos un coche con el que no estoy familiarizado. Y menos por unas carreteras… complicadas,… más o menos. Así que pierdo oportunidades. Pero en esta ocasión decidí que aceptaba la recomendación, asumía el inconveniente del coche de alquiler, y me he ido a la isla de La Palma.
Volcán de San Antonio en Los Canarios (Fuencaliente).
Salinas marinas de Fuencaliente.
Volcanes de cumbre vieja desde la bonita carretera LP-301 o carretera de San Isidro, muy recomendable.
El principal motivo para recomendarme esta isla y no otras del archipiélago canario fue el conocimiento que tiene este compañero de mi afición a la fotografía y de los comentarios que hago en otros viajes. Una variedad de paisajes, desde bosques hasta la desolación de los piroclastos y las coladas de lava volcánicos, con cierto interés por el ambiente humano, hacía de La Palma el destino más adecuado para mí en las Canarias. Si ha eso sumas que, a priori, su situación más occidental, más adentrada en el Atlántico, la hace más fresquita, húmeda y vegetal… pues todo se explica.
Atardecer en la playa de Charco Verde, Los Llanos de Aridane.
MAGIC (Major Atmospheric Gamma Imaging Cherenkov Telescopes), o telescopio Florian Gobel, que detecta lluvias de partículas producidas por la radiación gamma mediante la radiación de Cherenkov, en el Roque de los Muchachos.
Clásico cartel art-decó de Nitrato de Chile, conservado en Santa Cruz de la Palma, que fue un clásico en muchas poblaciones agrícolas de España.
Pero el ser humano propone y natura dispone. O se rebela a su modo contra los desmanes del ser humano. Y una de las consecuencias del calentamiento global es la frecuencia mayor de eventos climatológicos extremos. Llevan un montón de meses con sequía pertinaz en La Palma. Todo está sequísimo. Hay graves riesgos de incendios forestales. De hecho, al día siguiente de llegar a la isla me desperté con la noticia de que se había desencadenado uno, y que había una serie de carreteras cortadas. También se presentó una ola de calor. Y todo ello en conjunto llevó a que las autoridades de protección civil de la isla cerraran toda la red de senderos de la misma. Adiós al interior de la caldera de Taburiente, adiós a caminatas por algunos bosques de laurisilva, adiós a diversas posibilidades…
Caserío de los Machines en la costa de los Franceses, Garafía.
Prois o Poris de Candelaria, Puntagorda.
Algibes naturales en Fuencaliente, entre las coladas de lava y piroclastos de la eurupción del Teneguía de 1971.
A pesar del calor… sorprende la diferencia de temperaturas que tiene la isla entre unas y otras de su regiones para lo pequeña que és, de hasta 10 grados centígrados, entre por ejemplo Los Llanos, donde el termómetro marcaba los 38 ºC y Barlovento, donde yo me alojaba, donde apenas se pasó de los 28-29 ºC. A pesar del calor, como decía, fui visitando lugares interesantes y bellos. Me queda un cierto regusto a viaje incompleto y a que no sé si algún día lo podré completar, pero dados los tiempos que corremos, me doy por contento y satisfecho de haber podido viajar y escaparme de la realidad durante unos días.
Vistas de Barlovento con la bruma matinal sobre el mar desde mi ventana en el Hotel La Palma Romántica.
Durante bastantes años, y es algo que he vuelto a hacer en los últimos, además de la cámara de objetivos intercambiables con película en color, actualmente digital, me llevaba una pequeña cámara compacta con película en blanco y negro que luego revelaba y ampliaba yo mismo. Como una forma de extender la experiencia y la diversión del viaje.
La primera vez que hice algo así fue en mayo de 1993. Y el viaje fue a los Países Bajos y alguna ciudad del norte de Bélgica. Aunque abarcó más ciudades, fotografías en blanco tengo de Rotterdam, Schiedam, La Haya, Amsterdam, Utrecht y Gante. Los detalles más técnicos los podéis encontrar en Historias de mi historia; mi primer viaje con película en blanco y negro, Países Bajos 1993.
Aquí os dejo unas cuantas fotos de la mañana, en los hocinos del Pajazo y en Martín del Río. Por la tarde en Peñas Royas, la luz era muy fea y no le puse otro carrete de película a la cámara.
El río Martín nace en la provincia de Teruel, en la sierra de San Just, en la comarca de las Cuencas Mineras, en el término de Martín del Río, como confluencia de varios ríos y torrentes en dicho término municipal. Y en buena parte de su curso alto excava las sierras generando hoces o cañones más o menos profundos, más o menos vistosos, en muchos casos acompañados de un paisaje de interés geológico, de interés paleontológico, no es difícil encontrar algún lugar donde ver icnitas de dinosaurios, y de interés arqueológico, que van desde pinturas rupestres que forman parte del conjunto que se declaró Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995, a restos de poblados o necrópolis medievales.
Con un buen amigo que tiene casa en Martín del Río y que tenía que ir a dar vuelta por temas de mantenimiento de la misma, salimos a pasar una buena parte del sábado recorriendo algunos de los parajes del curso alto de río Martín.
Por la mañana, tras parar un momento en Martín del Río, con tiempo soleado y agradable, nos acercamos a los Hocinos del Pajazo, un cañón formado por el río de las Parras uno de los tributarios que forman el río Martín en el término municipal de Martín del Río. El cañón tiene un sendero, habitualmente mantenido para poder recorrerlo con cierta comodidad, pero que tras las inclemencias del tiempo invernal, precisa bastante mantenimiento. La corriente se ha llevado por delante bastantes necesarios puentes, y se han producido notables desprendimientos de rocas de las paredes que forman el cañón. No nos adentramos mucho, porque particularmente yo no soy muy hábil al cruzar haciendo equilibrios sobre estrechos troncos u otras incidencias. Siempre he tenido una estabilidad muy precaria, y la edad no mejora la cosa.
En la zona, también pudimos visitar unas tumbas de un necrópolis medieval cuya datación se estima entre finales del siglo XI y principios del XII, un momento en el que la zona todavía se encontraría bajo dominio musulmán, recordemos que Zaragoza es tomada por los cristianos en 1118, al final de la segunda década del siglo XII, pero no hay indicios de qué religión profesaban las personas allí sepultadas.
Tras comer un plato combinada en un restaurante de Martín del Río… Un inciso… para los que se lían con la toponimia. No confundir Martín del Río, en la comarca de las Cuencas Mineras de la provincia de Teruel, con San Martín del Río, en la comarca del Jiloca, también en la provincia de Teruel. No es que estén muy lejos uno de otro, unos 60 km por carretera, pero son distinto lugar. Bueno tras comer, nos dirigimos a Peñas Royas, un núcleo de población perteneciente a Montalbán, aguas abajo del río Martín, a cinco kilómetros y medio del núcleo principal del municipio.
Allí, el río Martín se vuelve a encañonar en medio de un notable paisaje de plegamientos de rocas de color rojizo que da nombre a la población y al paraje. Nos encaramamos a un mirador sobre el conjunto del paisaje, aunque dejamos para más adelante la exploración de las icnitas de dinosaurio y de las pinturas rupestres que se encuentran por el lugar. Desde el mediodía, las nubes se habían echado sobre la comarca y la luz, nunca especialmente buena durante todo el día, se había vuelto francamente modorra. Nos dejamos como deberes el volver con más tiempo y mejores condiciones para una exploración del lugar más a fondo y tranquila.
Ya es casi tradición, llevamos cuatro años consecutivos así, que el 30 de enero me cojo fiesta y salgo de excursión con algunos amigos, dentro de Aragón. Los dos primeros años fue hacia el norte, hacia los Pirineos, hasta llegar a la frontera con Francia; el año pasado, buscando el mejor tiempo atmosférico, nos dirigimos hacia el sur, hacia Albarracín y los montes Universales. Este año, las nubes también nos indicaban que veríamos más luz dirigiéndonos hacia el sur. Y estos días atrás, el estupendo fotógrafo de naturaleza Uge Fuertes nos venía hablando en las redes sociales del Parque Cultural del Chopo Cabecero de Alto Alfambra. Ya hace un par de años, por lo menos, le pregunté dónde se podía fotografíar este característico paisaje y me comentó… así que lo estuve analizando.
Lo curioso es que hasta la víspera no teníamos claro dónde iríamos exactamente. Es una zona de la provincia de Teruel relativamente desconocida para mí. He visitado el Maestrazgo, las Cuencas mineras y la capital Teruel. Pero de lo que hay en medio de este triángulo, conozco poco. Hasta que me di cuenta que en el Alfambra se encuentra Galve, una población dentro del Territorio Dinópolis, que visitamos allá por el año 2006, si no recuerdo mal. Por lo de los dinosaurios. Pero no había caído que los sotos del río de Galve, que resulta ser el Alfambra, son de chopos cabeceros. Este río me desconcierta. Su curso hace una curva amplia. Cuando nace, cerca de Alcalá de la Selva se dirige francamente hacia el norte, pero al llegar a Galve ya está girando desde hace kilómetros para acabar dirigiéndose hacia el sur y encontrarse al Guadalaviar, o Turia, en Teruel. También recordé que había un restaurante que no estaba mal… aunque la probabilidad de encontrar estos restaurantes de pequeñas poblaciones abiertos entre semana es… remota.
El chopo cabecero no es otra cosa que un cultivo del chopo negro (Populus nigra), especie muy popular en nuestro país, en sotos o bosques en galería a orillas de los ríos, cuyas rectas ramas se podaban para su aprovechamiento, dándoles un aspecto característicos. Esta actividad económica ha ido desapareciendo, pero hay cierto interés en conservar el paisaje. Siempre he pensado que podía tener interés fotográfico y quería empezar a investigar. Lo cierto es que lleva un rato en el coche llegar hasta estas comarcas desde Zaragoza.
Así pues, nos plantamos allí en Galve hacia las 11 de la mañana y estuvimos caminando y recorriendo el paisaje y los sotos del Alfambra hasta la una y media, en la que se reunieron dos circunstancias que nos llevaron a terminar la actividad. Una… que las nubes se cerraron y el día se volvió más modorro, más gris, con un paisaje visualmente menos interesante. Dos… teníamos hambre. Era hora de comer.
Efectivamente, el restaurante en el que habíamos depositado ciertas esperanzas estaba cerrado. Nos ha pasado en tantas ocasiones esto… Se dice para los artistas que si dependes de la inspiración, lo mejor es que te pille trabajando. Pues para la hostelería aragonesa parece que lo de que si dependes de los clientes, que te pillen trabajando, no vale. El año pasado, en Albarracín, también estaban cerrados la mayor parte de los resturantes. Y llegamos al ciclo vicioso. Queremos turismo, visitantes… nos quejamos que no vienen los turistas, visitantes… que cuando van no tienen servicios… por lo que desaconsejan a otros potenciales turistas, visitantes, la visita de estos lugares, salvo en momentos puntuales, cuando va todo el mundo. O se llevan el bocadillo de casa. Y entonces decimos… «qué rancios que no se gastan un duro en los pueblos». Pues eso. Ala, maños, a ver si os pillamos algún día trabajando. Por cierto. Si miras en Google y buscas el restaurante, te asegura que en esos momentos, a las dos de la tarde está abierto y hasta las cuatro. Es decir, que el horario que publicitan es como si estuvieran abiertos, aunque luego te los encuentras cerrados.
Pero a lo positivo. Nos gustó la excursión. No pudimos hacer todo exactamente como pensábamos. El río llevaba el deshielo de las recientes nevadas de la borrasca «Gloria», y había zonas embarradas o encharcadas. La sensación es que el caudal iba ya de bajada. Pero no nos arriesgamos a meternos en algún berenjenal. No porque hubiera peligro, sino por no ponernos perdidos de barro. Hice algunas fotos con la compacta digital, de las que aquí podéis ver algunas, y luego terminé un carrete en color con la Canon EOS 650 y hice bastantes fotos como mi reciente adquisición de la que os hablaré más adelante. Con película en blanco y negro, en medio formato. Que no es lo mismo que el formato medio. Me refiero a los pequeños negativos de 18 x 24 mm aproximadamente, frente a los más comunes de 36 x 24 mm. Veremos que tal quedan.
Llega el momento de comenzar con el resumen del año. Ya casi no puedo recordar cuando empecé con esta tradición. Lo tengo que buscar. Y compruebo que fue el 31 de diciembre de 2007 la primera vez que publiqué la entrada de fin de años bajo el título «12 meses, 12 fotos». Y fue en 2012 cuando por primera vez extendí esa entrada a dos más; la dedicada a la fotografía con película tradicional y la dedicada a los viajes del año, grandes o pequeños. Y aquí estamos terminando este 2019, que ha sido venturoso en viajes. Esperemos que sea así por mucho tiempo. Ya tenemos billetes de avión para un nuevo viaje al Asia oriental en primavera…
Excursiones o viajes cortos, sólo o con amigos
Este año no hay muchas. Porque me ha dado mucha pereza coger el coche yo sólo e irme a explorar el mundo. Así que, o he encontrado a alguien con quien compartir la ruta, o me he quedado en casa.
Empecé pasando el año con un pequeño grupo de amigos, aunque más numeroso que años atrás, en Albarracín y los Montes Universales. Tradicionalmente, en estos últimos años, el día de mi cumpleaños apuntábamos al norte y nos íbamos a los Pirineos. Pero una tremenda borrasca nos hice mirar al sur, donde el sol nos alegró el día. Las dos fotos están realizadas con película tradicional.
Me he escapado en un par de ocasiones a Madrid, donde tengo, también desde hace muchos años, buena gente a la que me gusta ver. En junio, a la izquierda, para visitar PhotoEspaña, y en diciembre, a la derecha, con película tradicional, con la excusa de otras exposiciones de interés. Y alguna compra.
Tras ayudar en una mudanza en un pueblecito del Serrablo, volvemos un sábado por la tarde hacia Zaragoza y decidimos parar a contemplar la puesta del sol desde el dolmen de Ibirque. Ambas fotografías, realizadas con película tradicional.
Excursiones con fotógrafos
He realizado un par de excursiones fuera de Zaragoza con la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. Creo que me perdí alguna, como con ASAFONA, con quienes nunca he podido salir, porque siempre me pillan en malas fechas. Participo en otras actividades.
A la Bardena aragonesa o Bardena negra, me llevé cámara digital, película negativa en color y película negativa en blanco y negro. Con esta última fue con la que conseguí mejores resultados. El día no tenía la luz adecuada para el color. Demasiado intensa y dura.
Algo parecido me sucedió en la excursión al yacimiento arqueológico de Los Bañales y Ejea de los Caballeros. Aunque para la tarde en Ejea ya no me quedaban rollos de película negativa en blanco y negro y seguí con la cámara digital.
Viajes, grandes o pequeños
Generalmente mi propósito viajero para cada año es un par de escapadas por Europa, un viaje de siete u ocho día a algún sitio de interés, conocido o no, y un viaje de unas dos semanas a un sitio desconocido. Pero este año he tenido dos interesantes viajes a Asia oriental, un destino que cada vez nos gusta más.
Hacía tiempo que mi hermana quería que hiciésemos un viaje familiar a París, con nuestro primos en Saint-Denis, y llevando al pequeño de la familia a conocer Disneyland París. Y la Semana de Pascua de este año fue el momento adecuado. Fotografía sobre todo digital, también me llevé una pequeña cámara con película en blanco y negro.
Después de haber visitado Hong Kong y Taiwán, este ha sido nuestro primer viaje a la China continental. A final de la primavera. Shangái y sus alrededores con una extensión a las montañas Huangshan fue el destino. También me llevé la compacta con película en blanco y negro. Este año que viene repetiremos China, pero no destino dentro de este inmenso país.
Con la excusa del centenario de la Bauhaus, hicimos en agosto en Berlín una reunión de viejos amigos. Con excursiones a Weimar y Braunschweig. Y como el año pasado por las mismas fechas, con la cámara para película tradicional, blanco y negro, como cámara principal.
De forma un tanto improvisada, para lo que nos gusta, el viaje de principio de otoño lo hicimos en Japón. Nuestra segunda al País del Sol Naciente, que cada vez nos gusta más. Volveremos. Espero. Se me olvidó la compacta para película tradicional en casa, así que en los tres días que estuvimos en Tokio, compré un par de cámaras de un sólo uso de Ilford.
Mañana lo dedicaré a hablar en exclusiva de la fotografía con película tradicional.
Un despiste monumental hizo que olvidase mi cámara para película tradicional, y el cargamento correspondiente de estas, en Zaragoza antes de salir de viaje hacia Japón. Un poco mohíno por estas circunstancias, en los últimos días del viaje, en Tokio, me hice con un par de cámaras Harman de un solo uso, con película Ilford, en blanco y negro. Os presento algunas de las fotos. Y los detalles técnicos, para quienes este interesados, en Dos Harman de un solo uso con Ilford HP5 Plus en Tokio.
Cinco años después, semana arriba o abajo, volvemos a Japón. Esta vez con una compañera más de viaje. En 2014, las decisiones sobre el recorrido y las características del viaje fueron rápidas y concretas. Las dos personas que viajábamos juntas teníamos problemas familiares que condicionaban la estructura del viaje. En esta ocasión no ha sido así, lo que curiosamente nos llevó tener muchas más discusiones y desacuerdos sobre cuándo íbamos a viajar al País del Sol Naciente, y en qué iba a consistir el viaje. Y añadir una tercera persona, aunque ha sido muy divertido, no hizo más rápida la toma de decisiones. Seguro que no se enfada si digo que el nivel de caos aumentó en un primer momento varios enteros; luego ha sido un aporte valiosísimo durante la estancia en el país nipón.
El castillo de Ōsaka, muy bonito, muy pintoresco, muy fotografiado… pero muy reconstruido. La ciudad quedó planchada y destruida por los bombardeos norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial.
Voy a lo mío. Para mí, viajar siempre va unido al hecho fotográfico. Entendámonos, nunca he condicionado el viaje a la fotografía. No soy fotógrafo de viajes; si acaso un viajero o turista que hace fotos. Aunque intenta hacerlas lo mejor posible, dentro de mis capacidades. Mi cámara principal desde hace año y medio es la muy fiable Panasonic Lumix G9, con varias configuraciones de objetivos, que abultan relativamente poco, según las circunstancias. No llevo lo mismo en la bolsa o en la mochila si estamos en la naturaleza que si visitamos una ciudad. Si tenemos lluvia o si tenemos tiempo seco. Nunca llevo todos los objetivos encima… eso sería absurdo. Selecciono los que mejor van a ir.
Puerta de entrada al complejo monástico de Engyo-ji en Shoshazan (monte Shosha), en las afueras de Himeji. Aquí ruedan películas de Hollywood y todo, por lo bien que está conservado el ambiente tradicional. El bosque es magnífico.
Siempre llevo también una cámara de respaldo. Desde hace unos meses, la Fujifilm XF10, un cámara que da muy buena calidad de imagen por un precio muy ajustado, pero que tiene una ergonomía y una reactividad francamente muy mejorables. Pero tras unos primeros tiempos de cierto desacuerdo mutuo, ya le he cogido el tranquillo. No la uso mucho. Está ahí por si falla la otra. O para llevarla en el bolsillo del pantalón cuando estamos desplazándonos de una lado a otro. Todas las fotos que ilustran la entrada de hoy están realizadas con la XF10.
Subida en funicular a Koyasan (monte Koya). También son impresionantes los bosques de este lugar, con cedros japoneses multicentenarios, de más de 50 metros de altura.
Mi intención era llevarme una cámara para película tradicional. En concreto, la Minox GT-E con unos cuantos carretes de Ilford HP5 Plus. Pero me la olvidé. La preparé, pero olvidé ponerla en la mochila con el equipo fotográfico. Lo he compensado un poquito. Cuando llegamos a Tokio para pasar los tres últimos días, me compré en Yodabashi dos cámaras de uno solo uso Harman, con carretes de 27 fotogramas de HP5 Plus incorporados. Los revelaré cuando se me pase un poco el desfase horario.
Simpáticos animalillos en el restaurante de «udon», un tipo de fideos relativamente gruesos, donde comimos en Kifune, tras recorrer Kurama-yama (monte Kurama). El carácter 山, que significa monte o montaña, a veces se lee al estilo chino, «san» o «zan», y a veces al estilo japones, «yama». Por eso, en occidente hay que que al monte Fuji le llama «Fujiyama», aunque los japoneses le denominan «Fujisan». Llamándoles monte Fuji, no te equivocas.
Como novedad, en este viaje introdujimos un nuevo elemento tecnológico. Como éramos tres personas, llevábamos tres teléfonos móviles. Pues bien, decidimos que en dos de ellos pondríamos durante los días del viaje una tarjeta de datos, suministrada por Holafly (14 días, datos ilimitados), mientras que el tercer móvil iría con su tarjeta original por sí teníamos la necesidad de hablar por teléfono. Las tarjetas de Holafly permiten el acceso a datos a través de las redes de telefonía japonesas, pero no mantener conversaciones telefónicas. Van bien. En uno de los alojamientos, en los que la red Wi-Fi dejaba mucho que desear, podíamos ver episodios de series de Netflix con buena calidad a través de la conexión 4G que nos ofrecía la tarjeta. Es que allí, Netflix lleva más adelantados los nuevos episodios de Terrace House: Tokyo 2019-2020… así que nos hemos visto ya la mitad de la siguiente tanda… Yo tuve algún problema con la batería de mi móvil, pero eso es otra historia y será contada en otra ocasión. O no. Porque es un aburrimiento. La única cuestión es que aunque la gente de Holafly dicen que lo mejor es tirar de la red SoftBank, en nuestro caso, en alguna ocasión notábamos mejoras con DoCoMo. Pero no sé porqué sí o porqué no.
Un tren pasa por la estación de Kii-Katsura.
Uno de los temas importantes fue el recorrido que íbamos a hacer. A ver… constricciones. Una de mis compañeras de viaje, por «motivos de trabajo», quería para algunos días en Ōsaka 大阪. No fuimos allí en el 2014,… no nos motivaba. Pero aceptamos porque sí que es un buen centro de operaciones para hacer excursiones en el día a otros sitios de interés, con amplia oferta de medios de transporte. Y probablemente más barata en alojamiento que otras ciudades más de campanillas para la cosa del turismo como Kyōto 京都 y no digamos Tōkyō 東京 (lo de usar las formas escritas oficiales de romanización japonesas de los nombres de las ciudades, en lugar de sus nombre en castellano es una pequeña coña con mis compañeras de viaje; no es que me haya vuelto tonto) Pero decidimos que, independientemente de que dedicáramos algún día o algún rato a estas ciudades significativas, el viaje tendría un tema coherente y razonable.
Cambio de trenes en la estación de Taki, prefectura de Mie, en nuestro desplazamiento desde Katuura hasta Ise.
Y lo encontramos en la región de Kansai, en la península de Kii, donde encontramos una de las denominaciones más interesantes de los lugares patrimonio de la humanidad según la Unesco en Japón; los sitios sagrados y rutas de peregrinación de los Montes Kii (Nara, Wakayama, Mie). O dicho de otra forma, porque no íbamos de peregrinación, visitar los templos y santuarios de Kōyasan, Kumano Kodo e Ise. Esto, redondeado con otros zonas de templos y santuarios no relacionados directamente, pero que también mezclan estética, historia y naturaleza, como el templo de Engyo-ji en Shoshazan, Himaji, y los santuarios y templos de Kifune y Kurama-yama, al norte de Kyōto.
Luchando contra el vendaval ante las famosas «rocas desposadas» de Futamiura, en la región de Ise-Shima. En esta región hay un parque temático español, al que no fuimos, claro.
Por supuesto, visitamos convenientemente Ōsaka, paramos un ratito en Kyōto, visitamos el castillo de Himeji, uno de los pocos originales conservados en Japón y que también es patrimonio de la humanidad según la Unesco, y terminamos con tres días en Tōkyō, donde nunca faltan cosas que hacer. Bien, muy completo.
En Tōkyō nos alojamos en un «ryokan» contiguo prácticamente a Senso-ji. Aquí vemos a una de las muchas y los muchos turistas que se hacen la foto ante la puerta Kaminarimon con esta postura.
Hemos quedado satisfechos. Yo sólo le encuentro una pega al viaje. Yo siempre defendí la necesidad de intentar encajarlo en primavera. Y a ser posible no muy tardía. Por el clima. En la región de Kansai, por la influencia de la corriente marina Kuroshio, las temperaturas rondan todavía los 29 y 30 grados en estas fechas de finales de septiembre y principios de octubre, pero con humedades del aire que se sitúan en el 90 %. Como hagas algo de ejercicio y rompas a sudar… ya no hay forma de que se te seque la ropa en todo el día. Puede llegar a agobiar. Pero bueno… lo hemos pasado muy bien.
El último día completo de estancia en Tōkyō nos dimos el tradiciona tiempo «libre» en el que cada cual se va a hacer lo que le apetezca. Yo me fui a ver las librerías en Jimbocho, donde además comí en una librería que incluye un café-restaurante, en el que te dejan hojear los libros de la librería mientras comes. Pero no te lo puedes llevar… sin pagarlos convenientemente claro. Y no los puedes estropear, claro. Así que cuidado a los que se les caen manchas en la camiseta con facilidad.
Ya he publicado en estas páginas una abundancia de fotografías de mi reciente escapada a Berlín, con excursiones a Weimar y Brunswick. Pero todas ellas estaban realizadas con una cámara digital, la Fujifilm XF10, que actuó como cámara de apoyo. En realidad, la fotografía principal del viaje la realicé con mi veterana Pentax MX cargada con película en blanco y negro tradicional. Fotos del viaje van apareciendo en mis dos cuentas de Instagram, tanto la dedicada a la fotografía con película tradicional como la dedicada a la fotografía de viaje. El resumen técnico sobre el viaje lo podéis encontrar en En Berlín, Weimar y Brunswick – Pentax MX + Ilford XP2 Super 400.
Aquí os dejo algunas fotografías de muestra. Quizá no las más características. Pero sí de las que ilustran la versatilidad de la película y el equipo elegidos.