Este viernes llegaron los resultados de mis rollos de película tradicional para negativos en blanco y negro que hice en mi reciente viaje a Apulia, en el sur de Italia. La cámara y la película que uso son una receta ya muy consolidada para obtener buenas fotos, que sólo dependen de la habilidad, a su ausencia, del fotógrafo.
El viaje incluye también una escapada a Ostia Antica desde el aeropuerto de Fiumicino, aprovechando así la larga escala de seis horas en el aeropuerto romano. Los detalles más técnicos con un comentario fotográfico más amplio lo podéis encontrar en Apulia (y más) con película en blanco y negro – Minox 35 GT-E con Ilford XP2 Super.
En Bari, junto al puerto deportivo de Bari, destaca la mole rosada del teatro Margherita. Y allí, nada más salir a visitar el centro histórico de Bari, nos encontramos con una exposición dedicada a Banksy. El popular artista contemporáneo cuyos estarcidos sobre las paredes de las ciudades británicas se han vuelto muy populares y por los que muchos están dispuestos a pagar una buena suma. O por alguna reproducción original de los mismos sobre papel
Banksy no es conocido públicamente. Hay especulaciones sobre su identidad, pero no certezas. Se le supone nacido en Bristol en 1974. Ya no es ningún jovenzano,… se acerca a su medio siglo de edad. Y se fogueo en la escena graffitera de Bristol en los años 80. Y pintar graffiti es una actividad perseguida por la ley… así que se entiende su anonimato. Indudablemente fue en los últimos años 20 años cuando su obra y su figura se hizo progresivamente más famosa. Su obra es transgresora, pero no me atrevería a decir que de forma extrema. Ni mucho menos, digan lo que digan los sectores más conservadores de la sociedad. Y su mensaje no es complejo, aunque descifrar completamente el sentido de sus obras exige cierto conocimiento de la cultura y de otros movimientos artísticos y culturales. A mí, me gusta. Bastante.
Entre en contacto con su obra a través de alguno de los libros de Will Gompertz, cuando decidí que me tenía que poner al día con la historia y los conceptos del arte contemporáneo, cuando descubrí que me lo paso mejor en un museo de arte moderno y contemporáneo que navegando entre decenas de bodegones, marinas, santos o retratos de nobles de una pinacoteca de arte clásico. Por cierto, que el teatro Margherita de Bari está perdiendo su naturaleza de centro de artes escénicas para convertirse en museo de arte contemporáneo. Tiempo al tiempo.
No fue la única exposición que visitamos en Bari. En el Castello Svevo, además de otras dedicadas a la arqueología y al arte antiguo, encontramos una interesante exposición dedicada al fotógrafo italiano Aurelio Amendola (Instagram). Una retrospectiva de un fotógrafo que no conocía, con gran variedad temática, retrato, reportaje, paisaje, fotografía de arte… y que me gustó mucho por su finura, elegancia y visión clara.
Estaba en Italia o a punto de partir hacia tierras italianas cuando me enteré del fallecimiento de la fotógrafa siciliana Leitizia Battaglia (1935 – 2022). Era ya mayor. 87 años. Pero se hizo respetar como fotógrafa por sus sobresalientes trabajos sobre la mafia de su Sicilia natal, documentando con pocos miedos, aparentemente, las campañas de terror de la organización criminal. Y se le atribuye su mérito y su parte en los esfuerzos por limpiar Palermo de la opresión de estos criminales, excesivamente romantizados por muchos. Su fotografía es directa, sin tapujos. De primera fila y directa tanto a los ojos del sujeto como del espectador. Una de las mejores fotógrafas (o fotógrafos) documentalistas del siglo XX. Cuya obra hay que conocer y respetar como a una de las grandes figuras de la historia de la fotografía.
Versiones en blanco y negro de algunas fotografías realizadas en Trani, región italiana de Apulia, hace poco más de una semana.
El Nueva York cultural y artístico que va desde finales de los años 60 del siglo XX hasta principios de los años 80, cuando aparece la pandemia de sida, ha sido fotografiado desde muchos puntos de vista. Especialmente las personas que allí estuvieron, y especialmente las que se movieron fuera de los círculos de la «cultura oficial». En Another Magazine nos ofrecieron recientemente la visión de Marcia Resnick con sus retratos de muchos de estos protagonistas de la cultura alternativa. Una visión más, que no viene mal conocer.
Frida Kahlo fue una artista mejicana, convertida hasta cierto punto en un icono pop, no siempre bien comprendida por sus propios admiradores, dado que era una mujer compleja, multidisciplinar, y con alguna que otra arista. En parte su vida se vio condicionada por un accidente que la sumió en dolores de forma crónica hasta el día de su muerte. Otra grande de la fotografía, mejicana y mundial, Graciela Iturbide, tal y como nos contó Leire Etxezarra en su cuenta de Instagram, tras la muerte de la artista se acercó a las habitaciones no visitables de su casa museo para tomar nota fotográfica de esa vertiente más íntima y dolorosa de la artista.
No hace mucho, en una de estas entradas, hablaba del autorretrato. Pero más allá del omnipresente selfi actual, este toma muchas formas. En la cuenta de Instagram del Festival Revela-t nos han mostrado algunos de los estilizados, llenos de grafismos, autorretratos del finlandés Arno Rafael Minkkinen. Imágenes en los que reflexiona sobre la plasticidad y formas del cuerpo humano, utilizando el propio, y dándole un valor simbólico que trasciende la frontera conceptual del propio autorretrato. Siempre me ha gustado.
Finalmente, en Blind Magazine me ha llamado la atención la serie Lovesody del japonés Motoyuki Daifu (instagram). Y en ella nos habla de la breve historia de amor, duró unos meses, con una joven madre de un niño, embarazada de otro, en los que convivieron en un estado de caos doméstico y familiar completo por esa compleja situación de conciliar la pareja, con la maternidad, con el entorno doméstico en estado de caos por la presencia de un niño. Una mirada no exenta de ternura. El título de la serie es un acrónimo de Love rhapsody. Y en música, una rapsodia es un tema que se compone a partir de la unión libre de diversas unidades rítmicas y temáticas, que no tienen vínculo entre sí. Pues así se unen, libremente, las fotografías de Daifu.
La entrada en la que hablo de las cuestiones técnicas es Terminando el viaje al Sobrarbe con Olympus Trip 35 e Ilford HP5 Plus. Aquí os dejo simplemente algunas de las fotos, que incluyen también algunas de las que hice en Zaragoza para terminar el rollo, que quedó inacabado durante el viaje.
En los meses menos calurosos del año, cuando salgo de trabajar, entre las tres y las cuatro de la tarde, me gusta caminar. A veces mientras hago compras a unas horas de poca afluencias en los comercios. Otras por el simple placer de hacer ejercicio. Caminando a buen ritmo. Son meses en los que no hace calor, y es agradable hacerlo a esas horas. Cuando llegue el final de la primavera y el verano… la cosa ya no será tan agradable.
Y como siempre que salgo a caminar, llevo siempre una cámara conmigo. Muchas veces una compacta que no me ocupa mucho espacio, ni me suponga mucho peso. De ahí proceden muchos de mis pasajes urbanos que se ven con frecuencia en estas págians, como los de hoy. Para los detalles técnicos, como de costumbre, me extiendo en otras páginas. Visitad el enlace Ciudad, buen tiempo, película de grano fino – Olympus Trip 35 con Rollei Ortho 25 Plus.
Probablemente la fotografía instantánea no parece el medio más adecuado para la fotografía de naturaleza. ¿O es un medio más? En cualquier caso tienes que conocer las fortalezas y debilidades del medio para sacarle algún partido.
Eso es lo que he estado haciendo últimamente, revisando las fortalezas y debilidades de la Fujifilm Instax SQ6. Incluso para dedicarla a algo tan complicado como las bulbosas del Parque Grande de Zaragoza. Los detalles técnicos en Afinando mis Instax – Fujifilm Instax SQ6.
Últimamente me cuesta más aguantar los períodos entre vacaciones. Y no me canso de trabajar; mi trabajo me gusta. Pero no me gusta mi empresa ni su cultura imperante. Y no me gustan algunas gentes que en ella están y con las que no me queda más remedio que relacionarme. Y acabo agotado los viernes. Y cada viernes que pasa, acumulo cansancio… que no libero hasta que llegan algunas vacaciones. A ser posible con viaje incluido. Como dentro de poco… A ver si limpio un poco la mente. Esto me ha llevado a ver más fotos últimamente, porque para hacer fotos, antes hay que ver fotos. Para tener referentes. Luigi Ghirri ha sido un referente necesario, dado el lugar donde vamos a viajar.
Autorretratos. Si leéis el texto entenderéis porqué. En Toronto…
Hace ya casi tres años que visitamos por última vez China y Japón. En aquel 2019, antes de este enojoso apocalipsis que no acaba de ser, como no lo ha sido ninguna pandemia que en el mundo ha sido se pongan como se pongan prensa, políticos y demás histéricos irracionales, que la sinrazón es la peor receta para afrontar estos eventos ecológicos, sí, esto también es ecología,… desvarío… en aquel 2019 estábamos convencidos que a estas alturas de 2022 habríamos vuelto a visitar China y estaríamos pensando ya en volver al País del Sol Naciente. Ni lo hemos hecho… ni nos lo podemos plantear todavía. Los nipones tienen su país cerrado al turismo de forma indefinida. Y China, que tanto se pavonea por su «éxito» frente a la pandemia… prácticamente tiene declarada en estos momentos en Shanghái y otras ciudades la ley marcial por los brotes que están surgiendo. Los «éxitos» de los países totalitarios son así… El caso es que nos siguen interesando esas culturas. Por ejemplo, el trabajo de la fotógrafa Wang Lu, expatriada china en Tokio, donde se fue a estudiar hace cinco años, y donde ha reflexionado con su trabajo artístico sobre las vicisitudes de la adaptación a un país tan influido por el suyo, como extraño al mismo tiempo.
Y más al oriente todavía… ¿o quizá deba decir «yéndonos al extremo occidental del mundo»?… se encuentran las islas Diomedes, dos remotas islas en el estrecho de Bering, muy próximas una de otra, pero muy separadas al mismo tiempo. Una pertenece a Rusia, la otra a Estados Unidos. La rusa, la Gran Diomedes, fue convertida por el régimen soviético en base militar; la otra, la americana, aloja a un puñado de nativos viviendo de la pesca, y con un futuro incierto. Y entre ambas, la línea del cambio de día. A pesar de su cercanía, entre ambas hay una diferencia horaria de 23 horas… Y allí se fue Juan Herrero (instagram), fotógrafo español establecido en Estados Unidos, para hacer un reportaje sobre la vida de las gentes de la Pequeña Diomedes.
… en Kioto,…
Como es tristemente natural, cada vez tenemos más «bombardeo de imágenes» sobre los bombardeos criminales de los rusos en Ucrania, y otros desmanes. Algunos de estos actos son denominados «crímenes de guerra». Como si todos y cada uno de los actos de quien desencadena una guerra no fueran un crimen en sí mismo. Como si hubiera actos de guerra no criminales. Ese es uno de los problemas que evitan que no haya guerras. Que la mayor parte de la humanidad justifica un tipo u otro de guerra. Cuando luego sucede que TODOS los ejércitos en guerra, «buenos» o «malos», asesinan a gente inocente, violan mujeres, saquean, destruyen y deshumanizan. TODOS. Unos más, «los malos», y otros menos, «los buenos». Pero TODOS LOS EJÉRCITOS lo han hecho, lo hacen o lo harán si entran en acción. Me quedo de todos los reportajes con uno muy ferroviario. El francés Rafael Yaghobzadeh ha apuntado su mirada hacia las estaciones ferroviarias y hacia los trenes en las noches ucranianas, y hacia las gentes que allí se instalan para coger los primeros trenes que por la mañana les alejen de las bombas, de los asesinatos y de las violaciones.
Y termino con un tema más ligero. El selfi. Algo que es muy ridiculizado por muchos fotógrafos, profesionales o aficionados. La proliferación del autorretrato debida a la omnipresencia del teléfono móvil con cámara incorporada ha hecho de este acto fotográfico un acto banal. Generalmente se asocia a la vanidad, o al deseo de dejar constancia que se está en el mundo en ese momento; muchas veces imitando a los «famosos» o declarando que uno está en un lugar «interesante», donde «hay que estar. Vanitas vanitatum et omnia vanitas. Pero como nos recuerdan en Lenscratch, el autorretrato no es cosa de hoy. Es de ayer. Y de antes de ayer. Y si no era masivo era porque era difícil, caro, complejo o no accesible. Pero que la gente de hoy no es en esencia diferente, ni mejor ni peor que la de antaño. Ni más vanidosos, ni menos. Ni más envidiosos, ni menos. Ni más deseos de sus 15 «segundos» de fama (no creo que dé para más), ni menos. Y que después de todo, también hay autorretratos que son significativos. Si no para todos, sí para algunos. O al menos para quien decide mirarse a sí mismo.
Ya comenté en su momento algunas cuestiones fotográficas relacionadas con el viaje en el día que hice a Toledo a principios de marzo. Sí… llevamos ya más de una cuarta parte del mes de abril y todavía estoy con experiencias fotográficas de principios de marzo. Pero es que este 2022 está siendo animado fotográficamente. Y dentro de una semana me embarco en el primer viaje al extranjero del año, de donde espero venir también con una buena ración de fotografías. Y cuando digo «buena ración» espero que sea en calidad, más que en cantidad.
El caso es que también me llevé a Toledo una cámara compacta con película negativa en blanco y negro. Como hago en estos tiempos en casi todos los viajes, grandes o pequeños. Y ha llegado el momento de mostrar los resultados aquí. Una vez encarrillado mi blog de técnica fotográfica, los aspectos técnicos de las fotos están en Viaje en el día a Toledo – Minox 35 GT-E con Kodak Tri-X 400.
Ya he comentado estos días atrás que tenía algunos problemas con mi sitio web dedicado a la Fotografía y otras artes visuales. Bueno,… desde hace ya un tiempo, fundamentalmente a cuestiones técnicas de fotografía, mientras que en este Cuaderno de ruta se muestran fotos, o se habla de la cultura asociada a la fotografía (exposiciones, museos, libros,…).
Pues bien, cambiando de plataforma de gestión de contenidos, la actividad continuará en ese sentido. No con la coherencia en la transición que a mí me hubiera gustado, porque ha sido todo un tanto repentino… pero bueno. Ya está activa la primera entrada, con fotos de un rollo de película en color de finales de febrero. Pero supongo que en las próximas semanas, y dependiendo del tiempo disponible, iré modificando el aspecto y forma del sitio. En fin,… poco a poco. La naturaleza de los contenidos no variará mucho. Nos vemos también por allí.
Como ya adelantaba hace un par de días, tengo problemas como mi sede web para los artículos de técnica fotográfica. Estoy en proceso de resolver, al menos parcialmente, el tema… pero no con la agilidad que esperaba. Así que iré improvisando otros contenidos, o adaptándolos a este Cuaderno de ruta, como hice el sábado. En el año 2017, junto con otros compañeros de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ, y en los años 2018 y 2019, por mi cuenta, convertí la cita primaveral de la Maratón de Zaragoza en una costumbre en mi práctica de la afición fotográfica. Es primavera, suele hacer buen tiempo, las fotos son coloridas y alegres, y es una ocasión de utilizar técnicas no habituales en otras modalidades fotográficas.
El año 2020… no hubo. Se suspendió. Si alguno de los lectores de estas páginas no sabe porqué… habrá que deducir que entre mis lectores habrá algún extraterrestre recién llegado al planeta y que no se ha puesto al día en la historia reciente de este mundo. O sufre una grave amnesia y debería hacérselo mirar. Y en el 2021… no hubo… en primavera. Se trasladó al mes de octubre, en un momento en el que yo estaba liado con otras cosas y no me dio para acudir a la cita.
Así que en este 2022, regresando las cosas a una cierta normalidad, anoté en la agenda la fecha de la prueba hace unas semanas, confié en ese tiempo primaveral para combinar la fotografía de deporte con otros géneros fotográficos y el disfrute del aire libre. En 2018 y 2019, me aposté en el Parque Grande de Zaragoza para hacer las fotos, porque me viene bien como un paseo agradable desde mi domicilio, y porque es un entorno tranquilo y majo para las fotos.
Consideremos además que, por las fechas, coincide con la floración de muchas plantas por primavera. Por un lado, las bulbosas de las que llevo ya unas semanas fotografiando. Por otro lado, los cerezos ornamentales en flor, en su rinconcito del parque, que han ido evolucionando muy tímidamente, pero de los que ya podemos encontrar bellos ejemplares de flor. Y otras… aunque la rosaleda no está accesible por obras, esperemos que podamos disfrutar de ella en mayo. En cualquier caso, puede quedar una mañana de lo más completa.
Sólo ha habido un problema… un frío problema. Este año, este primer fin de semana de abril no ha tenido nada de primaveral. Aunque iluminado por un sol radiante, las temperaturas a primera hora de la mañana han sido frías, entre 1 y 4 ºC, con viento, cuyas rachas podían ser eventualmente intensas. El sábado, en una caminata de 10 kilómetros y 300 metros, acabé pasando más frío del previsto por culpa del viento, y estuve destemplado todo el fin de semana. Por lo que estuve poco inspirado para las fotos. Que hice con la pequeña Canon EOS RP, digital poco adaptada a la fotografía deportiva, y a la que pertenecen las fotos de hoy, y con la Canon EOS 3, cámara para película tradicional, de la que no podremos ver ejemplos hasta dentro de unas semanas. Alguna foto simpática pude hacer. Pero me volví pronto a casa… a calentarme.
Como es costumbre en mí, esta entrada con fotos debería ir acompañada de otra en carloscarreter.es donde se explicarían las minucias de la técnica fotográfica asociadas a las fotos. ¿Qué cámara es? Una Canon EOS 3. ¿Qué óptica utilicé? Un Canon EF 40 mm f2,8 STM. ¿Y el material sensible? Kodak ProImage 100, película negativa en color. ¿Cuándo hice las fotos? A finales del mes de febrero de este año 2022.
Pero por algún motivo, no puedo entrar a la interfaz de edición de las entradas de ese blog. El sitio funciona. Si se abre la dirección anterior, se ven las entradas. Pero no puedo acceder a la dirección del administrador del sitio. Y hoy no estoy de humor para ver qué ha sucedido.
Así que como ya veis, he resumido lo que hubiera escrito allí en unas pocas líneas en el primer párrafo de esta entrada de mi Cuaderno de ruta. Me estoy planteando hacer más sencillo todo. Quizá deba hacer más sencilla mi vida. En fin… ya veremos.