Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Con Pentax Spotmatic, Takumar SMC 35 mm f2 y Kodak Gold 200. Digitalización doméstica de negativos con cámara digital.
En la escapada en el día que hice en junio para visitar algunas exposiciones de PhotoEspaña 2025, me llevé una cámara con película fotográfica, como tengo por costumbre. Pero no llegué a terminar el único rollo de película que le puse. Por dos motivos. La ruta de exposiciones que realicé no me resultó ese día especialmente inspiradora, o no tenía yo la cabeza en la cuestión, y las condiciones de luz, sol radiante, implacable, en pleno solsticio de verano, cayendo casi vertical en las horas centrales del día, no era la mejor luz. No es que no sea aprovechable. Es que es un tipo de luz, de la que tantos compatriotas se siente orgullos, como si tuvieran algún mérito en ella, que me aplana, me agobia, y me descentra.
Por ello, sólo hice 25 de las 37 fotografías que al final salieron en el rollo. Las otras 12 las hice, para terminar el rollo, en una de las escapadas que hice a Alagón en las últimas semanas. Una escapada de la que tengo que contar cosas fotográficamente más interesantes, próximamente. Pero no me quedaron mal las que hice con este rollo de película para negativos en color. La principal novedad de estas fotos es que, después de hacer ensayos con viejos rollos de película, es la primera que directamente digitalizo yo con la ayuda de un software dedicado. El fin principal es ahorrar una buena cantidad de dinero. El fin secundario, pero que después de la experiencia se puede convertir en el principal, para ajustar el aspecto final de la fotografía a lo que yo percibí y no a los estándares que se manejan en los laboratorios comerciales, muy centrados en «cómo tiene que lucir la Portra 400», aunque no estés haciendo retratos, y estés utilizando otras películas. De momento bien. Ya veremos en un futuro.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Un paseo fotográfico con Hasselblad 500CM, respaldo NONS Intant y película Instax Square.
De alguna forma, esta entrada es continuación de la que publiqué hace un par de semanas ya, en la que mostraba las primeras fotografías hechas con un respaldo de película instantánea para las cámaras de formato medio de la marca Hasselblad. Las antiguas, de la actualmente llamada serie V, las cámaras de la marca lanzadas al mercado entre finales de los años 40 del siglo XX y los primeros años de la primera década del siglo XXI y que solíamos asociar a las fotografías de formato cuadrado, aunque existían respaldo para otras relaciones de aspecto en los negativos.
En aquella primera entrada probaba el respaldo, con razonable éxito, sin muchas complicaciones. Escenas de paisaje urbano, con enfoque a unos metros o infinito, con el objetivo estándar, y con una luz sencilla de gestionar. Agradable, no muy contrastada, más que de sobra para la elevada sensibilidad nominal de la película, pero sin poner a prueba sus límites. En las de hoy, he forzado más las situaciones, con luces más complejas, retratos, fotografía de aproximación y uso de otros accesorios como filtros de densidad neutra o tubos de extensión, estos últimos para las fotografías de aproximación. Espero que os gusten.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en Fotos en serie. Fotografías realizadas con la pequeña Panasonic Lumix G100 en un corto desplazamiento exploratorio a Tardienta, población de la provincia de Huesca en las líneas ferroviarias convencionales a Canfranc y Lérida desde Zaragoza, y de alta velocidad a Huesca.
No suelo hablar de mi vida privada en estas páginas. Bueno, dependiendo lo que entendamos por «vida privada». Sí que hablo, es lo fundamental, de lo que hago en mi tiempo libre, que no deja de ser parte de mi vida privada. Pero no suelo mencionar asuntos familiares, o de trabajo, u otros más personales. A pesar de que publico en diversas redes sociales en internet, fundamentalmente sobre fotografía y, aquí, otras aficiones, soy relativamente celoso de salvaguardar mis asuntos del escrutinio público. Pero hoy comentaré un poquito de mi profesión, porque tiene que ver con algunas de las recomendaciones fotográficas que traigo hoy a estas páginas.
Soy médico. Y estoy especializado en Medicina Preventiva y Salud Pública, como la inmensa mayoría de los médicos especialistas españoles, a través del sistema MIR (médicos internos y residentes), aunque ahora parece que les llaman «facultativos especialistas en formación» o algo así. Da igual. La inmensa mayoría de profesionales y usuarios de la sanidad les llaman «mires». El nombre de la especialidad es un poquito engañoso. Y tiene su origen en las necesidades de los hospitales públicos de crear servicios bien formados de medicina preventiva o epidemiología hospitalaria en los mismos. Pero el programa de formación se amplió y desde hace ya unas décadas debería llamarse algo así como «Salud Pública y Administración Sanitaria». No obstante, la medicina preventiva, que es parte de esa gran área del conocimiento médico, y de otras profesiones sanitarias, que llamamos Salud Pública. Yo trabajé siete años en ese área, y concretamente en programas de salud de medicina preventiva, hasta que me pasé a tareas de administración sanitaria, fundamentalmente planificación sanitaria, gestión de centros sanitarios, calidad en los servicios sanitarios y derechos y garantías de los pacientes y otros usuarios de los centros sanitarios. Pero la salud pública siempre tendrá un huequito en mi corazón profesional, aunque hace años que desistí de volver a esa área de trabajo. Más que nada porque no me gusta nada como funcionan las estructuras de salud pública en mi entorno.
Me gustaba trabajar en los programas de promoción de la salud y prevención de la enfermedad… o mejor dicho me hubiera gustado, si no fuese por los deficientes liderazgo y organización que los asolaban, en mi humilde opinión. Y además… pagaban muy mal. Que todo importa. Pero por ese gustarme estos programas, me llamaron la atención una serie de artículos de la agencia Magnum Photos sobre estos temas. Fundamentalmente relacionados con programas de vacunación, pero también algún otro. Así, por ejemplo, nos presentan el trabajo de…
Jérôme Sessini, fotógrafo francés, que realizó su trabajo en una de las regiones de Nigeria, donde una alianza de organizaciones supranacionales y locales está proporcionando un millón de dosis de vacuna contra el paludismo (o malaria, que también se llama) en niños de cinco meses de edad. Teniendo en cuenta la elevada morbilidad y mortalidad de esta enfermedad, el éxito de estos programas sería un avance importantísimo en la mejora de la salud de las comunidades de países pobres.
Salih Basheer, fotógrafo sudanés, radicado entre Nairobi, Kenia, y Tampere, Finlandia, viajó a algunas de las provincias de su país de origen, Sudán, para documentar el trabajo de los profesionales sanitarios que suministran vacunas básicas de los calendarios de vacunación infantil, como la polio y el sarampión. La zona en la que trabajó está siendo golpeada constantemente por conflictos bélicos. Y a la ya depauperada población local hay que sumar los desplazados por la violencia.
Nanna Heitmann, fotógrafa danesa, viajó a Nepal en compañía de Uma Bista, un fotógrafo local, con el fin de documentar los esfuerzos para vacunar a las niñas de entre 10 y 14 años con la vacuna contra el virus del papiloma humano, virus de transmisión sexual que es responsable de la mayoría de los cánceres de cérvix uterino. Una enfermedad que sigue apareciendo incluso entre poblaciones desarrolladas, pero que tendría que poder situarse en incidencia mínima tanto por los programas de prevención primaria, vacunaciones, como de prevención secundaria, detección precoz de lesiones precancerosas.
Y ahora vamos a terminar con un par de recomendaciones no relacionadas con lo anterior. En primer lugar, a través de PhotoBook Journal, recordando a uno de los fotógrafos de moda más destacados de la historia de la fotografía, Erwin Blumenfeld, alemán naturalizado estadounidense, y que a mí me gusta bastante por su modernidad a la hora de lanzarse a semiabstracciones, al uso del color y a los juegos de formas, colores y grafismo. Su trabajo más destacado, procede de los años 40 y 50 del siglo XX aunque ya estaba activo en los años 20, y con trabajos muy interesantes en los años 30, muy influenciado por las vanguardias, como el dadaismo y el surrealismo. Predijo con sus fotografías el alza de Hitler y los fascismos… pero como a tantos que lo hicieron, no le hicieron caso. Falleció en 1969 con 72 años, pero había abandonado ya la fotografía hacia finales de los años 50. Muy pronto. Era de origen judío, pero no profesaba religión alguno, y era, claramente, un libre pensador.
No recuerdo dónde me recomendaron la obra de Katrin Koenning (Instagram). Guardé el enlace a su página web, pero no el enlace de la página que hablaba de ella. Realiza una obra entre el paisaje, retrato ambiental y lo conceptual que me ha llamado la atención. Es de origen alemán, de la cuenca del Ruhr, pero vive y trabaja en Australia. Incluso cuando no aparece el ser humano en sus fotografías, estas van de las relaciones entre personas, de la relación de la persona con el entorno, o del impacto del ser humano en el entorno.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Un recorrido por Alagón con Hasselblad 500CM, Distagon 50 mm f4 y Cinestill 400D.
Quien siga estas publicaciones sabrá que desde hace unos cuantos meses voy haciendo series de fotografías realizadas en las poblaciones próximas a Zaragoza, sean municipios con entidad jurídica propia o barrios rurales de la capital aragonesa. De momento he recorrido, con más o menos exhaustividad, la Cartuja Baja, Utebo, Casetas, Alagón y, en menor medida, Sobradiel y Torres de Berrellén.
De alguna forma cuento esta actividad y estas series desde enero de este 2025, como algo sistemático y más o menos planificado. Pero ya en el verano del año pasado hice alguna escapada a La Cartuja Baja, o sea que llevo prácticamente un año. Y durante ese tiempo he utilizado una variedad de equipos fotográficos y material sensible, intentando adaptarme a las circunstancias de cada desplazamiento. Eso sí, que alguna o varias de las visitas sean con equipos de formato medio es obligado. Como en este primer contacto con Alagón con película fotográfica.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Un paseo fotográfico con Hasselblad 500CM, Distagon 50 mm f4 y Kodak Gold 200.
Quien siga con frecuencia o revise las publicaciones de este Cuaderno de ruta en los últimos meses comprobará que las cámaras de formato son protagonista frecuente de las mismas. Indudablemente, las series dedicadas a los barrios rurales y las pueblos próximos a la ciudad de Zaragoza, que siempre incluyen al menos una sesión en formato medio, con la 500CM habitualmente, han influido mucho. Pero las de hoy corresponde a las zonas más o menos verdes próximas al Canal Imperial de Aragón y a mi casa.
Eventualmente, también uso estas cámara para realizar paseos fotográficos por la propia ciudad. Generalmente, cuando la gente habla de paseos fotográficos, o en su versión anglófona photowalks, se refiere a actividades grupales organizadas. Pero yo me refiero simplemente al hecho de salir a caminar, yo sólo o con algún amigo o colega aficionado a la fotografía, con una cámara fotográfica. Y eso es la inmensa mayoría de mis paseos o caminatas. Siempre llevo una cámara fotográfica encima. Un buen ejercicio es limitar el número de fotos que puedes hacer durante el paseo. Y para ello, el hecho de que sólo puedas hacer 12 exposiciones con un rollo de formato medio en formato cuadrado, es interesante. Te obliga a esforzarte.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. En Navascués, Ochagavía y Sos del Rey Católico con Hasselblad 500CM y Kodak Gold 200.
Comenteba ya el lunes que a la excursión de hace unas semanas hacia los Pirineos navarros me animé a llevarme la Hasselblad 500CM, cámara de formato medio. Gracias a su modularidad, además de las fotografías en blanco y negro que os mostraba a principio de semana, pude simultanear con fotografías en color. Las primeras de ellas en el entorno de la ermita de Santa María del Campo en Navascués.
La mayor parte del día los pasamos en Ochagavía, Navarra, con sol radiante… y calor. Especialmente conforme llegaba la hora de comer. A la salida de la sidrería, donde nos demoramos un rato, porque se estaba muy bien con la sidra y el aire acondicionado, el calor era sofocante. Pero aun nos dio para hacer un recorrido por la ermita de Nuestra Señora de Muskilda. Que como transcurría en buena parte del recorrido entre bosques, con su sombra, se hizo llevadera.
Nos alejamos por la tarde de tierras navarras, pero no mucho. Porque en el norte de la provincia de Zaragoza, a 73 o 74 kilómetro de Ochagavía, pero a solo 13 kilómetros de Sangüesa, también población navarra, se encuentra Sos del Rey Católico, con su casco histórico medieval, muy bien conservado, y donde pasamos un buen rato de la tarde, hasta que, amenazando tormentas y lluvia, decidimos que era hora de regresar a Zaragoza. Fue un buen día.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. En Navascués y Ochagavía con Hasselblad 500CM y Lomography Potsdam Kino 100.
Hace unas semanas ya hice un resumen de la excursión en el día que hice con un par de amigos a Ochagavía y Sos del Rey Católico. Como suele ser habitual, además de la cámara digital con la que hice las fotografías de aquel resumen, me llevé también una cámara para película fotográfica tradicional. A pesar de que el calor previsto para esos días no invitaba a llevar chismes pesados y voluminosos, me animé a llevarme la Hasselblad 500CM, cámara de formato medio.
Hubo un motivo para ello. Estas cámaras son modulares, y tienen distintos complementos y accesorios que las hacen más versátiles y convenientes. Y quería hacer algunas pruebas con uno de ellos, uno de los respaldos en los que se coloca la película fotográfica. Tengo uno averiado, y quería comprobar si un determinado apaño funcionaba. Como los rollos de película en color iban a tardar unas semanas en llegar revelados, me llevé un rollo de película en blanco y negro, que revelo yo en mi casa, por lo que comprobé en pocos días si la cosa había ido bien. No del todo. No es un apaño conveniente. Qué se le va a hacer. Aunque de las ocho fotografías que presento, el problema sólo se aprecia en dos. O quizá tres… si uno se fija bien. En el enlace que aparece en el encabezado de la entrada encontraréis la explicación técnica. Aquí unas fotografías de la ermita de Santa María del Campo en Navascués y del casco urbano de Ochagavía.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Un paseo fotográfico con Hasselblad 500CM, respaldo NONS Intant y película Instax Square.
Con un nuevo accesorio para mi Hasselblad, ahora puedo hacer fotografías con mayor precisión en la exposición, con mayor precisión en el encuadre, y mucho más nítidas gracias a las bondades de los objetivos Carl Zeiss, que superan la capacidad de resolver de la película instantánea. Espero divertirme en un futuro utilizando este accesorio.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Un paseo fotográfico con Hasselblad 500CM y Kodak Ektar 100.
Sobre las circunstancias que se dieron para que a mediados de junio hiciéramos una escapada de unas horas a Riglos, para contemplar sus famosos mallos, una de las vistas más características de los Pirineos aragoneses, ya hablé hace unas semanas. Recientemente me llegaron reveladas las fotos del rollo de película fotográfica que hice ese día.
Con el pronóstico del tiempo que había, sol y buen tiempo, o si lo preferís, sol y calor, me pareció que me podía arriesgar a llevar una película de baja sensibilidad, apropiada para el paisaje con luz abundante. Por ello opté por coger un par de rollos de este tipo de película, aunque al final solo expuse uno. Es que el tiempo que pasamos en Riglos no dio para más.
Lo cierto es que, como ya comenté en su momento, el día estaba soleado, pero la luz no era muy buena. Había algo de calima en el ambiente, lo que hacía es que los objetos situados a cierta distancia en el paisaje aparecieran desaturados y poco contrastados. Por lo que las características propias de esta película, color vivos, saturados, muy nítida, se vieron penalizadas por las circunstancias ambientales. Pero, aun así, hay alguna foto razonablemente presentable.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Un paseo fotográfico con Fujifilm GS645S Wide 60 y Cinestill 400D.
En una visita anterior a Casetas, vi un cartel en el que señalaban el inicio de una ruta circular entre este barrio rural de Zaragoza y la desembocadura del río Jalón. A la ida se pasa por las poblaciones de Sobradiel y Torres de Berrellén, mientras que el regreso se propone por la ribera sur del río Ebro. Y en un día de mis vacaciones en mayo decidí hacer esta ruta. Los días anteriores habían estado con temperaturas y luz agradable, y me apeteció.
Las cosas no fueron exactamente como había pensado. El día salió totalmente despejado con una luz muy dura. Aunque llegué relativamente pronto, no madrugué en exceso, y a lo que empecé la caminata el sol estaba relativamente alto. Y equivoqué el camino un par de veces, añadiendo kilómetros. En realidad, la segunda vez es que no vi camino alguno por la ribera del Ebro y retrocedí a volver por Torres de Berrellén.
Me llevé una cámara de formato medio, una cámara ligera, adecuada para una caminata. La cuestión es que las fotos no son nada del otro mundo. Una iluminación muy plana, podría haber llevado una película menos sensible y también hubiese funcionado bien, incluso mejor. O mejor todavía, quizá no era el día para hacer fotos. Y encima, el recorrido acabó durando casi hora y media más de lo previsto. Es lo que hay.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en Carlos en plata. Fotografías en el entorno de la estación de Alagón y la antigua azucarera con la pequeña Panasonic Lumix G100.
Se me pasan mucho fines de semana, especialmente los domingos, sin que me de la vida para recomendaros fotógrafos y fotografías de las que encuentro por internet. Es cierto que la red de redes evoluciona, y el predominio actual de las redes sociales sobre los blogs o las páginas web tradicionales hace que la información esté más diluida, y corra el riesgo de quedar más diluida. Por otra parte, hay no pocos sitios que pretenden monetizar su esfuerzo, lo que es legítimo, pero que los servicios que ofrecen no convencen para apoquinar los 10 euros mensuales de rigor. ¿Sólo por información, sin más valor añadido? ¿Y con tanta oferta? Es difícil que atraigan el gasto. Por lo menos el mío. Pero si sobreviven es porque tienen su público fiel, claro. Pero ya no los cuento entre mis fuentes de información.
Hace ya unas semanas, En PhotoSnack, Tomasz nos recomendaba un clásico de la fotografía norteamericana. Una figura de la historia de la fotografía que es obligatorio conocer. Se trata de Paul Strand; el fotógrafo que dio la espalda al pictorialismo que imperaba en los primeros años del siglo XX, para adquirir un estilo de fotografía documental, más objetivo. Aunque también experimentó con la abstracción y otras formas fotográficas. Fue precursor e inspirador de muchos otros fotógrafos del siglo XX, norteamericanos, principalmente, pero no únicamente. Tomasz propone echar un vistazo a su obra en las páginas del International Center of Photography de Nueva York.
El mundo empieza a dar penica desde algunos puntos de vista. Entre ellos los ambientales. La crisis global del clima, más la deforestación, más la polución, están dejando cicatrices difíciles de cerrar en nuestro planeta. Desde hace ya unos cuantos años, Edward Burtinsky se ha dedicado a la fotografía de paisaje con la intención de mostrar, sensibilizar y luchar contra estas agresiones que, a la corta o a la larga, afectarán gravemente a los seres humanos. Lo he visto en Aesthetica Magazine.
En Frames Magazine nos hablan de la fotógrafa Andreyna Sanchez, también conocida como Dre Chez. Fotógrafa venezolana de orígen, criada en Florida, actualmente establecida en Australia. Su trabajo más comercial es correcto, pero no me dice especialmente nada. Normal. El trabajo comercial tiene que decir y convencer al que lo encarga y paga. Pero parte de su trabajo más personal, especialmente en el ámbito del retrato en blanco y negro me ha parecido muy interesante. En el artículo de Frames nos habla de cómo se inició en la fotografía en la adolescencia. Parece un mujer joven todavía… o sea que no hará mucho de esos tiempos. Aunque bueno… igual hace más de lo que parece. Fue modelo… y tal.
Y finalmente, un poco de macrofotografía, recomendada en Oldskull. Esta página en español tiene buenas recomendaciones, pero me parece muy antipática de navegar y la visito con menos frecuencia de lo que podría. Es lo que hay. En esta ocasión el fotógrafo es Thomas Shahan, con unos impresionantes primeros planos de los ojos de los insectos y otros artrópodos, llenos de color y de detalle. Virtuoso técnicamente, su sentido del a composición y del manejo del color son también muy notables. También practica el paisaje. El caso es que lo hace con una Pentax… pocos las usan estos días para estos menesteres, con un 28 mm y un 50 mm y unos tubos de extensión. Esto es difícil… hay que acercarse mucho mucho mucho al bicho.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Sigo familiarizándome con el Tamron 90 mm macro , adaptándolo a Canon EOS RP, y sumándole el flash Godox TT685C.
Como digo en el encabezamiento, sigo familiarizándome con el objetivo para macrofotografía que me llegó recientemente. Un objetivo que cada vez que comparo sus prestaciones, con los precios que se ven por ahí, y con los resultados que ofrecen, más comprendo que se puede considerar un chollo. Pero los precios del mercado de segunda mano están muy condicionados por la ley de la oferta y la demanda, más que los del mercado de equipo nuevo, y no debe haber mucha demanda de estas ópticas, que por otro lado van muy bien.
Eso sí, en esta ocasión, los resultados no fueron los esperados. Si sumamos algún despiste mío que me impidió usar algunos accesorios con el flash incorporado a la cámara, más las tormentas habían causado sus destrozos entre la flora del Parque Grande de Zaragoza, y que soplaba un viento que dificultaba la operación de enfoque y encuadre correcto de la fotografía,… pues no fue lo que yo esperaba. Afortunadamente, las gotas del agua caída por la noche y que no se habían secado todavía tras el tempranero amanecer, dieron algún aliciente a las macrofotografías de las flores. Porque salvo algún áfido que otro… vulgarmente, pulgones,… pocos bichos encontré.