[Fotos (y otras cosas)] En blanco y negro a final de año y otra forma de publicar

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Mezclo cosas. Siguiendo con mi revisión de las series de fotografías que voy haciendo, y después de haber priorizado las de viajes recientes, vuelvo a las que hice a finales de año. En concreto, el último rollo de negativos en blanco y negro que hice en el 2023. Pero en lugar de publicarlo en mi lugar habitual, donde tarde o temprano pondré una copia del artículo, he estado probando el servicio Substack, que me parece que tiene algunas ventajas interesantes. De momento son, eso, pruebas. Pero me ha gustado como me he sentido redactando el artículo que aparecerá, todavía está en borrador y tengo que refinar alguna cosa, en

Pero por lo demás, os dejo a continuación algunas de las fotografías de ese rollo realizadas al caer la tarde en la ribera del río Ebro a su paso por Zaragoza,…

o al día siguiente, mientras daba un paseo matinal, por algunos de los parques de Zaragoza. Fueron días de estar de fiesta y relajarse.

[Fotos] Paseo posnavideño en un día soleado

Fotografía

Llegadas las fechas navideñas, es costumbre que algunos viejos amigos que llevan “exiliados” varias décadas, vengan a pasar unos días a Zaragoza. Cuando digo “exiliados” me refiero a personas que encontraron su futuro profesional, familiar o ambos lejos de nuestra ciudad. Pero siguen teniendo familia en Zaragoza, a la que visitan en Navidad. Nada original. Una costumbre, probablemente, con fecha de caducidad. Porque tan apenas nos quedan ya miembros de la generación de nuestros padres, que han ido falleciendo. Pero todavía vienen y siempre buscamos una ocasión para vernos. En los últimos años, si el tiempo lo permite, una mañana.

El caso es que en la mañana del 26 de diciembre, entre el chocolate con churros del «desayuno» a las diez de la mañana, y el aperitivo con unas tapas a la una y media de la tarde, fuimos recorriendo la ciudad y haciendo algunas fotografías de recuerdo del día. Los detalles técnicos de las fotos los podéis encontrar en Emulsiones que están bien en presentaciones de baja calidad – Fujifilm GS645S Wide 60 con Lomography Color Negative 800.

Las fotos con retratos de personas y de grupos forman parte de la esfera privada, pero hice algunas tomas del paisaje urbano. La mayor parte de este grupo de amigos es partidario de tener una presencia discreta en las redes sociales y en internet. Especialmente, si hay menores involucrados. Por eso, lo que traslado a esta entrada son simplemente vistas de la ciudad. Pero hay fotos muy chulas de gente.

[Viaje] Escapada en el día en Tarragona, España

Viajes

Durante mi infancia, y especialmente adolescencia, mis estancias en la costa del Mediterráneo en la provincia de Tarragona fueron frecuentes. Fueron la norma en materia de vacaciones. Entre mis 3 y mis 8 años de edad, durante seis años consecutivos, veranee con mis padres en Benicarló, provincia de Castellón. Pero cuando nació mi hermana, yo con 9 años de edad, comenzó un ciclo de vacaciones veraniegas en la costa de la provincia de Tarragona, hasta que cumplí los 18 años y entre en la universidad. En ese momento, dejó de interesarme ir de vacaciones con la familia, y mis visitas a la costa mediterránea se hicieron más esporádicas y de otra forma. En aquellos 9 años aproximadamente, recorrimos algunos lugares de la provincia de Tarragona, incluida la capital. Aunque no mucho. Mis padres quería descansar y tomar el sol. No hacer turismo.

Pero sí que visitamos Tarragona en alguna ocasión. Mis recuerdos se reducía al famoso «balcón del Mediterráneo», de cuya vista los tarraconenses presumían mucho, aunque a mí me dejaba un poco frío, y a pasear por la murallas y ver desde arriba el anfiteatro romano. Y que siendo un niño, me molestaba mucho que fuese una ciudad llena de cuestas. Un engorro. Obviamente, no es para tanto. Como luego concluiré, en general, lo que puede visitar un viajero o turista, es bastante agradable. Aunque la vista desde el «balcón del Mediterráneo» sigue dejándome un poco frío. No así otros puntos de interés de la ciudad. Como el día anterior, me centré mucho en hacer fotos con película fotográfica tradicional. Pero también me llevé la muy conveniente Sony ZV-1, con la que hice bastantes fotografías, especialmente en interiores, aunque no únicamente. Muchas más que en Madrid.

Es ya una tradición desde 2017 que, con algunas amistades, nos cogemos de fiesta el día siguiente a San Valero, el festivo local, y nos vamos a algún lugar a pasar el día, visitar algo interesante si es posible y relajarnos. También suele ser germen de los planes de vacacionales del año correspondiente, aunque en esta ocasión ya íbamos muy adelantado en eso. Ya tengo los billetes para la escapada de la Semana de Pascua, volveré a las riberas del lago de Constanza, y de las vacaciones de primavera, volveremos al País del Sol Naciente. En cualquier caso, en muchas ocasiones habíamos hablado de aprovechar la alta velocidad ferroviaria para visitar Tarragona. Las informaciones que recibíamos en los últimos tiempos es que era un destino adecuado para una escapada de un día. De más, si quieres recorrer algo de la provincia, como los monasterios cistercienses, o algún punto de la costa. Aunque la costa está muy machacada por el efecto del turismo y las nefastas legislaciones que sobre protección de la misma ha ido desarrollando el gobierno catalán.

Ir a Tarragona en tren de alta velocidad tiene su punto de absurdo. Como pasa con otros destinos con estación de alta velocidad, y que se encuentran fuera del casco urbano de la ciudad, a kilómetros de distancia, en medio de la nada, aparentemente. Vamos a ver… no es grave, hay una línea de autobuses interurbanos que conecta con el centro de Tarragona. Con una frecuencia irregular, pero al parecer suficiente. Aunque resultó sorprendente que si llegó el tren a la estación de Camp de Tarragona puntualmente a las 10:04 de la mañana, cuando estábamos a poco más de 10 metros del autobús que tenía prevista su salida a las 10:10, este saliese para hacer su recorrido, sin viajeros a bordo, a las 10:08. El que hubiera un nuevo autobús a las 10:20 nos consoló en parte… pero en general nos pareció una situación… no grave, pero muy absurda.

La visita fue muy agradable. El tiempo, primaveral. Con nubes a primera hora de la mañana, cuando llegamos al primer lugar que visitamos, casi a las 11:30, ya teníamos luz de sol asomándose entre las nubes. Tuvimos la suerte, no buscada, de que el último martes de cada mes, los lugares dependientes del Museo de Historia de Tarragona (web sólo en catalán, aunque con un enlace para el traductor de Google, una solución poco elegante,… cutre incluso) tengan la entrada gratis. No es que nos hubiera importada pagar los 15 euros del bono que incluye todas sus dependencias… pero oye, eso que nos llevamos por delante. Lo más destacado de Tarragona son los lugares arqueológicos de la Tarraco romana, declarados Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Y que están bien en general. Es fácil establecer una ruta para ir visitándolos, al mismo tiempo que aprecias el centro histórico de la ciudad, que está muy aseado y muy agradable de pasear. También visitamos una casa que antaño perteneció al nobleza/alta burguesía de la ciudad. Fuera de estos elementos arqueológicos y civiles, visitamos al catedral.

La diócesis tarraconense fue la más importante de la Cataluña medieval, e incluso de la Corona de Aragón. Durante un tiempo, fue establecido que los reyes de Aragón, que también eran condes de Barcelona y soberanos del resto de los territorios de la Corona, fueran coronados en la catedral de Zaragoza, pero por el arzobispo de Tarragona. En un momento dado se planteó que la archidiócesis tarraconense fuera la primada de España, en lugar de Toledo, porque Tarraco fue la principal ciudad de la Hispania romana, y así lo fue su diócesis. Pero ya sabemos con funciona el centralismo en España. El caso es que la catedral refleja el estatus que tuvo la diócesis. Es grandota, con un bonito claustro y un museo diocesano con obras de calidad. Para mi gusto, la restauración del interior de la catedral está un poco pasada de frenada… no según las tendencias actuales que tienden a respetar las huellas del tiempo, aunque frenen el deterioro y den seguridad y esplendor y valor al edificio histórico. En cualquier caso, los curas no imitan a los museos del lugar, y no hay entrada gratis el último martes de mes.

Nos llamó la atención la escasa oferta de servicios hosteleros. El 90 %, o más, de los establecimientos de restauración gastronómica del centro histórico estaban cerrados. El lugar donde al final comimos unas raciones de ventresca de atún y queso, ni siquiera tenían ingredientes para hacer ensaladas, a pesar del preminente lugar que estas tenían en su carta. En realidad, las calles del centro histórico estaban prácticamente vacías, a pesar de la animación que se percibía en la Rambla Nova y más allá. No parece tener lugar este barrio de la ciudad en la vida cotidiana de la ciudad. Lo cual contrasta con el bullicio habitual de otros centros históricos. Como el de Zaragoza, por no ir más allá, y por hablar de nuestra ciudad y la segunda ciudad en importancia durante los tiempos de la provincia romana Tarraconense. Y mantengo mi sensación de antaño. Las gentes son formalmente corteses… pero siempre sientes una cierta frialdad en el trato. Hay una distancia marcada que siempre sientes. Quizá por eso durante décadas, y a pesar de la proximidad, hemos ignorado estos lugares. Debo hacer excepción la tremendamente animosa y simpática trabajadora de la oficina de información turística de la Rambla Nova. Un encanto. En fin… misión cumplida.

[Viaje] Como de costumbre en los últimos años, un día en Madrid

Viajes

Los dos últimos lo hice de forma similar. Alrededor de la fiesta de San Valero en Zaragoza, además del día de fiesta que todos los habitantes de la ciudad tenemos, me suelo coger un día de fiesta extra. Y aprovecho para hacer algunos viajes en el día con distintos objetivos. Uno de estos viajes suele ser a Madrid. Si hay algo que ver en exposiciones o temas culturales aprovecho, aprovecho también para hacer alguna compra, suelo quedar a comer o a tomar café con amistades madrileñas, y me doy una vuelta haciendo algunas fotos.

No madrugué. Saqué los billetes con mucha antelación. Creo que fue en la última semana de diciembre o en la primera de enero, y con muy buenos precios para la ida y vuelta en tren de alta velocidad. En esta ocasión con Iryo, los trenes de la empresa Ilsa conformada por Trenitalia, Air Nostrum y algún otro grupo empresarial. Esta compañía es la principal alternativa a Renfe, ya que el otro operador tiene una oferta mucho menor. Creo que actualmente las conexiones entre Zaragoza y Madrid o Barcelona son de unas ocho o nueve por sentido, y alguna de ellas se extiende a Andalucía. Conforme va afianzándose, sus ofertas de precios no son tan ventajosas como en sus primeros tiempos, pero todavía hay mejores ofertas que con el Ave de Renfe siempre que los horarios te convengan y saques el billete con suficiente antelación.

Como contrapartida de esta mayor oferta, ya me habían comentado que están más tensionados por el tamaño de su flota de trenes. Y si como pasó el lunes, uno de ellos les falla, pueden acumular retrasos impropios de una línea de alta velocidad. Normalmente muy puntuales, el lunes llegamos a Madrid con media hora de retraso, fruto de esos problemas en una de las relaciones. La vuelta transcurrió sin problemas. Fundamentalmente hice fotos con cámara para película fotográfica tradicional, de eso os hablaré cuando las tenga reveladas. Pero también hice algunas fotos con la pequeña y bolsillera Sony ZV-1, una cámara de lo más útil en estas circunstancias, pero de cuya segunda versión me cuentan que la han hecho mucho menos útil. Vamos,… que si alguien está interesado, mejor que busque el modelo original y no el actual.

Tenía interés en conocer la oferta cultural y las instalaciones de Matadero Madrid, estuve brevemente hace un tiempo en una exposición. Y además me habían recomendado la visita al Palacio de Cristal de Arganzuela, un jardín botánico bajo invernaderos, que me habían asegurado habría todos los días, siendo gratuita la entrada. Hay que recordar que los lunes suele ser día de cierre en museos y exposiciones, pero un jardín… Bueno, pues la información no fue de fiar y estaba cerrado. No obstante el paseo por el lugar fue agradable, nos tomamos unos chismes, y luego iniciamos un recorrido por Madrid Río, la zona verde que sigue el curso del Manzanares hasta el puente de Segovia. Muy agradable también.

Como nos habíamos tomado algo en Matadero siendo ya las doce y media de la tarde, no teníamos mucha hambre así que entramos al Campo del Moro para visitarlo. No había entrado en estos jardines al pie del Palacio Real desde que viví durante un año en Madrid hace más de 30 años. Y están muy bien. Pertenecen a Patrimonio Nacional y están muy bien cuidados. Y estaban muy tranquilos. En alguna otra ocasión igual me llevo el teleobjetivo, porque había aves potencialmente interesantes. A tres metros de nosotros se nos posó en el cesped un pito real, una especie de pájaro carpintero, que tras observarnos tranquilamente alzó el vuelo para posarse en el tronco de un árbol cercano. Con el Olympus 75-300 mm seguro que podría haber hecho algúna foto interesante de este ave. Me sorprendió la presencia de abundantes cotorras argentinas, una especie invasora peligrosa para las especies locales, que proliferaron en Zaragoza hasta que se iniciaron programas para eliminarlas en los años 2015 y 2016.

Comimos, un poco tarde, unos platos de jamón y queso, en las proximidades del Palacio Real, carísimos para la calidad que tenían. No estaban mal, pero no se justificaba el precio. Y luego ya nos dirigimos a realizar algunas compras por diversos lugares. Compré película fotográfica, que paradójicamente encontré barata en la FNAC y no en comercios especializados, y algunos libros de fotografía en La Fábrica, de los que os hablaré otro día. Y ya, de vuelta a casa. Un agradable día, soleado pero con luz suave, y temperaturas desusadamente elevadas para la época. Vamos,… que el chaquetón entró en mi mochila cuando llegué a Madrid, y no me lo volvía a poner hasta que llegué a la niebla de Zaragoza.

[Fotos] Instantáneas en días fríos

Fotografía

Estaba convencido de que hoy y mañana no podría escribir nada, ni aquí, ni en mi Cuaderno de ruta. Tengo fiesta, y hemos programado viajes en el día. Pero el de hoy no empieza hasta cerca de las diez y media de la mañana. Y me he despertado pronto. Así que me da tiempo.

En los últimas días de enero he hecho un cartucho de película instantánea Polaroid. Los detalles los podéis encontrar en Formatos de fantasía para película instantánea – Polaroid Now+ con i-Type Golden Moments. Pero no me han quedado muy allá. Eso de los bordes dorados y otras fantasías en las películas instantáneas no siempre me convencen. El borde tradicional blanco, o el negro como alternativa, están bien. Y luego,… el frío. Qué inseguro me siento con esta película los días de frío. Qué mal se revela.

[Fotocomentario] La crisis climática y los negacionistas

Ciencia

Me suscita este comentario la revisión de las fotografías que hice durante mis días de fiesta en Navidad. Que aunque fueran frescos muy de mañana, fueron bastante agradables en general. Sólo si durante unas horas al principio del día hubo niebla, se notó un frío más desagradable. Pero la niebla se levantó antes del mediodía casi todos los días. Sobre las fotografías podéis saber más en En Navidad, hace buen tiempo,… – Olympus mju-II con Fujifilm 200. Pero lo que más comentábamos en esos días era que llevábamos varios años en que el tiempo es muy benigno en los meses de noviembre y diciembre comparado con lo que era anteriormente. Y las mediciones que publican las agencias de meteorología confirman esta sensación subjetiva. Son las consecuencias de la crisis climática.

Pero acompañando a la crisis climática, siempre han venido un buen número de negacionistas. Durante años negaron la propia crisis, el calentamiento global. En algún momento de los primeros cinco años del siglo, los medios de comunicación planteaban debates, en todo el mundo, en el que personas discutían si el calentamiento global era una realidad o no. Creo que fue en Nature, pero quizá fue otra revista del mismo estilo y prestigio, se publicó en aquellos momentos una editorial en la que informaban que, en aquellos momentos, entre el 2000 y el 2005, de cada 100 artículos que se publicaban sobre el tema, 3 discutían si el calentamiento global era o no una realidad. Los 97 restantes lo que discutían era a qué velocidad se estaba produciendo, considerando probando este hecho. Un nefasto divorcio entre ciencia, prensa y política/sociedad, que probablemente nos cueste muy caro por la inacción para afrontar el problema.

En la actualidad ya no se niega el calentamiento global. Lo que se niega es que sea una crisis, y que tenga consecuencias negativas. Con argumentos peregrinos y absurdos, como que las plantas «respiran» CO2 y que les viene bien para prosperar. Sobre esto. Las plantas respiran oxígeno, como nosotros. Lo que sucede es que también consumen CO2 para la fotosíntesis, que no es «respirar». Cuando no hay luz, siguen respirando oxígeno, aunque no consuman dióxido de carbono para sintetizar las sustancias orgánicas necesarias para su subsistencia. Y que tan estupendamente nos vienen a los heterótrofos para la nuestra. Volviendo a lo que iba. El negacionismo hoy en día es negar las consecuencias negativas… aunque las suframos constantemente. En muertes por calor extremo. En eventos de meteorología extrema. En alteraciones en las cosechas y en los ritmos vitales de los animales. En la erosión de las tierras. En las sequías y la carencia de agua para los cultivos o las poblaciones. Qué triste. Nuevos retrasos a la hora de tomar medidas.

[Fotos] Hacia el solsticio de invierno

Fotografía

Hoy tocarían mis habituales recomendaciones fotográficas. Es domingo. Pero ni tengo mucha cosa seleccionada, ni tengo mucho tiempo. Así que lo dejaré en mostraros algunas fotos del rollo de negativos en color que hice a mediados de diciembre para confirmar que mi Leica Minilux funcionaba correctamente. Os lo cuento de forma más extensa en Confirmación de funcionamiento de la compacta – Leica Minilux con Orwo Wolfen NC500.

En cualquier caso, aunque el tipo de película que usé no me entusiasma, por eso la usé, porque si no iba bien la cosa no me daría pena la pérdida, hay una cosa que hizo que las fotos quedasen relativamente bien. Y es que hacia el solsticio de invierno, cuando las horas de luz son menos, la luz es la más idónea para fotografiar a lo largo de las horas centrales del día. El sol va también más bajo sobre el horizonte, y la luz nos llega más tumbada, más difusa, proyectando sombras menos intensa. Siempre lo he dicho, lo ideal sería que durante todo el año tuviéramos la calidad de luz de diciembre, pero con la duración del día y las horas de luz del mes de abril. Pero todo no se puede tener.

[Foto] Un puente; visitarlo una y otra vez

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No es infrecuente que muchos aficionados a la fotografía se bloquean ante los temas que encaran. A muchos les atrae eso que ahora llaman, en inglés habitualmente, street photography, lo que viene a ser fotografía documental de lo cotidiano, lo que sucede en las calles y plazas de las ciudades. Pero se ha generado el dogma de que eso consiste en fotografiar a la gente que pasa, y eso corta al aficionado, incapaz de romper la barrera de la esfera personal. Existen muchas otras formas de hacer fotografía documental que no impliquen invadir la esfera personal de la gente. Y con más frecuenta de lo que creemos, con mejores resultados. O el paisaje urbano… parece que necesitamos elementos arquitectónicos llamativos, singulares, algo que no esté en nuestra rutina diaria. O el retrato… si necesitamos modelos, o cómo tratar con ellos, o el equipo que tenemos que llevar, y el «bokeh» famoso… siguiendo siempre las modas, tengan sentido o no. No exploramos la diversidad de posibilidades que ofrece la fotografía, aprovechando aquella que nos satisfaga y nos haga sentir cómodos, sin que deje de ser un reto que imponga una mejora constante.

A mí me gusta determinado tipo de paisaje urbano o periurbano. Y desde hace tiempo he decidido seguir el ejemplo de algunos de los mejores fotógrafos, aunque mis resultados sean muy humildes en comparación. Volver una y otra vez a los mismos paisajes y escenarios. En color o en blanco y negro. En todas las estaciones del año. A distintas horas del día. En digital o con película tradicional. Con buen tiempo o con lluvia. Durante este invierno he dedicado algunas mañanas y varias tardes a pasar un rato recorriendo de un lado al otro el puente del Hierro de Zaragoza, oficialmente llamado puente del Pilar, aunque muchos zaragozanos no lo sepan. Es un lugar con muchas posibilidades, pero en el que es muy fácil caer en el tópico.

Cuando a principios de diciembre decidí comprobar que una cámara que tenía aparcada funcionaba correctamente, podéis saber más en Comprobando que todo va bien – Leica Minilux con Lomography Potsdam Kino 100, también elegí ese entorno para hacer mis pruebas. En unas mañanas de invierno, pero con una climatología que no sé si calificar de otoñal templada o de primaveral, y en con película tradicional, en blanco y negro. Y son un aporte más a la colección de fotografías que sobre el lugar y el entorno voy recogiendo. Y de las cuales valdrán para el futuro unas cuantas. Ya veremos se alguna vez las incluyo en un proyecto más complejo. Pero ese es mi enfoque actual. Visitar los lugares que me despiertan interés, una y otra vez. Hasta que sea incapaz de ver nada más. Nos vemos por allí.

[Fotos] Mañana soleada

Fotografía

Hoy no tengo mucho tiempo para hacer comentarios sobre nada, así que simplemente pondré algunas fotos realizadas en una mañana soleada de noviembre, realizadas en blanco y negro tal y como explico en Blanco y negro urbano en Super Slide – Hasselblad 500CM con Distagon 50 mm y Foma Ortho 400. A ver si mañana me da tiempo a hablar un poco de cine, con una comedia negra que me resultó más interesante de lo que esperaba a priori.

[Recomendaciones fotográficas] Un obituarios y una diversidad de recomendaciones

Fotografía

Llevo varias semanas que, por distintos motivos, no he hablado de mis recomendaciones fotográficas. Hoy quería hacerlo. Aunque voy un poco justo de tiempo. Y además, me despertado más tarde que de costumbre. El «pote caliente» chino que comimos ayer, aun con su picante, no me ha impedido dormir bien. Así que vamos allá, con agilidad. Como fotos acompañantes, algunas más del rollo del que hablaba el jueves. Una tarde con luz privilegiada.

Hace unos días nos daban la noticia de que el fotógrafo japonés Kishin Shinoyama (1940 – 2024) había fallecido. Lo leí en PetaPixel primero, pero hasta Yoko Ono se hacía eco de la noticia en su cuenta de Twitter. Y es que casi nadie hablaba del conjunto de su obra. Todos contaban que era el responsable de las fotos de algunos de los álbumes de John Lennon y Yoko Ono. Yo he hablado de él, y era mucho más. Especialmente por sus fotografías de desnudos, realizados con gran angular con mucha aproximación y con las proporciones distorsionadas por ello. También con alguna polémica, por las edades de algunas de sus modelos, en la adolescencia. Tuvo una larga e interesante trayectoria como fotógrafo.

Robert Frank es uno de los fotógrafos de referencia del siglo XX, especialmente en Estados Unidos. Aunque nació suizo. Algunas de sus obras, The Americans, se consideran absolutamente fundamentales. En Oldskull nos han recordado al fotógrafo y nos han hablado de un curioso experimento suyo, ir fotografiando las calles de la ciudad montado en un autobús urbano, con la ventanilla abierta, mientras hace su recorrido. No deja de tener su punto de genialidad.

La neoyorquina, que creció en Argentina, Alessandra Sanguinetti es especialmente conocida por el seguimiento fotográfico de un par de amigas argentinas a las que conoció cuando eran poco más que unas niñas, unas preadolescentes, pero que ha seguido fotografiando incluso de jóvenes adultas, alguna de ellas madre ya. Pero tiene otras obras, y en Magnum Photos nos han hablado de sus fotografías en blanco y negro inspiradas por el invierno en Wisconsin.

Cerraré con una artículo en The Picture Show, un blog fotográfico de la NPR, la cadena de emisoras de radio públicas de Estados Unidos, en el que nos muestran el trabajo colectivo de los fotógrafos de emisora. Fotógrafos muchas veces desconocidos de la mayor parte de los aficionados a la fotografía, no digamos del gran público, que trabajan para las emisoras de la cadena, y que documentan la vida y los acontecimientos de sus entornos. Me ha parecido estupendo. Y un reconocimiento a los muchos fotógrafos que hacen su trabajo documentando el mundo con honestidad y sin alaracas.

[Fotos] Las tardes de sábado en otoño… el mejor momento para fotografiar

Fotografía

Todo el mundo alaba la belleza de las fotografías otoñales y de sus colores. Generalmente refiriéndose a los colores de las hojas de los árboles caducifolios con sus tonos ocres. Con una variedad entre los amarillos y ocres amarillo y los rojos y ocres rojos, son fotografías que gustan mucho. Y que en nuestras latitudes, con nuestra flora y con nuestras condiciones climáticas son raras. Muy raras. Lo cierto es que, en la mayor parte de los valles del sur de Europa, los árboles caducifolios no llegan a alcanzar esa riqueza cromática propia de los bosques de latitudes más frías, o en las montañas. En Zaragoza, no es infrecuente que a lo que las hojas verdes empiecen a amarillear, el tiempo empeore, llegue alguna borrasca con abundante cierzo, el viento del noroeste dominante, y caigan. Del verde al suelo sin apenas transición por esa famosa gama de colores ocres. Y con lo benignos que están siendo los otoños últimamente,… esta mañana, desde mi puesto de trabajo, veía los plátanos de sombra del hospital psiquiátrico al otro lado de la avenida, y estaban todavía con hojas, aunque ciertamente ocres. Y paseando recientemente por el Ebro, aun había árboles, a principios de enero, con hojas verdes.

Pero los colores del otoño no son sólo los de las hojas de los árboles. Son los de los atardeceres, más prolongados, con una luz suave y matizada que dura más tiempo, con la luz del sol poniente reflejándose sobre la parte inferior de las nubes con mayor o menor intensidad, luz que a su vez es reenviada al paisaje que adquiere unos tonos agradables. Si a eso sumas esas temperaturas más benignas, es el tiempo ideal para hacer fotos. Como las del rollo de película negativa en color que comento en Paisaje en naturaleza urbana con teleobjetivo – Canon EOS 3 con EF 70-210 mm f3.5-4.5 USM y Fujifilm 200, y del que traigo aquí unos ejemplos. Además, como el atardecer sucede mucho antes que en verano, aun te da tiempo a volver a casa, cambiarte y salir a disfrutar de la velada del sábado con los amigos. En verano, o una cosa o la otra. Las dos… difícil. Así que ya sabéis. En otoño, los sábados por la tarde, sacudiros la pereza y la modorra y salid a disfrutar del paisaje. Incluso del urbano.

[Fotos] Pasear la ciudad «ligero de equipaje»

Fotografía

Me gusta pasear la ciudad. Elegir, aproximadamente, sin compromisos, un poco a lo flâneur un zona por donde ir, y ver la ciudad con distintas luces, en distintos momentos días, con distinto paisaje humano. Y llevar conmigo siempre una cámara fotográfica que me permita reflejar en imágenes el ambiente del momento y el lugar. Es también un buen ejercicio fotográfico. Un buen entrenamiento para «mantenerse en forma» cuando los motivos a fotografiar sean menos cotidianos, más especiales, y queramos, necesitemos que las fotos «salgan bien».

Pero no siempre me apetece llevar una de las cámaras más versátiles y capaces. Porque generalmente son más grandes, pesadas, conspicuas… o, simplemente, interfieran con los pensamientos que me acompañan en los paseo. Por eso sigo aficionado a las cámaras compactas, de buena calidad, que pueden pasear conmigo en el bolsillo del chaquetón, o en un pequeño bolso colgado en bandolera. Y hacer fotos cuando venga bien. Como estas que hice a principios de noviembre del año pasado. Si queréis saber más de las cuestiones técnicas, podéis visitar Sensibilidad media en cámara compacta – Olympus mju-II con Lomography Color Negative 100.