En primavera hay más oportunidades para salir al aire libre para hacer fotos. Y eso lo podemos ver en las actividades de las últimas semanas. Como cuando salimos a fotografiar la maratón, de lo que ya os hablé, aunque también con película tradicional como os muestro ahora.
También con fotografía de naturaleza. Ambas, situaciones en las que es necesario usar teleobjetivos, que son más pesados y complejos de usar, desde un punto de vista físico, que los objetivos normales o los grandes angulares.
Como ya comenté en su momento, cerré mis pequeñas vacaciones en la semana de Pascua con una excursión a Ávila desde Madrid. Como llegábamos tarde en el vuelo desde Roma el domingo por la noche, acepté la hospitalidad de una buena amiga que vive en la villa y corte y me quedé a pasar la noche y el día siguiente. Pero me dio pereza meterme a patear Madrid, y nos fuimos de viaje en el día a la ciudad amurallada.
He considerado esta excursión como un viaje distinto. Y cuando lo pase a papel, en forma de libro de fotos, no quedará integrado con las fotos de Italia, sino en un volumen en el que agruparé otras escapadas por ciudades españolas que estoy haciendo este año. Hasta el momento Olite, Madrid, Toledo,… esta de Ávila… una a Logroño de la que os hablaré en su momento. Y las que puedan venir. Tengo que pensar si integro en el mismo volumen, o en otro proyecto distinto, otros viajes en el día. Como el del Geoparque Mundial Sobrarbe-Pirineos en marzo, o la del próximo fin de semana en tren a Canfranc.
En la calle Bretón de los Herreros vivió la familia de una vecina que tuvimos en mi infancia. Rosi me parecía muy mayor cuando yo tenía siete u ocho años. Pero probablemente no pasaba mucho de los veinte años; ya casada con un ingeniero de los que estaban en las obras de construcción de la autopista a Barcelona. Era muy simpática y maja. No sé qué será de ella.
Durante unos años, desde que tenia 22 hasta que cumplí los 30, Logroño era una ciudad que tenía bastante presencia en mi vida. Situada la ciudad a 170 kilómetros de Zaragoza, donde vivo, la antigua provincia de Logroño, actual comunidad autónoma uniprovincial de La Rioja, es limítrofe con la de Zaragoza, aunque sólo por un breve segmento de unos cuatro kilómetros de longitud, entre Navarra y la provincia de Soria. Mi abuela era de La Rioja, y siempre he tenido alguna familia en la capital logroñesa. Pero no ese el motivo principal de mi relación con la ciudad durante aquellos años 80 y principios de los 90.
En la Sala Amós Salvador encontré una exposición de la colección SOLO de arte contemporáneo. Allí me informaron que en Agoncillo hay un museo de arte moderno y contemporáneo bastante interesante. Igual me escapo algún día a verlo. Aunque para ir en tren, tiene que ser entre semana. Los fines de semana, no hay trenes que paren en Agoncillo de ida.
Por supuesto, no son los lugares en sí mismos los que nos vinculan a ellos, salvo en raras ocasiones. Son las personas con las que vamos o las personas que en ellos nos encontramos. No voy a entrar ahora en el detalle de las relaciones interpersonales que hicieron que Logroño ocupase un lugar en mi corazoncito. Aunque fuese en el pasado. Pero tras aquella época, mi relación con la ciudad se fue enfriando, hasta desaparecer prácticamente por completo tras mi última visita en la primavera del año 2000. Hace 22 años. A La Rioja he seguido volviendo, alguna vez por ocio, alguna vez por visitas familiares, aunque estas también se han vuelto raras desde hace unos años. Se perdió la generación de mi abuela, falleció mi padre,… las cosas ya no son las mismas.
La visita a la ciudad fue fundamentalmente un recorrido por el centro histórico de la misma. Razonablemente aseado y arreglado.
La paradoja de la que hablo en el título es que, a pesar de esa relación con esa ciudad, con muy buenos recuerdos, con afecto,… no tenía fotos hechas allí. Ni una. Nunca fui a Logroño por turismo. Nunca «visité» la ciudad en un sentido cultural o viajero. Iba. Estaba con la gente con la quería estar, nos tomábamos unas tapas y unos vinos en el Laurel… o donde hiciera falta. Y ya está. Aunque sé moverme sin problemas por la ciudad, podríamos decir que no la conocía realmente. O por lo menos desde ciertos puntos de vista.
Entre la plaza del Mercado y la calle Portales, la concatedral de Santa María la Redonda es probablemente el monumento más destacado de Logroño.
Hace unos días, un viejo amigo con el reconecté hace un par de años me pidió un favor. Tenía que ir a la capital riojana por unos asuntos de trabajo. A firmar un contrato importante para él, tanto desde el punto de vista laboral como personal. Algo de cierta trascendencia. Y quería que le hiciera algunas fotos del momento, con las personas con las que iba a asociarse. No requería una elevada sofisticación fotográfica, pero sí unas fotos capaces de ser ampliadas considerablemente y con una razonable calidad técnica. Informado previamente del lugar donde íbamos a estar para el acto, consideré que mi Fujifilm digital de formato medio, con su objetivo normal de 50 mm de focal, servirían perfectamente. Por si acaso, eché en la mochila también la pequeña Minox 35 GT-E con un rollo de Ilford Delta 400… y allí fuimos este domingo pasado por la mañana.
Si el exterior de la concatedral no es demasiado llamativo, el interior es arquitectónicamente y artísticamente mucho más interesante.
Sin mucho madrugar, junto con este amigo, su esposa y su hija mayor, llegamos a la ciudad alrededor de las doce del mediodía, nos tomamos un café y procedimos al acto. Estaban todos muy felices. No puedo comentar, pero si les sale bien, como probablemente sucederá, aumentarán su prosperidad familiar y al mismo tiempo realizarán un servicio interesante para la sociedad; una de esas iniciativas que demuestran que es posible hacer negocios de forma ética. Tomamos unas tapas en el Laurel, y comimos en un bonito restaurante… de cuyo nombre no me acuerdo. La gastronomía de La Rioja es muy celebrada y con razón; salvo que yo no la suelo disfrutar porque no hay comida en la que el pimiento no esté presente de alguna forma. Y esta hortaliza me desagrada en grado extremo.
Como en tantas ciudades actuales, las riberas del río Ebro están muy cuidadas, aseadas y paseables. Me gustó especialmente cómo han conservado los sotos en las áreas inundables a orillas del río.
Y siendo más de las cuatro y media de la tarde, íbamos a volvernos a Zaragoza cuando tomé una decisión. Informado de los horarios de los trenes, entregué una tarjeta con la copia de las fotos realizadas para mayor seguridad, y me quedé a hacer turismo por la ciudad hasta las ocho y media de la tarde que salía el último tren con destino a casa. Y así… resolví la paradoja de que, siendo Logroño una de las ciudades españolas que más he visitado, y que me es querida, no tenía fotos de ella. Unas cuantas, en color, digitales, con la Fujifilm GFX 50R, y unas cuantas, todavía no reveladas, en blanco y negro, con película tradicional, con la Minox 35 GT-E. Aquí os muestro algunas de las fotos digitales en color. El blanco y negro, dentro de unos días.
Antes de volverme, terminé de pasear el centro de la ciudad y me tomé una cervecita en la plaza del Mercado. La calle del Laurel estaba poco animada un domingo por la tarde a las ocho de la tarde, cuando sólo me quedaba media hora para coger el tren de vuelta a Zaragoza.
Este viernes llegaron los resultados de mis rollos de película tradicional para negativos en blanco y negro que hice en mi reciente viaje a Apulia, en el sur de Italia. La cámara y la película que uso son una receta ya muy consolidada para obtener buenas fotos, que sólo dependen de la habilidad, a su ausencia, del fotógrafo.
El viaje incluye también una escapada a Ostia Antica desde el aeropuerto de Fiumicino, aprovechando así la larga escala de seis horas en el aeropuerto romano. Los detalles más técnicos con un comentario fotográfico más amplio lo podéis encontrar en Apulia (y más) con película en blanco y negro – Minox 35 GT-E con Ilford XP2 Super.
Hoy he dedicado mi entrada en el blog de técnica fotográfica, El viaje fotográfico de Carlos, ha la experiencia de viajar con un sencillo objetivo, con una única longitud focal. Frente a los equipos con varias ópticas, de focales variables, muchas veces tengo la sensación de que optar por la simplicidad es una buena fórmula para conseguir mejores resultado. O al menos, buenos resultados de forma consistente.
Las reflexiones sobre el tema las podéis encontrar en la entrada Viajar con un único objetivo, una única focal -Olympus OM-D E-M5 mark III con Panasonic Lumix G 14 mm f2,5 ASPH, de cuyo contenido se pueden deducir los pros y los contras de las distintas opciones. Luego ya, es cuestión de preferencias muy personales. En cualquier caso, os dejo las fotos de una visita a Ostia Antica a primeras horas de la tarde del domingo 17 de abril, mientras hacíamos tiempo para el vuelo de Fiumicino a Madrid. Que en seis horas de escala se pueden hacer más cosas que amodorrarse entre las tiendas del aeropuerto.
En los meses menos calurosos del año, cuando salgo de trabajar, entre las tres y las cuatro de la tarde, me gusta caminar. A veces mientras hago compras a unas horas de poca afluencias en los comercios. Otras por el simple placer de hacer ejercicio. Caminando a buen ritmo. Son meses en los que no hace calor, y es agradable hacerlo a esas horas. Cuando llegue el final de la primavera y el verano… la cosa ya no será tan agradable.
Y como siempre que salgo a caminar, llevo siempre una cámara conmigo. Muchas veces una compacta que no me ocupa mucho espacio, ni me suponga mucho peso. De ahí proceden muchos de mis pasajes urbanos que se ven con frecuencia en estas págians, como los de hoy. Para los detalles técnicos, como de costumbre, me extiendo en otras páginas. Visitad el enlace Ciudad, buen tiempo, película de grano fino – Olympus Trip 35 con Rollei Ortho 25 Plus.
Probablemente la fotografía instantánea no parece el medio más adecuado para la fotografía de naturaleza. ¿O es un medio más? En cualquier caso tienes que conocer las fortalezas y debilidades del medio para sacarle algún partido.
Eso es lo que he estado haciendo últimamente, revisando las fortalezas y debilidades de la Fujifilm Instax SQ6. Incluso para dedicarla a algo tan complicado como las bulbosas del Parque Grande de Zaragoza. Los detalles técnicos en Afinando mis Instax – Fujifilm Instax SQ6.
Ya comenté en su momento algunas cuestiones fotográficas relacionadas con el viaje en el día que hice a Toledo a principios de marzo. Sí… llevamos ya más de una cuarta parte del mes de abril y todavía estoy con experiencias fotográficas de principios de marzo. Pero es que este 2022 está siendo animado fotográficamente. Y dentro de una semana me embarco en el primer viaje al extranjero del año, de donde espero venir también con una buena ración de fotografías. Y cuando digo «buena ración» espero que sea en calidad, más que en cantidad.
El caso es que también me llevé a Toledo una cámara compacta con película negativa en blanco y negro. Como hago en estos tiempos en casi todos los viajes, grandes o pequeños. Y ha llegado el momento de mostrar los resultados aquí. Una vez encarrillado mi blog de técnica fotográfica, los aspectos técnicos de las fotos están en Viaje en el día a Toledo – Minox 35 GT-E con Kodak Tri-X 400.
Ya he comentado estos días atrás que tenía algunos problemas con mi sitio web dedicado a la Fotografía y otras artes visuales. Bueno,… desde hace ya un tiempo, fundamentalmente a cuestiones técnicas de fotografía, mientras que en este Cuaderno de ruta se muestran fotos, o se habla de la cultura asociada a la fotografía (exposiciones, museos, libros,…).
Pues bien, cambiando de plataforma de gestión de contenidos, la actividad continuará en ese sentido. No con la coherencia en la transición que a mí me hubiera gustado, porque ha sido todo un tanto repentino… pero bueno. Ya está activa la primera entrada, con fotos de un rollo de película en color de finales de febrero. Pero supongo que en las próximas semanas, y dependiendo del tiempo disponible, iré modificando el aspecto y forma del sitio. En fin,… poco a poco. La naturaleza de los contenidos no variará mucho. Nos vemos también por allí.
Como ya adelantaba hace un par de días, tengo problemas como mi sede web para los artículos de técnica fotográfica. Estoy en proceso de resolver, al menos parcialmente, el tema… pero no con la agilidad que esperaba. Así que iré improvisando otros contenidos, o adaptándolos a este Cuaderno de ruta, como hice el sábado. En el año 2017, junto con otros compañeros de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ, y en los años 2018 y 2019, por mi cuenta, convertí la cita primaveral de la Maratón de Zaragoza en una costumbre en mi práctica de la afición fotográfica. Es primavera, suele hacer buen tiempo, las fotos son coloridas y alegres, y es una ocasión de utilizar técnicas no habituales en otras modalidades fotográficas.
El año 2020… no hubo. Se suspendió. Si alguno de los lectores de estas páginas no sabe porqué… habrá que deducir que entre mis lectores habrá algún extraterrestre recién llegado al planeta y que no se ha puesto al día en la historia reciente de este mundo. O sufre una grave amnesia y debería hacérselo mirar. Y en el 2021… no hubo… en primavera. Se trasladó al mes de octubre, en un momento en el que yo estaba liado con otras cosas y no me dio para acudir a la cita.
Así que en este 2022, regresando las cosas a una cierta normalidad, anoté en la agenda la fecha de la prueba hace unas semanas, confié en ese tiempo primaveral para combinar la fotografía de deporte con otros géneros fotográficos y el disfrute del aire libre. En 2018 y 2019, me aposté en el Parque Grande de Zaragoza para hacer las fotos, porque me viene bien como un paseo agradable desde mi domicilio, y porque es un entorno tranquilo y majo para las fotos.
Consideremos además que, por las fechas, coincide con la floración de muchas plantas por primavera. Por un lado, las bulbosas de las que llevo ya unas semanas fotografiando. Por otro lado, los cerezos ornamentales en flor, en su rinconcito del parque, que han ido evolucionando muy tímidamente, pero de los que ya podemos encontrar bellos ejemplares de flor. Y otras… aunque la rosaleda no está accesible por obras, esperemos que podamos disfrutar de ella en mayo. En cualquier caso, puede quedar una mañana de lo más completa.
Sólo ha habido un problema… un frío problema. Este año, este primer fin de semana de abril no ha tenido nada de primaveral. Aunque iluminado por un sol radiante, las temperaturas a primera hora de la mañana han sido frías, entre 1 y 4 ºC, con viento, cuyas rachas podían ser eventualmente intensas. El sábado, en una caminata de 10 kilómetros y 300 metros, acabé pasando más frío del previsto por culpa del viento, y estuve destemplado todo el fin de semana. Por lo que estuve poco inspirado para las fotos. Que hice con la pequeña Canon EOS RP, digital poco adaptada a la fotografía deportiva, y a la que pertenecen las fotos de hoy, y con la Canon EOS 3, cámara para película tradicional, de la que no podremos ver ejemplos hasta dentro de unas semanas. Alguna foto simpática pude hacer. Pero me volví pronto a casa… a calentarme.
Como es costumbre en mí, esta entrada con fotos debería ir acompañada de otra en carloscarreter.es donde se explicarían las minucias de la técnica fotográfica asociadas a las fotos. ¿Qué cámara es? Una Canon EOS 3. ¿Qué óptica utilicé? Un Canon EF 40 mm f2,8 STM. ¿Y el material sensible? Kodak ProImage 100, película negativa en color. ¿Cuándo hice las fotos? A finales del mes de febrero de este año 2022.
Pero por algún motivo, no puedo entrar a la interfaz de edición de las entradas de ese blog. El sitio funciona. Si se abre la dirección anterior, se ven las entradas. Pero no puedo acceder a la dirección del administrador del sitio. Y hoy no estoy de humor para ver qué ha sucedido.
Así que como ya veis, he resumido lo que hubiera escrito allí en unas pocas líneas en el primer párrafo de esta entrada de mi Cuaderno de ruta. Me estoy planteando hacer más sencillo todo. Quizá deba hacer más sencilla mi vida. En fin… ya veremos.
En los últimos años, para quienes somos aficionados a la fotografía con película tradicional en color, las noticias sobre su supervivencia solían ser malas. Disminución de la oferta de emulsiones sensibles y aumento considerable de los precios, sumado a que hay que tirar de cámaras de segunda mano, no fabricándose en la práctica cámaras nuevas que no sean «juguetes» de plástico más o menos afortunados a la hora de hacer fotos.
Pero recientemente ha habido algunas buenas noticias. Aumentará un poco la oferta de emulsiones sensibles disponible. Y entre esas iniciativa, una que nos llega desde Alemania, que se va a financiar, al menos en parte, con la venta de unos lotes de película con unas características particulares, de las que hoy os ofrezco algunos ejemplos. Los detalles técnicos en Rollos de película negativa en color por una buena causa – Leica M6 con Elmar-C 90 mm y Adox Color Mission.