Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. En Londres, no lejos del número 10 de Downing Street y otros centros del poder británico.
Recientemente me vi casi de tirón la tercera temporada de The diplomat. Esta es una de mis series favoritas en la actualidad. Principalmente por dos motivos. Los guiones y argumentos son estupendos, bien planteados; no se si los escenarios que plantean son verosímiles. Pero lo parecen. Y por otro lado, por las excelentes interpretaciones. Decir a estas alturas que Keri Russell y Rufus Sewell son excelentes intérpretes a quienes me gustaría ver en pantalla grande en proyectos de nivel, es una obviedad. Son muy buenos. Russell, en especial, desde su papel de espía rusa trasplantada a Washington en tiempos de Reagan me tiene encantado.
Pero es que todo el resto del reparto, cada uno a su nivel, están estupendos. Buenísimo el actor británico, Rory Kinnear, que interpreta al errático primer ministro británico; lo borda. Me encanta Ali Ahn como responsable de la CIA en la embajada londinense, con ese toque entre responsable, cínico y vulnerable que muestra tras su máscara de dura agente de inteligencia. Pero es que seguir mencionando a todos los que me gustan sería excesivamente prolijo. Cierto es que una base importante para su buen trabajo es la excelente definición de caracteres que tiene la serie y los estupendos diálogos que les proporcionan los guionistas.
En esta temporada nos hemos encontrado a la embajadora con un doble papel. Tras frustrarse su posible candidatura a la vicepresidencia tras el fallecimiento repentino del presidente y el acceso al puesto de la entonces vicepresidenta (Allison Janney), se ve en un doble papel que no voy a mencionar para no chafar las sorpresas de los primeros capítulos a quienes no la hayan visto aún. La cuestión es que asistimos a una escalada de escapadas hacia delante conforme aumenta el riesgo de que los secretos de estado que no debieran desvelarse salgan a la luz. Y los tradicionales aliados, EE.UU/R.U., corren el riesgo de alcanzar un grado de desconfianza que rompa, sino para siempre, durante mucho tiempo la confianza entre ambos. Y la escalada no cesará y los secretos y las mentiras se acumularan… pillando a nuestra querida embajadora a contrapié las más de las veces.
Con la misma fórmula de una parte de humor, una parte de drama, una parte de intriga, una parte de crítica política, la serie se vuelve más ácida hacia las mentiras del poder. Llama la atención que justo cuando en cartelera hemos tenido una excelente película sobre los riesgos nucleares, estos hayan aparecido también en esta serie, de forma no menos preocupante. Pero si queréis conocer los detalles, tendréis que verla. En Netflix está. Y es absolutamente recomendable.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Supongo que cuando se decidió instalar estatuas de los reyes de los reinos hispánicos medievales en distintos lugares de Madrid, como la plaza de Oriente, nadie se lo plantearía como una parodia. Pero sus anacrónicos atuendos y portes a mí me parecen de los más paródico.
Breve entrada para comentar una serie española que he visto recientemente en Amazon Prime Video, para la que ya se anuncia una segunda temporada a estrenar en algún momento de 2026. No soy muy dado a las series españolas. De vez en cuando, cuando se estrena alguna en alguna de las plataformas de contenidos a las que tengo acceso, empiezo con el primer episodio… y generalmente no llego a terminarlo. El motivo por el que no me atraigan puede ser diverso; porque ya tengo bastante con la realidad del país que vivo a diario, porque los temas que tratan no me interesan, porque andan un poco escasos de guiones de cierta calidad… Pero hay un motivo que me parece que sobresale. Los intérpretes españoles, que pueden hacerlo muy bien en largometrajes, por lo menos los que tienen cierta experiencia en la profesión, en series de televisión suelen ser flojísimos.
No es el único país en el que pasa. Es algo que me llama la atención también en las series/películas surcoreanas. Lo que pasa es que las series surcoreanas me las meriendo en muchas ocasiones por el factor guilty pleasure, que ya he comentado en otras ocasiones. Supongo que la forma en que se ruedan las series hace que los directores, mucho menos importantes en televisión que en el cine, no se tomen tan en serio lo de dirigir a los actores, y como hay que cumplir con los presupuestos, pues no es cuestión de entrar en demoras en el rodaje y esas cosas que cuestan dinero. No sé. Es por buscarle explicaciones. Bueno… la serie que comentamos hoy, una comedia sobre monarquías hispánicas más o menos ficticias, tiene unas interpretaciones razonablemente sólidas. Y eso bastó como para que terminara el primer episodio… y siguiera.
La premisa… Pilar, princesa heredera (¿de Asturias?; se supone, nunca se menciona el título que yo recuerde), hija del rey Alfonso (¿XIV?; creo que tampoco se menciona), es una crápula de mucho cuidado, que ha pasado de su educación como futura heredera, y se ha dedicado a irse de juerga con algunas amigas (¿de fiar?) y a tener algún amorío con algún que otro príncipe de otras casas reinantes (a veces con consecuencias desagradables). Pero, huérfana de madre, su padre es un crápula de la misma estopa. Y metido en líos de corrupción con dineros, va a iniciar «una gira de meses» por Sudamérica, aparatándose de los focos de la prensa y de la justicia. Y durante esos meses, la princesita tendrá que asumir el rol de forma interina.
Desde el punto de vista de lo que critica, o pretende criticar, la serie, es decir, la monarquía como forma de gobierno… pues lo consigue sólo a medias. No trata de los problemas globales de esta forma «elegir» al jefe del estado, que es de todo menos democrática, puesto que rompe de plano con el principio de igualdad de oportunidades y de soberanía popular a la hora de elegir sus gobernantes, sino que se centra en el carácter de dos individuos, la princesita y el monarca coronado, de calibre moral ínfimo, aunque la cosa vaya de que la princesita vaya por el camino de la redención. Se queda un poco en la anécdota de la situación. Desde ese punto de vista, y dado que ignora en gran medida el papel del ejecutivo y el legislativo en todo esto, con quien se ceba de forma notablemente ácida es con el judicial, presentando a unos jueces de Tribunal Supremo y similares de una calaña tal que… ¡jodo! Así que, desde este punto de vista, no suspende, pero tampoco saca buena nota la serie.
Pero en lo que consigue ir prosperando es en sus cualidades como ficción televisiva razonablemente realizada e interpretada. Especialmente, interpretada. Su protagonista, Anna Castillo, y el que hace de secretario, el veterano Ernesto Alterio, lo hacen muy bien. El resto del reparto acompaña adecuadamente, en papeles más o menos serios. Más bien menos. La serie no deja de ser una sátira. Una sátira blandita, pero sátira al fin y al cabo. Creada y escrita por Borja Cobeaga (que también dirige varios episodios, y quizá eso explique que se preocupe por la dirección de actores) y Diego San José, me parece mejor que lo que el público votante en IMDb está por la labor de reconocer. Podría ser mejor, pero es un entretenimiento más que razonable, que además no te hace perder mucho tiempo, con episodios de 30 minutos que transcurren con agilidad. Supongo que, cuando se ponga a disposición de los abonados, seguiré con la segunda temporada, a ver si al menos mantienen el nivel.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. El último episodio de una de las series, el sobrante, desde mi punto de vista, transcurre en Zurich,… y allí nos vamos fotográficamente.
Desde que me suscribí a Netflix… ya no me acuerdo muy bien cuánto hace, las series surcoreanas han sido mis acompañantes habituales en mi descanso de los fines de semana. Series que invitan a no pensar mucho en nada, entretenidas, donde sale gente guapa,… muchas veces placeres inconfesables sin pies ni revés,… el cachondeo del emplazamiento de producto publicitarios, no pocas veces rayando el ridículo más cómico,… Pero también de vez en cuando con series de una calidad innegable. Descubrir que algunos de esos actores y esas actrices realmente tienen capacidades interpretativas notables. Y las series que se salen de la norma, producciones interesantes y estimulantes. Pero en los últimos tiempos… pues como que no. Les estaba perdiendo el gusto… o me he cansado de determinados argumentos y situaciones. Porque repetitivas son un rato. Repiten tópicos hasta la saciedad. No obstante, en torno al mes de septiembre he encontrado algunas series que realmente me han gustado. Vamos con ellas.
Esquire (título original en inglés), en inglés/español se ha titulado Beyond the bar/El sinuoso camino del derecho, y es un drama legal con unas gotitas de romance. Nada que empalague, muy moderado y alejado de los tópicos de la comedia romántica surcoreana. Una joven abogada (Lee Jin-wook), de buena familia, pero que busca salir adelante con su esfuerzo y por sus medios, entra a trabajar en un prestigioso bufete… a pesar de que casi la caga en la entrevista. No dudará en aceptar al equipo menos glamuroso del bufete, pero en el que más hay que aprender y bregar, al frente del cual hay uno socio (Jung Chae-yeon), recto, que no admite frivolidades y espera rigor y honestidad en el trabajo. Se deberán enfrentar a los casos en los tribunales, y a los socios con menos escrúpulos en el bufete. Y a las dificultades de sus vidas personales, más privadas. Entre el procedimental, y el desarrollo personal, es una serie que intenta lanzar un mensaje ético sobre las formas de hacer, frente a los muchos dramas legales que hay en la televisión coreana que se centran en torno a la corrupción y los personajes excéntricos. Sus protagonistas lo hacen bastante bien, y acabas enganchándote porque les has cogido cariño. Diponible en Netflix. Te deja con buen rollo. Fundamentalmente drama, poca comedia.
Samagwi: sarinjaui oechul [사마귀: 살인자의 외출, la mantis: la salida del asesino] es conocida en inglés/español como Queen Mantis/Reina Mantis. Y es una versión surcoreana de la serie francesa La mante, que vi hace unos años… y que no me gustó gran cosa. Por lo que en principio no pensaba darle una oportunidad a la versión coreana. Pero un día me puse… y me enganchó. Está mejor. Bastante mejor. A pesar del joven policía protagonista, cuyo actor, Jang Dong-yoon, no me acaba de convencer gran cosa. Y mira que es un actor popular y bien valorado en su país. Pero el resto lo hace muy bien, especialmente, la protagonista, Go Hyun-jung, la asesina en serie presa, que ha de ayudar a la policía a atrapar a un imitador que le ha salido. Lo cierto es que tiene más ritmo y más interés que el original, y la mayor parte de los intérpretes lo hacen mejor. No es la octava maravilla del género, pero me atrapó y me lo pasé bien. Y son solo ocho episodios. Poco para una serie surcoreana. También se ve en Netflix.
Eunjunggwa Sangyeon [은중과 상연, Eun-jung y Sang-yeon los nombres de los personajes de las dos protagonistas], que en inglés/castellano se titula You and everything else (o Two Women)/Tú y todo lo demás, es una serie exclusiva de Netflix. Quince episodios de una hora de duración para contarnos la historia de dos amigas/rivales, en tres periodos de su vida. Cuando comienza la serie, una de ellas es una guionista de televisión, Eun-jung (Kim Go-eun), que se defiende sin problemas en la vida, a sus cosas, y la otra, Sang-yeon (Park Ji-hyun), una productora de cine de prestigio a la que acaban de dar un premio. Se conocen desde la infancia, pero llevan sin verse ni hablarse desde diez años antes, cuando Sang-yeon el hizo un mala jugada a Eun-jung. A pesar de ello, le llama y le pide un favor como amiga. Tiene un cáncer avanzado, va a entrar en fase terminal, y quiere viajar a Suiza para terminar con su vida mediante la eutanasia. Eun-jung se escandaliza de que le llame para eso… y empieza a recordar su vida en común. La infancia, cuando Eun-jung era tirando a pobre y Sang-yeon tirando a rica, y además perfecta en estudios y deporte, pero de una forma u otra acaban relacionándose como amigas. La época universitaria, cuando Eun-jung lleva una vida normal, y Sang-yeon ha acabado pobre y a base de esfuerzos a conseguido entrar en la universidad, época en la que competirán por un joven. En esta época una cámara Leica M3 es coprotagonista, lo cual me encanta. Y la época cuando empiezan a trabajar en el mundo del cine, y cuando se produzca la traición de Sang-yeon.
Esta serie me ha gustado bastante, y parece que es algo que ha sucedido con mucha gente. Las interpretaciones son espléndidas, especialmente por parte de Park Ji-hyun, a pesar de que le toque el papel más feo… o quizá por eso. La había visto en alguna otra serie… como secundaria, y me parece una actriz muy competente. En cualquier caso, la relación de amistad-rivalidad está muy bien planteada. Dos chicas, dos mujeres, que envidian de la otra algo que creen que no tienen, sin pararse a pensar que no hay motivos para complejos, que cada cual arrastra su mochila. Una relación llena de malos entendidos, de falta de diálogo sincero entre ambas, siempre con la sombra de lo que envidian. Si tengo que poner un pero, está en el último capítulo, que quizá sobra, y solo sirve para satisfacer a los fanáticos de la tele-cebolla. En la que además plantean un contexto eutanásico absolutamente irreal, y sé de lo que me hablo por motivos profesionales. Un paciente que solicita la eutanasia no está en condiciones de salir a cenar con vestido elegante la noche de antes con su amiga y acompañante. Nop. Esto no funciona así. De hecho pensaba que, dado la moralidad conservadora del país asiático, no iban a llegar a ese punto de la historia. El caso es que para contarlo como lo cuentan, podrían haber cerrado la serie antes. Puesto que la historia principal e importante ya estaba contada. Pero a pesar de ello, me ha gustado bastante, como ya he dicho.
Con posterioridad, he visto alguna serie surcoreana más, especialmente aprovechando el periodo vacacional que he disfrutado recientemente, pero no entran en este bloque, son otra historia. Ya veremos si alguna de ellas la introduzco más adelante en alguna entrada de versiones coreanas/japonesas de la misma historia.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Los temas de alguna de las series invitan a ilustrar la entrada con fotografías muy recientes, de este lunes pasado, realizadas en el gran santuario de Izumo, en Japón.
Con el final de septiembre y el principio de octubre han ido cerrándose las temporadas de animación japonesa. Tanto aquellas que tienen una duración normal de entre 10 y 13 episodios, y que duran un trimestre, como las que se alargan hasta los 24-26 episodios y que venían emitiéndose desde la primavera. Hay algunas que he ido viendo durante este periodo que merecen un comentario. Así que vamos con ello.
Una de las sagas literarias que más adaptaciones ha recibido a televisión probablemente sea Anne of Green Gables, en castellano Ana de las Tejas Verdes. Pero aunque he visto comenzar alguna de estas adaptaciones, creo que nunca había visto terminar la historia nunca. Porque me empalaga mucho. Obviamente, son un conjunto de novelas que van desarrollando la vida de una joven huérfana canadiense en el cambio de siglo entre el XIX y el XX y en las primeras décadas del XX, y destinado a un público lector predominantemente femenino. Y aunque hay quienes han querido ver elementos de reivindicación feminista en el personaje, en realidad destila grandes dosis de nostalgia conservadora por un pasado agrícola y bucólico frente al ímpetu de la revolución industrial y la modernidad. La «bondad» extrema de todos los que aparecen me parece falsa, empalagosa e inverosímil. Pero en Japón, por motivos que ahora no vienen al caso, es un personaje popular, y de vez en cuando se adapta al medio televisivo. Como ha sucedido con la emisión en los últimos seis meses del anime Anne Shirley. No nos engañemos; mi opinión sobre el personaje y la historia no se ha modificado en gran cosa. Pero la serie está hecha con gracia, no es de extrañar que sea de las mejores valoradas por el público y la crítica. Adaptando momentos puntuales, los más significativos, de la historia global que abarca varios libros, consigue un buen ritmo narrativo sin que las elipses temporales despisten demasiado al espectador. Y por eso, al final, por primera vez, me he enterado del conjunto de la historia… o por lo menos de lo esencial. Por la autora, Lucy Maud Montgomery, estiró el personaje durante toda su vida, la del personaje y la de ella, al estilo de las «trilogías» de siete libros/películas actuales para «ordeñar» las gallinas de los huevos de oro…
Otra serie que ha abarcado dos trimestres, el de primavera y el de verano, es Kijin Gentōshō[鬼人幻燈抄, algo así como escenas de la vida de un hombre-demonio], que en en inglés/castellano se suele ver titualdo como Sword of the Demon Hunter: Kijin Gentōshō/Kijin Gentōshō: Cazador de Demonios. Es la historia de un joven que, en los últimos años del periodo Edo, tras una batalla con demonios [oni 鬼] para proteger a una sacerdotisa muy especial para él y para el pueblo donde viven, se convierte en medio hombre medio demonio. Pero en lugar de dejarse llevar por su lado demoniaco, dedica sus poderes a defender a otros seres humanos de los oni. Su privilegio y su maldición, es inmortal y no cambia, por lo que aquellos a los que conoce y ama irán envejeciendo y muriendo, mientras el permanece. A pesar de su lado fantástico y sus escenas de acción, tiene un tono muchas veces poético, y constantemente reflexiona sobre el significado de la familia y la amistad, del poder intrínseco de las relaciones humanas. Por lo que acabó enganchándome, por sus diversos, excéntrico y entrañables personajes secundarios, que acompañan al héroe. La mayor parte de la acción transcurre en las primeras décadas de la era Meiji, pero con flashbacks al pasado, y algún flashforward al presente actual. Es adaptación de una serie de novelas ligeras.
No sé muy bien qué me hizo empezar con Seishun Buta Yarō wa Santa Claus no Yume wo Minai [青春ブタ野郎はサンタクロースの夢を見ない, los sinvergüenzas no sueñan con Santa Claus]. Normalmente, no veo temporadas que son secuelas directas o segundas temporadas o sucesivas de otras ya pasadas. Pero la premisa de la serie me llamó la atención y la vi. Al final, he visto esta serie sin ver la original, pero viendo dos de los largometrajes que la precedieron y que me ayudaron a centrarme, este y este. La cuestión es que estamos en un universo en el que los adolescentes y jóvenes pueden ser sufrir un síndrome que les produce alteraciones como dejar de ser vistos por los demás, o sufrir heridas espontáneas, o viajar a otros universos paralelos donde sus alter ego, viven vidas distintas. Si en las series y películas anteriores (hay tres largometrajes y la serie original), el protagonista está en el instituto, ahora lo cogemos en la universidad, novio de una actriz y modelo de fama, y que, a pesar de su antigua fama de «sinvergüenza», sigue empeñado en ayudar a la gente que le rodea. En esta ocasión, una joven que se pasea vestida de Santa Claus, sin que nadie la vea salvo él. Y con una serie de premoniciones que hablan del riesgo de un ataque contra su novia. La cosa es que al final le cogí el tranquillo, y es otra de esas series japoneses que bajo su apariencia de drama de instituto con toques fantásticos, se dedica a hablar de los problemas de la adolescencia y la juventud que afectan a la salud mental de las personas en estas edades. Y está muy bien valorada por crítica y público, y es que a mí también me parece que está muy bien.
Y finalmente una serie que me ha parecido absolutamente encantadora, a pesar de que pasen muy muy muy poquitas cosas. Se trata de Ame to kimi to [雨と君と, contigo y la lluvia]. Basado en un manga, la protagonista es una joven escritora… en sus treinta y pocos diría yo. Que vive sola. Aunque tiene amigos y sociabiliza bien con sus vecinos y otras gentes con los que se encuentra, es introvertida y pasa tiempo sola en su casa, trabajando. Un día se encuentra un animal, que semeja un tanuki, aunque el bicho, que se comunica con un cuaderno y escribiendo, dice que es un perro, y se lo queda. El bicho es al contrario que se ama, extrovertido y causa de vez en cuando pequeños desastres, sin mucha consecuencia. El caso es que se genera una divertida interacción, mientras que por el camino la vida de la escritora se va ampliando con nuevos encuentros y con nuevos proyectos que, aun con dudas, abraza y sale adelante. De alguna forma, el «perro» es el reactivo que le permite avanzar en su vida. Una serie en la que pasan pocas cosas… aparentemente. Unos recuentos de la vida que son entrañables, a ratos poéticos, buenrollistas, y que te dejan muy buen sabor de boca. Yo acabé enamorado de la joven escritora. Qué queréis que os diga. Es la serie más adulta de las cuatro, aunque es tolerada para todos los públicos. Adulta por sus temas, no por sus truculencias. Y es de las que demuestran que la sencillez en los planteamientos no está reñida con la calidad y la profundidad de los temas.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Carlos en plata. En el recinto de la Exposición Zaragoza 2008 con Hasselblad 500CM y película experimental Harman Phoenix, primera generación.
Como la aventura espacial ha sido un género que siempre me ha resultado atractivo, no es de extrañar que me apunte a ver, al menos en sus primeras temporadas, las series que se estrenan de este género. Miedo me da… que me acabo de enterar que va a haber una tercera versión de Battlestar Galactica, con lo estupenda que fue la segunda, y con lo entrañable que resultó la cutredad de la primera. Qué se le va a hacer. Pero hoy vamos con dos series que van más o menos a la par, y ambas han llegado este verano a su tercera temporada. Eso sí, dos series muy muy muy diferentes.
Empecemos por la que menos me interesa. Se trata de Star Trek: Strange New Worlds, que viene a ser la precuela de la serie original, o una de ellas. La Enterprise, pero con otra tripulación, aunque algunos de sus miembros ya estaban aquí… en edades más jóvenes. Nunca he sido un especial aficionado a Star Trek, lo he comentado en más de una ocasión. Le tengo un cierto cariño a la serie original, algunos de cuyos episodios vi en la infancia. En aquella época, cierto grado de cutredad, desde el punto de vista actual, era inevitable. Pero estaba bien para los estándares del momento. Y yo era un niño al que aquellas aventuras atraían mucho. Pero a partir de los largometrajes que se hicieron después desde finales de los años 70 y durante los años 80 y 90… esa cutredad me resultó chirriante. Porque eran cutres. Y decidí que no era mi cosa. Diversos relanzamientos posteriores tampoco me interesaron por distintos motivos. Pero en las últimas décadas ha habido alguna serie que me ha parecido curiosa, y he seguido en mayor o menor medida.
La que hoy nos ocupa, siendo fiel a los esquemas de tiempos pasados, lo cual no necesariamente es una buena referencia salvo que sea la serie original, no me disgustó en sus dos primeras temporadas. El reparto trabajaba de forma bastante competente, con algunos personajes que generaban cierto grado de empatía, algo indispensable que un producto de mero entretenimiento que recorre caminos trillados atraiga. Sin embargo, en esta tercera temporada… algo no ha cuajado. Y aunque ha habido algún episodio entretenido, he vuelto a tener en no pocos momentos la sensación de apatía que me despertaban muchas de las producciones del universo Star Trek en el pasado. Incluso algunos personajes que me resultaban especialmente simpáticos en el pasado… han empezado a resultarme antipáticos. Creo que tienen previstas al menos dos temporadas más, pero en estos momentos no puedo asegurar que me enganche a la serie de nuevo.
Seguiremos por Murderbot, una serie de aventuras planetarias en el espacio, que se puede ver en Apple TV+, de capítulos cortos, que oscila entre la aventura, la comedia y la parodia. Un robot androide, aficionado a los culebrones televisivos espaciales, que se libera en un momento dado de sus restricciones para hacer daño a los seres humanos, siendo un potencial asesino, que es asignado para garantizar la seguridad de una expedición científica a un planeta. Un grupo de científicos idealistas, pacíficos, cándidos, bienpensantes, sin jerarquías, dialogantes, y un tanto flower power, que se ven obligados a enfrentarse a amenazas imprevistas en el planeta, cuando se encuentran que no están solos, que hay otras expediciones en el planeta, y que los miembros de una de ellas han sido asesinados. No creyendo en la violencia, siempre a desconfiado de su androide de seguridad; pero tendrán que aprender a confiar en él si quieren sobrivivir. Porque en su candidez, son presas fáciles, muy fáciles.
Sinceramente, me asomé a esta serie porque era una aventura espacial, y porque me generó cierta curiosidad. Aunque no sabía qué me iba a encontrar. Al final resultó una sensación ambivalente. Mejor de lo que esperaba, pero con la sensación de que podía estar mejor todavía. Pero no está mal. Se deja bien. Tiene buenas críticas, y con razón. También los votantes en IMDb la apoyan. No será un exitazo, pero contenta a crítica y público. Parece que habrá una segunda temporada. Veremos que derroteros lleva. Está basada en unas novelas de Martha Wells, y la serie de libros es bastante extensa. Material tienen en abundancia.
Mucho más interés me despertaba la tercera temporada de Foundation. La serie inspirada, y hasta cierto punto basada, en la obra original de Isaac Asimov me enganchó mucho en su segunda temporada, que me pareció excelente. La primera no estuvo mal. Pero fue una temporada de «aclimatación» para los que habíamos leído (repetidamente) los libros de Asimov. Porque obviamente… no era lo mismo. Y como esperabas algo,… muy parecido,… pues hubo que aclimatarse. En la segunda temporada, asumiendo ya que se trata de una historia distinta, aunque los nombre de los personajes y los lugares se parezcan o sean los mismos que en los libros, aunque ni siquiera se parezcan, lo que nos estaban contando era interesante. Y además estaba bien contado. Lo cierto es que fue una temporada que disfruté bastante. Lo cual estaba bien… Pero también, preocupante. ¿Sería posible mantener el nivel?
El nivel de realización y de interpretación de la tercera temporada a estado al mismo nivel que las anteriores. Pero se enfrentaba a uno de los arcos argumentales más importantes de la trilogía de Asimov, la segunda parte de Fundación e Imperio, el segundo libro de la trilogía, con el surgimiento del Mulo desbaratando el plan Seldon. No pongo a idea los nombres de los intérpretes que actúan, para no destripar las sorpresas de la trama. No. No suceden las cosas como en los libros. Se desvían bastante. En varios aspectos principales. Quien es el héroe o la heroína en los libros puede convertirse en villano o villana en la serie, y viceversa. Los cambios, que quizá indignen a los puristas de la versión literaria, me parecen aceptables. Aquellos relatos empezaron en los años 40 del siglo XX. Desde 1942, hace 80 años aproximadamente, en forma de relatos cortos, y como novelas integradas a partir de 1951. Que se hayan actualizado las historias, los personajes, los perfiles,… me parece bien. El personaje del Mulo, aunque no conserva su personalidad, ni siquiera es el mismo personaje, si que conserva la esencia. Y ese arco argumental está bien. Pero en el arco argumental de los emperadores clones… tengo miedo de que hayan desbarrado algo, e incluso que, para mí por lo menos, tal vez no para otros, en el último extremo hayan saltado el tiburón. Quizá no sea para tanto… pero en varias ocasiones la historia de los Cleon y Demerzel me rayó un tanto. Este último personaje, Demerzel,… o R. Daneel Olivaw, es probablemente el que peor llevo que se haya modificado tan profundamente su personalidad… Sip. Mucho cariño le tuve a R. Daneel Olivaw en mi juventud. Pero seguiré fiel a la serie. Seguro.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Como no tengo fotos de hospitales o servicios médicos en Japón, me limitaré a poner algunas escenas urbanas de Gifu.
En su momento ya comenté algunas cosas relacionadas con las series surcoreanas que se desarrollan en ambiente sanitario. También cuestiones relacionadas con la ética asistencial o la bioética, donde se manifestaban claramente conservadores; maniqueamente conservadores. Y como no hablar de la que es una de mis series favoritas surcoreanas, y su derivada, también en un ambiente de hospital. En todas las filmografías televisivas, periódicamente aparecen series sobre cirujanos, urgencias y otros servicios médicos, que suelen atraer a los espectadores. Claro… a costa de sacrificar notablemente la verosimilitud de las situaciones planteadas. Aunque siempre hay honrosas excepciones. En los últimos meses, he podido ver varias series en Netflix con estos temas, pero realizadas en Japón. Que siempre tienen un punto distinto, muchas veces excéntrico o raruno. Vemos.
Kōnodori [コウノドリ, cigüeña], conocida por el mundo como Dr. Storks (Doctor Cigüeña), nos lleva por las vidas y andanzas de un servicio de obstetricia en un hospital japonés. Un poco como sucedía en Resident Playlist, pero menos centrada en los residentes, y con un protagonista excéntrico, que se apellida como el título de la serie, aunque en ocasiones se oye pronunciar konotori. Tori 鳥 es ave en japonés, aunque muchas veces, cuando se usa solo o en el ámbito gastronómico suele significar pollo. Así pues, el doctor Cigüeña es el héroe de la función, que rodeado de residente, matrona, otros compañeros, y algún antagonista cascarrabias, va tratando situaciones complejas en cada episodio. Suele pasar en estas series japonesas que se utilizan también para lanzar mensajes educativos a los espectadores. No falta la escena en la que se suelta una parrafada claramente dedicada a que los espectadores aprendan algo útil. El protagonista (Gô Ayano), además, es un consumado pianista, aunque su identidad como pianista es anónima, y pocos saben que es a la vez obstetra. También es costumbre que el protagonista, macho, suela estar acompañado de una coprotagonista, hembra, que suele ser una residente (Mayu Matsuoka), algo torpona, pero muy voluntariosa, monilla, y de buen corazón. Tópicos constantes en la representación de género en las series niponas. En cualquier caso, se deja ver con agrado, y funciona razonablemente bien. Tiene dos temporadas.
Hace años, en Amazon Prime Video, me lo pasé muy bien con la serie Dokutā X 〜 gekai Daimon Michiko [ドクターX〜外科医・大門未知子〜, Doctora-X, cirujana Michiko Daimon], comúnmente conocida simplemente como Doctor-X. Una serie muy divertida, que llevaba al absurdo la incompetencia general de los cirujanos de una hospital universitario ficticio en Tokio, frente a la infalibilidad de su protagonista (Ryôko Yonekura). Me lo pasé muy bien. Y cuando visitamos Japón en 2019, en un anuncio luminoso en el famoso cruce de Shibuya pudimos ver que se anticipaba una nueva temporada de la serie. Nunca llegó a estrenarse en Prime Video. Ni esa, ni la siguiente. En total, la serie tiene siete temporadas, de las que en la plataforma de Amazon están disponibles cinco. Y curiosamente, una película, un largometraje, de 2024, que de alguna forma sirve para cerrar definitivamente la historia de los personajes principales, al mismo tiempo que nos informa sobre su pasado. La serie estaba muy bien, la película es floja, floja, floja… No voy a entrar más. En cualquier caso, cualquier parecido de las situaciones planteadas por la serie y la película con la realidad es pura coincidencia. Una parodia de tomo y lomo.
En estos momentos, está en emisión, no ha terminado todavía, una serie, 19 Banme no Karute [19番目のカルテ, algo así como la especialidad médica nº 19] que me ha dejado absolutamente atónito. En inglés español se titula The 19th medical chart/La 19ª especialidad. Y esa especialidad es… médico general. Es decir,… lo que tradicionalmente es el médico no especialista. Es cierto que en España la situación es confusa, y lo digo desde el punto de vista de que soy médico y corro el peligro de cabrear a algunos de mis compañeros, y se creó una especialidad, Medicina de Familia y Comunitaria, que por la trasposición de una directiva europea a la norma española ha acabado siendo el requisito para trabajar de médico general para el sistema público de sanidad. Lo cual entra en una contradicción esquizofrénica en la que una especialidad, y los que la cursan defienden a capa y espada que son especialistas, capacita para ser… médico general. Cosas que pasan. En la serie, en un hospital… contratan a un médico general… que utilizan unas técnicas extrañísimas, casi esotéricas, para definir lo que es la visión integral del médico general… o del médico de familia. Nada que ver con la realidad. Se repite el binomio de protagonista masculino sabio (Jun Matsumoto) y pupila femenina joven, mona, voluntariosa,… y torpona al principio (Fuka Koshiba). Pero no me ha convencido… he visto seis episodios, y tengo pocas ganas de ver más. Ya veremos. Aquí lo dejo.
Y luego tenemos Radiation house, en inglés en el original. También hay dos temporadas, pero de momento sólo están disponibles en Netflix la primera temporada y un episodio especial que sirve de resumen global de la primera temporada. Y aquí también entramos en el terreno de lo extraño e incomprensible. Aquí los héroes no son médicos, sino técnicos de radiología. Los siete técnicos del servicio de radiología de un hospital, al que llegan dos nuevos, un joven extraño (Masataka Kubota) y una joven normal (Alice Hirose)… joven, mona, voluntariosa, torpona, etc etc etc. Aunque el personaje principal femenino es una radióloga (Tsubasa Honda)… menos joven, mona también,… y sorprendentemente incapaz tal y como la presentan en la serie. Y que es la amiga de la infancia del protagonista que, aunque es médico especialista, sin que nadie lo sepa, o casi nadie, trabaja de técnico para apoyar a su antigua amiga, que parece no acordarse de él y por la que está colado. Situaciones irreales, con técnicos haciendo tareas no habituales en ellos, al menos en España, y… desconcierto absoluto para quien conozca el ambiente de estos servicios en nuestro medio. Casi nada que ver con la realidad. Pero es razonablemente entretenida. Qué se le va a hacer. Por lo demás, sigue esquemas similares a las anteriores series.
Lo que comentaba, comedias/dramas o mezcla de ambos, que siempre tienen un punto extraño, raruno, que nada tiene que ver con la realidad que conozco, siendo médico, de lo que pasa en los hospitales. Es lo que hay.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El tiempo nublado y algún cementerio que otro en Cornualles me servirán para ilustrar la «tétrica» entrada de hoy.
Wednesday es una de las series de más éxito de Netflix. Lo curioso es que, estando claramente dirigida al público adolescente, al cabo, no deja de ser una serie de institutos, con magia, una versión oscura, y anterior, a Harry Potter. Y sin embargo, en los días previos y posteriores al estreno de la segunda temporada, encontré a muchos adultos hablando de ella, que si la había visto, que se divirtieron con la primera temporada, etc, etc, etc. Me pareció curioso. Vi la primera temporada y… aunque relativamente entretenida, no acabó de entusiasmarme. Por lo que realmente no había hecho especiales planes para ver la segunda.
Pero he aquí que veo que existe esta expectativa. Y que además, los comentaristas en la red de redes dicen todos, o casi todos, que es mejor que la primera temporada. Esta segunda temporada se estrenó en dos bloques. Creo que en julio se estrenó el primer bloque de cuatro episodios, no recuerdo cuando, y a principios de septiembre el segundo bloque con otros cuatro episodios. Ocho en total. Con duraciones variables. Los más largos de una hora, incluso larga, y los más cortos de apenas tres cuartos de hora, sin llegar. Eso suele estar bien. Suele querer decir que en el montaje del episodio han ido a lo interesante. Si tenían mucho material y mucha historia que contar… se alarga algo. Y si no, pues más cortito que no pasa nada. Una estupidez lo de llegar a un determinado minutaje, algo propio de las televisiones con programación fija y anuncios de toda la vida, en las que la duración de las series estaba a merced de las pausas e intereses publicitarios. Bueno.
El caso es que decidí verla, y empecé con los primeros cuatro capítulos poco antes del viaje a Luxemburgo. Si me gustaban, seguiría con los cuatro últimos. Y si no,… tal día haría un año. El caso es que en cuanto estrenaron esos últimos episodios, me los merendé casi de tirón. Esta segunda serie es muuuuuuuuucho mejor que la primera. En primer lugar, Wednesday (Jenna Ortega) quizá sea el personaje principal, pero esta segunda serie podría perfectamente haber sido una temporada de una serie titulada The Addams Family. Porque todos ellos tienen su momento y su importancia. Y especialmente, Morticia (Catherine Zeta-Jones), al jugar en la trama transversal y principal con los conflictos generacionales dentro de la familia. Pero sobretodo, lo importante es el ritmo y la aventura que presentan los distintos episodios. Tras los tres primeros más de presentación, tenemos un excelente cuarto episodio, en el frenopático, que además de ser casi antológico en sí mismo, pone en marcha la acción continua y divertida de los cuatro que llegaron en septiembre. Un diseño de la temporada excelente, que ha asegurado una diversión absoluta, en este drama familiar, y de instituto, que al mismo tiempo se convertía en un procedimental con Wednesday al frente de los «investigadores» de los misterios.
Lo tengo muy claro. Si han de seguir así. Así como la otra serie estelar con personajes infantiles/adolescentes de Netflix conforme fueron pasando las temporadas cada vez me cargó más y llegué a aborrecerla, esta me ha parecido ingeniosa, bien escrita, bien rodada, y muy equilibrada en sus distintos elementos. La segunda temporada, digo… porque mi recuerdo de la primera sigue siendo muy flojo. Quizá uno de los aciertos más importantes de la temporada es que no han obligado a Wednesday a tener un interés romántico… que no le pega nada en absoluto. Entre otros muchos. Y lo más flojo… que me hace gracia que les llamen outcasts o marginados, cuando en realidad son todos una panda de pijos de mucho cuidado, con la protagonista a la cabeza. Y oye,… que no reconocí a Billie Piper y no me he dado cuenta que salía hasta que he redactado esta entrada. Qué cosas.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Una de las series de hoy transcurre en un centro comercial de una ciudad japonesa, así que viajaremos fotográficamente a Umeda, un distrito de Osaka fundamentalmente comercial.
La mayor parte de las series de animación japonesas suelen presentarse en temporadas de entre 10 y 13 episodios que se suelen emitir a lo largo de los tres meses de una estación del año. Eventualmente, duran dos estaciones, con temporadas de entre 20 y 26 episodios, claro, el doble. Pero hay excepciones de diversos tipos. Y en esta temporada de verano, la que comenzó el 1 de julio y terminará hacia el 30 de septiembre, todo aproximadamente, ha habido un par de series de corta duración, seis episodios de 20-23 minutos cada una, que por lo tanto, en realidad, duran menos de dos horas, porque hay que descontar los minutos de las entradas y los cierres de cada episodios. Lo que dura un largometraje. Así que se puede ver de una sentada. Dos series que me han interesado, por motivos muy muy muy distintos. Y luego esta temporada en web de otra serie que también me entretuvo mucho, y que dura todavía mucho menos. Vamos de más serio a menos serio.
Takopī no genzai (タコピーの原罪), El pecado original de Takopi/Takopi’s original sin, en su título en castellano/inglés, es una serie dramática bastante perturbadora. Especialmente los dos primeros episodios. Y aunque sus protagonistas son niños, es más bien para mayores. A ratos más para adultos que adolescentes. La historia de Takopi, un extraterrestre con forma de pulpo (タコ tako es pulpo en japonés) que se mezcla en las historias de tres niños de unos 10 u 11 años que viven con problemas familiares. Familias desechas, familias exigentes, alienación de sus familias y de sí mismos, con riesgos autolíticos… es decir, de suicidio, o de crímenes precoces. Takopi es ingenuo. Desconoce la maldad. Y tiene un «arma» terrible. Una máquina que le permite retroceder en el tiempo para «arreglar» los problemas,… que no sólo no se arreglan sino que empeoran.
Como decía, el anime es duro. En las vidas de estos niños hay maltrato infantil en el entorno doméstico. Hay abandono y falta de afecto. Hay abuso y violencia escolar. Y hay respuestas de estos niños, patológicas, en forma de violencia hacia sí mismos o hacia los demás. Y todo con el aspecto ingenuo de un anime infantil con personajes… kawaii (cuquis). Leí en una ocasión que Japón, con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, tiene además serios problemas de infancia desprotegida, especialmente en familias rotas y monoparentales, cuando una madre sola/soltera, con escasos recursos, ha de criar a un niño. A lo que hay que añadir el clima de fuerte competencia escolar que se pueda vivir en sus escuelas. Por lo tanto, es una fuerte crítica social, basada en un manga muy premiado en el momento de su lanzamiento. Es muy buena, pero no siempre es agradable de ver. Todos los episodios tienen una nota de aviso especial indicando que no es para estómagos débiles. A pesar de ello, recomendable.
En un tono totalmente diferente, de comedia, pero entrañable, hay una pequeña y sencilla oda a la amistad entre dos adolescentes de instituto que de alguna forma no están integradas en sus propios medios escolares. Fudo koto de, mata ashita (フードコートで、また明日), See you tomorrow at the food court/Nos vemos mañana en el área de restauración originalmente un manga en forma de comic para la web, nos presenta a dos chicas muy distintas. Por un lado, Wada, una chica con buenas notas, pero que no destaca físicamente y que no tiene habilidades sociales. Por otro lado, Yamamoto, una ギャル gyaru con un físico potente e intimidante, que hace que sus compañeros la eviten, aunque es una buenaza. No van al mismo instituto. Pero de alguna forma han acabado conociéndose, y todas las tardes, después de clase, quedan a tomarse algo en el área de restauración de un centro comercial.
Se presenta en forma de cortos episodios, unos tres por cada episodio de unos 20 minutos, en los que mantienen diálogos sobre los temas más diversos, cosas de chicas adolescentes. Pero son diálogos ingeniosos, muy bien escritos, que además provocan que inmediatamente el público simpatice con estas chicas tan divertidas. Una, por estudiosa que sea, es una destalentada de cuidado en las cosas del mundo, mientras que la otra, a pesar de su aspecto precoz/procaz, es sensata y considerada con todos, especialmente con su destalentada amiga. Una divertida y aparentemente intrascendente oda a la amistad, que me recuerda a otra serie sobre chicas adolescentes que también me divertió y me gustó.
Finalmente, una derivada de la divertida Lycoris Recoil, Lycoris Recoil: Friends are thieves of time, seis episodios cortos, en total todos suman unos 21-22 minutos, con pequeños episodio en la vida de las protagonistas de las chicas asesinas, pero tan simpáticas. Se puede ver en Youtube, os lo dejo enlazado. Muy divertidos. Alguno, hilarante.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El pueblo de construcciones tradicional de Shirakawago, patrimonio de la humanidad según la Unesco, en blanco y negro.
Suelo dividir mis vacaciones anuales en dos periodos, de dos y tres semanas cada uno, en mayo y a principios de octubre, aunque la duración de los mismos en cada momento depende del destino que hayamos elegido para viajar. En este 2025, cogí tres semanas en mayo, con el fin de viajar a China, pero, como ya conté, surgieron problemas y acabe viajando a Sicilia. La cuestión es que eso nos descolocó de cara a los planes de octubre, y andamos deshojando la margarita. Porque no queríamos dejar de tener un viaje a Asia, aunque de momento no recuperamos el plan previsto para China, que estaba muy asociado a los tiempos de luz diurna de la primavera, notablemente más amplios que los del otoño. Tampoco tengo claro si viajaremos juntas varias personas, o si al final me iré yo por libre. Si me voy por libre, no me importaría ir unos días a algún punto de Asia, pero a un destino fácil de organizar. Y Japón es una posibilidad, aunque no tenía previsto volver tan pronto. Al fin y al cabo, estuvimos en mayo de 2024, las fotografías que ilustran esta entrada son de ese viaje.
La cuestión es que de cara a organizar algo sencillo, de siete u ocho días efectivos de viaje, sin contar los desplazamientos, hubo una serie en el segundo trimestre del año que puede servir de guía de lugares interesantes, pero menos conocidos, menos habituales de los circuitos turísticos habituales, aunque no menos interesantes. Que es lo que en un momento dado, si no es este año será otro, querría volver a hacer. Porque ya el año pasado fue en parte el estilo de viaje. Salirnos de las rutas más trilladas, sin renunciar a visitar lugares interesantes por su belleza o interés cultural, sin los agobios de las muchedumbres de turistas que van todos a los mismos sitios y a las mismas horas. La serie fue una serie de animación, Zatsu tabi [ざつ旅, viaje improvisado], que en inglés se ha denominado con una mezcla del original japonés y una expresión inglesa que no es la traducción literal de ese original; Zatsu tabi – That’s journey (eso es viaje).
La serie nos habla de Chika Suzugamori, estudiante universitaria de bellas artes, que está iniciándose en el mundo profesional del manga. Pero no consigue dar con el tono de sus obras, que son apreciadas por su potencial editora, pero que no acaban de dar el salto a lo publicable. Habiendo conseguido un dinero, decide intentar inspirarse viajando por Japón. Inicialmente, sola. Pequeños viajes de dos, tres o cuatro días, usando los transportes públicos. El destino, a partir de las indicaciones que recibe a través de pequeñas encuestas en redes sociales. Lo que empieza como viajes en solitario se transforma cuando va aceptando la compañía de su círculo de amistades; una joven estudiante más joven que ella, una mangaka ya consagrada, una buena amiga de su edad,… Con estos viajes ira adquiriendo experiencias y, sobre todo, empezará a compartir sus inquietudes con otras personas, y a escuchar las de estas. Eso le irá dando las claves para desarrollarse como persona y como artista. Al cabo, no es más que una joven de 18 o 19 años, con mucha vida por delante.
La serie no es nada especial. Pero a la vez tiene bastante encanto. Especialmente porque los personajes han sido pensados y diseñados para que resulten chicas y mujeres simpáticas para cualquiera. Tiene buen rollo, y buenas intenciones, y en general consigue entretener sin complicarse la vida y sin complicársela a los espectadores. Es recomendable como entretenimiento ligero, gracias a sus episodios de poco más de 20 minutos que podemos encajar en cualquier momento tonto, mientras cenas, mientras esperas a alguien,… no exigen una gran concentración para introducirse en la acción.
Pero claro, ahora he decidido hacer un listado de los lugares que visita Chika sola o con sus amigas. Porque puede resultar una guía relativamente interesante para visitar en un futuro. Especialmente, porque en su mayor parte se trata de lugares a los que uno se puede desplazar en transporte público, tren o autobús, en alguna ocasión cogiendo un barco. Hasta ahora no he encontrado ningún lugar en internet donde se listen y describan todos los destinos. Y los intentos que he hecho de que algún motor de los llamados de inteligencia artificial me haga el listado han fracasado. Ninguno consigue listar todos los destinos, aunque algunos se acerca bastante, con ocho o nueve de los lugares visitados. Tendré que volver a hacer una revisión de los episodios y construirme mi propia tabla, con indicaciones de cómo acceder. Quizá alguno de esos lugares acabe formando parte de mis vacaciones en octubre. O igual acabamos en otro país distinto. Quién sabe.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. No he visitado el gran norte de Canadá, así que nos conformaremos con Tadoussac, a orillas del estuario del San Lorenzo.
Hay más series canadienses de lo que parece. Lo que pasa es que la mayor parte de las veces nos creemos que son estadounidenses. O están hechas en colaboración con los vecinos del sur de Canadá, o son encargos de estos, o bien son series estadounidenses que, por cuestiones prácticas y económicas se ruedan en Canadá. Siempre recordaré que en la versión moderna de Battlestar Galactica había varios intérpretes canadienses, como Nº 8, una de mis cylon favoritas, y que los exteriores de Caprica City estaban rodados en Vancouver, si no recuerdo mal. Es un ejemplo. Pero hay bastantes más…
Luego descubrí que los canadienses son capaces de realizar comedias de situación de nivel altísimo que nada tienen que envidiar a las yanquis. Cierta tienda de conveniencia regentada por una familia de coreanocanadienses era un ejemplo muy claro. Una de las mejores comedias de situación que he visto en plataforma de contenidos en internet… y en cualquier otro tipo de plataforma o tipo de emisión. Buenísima. Por lo tanto, me he preguntado muchas veces porque no encuentro con más frecuencia este tipo de producciones disponibles en esas plataformas. Supongo que debería llegar y las podríamos ver… pero, ¿quedan sepultadas entre la inmensa oferta sin que se las promocione adecuadamente? ¿O es que no me encargo yo de buscarlas? No lo sé. Los sistemas de búsqueda en las plataformas no siempre son idóneos. Por ejemplo, los de Amazon Prime Video son realmente nefastos e inútiles en la mayor parte de las ocasiones. Los de Netflix son algo mejores, aunque manifiestamente mejoreables,… Apple TV+ tiene una oferta mucho menor y es más fácil encontrar cualquier cosa.
Así que en esas estaba con este tema cuando hace unos meses veo que en Netflix anuncian una comedia canadiense, North of north, cuya acción transcurre en el territorio de Nunavut, uno de los tres territorios que no tienen categoría de provincia en Canadá. Las provincias canadienses son más bien como los estados federados de un estado federal, no como las entendemos en las administraciones locales en España. Los territorios carecen de autonomía, y sólo ejercen poderes delegados por el gobierno federal canadiense. Pero vamos… Nunavut es como el 20 % de la superficie de Canadá, eso es como cuatro veces más extensa que España, pero vive un número de personas similar a algo más de los que viven en la ciudad de Soria, la segunda más pequeña de España, entre 35 000 y 40 000 habitantes. Un territorio vacío en el que el 85 % de la población son inuits (lo que antaño se llamaba esquimales, pero ahora no es una denominación correcta) o miembros de otras etnias de las primeras naciones (indígenas americanos antes de la invasión europea).
En una pequeña comunidad vive la protagonista de la serie, una joven inuit (Anna Lambe), madre de una niña y que todos consideran como la gran afortunada al haberse casado con el tipo más codiciado por las mujeres en edad casadera del lugar. Piloto de avión (Kelly William), y un machote. Y un machista. Y un mujeriego, lo que lleva a la protagonista a pedir el divorcio por las infidelidades. A partir de ahí, tiene que aprender a valerse por sí misma, encontrar un trabajo, y resituarse en la sociedad reducida y cerrada, que no aprueba sus decisiones, en general, porque la consideraban una privilegiada. Y esa es la base para las dificultades y vivencias de la joven, con algún que otro posible amorío en perspectiva. En paralelo, habiéndose criado como hija única de una madre soltera (Maika Harper), muy independiente, de repente se encontrará con el hecho de que hay un padre biológico (Jay Ryan), que no la abandonó, porque nunca supo que tuvo una hija.
La serie se deja ver… pero no entusiasma. Prometía maneras, pero es relativamente previsible. Y los personajes no tienen una profundidad suficiente como para que nos acabemos de entregar por completo a sus padeceres y a sus alegría. Yo, personalmente, sólo he visto dibujada con trazos muy groseros los problemas que se intuyen para el desarrollo personal de una mujer joven en una comunidad aislada, pequeña y con valores conservadores. No sé… ya veremos si le doy una segunda oportunidad si llega la segunda temporada.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. En las fotos, Edimburgo, claro. En una estancia caracterizada por el buen tiempo y la falta de lluvia, durante una semana. Lo cual, a priori, no es habitual. Al menos en 2013. Hoy en día, con la crisis global climática, quién sabe.
El nordic noir, es decir, el género negro al estilo escandinavo es uno de los géneros de más éxito de ventas en las últimas décadas. Es lo que se dice una moda. De repente, se empieza a hablar de él, la gente empieza a leerlo, surgen verdaderos fanáticos, se adapta al cine y televisión, primero por los propios países de origen, pero pronto los avispados productores británicos y norteamericanos se apuntan al filón… y ahí está hasta que la gente se canse o surja otra moda. O quien sabe… igual queda como una endemia entre los aficionados a la lectura en general y al género negro en particular, con su nicho estable durante tiempo indefinido. Quizá estemos ya en esa situación. Pero no lo puedo asegurar. No soy un experto. Y no soy de los que se haya enganchado de forma notable al género. El género negro, nórdico o de cualquier otra latitud o longitud, tiene obras muy interesantes, incluso obras maestras, pero también tiene un porcentaje de astronómico de obras que me parecen absolutamente superfluas y todas más o menos iguales o muy similares. Como pasa en todos los géneros destinados más a la venta que al prestigio literario. Literatura de tienda de aeropuerto o estación de ferrocarril.
Alguna cosa he picado aquí y allá de la ficción criminal nórdica. Y eventualmente me ha entretenido. Pero escasamente me ha entusiasmado. Pero tengo un par de amigos/conocidos que llevan largo tiempo hablándome de las excelencias de una saga en concreto, la de los casos del Departamento Q del danés Jussi Adler-Olsen. Hasta el momento, no he sucumbido a estas tentaciones… porque en principio no me tientan en exceso. Y me extrañaba que no hubiese alguna serie sobre la cuestión… hasta que me enteré que se ha ido adaptando en los últimos doce o trece años en forma de largometrajes de producción danesa. Uno de esos amigos/conocidos dice que yo he visto alguna de esas adaptaciones. No me parecía probable, hasta que decidí hacer una búsqueda en este Cuaderno de ruta y resulta que… sí. Que en 2015 fuimos a una sesión doble de la que conservo escasa o nula memoria, y en la que vimos dos de las películas. Ese olvido mío tan característico de las producciones mediocres o anodinas, me acuerdo más de los bodrios rotundos que de lo que ni fu ni fa, ya os pueda dar una idea de lo que me parecieron. Películas vistas en el mes de julio de aquel 2015, en esa época del año en la que la cartelera suele dar pena, y acabas yendo a ver casi cualquier cosa si apetece quedar para ver algo de cine.
Hace unos meses, Netflix anunció la adaptación de la primera novela, del primero de los crímenes del Departamento Q en forma de serie televisiva. Pero con algunos cambios. El fundamental es que la acción se traslada de Dinamarca a Escocia. Se puede discutir si Escocia no debería ser considerado como una variante de los «nórdico»… habría que pensarse si en esas latitudes predomina más la britanicidad o la nordicidad. La segunda cuestión es que se adapta la historia. Y debemos recordar que cuando se adapta una historia, es susceptible de experimentar cambios, más o menos importantes en su narración o en el diseño de personajes. En cualquier caso, bajo el título, casi obvio, de Dept. Q, nos encontramos al grupo de improbables inadaptados, que cargan a cuestas con un bueno número de fantasmas propios, y a los que se les encarga lavar la cara del departamento de policía del lugar, que es Edimburgo, y que sufre la mala prensa de su elevado porcentaje de crímenes no resueltos. El elegido será el de una fiscal desaparecida cinco años atrás, no se sabe si asesinada o raptada, o quizá desaparecida por otros motivos, y que como es lógico tocará las narices de muchos.
No las tenía conmigo cuando decidí ver la serie. Pero con Matthew Goode al frente, y confiando en el buen quehacer de los intérpretes británicos, de la cual la única que me sonaba es Kelly Macdonald, una actriz muy solida a la que vemos mucho menos de lo que nos gustaría, aquí hace un papelito secundario, me animé. Y no me arrepiento. La serie está bien valorada por los votantes en IMDb y con razón. Está bien hecho y muy bien interpretada. Y no, no sabe a las frías y asépticas producciones nórdicas. Tiene las mañas de los británicos, que hace muchas décadas que han demostrado que saben hacer cine y televisión. Tiene mucho oficio. No sé cuanto durará esta serie. Da para bastantes temporadas, a caso policiaco por temporada. Pero todo dependerá de si a Netflix le salen las cuentas. Si sigo abonado a la plataforma, cosa que me estoy pensando, seguiré viéndola. Si no… probablemente no. Está bien hecha, es entretenida, pero, para mí, es prescindible. Como ya habréis deducido, el género negro… «no me mata».
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La serie de hoy, la japonesa, transcurre en la ciudad de Kamakura, una de mis favoritas en el País del Sol Naciente, de importancia histórica, y que aparece con frecuencia en la literatura y en las producciones de cine y televisión del país asiático. Es que es maja.
El éxito de las series surcoreanas de televisión está provocando la producción de versiones de las mismas en otros países asiáticos. En Filipinas, en Indonesia, en Tailandia, en estos momentos me constan al menos dos japonesas en Netflix, incluyendo la que traigo a estas páginas en la entrada de hoy, e incluso en China. La continental, la del PCCh, no Taiwán… que parece más probable por las diferencias/semejanzas de regímenes políticos. Pero hasta la fecha no había visto ninguna de estas versiones. Nunca le he visto mucho el sentido a la cuestión. Sí que vi, no obstante, la versión surcoreana de una célebre teleserie española. Una teleserie española que me disgustó en no pocos de sus planteamientos, populistas e hipócritas, pero que estaban mucho mejor controlados en la versión surcoreana… por lo que acabó gustándome más… sin que sea como para lanzar las campanas al vuelo ni nada por el estilo.
De hecho, los surcoreanos son especialistas en sacar versiones de teleseries norteamericanas, pero sin reconocer que son versiones de estas series. Series médicas, de abogados, políticas… están claramente «inspiradas» en éxitos de la televisión USAmericana, hasta tal punto que uno se extraña por qué no se consideran ni se denuncian como plagios o versiones no autorizadas. E incluso varias series distintas a partir de una misma «inspiración», haciendo variaciones en sus argumentos, en sus localizaciones, en sus protagonistas… pero que no dejan de ser más de lo mismo. Hay que tener en cuenta que la televisión surcoreana es una fábrica de realizar constantemente las mismas series, con los mismos argumentos y los mismos tópicos, con variaciones cosméticas, que parecen justificar el decir que son cosas distintas. Que tengan más o menos éxito no depende de la originalidad, que es básicamente nula, sino en la habilidad de los guionistas para adaptar las mismas historias con más o menos gracias, y a la popularidad y la química de los intérpretes, especialmente si hay una pareja con interés romántica, más los colaterales correspondientes en los personajes secundarios.
Hace un tiempo, en 2021, Netflix emitió, y sigue emitiendo una serie «con pretensiones», Algoitjiman (알고있지만). Creo que es producción de una cadena generalista surcoreana, pero la plataforma tiene derechos adquiridos para su emisión fuera de su país de origen. No seguía el esquema habitual de 16 episodios de 70 minutos de duración, sino que se trataba de diez episodios, también de 70 minutos, en torno a las aventuras y desventuras románticas de los alumnos de una escuela universitaria de arte, centrada en una de las alumnas, que interpretaba una actriz que me parece interesante, Han So-hee, quizá porque se sale de algunos estereotipos de otras actrices de éxito del país asiático, que parecen todas clones unas de otras. La comenté en su momento. No me terminó de convencer. Me resultó fría, y más preocupada por las formas que por el fondo. Se difundió en la plataforma con el título internacional en inglés Nevertheless…, aunque en castellano también recibe el título Aun así… El original coreano se traduce como Lo sé, pero…
Y recientemente se estrenó en Netflix una versión japonesa de la serie, que por ser una versión no me interesó en principio, pero como vi una crítica positiva de la misma me puse a verla. Al fin y al cabo, tiene algunas ventajas claras sobre la coreana. Y es que en lugar de 10 episodios x 70 minutos cada uno, un total de 700 minutos de visualización, son 8 episodios x 30 minutos cada uno, un total de 240 minutos. Como si fueran dos películas de dos horas. Y pensé de inmediato que, efectivamente, si contaba la misma historia, basada en la misma historieta digital, no necesitaba mucho más. Incluso me atrevería a decir que se puede contar en lo que dura una película de largometraje. En esta ocasión, la escuela universitaria de arte está localizada en Kamakura en lugar de Seúl, los personajes son alumnos en últimos cursos o graduados recientes, frente a la coreana, en la que son alumnos de primeros cursos. Y hay diferencias notables en algunos de los personajes, llamando la atención la de la «rival» de la protagonista… que tiene un final mucho menos melodramático en la versión coreana.
El título es Wakatte itemo (わかっていても), con un significado similar, aunque la versión internacional pasa a ser Nevertheless: the shapes of love/Aun así: las formas del amor. Sus protagonistas son Sara Minami y Ryûsei Yokohama. Y al igual que sucedía en la versión surcoreana… el protagonista masculino es flojo, con mala definición y evolución de carácter, y, más allá del físico, es difícil de comprender que la chica se sienta atraída o fascinada por él. No obstante, el enfoque de la serie, sobre la misma historia, o parecida, es distinto. La realización es más naturalista, aprovecha el agradable paisaje urbano de Kamakura, y los personajes resultan más naturales y más creíbles. No voy a decir que me haya entusiasmado, pero desde luego refleja las tendencias sociales y culturales de ambos países. Incluso cuando hay (moderadas) escenas de cama, los personajes de la japonesa están menos sexualizados y más centrados en el desarrollo personal. Y como ya he dicho, tiene la ventaja de durar una tercera parte. Es mejor… desde luego. Como curiosidad, los votantes de IMDb les otorgan la misma votación promedio. Eso sí, con 12000 votantes en la coreana y 700 en la japonesa. Obviamente, las teleseries surcoreanas son mucho más populares a nivel mundial.