Tras el súper fin de semana del Barbenheimer, que tan entretenidos y motivados tuvo a los aficionados al cine de todo tipo, los estrenos de la cartelera volvieron al fin de semana siguiente a la inane situación previa. Especialmente, porque pocos querrán competir en la cartelera mientras dichas películas estén de actualidad todavía. Así que nos dedicamos a otras historias, y dejamos lo de ir al cine para otra ocasión. Parece que hubo algún estreno que pudo interesar a nivel nacional… pero no llegó a Zaragoza, con un cartelera cada ver más conservadora y rácana. Pero es a lo que se va en este país… y en otros. Así que el lunes a la hora de cenar me puse a ver qué estrenos había habido en los últimos tiempos en las plataformas. Por si acaso. Hay un problema (uno más). Los críticos y comentaristas de cine no dedican tiempo ni ganas a los estrenos en plataformas, salvo de vez en cuando, con títulos muy determinados. Por lo que hay poca guía para optar. Y uno empieza a estar escamado de la escasa calidad de la mayor parte de estrenos, la mayor parte de ellos entretenimientos inanes sin mucho interés. En fin…
El caso es que en Netflix me llamó la atención una película dirigida por Juel Taylor, desconocido para mí, pero con un reparto que podría ser interesante, y algunas premisas que quizá convendría explorar. Taylor nos lleva a un gueto afroamericano en alguna ciudad de Estados Unidos, donde la pobreza es la norma, y la gente, especialmente los jóvenes se refugian en la droga, en la prostitución y demás sospechosos habituales en los entornos socialmente degradados. Tras la sorprendente «resurrección» de un capo de camellos (John Boyega) tras un tiroteo, este, junto con un chulo (Jamie Foxx) y una de las prostitutas que chulea (Teyonah Parris) iniciarán unas pesquisas que les llevarán a descubrir una sorprendente conspiración del gobierno sobre el gueto afroamericano.
Película del género conspiranoico con elementos de ciencia ficción, que no deja de ser una razonablemente imaginativa crítica al abandono en el que el sistema social, político y económico de los Estados Unidos tiene a determinados sectores de la sociedad. No en vano una de las imágenes que más nos impactó en nuestra reciente visita a San Francisco son los nutridos grupos de usuarios de drogas, sumidos en la pobreza, con graves problemas de salud física y metal, que se pueden encontrar en torno a algunas estaciones de metro del centro de la ciudad. Una realidad de la que decidí no hacer fotografías, pero indicadora de una degradación social más importante de lo que parece en una ciudad en la que hay grandes contrastes con otros agradables, aseados y caros distritos, disfrazados de progresismo social, poco eficaz y poco eficiente. La cosa es que sin ser la octava maravilla, la película está realizada de forma correcta, eficaz, entretenida, ya que no falta la aventura y el humor, y con unas interpretaciones un peldaño por encima de lo correcto.
Película que se deja ver muy bien, que es perfectamente recomendable, que en mi caso crece en el recuerdo, aunque probablemente no vaya mucho más allá y no trascienda en exceso. Pero para los abonados de la plataforma que no sepan que ir a ver en el cine o que no les apetezca, puede ser una opción perfectamente razonable. Mejor de lo que esperaba.
Hace unas semanas, hacia mediados de junio, hice una caminata amplia que incluyo algunas zonas de la ciudad, en el entorno de la avenida de Cataluña de Zaragoza, que hacía décadas que no recorría. Las fotografías que hice se comentan en Desde Alemania (creo) una nueva película – Canon EOS 650 con Orwo Wolfen NC500. Pero sobre lo que aquí quiero reflexionar brevemente es sobre los recuerdos, siempre menos claros y más confusos de lo que creemos, y el retorno a otras épocas.
En mi caminar por la ciudad, hay amplias zonas de la ciudad, y entre ellas en torno a la larguísima avenida de Cataluña de Zaragoza, que pateo con frecuencia. Pero hay un tramo de esta avenida que cuando era muy jovencito, niño o preadolescente, visitaba con cierta frecuencia, cosas familiares, que ahora tan apenas piso. Entre el barrio de la Jota y el río Gállego. Una zona entre suburbial, industrial y agrícola, con una organización del terreno escasamente definida en su conjunto. No creo que hace cuarenta o cincuenta años estuviese mejor definida, pero a mí me lo parecía. Había alguna zona industrial, pero la mayor parte eran terrenos agrícolas, salvo en el eje de la avenida, avenida que se continuaba, y se continúa, con la carretera nacional N-II, la radial que une Madrid con Barcelona pasando por Zaragoza. En ese eje, el ambiente era más propio de un pueblo que de la quinta ciudad más poblada de España. Ahora… está un poco dejado. Y tienen un aspecto desangelado que no era el que recordaba cuando nos llegábamos hasta allí con el trolebús del Gállego. En fin, el tiempo pasa. Algunas cosas mejoran, otras no. Pero pocas permanecen realmente inalteradas. Si es que alguna lo hace.
A finales de 2017, principios de 2018, afronté la lectura de la afamada novela del escritor chino Liu Cixin, El problema de los tres cuerpos. Fue una lectura interesante. La publicación de la novela original data de 2006, pero no es hasta su traducción al inglés en 2015 cuando se hace popular; traducción que fue premiada en el ámbito de la literatura de ciencia ficción y atrajo la atención de numeroso público, algunas figuras públicas incluidas. La novela se sigue de dos secuelas que conforman una trilogía que conviene leer entera, aunque no es sencilla para quienes no tengan una base razonable de conocimiento en ciencias. Las segunda y tercera novelas de la trilogía, desde diversos puntos de vista, me parecieron mejores que la primera entrega. Y las leí casi seguidas, en el final del invierno y principio de la primavera de 2018.
Mi valoración general de la trilogía es positiva, pero no sin algunas objeciones. Creo que Liu no es un escritor brillante de novelas, de las que he leído alguna más con valoraciones entre normalitas/intrascendentes y regulares tirando a malas. Sin embargo, se defiende mucho mejor en el campo del relato corto, de los que he leído alguna recopilación que me gustó bastante. Tiene ideas muy interesantes, pero su capacidad de estructurarlas en obras largas es irregular. Por otro lado, me molesta su talante acomodaticio con la retórica de la clase gobernante autocrática de la dictadura china; no duda en justificar la ausencia de democracia y libertades en su país bajo el rancio argumento del «pueblo chino no está preparado para la democracia y no le preocupa la falta de libertad individual»… más o menos. La versión inglesa de su biografía en inglés habla más de este asunto. El caso es que es obvio que se esfuerza en estar a las buenas con el régimen de Pekín, lo cual se refleja en los destellos de patrioterismo que salpican aquí y allí sus novelas. Es la versión china del patrioterismo de las teleseries y las película estadounidenses, que en ocasiones cansa mucho
Ante el éxito de las novelas, tanto en su país de origen como en sus traducciones internacionales, comenzó el interés por la adaptación de su historia a medios audiovisuales. Consta una adaptación al cine de su primera novela, que no debió trascender las fronteras de su país de origen, donde podría ser que en estos momentos ni siquiera esté disponible. No estoy seguro de los avatares de esta producción, pero debía ser bastante mala. Hay alguna otra adaptación de obras de Liu, como un largometraje que se puede ver en Netflix, donde se refleja ese patrioterismo heroico en una aventura espacial con pretensiones de superproducción. El caso es que la trilogía de los Tres Cuerpos, conocida en inglés como Remembrance of Earth’s Past (Recuerdo del pasado de la Tierra) no es fácil de adaptar. Pensando sólo en la primera novela, hay que considerar tres escenarios. El primero, el tiempo contemporáneo en China, pero también en otros puntos del planeta Tierra. El segundo, la China de la Revolución Cultural y la estación montañosa con el radiotelescopio. El tercero, el video juego de los tres cuerpos, quizá el más complejo de representar correctamente. En las adaptaciones de las otras dos novelas, hay otras complejidades a considerar. Y por otro lado es una obra compleja en su estructura, en su argumento y en sus conceptos. Ya he dicho que es difícil disfrutar de la lectura de las novelas sin una cierta cultura científica, especialmente en física.
De repente, hace unos meses surge la noticia de que Netflix ha adquirido los derecho para adaptar esta obra, que está ya en producción, que ya se ha publicado incluso un avance, y que está previsto su estreno en enero de 2024. Y simultáneamente nos enteramos que ha principios de este año se ha estrenado en un plataforma china una versión de esa nacionalidad en forma de teleserie de la primera novela de la trilogía. Titulada Sān tǐ [三体, Tres cuerpos], que es también el título original de la novela en mandarín, consta de 30 episodios con una duración variable, pero con unos 45 a 50 minutos de duración en su mayor parte. Y curiosamente, se puede ver en otras plataformas. Y en Youtube, donde se puede ver de forma gratuita. Aunque con algún problema. Básicamente, su banda sonora musical es un refrito de músicas de distintos orígenes, más que una composición de encargo y específica para la serie, y por problemas de copyright hay algunos segmentos en los que no es posible escuchar la banda sonora original de la serie, incluidos los diálogos, y se oye una música que la sustituye. Con suerte, sí que se pueden leer los subtítulos de los diálogos. La serie está en versión original con subtítulos en inglés y en mandarín. No causa gran quebranto a la hora de seguir la historia, pero es molesto. Y el tema de la música de la serie no deja de ser una cutredad tremenda. La banda sonora en su conjunto es muy mala, tanto por la música, como por los efectos de sonido, como por los doblajes de los personajes no chinos, incluso cuando están hablando en inglés. Están muy mal hechos.
La serie es totalmente fiel al original literario y lo que pueda decir del argumento es lo que ya hablé en su momento. Pero el interés y la factura de los distintos escenarios es diverso. Me gusta mucho la historia de la joven Ye Wenjie (Wang Ziwen), un personaje muy atractivo y muy bien interpretado, que da para un desarrollo global de la historia desde su punto de vista que podría ser más interesante que el del físico que trabaja con nanomateriales, Wang Miao (Zhang Luyi), y el policía que le acompaña, Shi Qiang (Yu Hewei), y eso que este último personaje está también muy conseguido. En general, en los personajes con más protagonismo hay un buen trabajo actoral, que se queda en normalito o frío con muchos secundarios, y nefasto cuando se trata de los intérpretes de personajes occidentales. También está razonablemente llevado a la pantalla el vídeo juego de los Tres Cuerpos. Es cierto que sus efectos gráficos generados por ordenador pueden llegar a cantar mucho… pero como es un videojuego, tampoco pasa nada. Y luego está toda la parte del liderazgo chino en el mundo que se alimenta de ese patrioterismo que ya hemos comentado, que es cutre comparado con el ya bien conocido y aborrecido patrioterismo usamericano, proponiéndose a sí mismos como los (potenciales) salvadores del mundo y líderes del mismo… bueno… las memeces de las ideologías dominantes y lo que debería ser el mundo de la cultura al servicio de estas memeces.
Me lo he pasado bien con la serie, lo reconozco. Podría ser más cortita. Podría estar adaptada con menos fidelidad al original literario, pero con más adecuación sin perder las esencias. La historia de Ye Wenjie es estupenda, se le presta atención, pero se podría haber organizado de otra forma para dar un sentido dramáticos más profundo. Y desde luego, podría ser menos cutre en unas cuantas cosas, que bajan mucho la consideración hacia la serie. Mis felicitaciones por el trabajo actoral, eso sí. Y sólo queda espera a Netflix… pero conociendo determinados antecedentes, será mucho menos cutre,… pero, soy pesimista, no necesariamente mejor.
Como ya comenté hace unas semanas, estoy dedicando el verano al tercer quinteto de novelas cortas de Aki Shimazaki, L’ombre du chardon (La sombra del cardo). En francés, porque como consecuencia de los cambios de editorial de las traducciones al español, y el hecho de que ahora se publique cada novela corta como un volumen independiente, y no el quinteto de forma conjunta, sale más a cuenta financieramente hablando adquirir el original en francés. Lo cual tiene además la ventaja de leer la versión original de la autora. Lo cual no me supone problema, ya que leo el francés sin muchos problemas. Y con una flor de suisen, el narciso, en la portada llego al ecuador del quinteto, a su tercera entrega. He de decir que en realidad este fin de semana pasado he terminado de leer los cinco libros, pero como voy comentando un libro cada semana, y he intercalado alguna otra lectura… pues todo llegará.
Podría haber traído fotos de narcisos, «suisen» en japonés, para ilustrar la entrada… pero he preferido traer fotografías del parque de Hamarikyu, antiguos jardines imperiales cedidos a la ciudad de Tokio, y que visité en 2014.
En los dos primeras novelas cortas ya habíamos conocido a tres de los personajes cuyas vidas se entrecruzan en distintos momentos. Tres personajes que se conocieron en la infancia, en sexto curso de primaria, cuando tenían 11 o 12 años, y cuyas vidas vuelven a cruzarse en la primera de las novelas cuando tienen unos treinta y cuatro años. Sabemos que el cardo que proyecta su sombra sobre todos los demás personajes de la serie de novelas es Mitsuko, una de las dos protagonistas de la segunda de las novelas, y que aparece también en la primera. En esta tercera novela, el protagonista es Gōro, uno de los dos compañeros de Mitsuko en en la escuela. De buena familia, heredero de la presidencia de un grupo industrial dedicado a la distribución de vinos y licores de alta gama, y productor de licores también de alta gama. La referencia del título al personaje es clara. Es un narcisista. Se admira a sí mismo, no se priva de mantener amantes, de presumir de la amistad con personas importantes, de tener éxito en la vida. Y además, por nacimiento, se cree con todo el derecho a ello sin más esfuerzo. La novela transcurre dieciséis años tras la primera, en la cronología interna de la historia. Por lo que Gōro tiene unos cincuenta años. Y aunque no lo sabe, todo su mundo está a punto de derrumbarse como un castillo de naipes.
Las tres primera novelas cortas de la serie tienen como protagonistas a los tres niños que se cruzan en aquel curso escolar, ya convertidos en adultos. Los tres tienen en común una niñez compleja. Pero mientras Mitsuko y Mitsuo, pasaron malos momentos, Gōro tuvo una infancia privilegiada, que arruinó por sí mismo por los celos ante la inteligente medio hermana del segundo matrimonio de su padre. Como un personaje ausente constantemente en la novela nos transmite, es una niño que no ha aprendido a quererse a sí mismo, y por lo tanto tampoco ha aprendido a querer a los demás. Y los demás, finalmente deciden que es hora de soltar lastre y deshacerse de quien es incapaz de querer, de quererse o que carece de la más mínima inteligencia. Que renunció a lo que podría haber sido una vocación artística por una carrera empresarial para la que no estaba dotado. Y que nunca se preocupó de entender o empatizar con quienes le rodean.
Probablemente sea la novela corta con menos sorpresas de las que he leído de Shimazaki. Es previsible. Sabemos por dónde van a venir los tiros. Shimazaki ajusta cuentas sin piedad con el personaje más antipático de la serie. Y quizá esto lastre hasta cierto punto durante la primera mitad de la novela el relato. Sin embargo, la forma en que se narra la progresiva decadencia del hombre, el cómo poco a poco es consciente de que en la vida ha tenido cosas importantes que perdió por no dar valor a lo auténtico, prefiriendo las apariencias, va llevando a un proceso de reflexión que tiene algo de poético. Sobretodo por la presencia de esta chica, de esa mujer, que sólo aparece como un recuerdo, pero que está de fondo, siempre. Como quien podría haber salvado a Gōro de sí mismo.
Nuevamente escrita en primera persona, por lo tanto un narrador no fiable. Que si en otras novelas de la serie pueden serlo por desconocimiento, aquí se añade la visión tremendamente distorsionada que tiene de sí mismo y de los demás el protagonista y narrador. Nuevamente una novela corta recomendable, que se puede leer sola, pero que tiene mucho más sentido después de haberlo conocido en la primera entrega del quinteto.
Quiero aprovechar para situar la cronología interna de la acción, que no he tenido clara hasta que no he leído el último libro. Pero si lo que se narrará en esa quinta novela es la época actual en la que se escribe la novela, que se publicó en el año 2018, los tres compañeros de la escuela cursaron sexto unos 44 años antes, hacia 1974. Y los hechos de esta tercera novela de la serie se producirían alrededor de 2011 o 2012, los de la primera novela hacia 1996 y los de la segunda novela hacia 1998 o 1999. Más o menos. Año arriba o abajo es indiferente. Por situarse.