Una vez más como sucede con frecuencia desde el otoño pasado, la Leica Minilux, con su estupendo Summarit 40/2,4, me ha acompañado buena parte de los días del mes de abril de 2021, siempre dispuesta a funcionar como bloc de apuntes, bloc de notas, en forma de fotografías, de las escenas cotidianas que la ciudad ofrece en mi deambular por la misma. Muchas veces son las mismas o similares escenas, pero con elementos nuevos, con una luz distinta, o bajo una nueva mirada que no se había producido previamente.
Cuando se anunció el final de la vigencia del estado de alarma para el 9 de mayo de este 2021, segundo año de pandemia, se dio una circunstancia peculiar. Determinados municipios o comarcas de una comunidad autónoma podía estar confinadas por motivos epidémicos, pero no podía haber límites al tráfico entre comunidades autónomas. Algunas lo intentaron… porque cuando sucedió este final del estado de excepción, la última onda epidémica, ya no llevo la cuenta… porque todo depende de cómo se cuente, todavía hacía estragos. Pero los tribunales, que muchas veces han demostrado en el último año y medio que el derecho a la salud y la vida lo consideran por debajo en jerarquía a la economía y las finanzas, han ido anunlando estos intentos en buena parte de las comunidades autónomas. El caso es que… de perdidos al río. Con una dosis de vacuna ya puesta, y con unas razonables precauciones a la hora de tratar con los indígenas de la comunidad de Madrid, me planteé hacer un viaje en el día a la capital del reino.
Había varias cuestiones que me inclinaban a ello, de las cuales sólo comentaré una, puesto que las otras me parece faltas de interés en general o entran en el ámbito de los estrictamente privado, de lo que no suelo hablar aquí. Pero una de las que se puede comentar es que desde hacía tiempo sabía de una exposición en una de las salas de la Fundación Mapfre de la fotógrafa japonesa radicada en Francia, Tomoko Yoneda.
No son fotografías coloreadas como las de Kazusama Ogawa, de quien hablo más abajo, pero me ha parecido adecuado al tema traer estas fotografías de la rosaleda del Parque Grande de Zaragoza.
Yoneda me ha llamado la atención desde hace tiempo. Es una fotógrafa versátil, que utiliza cualquier medio fotográfico que le venga bien para sus intenciones. Lo mismo puede utiliza cámaras de gran formato o medio formato, que coger la pequeña Olympus Pen de su padre, con sus negativos subminiatura, la mitad de lo que se considera el negativo estándar que se consigue con película de 35 mm. Pero sobretodo me interesa por sus temas. Entre la antropología y la reflexión sobre el pasado, es una fotógrafa que basa muchas de sus series en la memoria histórica. En el regreso a los lugares que forman parte de hechos transcendentales, bien en la historia de la humanidad o de los países en general, o de la historia personal, un punto de vista más particular. Y estes es un enfoque que me atrae mucho.
Finalmente, no viajé a Madrid. Aparte de lo antipática que se está poniendo últimamente esa comunidad por diversos motivos, me encontré conque la exposición terminó sus días al mismo tiempo que el estado de alarma. Y algunas de las personas, amistosas y queridas, con las que pretendía encontrarme, no iban a estar disponibles con un margen de tiempo suficiente como para que nos pusiéramos al día en tranquila charla. Lo que sí hice, a cambio, fue comprar a través de internet el catálogo de la exposición. Fundación Mapfre siempre hace unos catálogos sencillos pero muy bien presentados. Y os lo recomiendo.
Y ya que estamos con una fotógrafa japonesa, añadiré algunas recomendaciones más sobre fotógrafos de esa nacionalidad:
En el Tumblr de Gacougnol, muy interesante para ver fotografías y conocer fotógrafos, pude ver la obra de Ayako Takaishi, realizada sobre medios fotoquímicos tradicionales. Lo que más me gustó e impresionó fue las naturalezas muertas. Pero no hay que desdeñar otros temas en la obra de la fotógrafa que se mueve a caballo entre Tokio y París. Su página web, que he enlazado antes, está todavía en desarrollo. Pero tiene dos cuentas en Instagram recomendables. Una para su trabajo más artístico, especialmente las naturalezas muertas, y otra para sus viajes y desplazamientos. Aunque el estilo visual de ambas es similar.
En Pen ペン Magazine me llamó la atención el artículo con las fotografías coloreadas a mano por Kazumasa Ogawa. Fundamentalmente, fotografías de flores. Ogawa fue un fotógrafo de la era Meiji. En aquella época las fotografías coloreadas a mano eran muy populares en Japón, aunque la mayor parte funcionaban como recuerdos de viaje, y escenificaban atuendos, personas o lugares más típicos del periodo Edo que de la época en que se hicieron. Pero las de Ogawa tenían un sentido en sí mismas, como reproducción de la realidad, complementando la fotografía con la pintura para una reproducción adecuada de las flores que interesaron al fotógrafo. Fue un fotógrafo prolífico, por lo que su obra abarca más ámbitos y géneros. Pero este es el que me ha interesado.
No es fácil encontrar en Zaragoza buena luz en cuanto empieza la primavera. Al alba y al ocaso… que suelen durar muy poco. Y con el tiempo tan seco que «disfrutamos», pocas veces hay nubes que animen el cielo sobre nuestras cabezas o que maticen la luz cuando el sol se alza más vertical sobre nuestras cabezas. Pero hace unos días los hados se conjuraron para procurarnos a los aficionados a la fotografía una luz adecuada.
A pesar de alguna metedura de pata a la hora de componer el equipo, los detalles técnicos en Una buena luz para la Kodak Portra 400 – Hasselblad 500CM, el resultado quedó en general bastante agradable. Os dejo algunas fotos. No hice muchas, eso sí. En plan tranquilo.
La primavera está muy avanzada y el verano climatológico, teniendo en cuenta las progresivas elevaciones del termómetro por culpa del calentamiento global, está cercano. Y si a eso sumas las numerosas horas de sol y la modificación de los horarios para el verano,… quedan pocas horas en el día con una luz agradable o adecuada para la fotografía. Salvo que buscas miradas alternativas a lo que las «reglas», «cánones» y «sabios» de la materia nos dicen. Y una de las alternativas es mirar en el espectro del infrarrojo. Ya he publicado en estas páginas bastantes entradas sobre este tipo de fotografía, así que no la voy a explicar en esta ocasión.
El primer rollo de este año ha tenido su parte de prueba y experimentación. Pero como de costumbre no voy a extenderme sobre ello aquí. Los datos técnicos, esta vez más abundantes que en otras ocasiones, lo tenéis en Empezando la temporada del infrarrojo – Leica M6 con Rollei Superpan 200. Pero si no os interesan u os aburren, aquí os dejo algunas fotos.
Así es. Últimamente no he tenido mucho tiempo para fijarme en los artículos de los sitios de fotografía que sigo en internet y componer un conjunto coherente de recomendaciones fotográficas para un domingo. Y eso que llevo varios rellenándolos con libros, revistas y otras cosas. Por lo que lo que tenía acumulado… acumula un tiempo. En fin. No obstante os dejaré algunas cosas que me han llamado la atención. Las fotografías son de este mismo fin de semana… que no ha sido muy boyante, pero alguna foto he hecho.
En el blog sobre (mayormente) fotografía con película tradicional 35mmc, publicaron hace unos días un artículo sobre una cámara de formato medio relativamente tardía. Recuerdo ver artículos sobre ella o una de sus derivadas en Chasseur d’images en los años 90. Era el sistema Rolleiflex 6000, en el que destacaba algún objetivo muy luminoso para el formato, teleobjetivos muy cortos o focales estándar largas. Como un Planar 110 mm f/2. Lo normal es que los objetivos más luminosos del formato medio abriesen como mucho a f/2,8. Pero se hicieron algunos objetivos en el intervalo de aperturas f/1,9 – f/2 que son muy apreciados por su capacidad de separar el sujeto retratado del fondo. Y a propósito de ello, mencionan en el artículos a Erich Salomon, un ingeniero y zoólogo alemán que devino fotógrafo, y que obtenía unos retratos espontáneos ambientales estupendos usando una Ermanox con un objetivo tremendamente luminosos para la época, un Ernostar 85 mm f/1.8, sobre placas de vidrio de 6 x 4,5 cm. He visto algún ejemplar de estas cámaras Ermanox en algún museo de la fotografía y siempre me han fascinado. Las fotos de Salomon están muy bien. Pero tuvo mal fin. Después de ser haber peleado para su país, Alemania, en la Primera guerra mundial, fue «premiado» siendo llevado a Auschwitz en la Segunda por su origen judío. Es lo que hubo… y en cierta medida, lo que hay.
En color, distintos modelos de Ermanox en el Museo del Aparato fotográfico de Vevey, Suiza. En blanco y negro, el ejemplar del Centro Portugués de Fotografía en Oporto.
Me gusta mucho el ya fallecido fotógrafo Peter Hujar. Una exposición sobre él pude ver hace pocos años en PhotoEspaña. En Lensculture nos hablan de una iniciativa de la escritora y fotógrafa Moyra Davey que ha reunido en un libro algunos textos propios, algunas de sus fotografías y fotografías de Hujar. Me entra cierta curiosidad por el libro. Ya veremos… Pero en general la cosa me ha interesada. Porque las fotos de Davey me han parecido que entonaban con las de Hujar.
El japonés Issei Suda ya ha aparecido en estas páginas. Fallecido recientemente, en 2019, Suda combinaba su mirada sobre las costumbres ancestrales del país isleño asiático, con una mirada crítica e incisiva sobre el Japón de su tiempo. En AnOther Magazine le han dedicado una entrada a propósito de un par de exposiciones en Amberes, una de ellas la primera gran retrospectiva fuera de su país. Pues debiera haber más porque es un fotógrafo realmente muy interesante.
En Pen Magazine han hablado de otro fotógrafo japonés cuya mirada me ha llamado mucho la atención. Se trata de Ryōji Akiyama. Por lo que se ve, en su momento realizó un trabajo sobre la niñez en su país, Japón, encontrando lo que llamó una infancia triste, con niños cansados, muy sometidos a presión en su entorno escolar y familiar. Estoy tratando de encontrar algo sobre ella. Sin embargo, la que se hizo más célebre fue una serie, muy amplia, de los años 80, en el ámbito de la apertura de relaciones entre China y Japón, muy deterioradas por la guerra de los años 30-40, en la que recogía la vida de la infancia en China… encontrándose una infancia feliz, de niños mucho menos presionados, que jugaban, que leían por placer… mostrándolo en unas fotografías que rebosan esponataneidad y alegría. Recientemente se ha publicado un nuevo tomo sobre inéditas de aquel trabajo que no se publicaron en su tiempo.
En Booooooom me ha llamado mucho la atención una serie de la fotógrafa norteamericana, joven, veinteañera, Meghan Marin (instagram). En ella refleja un viaje realizado en mayo de 2019 con su madre y su hermana menor, una adolescente. Su madre padece un trastorno mental grave, y tras el viaje sufrió una recaída y no han vuelto a verse. Por lo que estas imágenes, fotografías de un viaje familiar, pero magníficas en forma y fondo, adoptan una relevancia especial. A mí me han tocado el alma.
Por último, en Photography of China, me han gustado los retratos de Ye Fan (instagram), una shangainesa establecida en Nueva York, que ha trabajado con otras artistas de todo tipo, mujeres jóvenes nacidas en China y establecidas en los Estados Unidos. Este es uno de esos trabajos que me llama la atención más por la forma que por el fondo. Pero algunos de los retratos me han gustado mucho.
Supongo que siempre he considerado comprar película fotográfica de «segunda mano» o «previamente utilizada» como un absurdo esencial. Pero a pesar de eso arriesgué con un pedido… y salió bien. Obviamente, la película no estaba previamente utilizada. Era un pedido devuelto a tienda y luego revendido más barato. Entre un 35-40 % más barato. Y estaba bien. Ale… buen negocio.
Aunque este año no me pilló por sorpresa, no pude prepararme a tiempo para celebrar el Día Mundial de la Fotografía Estenopeica (Pinhole Photography Worldwide Day), que sucede cada año el último domingo de abril. Pero siempre encuentras una solución de compromiso. En esta ocasión fue usar mi Pentax MX y colocarle el objetivo Thingyfy, que consiste en un barril de objetivo con la bayoneta adecuada para la cámara que tengas, y una serie de estenopos de varios diámetros para que elijas el que creas más oportuno.
Si os he de ser sinceros, en este momento, la presencia de Johnny Depp en el reparto de una película actúa hasta cierto punto de repelente para mí. Hace tiempo que dejé de admirar las dotes interpretativas de un actor que nos ha dejado papeles muy significativos, y no me refiero a los de pirata, y empecé a verlo con un histrión que impone su propia personalidad y desdibuja la del personaje que interpreta. Y las primeras críticas que leí de esta película, dirigida por el neoyorquino Andrew Levitas, no eran muy positivas. Pero… hay dos razones por las que siempre he sabido que iba a ir a verla. Incluso por mi cuenta si no encontraba acompañante.
En primer lugar, por mi profesión. Recuerdo perfectamente cuando oí hablar por primera vez de la enfermedad de Minamata, un envenenamiento crónico por metilmercurio, mientras estaba estudiando todavía en la facultad de Medicina. De los muy diversos desastres medioambientales que se han venido produciendo desde la revolución industrial, es uno en los que el método epidemiológico resultó fundamental para reconocer la asociación entre la enfermedad y los contaminantes de las aguas de la pequeña bahía de Minamata, antes de que otras técnicas de laboratorio demostraran la realidad de dicha asociación. Bueno… y que el problema no se restringía a la bahía, sino a las aguas de todo el mar de Yatsushiro, en el que se encuentra. Como especialista en medicina preventiva y salud pública siempre he considerado que es un caso que debe ser conocido por todos los especialista en formación.
En segundo lugar, por mi afición. Conozco desde hace mucho tiempo la fotografía central del ensayo fotográfico que realizó W. Eugene Smith (interpretado por Depp en la película) realizó durante tres años en el lugar, «Tomoko Uemura en el baño». En 2009, una retrospectiva de la obra del fotógrafo en la Lonja de Zaragoza hizo que se convirtiera en uno de mis fotógrafos favoritos, incluso si esta famosa fotografía ya no podía ser exhibida por decisión de la propietaria de los derechos, la exmujer de Smith, Aileen Mioko Smith (encarnada por Minami), respetando los deseos de los familiares de Tomoko.
Como ya podéis haber deducido, la película narra la peripecia de Eugene Smith en Minamata. No voy a perder mucho tiempo en señalar las inconsistencias de la narración con la historia real. Hay gente que las justificará por las necesidades de la narración cinematográfica. Pero personalmente creo que desvirtúan al fotógrafo y a su forma de trabajar. Eugene Smith trabajaba a largo plazo, y en la película siempre dan la sensación de que la cosa va en semanas. Varias biografías que he leído indican que el fotógrafo y Aileen Smith ya estaban casados, o al menos eran pareja, cuando se desplazaron a Japón, y que esta era mucho más joven que la actriz que la interpreta. Tampoco el reportaje preliminar en la revista Life de 1972 sobre Minamata recibió el trato preferencial del que se habla en la película; coincidió con el atentado contra la Pietà de Michelangelo en el Vaticano,… que despertó más interés en la prensa y en el público que el reportaje de Minamata. Una diversidad de cosas… Como digo, si afectan o no a la esencia… unos defenderán que no, otros que sí.
A mí la película me ha dejado frío. No es una catástrofe como algunos críticos proclaman. La interpretación de Depp no es brillante, pero no es molesta como en otras de sus películas recientes. La película tiene defectos de producción… como anécdota, el tren en el que llegan a Minamata… no podía existir en 1971, así como la estación de la ciudad es algo más que el apeadero que aparece en imágenes. Que no es una ciudad grande, hoy en día tiene unos 25000 habitantes, pero tampoco es un pueblín perdido. Estos son ejemplos, detalles, en una película con una diversidad de pequeños problemas.
Para mí, el principal, que se centra tanto en el fotógrafo… que queda en segundo plano la tragedia de las familias, que venía de los años cincuenta y se mantuvo un tiempo, por el efecto acumulativo del metilmercurio en los organismos durante mucho tiempo. Porque no denuncia las deficiencias del sistema político y social japonés implantado por los EE.UU. en la posguerra, que dificultan los ejercicios de derechos de los ciudadanos. Que en 1971 ya estaba reconocido desde 1968 la relación causa-efecto de la enfermedad, que lo que se estaban discutiendo eran las responsabilidades y las indemnizaciones. De una historia que quedó muy oculta en la prensa de la época, lo que dejó vía abierta a posteriores catástrofes como Seveso en Italia, Bhopal en la India, por citar sólo dos de las decenas que hay, sin contar los desastres nucleares tipo Chernóbil o Fukushima, o los alimentarios como los aceites adulterados de Mequinez en Marruecos o de la colza en España. Y sigo diciendo que esto es una pequeña parte.
La película no es ninguna catástrofe. Incluso para muchas personas sin los conocimientos a priori con los que fui a verla puede estar bien. Pero a mí me dejó insatisfecho, porque es una medianía a todos los niveles, sobre un tema importante y trascendente. La importancia de una prensa, escrita o gráfica, independiente, no necesariamente objetiva, que Eugene Smith nunca pretendió ser, volcaba su subjetividad en los temas, para el equilibrio social de las comunidades humanas, y los peligros de las agresiones medioambientales, cada vez más presentes en nuestros entornos, con una tendencia a la desregulación de las empresas, que tanto trabajo y esfuerzo costó controlar… en algunos rincones privilegiados del mundo.
Último de los rollos de la #FP4Party de este año. Llegado el domingo de la semana dedicada a realizar las fotos, había dado por descontado prácticamente que con los tres rollos realizados hasta ese momento y que ya he comentado (1, 2 y 3), me iba a conformar. Pero ese domingo, por la tarde, me quedé liberado de cualquier obligación, la temperatura ambiente era buena, la luz era agradable, y me apeteció darme un amplio paseo por la zona agrícola en industrial de Zaragoza. Y pensé que tenía que sacar a pasear algún equipo distinto, poco habitual. Diferente a lo que había usado hasta el momento.
No pocas de las fotos de esta entrada o tomadas con el mismo rollo que las que os presento en la misma se hicieron al mismo tiempo que las que os mostré hace unos días por el extrarradio industrial de la ciudad o en el Museo Pablo Gargallo. Forman parte de un mismo ejercicio fotográfico. Son complementarias para mis usos particulares.
El sábado de la semana de la «FP4Party», después de haber estado fotografiando con la Leica M6 buena parte de la mañana, tenía pensado usar la tarde para quehaceres domésticos antes de cenar con unos amigos, manteniendo siempre las precauciones debidas por la epidemia de covid-19. Pero a la hora de comer me llegó el mensaje de que el esposo de un compañera de trabajo había fallecido. Así que me sacudí la pereza y decidí subir un momento al cementerio para presentarle mis respetos y mostrarle mi solidaridad. Y conforme me preparaba para ello, viendo la suave luz de un nublado con claros esa tarde, decidí coger un cámara de formato medio con película en blanco y negro.
Así que después de visitar en el tanatorio municipal a mi compañera de trabajo, bajé caminando a casa recorriendo la zona del cementerio donde se encuentran las tumbas en tierra con las muestras más destacadas de arte funerario. Y también algunas situaciones que impresionan y que nos hablan de forma indirecta de algunos de los momentos más tristes de la ciudad, como la elevada mortalidad infantil de la posguerra. En fin… los detalles técnicos en # FP4Party Edicion 2021 – Hasselblad 500CM en el cementerio. Aquí, simplemente, os dejo unas fotos.
Agradables ratos de fotografía con negativos en color de alta sensibilidad en el extrarradio industrial y ferroviario de Zaragoza, o en el interior del Museo Pablo Gargallo. Mi intención era dedicar algunas tardes de los días de Semana Santa al paisaje en el extrarradio industrial. Pero las condiciones del tiempo atmosférico no siempre colaboraron. A veces, paradójicamente, por exceso de buen tiempo.