Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Tulipanes y narcisos en el Parque Grande de Zaragoza con la Hasselblad 500CM.
Por fin les ha llegado el turno a las bulbosas del principios de la primavera, tulipanes y narcisos, que fotografié sobre película fotográfica a mediados del mes de marzo. Pero desde que me llegaron revelados estos negativos, la prioridad que doy siempre al comentario de las experiencias fotográficas en los viajes, y otros temas, los ha ido relegando hasta hoy. Pero ya están aquí.
Otros años les he hecho más fotos. Pero se nota que estamos a mitad de un ciclo electoral, los ediles municipales no se preocupan tanto de agradar a los ciudadanos como en vísperas de los comicios cada cuatro años. Había menos cantidad, menos calidad, y yo diría que un cierto descuido. No sé si es que hay menos dinero, que lo hay pero no se dedica, o que tienen a los jardineros cabreados. Que todo podría ser. Pero aquí os dejo unas cuantas fotos.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Ayer madrugué para hacer fotos. No salieron como esperaba. Pero hice fotos, algunas de las cuales me gustan.
En los últimos tiempos llevo mucho caos cuando llega el domingo y me planteo, o no, realizar mi tradicional entrada de recomendaciones fotográficas. Cuya dinámica se ha visto alterada por los viajes de los últimos tiempos, y otras cuestiones. Tenían un montón de marcadores guardados en Pocket… pero he decidido no atenderlos, y centrarme en cosas recientes. Hacer borrón y cuenta nueva. Porque además, este servicio para guardar marcadores e información interesante que tan bien me ha funcionado en los últimos años, ha anunciado su cierre. De forma ordenada, afortunadamente, y con mecanismos de salvaguarda para conservar la información acumulada. Que ya he podido a trasladar a Raindrop, un servicio similar, al que todavía me estoy acostumbrando. Pero que parece que está bastante bien. Incluso mejor que Pocket. A rey muerto, rey puesto.
Así que voy con tres cosas. En orden de cómo me sucedieron. Así que lo primero, antes que nada, comentar la exposición de fotografía que pude visitar el domingo pasado por la tarde en Palermo. Dediqué el último día completo del viaje a Sicilia a recuperar cositas interesantes en la capital siciliana que se me habían escapado en los días anteriores. Y dos de ellas fueron dos museos que me resultaron muy interesante, el Arqueológico y la Galleria d’Arte Moderna. Ambos muy recomendables. Y en esta última, que está dedicado al arte de finales del siglo XIX y principios del XX, el arte más actual y contemporáneo está en otro museo al que no pude acceder por un problema de horarios, me encontré con una exposición de la fotógrafa mejicana Cristina Mittermeier. Una de estas fotógrafas de la National Geographic, que suelen mostrarnos un mundo en colores vivos y brillantes, con retratos, paisajes y fauna maravillosos. Unas fotografías estupendas, pero bastante acríticas con lo que está pasando en el mundo actualmente. Es el problema de la National Geographic, que en su afán por divulgar y embellecer, traslada una imagen deformada de las realidades del mundo. No obstante, disfruté mucho con la exposición.
En esta semana nos llegó la triste noticia del fallecimiento de Sebastião Salgado (1944 – 2025), fotógrafo brasileño, uno de los primeros que atrapó mi imaginación cuando empecé a dedicar tiempo y recursos a la afición fotográfica, allá en los finales de los años 80 y los años 90. Recuerdo especialmente el impacto de sus fotografías realizadas en los campos de petróleo de Kuwait durante la primera Guerra del Golfo. Pero a partir de ahí, todas los increíbles reportajes que realizó por todo el mundo, exponiendo a la luz y denunciando muchas de las tristes realidades contemporáneas, pero al mismo tiempo con unas fotografías de una belleza incuestionable. Tengo varios libros suyos, y son de mis libros de fotografía más queridos. Decir que ha sido una gran pérdida para la fotografía, como aseguran tantos, me parece una tontà… que el hombre tenía 81 años, sus achaques y ya no estaba para producir como en sus mejores tiempos. Lo que tenía que ofrecernos ahí queda. La noticia no deja de ser triste, pero descanse en paz. Si tibi terra levis.
Y por otro lado, del lado de los premios institucionales, serios y formales, que no son precisamente los que más valoro, nos llegan noticias para otra fotógrafa mejicana. La Fundación Princesa de Asturias ha anunciado que el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025 es para Gabriela Iturbide. Debatir sobre si el premio está justificado es una absoluta memez. Iturbide no es que merezca este o cualquier reconocimiento; es que es una de las fotógrafas de referencia más importante todavía vivitas y coleando. Y cuando digo fotógrafas no digo que lo sea entre las féminas; me refiero a que lo es entre todas las personas fotógrafas sea cual sea su sexo y condición, nacionalidad, lengua o estilo. Obviamente, es especialmente trascendente entre los fotógrafos documentales. Con su blanco y negro muy expresivo, lleva décadas documentando el paisaje social, antropológico, humano en general, de su Méjico natal, pero con un mensaje universal, que trasciende fronteras. Este tipo de premios siempre me da la impresión de que o llegan tarde o son oportunistas. Hace muchos años que Iturbide hubiera sido ya digna del reconocimiento. Es jugar sobre seguro, sin riesgos. Es lo habitual en estos premios, que pocas veces toman decisiones arriesgadas. Sólo se salen del guion para premiar de forma oportunista al personaje de moda, pero que no suponga riesgos políticos o de relaciones públicas. Pero bueno… Iturbide es una fotógrafa cuyo trabajo y personalidad hay que conocer, por lo que bienvenido sea el reconocimiento. Que llega a tiempo, porque es dos años mayor de lo que era Salgado… Pues eso… que hace años que podría haber sido reconocida con justicia.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Unos díptico a partir de fotografías realizadas a principios de abril en Utebo.
Hoy iba a mostraros unos tulipanes fotografiados en el mes de marzo. Sí. Todavía hay experiencias fotográficas de hace más de dos meses que no he comentado. Pero la actualidad manda. Y en las últimas 36 horas se ha puesto de moda hablar del “medio fotograma”. Incluso is esta denominación es incorrecta. Fujifilm anunció ayer una cámara de la que se venía hablando meses; la Fujifilm X-Half. Ahora vamos un poco con ella y su denominación
El medio fotograma, “half frame” en inglés, es algo que surgió a principios de los años 60, impulsado por Olympus. Un formato de fotograma con unas dimensiones aproximadamente la mitad que el estándar impulsado por Oskar Barnack desde Leica; 17 x 24 mm frente a los 36 x 24 mm habituales. Esto permitía duplicar el número de fotogramas en un rollo de fotografía. Y a mí me gusta, por varios motivos. Sígase el enlace anterior, y se verán todas las publicaciones que he redactado por aquí en el último año.
Una de las características de muchas cámaras de medio fotograma es que, al ser el desplazamiento de la película horizontal, como en las de fotograma completo, la orientación por defecto es vertical. Lo cual algunos lo ven como un engorro, pero otros no lo vemos así. Y esto coincide con el hecho de que la mayor parte de la gente, cuando usa la cámara de su teléfono móvil, la usa también en vertical. Por comodidad. Los teléfonos móviles tienen una ergonomía horrible para la fotografía y el vídeo. Pero para mucha gente, especialmente jóvenes, la imagen vertical es casi la norma.
Fujifilm, con su nueva X-Half, ha realizado una operación de mercadotecnia curiosa, mezclando básicamente tres elementos. Primero, ofreciendo una cámara que recuerde en su estética a dos de sus productos estrellas, la X100VI y la GFX 100RF. Pero mucho más económica. Segundo, invocando la nostalgia de las cámaras para película fotográfica de medio fotograma; tengamos en cuenta que recientemente Ricoh sacó al mercado su Pentax 17, una revisión del tema. Tercero, orientando el sensor, un Sony de tipo 1” muy frecuente en cámaras compactas, de forma vertical y con un aspecto 4:3, aunque sea perdiendo dos de los 20 megapíxeles, para que se asemeje al formato al que están acostumbrados los más jóvenes.
Tras haber revisado su hoja de especificaciones técnicas, y haber revisado las “entusiastas” revisiones de los “yutubers” “independientes”, he llegado a la conclusión que no es una cámara para mí. De hecho, no creo que esté pensada para el fotógrafo de corazón. Creo que es una cámara para “hipsters”. Un complemento para el atuendo personal, más o menos mono, que permita hacer fotografías que se publiquen en las redes con “originalidad”. Indudablemente permite hacer fotos. Pero cualquier cosa que se puede hacer con ella, en serio, la puedo hacer con mi Sony ZV-1, y bastante más. Y aquí os dejo auténticas fotografías de medio fotograma, con una auténtica cámara de medio fotograma, realizadas con auténtica película fotográfica
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Paseo fotográfico por el casco antiguo de Utebo, ciudad emergente en el área metropolitana de Zaragoza.
Si todo hubiese ido como debería, ayer u hoy tendría que haber comentado las fotografías de los negativos en color que hice en mi escapada alemana de Semana Santa. Pero algo no ha debido ir bien. Quizá un apagón inconveniente. Quizá el festivo entre semana. El caso es que no los tengo. Lo cual me contraría. Voy a comenzar dentro de muy un viaje, y querría haber tenido organizado de forma definitiva el anterior.
Si en la visita anterior había aprovechado las últimas horas con luz suficiente de la tarde, en esta ocasión madrugué. Cogí el tren que salía algo después de las 7:30 de Miraflores, para llegar a Utebo en torno a las 8 de la mañana. Con el sol ya en el cielo, pero con una luz matizada. Y la principal diferencia es que opté por película para negativos en blanco y negro.
Por lo tanto, seguiré comentando mi exploración fotográfica del casco viejo de Utebo, de la que ya comencé a hablar hace unas semanas en digital, y hace unos días con negativos en color de formato medio. Una semana después de mi primera “expedición” en el tren de cercanías, volvía a acercarme a esta ciudad del área metropolitana de Zaragoza, de reciente expansión demográfica, que conserva sus rincones que denotan su origen rural y más agrario.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. En el enlace, detalles de la técnica fotográfica utilizada.
Este fin de semana pasado se celebró el día mundial de la fotografía estenopeica [Worldwide Pinhole Photography Day]. Me hubiera gustado celebrarlo en compañía como hace un año. Pero no pudo ser. El caso es que cogí una cámara estenopeica con un rollo de película fotográfica y me fui a celebrarlo. Como debe ser. Haciendo fotos. Madrugué para ello. Viendo salir el sol.
Que conste que esa mañana también hice algunas fotografías digitales. Había que reflejar la salida del sol. Y un poco de fotografía de aproximación con las malvas que inundan el campo en primavera en los alrededores de Zaragoza.
Pero vamos a lo esencial. Esa estética peculiar de las fotografías que no han pasado por un sistema de lentes o espejos que garantice la nitidez y la perfección. Porque la perfección, en muchas ocasiones, es aburrida y sin corazón. Aparte de ser un lujo burgués.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Paseo fotográfico por el casco antiguo de Utebo, ciudad emergente en el área metropolitana de Zaragoza.
Con esto del apagón eléctrico no pensaba que me diese para publicar nada hoy. Pero mira tú. Un tipo ha dicho que tardarían entre seis y diez horas en devolver la energía eléctrica. No sé si ha regresado en todo el país, pero en Zaragoza ha vuelto a las cinco horas y cincuenta y siete minutos aproximadamente. Así que a ese tipo habría que hacerle presidente del gobierno vitalicio o algo así. ¿No creéis?
En fin. Os dejo con unas fotografías realizadas en un sábado por la tarde de marzo con la Hasselblad en el casco histórico de Utebo. Lo que más me impresiona es que no me tuve que esforzar nada en absoluto en que las calles salieran vacías de gente. Prácticamente no me crucé con nadie entre las cinco y las seis y media de la tarde. Al otro lado de las vías del ferrocarril era otra cosa. Mucho más animado. Pero allí no hice fotos.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Fotografías realizadas en las salas de exposiciones de Berlín mencionadas en el texto de la entrada.
Llevo un montón de domingos sin recomendaciones fotográficas, por una diversidad de motivos con los que no os voy a aburrir. Pero hoy voy a dedicar esta entrada de recomendaciones a las que me inspiran las exposiciones de fotografía que visité en Berlín durante la escapada de Semana Santa, y a un par de libros comprados en los puestos del paseo de la Independencia de Zaragoza durante la festividad de San Jorge, este miércoles pasado.
De los días que estuvimos por Alemania, con base en Berlín, el jueves por la mañana nos fuimos cada uno a nuestro aire por la capital alemana. Y yo dediqué la mañana al mundo de la fotografía. Una visita a un par de centros dedicados a las exposiciones fotográficas y audiovisuales, y otra a una tienda de la que soy cliente en línea pero que nunca había visitado en persona de presencia física.
He visitado en varias ocasiones Fotografiska, uno de mis museos dedicados a la fotografía favoritos, en Estocolmo. Abierto en 2010, si no recuerdo mal lo he visitado en tres ocasiones, en 2011, en 2016 y en 2023. Me encanta. Pero en este periodo de tiempo se ha extendido por el mundo, abriendo sucursales en Tallín, Nueva York, Berlín, Shanghái y Oslo. Bueno… creo que esta última está en proyecto. La sucursal de Berlín abrió en 2023, por lo tanto no había tenido ocasión de visitarla todavía, y aproveché el viaje. Había cuatro exposiciones.
Una retrospectiva dedicada a Frank Ockenfels 3, fotógrafo que destaca por sus retratos sumamente originales, muchas veces con técnicas mixtas, especialmente entre el famoseo de la música y de la interpretación. Me gustó mucho. Mucha fotografía con procesos fotoquímicos, con interesantes usos de la fotografía instantánea. Muy recomendable.
Una exposición de uno de los últimos trabajos de Rinko Kawauchi, fotógrafa japonesa que no me resulta extraña, tengo algún libro suyo, que combina fotografías realizadas en el entorno de su hogar, una casa en el campo en la que se refugió para criar a su hija, con las realizadas en Islandia, muchas veces combinadas en dípticos, muy significativos. También me gustó mucho.
Más fría me dejó la exposición dedicada a Viviane Sassen. Pero la neerlandesa nunca ha sido muy santo de mi devoción. Cosas que pasan.
Y la cuota local, dedicada al fotógrafo Jakob Tillmann, basado en Berlín, una serie de retratos que ponen de manifiesto los usos contemporáneos y muy diversos de la joyería, la bisutería y otros adornos y complementos personales. Curiosa. Técnicamente muy correcta. Forma parte de un programa interno de promoción de la fotografía y de fotógrafos, Emerging Berlin.
Situada en Berlin-Mitte, un desvío asequible desde algunos de las principales atracciones turísticas de la ciudad, Fotografiska Berlin debería ser visita obligada para los amantes de la fotografía.
Un lugar que ya conocía de viajes previos es C|O Berlin, un espacio de exposiciones fotográficas y audiovisuales que visité por primera vez después de su traslado en 2014 a la Amerika Haus, frente a la estación Berlin Zoologischer Garten. Al igual que la anterior, su prioridad es la fotografía y el audiovisual contemporáneos. Y lo que allí pude visitar fue:
Los audiovisuales realizados con el teléfono móvil, en formato vertical para acentuar ese origen, por el fotógrafo y cineasta Sam Youkilis. La exposición es curiosa. Pero el vídeo que te recibe a la entrada me chirrió mucho, porque pone de manifiesto, así de entrada, las limitaciones del teléfono móvil como cámara fotográfica o de vídeo. Altas luces bloqueadas, empastadas, en un atardecer o amanecer de colores anormalmente saturados, especialmente los rojos y naranjas. El contenido en el interior de la exposición era técnicamente mejor, especialmente por no haber escenas con grandes contrastes. Pero no pasó de eso, de ser una simpática curiosidad. Y creo que pretendían algo más con la exposición. Sin complicarse la vida, lo mismo se podría haber conseguido con mi pequeña y compacta Sony ZV-1, pero con mejor calidad intrínseca de la imagen.
La exposición individual de la italotogolesa Silvia Rosi, con imágenes muy coloridas en torno a una variante africana del juego del parchís, y en las que cuestiona las consecuencias de la colonización en las comunidades africanas.
Finalmente, A world in common, una amplia exposición colectiva de fotógrafos africanos contemporáneos, auténtico plato fuerte del lugar en estos momentos, con estilos y objetivos muy diversos. Y poco conocidos, porque son fotógrafos que difícilmente se abren paso en los medios occidentales. Como para pegarse un buen rato. Aunque no dispuse de tanto tiempo.
En otro orden de cosas, este miércoles pasado fue la festividad de San Jorge, fiesta autonómica en Aragón, y que coincide con ser el día mundial del libro, por efemérides relacionadas con las vidas (o muertes) de Cervantes y Shakespeare. Y que se suele celebrar con la instalación de puestos de venta y promoción de librerías y editoriales locales en el céntrico paseo de la Independencia de Zaragoza. No me paré mucho en los puestos, porque había muchísima gente, y me resultaba muy agobiante. Pero visité el puesto de Editorial Otro Matiz, de la compañera y socia de ASAFONA Asociación Aragonesa de Fotógrafos de NaturalezaLydia Grávalos. Es una pequeña editorial de nicho, dedicada a los libros de naturaleza y fotografía de naturaleza. Allí compré el libro Asia – Naturaleza y ser humano de Arturo de Frías. Que creo que no es un productor editorial de Otro Matiz, pero que se imprime en Grávalos Gráficas. El caso es que me dio para mantener una breve, pero interesante, conversación con el autor, allí presente, que me firmó y dedicó el libro. Inspirador.
Cuando ya me iba de la zona, había quedado a comer a las dos de la tarde, pasé por la plaza de Aragón, donde había algunos puestos sueltos. Uno de ellos de una librería de lance donde encontré un antiguo catálogo de una exposición fotográfica organizada por la Diputación Provincial de Zaragoza en torno a las fotografías que el francés Jean Dieuzaide realizó en sus viajes por Aragón en los años 50 y 60 del siglo XX. Y me pareció muy interesante. Y no muy caro. Así que me lo compré. Quizá no sean mis fotografías preferidas de Dieuzaide, que hizo cosas muy interesante, pero está bien.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Olympus Pen F con Kodak Ektar 100.
Hace unas semanas os fui mostrando imágenes de mi exploración fotográfica del barrio rural de la Cartuja Baja de Zaragoza. Unos paseos, realizados durante el mes de enero, en las tardes de los sábados, que fueron muy agradables durante ese mes. En el mes de febrero, en otra tarde sábado, con tiempo muy agradable, apuntando a lo primaveral, volví a acercarme al barrio rural de la ciudad con intención de seguir mi exploración fotográfica del lugar.
Ciertamente, no me dediqué tanto a los restos del antiguo monasterio cartujo que da nombre al barrio. Opté por buscar rincones más cotidianos del lugar. Que pongan además de manifiesto su naturaleza de pequeña población que, hasta hace bien poco y todavía, tiene su base en la actividad agrícola. Aunque ya disponga de zonas urbanizadas más concebidas como barrio dormitorio de la gran ciudad. Al fin y al cabo, muchos de sus jóvenes estudian en el núcleo urbano de Zaragoza, y no pocos de sus adultos trabajan también en el mismo. Pero no ha perdido su personalidad propia.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Amanecer del sábado 5 de abril y maratón en Zaragoza al día siguiente.
Este fin de semana ha sido el del “quiero y no puedo”. Me hubiera volver a Utebo a seguir explorando fotográficamente el casco viejo de la ciudad del área metropolitana de Zaragoza. Pero es algo que estoy haciendo con otro compañero de afición y no le venía bien.
Como contrapartida, salí el sábado por la mañana para ver si habían despejado las nubes que trajeron tormentas la noche del viernes. El pronóstico era favorable. Pues no, las nubes estaban ahí. Tres cuartos de hora más tarde ya estuvo despejado, pero no se vio salir el sol que era lo que se pretendía. Aun así aproveché la buen luz de ese ratito.
Para el domingo hablamos de ir a fotografiar la Maratón de Zaragoza a su paso por los espacios de la que fue Expo Zaragoza 2008. Pero no nos aclaramos con la logística de la cuestión. El problema es que había que madrugar los suyo para estar allí en posición entre 8:30 y 9:00 horas. Esa parte del recorrido está al principio de la carrera.
Pero llegar allí no era baladí por los cortes en los recorridos de líneas de autobús urbano. Y es una parte de Zaragoza que nos pilla especialmente apartados. Así que el personal, con pocas ganas de madrugar, se rajó. Y yo, al despertarme tomé la decisión de aprovechar que el paso por los kilómetros 26 – 27 estaba en el Puente de Hierro, con un paso previsto del primer corredor entre las 9:45 y las 10:00 horas. Y allí estuve fotografiando el paso de los primeros correros de la carrera.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario técnico de la Olympus Trip 35 recientemente reparada.
Cuando me hice con la Olympus Trip 35 hace unos años me hizo mucha ilusión, y la estuve usando bastante. Incluso viajó conmigo un poquito por el mundo. Por el Sobrarbe, por Sevilla,… no mucho más. En los viajes siempre he tendido a llevarme la Minox 35 GT-E, algo más ligera, y con mejor calidad global. Pero es una cámara sencilla, que sirve su propósito de bloc de notas fotográfico.
Hace un par de años se me desajustó el obturador, de tipo central, incorporado en el objetivo fijo. Y la he tenido parada durante un tiempo. La duda era si me agenciaba otra o si la llevaba a reparar. Porque suponía que el gasto no sería muy distinto. Como así ha sido. Ya que la cámara está en muy bien estado cosmético, y el objetivo de selenio no está gastado y expone correctamente, decidí reparar. La llevé en diciembre a Casanova Foto, y en enero me la devolvieron reparada.
Por supuesto, había que comprobar que la reparación había sido eficaz. Por ello, le puse un rollo de película para negativos en blanco y negro, teniendo en mente probarla también unos días más tarde con un rollo de película para negativos en color, durante una excursión en el día de ASAFONA Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza. Pero de eso hablaré otro día. Pronto.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. El casco antiguo de Utebo en formato medio digital.
El catalán Joan Fontcuberta es uno de los fotógrafos españoles que genera más controversia entre los amantes al medio. Creo que despierta admiración y rechazo a partes iguales, o eso deduzco de lo que los medios (más o menos) especializados escriben. Voy siguiendo las cosas que hace desde hace tres décadas. Y he leído alguno de sus ensayos sobre el arte y la práctica fotográfica. Algunas de sus cosas me gustan, otras no tanto. Recientemente nos recordaban su quehacer con motivo de una exposición en la que nos habla de los monstruos, Monstrorum historia, donde reúne fotografías de varias de sus series anteriores. Alguna de ellas, como Herbarium la conozco por haber visitado alguna exposición sobre ella. Fontcuberta juega mucho con los significados y los significantes de la imagen fotográfica. Y por lo tanto, para poder disfrutar de su obra hay que liberarse de prejuicios y acudir a la misma no con la idea de ver los que creemos ver, sino lo que el fotógrafo intenta que veamos. No confundamos el realismo con la realidad.
No conocía yo la obra de la japonesa Kunié Sugiura. Desconozco el porqué de la tilde en su nombre, habitual cuando los nombres japoneses se transcriben al francés, pero cuando lo hacen al inglés o al castellano, la autora reside en EE. UU. En fin, da igual. Sugiura lleva años en el panorama del arte contemporáneo. Y aunque utiliza la fotografía para sus obras, estar suelen invocar el auxilio de otras disciplinas artísticas, como la pintura y la escultura, por lo que suelen ser técnicas mixtas. Me llamó la atención en un artículo de Aperture, y me gusta bastante cómo a lo largo de su carrera ha jugado con la forma y la luz. Otra forma de entender la fotografía.
Nos hablaban recientemente del esfuerzo que está realizando la agencia Magnum Photos para digitalizar su enoooooorme archivo fotográfico, en concreto su archivo de diapositivas en color. Dicen que disponen de aproximadamente 650 mil diapositivas. El artículo que lo contaba tenía lo suyo de propaganda ya que glosaba las virtudes de las cámaras de formato medio de Fujifilm con sensor de 100 megapíxeles para esta tarea. No sé. Creo que Hasselblad tiene un sistema de gestión del color más orientado a la fidelidad de los colores, mientras que Fujifilm fía más en su «simulaciones de películas fotográficas» como argumento de venta. Pero bueno… el cliente tipo de una cámara de formato medio digital creo que busca más la fidelidad que el truquillo de mercadotecnia. Digitalizar diapositivas en color no es fácil. Las antiguas Kodachrome aguantan bien el paso del tiempo, pero las Ektachrome y otras película para positivos en color similares basadas en el proceso E6 o precursores, suelen presentar una degradación de los tonos de color que es necesario corregir, tarea no sencilla en un medio que requiere tanto rigor como un archivo de estas características.
Por lo que nos cuentan, también van a intentar sacar un rendimiento económico de este esfuerzo, que no será barato, poniendo a la venta productos derivados, como libros o copias fotográficas de aquellas fotografías más destacadas que vayan digitalizando de este amplio archivo. El primer ejemplo de esta serie de obras, que van a denominar A world in color, está dedicado a la llamada Primavera de Praga, el intento democratizador de la sociedad checa en 1968 que se vio aplastado por la invasión de las tropas soviéticas y del Pacto de Varsovia. Los fotógrafos son diversos. Y muestran que, aunque la mayor parte de las imágenes que hemos visto de aquella intentona democrática nos han llegado en blanco y negro, el reportaje en color ya había avanzado mucho a esas alturas del siglo XX.
Termino con una fotógrafa actual, Katie Jo Small, que tal vez no está al mismo nivel de los anteriores, ni mucho menos, pero cuyos retratos realizados con película tradicional me han resultado simpáticos, y de ahí me he ido a revisar el resto de su obra, que me ha caído bastante bien también.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El momento más notable de la película sucede en Múnich, y un paseo vespertino por la capital bávara haremos, fotográficamente hablando.
Esta es una de esas películas que, cuando las oyes anunciadas, cuando las ves venir, no sabes si ilusionarte o aterrarte. Las películas biográficas de personas históricas son complicadas. Especialmente si estás familiarizado con la biografía de esa persona y con su obra. Y esto es lo que me ha pasado con este largometraje dirigido por la británica Ellen Kuras.
Conocí la vida y la obra de la fotógrafa norteamericana Lee Miller allá por el año 2008, cuando en una estancia de unos días en París a principios de diciembre fui a visitar una exposición retrospectiva de su obra en el Jeu du Paume. Hasta ese momento, poco se hablaba de la obra de Miller. Nacida en una clase media relativamente acomodada del estado de Nueva York, si no recuerdo mal, empezó su carrera como modelo, hasta que se desplazó a París en los años 20 del siglo pasado. Siguió modelando hasta que conoció a Man Ray, de quien se convirtió en musa, amante y aprendiz. Integrándose de paso en los círculos intelectuales del París de entre guerras. Hasta que se independizó del maestro, trabajó por su cuenta, en la fotografía de modas, también la fotografía de viajes, y finalmente, durante el segundo conflicto mundial, como reportera de guerra para la revista Vogue de Londres. Tras la guerra fue dejando la actividad fotográfica, a pesar de ser relativamente joven todavía, estaba todavía en la treintena cuando terminó el conflicto, y cayó en un olvido relativo. A partir de aquella exposición en el Jeu de Paume se produjo un interés por la fotógrafa y por la mujer, y una recuperación de su obra.
En la película, en la que Kate Winslet interpreta a Lee Miller, se nos cuenta los años que pasaron entre el momento en que conoce al que será su marido, en el verano de 1938, hasta el final de la guerra. La película empieza muy acelerada, dando sólo pinceladas de los primeros de esos siete años, para detenerse un poco más en algunos de los episodios que vivió desde el momento en que desembarca en Normandía hasta que se rinde Alemania, lo cual le pilla en Alemania. La película se narra en flashback, en la que una septuagenaria Miller es entrevistada por un hombre joven, interpretado por Josh O’Connor. Aunque es una entrevista que tiene truco, como descubriremos al final.
Siendo una película británica fundamentalmente, y dado el oficio de los británicos para el cine de época, la película esta correctamente realizada, técnicamente impecable. Pero yo salí insatisfecho de la misma. No es mala. Se deja ver sin problemas. Pero el caso es que es una película que «no sabe qué quiere ser de mayor». No se centra en un tema, y toca muchos. Que si la discriminación de la fotógrafa por ser mujer, que si lo malos que son los nazis y sus campos de concentración, que si mira lo que les pasa a las mujeres francesas que tuvieron amantes alemanes, que si mira las violaciones en tiempos de guerra. O de no guerra. Todo para desembocar en el famoso autorretrato dándose un baño en la bañera del apartamento de Hitler en Múnich. Sin embargo, para quien no conozca al personaje histórico, no se le desvelan las claves para entender por qué hizo determinadas fotografías y su significado. No queda claro que se trataba una fotógrafa muy influida por el surrealismo. Donde la imagen está llena de metáforas y símbolos de otras ideas o conceptos. «Ceci n’est pas une pipe», como declaró Magritte. «La traición de las imágenes».
Y luego está la elección de Winslet como protagonista. Entendámonos, catástrofes náuticas aparte, siempre he admirado y respetado a Kate Winslet como actriz, como mujer y como persona. A lo largo de su carrera ha hecho papeles muy interesantes y de calado. Y siempre es un tirón para mí, para ir a las salas de cine. Pero Miller, en aquella época, era una mujer joven, de treinta y tantos, veinte años más joven que lo que es Winslet. Y yo no me la imagino así. No me cuadra. Es buena, lo hace bien… pero me convence poco. Muchas veces nos quejamos que faltan papeles para las buenas actrices que han cumplido cierta edad. Y es cierto. Y es una pena. Pero la cosa no se solventa ofreciéndoles papeles de mujeres veinte años más jóvenes. Al cabo, lo que interesa es que se escriba de personajes de ficción, mujeres de esa edad, sobre las que hay cosas interesantes que contar. Supongo que se contó con ella por el posible tirón para la taquilla. No sé.
Una película que me ha dejado un sabor agridulce. Me hubiera gustado más profundidad en el desarrollo del carácter del personaje histórico. No una sucesión de situaciones tópicas. Y sobre todo, no se ajusta a lo que he leído sobre Lee Miller. De la que tengo varios libros, y algún ensayo sobre su vida y obra. El caso es que es difícil que vuelva a haber otra oportunidad semejante para hacerlo mejor.