House y la Canon EOS 5D Mark II

Fotografía, Televisión

Si ayer comentábamos el final de The Pacific, esa estupenda serie bélica, hoy nos acercamos al final de temporada de un viejos conocido. El doctor Gregory House.

No me pararé a hacer un comentario en profundidad de la sexta temporada de la serie, que empezó muy bien y ha terminado igualmente bien, pero con muchos capítulos  irregulares entre medio. Me limitaré a decir que sólo hay tres imprescindibles, House, Cuddy y Wilson, y que los demás sobran o en el mejor de los casos adornan. Con la aparición de la ex de Wilson han intentado recuperar la figura de la fenecida, en mi opinión de forma precipitada dado el buen resultado que daba, Amber «Cutthroat bitch». La resucitaron en forma de alucinación al final de la quinta temporada, pero como eso ya no iba a funcionar, se buscaron un personaje similar en forma de la mencionada ex-mujer de Wilson. No ha sido lo mismo. Ni mucho menos. Anecdótico.

Pero lo que si que ha resultado interesante en el excelente último capítulo de la temporada es que ha sido rodado integramente usando exclusivamente la función de vídeo de la Canon EOS 5D Mark II, una cámara réflex digital, con un par de objetivos de focal variable de la prestigiosa serie L de la marca. Los motivos que se han aducido para utilizar este material son:

  • Permite trabajar en espacios muy reducidos.
  • Permite grabar en situaciones de muy baja luminosidad.
  • Permite la utilización de planos con muy estrecha profundidad de campo.

Yo diría más. Dada la amplia cobertura de noticias que se ha dado al tema, supone una excelente publicidad para la marca de la cámara, que seguro que ha llegado a un adecuado acuerdo económico con los productores de la serie.

Lo cierto es que el resultado ha sido razonablemente bueno, aunque ya nos encontrábamos con una serie que tradicionalmente ha mostrado una excelente factura técnica sin saber qué equipos estaban utilizando. Hay que tener en cuenta que, aunque el equipo mencionado puede estar al alcance de cualquier profesional de la fotografía o aficionada a la misma con posibilidades económicas, ya que el cuerpo de la cámara está en torno a los 2.400 euros, y los objetivos otro tanto entre los dos, lleva una serie de complementos que suplen la escasa ergonomía de la cámara para su uso como cámara de vídeo o cine digital. Así que es difícil que cualquiera consiga estos resultados. Hay una técnica y una tecnología añadida detrás que lo permiten. Pero no deja de ser interesante cómo las tecnologías confluyen y evolucionan, y nos dejan con la incógnita de cómo serán nuestras cámara en el futuro y que nuevas funciones nos ofrecerán. Las necesitemos… o no.

El caso es que el capítulo final está bastante bien, y nos ha dejado con un cliffhanger en forma de beso que nos mantendrá en vilo hasta el otoño que viene. Que es de lo que se trata.

Con los ángeles

Yo también utilizo Canon EOS de vez en cuando; como cuando visité la ciudad de Gdansk, Polonia - Canon EOS 40D, EF 24-105/4L IS USM

The Pacific (TV)

Televisión

Esta semana es semana de final de temporada para muchas series de televisión que se emiten al otro lado del charco. Por lo tanto, en los próximos días es posible que las entradas sobre televisión sean frecuentes en estas páginas. Aviso. Empezaré por el final de una de las series más esperadas, la superproducción bélica The Pacific, heredera de Band of Brothers, producción de la que ya os hablé hace unos meses.

Si en Band of Brothers seguíamos las peripecias de una compañía de infantería paracaidista desde su campamento de entrenamiento hasta su desbanda tras el final de la guerra, a lo largo de las principales campañas en la Europa Occidental tras el desembarco de Normandía, esta nueva producción tiene en tres infantes de marina norteamericanos, con distintos aunque similares destinos, en el teatro de la guerra del Pacífico, también durante la Segunda Guerra Mundial. También son personajes reales, Eugene Sledge (interpretado por Joseph Mazzello), Robert Leckie (James Badge Dale), y John Basilone (Jon Seda).

Si en la serie que transcurría en Europa, el equipo, el conjunto era el protagonista, con puntos de atención sobre determinados personajes en cada capítulo. En esta va saltando entre los tres protagonistas escogidos que parten a la guerra con orígenes distintos, un sureño tradicional, un católico irlandés, y un italiano militar profesional, y que acaban pasando por diversas acciones de la infantería de marina norteamericana en los durísimos escenarios de batalla del Pacífico. Guadalcanal, Peleliu, Iwo Jima y Okinawa son los escenarios elegidos, con algún interludio más pacífico en Australia. Si bien Peleliu es el menos conocido de los tres, por el contraste entre la dureza y sin sentido de los combates y el escaso valor estratégico de la posición es el que se lleva más minutos de atención. Para mí es una decisión discutible… la batalla de Okinawa quizá hubiera merecido más atención. Fue una de las más duras de la guerra y aquella en la que más sufrió la población civil, ya que aproximadamente un 25% de la cual murió durante la acción. Que no es moco de pavo.

Pero dentro del lujo de producción y de la perfección técnica y artística de la misma, volvemos al mismo problema que ya consideré en Band of Brothers. No deja de haber un cierto grado de exaltación de los militares norteamericanos, cuando lo que estamos viendo claramente nos habla del sinsentido de la guerra y de las acciones que en ella se producen, venga de soldados fanatizados como los japoneses o de quienes tuvieron que aprender a odiar profundamente a su enemigo como los norteamericanos.

En su conjunto, esta serie es de lo mejor que se puede ver en la actualidad en la televisión mundial, sin lugar a dudas. Yo la he visto en Canal+, que la ha emitido un día después que en Estados Unidos, en alta definición y con opción a escucharla en versión original con subtítulos en español. Un lujo. Si las cosas fuesen así habitualmente, lo de las descargas en internet dejaría de ser un problema. Y si la industria no lo entiende, peor para ellos. Para mayor disfrute, simultáneamente ha emitido Band of Brothers con las mismas condiciones de calidad, pudiendo comparar ambas series. Y lo cierto es que la más veterana, en una segunda visión me ha gustado más todavía, y la considero superior. Aunque eso puede ser cuestión de gustos particulares.

En resumen, televisión de alto nivel, de la que se ve poca en las pantallas. Y al mismo tiempo, cine de alto nivel, muy superior también a mucho de lo que se ve en la gran pantalla.  Una pena que no dediquen estos esfuerzos y esta calidad a otros temas distintos del bélico. Pero Spielberg y Hanks son así. Qué se le va a hacer.

Defensas de la II Guerra Mundial

En Suiza, en las proximidades del Rin, se construyeron defensas contra una posible invasión alemana, no lejos de algunas zonas de actuación de la compañía Easy de Band of Brothers - Panasonic Lumix LX3

Lo que no debe ser una adaptación a televisión: Riverworld

Televisión

Por una de esas causas y azares, y a pesar de que iba a estar alejado de mi blog de forma efectiva por lo menos hasta mañana, me encuentro con un ratito para teclear cuatro tontadas. De la misma forma que ayer por la tarde encontré un momento para ver un rato la tele, y me decidí por un miniserie, Riverworld, que adapta, según dicen, una saga de novelas de ciencia-ficción de Philip José Farmer que en español conocimos como Mundo del río. O sea, Riverworld también.

La serie de novelas original, cinco en total, la leí hace bastante tiempo. Y me pareció un conjunto de obras de ciencia ficción cuyo interés decrecía con el paso de los volúmenes. Recuerdo que el primer libro me gustó mucho, especialmente por la originalidad de su planteamiento y sus posibilidades, al mismo tiempo que constituía un buen libro de aventuras. La humanidad en su conjunto, desde algunas formas prehistóricas hasta finales del siglo XX ha sido resucitada en un mundo cuya geografía es un río interminable en cuyas orillas tienen que convivir los hombres y las mujeres de todas las épocas y todas las culturas. Pero con el paso de los libros, la escritura del autor se vuelve más pesada y es una de estas sagas en las que aguantas hasta el final sólo por ver que pasa. Otro aliciente es que muchos de los protagonistas son personajes famosos, muy diversos, a los que se les sitúa en la posición de ver que harían en estas circunstancias. En fin,… que no está mal, pero podría estar mejor.

El caso es que han hecho una miniserie… y la han cagado hasta límites insospechados. Se han reinventado de arriba a abajo la historia, han hecho que un americanito inventado con cara de palo represente las grandes virtudes de su país en medio de tal mezcolanza mientras que los demás, pues bueno, hay de todo,… se han inventado una historia de amor con una chica que está como un queso pero que tiene de actriz lo que yo de cocotero,… y a uno de los personajes principales de la novela lo han convertido en el malo… Y todo se lo podían haber ahorrado. Y la han dejado con un final abierto, para convertirla en una serie de más enjundia si llegaba el caso. Espero que no. Teleserie digna de Tele 5 un domingo de la tarde. Es decir, un bodrio de mucho cuidado. Aviso a los aficionados a la ciencia ficción. Es una tomadura de pelo. Y ya está.

Río Morava

Un mundo de ríos, la Tierra; el río Morava cerca de su desembocadura en el Danubio junto al castillo de Devin - Panasonic Lumix LX3

A punto de salir para Amsterdam, me monto un fotoblog, y me dejan en ascuas con el cliffhanger del último episodio de Caprica

Fotografía personal, Páginas personales, Televisión, Viajes

Ufff, que estrés de título, ¿no? Y menos mal que no tengo película para comentar como la mayor parte de los martes, que si no el trabajo se me acumularía. O tendría que hacer más de una entrada en el día de hoy, y no tengo tiempo. Efectivamente, como ya se puede deducir del título, me voy a escapar estos días de fiesta a Amsterdam. Salimos mañana y hasta el domingo. Como es costumbre, si las conexiones a internet me bendicen, sabréis de mi viaje en estas páginas.

Ya visité Amsterdam hace 17 años, así que no era mi primera opción para un viajecito. Pero mejor es repetir un viaje que es factible, que empeñarse en algo nuevo que no puede ser. Curiosamente todavía no tengo digitalizadas las diapositivas de entonces, sólo un par de tomas en el museo del ferrocarril de Utrecht.

Vieja vaporosa Nº 8 en el Museo del Ferrocarril de Utrecht, Países Bajos - Canon EOS 100, EF 28-80/3,5-5,6 USM

Y por si fuera poco, explorando las posibilidades «fotográficas» del iPhone, y viendo a ver lo que se hace por la red, me he abierto un blog secundario que llamaré Fotos porque sí. No perderé mucho tiempo con él. Con un diseño básico, cada vez que me llame algo la atención y lo fotografíe con el iPhone, sobre la marcha los subiré al blog vía correo electrónico. Ayer por la tarde estuve haciendo pruebas, por lo que ya se pueden ver algunas imágenes. Ya veremos cuanto me dura el experimento.

Ha salido el sol en el Parque Bruil

Espero que nos haga sol durante el viaje, como el domingo en el Parque Bruil de Zaragoza; aunque dadas las latitudes que vamos, creo que la lluvia es inevitable - iPhone

Pero lo que me tiene jodido es que este fin de semana vi el último episodio de Caprica, la precuela de Battlestar Galactica, en uno de los mejores capítulos de lo que llevamos de serie, que terminó con un cliffhanger como de aquí a Valladolid, y me entero ahora que la emisión de nuevos episodios está parada hasta septiembre. Aggggg, ahora que se ponía interesante. Porque es una serie en la que había puestas muchas expectativas, con un excelente episodio piloto, que luego bajó un poco de tono, pero que poco a poco había vuelto a recuperar momento. No sé. Como falta mucho hasta que vuelva a empezar, igual me veo todos los capítulos otra vez y hago una entrada monográfica sobre el tema. Ya veremos.

En cualquier caso, me voy unos días de vacaciones. Y por cierto; para que veáis que no me olvido de hacer fotos con cámaras de verdad, aquí os dejo una del domingo por la tarde, momento en la que la climatología invitó a dar un largo paseo.

Canal

El Canal Imperial de Aragón a su paso por Zaragoza, poco después del cruce elevado sobre el río Huerva - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

De «Perdidos» al río

Televisión

En la semana en la que vuelve Perdidos para darnos todas las soluciones, de aquí al mes de mayo, voy a dar un repaso, algo telegráfico del estado de la cuestión de las series de televisión. Sin profundidades.

Las de ciencia ficción:

Dejando a un lado la serie mencionada, que tiene vida propia, ninguna de las nuevas series me está resultando especialmente llamativa. Son prescindibles tanto Flashforward, como V y Stargate Universe. De hecho, están las tres en parón prolongado desde hace más de un mes y no las hecho nada de menos. Bastante rollos. Queda por definir por dónde va a tirar Caprica, el spin-off de Galactica. El piloto, ya visto el año pasado, estuvo bastante bien; pero sólo han echado un capítulo más, y no dijo nada. Ni bueno ni malo. Veremos. Queda por ahí Fringe, que ya lleva un tiempo, que es entretenida. Sin más.

Ha terminado Dollhouse,… afortunadamente. No sé porque la he aguantado hasta el final. Qué actores más malos, empezando por su desafortunada protagonista.

Las procedimentales (las de detectives, vamos):

Además de ver algún capítulo de las entretenidas The Mentalist y Bones, sólo he añadido White Collar. Es igualmente entretenida, sin más. Pero engancha algo más porque hay una historia transversal más intensa. Lo dicho, entretenidas. Pero se podría vivir sin ellas. Los que más simpáticos me caen son los chicos de Bones.

Incluiré aquí Damages, aunque realmente es una cosa totalmente distinta. No sé como irá. Tendrá que verse si la misma fórmula sigue dando resultado. Sólo he visto un capítulo.

Las de médicos:

House está de capa caída. Supongo que la seguiré hasta el final, pero creo que está pasada de vueltas ya. A Scrubs la deberían haber matado hace tiempo. No hay nada más que me interese ni que vea en este género.

Las comedias:

Sigo fiel a las dos comedias de situación más divertidas de los últimos años, How I Met Your Mother y The Big Bang Theory. Pero ambas han conocido tiempos mejores y ahora sólo tienen destellos de lo que fueron. O las reavivan, o quizá sería bueno que las fueran finiquitando aunque parece que no va a ser así. 30 Rock se mantiene, tiene unas bases más sólidas y un humor más incisivo y más borde; pero ya veremos cuánto aguanta.

De lo nuevo en este campo, reconozco que me gusta bastante Modern Family. Su corta duración, es también una comedia de situación, hace que sea muy dinámica para explorar las aventuras de las tres familias diversas que son una sola. Que siga, que siga.

Con más empaque está Glee, de duración más estándar, que tiene un punto de acidez que unido a sus excelentes números musicales hace que me guste bastante. De todos modos, está parada hasta dentro de unas semanas.

Las británicas:

En el primer capítulo de sus nuevas temporadas abandoné a Survivors y Being Human. Paso. Me aburrieron. Pero sigo entretenido con Hustle, porque es una procedimental entretenida con unos caraduras muy simpáticos, y probablemente voy a seguir a Secret Diary of a Call Girl, porque también es entretenida y porque me encanta Billie Piper. Pero todavía no he visto los primeros capítulos de la nueva temporada.

Conclusión:

Empiezo a pensar que es como si estuviese pasando a la historia una breve edad de oro de las series de televisión. Cada vez me entusiasman menos. Creo que estoy a punto de cambiar de hábitos, las voy a mandar poco a poco a paseo, veré de vez en cuando alguna procedimental en la tele por satélite, y voy a dedicarme al cine clásico.

Se que hay por ahí otras series que están gustando. Pero mis experiencias con ellas no han sido satisfactorias, o no me gustaron lo poco que vi de ellas, o lo que fuera. Además voy dedicando cada vez menos tiempo a esto de las series. Un ratito después de comer y otro ratito después de cenas. Algo más los fines de semana. Pero poco más. Así que…

En cualquier caso, dejaremos que nos decepcione el final de Perdidos, nos reiremos de vez en cuando con alguna comedia de situación, y esperaremos que vuelva algunas de las que están ahora en suspenso para que nos vuelvan a ilusionar (que será de Dexter,… o de In Treatment,… o de United States of Tara,…)

Alegría en bote

"Alegría en bote"... no sé por qué me ha venido a la cabeza este grafitti en el Tubo de Zaragoza cuando hablo de la televisión - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Hermanos de sangre (TV)

Televisión

Hermanos de sangre (Band of Brothers, 2001). Serie de televisión.

Desde hace tiempo tenía pendiente de ver esta serie de 10 capítulos, que para muchos está considerada como una de las mejores de televisión de la historia, y del género bélico en particular. Bueno, tampoco es que haya muchas de este género, pero… Al mismo tiempo, sentía una cierta reticencia debida a los productores ejecutivos de la serie, Steven Spielberg y Tom Hanks. Este dúo fue clave en la película bélica por excelencia del director norteamericano, Salvar al soldado Ryan, que fue protagonizada por el oscarizado actor.

Salvar al soldado Ryan siempre ha sido una película que ha generado en mí sensaciones contradictorias. Por un lado, es innegable que hay mucho, muchísimo cine en este filme, de una factura formal impecable, con una excelente dirección de actores, y elevando el cine bélico a un nivel no visto hasta ese momento, que ha marcado otras películas posteriores. Pero por otro lado, la ambigüedad ética de los planteamientos del director, a ratos parece que denosta la guerra por las atrocidades que se cometen, a ratos la glorifica y glorifica los comportamientos de los militares siempre que sean «los míos», los de su bando, me dejó un sabor de boca amargo, especialmente intensificado por el nefasto final de la película. En realidad, Spielberg es un gran director especializado en finales nefastos, desde mi humilde punto de vista. Y con estos prejuicios, me he enfrentado a esta serie de televisión tan prestigiada y ya convertida en un clásico.

Pues bien, muchos de los pros y muchos de los contras que le pongo a la película comentada en el párrafo anterior valen para la serie que nos ocupa. La factura de la serie es impecable. Estructurada en 10 episodios de gran coherencia interna y elevada (aunque no total) coherencia global, nos muestra las andanzas de la compañía E («easy») del 2º batallón del 506º regimiento de infantería paracaidista de la 101º división aerotransportada del ejército de tierra de los Estados Unidos durante la 2ª Guerra Mundial. Desde su formación y entrenamiento en los EE.UU. hasta el final de la guerra. Esta compañía era una unidad de infantería de asalto, lo que hizo que se viera metida en los ajos más gordos de las operaciones del ejercito norteamericano en el frente occidental del teatro europeo, desde el Desembarco en Normandía, pasando por la Operación Market-Garden y la Batalla de las Ardenas, hasta la toma de Berchtesgarden, y su actividad como unidad de ocupación en Zell am Zee (Austria).

Cada uno de los episodios narra una de las peripecias más importantes de la compañía, pero centrándose en alguno de los componentes. En una en el teniente que se ve obligado a tomar el mando de la compañía tras la desaparición del oficial al mando en el lanzamiento sobre Cotentin, en otra en las dificultades del sanitario para atender a los numerosos heridos en el cerco a Bastogne, en aquella en el oficial de inteligencia con problemas de alcoholismo cuando descubren los campos de exterminio alemanes, etc.

La realización es impecable. Los diversos directores de los 10 episodios, ninguno de ellos dirigido por Spielberg pero si por Tom Hanks, mantienen una coherencia visual y rítmica muy notable. El diseño de producción es perfecto, con una ambientación envidiable, y un realismo absoluto, que impacta pero no suscita rechazo en los momentos más sangrientos y más crudos gracias a la juiciosa fotografía, basada en tonos desaturados, siguiendo la estela de Salvar al Soldado Ryan.

Por supuesto, el problema me viene cuando me presentan la idea de un grupo humano como «hermanos de sangre», adaptación del inglés band of brothers, tomado del discurso de Enrique V en la obra del mismo título de Shakespeare, cuando arenga a las tropas británicas, aparentemente muy inferiores a las francesas, antes de la batalla de Agincourt, en plena Guerra de los 100 años. Esta serie es una glorificación de la vida y de la camaradería militar, apenas manchada por las ocasionales apariciones de ejecuciones de prisioneros arbitrarias, de la acumulación del botín de campaña, etc. Incluso las relaciones sexuales con las alemanas de los territorios tomados parecen consecuencia de lo majos que son los soldados, y no de la necesidad de las mujeres de obtener comida y protección, y del aprovechamiento por parte de los militares de esta necesidad. Parece que sólo violan y prostituyen los «malos». Los «buenos» son «tan majos» que «ligan» con cualquiera. Falta un sentido crítico hacia lo que es un militar en guerra, que hace que al final parece que te hayan contado un cuento de aventuras más que la realidad de una guerra, dura y cruel como fue la que nos presenta la serie. Volvemos a la ambigüedad moral de Spielberg y compañía. Volvemos a esa necesidad de los norteamericanos de idealizar a sus «héroes», en lugar de presentar el auténtico carácter del ser humano en guerra, que en contadas ocasiones está revestido de nobleza. Digan lo que digan. Yo es que lo de los héroes no me lo acabo de creer.

No obstante, la serie en su conjunto es un espectáculo televisivo de primer orden y digno de verse. Sin embargo, me quedo con la honestidad que han mostrado recientemente otros directores como Malick en La delgada línea roja, o Eastwood poniéndose en el lugar del enemigo en Cartas desde Iwo Jima. O en el campo de la televisión, la más reciente Generation Kill sobre la Guerra de Iraq.

Por cierto, que ante el éxito de la serie, ahora viene otra similar situada en el otro gran teatro de operaciones, El Pacífico.

Alpes

Paisajes alpinos en Baviera, cerca de Garmisch-Partenkirchen, como los que los soldados de la Compañía Easy encontraron en Berchtesgarden - Pentax K10D, SMC-DA 70/2,4

Definitivamente, Dexter

Televisión

En esta entrada voy a comentar el final de la cuarta temporada de la serie de televisión «Dexter», e inevitablemente hablaré de sucesos ficticios de la acción que «destriparán» el contenido y el desenlace de la misma. Así que, avisados estáis.

Hace tres años, quedé encantado la descubrir uno de los personajes de ficción, televisión y cine incluidos, más atractivos que hasta el momento había conocido. Se trataba de Dexter Morgan (interpretado por Michael C. Hall), técnico forense de la policía metropolitana de Miami (EE.UU.), y asesino en serie justiciero en sus ratos libres. Un sociópata o psicópata carente de empatía y de sentimientos por los que le rodean, tampoco es capaz de sentir remordimientos por sus actos, que si ha conseguido integrarse en la sociedad y pasar desapercibido ha sido gracias al «código» que le inculcó su padre adoptivo, un antiguo policía ya fallecido, y que supo reconocer a tiempo el carácter del adolescente. El «código» consiste en que, ya que no es capaz de eliminar sus instintos homicidas, que los muertos lo merezcan por la propia maldad de sus actos. También incluye el «código» una forma de actuar organizada y planificada, ritualizada incluso, que evite el riesgo de ser descubierto.

Sin embargo, el personaje está muy lejos de tener un carácter plano y excesivamente definido. El personaje, a lo largo de cada una de las cuatro temporadas de 12 capítulos de la serie, ha tenido que evolucionar, enfrentándose a distintos retos o peligros, que en el fondo no eran más que variantes de sí mismo, o espejos ajenos en los que verse a sí mismo.

El personaje principal está acompañado de una serie de personajes secundarios, algunos invitados por una temporada y que suelen representar los obstáculos que debe salvar en su evolución personal, y otros fijos que acompañan en su vida cotidiana al personaje.

Entre estos últimos tenemos que destacar a tres.

Por un lado está Debra (Jennifer Carpenter) su hermana, hija biológica de su padre adoptivo, policía también, una mujer insegura al principio que poco a poco va adquiriendo carácter y presencia en la serie. Las pasa canutas, pero se va sobreponiendo. Poco a poco va atando cabos sobre el pasado, oscuro, de su hermano y de su padre, y se da la paradoja de que cuanto más cercana se siente a Dexter más se convierte en una amenaza para el secreto criminal de su hermano. Y en ese punto nos encontramos al final de la cuarta temporada. Puede ser la que descubra la realidad sobre el protagonista en futuras temporadas.

Por otro lado está Rita (Julie Benz), que empieza siendo una tapadera de respetabilidad al convertirla en su novia. Rita tiene una historia de violencia familiar, con un ex-marido abusador, del cual tiene dos hijos. Nunca está claro hasta que punto Dexter siente algo por Rita. Aunque sí queda claro que de las pocas personas por las que siente algún afecto son los niños. Lo mismo sucede con otros niños que aparecen en la serie. En un momento dado se casan y acaban teniendo un hijo. El final de la cuarta temporada es dramático para Rita. Luego comentaré.

Finalmente, Harry Morgan (James Remar) es el padre adoptivo ya fallecido, que se sigue apareciendo a modo de voz de la conciencia, expresando visualmente y en voz alta los dilemas tal y como los plantea el lado oscuro del personaje. Es el recurso del guion para hacernos llegar los debates interiores que el personaje sufre en las situaciones de conflicto. Hay decir que estos debates interiores, pese a lo que piense alguna gente, no son debates éticos. El personaje carece de ética. Son debates sobre la supervivencia, su propia supervivencia o la de aquellos que son sus apoyos en el difícil anclaje social que se ha fabricado, su familia.

Si las tres primeras temporadas han servido para que, pese a las amenazas que ha sufrido el personaje, su anclaje social y familiar se fuera reafirmando. La cuarta temporada ha hecho saltar por los aires todo esto. El «malo» de la cuarta temporada, otro asesino en serie interpretado magistral e inquietantemente por John Lithgow, ha sido como verse en el espejo de lo que pueda ser dentro de 5, 10 ó 15 años. El duelo entre los dos personajes ha ido «in crescendo» hasta un capítulo final antológico, en el que, si bien nuestro «héroe» consigue acabar con su contrincante, no es sin pagar han tremendo peaje. Éste, con antelación, y Dexter no lo sabe hasta mucho más tarde, ha asesinado a Rita… Los anclajes de Dexter se están rompiendo. Sin su mujer, padre de un niño huérfano, con su hermana reconstruyendo paso a paso el pasado oscuro de su padre… Sospecho que en un futuro veremos un Dexter más oscuro que nunca.

Indudablemente, de las series que están en estos momentos en activo, mi favorita. Sólo pensar la cantidad de meses que faltan para que vuelva de nuevo mi serial-killer favorito, me pone de los nervios.

Os dejo con la enigmática figura de las esculturas en la entra de la estación de metro de Esplanade de la Defense en París. Ciudad donde terminó la segunda temporada de la serie, por cierto…

Esculturas en Esplanade de la Defense

Escultura en la Esplanade de la Defense, París - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Vaya, VuelVen los ViVarachos lagartos terribles (y no me refiero a los dinosaurios)

Televisión

Pues nada. Que en la televisión yanqui se está contagiando del cine. Y que después del éxito de la versión reimaginada de Galactica, que para que van a pensar en cosas nuevas. Con ir «reimaginando» series antiguas, más o menos casposas, y darles un aire más actual y elegante, todo está resuelto. Y en estas que me entero que estrenan el pilo de… ¡cha-cha-cha-chán!

V

Sí. V. La de los lagartos. Mejor dicho la de las lagartas de cardados imposibles, que se merendaban a los ratones y a los humanos incautos como si tal cosa. Esa. Una de las series más kitsch que se han visto en la televisión mundial.

Reconozco que no puedo opinar con «autoridad» sobre la antigua versión. Me pilló en una época en la que veía poco la televisión. Y además la echaban los sábados. Y los sábados, en aquellos años, tenía cosas mejores que hacer que ver la caja tonta. Así que no recuerdo haber visto nunca un capítulo entero de aquel celebrado culebrón de seudo-ciencia-ficción. Pero mentiría si dijera que no tengo imágenes visuales en mi imaginario particular de lo que era. Más que nada porque fue relativamente omnipresente, especialmente dada la escasa oferta televisiva del momento. O veías eso, o veías el UHF. No había más.

Pero oye. Me picó la curiosidad. Y anoche vi el piloto.

Lo primero, lo importante. Como es costumbre en el mundo del cine y la televisión americanas, cuando se trata de ciencia ficción, las chicas malas están incomparablemente más buenas que las chicas buenas. Y aquí no hay excepciones. Porque la «prota», Morena Baccarin, a quien ya pudimos disfrutar en Firefly, con su pelito corto y su exótica cara brasileña, está como un queso, y mucho más elegante, dónde va usted a parar, que su antecesora de los ochenta. Y la lagarta secundaria, que se liga a los adolescentes,… pues también está estupenda. No sé si esto justificará ver la serie, pero es un hecho.

En segundo lugar, el piloto fue entretenido. Y con algún detalle espectacular como las naves sobrevolando las grandes ciudades. Sí. Ya sé que está muy visto. Pero quedó bien. Aunque supongo que siendo una producción televisiva, en un futuro serán más parcos en efectos. Que no es cuestión de gastar por gastar.

Y además, los rollos de los yanquis. Dale vueltas con el terrorismo. Es que son monomaníacos. Y acabarán sacando a alguno con algún trauma de luchar en Iraq y esas cosas. Pues eso. Que conviene abstraerse un poco. Pero lo que fue la juerga, fue lo de la salud. En plena discusión política en los EE.UU. sobre la conveniencia o no de disponer de un sistema universal de prestación de servicios sanitarios, algo que en Europa hace tiempo que está superado, en general para bien de los ciudadanos, la lagarta lideresa promete en un discurso que implantará servicios sanitarios universales para toda la humanidad. ¿Que? Esta serie,… ¿financiada por el GOP, o qué? ¿Defendiendo los valores propios americanos, es decir, la insolidaridad universal? De chiste. Estos lagartos, además de lagartos, son socialdemócratas, y vete tú a saber si además llegan de Europa. Satánicos, vamos.

Pueril. Americano, vaya.

En fin. A pesar de todo, como he dicho, entretenida. Le daré alguna oportunidad más. Pero mi pronóstico es… reservado. Ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego.

¿No eran los lagartos los que escondían sus principales y más peligrosas naves en la cara oculata de la luna? ¿O me equivoco de serie?

Luna y farolas

Cuarto creciente sobre el Parque Grande de Zaragoza - Canon EOS 40D, EF 50/1,8

Series fallidas, desafiando la gravedad…

Televisión

Es dura la vida del aficionado a la ciencia ficción. A la buena ciencia ficción. La mayor parte de la literatura sobre el tema dice más bien poco. En el cine, hace tiempo que se basa en el pim pam pum de los efectos artificiales, ignorando por completo las buenas historias. Y en televisión, desde esta primavera nos hemos quedado huérfanos con el final de Battlestar Galactica, cuyo final nos hace dudar de si es buena idea encuadrarla como ciencia ficción y no como otra cosa. Lo que son las cosas.

Este verano surgió una nueva serie que habría algunas expectativas. Un coproducción americana y europea, Defying Gravity, en la cual se nos iba a narrar el periplo de ocho astronautas por todo el Sistema Solar. El piloto prometía. Relaciones humanas y una producción razonablemente bien hecha, con efectos contenidos pero razonablemente realistas para un producción televisiva.

Pero la cosa no evolucionó bien. Desgraciadamente, el espabilado que la definió como una «anatomía de Grey» en el espacio, se acercó demasiado a la realidad. En un momento dado, tomaron mucha más importancia los rolletes sexosentimentales de los protagonistas, adquiriendo un carácter de drama de instituto en el espacio, más que en auténtica ciencia ficción. Lo cual defrauda a los auténtico aficionados al género. Si además descubres, que en una producción que busca mantener cierta respetabilidad científica, sin hiperespacios ni otras zarandajas, que las ondas de radio que no es más que otra versión de la luz se mueven instantáneamente por ese espacio, haciendo posibles las conversaciones en tiempo real cuando debieran estar interrumpiendo por los segundos o minutos que le cuesta a la luz moverse «perezosamente» por el espacio… Pues empiezas a desanimarte. Claro, para los aficionados a las «anatomías de Grey»,… pues todo el rollo tecnológico les sobra… Seguro que consideran más conveniente casarse con un médico que con un astronauta que se va varios años por el espacio en lugar de estar en casa.

Hacia el final de los trece episodios que se han ofrecido las cosas mejoraron de nuevo, volviendo en gran medida al carácter del episodio piloto. Pero probablemente tarde para recuperar el interés del respetable. Y finalmente se nos ha obsequiado con un episodio un poco tostón y regularmente mal hecho sobre las peripecias en la superficie de Venus, con un hermoso cliffhanger, por si toca retomar la serie. Cosa que parece poco probable, aunque se ha hablado de que algún canal especializado podría retomar futuras temporadas.

En fin, tendremos que depositar nuestras esperanzas en otras series. En esto momento, es Stargate Universe la que parece que ha tomado un camino interesante. Mucho más profundo y serio que sus antecesoras de franquicia. Y habrá que ver qué pasa con el estreno de Caprica, el spin-off de Galactica, aunque no será una space opera, que es uno de mis géneros favoritos. El tiempo dirá.

En la foto de hoy, el astro más cercano a nuestro maltratado hogar planetario, la Luna, aparece oronda sobre París.

Luna sobre Etoile

La luna se eleva sobre los edificios que roden l'Étoile parisina - Panasonic Lumix LX3

Battlestar Galactica; final,… para siempre, y que sea de verdad

Televisión

Allá por el mes de marzo, publicaba una entrada, una de las más populares que he escrito, sobre el final de la serie de ciencia ficción, Battlestar Galactica. Y anunciaba el final definitivo de la historia de los desencuentros entre humanos y cylones. Sin embargo, por aquel entonces ya se nos avisaba por parte de los productores de la serie, que habían quedado cabos sueltos, y que la cosa daba para más. Nos prometían que con el otoño llegaría una nueva entrega, en forma de largometraje para televisión, en la cual se nos contaría la historia desde el punto de vista de las máquinas. Pues bueno. Dada la alta calidad media de la serie, tampoco era cuestión de decir que no.

Y ya se puede ver por ahí esta secuela/precuela/lo que sea… The Plan se titula. El Plan.

Esto va a ser corto.

  • No aporta nada.
  • Desvirtúa o banaliza algunos hechos. Siempre es mejor dejar cosas sin explicar, que con una explicación decepcionante.
  • Ahora resulta que los cylon eran gilipollas. No cuadra.
  • Es mejor no verlo. Para qué. Sólo es una forma de ordeñar la vaca hasta dejarla exhausta. Sacar dinero. Porque no ha costado mucho. La mitad de lo visto son escenas rescatadas de la serie. Sólo llama la atención algunas escenas del ataque cylon a las colonias. Lo demás, tonterías.

El producto está terminado. Estaba terminado, ya. Que descanse en paz. En la memoria de todos nosotros. Fin.

La foto de hoy, de París, de las que estoy rescatando del olvido.

Noria de la Tullerías

Noria en Concorde, junto a los jardines de las Tullerías - Panasonic Lumix LX3

Los chicos del coro, 137, puertas y más puertas

Televisión

En esta nueva temporada de series televisivas, a las del otro lado del charco me refiero, pocas novedades tengo. No es que no haya habido muchas novedades. Es que he decidido limitarme a series que me llamen la atención y me entretengan, a ser posible con un poquito de calidad. Así que, además de unas pocas de temporadas anteriores, he aquí las tres nuevas series que me parecen interesantes.

Los chicos del coro,… o mejor dicho Glee

Cojamos el típico instituto norteamericano. Con sus chicas guapas con uniforme de cheeleaders, sus guaperas fortachones jugadores de fútbol americano, sus empollones, unos cuantos marginados,… vamos, lo de costumbre en cualqueir teleserie o película de institutos norteamericanos. Ahora les dotamos de una notable mala leche. Se engañan entre sí, son políticamente incorrectos, algunos acaban siendo/pareciendo rematadamente tontos, otros son bordes como pocas veces se había podido ver… Padres adolescentes que no han hechado un polvo en su vida, esposas de profesores que simulan embarazos, médicos chantajeados, profesoras enamoradas neuróticas incapaces de tocar y de ser tocadas por miedo a los gérmenes… Todo ello sin dejar que la mala leche y sus notables defectos impidan que les cojamos cariño. Y los ponemos a cantar y a bailar. Porque encima es musical. Con canciones. Que están muy bien. Eso es Glee. Me lo paso realmente bien.

137 sekunden,… Flashforward

137 segundos es el nuevo número fetiche para los friquis del mundo entero. Ese es el tiempo durante el cual (casi) toda la humanidad perdió el conocimiento, y cada uno tuvo una visión de lo que pasaría en su vida aproximadamente seis meses después. Vio el futuro. Y a partir de aquí, una serie de personajes con historias claramente entrecruzadas se ponen en marcha hacía ese momento. Muy al estilo Lost. Los dos primeros capítulos muy buenos. Después, labor de mantenimiento hasta que los responsables de la serie consideren que pueden ir ofreciéndonos nuevo episodios de los buenos. De momento me tienen muy cogido.

De puerta en puerta, es decir, algo nuevo de Stargate: Universe

La película original de Stargate me pareció entretenida pero tampoco me dijo mucho más. Y si alguna vez he visto algún capítulo de la serie que se derivó de la película, me ha parecido mediocre. Sin embargo, me entretuvo el spin-off Stargate: Atlantis. Probablemente porque tenía tan poquísimas pretensiones además de entretener, que cumplía perfectamente con sus objetivos. Y además era más space opera, que son las que me gustan a mí. Bien. Ahora nos ofrecen un nuevo spin-off. Más oscuro, más profundo, menos amable, más dramático… y más space opera. Con lo cual, a pesar de que no espero grandes calidades de la franquicia, no puedo evitar adoptarla. Y el caso es que hasta ahora no está mal. A ver si se anima.

Nota

Mientras escribo esto, me encuentro en casa, algo malito, con la faringe hecha unos zorros y pesadez en la cabeza. No fiebre. Por lo tanto, no gripe. Ni A, ni del resto del alfabeto. Y tengo puesta la tele. En Sci-Fi, echan un viejo episodio de Lois & Clark. Y me pregunto como muchos se han preguntado antes que yo, ¿es que Lois Lane siempre fue tan, tan, tan, tan, tan tonta que no se dio cuenta que Superman era clavadito a Clark Kent pero sin gafas, con mallas y con los calzoncillos por fuera?

La foto de hoy, recuperada de mis imágenes desechadas de París en diciembre pasado.

Etoile

Una fría mañana con agua y nieve en l'Etoile de París, Francia - Panasonic Lumix LX3

Un doctor en Alaska y algo más

Televisión

En la primera mitad de la década de los 90, yo veía poco la televisión. Tenía muchas cosas mucho más interesantes que hacer que ver la caja tonta, en la que se asomaban por primera vez las cadenas privadas a las ondas españolas, con calidades absolutamente deleznables, y viendo cómo la televisión nacional competía con ellas con la misma moneda. Progresivamente empeorando su calidad. Y hasta hoy. En aquel panorama, triste, siempre he recordado la existencia de una serie de televisión, que echaban los viernes en la 2, a horas intempestivas. Nunca he sabido muy bien lo del horario. No había sexo, no había violencia, había mucho buenismo. Nos contaba las imposibles aventuras de un joven médico neoyorquino, bastante neurótico, que acababa ejerciendo como médico de pueblo en una pequeña y remota población de Alaska, donde convivía con una serie de personajes no carentes de excentricidad, pero que te tocaban la fibra humana. Y O’Connell, claro. La serie se tituló en España Doctor en Alaska; originalmente se titulaba Northern Exposure.

Dados sus horarios, sólo vi episodios sueltos, de forma fragmentaria. Sólo sé que me gustaba.

Hace unos años, no muchos, en febrero de 2004, se empezó a publicar en España la versión en DVD de la serie, y allí fui yo a por ella. Al principio, las temporadas fueron apareciendo con sorprendente parsimonia para una serie que hacía casi 10 años que se terminó de emitir. Y había que esperar hasta dos años para ver las siguientes temporadas. Pero luego, se aceleró la publicación de las mismas y en este último año se ha podido terminar de ver toda la serie. Veamos las curiosas fechas de lanzamiento en España.

Primera temporada: 25 de febrero de 2004.
Segunda temporada: 26 de septiembre de 2006.
Tercera temporada: 25 de junio de 2008.
Cuarta temporada: 25 de febrero de 2009.
Quinta temporada: 30 de abril de 2009.
Sexta temporada: 27 de agosto de 2009.

Y así, llegamos a este finales de septiembre en el que puedo decir. Yo he visto Northern Exposure, mi teleserie favorita que no es de ciencia ficción.

A la hora de comentar la serie, hay que decir que el título en castellano es engañoso, ya que da la impresión de que podemos estar ante un drama médico. Pues no. Que uno de los protagonistas sea médico no es más que una herramienta del guión para poder desarrollar el choque cultural entre el mundo urbanita y cosmopolita y el alejamiento cultural y social de una zona rural en la semi-salvaje Alaska. A pesar del indudable peso que tiene Joel Cohen, especialmente en su relación con Maggie O’Connell, en el conjunto de la serie, el conjunto de la serie es un drama coral. Todos los personajes tienen múltiples momentos de protagonismo a lo largo de las seis temporadas. Mientras que los presuntos protagonistas, en muchas ocasiones forman parte del coro, tanto en los momentos de protagonismo de otros, como cuando es el conjunto de la comunidad quien es la auténtica protagonista. Fijaos que digo drama, a pesar que en muchas ocasiones se considera una comedia. Al otro lado del charco, a esta mezcla de géneros le llaman con el neologismo dramedia. Aquí le llamaríamos comedia dramática. Pero personalmente creo que en el conjunto de la serie, al final pesa más la parte seria, la parte dramática de las historias.

En realidad, el conjunto de la serie tiene un inequívoco tono melancólico. Los largos inviernos, las largas noches, los paisajes nevados, las reflexiones constantes sobre el ciclo de la vida simbolizado por el marcado paso de las estaciones en un clima relativamente extremo, invitan a la introspección, incluso cuando los excéntricos personajes nos ofrecen la más delirante de sus personalidades. Este sentido melancólico se acentúa conforme avanza la serie, siendo muy acusada en la irregular sexta temporada, probablemente la más floja, en la que se muestra el declive de las ideas y, probablemente, el interés de los actores y actrices protagonistas en otros proyectos. Hay un cansancio, y hay que terminar la serie. Obviamente, en una serie sobre lo cotidiano, por extraño que sea lo cotidiano, no hay un final cerrado. Porque la vida sigue.

Hablar de todos los personajes sería largo y quizá cansino. Mencionaré a cuatro de los principales, por su especial representatividad. Y luego algún otro de los secundarios, que me parecen especialmente destacables.

Evidentemente hay que hablar de Joel Cohen, el neurótico médico judío que se ve atrapado en el medio rural de Alaska en contra de su voluntad, por culpa de la letra pequeña de un contrato que no leyó bien. El personaje es central porque supone el contrapunto entre el mundo que conocemos y el mundo extraño del ecosistema de Cicely. A pesar de que ya hemos dicho que la historia es coral, su importancia se pone de manifiesto por el hecho de que cuando desaparece en la sexta temporada la serie pierde bastante del sostén que tenía. Indudablemente, buena parte del mérito del personaje es la interpretación de Rob Morrow, que borda el personaje.

Frente al liberal y urbanita Joel, está el ultraconservador y el ultraliberal, antiguo astronauta y cacique del lugar, Maurice Minnifield. Interpretado de forma excelente por Barry Corbin, es problablemente uno de los personajes más antipáticos, por su inherente egoismo, por su capacidad de utilizar para su beneficio las acciones de los demás, por su intransigencia. No obstante, los guionistas le ofrecen constantemente momentos de redención, en mi opinión algunos muy forzados, permitiéndole mantenerse como un personaje igualmente bueno en el fondo.

Es imposible no considerar al entrañable mestizo Ed Chigliak, interpretado de forma excelente por Darren E. Burrows. Representa la bondad en sí misma, expresada como un espíritu solidario, carente de egoísmos. Siempre dispuesto a colaborar y ayudar a los demás, aunque su inteligencia primordial le impide comprender en ocasiones las motivaciones interesadas de los demás. Cuando lo conocemos, es apenas un adolescente acelerado que fácilmente se despista de todo lo que se le pide, pero poco a poco gana en espiritualidad y en comprensión, aunque eso no basta para que de vez en cuando sufra desengaños que no impiden que siga creyendo en sí mismos y en quienes les rodean.

Entre los principales, dejo para el final a la piloto Maggie O’Connell, interpretada por la guapísima Janine Turner. Probablemente sea la auténtica antítesis a Minnifield, aunque nunca tenga serios choques con él. Representa la autonomía y afirmación femenina frente al machismo, políticamente comprometida con la comunidad y la justicia social frente al conservadurismo de sus vecinos, respetuosa con los procedimientos, solidaria, trabajadora. Y sin embargo, en lo personal, arrastra tantos complejos y neurosis como Joel. Muy marcada por su madre, que aparece de vez en cuando, y porque sus cinco novios anteriores murieron durante la relación de formas imposibles. Al único que conocemos en las primeras temporadas, muere porque le cae encima un satélite artificial. Con Joel mantendrá una relación imposible de amor y odio. Obviamente atraídos entre sí, chocan constantemente entre el individualismo del neoyorquino y el compromiso con los demás de la piloto. Y aunque finalmente consiguen tener su relación, esta no dura. Al final, queda emparejada con Chris Stevens (John Corbett) en una relación un poco forzada, para dar una especie de «final feliz» a la necesidad de la chica de tener pareja. Pero independientemente de todo lo anterior, es mi favorita… porque me gusta un montón. Físicamente. Morena, de ojos vivos, guapa. Está estupenda, a pesar de que durante toda la serie o viste de piloto, es decir de chico, o de cateta, cuando viste de chica. Pero está estupenda.

Entre los secundarios o personajes eventuales, yo destacaría al cocinero loco y a su mujer. Los capítulos en los que salen son de los más divertidos. Y se le echa en falta en muchas ocasiones. Son interpretados por Adam Arkin y Valerie Mahaffey.

Resumiendo, es mi serie favorita a pesar de sus defectos. O precisamente por esos. Es una serie profundamente humana. Y los humanos tenemos nuestras debilidades, y también la serie. Pero el conjunto, que es lo que importa, en mi opinión resulta redondo. Yo se la recomiendo a cualquiera. De todas las edades.

Como desgraciadamente no tengo fotografías de Alaska, sigo mostrando imágenes de mi reciente visita a la capital portuguesa donde hoy están de elecciones.

Ligera llovizna sobre Lisboa

Una ligera llovizna cae sobre el estuario del Tajo, tal y como se ve desde el Castelo de San Jorge - Panasonic Lumix LX3