[TV] Cosas de series; cosas diversas e interesantes

Televisión

Como en las próximas semanas voy a estar de vacaciones y se alterará mi rutina habitual de publicaciones en este Cuaderno de ruta, sospecho que las entradas televisivas pueden verse más afectadas que otras. Aumentarán las relacionadas con los viajes, sin duda,… confío… Así que voy a ir más allá de los dos o tres comentarios de series agrupadas por alguna afinidad, para comentar cinco que me han parecido interesantes en los últimos tiempos, de alguna forma.

En la playa de Haeundae de Busan, Corea del Sur.

Pensaba agrupar la segunda temporada de Star trek: Strange New Worlds con otras aventuras espaciales, pero por mi cabeza a pasado la idea de dedicar una entrada exclusiva a Foundation, y todavía queda lejos el final de Ahsoka. Así que simplemente decir lo siguiente. Aunque no soy especialmente aficionado al universo trekkie, esta serie me entretiene. Y creo que hay dos factores para que lo haga. El primero es que, como otras de esta franquicia últimamente, no tienen el aspecto casposo que sólo quedaba justificado en la serie original… porque era de los años 60 del siglo XX. El segundo es que habitualmente los personajes de estas series acaban cayéndome mal. Redichos, estereotipados,… con los absurdos aspectos de los alienígenas siempre humanoides, pero más bien humanos con caretas de goma… Tarde o temprano me cansaban. Sin embargo, los de esta serie, a pesar de un Spock (Ethan Peck) que no me convence mucho, no me disgustan, e incluso me caen bien. Para que lo voy a ocultar, especialmente la enfermera Chapel (Jess Bush). En fin… que me parece aceptable y entretenida, por los motivos que sean. Pero esto puede cambiar en cualquier momento.

Desde Corea del sur nos han llegado las segundas temporadas de D.P. y Gyeong-iloun So Mun [경이로운 소문, asombroso So Mun], conocida internacionalmente como The uncanny counterel extraño contador?, nunca he pillado el sentido al título en inglés, porqué llaman contadores al grupo de héroes protagonistas). Ambas han llegado a sus segundas temporadas, y a sus finales, creo. A mí me parece que ambas han quedado correctamente cerradas.

La primera, que usa las peripecias de una unidad de policía militar dedicada a detener desertores para criticar al ejército y la mili obligatoria, ya me gustó mucho en su primera temporada, siendo de mis preferidas. Quedó algo eclipsada por su dura temática y porque quedó eclipsada por el éxito de la distopía calamárica, que se estrenó en las mismas fechas. Seis episodios también ha tenido la segunda temporada, pero que en lugar de ser un procedimental que aprovechaba para ir haciendo crítica, se ha convertido más en un único arco argumental con la típica estructura de los débiles contra el poder establecido, dentro de su proceso de denuncia. No sé si me gusta más este enfoque, pero da igual. La serie sigue siendo excelente y funciona bien. Muy recomendable. Excelentes interpretaciones.

La segunda es más anecdótica. Aventuras preternaturales entre superhéroes con superpoderes que les llegan del mundo de los espíritus contra villanos que son demonios o seres demoniacos. Vamos, una variante del cine/televisión de superhéroes, pero que compensa los defectos del género con la simpatía de sus protagonistas, que no dejan de ser gente corriente que se ve metida en este embrollo, lo que permite introducir alivios cómicos entre los dramones en los que han navegado esta temporada. Me sorprende que apenas hayan incidido en el romance en esta serie, cuando parecía que había cierta tensión romántica no resuelta en la primera temporada. Pero bueno, da igual, no está mal hecho, tiene interpretaciones decentes, y entretiene, sin más.

Mucho más oscura es la miniserie de siete episodios, también surcoreana, Mask girl. Drama de género negro que abarca más de dos décadas de la vida de una chica que soñaba con ser una estrella de la canción y el baile, pero que… es fea. Y en una industria del entretenimiento como la coreana donde ser guapos es una obligación… lo cual se filtra en toda la sociedad. O esa es la tesis de la serie. Eso lleva a que la chica opte por internet para sus actuaciones, con una máscara, lo cual llevará a que la interacción con un seguidor trastornado acabe como el rosario de la aurora, con muertes y descuartizamientos, y subsiguientes venganzas en las década siguientes, con más muertes y… Una serie con un argumento tórpido, notables dosis de pesimismo ante la naturaleza humana, que tiene irregularidades en su desarrollo, pero con buenas ideas en su conjunto, y que mantienen las excelentes interpretaciones de sus protagonistas. Va de menos a más, por lo que algún televidente puede sentirse tentado a abandonar la serie al principio sin dar una oportunidad a lo mejor de la serie.

Y pasamos del género negro al humor negro con una animación que nos llega de los estados unidos, Captain Fall. El protagonista es hijo de una familia adinerada que siempre han sido capitanes de barco y tienen dos hijos un chulito inepto, pero muy querido de sus padres, y un buenazas igualmente inepto, que es despreciado por sus padres. Pero es elegido por una siniestra organización para ser el aparente capitán de un trasatlántico que en realidad es una factoría de desmanes para un villano que presta servicios a todos los villanos del mundo, sean oligarcas rusos, grandes empresarios, dictadores de repúblicas bananeras, chinos con terceras intenciones, o millonarios sin escrúpulos. Hacen esclavos, masacran especies protegidas, fabrican armas de destrucción masiva, realizan trata de mujeres como esclavas sexuales, todo detrás de la apariencia de barco de cruceros de vacaciones y placer. Humor muy negro. Incorrección política. Críticas mordaces a todos los estamentos del sistema. Sin piedad. No hay risas, pero si una sonrisa pesimista sobre el mundo que nunca abandona tu cara mientras la ves. No apta para espíritus sensibles. Una de esas cosas que están en la oferta de Netflix sin hacer ruido, y que contrasta con los productos estrella de la plataforma.

[TV] Cosas de series; comedias entretenidas y un drama criminal… meh…

Televisión

Hoy traigo dos series norteamericanas, dos comedias bien establecidas, una de ellas llegando a su fin, muy entretenidas y en general recomendables, y mi enésimo intento de ver una serie española, que en esta ocasión a llegado a término, cosa que no sucede con otras como cierta comedia en Netflix, de la que no pude pasar de los quince primeros minutos del segundo episodio, a pesar de que había buenas referencias publicadas por los listos de la cosa televisiva. Lo intenté,… pero no pudo ser.

La serie española de hoy está rodada en tierras catalanas, por lo que unas fotos realizadas en Barcelona me servirán de ilustración.

Hubo un tiempo en que dedicaba una entrada en exclusiva a una serie que llegaba a su fin, a su temporada final, en Netflix. Pero hoy en día, pocas series me impactan tanco como para darles ese trato. Never have I ever ha sido una comedia adolescente simpática, con momentos bastante buenos… aunque con cierta irregularidad. Sobre todo porque su protagonista (Maitreyi Ramakrishnan) siempre me ha resultado un poco cargante. Lo que según una de mis amistades es indicativo de que la actriz protagonista lo hacía muy bien, porque el personaje tenía que ser cargante. Tenía que ser una antiheroína adolescente, con una enorme capacidad para meter la pata en todas sus encomiendas, a pesar de su inteligencia. Aderezada con el toque étnico, al ser una chica de una familia de inmigrantes indios a Estados Unidos, pero no pobretones, la serie partía del hecho de que la chica se había quedado huérfana de padre, lo cual le había afectado gravemente a su salud mental. La hemos acompañado a lo largo de cuatro temporadas, los cuatro años de instituto norteamericano, con su baches y sus grandes momentos. En general, es bastante recomendable. La serie fue claramente de menos a más, con las dos temporadas centrales como las más notables. La última temporada… quizá se habían quedado sin ideas, había momentos repetitivos, y han ido buscando cierres a las historias de todos los acompañantes en el viaje de la protagonista,… previsibles, y no especialmente emotivos. Pero no está mal. Una serie simpática, bien hecha y bien interpretada.

The Afterparty es una serie de comedia de Apple TV que sigue la estela, una moda actual, creada por los «puñales en la espalda» y que ha dado lugar a cierta proliferación de las whodunit más o menos cómicas. Nuevamente tenemos un asesinato tras una fiesta. En esta ocasión tras una boda. La que se casa (Poppy Liu) es la hermana de Zoë (Zoe Chao), una de las protagonistas de la primera temporada, que ha acudido también a la boda acompañada de su novio, Aniq (Sam Richardson), que también procede de la temporada inicial. El asesinado (Zach Woods), su marido por unas horas. Y todo indica que la novia es la asesina. Pero Aniq consigue retrasar la investigación de la policía llamando a la expolicía (Tiffany Haddish) que investigó el anterior caso, ahora convertida en escritora de novelas policiacas. Por supuesto, todos los invitados tendrán motivos para asesinar al fallecido, y en la investigación todos descubrirán sus secretos más escondidos. Quizá no tiene el mismo impacto que la primera temporada, pero es divertida. Y cada episodio imita distintos estilos cinematográficos; el musical, Hitchcock, el cine negro, el cine romántico de época,… de todo. Con episodios que vienen a durar unos 35 minutos, se ve muy bien y muy cómoda y es recomendable.

Finalmente, drama criminal español, en ocho episodios de no más de media hora de duración, que se puede ver en Disney+, Tu también lo harías. Un autobús que une el aeropuerto de Barcelona con Manresa es atracado por tres delincuentes armados que se apoderan de las cuentas bancarias y los datos personales de los viajeros, amenazándoles con represalias si denuncian. Pero antes de que llegue la policía al autobús, un tiroteo acaba con la vida de los atracadores, un prófugo de la justicia los ha matado y ha huido. O eso parece. La opinión pública se pone de parte del justiciero, mientras que las víctimas guardan silencio sobre lo que pasó. O lo que aparentemente pasó. Drama policial en el que hay frecuentes giros de guion, quizá excesivos, y en el que se intentan, sin mucho éxito desde mi punto de vista, de profundizar en los aspectos éticos más que en el desenlace policiaco. El reparto es coral, aunque hay nombres reconocidos, algunos de prestigio como Michelle Jenner o Elena Irureta, y otro menos. El peso lo llevan los policías interpretados por Ana Polvorosa, y especialmente, por el protagonismo que va adoptando, Pablo Molinero. Pero a mí me ha costado comprar la propuesta. Ya he dicho que considero que fracasa en su planteamiento, lo de crear dilemas éticos, donde no los hay, probablemente, más allá de los creados, un poco forzadamente, por «necesidades del guion». Y hay un problema con las interpretaciones, como en tantas series españolas. El nivel interpretativo en la televisión española me parece flojo, incluso por parte de profesionales que en otros ámbitos, especialmente el cine, realizan buenos trabajos. Aquí, no me los creo. No son todos, y no voy a dar nombres, que después aparecen mensajes por privado de tono muy áspero, nunca públicos, por parte de quienes no digieren bien la crítica. Aunque hay algún nombre que, sinceramente, nunca me ha parecido que hiciera buen trabajo, ni en TV ni en el cine. Pero que continuamente aparece en las pantallas. Cosas.

[TV] Cosas de series; ucronías en el periodo Edo y otros mundos alternativos

Televisión

Vamos con una ronda de animación japonesa con isekai [異世界,mundos alternativos] y alguna curiosa, e interesante ucronía, que de alguna forma también es una variante del isekai. El isekai es un género de la ficción fantástica, que también existe en la ficción occidental, pero que por volumen y características propias ha adquirido señas de identidad propia a través de medios como el manga o el anime. Un género en el que el protagonista principal se ve trasladado a un mundo alternativo, diferente, generalmente en el que existe la magia o seres fantásticos, y donde vive una vida de aventuras. El primer isekai que yo recuerdo haber leído fueron las aventuras de Un yanqui en la corte del rey Arturo de Mark Twain. Evidentemente, nada japonesa la cosa. Y por supuesto, en aquel momento ni se me hubiera ocurrido que el género pudiera tener un nombre japonés. En el cine, un isekai clásico es El mago de Oz, claro. Pero claro, otros considerarán la obra de Twain dentro del género de los viajes en el tiempo, y las aventuras de Dorothy, un mundo de ensueño. Y Alicia, ¿dónde queda en todo esto? Lo dicho… hay géneros universales, aunque se popularicen más en una determinada cultura o país.

Vistas del palacio imperial en Tokio, y sus alrededores, incluyendo la estación de Tokio (una de las muchas de la capital japonesa, la que oficialmente se llama «Tokyo») que se levanta donde el antiguo castillo de Edo, residencia de los Tokugawa, castillo que se incendió hacia finales del siglo XIX, cuando ya era dominio imperial.

Ōoku [大奥] también conocido como Ōoku: The Inner Chambers o también, en castellano, Ōoku: Los aposentos privados, es una ingeniosa ucronía que transcurre en una versión alternativa de las primeras décadas del período Edo, cuando Japón fue gobernado por los shōgun de la dinastía Tokugawa. El ōoku son los aposentos privados del shōgun, una especie de serrallo, harén, donde residía la esposa, las concubinas, los hijos y otros sirvientes del gobernante militar de turno. Pero en la versión de este anime, basado en un manga, como de costumbre, durante el mandato del tercer Tokugawa, se desata una terrible epidemia en Japón que hace que la población masculina quede reducida a una cuarta o quinta parte. También muere el shōgun, pero para evitar el caos en el país, esto se oculta y es sustituido por su hija, que lo suplanta. En paralelo, el ōoku se transforma de un territorio femenino, en un territorio masculino al servicio de la nueva mandataria. La historia me ha parecido curiosa, bien llevada e interesante. Se han cuidado las formas tanto en las formas como en los detalles, y empatizas con los caracteres principales. Es un original de Netflix.

Frente a la seriedad del anterior, Kono Subarashii Sekai ni Shukufuku wo! [この素晴らしい世界に祝福を!, ¡Una bendición para este maravilloso mundo!], más conocido simplemente como Konosuba! [このすば], es un cachondeo. Prácticamente una parodia en la que un otaku adolescente, un día que sale a la calle muere de forma ridícula y, en el más allá, se le da la oportunidad de reencarnarse en un aventurero de los que aparecen en los mangas y los videojuegos, lo cual acepta con la condición de ir acompañado de una de las diosas. Ambos, junto con un par más, o tres, según como lo cuentes, de personajes femeninos, con caracteres mágicos o heroicos, pero con debilidades ridículas, forman una compañía de aventureros cuya misión final será derrotar al gran villano de ese mundo. Es muy divertido, pero es el típico producto para adolescentes masculinos, lleno de fan service, no demasiado ofensivo que está ahí, que se salva por el dinamismo de la trama, lo ingenioso de los diálogos y la más que correcta realización. Se puede ver en Netflix. Se supone que hay una tercera temporada reciente, las dos primeras que he visto son de 2016-2017, pero no disponible en Netflix. Veré si la pillo en algún sitio.

Finalmente dedicaré poco esfuerzo a comentar Isekai Yakkyoku [異世界薬局, La farmacia de otro mundo], basado en unas novelas ligeras como el anterior, y que se estrenó el año pasado, y es uno de los que seleccioné a principio de verano para familiarizarme con distintos géneros. Sin saber que luego iba a encontrar otros isekai más divertidos e interesantes. Es la historia de un joven farmacéutico que, tras morir, se reencarna en el hijo del farmacéutico real (de la realeza, no de la realidad) en un mundo alternativo ambientado en el siglo XVIII europeo. Es gracioso que una de las ciudades se llame Marseirre, que teniendo la «confusión» entre las r y las l en la fonética nipona, se podría transliterar como Marseille, el nombre original de Marsella en francés. Está bien hecho… pero el argumento es muy naif. Y al final me ha cansado un poco.

[TV] Cosas de series; una ronda de surcoreanas con mejor o peor fortuna

Televisión

Creo que 2022 fue mejor año para las series surcoreanas de Netflix que el 2023. Me cuesta encontrar títulos de este año que me generen la misma simpatía que en aquel momento. En fin. En cualquier caso, durante el verano, para mis fines de semana, he buscado la comedia romántica, que es la que más me libera de la obligación de pensar, y más me relaja del mundanal ruido. Y todos son muy guapos.

Sólo una de las series de hoy tiene algunas escenas en un entorno histórico, pero aprovecho la excusa para ilustrar la entrada con una fotos del palacio real en Suwon.

De todas formas, me he encontrado con una serie fallida, de la que vi bastantes capítulos, 12 o 14, pensando que iban a ser los 16 de costumbre, pero extrañado por la evolución de la trama, lo comprobé, y me encontré que iban a ser unos 50 y que iba a ser un culebrón que iba a entrar por unos derroteros que no me gustaban. Las aventuras y desventuras de una profesora de academia que queda embarazada de su novio, que pasa de ellas, con un ginecólogo, miembro de una familia poderosa empresarialmente, pero tremendamente disfuncional, que acaban simulando por interés mutuo, y tras unos choques iniciales, que el bebé de la mujer es del ginecólogo. Dejando de lado que muchas de las situaciones de la serie son absurdas en España, y sólo se entienden desde el patriarcado extremo de la sociedad surcoreana, ya digo que la deriva de la serie no me gustaba y la abandoné. Una pena, porque tuvo un comienzo prometedor desde el punto de vista de lo que es una comedia con momentos realmente cómicos. Por cierto, la serie es Jinjjaga Natanatda! [진짜가 나타났다!], en inglés The Real Has Come!, que es la traducción aproximada del original, y se puede ver en Netflix, pero creo que sólo si tienes la interfaz en inglés. No aparece como producción de la cadena.

Ibeon saengdo jal butakae [이번 생도 잘 부탁해], que significaría Cúidame en esta vida o algo así, se ha titulado en inglés See you in my 19th life y Nos vemos en mi 19ª vida en castellano. La protagonista tiene la peculiaridad de que recuerda sus vidas pasadas. Recordemos que estamos en cultura oriental, con influencia del budismo y otras religiones, en las que se admite la reencarnación o cosas similares, y juegan con ello en las tramas de las series. Y en la 18ª vida murió en un accidente siendo una preadolescente, protegiendo a un niño de familia rica, y ahora en la 19ª se lo encuentra siendo un adulto mayor que ella y con sus problemas. Y a partir de ahí, entramos en una historia, bastante previsible, con un punto de drama por encima del de comedia, que abre muchas posibilidades, pero aprovecha pocas. La química entre los protagonistas es muy baja, y las interpretaciones más flojas de lo habitual últimamente en estas series. En Netflix, con el sello de esta plataforma, disponible para todos los abonados.

Y finalmente King the land, título original de la serie, que tiene alguna cosa en común con la anterior. En ambas el protagonista masculino es de buena familia y aspira a dirigir un hotel de lujo y prestigio, y en ambas la protagonista femenina es una trabajadora del hotel. En esta, sin fantasías y sin reencarnaciones. Es el típico caso de chico serio, un poco sieso, y de chica simpática, empática y sonriente, vocacionalmente entregada a sus clientes. Y unos malos, algunos miembros de la familia de él, que es hijo del mandamás y de una empleada del hotel, reconocido por él, pero extrañado desde niño de su madre. Siendo la peor la hermana mayor, antipática, avarienta, maltratadora de empleados y tal. Domina más el lado romántico, y la serie tiene altibajos, pero en esta ocasión la química de los protagonistas y secundarios es muy superior, y la cosa funciona pese a las limitaciones interpretativas de la protagonista, que procede de uno de los grupos de k-pop tan prolíficos en el país asiático y que están dando el salto al resto del mundo. Una serie en la que sientes que alguna de las secundarias daría más de sí como protagonista como la protagonista. Es el caso de una actriz que también apareció en un drama histórico sobre casamenteros que comenté no hace mucho. También en Netflix.

Como vemos, no son grandes series, ni de las más recomendables, aunque adecuadas para olvidarse de todo y de todos durante un rato en los ratos modorros de los fines de semana.

[TV] Cosas de series; lo sobrenatural en series británicas, con suspense y con humor

Televisión

Las series británicas siempre tienden a despertar mi interés. Aunque no necesariamente vea todas que se me ponen a tiro. También depende un poco de que el tema que traten me interese más o menos. Una de las virtudes que tienen es que son cortas en el número de episodios. Muchas veces no pasan de seis por temporada. Y por supuesto, la excelente calidad interpretativa de la que hacen gala los actores y las actrices británicas, muchos de ellos fogueados también en el teatro, lo que se nota. Traigo dos aquí que he visto recientemente. Las dos flirtean con lo sobrenatural, o algo así. Las dos tienen buenos repartos. Y, como curiosidad, en cada una de ellas, uno de los papeles protagonistas es desempeñado por un actor que fue el Doctor en diversas reencarnaciones del personaje principal de Doctor Who.

The devil’s hour es un drama policiaco que flirtea con lo sobrenatural, o algunos dirían con nociones de la ciencia ficción. Temas de universos paralelos y esas cosas. No voy a detallar mucho para no destripar el argumento. Protagonizado por Jessica Raine en el papel de una trabajadora social, en proceso de separación (pero no del todo) de su marido, el cual no acepta el extraño carácter de su hijo, tiene a su lado a Nikesh Patel como policía que busca a un extraño asesino que lleva actuando décadas, y en frente a Peter Capaldi (12ª encarnación del Doctor) como el asesino, con unas peculiares motivaciones. La trama de la acción se centra en los problemas familiares de la protagonista, así como en las consecuencias de permitir que se impida o no se impida una acción aparentemente mala, pero cuando las consecuencias de que no suceda son peores. En el lado de lo positivo, las buenas interpretaciones. Apetecía ver a Raine diez años después de encarnar a la uber charming comadrona de los años cincuenta en Londres. En el lado menos positivo, la trama es interesante, pero tan compleja que las piezas del rompecabezas no siempre encajan con precisión. No obstante, ha sido razonablemente atractiva tanto para público como para crítica.

Y luego está la segunda temporada de Good Omens, basada en la novela del mismo título del inefable, y lamentablemente ya fallecido, Terry Pratchett, en compañía de Neil Gaiman. Hay que decir que fue la primera temporada de la serie la que adaptó la novela de Pratchett y Gaiman, en la que el ángel Azirafel (Michael Sheen) y el demonio Crowly (David Tennant, la 10ª encarnación del Doctor), antiguamente Crawly, «el que se arrastra», la serpiente que tentó a Eva en el Paraíso, se aliaron para detener la batalla entre el Cielo y el Infierno en el Armagedón. Como consecuencia, ambos se han convertido en unos marginados para sus respectivos bandos, por lo que viven eternamente en paz en Londres, a lo suyo. Hasta que un día el arcángel supremo, Gabriel (Jon Hamm), aparece desnudo ante la librería de Azirafel, lo cual genera una nueva crisis en las relaciones entre el Cielo y el Infierno. Y nuevamente serán nuestros héroes los encargados de evitar que esto acabe con el mundo.

La nueva temporada es material original. Se inspira en el universo literario, pero explora en profundidad y desde otros puntos de vista las relaciones entre Crowly y Azirafel. No sólo en los acontecimientos contemporáneos, sino en el contexto de lo que fue su relación desde antes de la caída de Crowly junto con todos los partidarios de Lucifer, y a lo largo de todas las épocas. La historia es más personal, más íntima, más emocional. Más romántica. Romance que se expande a otros personajes, a veces de formas insospechadas. Si ya en el original se destilaba con maestría una parodia de las idea bipolar del bien y del mal, para dotar al mundo y a la ética de los seres pensantes de una amplia gama de matices y colores más allá del blanco y el negro, se insiste en ello en la obra actual, donde nunca es posible identificar al Cielo con «los buenos», ya que incluso ellos tienen planes cuestionables para el futuro del Universo y de la especie humana. Se acortan distancias con el Infierno, aunque aparezcan como blancos, limpios y guapos. Una serie fundamentada por una buena historia, por su fino humor, y por las excelentes interpretaciones de sus protagonistas. Y de secundarios como Derek Jacobi y Miranda Richardson, por señalar algunos nombres entre muchos otros menos conocidos, pero también excelentes intérpretes, como Nina Sosanya, Maggie Service, Shelley Conn… … … Muchos intérpretes aparecen en las dos temporadas, pero con distinto papel.

[TV] Cosas de series; vinos, divorcios y venganzas… a la japonesa (o así)

Televisión

No todas las series que traigo hoy aquí son de nacionalidad japonesa, pero las tres tienen relación con el País del Sol Naciente. Dos de ellas basadas en manga, no necesariamente todas las de nacionalidad japonesa. Y los resultados son… dispares. Aunque con todas me he entretenido.

En IMDb nos dicen que el título original de la primera de las series es Drops of God. Pero es una producción multinacional de Apple TV, EE.UU. – Francia – Japón, multilingüe, francés – inglés – japonés – italiano, y supongo que los títulos Les gouttes de Dieu o Kami no Shizuku [神の雫], todos ellos significan lo mismo, Las gotas de Dios, pueden ser válidos igualmente. Por supuesto, se ve en Apple TV. Y me decidí por ella porque en algún lugar aseveraban y argumentaban que era una de las mejores adaptaciones de un manga a acción real. Lo cual, por lo que he visto hasta ahora… quizá no sea muy meritorio porque hay pocas buenas. Está basado en un manga japonés, Kami no Shizuku [神の雫], que no he leído, y que por lo visto tuvo bastante éxito en su momento, tiene una trama más larga y compleja, aunque con las mismas premisas o muy parecidas, y que ya había sido adaptada previamente a una serie de acción real en Japón.

El argumento va de que a la muerte de un enólogo francés de enorme prestigio y con una gran fortuna, que residía en Tokio, extrañado de su esposa y su hija francesas, deja establecido en su testamento que su fortuna irá a parar a su hija, francesa (Fleur Geffrier), o a su discípulo más destacado, japonés (Tomohisa Yamashita), hijo de una prestigiosa familia local. Para dilucidar quién se lo lleva se establece una competición con una serie de pruebas. Quien más puntúe, se lleva la herencia. Por supuesto, hay una serie de tramas paralelas que afectan a ambos protagonistas, que se irán desvelando poco a poco. La serie empieza fuerte, y tiene un final relativamente previsible. No está mal. Pero las catas y descripciones de los aromas y sabores de los vinos, y la habilidad casi mágica de los personajes para adivinar los vinos, ponen a prueba duramente mi suspensión temporal de la incredulidad, y de vez en cuando me desconectaron de la serie. Son otros los elementos que dan carácter e interés a la serie, y que quedan desconectados a veces por estas historias de catas y competiciones, que no deberían ser más que el macguffin de la historia y no el elemento central. En fin, que podría ser mejor.

Rikon shiyou yo [離婚しようよ], también conocida en inglés como, Let’s get divorced (Divorciémonos), es una comedia romántica japonesa reciente, de 2023, que me pareció simpática y fui viendo poco a poco. No es de Netflix, pero está disponible en Netflix. La pareja protagonista son un matrimonio joven formado por una actriz popular y prestigiosa (Riisa Naka), y un joven político (Tôri Matsuzaka), parlamentario, que ganó su escaño gracias a la fidelidad del electorado a su padre, que sostuvo el escaño durante años, y a la popularidad de su mujer. Pero todo amenaza con derrumbarse cuando se descubren sus infidelidades con una guapa periodista (Lisa Oda), su mujer le pide el divorcio, y se convocan elecciones anticipadas, en un distrito conservador donde todo esto sienta mal, y encima se presenta como oponente un hábil político de la oposición (Kôji Yamamoto). Tiene su gracia. A veces mucha gracia. Por supuesto, el tipo de campaña electoral que vemos no tiene nada que ver con las de aquí. Y los valores de la sociedad japonesa tampoco son similares. Pero los intérpretes lo hacen bien. No pasará de forma destacada a la historia de la televisión, pero se deja ver. Y tiene un final razonable. Complaciente, pero razonable, sin edulcorantes artificiales innecesarios.

Y finalmente tenemos Mitarai-ke, Enjō Suru [御手洗家、炎上する; La casa Miratai se incendia], internacionalmente Burn the house down, localmente Cenizas del pasado. Serie producida por Netflix y estrenada recientemente, está basada en un manga del mismo título. Un manga orientado a un público más adulto de lo habitual. Una joven, Anzu (Mei Nagano), se emplea como asistenta del hogar en una casa acomodada, pero con un nombre prestado por una amiga. Su objetivo es investigar a su antagonista principal, la actual esposa de su padre (Ren Hanami). Sospecha que fue la causante del incendio de su casa trece años antes, aunque las sospechas del público recayeron sobre su madre amnésica. Busca restitución y venganza. Y entra en un juego del gato y el ratón, donde el papel de gato y de ratón va variando con la acción. Y donde además está implicados su hermana, los hijos de la mujer de un anterior matrimonio, y su pusilánime padre. Las historias de venganzas, especialmente con mujeres despechadas por uno u otro motivo, suelen ser interesantes, si bien suelen estar llenas de tópicos y tender al guilty pleasure. En este caso, la serie es irregular. Tiene serios altibajos, es demasiado larga, se repite a sí misma, y se va haciendo progresivamente más previsible. El reparto es irregular y, si bien las dos protagonistas tienen buen nivel, otros personajes son considerablemente más flojos. En su conjunto, entretiene bastante. Parece que está teniendo cierto éxito dentro de la plataforma, pero hasta cierto punto es un quiero y no puedo.

Y esto es todo por hoy.

[TV] Primer asalto; versión china de los Tres Cuerpos

Televisión

A finales de 2017, principios de 2018, afronté la lectura de la afamada novela del escritor chino Liu Cixin, El problema de los tres cuerpos. Fue una lectura interesante. La publicación de la novela original data de 2006, pero no es hasta su traducción al inglés en 2015 cuando se hace popular; traducción que fue premiada en el ámbito de la literatura de ciencia ficción y atrajo la atención de numeroso público, algunas figuras públicas incluidas. La novela se sigue de dos secuelas que conforman una trilogía que conviene leer entera, aunque no es sencilla para quienes no tengan una base razonable de conocimiento en ciencias. Las segunda y tercera novelas de la trilogía, desde diversos puntos de vista, me parecieron mejores que la primera entrega. Y las leí casi seguidas, en el final del invierno y principio de la primavera de 2018.

Mi valoración general de la trilogía es positiva, pero no sin algunas objeciones. Creo que Liu no es un escritor brillante de novelas, de las que he leído alguna más con valoraciones entre normalitas/intrascendentes y regulares tirando a malas. Sin embargo, se defiende mucho mejor en el campo del relato corto, de los que he leído alguna recopilación que me gustó bastante. Tiene ideas muy interesantes, pero su capacidad de estructurarlas en obras largas es irregular. Por otro lado, me molesta su talante acomodaticio con la retórica de la clase gobernante autocrática de la dictadura china; no duda en justificar la ausencia de democracia y libertades en su país bajo el rancio argumento del «pueblo chino no está preparado para la democracia y no le preocupa la falta de libertad individual»… más o menos. La versión inglesa de su biografía en inglés habla más de este asunto. El caso es que es obvio que se esfuerza en estar a las buenas con el régimen de Pekín, lo cual se refleja en los destellos de patrioterismo que salpican aquí y allí sus novelas. Es la versión china del patrioterismo de las teleseries y las película estadounidenses, que en ocasiones cansa mucho

Ante el éxito de las novelas, tanto en su país de origen como en sus traducciones internacionales, comenzó el interés por la adaptación de su historia a medios audiovisuales. Consta una adaptación al cine de su primera novela, que no debió trascender las fronteras de su país de origen, donde podría ser que en estos momentos ni siquiera esté disponible. No estoy seguro de los avatares de esta producción, pero debía ser bastante mala. Hay alguna otra adaptación de obras de Liu, como un largometraje que se puede ver en Netflix, donde se refleja ese patrioterismo heroico en una aventura espacial con pretensiones de superproducción. El caso es que la trilogía de los Tres Cuerpos, conocida en inglés como Remembrance of Earth’s Past (Recuerdo del pasado de la Tierra) no es fácil de adaptar. Pensando sólo en la primera novela, hay que considerar tres escenarios. El primero, el tiempo contemporáneo en China, pero también en otros puntos del planeta Tierra. El segundo, la China de la Revolución Cultural y la estación montañosa con el radiotelescopio. El tercero, el video juego de los tres cuerpos, quizá el más complejo de representar correctamente. En las adaptaciones de las otras dos novelas, hay otras complejidades a considerar. Y por otro lado es una obra compleja en su estructura, en su argumento y en sus conceptos. Ya he dicho que es difícil disfrutar de la lectura de las novelas sin una cierta cultura científica, especialmente en física.

De repente, hace unos meses surge la noticia de que Netflix ha adquirido los derecho para adaptar esta obra, que está ya en producción, que ya se ha publicado incluso un avance, y que está previsto su estreno en enero de 2024. Y simultáneamente nos enteramos que ha principios de este año se ha estrenado en un plataforma china una versión de esa nacionalidad en forma de teleserie de la primera novela de la trilogía. Titulada Sān tǐ [三体, Tres cuerpos], que es también el título original de la novela en mandarín, consta de 30 episodios con una duración variable, pero con unos 45 a 50 minutos de duración en su mayor parte. Y curiosamente, se puede ver en otras plataformas. Y en Youtube, donde se puede ver de forma gratuita. Aunque con algún problema. Básicamente, su banda sonora musical es un refrito de músicas de distintos orígenes, más que una composición de encargo y específica para la serie, y por problemas de copyright hay algunos segmentos en los que no es posible escuchar la banda sonora original de la serie, incluidos los diálogos, y se oye una música que la sustituye. Con suerte, sí que se pueden leer los subtítulos de los diálogos. La serie está en versión original con subtítulos en inglés y en mandarín. No causa gran quebranto a la hora de seguir la historia, pero es molesto. Y el tema de la música de la serie no deja de ser una cutredad tremenda. La banda sonora en su conjunto es muy mala, tanto por la música, como por los efectos de sonido, como por los doblajes de los personajes no chinos, incluso cuando están hablando en inglés. Están muy mal hechos.

La serie es totalmente fiel al original literario y lo que pueda decir del argumento es lo que ya hablé en su momento. Pero el interés y la factura de los distintos escenarios es diverso. Me gusta mucho la historia de la joven Ye Wenjie (Wang Ziwen), un personaje muy atractivo y muy bien interpretado, que da para un desarrollo global de la historia desde su punto de vista que podría ser más interesante que el del físico que trabaja con nanomateriales, Wang Miao (Zhang Luyi), y el policía que le acompaña, Shi Qiang (Yu Hewei), y eso que este último personaje está también muy conseguido. En general, en los personajes con más protagonismo hay un buen trabajo actoral, que se queda en normalito o frío con muchos secundarios, y nefasto cuando se trata de los intérpretes de personajes occidentales. También está razonablemente llevado a la pantalla el vídeo juego de los Tres Cuerpos. Es cierto que sus efectos gráficos generados por ordenador pueden llegar a cantar mucho… pero como es un videojuego, tampoco pasa nada. Y luego está toda la parte del liderazgo chino en el mundo que se alimenta de ese patrioterismo que ya hemos comentado, que es cutre comparado con el ya bien conocido y aborrecido patrioterismo usamericano, proponiéndose a sí mismos como los (potenciales) salvadores del mundo y líderes del mismo… bueno… las memeces de las ideologías dominantes y lo que debería ser el mundo de la cultura al servicio de estas memeces.

Me lo he pasado bien con la serie, lo reconozco. Podría ser más cortita. Podría estar adaptada con menos fidelidad al original literario, pero con más adecuación sin perder las esencias. La historia de Ye Wenjie es estupenda, se le presta atención, pero se podría haber organizado de otra forma para dar un sentido dramáticos más profundo. Y desde luego, podría ser menos cutre en unas cuantas cosas, que bajan mucho la consideración hacia la serie. Mis felicitaciones por el trabajo actoral, eso sí. Y sólo queda espera a Netflix… pero conociendo determinados antecedentes, será mucho menos cutre,… pero, soy pesimista, no necesariamente mejor.

[TV] Cosas de series; a propósito de una simpática actriz surcoreana

Televisión

Sinceramente, hoy pensaba hablar de la adaptación de una de las novelas más interesantes de la ciencia ficción contemporánea que, aunque manifiestamente mejorable, la novela, tiene suficiente abundancia de ideas interesantes como para que en su momento me enganchase a ella y, especialmente, a sus dos secuelas, superiores en calidad literaria y expositiva. Sin embargo, como hace apenas tres días que la terminé, y con 30 episodios tiene mucho que digerir, lo dejaré para la semana que viene. Por lo tanto, iré esta semana con algo ligero, tres series surcoreanas que tienen en común la actriz protagonista, Gong Seung-Yeon, que me ha resultado simpática, especialmente como actriz de comedia.

Kkotpadang: Joseonhondamgongjakso [꽃파당: 조선혼담공작소], cuyo título en inglés, Flower Crew: Joseon Marriage Agency, viene a ser la traducción más o menos literal del original, es una comedia romántica de época, con intrigas políticas incluidas, y una premisa de partida un tanto rebuscada. La protagonista, Gong Seung-Yeon, es una huérfana que perdió a su familia, y que va a casarse con el hijo de un herrero. Pero resulta que este mozo es en realidad hijo del rey que acaba de morir, y de repente es elevado al trono, cuando se iban a casar por los buenos oficios de una agencia de casamenteros cuyo líder es el hijo de un ministro del gobierno, intrigante político y principal villano de la serie. Ahí es nada. Por supuesto, hay una antagonista de buena familia y aparentemente malvada, hija de otro ministro del gobierno, intrigante político, antagonista del anterior y villano secundario. A partir de ahí… las intrigas y tópicos habituales de estas series de época surcoreanas. Pero es divertida. Los intérpretes lo hacen bastante bien, tienen buena química entre ellos, y sacan adelante una serie que, por lo demás, no pasaría de la clasificación de guilty pleasure. Pero yo le pasé bien con ella durante unos fines de semana. Está en Netflix, pero es posible que sólo la encontréis si configuráis la aplicación de la plataforma en idioma inglés. Duración típica de 16 episodios de 70 minutos.

My only love song, título original en inglés, es una serie que está en Netflix desde 2017, y que ya empecé a ver por aquel entonces. Pero es una serie que le cuesta coger ritmo y la abandoné. Al ver que la protagonista de la serie es también Gong Seung-Yeon la he retomado. Duración atípica de 20 episodios de 30 minutos, por lo que es más corta de lo habitual. Y es una parodia. Gong hace de una famosa actriz que está rodando una serie de época sobre un personajes histórico de quince siglos atrás, cuando todo empieza a derrumbarse a su alrededor, por lo que harta, coge una simpática furgoneta, una Subaru Sambar de los años 90 que parece una Volks Waggen type 2, la furgoneta de los jipis de los años 60.Este tipo de furgonetas (y también coches pequeños), los kei car, son pequeñitas, de escasa potencia, muy económicas y fiables y populares en Japón y Corea del Sur, probablemente también en otros países asiáticos. Aunque un Smart sería un kei car, pero no económico. Bueno… pues la Sambar la llevará, junto con un polizón que se ha quedado dormido a bordo, al pasado histórico, a la época correspondiente a lo que estaba rodando. Y se verá involucrada en un enredo romántico con un hombre de la época, un personaje histórico real, por ficticia que sea la historia, y en los enredos políticos de la época. Todo ello en clave de humor, parodia y, como digo, enredo romántico. A esta serie le cuesta coger momento, pero también tiene momentos divertidos. No al misma nivel que la anterior, pero tiene su gracia. Siendo producción propia de Netflix, se puede encontrar fácilmente por todos los abonados hispanos.

Y cuando todavía estaba viendo la anterior, comprobé que Gong Seung-Yeon protagoniza otra serie que podemos ver en Star, o sea, en Disney+. Sobangseo Yeop Gyeongchalseo [소방서 옆 경찰서, la comisaría de policía al lado del parque de bomberos], es conocida en inglés como The First Responders o en castellano como Unidad de intervención rápida. Y es la historia de las colaboraciones entre una comisaría de policía y un parque de bomberos, uno al lado del otro, en un distrito o ciudad del área metropolitana de Seúl. Gong Seung-Yeon es la enfermera de los bomberos. Teóricamente la hipotenusa en un triángulo latente formado por ella, uno de sus compañeros bomberos y un heterodoxo policía empeñado en destapar escándalos de corrupción por doquier y que arrastra un pasado tormentoso. Son doce episodios de una hora que terminan en un enooooorme cliffhanger, que parece se resolverá en breve porque a partir de finales de agosto, creo, llegará una segunda temporada en la que además de los polícías y los bomberos estarán los forenses, que ya apuntaban maneras, una forense, en la primera temporada. Es otra de esas series que se salva más por el trabajo de sus intérpretes, que caen muy bien, que por la racionalidad o el interés de sus previsibles tramas, llenas de tópicos y estereotipos. Pero la chica protagonista funciona peor en este drama que en las comedias. Aunque puede deberse a que en muchos episodios parece más un florero, ya que el policía se come mucho del protagonismo. Y es que por otra parte, el drama alrededor de una enfermera de los bomberos sólo lo puedes estirar televisivamente hasta cierto punto, por mucho respeto que me merezcan estos profesionales.

Y esto es todo por hoy. Series poco trascendentes, pero entretenidas para relajarse los fines de semana.

[TV] Cosas de series; reencarnaciones y terrores posmodernos

Televisión

Normalmente comento las series de televisión agrupadas por ciertos criterios. Series occidentales, series con un determinado tema, placeres inconfesables surcoreanos, animación japonesa (o de otros países)… lo que sea. Pero hoy, voy a mezclar. Porque aunque podría haber hecho una entrada dedicada a los placeres inconfesables surcoreanos, he decidido que agruparé varias series de este país que ya he visto con otra que estoy en proceso, por compartir protagonista femenina. Mientras, estoy muy interesado en una serie china que adapta una novela que me interesó mucho, siendo que la serie también tiene su punto, pero tiene 30 episodios. Y hay un par de series más en las que voy avanzando cuando encuentro tiempo. Que no siempre tengo tanto como les parece a algunos. Especialmente teniendo en cuenta que yo, a partir de las 9:30 de la noche, habiéndome despertado a las 6:30 de la mañana, y sin dormir nunca siesta… no valgo nada y estos pensando en que me quiero ir a dormir. Soy como los niños, si no duermo mis horas soy un zarrio. En fin vamos con una emblemática serie de este siglo XXI y con un placer inconfesable (o confesable) surcoreano.

Fotográficamente, nos iremos a Inglaterra, país de origen de una de las series de hoy.

Mucho se ha hablado de Black Mirror desde su impactante estreno en la BBC allá por diciembre de 2011, y las obligaciones impuestas a un primer ministro británico por el secuestrador de una princesa. Actualmente una serie exclusiva de Netflix, en esta sexta temporada hemos percibido una deriva en el tono y en los temas. Originalmente, la serie estaba orientada hacia la reflexión sobre los retos y los peligros que imponen las nuevas tecnologías de la información, con mucha atención a los desarrollos de las redes sociales, los mundos y realidades virtuales y las (llamadas) inteligencias artificiales. Aunque de vez en cuando han flirteado con el género de terror, normalmente anclado en lo anterior. Pero si esta temporada comenzaba con un episodio claramente heredero de su tradición e intenciones iniciales, un fenomenal Joan is awful, poco a poco ha ido derivando a un predominio del género de terror, el cual ocupa por completo el último episodio de la temporada, Demon 79, homenaje al terror demoniaco de los años 70 y 80 del siglo XX, que no ha gustado mucho al público votante de IMDb, pero que a mí me ha parecido fenomenal, lo cual es notable dado que no soy especialmente aficionado al género de terror. Y con un episodio central, Beyond the sea, a caballo entre los dos géneros y la ucronía, con aventura espacial incluida, que también está muy bien, muy bien. Son los otros dos episodios de la temporada los que me resultan más de relleno. Quizá la serie esté lejos de sus mejores momentos, y no soy especialmente partidaria de la deriva hacia unos temas distintos de los que la inspiraron. Pero reconozco que hay buenos materiales en ella todavía. La duración de algunos episodios, más de 75 minutos, los convierte en pequeños largometrajes, mejores que mucho de lo que se estrena habitualmente en la pantalla grande. De momento, me seguiré apuntando a temporadas futuras.

Recientemente me he encontrado con un fenómeno curioso. Tres series surcoreanas. En dos de ellas, la protagonista recuerda sus vidas pasadas (eso de la reencarnación es muy propio de Asia en general, aunque pocos entiende bien cómo «funciona»). En dos de ellas, hay peleas entre familiares por el poder empresarial en un hotel de lujo y prestigio. O sea, hay una que mezcla las dos cosas. Por lo que hasta que me puse al día, nunca sabía cual estaba viendo. Bueno…. dos de ellas todavía están en marcha en Netflix, pero Geunomi geunomida [그놈이 그놈이다, ese tipo es el tipo], conocida internacionalmente por títulos en inglés como To all the guys who loved me o Men are men, entre otros, se puede ver entera porque es una serie de 2020. Es de esas series que sólo te aparecen en la oferta de Netflix en España si configuras la interfaz para el idioma inglés. Creo que si la configuras en español no aparece. El caso es que es un triángulo rectángulo amoroso, en la que la hipotenusa y uno de los catetos se han criado como hermanos, estando él colado por ella, mientras que el otro cateto y la hipotenusa fueron pareja/matrimonio/novios en sus tres vidas anteriores, con finales trágicos. Y ambos recuerdan (él) o han recordado pero olvidado (ella) esas vidas anteriores. Por otra parte, ella ha decidido no casarse nunca y ser una mujer profesional e independiente, editando o creando webtoons, un género muy pujante en Corea del sur. La mayor parte de la serie está en clave de comedia romántica, que es donde mejor funciona, especialmente por la buena química entre los protagonistas, liderados por la chica Hwang Jeong-eum. Pero también tiene su parte de drama e intriga… que funciona peor. Al final, podría haber terminado sin problemas en el episodio 14 de los 16… pero lo prolongan tontamente hasta ese número total en dos episodios sin interés. No es ninguna maravilla, pero entretiene. Y hay un tema que te mantiene intrigado. La chica, ya una mujer de 37 o 38 años, 32 para el personaje de la serie… pero constantemente te da la sensación de que ha pasado por una remodelación en profundidad de «chapa y pintura» en algún cirujano plástico… y no acabas de sentirte cómodo. No sé si es cierto o no. Es simplemente una sensación, que compartí con alguna que otra amistad que vio algún episodio de la serie. Estas coreanas se operan demasiado, de forma para mí totalmente incomprensible. Nota: No confundir la serie con un largometraje adolescente, también de Netflix, con un título similar, norteamericano, pero con protagonista de origen asiático.

[TV] Cosas de series; (malas) series de espías y ladronas de alta burguesía

Televisión

Sinceramente, salvo la entretenida serie sueca que comentaré dentro de unos párrafos, mi recorrido por estrenos de series de espías que he visto en las últimas semanas se podría considerar casi catastrófico. Vistas por los comentarios relativamente elogiosos de algunos artículos vistos por la red de redes, me ha sorprendido hasta que punto las plataformas de contenido en línea están rebajando sus niveles de exigencia últimamente. Han dejado de competir por la calidad o el prestigio. Ya no sé en qué compiten. En lo que a mí se refiere, tengo la sensación de que por muy abundante que sea actualmente la oferta de ficción televisiva, la llamada «edad de oro» de la televisión ha terminado. O lo parece.

Rincones y escenas captados por mi cámara fotográfica durante mi última visita a la capital sueca. Volveré a Estocolmo dentro de unas semanas. Por temas familiares, con cierto aire festivo; y aprovecharemos para hacer algo de turismo, claro, aunque ya conozco la capital sueca.

Citadel se puede ver en Amazon Prime Video, aunque no lo recomiendo. Ni siquiera los complacientes votantes de IMDb le otorgan su confianza, puesto que una puntuación de 6,1 en esta plataforma hay que considerarla baja. Ojo… no es que los votantes de IMDb tengan siempre el criterio afinado, que les he visto despreciar, sobre todo en el cine, cosas estupendas, mientras que babean ante la pirotécnica mediocridad de los productos superheroicos. Pero precisamente por eso, pensaba que esta serie de conspiraciones dentro de las conspiraciones entre organizaciones de espías, acompañada de acción en abundancia, les podría satisfacer. Pero ni esas. Y encima, la química entre los dos protagonistas interpretados por Richard Madden y Priyanka Chopra Jonas es floja floja floja. Con una trama típica de organización de espías «buenos», que solo asesinan a los malos, que se ve traicionada y mueren a capazos, aunque algunos sobreviven (esto lo utilizó hasta George Lucas para «deshacerse» de los jedis con su famosa orden 66). Y los que sobreviven… pues a buscar la verdad. Primero tienen que recuperar la memoria, porque se la borran y esas tontás… Nah… que es muy mala a pesar del entusiasmo de algunos plumillas de la red de redes, generación millenial que no ha visto de la misa la media y se creen que saben y les encanta cualquier cosa con algo de pirotecnia y una chica guapa. Evitar.

En algún momento leí que The Night Agent, un título que a priori no me atraía mucho, era uno de los estrenos más destacado en los últimos tiempos, y bien situado en general, dentro de Netflix. Y a este propósito, leí un par de artículos que se mostraban complacientes con la serie. Así que le di la oportunidad. Menos fantástica que en la anterior, mezcla la acción de los agentes secretos con las conspiraciones políticas en la Casa Blanca. La premisa también está vista mil veces. El típico agente del FBI que tiene que proteger a una chica, civil, que sabe algo que los malos no quieren que sepa, hay persecuciones, unos malos malísimos… y varios desenlaces muy previsibles. Aunque camine por caminos muy trillados, la cosa, si está bien hecha, podría funcionar. Pero no. Los diálogos del guion son espantosos. Los personajes protagonistas acaban importándote un rábano. Pero tampoco los malos te inspiran nada en ningún sentido. Frases hechas, escenas prefabricadas, actuaciones mediocres (el protagonista de la serie, Gabriel Basso, es casi catastrófico, aunque el resto del reparto no acompaña). Es cierto que entiendo que al principio de la serie los defectos no se notan. Comienza con las típicas situaciones de acción típicas para atrapar la atención del espectador, lo que puede explicar la audiencia destacada, y que el final arregla un poco lo que hay entre medias… pero bueno… Regular tirando a mala. Curiosamente esta sí que es aprobada por los votantes de IMDb, que se comportan como esperaba también en la anterior. Por cierto, si ayer comentaba que Hong Chau estaba últimamente en todas parte… también aquí. Aunque en esta ocasión, el nefasto guion hace que se sume a la mediocridad general. Las dos series parece que tendrán continuación. Qué se le va a hacer. En principio, que no cuenten conmigo.

Barracuda Queens es una serie sueca con una primera temporada de sólo seis episodios que, basada en un caso real, nos habla de un grupo de cinco amigas, cuatro de ellas en sus 18 o 19 años, y la otra algo más joven, hermana de una de las anteriores, que tras una noche loca acumulan unas deudas que no saben como pagar. Aunque todas menos una pertenecen a familias pudientes, residentes en una de las ciudades dormitorio de mayor nivel en el área metropolitana de Estocolmo, no quiere que sus familias se enteren de esos y otros problemas que acumulan. Y para salir adelante, deciden comenzar a desvalijar algunas de las casas de su vecindario de familias con pastuza, aprovechando que conocen el percal. Pero claro, no son precisamente profesionales, opinen lo que opinen las despistadas policías que van tras ellas, y van dejando pistas y rastros por todas partes. Esta es una de esas series poco apreciada por los votantes de IMDb que, curiosamente, a mí me entretuvo bastante. Me parece bastante ágil y suelta en su desarrollo, las interpretaciones son razonables, y combina la acción derivada de la actividad delictiva de las chicas con la crítica con cierta dosis de mala leche hacia la alta burguesía sueca. Lo cual siempre tiene su punto de diversión. No porque sea sueca, sino porque es alta burguesía… que rima con hipocresía. Tiene pinta de prometer segunda temporada, que veré. Supongo.

[TV] Cosas de series; culebrones y musicales

Televisión

La reina del culebrón moderno, más o menos sensacionalista, generalmente bien hecho, y que oscila entre el guilty pleasure y producciones realmente interesantes es Shonda Rhymes. Hoy traigo dos series de su factoría, y un simpático musical de Apple TV.

Parece apropiado desplazarnos a Londres para ilustrar la entrada de hoy… y si no comprobad el contenido de la misma.

Grey’s Anatomy, de la factoría de Rhymes, que se puede seguir en Disney+, con diecinueve temporadas a cuestas, lleva 18 años en la cartelera televisiva, con audiencias elevadísimas en su país de origen. Sus primeras temporadas me parecieron interesantes, pero pronto se convirtió en un placer culpable que se me pegó como un chiclé y del que soy incapaz de deshacerme. Otras series han intentado situarse al mismo nivel de guiltypleasurismo, y han fracasado. Comentar el argumento y los detalles de la serie es un ejercicio banal, porque lleva demasiados años siendo más de lo mismo. Hoy en día con muchas dosis de lo políticamente correcto. Pero esta temporada ha sufrido muchos cambios en su reparto, con nuevas incorporaciones entre los médicos residentes, pero sobretodo con destacados abandonos, entre los que destaca el personaje que durante dieciocho temporadas y media ha sido su protagonista, Meredith Grey (Ellen Pompeo). De momento, la serie parece que no se ha visto afectada en sus audiencias, pero habrá que darle tiempo. Teniendo en cuenta que se había convertido en uno de los personajes que más me desagradaba de la serie… no creo que sea el desencadenante de mi abandono de una serie que hace tiempo que tendría que haber mandado a freír espárragos. Pero todos tenemos nuestras debilidades. A Pompeo se la acredita en los 420 episodios rodados de la serie, aunque en el último tramo de esta última temporada sólo actuaba como narradora.

Queen Charlotte: A Bridgerton Story es una derivada de una de las series de bandera de Netflix, Bridgerton, otra serie de Shondalandia. En su extraña y multirracial alta sociedad británica del salto entre los siglos XVIII y XIX, en la que hay personajes teóricamente reales, pero que se parecen a la realidad histórica como un huevo a un bicicleta, destaca la reina Carlota del Reino Unido (Golda Rosheuvel, adulta; India Amarteifio, adolescente), nacida Charlotte de Mecklenburg-Strelitz, duquesa alemana de uno de los muchos estados que constituía el Sacro Imperio Romano Germánico, en lo que hoy en día es el estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. En la serie, interpretada por sendas actrices británicas de ascendencia mixta africana (o de la diáspora africana) y europea. Con la curiosidad de que la madre de Amarteifio es de origen alemán. No voy a entrar en la ucronía de una sociedad multirracial que no fue. Es una ficción y ya está; si la quieres, la coges, y si no, la dejas. Al personaje real se le describía como «de mediana talla, tendiendo a alta, fina figura, buen andar, fino cuello y manos, cabellos castaños, cara redonda, ojos azules, boca más bien grande, labios rosa«, si tal cosa te interesa. La trama se desarrolla en paralelo en los años jóvenes de la reina, cuando siendo adolescente se casó con Jorge III, y ya madura cuando está desesperada porque sus muchos hijos no le dan nietos ni le aseguran el porvenir de la dinastía. Buena parte de la trama se sitúa en torno a la enfermedad de Jorge III, un trastorno mental grave de posible origen orgánico, porfiria o envenenamiento por arsénico se sitúan entre los posibles culpables, y que condicionó el matrimonio y el reinado. La cuestión está en que esta serie, de sólo seis episodios, me ha parecido mucho más interesante y menos placer culpable que el original del que deriva, con una trama bien hilvanada y con buenas interpretaciones, por encima de la serie principal. La considero muy visible. Salvo que seas un purista de la fidelidad a los hechos históricos, que hará que te retuerzas dolorosamente en el sillón mientras la contemplas… aunque ya digo que, en el ámbito en el que estamos, eso da igual.

Finalmente, Schmiggadoon!, la simpática comedia de situación musical de Apple TV, en la que una pareja resuelve sus problemas cuando se pierde y acaba llegando a lugares fantásticos inspirados por los musicales clásicos de Broadway. Si en la primera temporada salvaban su matrimonio cuando llegaban a Schmiggadoon, un trasunto de la mítica Brigadoon, en esta, Josh (Keegan-Michael Key) y Melissa (Cecily Strong) salen de su depresión por su incapacidad para concebir un hijo cuando buscando Schmiggadoon acaban llegando a Schmicago. Que sería el trasunto de Chicago, con insertos aquí y allí de Hair (hagamos un homenaje al recién fallecido Treat Williams, que interpretaba a un carismático personaje en aquella película de Milos Forman, que inspira alguno de los personajes de la segunda temporada de la serie que comentamos hoy). La serie sigue siendo simpática, pero en la segunda temporada pierde el efecto (agradable) sorpresa, y la trama no está tan conseguida y bien hilvanada como en la primera temporada. Desde mi punto de vista, pasa de ser muy interesante a normalita tirando a interesante. Aunque el público votante en IMDb parece pensar al contrario que yo, valorando más los episodios de esta segunda temporada que de la primera. Qué cosas.

[TV] Cosas de series; las series coreanas, en mi casa, tendencia a la baja

Televisión

Pues sí. Últimamente, las teleseries coreanas, los k-dramas, o como las queráis llamar, que durante unos años, muchas veces como placer inconfesable, tanto me han entretenido en los ratos tontos de los fines de semana, me llaman menos la atención. Me cuesta más encontrar series que me enganchen. Incluso hay algunas que he comenzado y se han quedado después de dos, tres o cuatro episodios colgadas, sin muchas ganas de retomarlas. En fin… cosas que pasan. Pero aun así tengo algunas que he visto y no he comentado todavía. Y como comprobaréis, son series de corta duración.

Taegbaegisa [택배기사, el repartidor], conocida internacionalmente como Black Knight es una drama de aventuras posapocalípticas. En seis episodios de 45 minutos, de producción por a para Netflix. Así que nada que ver con las tradicionales series de 16 episodios de 60 o 70 minutos de duración. El protagonista (Kim Woo-bin) es un repartidor de bienes imprescindibles para sobrevivir en una península de Corea de un mundo posapocalíptico, en el que el aire y el agua escasean, y la sociedad está fuertemente estratificada entre los privilegiados, los del montón y los parias refugiados. Tras unos asesinatos que incluyen a la hermana pequeña de una oficial del ejército/policía (Esom), ambos, junto con un refugiado (Kang You-Seok) tendrán que colaborar para descubrir a los culpables y cambiar la injusta realidad de este catastrófico mundo. Es uno más de los diversos intentos de los coreanos de jugar en las grandes ligas de la ciencia ficción, con buenas intenciones, pero con resultados que no siempre consiguen lo que buscan. A ratos se deja ver, a ratos cae en lo obvio, en lo trillado o en lo redundante. No acaban de dar con la fórmula después de producciones tan interesantes como cierta divertida película de aventuras espaciales, también con un trasfondo posapocalíptico.

Soundtrack #1, con el título original en inglés, es una serie surcoreana de cuatro episodios de 44 minutos de duración que se produjo por o para Disney+. Es una cosita muy simple y muy trillada. Dos jóvenes, pero ya plenamente adultos, chica (Han So-hee) y chico (Park Hyung-sik), que son amigos desde la infancia, desde hace 20 años, tienen que convivir durante unas semanas, en las que ella tiene que sacar adelante un importante encargo, ya que es letrista de canciones, y le ha surgido la ocasión de aportar la letra de una canción de un famoso y popular cantante. La cosa es que él está colado, perdidamente enamorado de ella, desde hace tiempo, mientras que ella se siente cómoda en el ámbito de la amistad. Hasta que la obligada convivencia haga tambalear los sentimientos de ambos, especialmente cuando terceras personas entre en juego en la relación. No es nada original, está llena de tópicos, pero están bien combinados. Y si a ello sumamos que la pareja protagonista es agradable, pues con sólo cuatro episodios es una serie cómoda de ver, de forma razonable, y sin que sea necesario siquiera ponerle el apelativo de guilty pleasure. Pero tampoco va más allá. La actriz protagonista ya me resultaba conocida de alguna serie anterior, alguno de ellas bastante interesante, y ya la tenía fichada como buena actriz.