Por si no os habías fijado, el reportaje del viaje a Hungría está enlazado en la columna lateral

Fotografía personal, Viajes

Hoy he estado un poco espesito, con una serie de historias, y no he he traído nada interesante a estas páginas. Pero quiero aprovechar para recordar que el enlace al diario de viaje a Hungría del que volví recientemente ha sido ya añadido hace unos días a la columna lateral del Cuaderno de ruta. Y por si no lo encontráis con facilidad, pues aquí está:

Hungría 2010

Espero que en los próximos días tenga algo más de tiempo y alguna cosa más o menos interesante que contaros. Me voy a descansar un ratito.

Isla Margit - Jugando con el frisbee

Jugando con el "frisbee" en las verdes praderas de isla Margit, Budapest (Hungría) - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Libro: Un relato policiaco

Literatura

Siempre me llevo algún libro de vacaciones. A veces los leo, a veces no. Depende de muchas cosas. En esta ocasión, me llevé dos, porque uno era muy cortito. Me pareció. Y así es. Es el único que en algún rato en desplazamientos me ha dado tiempo a leer. Lo encontré poco antes de salir de viaje en la librería Cálamo de Zaragoza. Una librería que me gusta mucho. Y lo elegí porque es de Imre Kertész, un autor húngaro, nobel de literatura en el año 2002, nacido en Budapest. Aunque ya veremos que no trata de Hungría. O sí. Según se mire.

Un relato policiaco
Imre Kertész
Acantilado; Barcelona 2007
ISBN: 9788496489851

El relato es contado por un policía secreto de un innombrado país latinoamericano, en primera persona. Un policía, que tras un golpe de estado militar, entra a formar parte de una unidad represora. Vamos. Es un torturador. Está detenido y va a ser ejecutado, pero aprovecha para contar la historia de Federico y Enrique Salinas, padre e hijo, el mayor un acomodado comerciante con cierta influencia en el país, el menor, un joven idealista que pudiéndose acomodar al régimen dictatorial, quiere cambiar las cosas. A partir de ahí, asistimos a cómo se forma la unidad represora, conocemos el carácter de sus componentes, y nos enteramos de en qué tristes circunstancias sus caminos se cruzan con los de los Salinas, y el triste destino que a estos les depara.

Esta breve historia, es una historia de los sinsentidos. Por nada tiene sentido. Ni la dictadura, ni el comportamiento de la unidad policial, ni el comportamiento de los Salinas, ni la investigación que sobre ellos recae,… Y cada cosa está derivada de lo anterior, y todo ello es un crítica acérrima de los vicios de los regímenes totalitarios.

Lo curioso también del libro es que fue publicado en su país natal en 1977, cuando todavía era una dura dictadura comunista. Parece ser que el hecho de que la acción del libro se sitúe en un país latinoamericano, lugar donde la mayor parte de las dictaduras han sido fascistas, permitió su publicación. Aunque es obvio que el interés del autor no era criticar aquellas lejanas dictaduras de república bananera sino la triste realidad de su país de origen.

Resumiendo, poco más de 100 páginas que se lee con facilidad, casi de un tirón, que nos pueden servir para conocer a este prestigioso autor húngaro.

Parlamento desde el Puente de las Cadenas

Visto desde la orilla de Buda del Puente de las Cadenas, al atardecer, se ve iluminada la figura del parlamento húngaro, lugar cuya finalidad se ve aplastada en caso de dictadura - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

Fin de viaje, de vuelta a casa

Viajes

Hoy hemos madrugado también. Teníamos que estar a las siete y media en el aeropuerto. Además, mi experiencia previa en este aeropuerto fue de filas horribles y caos. Luego todo ha sido tranquilo. Y un viaje tranquilo pero aburrido, con escala en Frankfurt, que es un aeropuerto odioso. Y hoy me lo ha parecido más todavía. Pero bueno. Es lo que hay que sufrir cuando uno se va por el mundo. Hasta la próxima.

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Muy animados los alrededores de Budapest a las siete de la mañana. Muy madrugadores estos húngaros.

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Y por lo menos, conforme nos acercábamos al aeropuerto, hemos visto la salida del sol... que siempre es bonito.

Finalmente, Pécs, capital europea de la cultura 2010,… con algunas paradojas

Viajes
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En nuestro último día de turismo, antes de las ocho de la mañana, en una fría pero luminosa mañana en Budapest, hemos cogido el intercity que nos llevará hasta Pécs, una de las capitales europeas de la cultura en 2010.

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La ciudad, o mejor dicho, el casco histórico es realmente bonito. Tiene las cosas que parece que son estándares en las ciudades húngaras de cierto postín. Por ejemplo, su sinagoga.

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O también, las estatuas correspondientes a los prohombres del lugar; aquí curiosamente resaltado con un gran espejo.

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Por supuesto, un pulcro y bonito ayuntamiento.

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Una novedad hasta la fecha en nuestra visita, es una mezquita de los tiempos de la dominación otomana, reconvertida en iglesia. Por cierto, que nos hemos enterado de algún rifirrafe en iglesia y ayuntamiento de Córdoba por la denominación de la mezquita reconvertida en catedral de la ciudad andaluza.

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Además de la estructura arquitectónica, han dejado un trocito de pared con la decoración original musulmana. Probablemente, como monumento sería mucho más interesante como resto arqueológico que tal como está como iglesia católica.

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Pero pasando ya a lo específico, es interesante la visita a los restos arqueológicos de una antigua necrópolis paleo-cristiana. El lugar está muy bien preparado para la visita, y bien explicado.

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No falta tampoco aquí la correspondiente basílica, de dudoso gusto arquitectónico.

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Y de interior notoriamente recargado.

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Después de comer, y tras callejear un poco, tocaba visitar alguno de los interesantes museos del lugar.

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El primero era el museo de arte moderno húngaro, pero en el emplazamiento, muy agradable, lo que había era una exposición, muy interesante sobre la Bauhaus en Hungría. Hay que recordar que uno de los mayores exponentes de esta escuela alemana fue el húngaro László Moholy-Nagy.

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Cómo me han recordado estas maquetas a la visita del año pasado a las casas de los maestros de Dessau.

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Mientras paseábamos en busca de otros museol nos hemos encontrado con el "putto souvenir"; después de los perros "harapientos" del otro día, cualquier cosa.

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También hay verjas para los candaditos del amor; pero no en puentes de forma espontánea, sino organizadas por el ayuntamiento. Así, no vale.

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El museo estrella y más recomendado es el Csontváry; al fin y al cabo, Picasso, que era un engreído, lo situaba a su altura como artista. Pero mira por donde, en las colaboraciones con otras capitales europeas de la cultura, las obras estaban prestadas a la ciudad de Estambul, así que,... a dos velas.

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Por fin hemos encontrado la nueva sede del museo húngaro de arte moderno; pero no había ninguna exposición permanente. Sólo algunas obras prestadas por los turcos. El intercambio, claro. Lo cierto es que salvo unas muy interesantes fotografías del fotógrafo Ara Güler... me parece que los húngaros han salido palmando en el intercambio.

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En fin, que poco a poco ha ido cayendo la tarde, nos hemos tomado una cerveza en una terraza con calefacción, y luego a la estación a esperar la salida de nuestro intercity, admirando algunas piezas ferroviarias húngaras, que no está claro si está bien que estén en funcionamiento, o si deberían estar en un museo.

Excursión a Esztergom; una basílica muy grande, un pueblo mono, un puente a Eslovaquia y poco más

Viajes
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Hoy hemos ido de excursión a Esztergom. Tal y como venía en la guía parecía un destino muy recomendable. Pero tampoco ha sido para tanto. Básicamente, visitar un basílica de tamaño monstruoso y mérito artístico dudoso, y poco más.

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No sé muy bien qué pretendían demostrar, pero todo es enorme en la basílica; los mosaicos, las pinturas, el altar, la cúpula,... y nada original. Todo copia de otros lugares.

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La ventaja, eso sí, que en un martes de octubre la afluencia de turistas es pequeña, y se visita con paz y tranquilidad.

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Lo mejor es subir los 421 escalones hasta la cúpula y admirar las vistas de la ciudad y del Danubio, que hace frontera en este punto con Eslovaquia.

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La basílica esta en una colina sobre la ciudad, donde también hay restos de un palacio fortificado, reconvertido en museo. Como es lunes, y en Europa los museos cierran los lunes, pues sólo lo hemos visto por fuera.

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Un paseo curioso es a otra colina más pequeña, en frente de la anterior, por un camino donde hay un vía crucis. Aunque la verdad es que nos han salido bastante menos de las 14 estaciones previstas.

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Al final del via crucis, el tradicional calvario, con una capilla, de San Matías, muy blanquita y muy mona, que estaban restaurando por dentro.

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Después, hemos decidido que la mejor vista del lugar no estaba en Esztergom, sino en el país de enfrente; en Eslovaquia. Así que hemos cruzado por el puente internacional, puente de María Valeria, para ver qué se veía.

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Nos ha hecho gracia encontrar un candado del amor, uno, prendido en las barandillas del puente, justo en el límite entre Eslovaquia (SR) y Hungría (MK). ¿Un amor internacional? Quién sabe. Luego al volver, hemos visto que en el otro lado también había otro. Pero con las inscripciones borradas. El rotulador no era indeleble. Y el tiempo no perdona. Que metafórico, ¿no? El caso es que después de los miles que vimos hace un mes en Colonia, todos ellos grabados y tan monos, estos intentos aislados nos han resultado "enternecedores".

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Finalmente, hemos confirmado que la vista desde Eslovaquia no estaba mal. Con Danubio y puente incluidos.

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Hay trenes cada hora que unen Esztergom con Budapest en ambos sentidos. Pero hemos descubierto con horror, que los 53 kilómetros de trayecto los hacen a paso de "canfranero". Quienes conozcan tan querido, venerable y obsoleto ferrocarril sabrán a qué me refiero. Así que hemos cogido el tren de las cinco y diez de la tarde, para ver si llegábamos a Budapest con luz crepuscular todavía, y no noche cerrada. Por hacer alguna foto nocturna maja.

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Pero no ha habido suerte. Si a la ida le ha costado una hora y veinte minutos hacer el recorrido, a la vuelta ha sido casi veinte minutos más. Por lo que cuando hemos llegado a las orillas del Danubio,... noche cerrada. Una pena, porque al salir de la estación de Nyugati todavía el cielo estaba azul, y nos ha costado llegar al lugar de la foto quince minutos. Justo los que ha tardado demás el tren en volver de Esztergom. En cualquier caso, con Kir Kiralylany, que todavía no sabemos si es una princesita, una especie de elfo, o un piterpán húngaro,... que las tres versiones tenemos. Mañana nos vamos a Pécs. Madrugando. Y volveremos ya cerca de las diez de la noche. Así que en la práctica, nos despedimos de Budapest. Si mañana llegamos tarde, os cuento lo de Pécs al día siguiente, "en diferido". Aaaaaadiós.

Nos hemos ido fuera de Budapest; pero los sitios, aunque bonitos, no me han inspirado mucho, fotográficamente hablando

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La cosa no pintaba muy bien. Unos vecinos de habitación, mejicanos, nos han despertado a hora intempestiva, poniendo la televisión a todo volumen. ¿Cómo sabemos que eran mejicanos? Ya digo que se oía perfectamente el contenido de la programación. En el comedor, al desayunar, los hemos localizado. Les hemos dicho lo que pasaba. Y entonces uno de ellos, ya mayor, ha respondido: "Y... ¿exactamente cuál es el problema?" Mi compañera de fatigas se ha desternillado la risa, y se ha hecho imposible la discusión. Así que hemos llegado prontísimo a la estación de Budapest-Nyugati, y hemos aprovechado para sacar billetes para dentro de dos días a Pécs. No hay mal que por bien no venga.

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Hemos cogido un moderno tren regional hasta Nagymaros-Visegrad. Lo más moderno en materia ferroviaria que hemos visto hasta ahora. Y cómodamente, remontando el curso del Danubio, hemos llegado hasta esta estación...

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... que está en la orilla equivocada del gran río europeo. Por lo que hemos tenido que coger un transbordador para ir donde nos interesaba. De lo más entretenido.

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Y aquí han comenzado los problemas fotográficos. Porque si uno coge vacaciones en otoño es porque piensa que la luz va a ser más suave, va a haber nubecitas, todo va a resultar fotográficamente mejor. Pero no. Como si fuese pleno verano. Luz durísima, brumilla por la inversión térmica del anticiclonazo,... una ruina. Y eso que el paisaje es notable desde la fortaleza de Visegrad. Pero no veáis que sudores para sacar algo de contraste en esta foto.

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Así que hemos visitado la fortaleza, que está bastante más ruinosa de lo que pensábamos. De hecho, sólo merece la pena subir por la vista de los meandros del Danubio.

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Hemos bajado de nuevo a la población, y nos hemos reído un rato con los perros "harapientos". Bueno. Acabo de mirar en el traductor de guguel. Ahí, en realidad, dice que el perro muerde. Vale.

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Hemos visitado a continuación el palacio real de la dinastía de los Anjou, que en realidad está muy, muy, muy reconstruido. Pero es razonablemente agradable de visitar. Aunque tampoco es para tirar cohetes.

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Así que hemos comido, y mientras esperábamos al autobús que nos iba a llevar al siguiente destino, hemos dado otra vuelta por el pueblo, que tiene cosas muy monas, aunque sus monumentos defrauden un poco.

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El siguiente destino ha sido Szentendre, una población próxima a Budapest, en la que se establecieron inmigrantes serbios hace unos siglos. Como atestiguan algunas inscripciones en serbo-croata con alfabeto cirílico.

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Los más mono que hemos visto ha sido un pequeña iglesia ortodoxa, en la que curiosamente estábamos solos. Curiosamente digo, porque el pueblo estaba lleno de turistas y no turistas pasando la tarde del domingo.

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Conseguir imágenes en las que no saliesen mil turistas, de los cuales la mitad japoneses, y otras mil tiendas de artesanía y recuerdos, es casi misión imposible. Pero todo se consigue con un poco de esfuerzo. Y además, aprovechando que han aparecido nubecillas, y que ya están llegando los colores del otoño. Más lo que esperábamos, aunque en dosis pequeñas.

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La otra cosa estupenda del lugar es el paseo a orillas el Danubio, ideal para relajarse, pasear, y desestresarse un poco.

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Allí hemos estado, tras tomarnos unas cervecitas, hasta que se ha ido poniendo el sol.

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Cuando íbamos hacia el tren de vuelta, hemos descubierto que todos los turistas se habían ido, y hemos disfrutado un poquito de la belleza de las calles del lugar, pero con pocos minutos de luz para volver a recorrer lo que un par de horas antes estaba imposible de gente.

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El viaje en el cercanías ha sido un poco accidentado, ya que había un tramo cortado al tráfico. Si llegamos a depender de las explicaciones de los empleados, aún estamos allí. Pero hemos optado por seguir a la multitud, y efectivamente hemos llegado a Budapest.

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Aunque ya la noche era cerrada, y con el cielo negro las fotos no quedan tan monas como cuando está azuladico, aún hemos tirado alguna al ostentoso parlamento húngaro. Y ya, la rutina de todos los días, cena, y chismes en el hotel, mientras aprovecho para escribir estas líneas. Mañana, más.

Mañana ferroviaria, mediodía ciudadano y tarde en la Isla Margarita

Viajes
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Hoy ha sido un día denso, que ha comenzado con una visita relámpago a los baños Széchenyi en el parque de Városliget, cerca del hotel; una pinta estupenda, pero hemos decidido que lo de bañarnos lo dejábamos para según como transcurriese el viaje.

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Hemos bajado paseando hasta Hösök Tere donde hay un inmenso monumento a las glorias magiares, con una colección de bigotudos de aire tremendo muy notable; y ahí hoy hemos dividido nuestras fuerzas, ante los distintos intereses de cada cual.

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Me cuesta resistirme al hecho de no visitar un museo del ferrocarril cuando hay alguno en las cercanías; y hay uno bien hermoso con algún material ordenadito, razonablemente conservado sin tirar cohetes, al aire libre.

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Pero también otro material, menos "ordenadito" y bastante cochambroso, amontonado en una playa de vías en el recinto del museo.

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Y por el contrario, algunas piezas en excelente estado, a cubierto para que no se estropeen; un poco de caos, pocas informaciones, pero una visita curiosa.

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Hacia el final de la mañana, habíamos quedado en Vörösmarty Ter, plaza muy céntrica, y final de trayecto de la primera línea de metro de Europa; muy pintoresca, con unos trenecillos muy cucos y muy cortitos, todos amarillos ellos.

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Tras averiguar si era posible hacer navegando el meandro del Danubio, que no es posible, hemos comido antes de iniciar un paseo por el centro de Pest; por ejemplo, admirando el estilo Secesión, una especie de modernismo austro-húngaro.

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O acercándonos a visitar la Gran Sinagoga, que estaba cerrada... como decía Vinicius de Moraes en su canción "porque hoy es sábado".

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O con la gran animación en Erzsébet Ter, con dinosaurio "de palillos" incluido.

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Sin olvidar la visita a la basílica de Szent István (San Estebán), delante de la cual este simpático muchacho obtenía música de algo que se parecía a una tapa de cacerola.

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Basílica que hemos visitado un poco de refilón, porque mientras los judíos descansan rigurosamente los sábados, a los católicos les da por casarse; y si es en un iglesia mona, pues mejor. Por cierto que el cura era muy gracioso por que cuando se dirigía a la novia lo hacía en riguroso húngaro, pero al novio, que se llamaba Ludovic, le hablaba en un perfecto francés. Boda multinacional.

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También hemos hecho risas con una chica muy simpática, de origen nacional desconocido, que se ha dedicado a hacer poses junto a la estatua de este barrigudo policía de otros tiempos.

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Luego nos hemos dirigido a ver de cerca el imponente parlamento húngaro, con lo que hemos decidido que estábamos cansados ya de calles y ruido.

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Así que nos hemos dirigido a la isla Margit (Margarita), un inmenso parque rodeado por el Danubio, gran zona verde donde te olvidas que estás prácticamente en el centro de una gran ciudad. Por ejemplo, mientras hecha una partida con el "frisbee"..

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O paseando entre las flores que rodean las praderas del parque.

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También viendo pasar los barcos mercantes del Danubio... que me parecen pocos en comparación con los que vimos hace unas semanas en el Rin a su paso por Colonia.

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Por supuesto, viendo ponerse el sol tras la colinas de Buda, al asomarnos al otro brazo del Danubio.

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O dejando paso a los numerosos corredores que aprovechan la pista de tartán que rodea la isla para su comodidad.

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Ya de regreso a las calles, una últimas fotos de la arquitectura moderna; poco más, puesto que en estas fechas, en cuanto se pone el sol, la noche cae con gran rapidez. Un paseo informativo a alguna estación de tren, buscar un restaurante acogedor para cenar, y ha tomar los chismitos al hotel mientras repasamos el día y aprovecho para escribir estas líneas. Hasta mañana.

Fundamentalmente, hemos paseado bajo el sol de Buda, y un ratito por el mercado central en Pest

Viajes
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Pues eso, fundamentalmente hemos paseado por Buda, la orilla derecha del Danubio; así, pronto por la mañana acompañados por el tráfico incesante de tranvías.

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Y como lo de subir a lo alto de la vieja ciudad es cansado, pues nos hemos cogido el bonito funicular que sube al Palacio.

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Espectacular palacio que domina toda la ciudad, hoy convertido en museo; el actual presidente de la república ocupa unas dependencias cercanas más modestas.

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Después nos hemos ido a visitar la colorida iglesia de Matías, el templo más característico de la capital húngara.

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Y hemos paseado por los bastiones de los pescadores, donde uno cetreros ofrecía a la gente, por dos módicos euros al cambio, un contacto con las rapaces; aunque alguna soplaba del susto que llevaba en el cuerpo.

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En toda esta zona alrededor de la iglesia y los bastiones, es donde más turistas hemos encontrado; todos haciendo fotos, unos hacia un lado...

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... otros hacia el otro.

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Después, justo antes y después de comer, el obligado paseo por las calles de Buda, tan coquetas, aseadas,... y con restos del pasado... aunque muy bien conservados. ¡Mono el "trabi! ¿Verdad?

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Hemos seguido por el Danubio corriente abajo; y hemos entrado en el vestíbulo de los baños del hotel Geller; yo ya estuve dentro hace 13 años. Ahora estamos valorando si merece la pena ir... vaya precios para un rato de piscina... porque lo que son los baños al aire libre, con la rasca que hace...

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Como nos pillaba a un paso, hemos pasado a Pest, y hemos visitado el bonito mercado central de la ciudad.

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Para depués, dando un paseo por esa orilla del Danubio,...

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...volver a Buda atravesando el Puente de las Cadenas,...

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... y llegar a tiempo de ver el espectacular parlamento húngaro iluminado por los últimos rayos de sol del atardecer. Luego se ha hecho de noche en pocos minutos. Dura poco el crepúsculo. Así que paseíllo, cenar, y a tomar unos chismitos en el hotel, donde escribo esto. Hasta mañana.

Hemos llegado a Budapest; pero lo de empezar a hacer turismo lo dejamos para mañana

Viajes
Avión que nos ha traido de Munich a Budapest-Ferihegy

Poco antes de las 18:30, un avioncillo de Lufthansa Regional operado por Augsburg Airlines, nos ha dejado en suelo húngaro.

Aeropuerto de Ferihegy

Aunque llevamos la misma hora que en España, la diferencia de meridiano hace que en el momento del aterrizaje en Budapest-Ferihegy, el ambiente fuera totalmente crepuscular.

Ferihegy (estación del aeropuerto)

De hecho, aunque los trámites aeroportuarios han sido muy ágiles, a lo que hemos llegado a la estación para coger el tren hacia Budapest, francamente, ya era de noche.

Ferihegy (estación del aeropuerto)

Mientras esperábamos nuestro tren, hemos visto pasar varios en sentido opusto; un poco destartalados nos han parecido. La cuestión se ha confirmado cuando ha llegado el nuestro.

Metro Oktogon

Ya en Budapest, hemos cogido el estupendo y antiguo metro de la línea más antigua de la capital húngara en Oktogon. Después de acomodarnos, hemos decidido cenar en el hotel, a precio bastante conveniente, y tomar unas cervezas mientras charrábamos y trasteábamos un poco en internet. Mañana, y los siguientes días, tiempo quedará para hacer turismo. Hay que tomarse las cosas con calma.

Vacaciones… en Hungría… espero que no demasiado tóxicas

Viajes

Estoy de vacaciones. Y me voy a escapar a Hungría unos días. Hotel en Budapest. Trenes o lo que sea para hacer excursiones a diversos lugares del país. Aunque eso sí, habremos de cuidar no acercarnos a la zona donde ayer se comunicó un derrame tóxico que supone un desastre humano y ecológico catastrófico. Pero creo que no será problema. Espero.

No es la primera vez que estoy en Budapest. Visité la capital húngara allá por el mes de agosto de 1997, en un viaje en el que también visitamos Praga y otras localidades checas y, brevemente, Viena. Cuando veo ahora las fotos de entonces,… me parecen lamentables.

Vista del Danubio desde Buda - Canon EOS 100, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Recuerdo que hizo calor. Que aunque es menos mona que Praga, nos gustó más. Nos sentimos más a gusto. Que las carreteras húngaras estaban llenas de camiones con los toldos rotulados como “Hungarocamion“, lo cual nos hizo gracia, y cómo acabamos bautizando como tales a las estupendas húngaras, todas ellas tan rubias, tan altas, tan monas, y subidas a unos taconazos y plataformas altas como andamios, que sospechábamos el tremendo trabajo para los servicios de urgencias traumatológicas de los hospitales de Budapest.

Un par de "hungarocamiones" en las calles de Budapest - Canon EOS 100, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Pero más que estas cuestiones, lo que más valoramos era la sensación de que se mezclaba en la ciudad por un lado la laboriosidad y por otro lado un cierto saber vivir sin demasiado estrés. En lineas generales la ciudad nos gustó, y por ello, ante la posibilidad de coger unos días en esta primera quincena de octubre, la opción de la capital húngara ha sido algo a considerar muy seriamente. Y allá nos vamos.

Es muy probable que durante estos días vaya contándoos como nos va, qué vemos o que vivencias tenemos. Así que permaneced al tanto a estas páginas. Si por algún motivo no puede ser, a la vuelta os lo cuento, respetando las fechas, como hice con el reciente viaje a Colonia.

Los baños Gellert son de los más bonitos de la capital húngara; en su momento, fueron muy conocidos en España por el rodaje en esta piscina interior de un anuncio de una marca muy conocida de yogures - Minox 35ML

Vuelven las rutinas, pero no el buen cine; a cambio, algo de buena televisión: Conspiracy (La solución final)

Cine, Televisión

Hasta cierto punto vuelve las rutinas. Es la primera semana de octubre. Definitivamente estamos en otoño, aunque hoy disfrutemos a las seis de la tarde de unos envidiables 24ºC. No es que hablemos de rutinas plenas. Al fin y al cabo, estoy de vacaciones. Me quedaban dos semanas. Y el jueves saldré de viaje por una semana. Ya os cuento mañana. Pero, poco a poco, las cosas de siempre están aquí de nuevo.

Por ejemplo, hoy es el primer martes de octubre. Eso quiere decir que vuelvo a jugar al tenis dos días a la semana. Si es que mi tendón de Aquiles lo permite; que lleva ya varios meses dándome la tabarra. Veremos. En cualquier caso, hoy me acercaré, dentro de un ratito, saludaré, diré aquí estoy, y si las cosas van bien jugaré un rato.

Otra de las rutinas semanales es ir al cine en lunes. Y el martes, en estas páginas comentar la película. No es que en verano no lo haga. Pero el día de la semana oscila más. Puede ser un martes, un jueves, rara vez un miércoles para evitar el relativo bullicio del día del espectador. Pero lo cierto es que, si se supone que con el otoño llega una temporada de estrenos, potencialmente interesantes, de momento estos brillan por su ausencia. Ayer, nos pegamos media hora mirando como idiotas la cartelera, para decidir que nos tomábamos unas cervezas charrábamos un rato y nos íbamos a casa. Un erial el cine actual.

Así que llegué por la tarde a casa relativamente pronto. Y me puse a ver algo que tenía por ahí grabado. Y os lo voy a contar. Como si fuese la película de todas la semanas. Aunque no sea lo mismo que ir a la oscuridad y a la gran pantalla de las salas de cine. No obstante, no es un largometraje realizado para la gran pantalla. Fue realizado para la televisión. Veamos.

Conspiracy (La solución final, 2001)

Uno de los episodios más horribles de la historia de la Segunda Guerra Mundial, y de la historia en general, fue el exterminio de judios, gitanos y otras minorías por parte de los nazis. Sin embargo, aunque el atropello que estas gentes sufrieron comenzó en los años 30, la decisión de aplicar toda la eficiencia de la ingeniería alemana a la tarea de exterminio fue algo que tardó en madurar, y la decisión y la planificación no se hizo realidad plenamente hasta 1942, cuando se convocó la Conferencia de Wannsee. Y esta coproducción británico-norteamericana de la BBC y la HBO, dirigida por Frank Pierson, nos cuenta precisamente esto. Lo que sucedió en aquella malhadada conferencia en uno de los lugares más bellos de Berlín.

Sinopsis

Adolf Eichmann (Stanley Tucci), el equivalente a un coronel de las SS, es el encargado de preparar una reunión de representantes de la administración civil, policial y militar de la Alemania nazi. Quince de ellos se van a reunir a orillas del lago de Wannsee en la capital alemana. Presenciamos cómo todo es detalladamente supervisado de forma precisa y perfecta. Pronto van llegando los distinto componentes de la reunión. El último de ellos, quien la presidirá, uno de los principales jerarcas de las SS, Reinhard Heydrich (Kenneth Branagh). Durante dos horas, se producirán las discusiones que llevarán a decidir no sólo qué se va a hacer con los judíos, algo que en realidad ya estaba decidido. Sino a quién se va a aplicar y el método.

Dirección y producción

En primer lugar hay que decir que la ambientación y la producción es absolutamente admirable. Esta es una de esas producciones donde se ve la mano y el estilo tanto de la BBC como de la HBO. Siempre cuidadas, pensadas hasta el último detalle. La realización es ligera, y presenta en algo más de hora y media con un gran ritmo y al mismo tiempo con rigor, lo que pudo ser la reunión. De las actas de la misma se conservó una copia a pesar de que había orden de destruirlas. Pero a pesar de ese conocimiento, también hay conciencia que no todo lo que se habló se reflejó en las mismas. Y ahí viene un esfuerzo dramatizador sobre cómo pudieron ser las discusiones que está meritoriamente conseguido, fuese como fuese la realidad.

Interpretación

Un grupo de actores británicos y norteamericanos, más o menos conocidos, pero todos ellos muy solventes dan vida a una serie de caracteres en los que están representados los principales vicios del régimen nazi. El fanatismo, el antisemitismo, por supuesto, la lucha por el poder, los celos interdepartamentales, la burocracia, el militarismo,… A los dos intérpretes mencionados se podrían mencionar todos los demás que se pueden ver en el enlace en IMDb que he puesto anteriormente. Quizá mencionar entre los más conocidos a Colin Firth (Wilhelm Stuckart) o a David Threlfall (Wilhelm Kritzinger). Pero en conjunto, el elenco es excelente.

Conclusiones

Aunque un producto obviamente realizado para televisión, se puede calificar como de cine de muy buena calidad. Interesará especialmente al amante del cine histórico, pero debería gustar a cualquiera que aprecie una buena dramatización y una buena interpretación. Tiene algo de teatro; tiene más de obra teatral adaptada al cine o televisión que otra cosa. Es ese tipo de producción. A mí me ha gustado. En principio no la voy a puntuar, porque no es una película habitual al uso de las que reseño por aquí. Pero supongo que si lo hiciera andaría cerca de las cuatro estrellas.

Memorial del Holocausto

Un joven se abre a la tarde sobre la estelas del Memorial del Holocausto en Berlín - Canon Digital IXUS 860IS

Libro: Las cosas que no nos dijimos

Literatura

Leí hace un tiempo una novela de Marc Lévy. En aquella ocasión en su idioma original, Sept jours pour une éternité… Una novela cuyo planteamiento me pareció interesante, que empezó muy bien, pero cuya historia luego se desinfló un poco, y al final me dejó un sabor agridulce. Me decepcionó un poco, quizá por las expectativas creadas por el buen comienzo. No obstante, he decidido darle una segunda oportunidad al autor francés, y leer otras de sus novelas, una más reciente.

Las cosas que no nos dijimos
Marc Lévy
Booket (Planeta); Barcelona, 2010
ISBN: 9788408094036

Al principio del libro conocemos en Nueva York a Julia, un mujer hija de un hombre de negocios acomodado, pero que vive distanciada de su padre, que se gana la vida como dibujante y animadora gráfica, y que está a punto de casarse con Adam, su novio, un buen tipo que la quiere, aunque en seguida se ve que es un tipo anodino, casi aburrido. Sin embargo, tres días antes de la boda, su padre tiene la ocurrencia de morirse. Y el funeral está previsto para la misma tarde que la boda. La cual habrá de retrasarse. Dos días después del funeral, Julia recibe una gran caja con una sorpresa. Un duplicado mecánico de su padre, cono todas sus memorias incluidas, con capacidad de razonar como si fuera la propia persona, y que le da seis días extras, para que ambos arreglen cuentas entre sí.

Como podéis ver, en un ámbito que se mueve entre el drama familiar y ciencia ficción, el autor nos ofrece un interesante planteamiento, que uno piensa se va a encaminar hacia una introspección entre padre e hija, a descubrir los motivos profundos de sus distanciamiento, y a plantearnos algunas cuestiones sobre las relaciones humanas. Pero decididamente, Lévy no es Ingmar Bergman. Y pronto la historia deriva, de forma casi sorprendente y bastante forzada a una historia romántica de amores perdidos y reencontrados. En algún momento, casi daría más para una comedia romántica que para un drama. Ya hace sospechar algo esta posible evolución, algunos caracteres tremendamente estereotipados que van apareciendo. El soso nuevo, el amigo íntimo gay, el vecino gruñón,… Y lo que ha de aparecer.

Nuevamente pues, una novela del mismo autor, aunque entretenida de leer y apta para pasar el rato, me vuelve a decepcionar, puesto que acaba siendo algo que no es, con un final relativamente previsible y sin más trascendencia. No sé que me dice que no es probable que le dé una tercera oportunidad.

Neptunbrunnen y Fernsehturm

Las calles del antiguo Berlín oriental son un escenario importante en la novela que nos ocupa hoy; en la fotografía la Fernsehturm que domina el paisaje urbano de esta parte de la ciudad - Panasonic Lumix LX3