Cuatro viajes, y alguna excursión en 2010

Fotografía personal, Viajes

Si ayer resumía la cotidianidad fotográfica en 12 meses del año 2010, hoy resumiré mis correrías por el mundo. Básicamente, han sido cuatro viajes al extranjero, que van desde casi un par de semanas de vacaciones en julio el más largo, hasta un fin de semana extendido en septiembre el más corto. En cualquier caso, han dado bastante materia fotográfica.

En el apartado local, no me he movido mucho por tierras hispanas salvo cuatro viajes en el día a Madrid, además de un día a la vuelta de Alsacia, y un par de escapadas a Barcelona. En algún momento hemos planificado como alternativa a alguno de los viajes al extranjero, algún recorrido por tierras hispanas. Pero ha habido un problema. Los transportes públicos en España, salvo las cercanías ferroviarias en algunas ciudades y los trenes de alta velocidad, son una porquería desde el punto de vista de quien viaja por placer. Y es muy difícil planificar un recorrido ágil sin llevar coche propio o alquilado. Y no nos ha apetecido conducir. Cosas que pasan. Así que para otra vez. Aunque dudo que esto se resuelva a corto plazo.

Pero vamos al resumen.

Semana Santa – Ámsterdam y otras ciudades holandesas:

¿Será la calle de perdición y lenocinio más estrecha del mundo?

Lugar de perdición, las estrechas calles del Barrio Rojo de Ámsterdam son visitadas en masa por los turistas que visitan la capital neerlandesa.

De Hortus - Mariposa

Probablemente, mi mejor fotografía de mariposas la tomé en 'De Hortus Botanicus' de Ámsterdam, en unas condiciones altamente desfavorables para este tipo de imágenes.

Niewe Kerk

Un vistoso arco iris nos saludó tras la Nieuwe Kerk de Delft, tras una fuerte tormenta.

Vacaciones estivales – Alsacia y algo más:

Ponts Couverts

En el límite sur de la Petite France se encuentran los vistosos 'pont couverts' de Estrasburgo.

Alegría en la baca del Land Rover

Nuestra visita a Baden-Baden se vio alterada por la victoria de la selección alemana de fútbol con la argentina en una de las eliminatorias de la Copa del Mundo de Fútbol, que en ese momento se celebraba en Sudáfrica.

Champ du Feu

Los frondosos bosques de los Vosgos se abren en las pistas de esquí del Champ de feu.

Escapada en septiembre – Colonia y alrededores:

Catedral - fachada

La magnifica fachada de la catedral de Colonia es probablemente el principal hito turístico de la ciudad, especialmente con la cálida luz del atardecer.

Love is only a four letter word (Hohenzollernbrücke)

Una iconoclasta frase en la calzada contrasta con el entusiasmo con el que los enamorados enganchan sus candados del amor en el puente Hohenzollern de Colonia.

Augustusburg - bosque

Tras un día de lluvia, pudimos visitar los frondosos bosques del parque del palacio Augustusburg en Brühl, en una mañana fresca y soleada.

Huyendo del Pilar – Hungría:

Parlamento desde el Puente de las Cadenas

Al fondo, tras la silueta de este apresurado húngaro, se levanta la mole del Parlamento en Budapest.

Isla Margit

Uno de los lugares que más nos gustó de Budapest fue la isla Margit, donde muchos habitantes de la ciudad acuden a mantenerse en forma.

Ayuntamiento

Con la luz de la tarde, se muestra en todo su esplendor la plaza principal de Pésc, capital europea de la cultura 2010.

Por Madrid de vez en cuando:

Memorial 11-M

Habiendo llegado con suficiente tiempo a la estación de Atocha, dediqué un momento en marzo a visitar el memorial a los atentados de los trenes de cercanías del 11-M, cuyo aniversario se celebró un par de días antes.

El hombre invisible

En mayo, y con un tiempo excelente, la plaza Mayor de Madrid se llena de animación callejera que busca entretener a los turistas, y librarles del peso de parte de su presupuesto de gastos para el viaje.

Isabel Muñoz en el Canal de Isabel II

La visita de julio la dediqué casi en exclusiva a las exposiciones de PhotoEspaña 2010, entre las que se encontraba una de Isabel Muñoz en el Canal de Isabel II.

Atardecer desde la terraza del Círculo

Uno de los momentos más agradables del año fue el ocaso desde la terraza del Círculo de Bellas Artes de Madrid, ya en el mes de diciembre.

Un par de visitas en Barcelona a los amigos:

Desconsuelo

Aprovechando el festivo en Huesca de San Lorenzo en agosto, me escapé a Barcelona, donde visitamos otra vez el MNAC, y apreciamos la sensualidad de la escultura modernista.

Ramblas

Ya en diciembre, en una nueva visita a la capital catalana, nos vimos obligados a cruzar las tumultuosas ramblas, donde algunos de los muchos mimos descansaban.

Recomendación musical:

Nadie puede dudar de que Frank Sinatra fue uno de los grandes cantantes populares del siglo XX. Y el más grande de los crooners. Pero su ego fue tan grande, al menos, como su fama. En 1967 grabó un disco absolutamente recomendable con el maestro Jobim. Pero claro, cuando fueron a bautizar el disco, se dio cuenta que su nombre artístico, Frank Sinatra, por el que lo conocemos todos, era mucho más corto que el de Antonio Carlos Jobim. Y eso no podía ser. Así que este disco, cuya audición recomiendo hoy, fue el único en el que apareció con su nombre completo. Y el disco se tituló, Francis Albert Sinatra & Antonio Carlos Jobim. Feliz año.

Recapitulando, una escapada a Colonia

Viajes

Pues eso. Que un pequeño resumen.

  1. Mientras se mantengan los horarios actuales de vuelo entre Zaragoza y Weeze (se pronuncia  más o menos vise, donde la v es labiodental, la i es larga, y la s es sonora), el viaje es bastante conveniente. Bien es cierto que la zona, salvo Colonia, no es de las de más interés turístico en Alemania, pero puede ser un principio de viaje para un recorrido más extenso. Pongamos el caso, que si pillamos una buena oferta a través de la página en internet de la DB (ferrocarriles alemanes), y eso es muy posible si planificamos con antelación, es más económico volar de Zaragoza a Weeze y luego en ferrocarril hasta Berlín, que desde Zaragoza a Madrid en AVE y luego volando a Berlín. El recorrido de tren es más largo, pero a veces se compensa con el hecho de que para volar a Berlín a precios razonables, que no necesariamente baratos, hay que hacer transbordo en otros aeropuertos alemanes.
  2. Colonia tiene interés, pero para un rato. Evidentemente, tanto la catedral como algunos de sus museos son de primer nivel, pero la ciudad está un poquito destartalada. Para una escapada como la nuestra, o si estás de paso, vale.
  3. Parece ser que conviene comprobar la coincidencia del viaje previsto con actividad en la Feria de Colonia. En nuestro caso, que no coincidía, el hotel ha presentado una buena relación calidad precio. La semana que viene, en plena efervescencia de la Photokina, los precios se pueden triplicar si es que quedan plazas libres. Hablamos de un hotel céntrico y muy bien comunicado.
  4. Es una pena que disponiendo sólo de dos días además del fin de semana, no pudiésemos ir de jueves a domingo en lugar de sábado a martes. Pero en estos momentos sólo hay vuelos en esta relación los martes, jueves y sábados. El problema es que los domingos, si lo que hay que visitar es una catedral, es un follón por las misas. Y también por la mayor afluencia de gente haciendo turismo. Y los lunes es el día de cierre por descanso semanal de la mayor parte de los museos y monumentos en Europa. Pero bueno, es lo que hay.
Hauptbahnhof

Un "regional-express" con destino a Aquisgrán entra en el andén número 9 de la "hauptbahnhof" (estación central) de Colonia, mientras esperamos a que minutos más tarde llegue el tren que nos llevará a Krefeld, camino del aeropuerto de Weeze - Panasonic Lumix LX3

Para finalizar, sólo me queda comentar los aspectos fotográficos. Que son fáciles. Este es el cuarto viaje que hago con el mismo equipo. Un equipo ligero que da una calidad buena. Como cámara principal, el 80% de las fotos, la Panasonic Lumix GF1 con el G 20mm f/1,7 ASPH (40mm equivalente en formato de 35mm) y el Leica DG Macro-Elmarti 45mm f/2,8 (90mm equivalente). Como cámara de respaldo, el 20% de las fotos, la Panasonic Lumix LX3. Esta la uso en situaciones como los viajes con equipaje por su ligereza, cuando necesito un gran angular ya que su objetivo es equivalente a un 24mm en el formato de 35mm, o cuando es inconveniente usar una cámara más grande. Esperemos que no suceda nunca, también en caso de avería de la cámara principal. A sensibilidades bajas, ambas cámaras ofrecen muy buena calidad de imagen. Pero cuando la luz falla y hay que subir en sensibilidad, la LX3 queda bastante rezagada por el ruido electrónico.

En días anteriores he publicado el diario de viaje. Como ya expliqué en vísperas del viaje, al ir ligero de equipaje no me he llevado el ordenador portátil, así que las entradas del diario las he subido «en diferido» aunque con la fecha de cuando sucedieron los acontecimientos relatados. Salvo la del día 14, que fue redactada ese mismo día ya en casa. El conjunto, y alguna otra entrada complementaria que escriba los próximos días, se puede consultar como:

https://carloscarreter.com/tag/colonia-2010

y dicho enlace se ha añadido a la sección de viajes en la columna lateral de esta página. He de decir, que he abierto un portal específico para los enlaces a mis reportajes de viaje en De viaje con la cámara al hombro V.2.1.

Horizonte urbano - Colonia

La silueta de Colonia se perfila al atardecer con el sol poniéndose justamente tras la estilizada mole de la catedral - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Algo de lluvia, para despedirnos de la Baja Renania

Viajes

A las siete de la mañana ya estábamos en Köln-Hansaring preparados para coger un S-bahn que nos llevase a la "hauptbanhof". Y a pesar de lo agradable que ha resultado el hotel, insisto en el ominoso aspecto de su edificio bajo según que luces.

Cuando echábamos una de las últimas miradas a la silueta de la catedral, un silencioso InterCity ha pasado camino de su parada de rigor en la principal estación de la ciudad.

Como hemos salido con tiempo de sobra, aunque sin paranoias, nos ha dado tiempo a dar un mini-paseo por la plaza frente a la estación, húmeda por la lluvia de la noche.

A horas tan tempranas, la mayor parte de los viajeros son las gentes que acuden a sus lugares de trabajo, con sus caras de sueño, y pocas conversaciones. En la estación de Krefeld hemos esperado nuestro transbordo.

Ya en la estación de Weeze, hemos dejado atrás al modesto automotor diesel de línea secundaria que sirve esta comarca. Por cierto, que su destino final es Cléveris, lugar de nacimiento de una de las esposas de Enrique VIII. La quinta, Ana de Cléveris, o Ana de Cleves como también se la conoce por influencia del francés. A esta le fue bien. No "perdió" la cabeza. Y hasta aquí hemos llegado con el reportaje de esta pequeña escapada alemana.

Un palacio cerrado, un puente hundido, una capital que ya no es capital, y por fin buena luz al atardecer en Colonia

Viajes

Hoy tocaba excursión a los alrededores de Colonia. Así que por la mañana, a la "hauptbanhof" a coger el tren. Y hemos dado la espalda a la catedral, y la hemos visto de forma un poco distorsionada.

En primer lugar, nos hemos dirigido a Brühl para ver el palacio de Augustusburg. Según su página en internet, están abierto todos los días. Pero no. Como la mayor parte de los museos y monumentos de Europa, los lunes cierra. Así que nos hemos quedado sin ver por dentro el modesto palacio neoclásico de los arzobispos de Colonia. Poco que envidiar a duques, príncipes y reyes.

Pero por lo menos los jardines están abiertos al público en general como un parque público de la ciudad. Y ha sido un paseo muy bonito y agradable. Gracias también al día soleado que ha salido.

Lo que más nos ha gustado ha sido la parte del parque que se encuentra asilvestrada. Un bosque fresco y frondoso, muy tupido y muy agradable.

Donde hemos molestado a algún que otro habitante. Como este bactracio que, dada la humedad del lugar, se encontraba como pez en el agua. Mejor, como rana en el agua, claro.

Y si en un bosque hay humedad, está protegido del sol y hay abundancia de humus,... pues setas en abundancia. Natural.

Como buen palacio neoclásico, no le falta su "orangerie". Aunque solo tenga un naranjo, con unas frutas más bien raquíticas.

Hemos dado un paseo tranquilo, antes de volver a la estación de tren, y hemos encontrado una coqueta iglesia protestante. Entre tanto catolicismo... que apuros habrán pasado estos. Va. Di que todos son parecidos.

La idea inicial era seguir en Bonn. Pero como quedaba mucho día, hemos llegado hasta Remagen donde, después de comer algo, hemos visitado los restos del famoso puente que fue tomado entero por los americanos en marzo de 1945. Hay una película al respecto. El puente, no obstante, se hundió días más tarde, y sólo quedan los pilares de entrada en cada ribera. Y en ellos, unos museos que recuerdan el lugar.

La idea inicial era seguir en Bonn. Pero como quedaba mucho día, hemos llegado hasta Remagen donde, después de comer algo, hemos visitado los restos del famoso puente que fue tomado entero por los americanos en marzo de 1945. Hay una película al respecto. El puente, no obstante, se hundió días más tarde, y sólo quedan los pilares de entrada en cada ribera. Y en ellos, unos museos que recuerdan el lugar.

El museo presenta un fresco histórico muy completo de los tiempos. Por ejemplo, hay estancias dedicadas a los campos de prisioneros para soldados alemanes rendidos, en los que también las pasaron canutas. O los padecimientos de los civiles conforme avanzaban los aliados y sufrían bombardeos más o menos indiscriminados cada vez más frecuentes.

Al otro lado del Rin se ven los pilares del lado opuesto. En esta región ya empiezan a aparecer algunos montes, y el paisaje del majestuoso río es más bonito.

Finalmente hemos llegado a Bonn, antigua capital federal alemana, hoy convertida en una ciudad de provincias más tras la unificación de las dos Alemanias. El monumento más característico, el Münster.

La figura por excelencia de Bonn es Ludwig van Beethoven. La partícula "van" denota el origen flamenco de su familia, aunque el compositor se consideraba plenamente alemán. En los nombres neerlandeses, la partícula "van" no denota nobleza como el "von" teutón.

En cualquier caso, la antigua capital federal es una ciudad muy agradable, con estupendos parques y jardines, como el Hofgarden, a espaldas de la universidad.

Hemos regresado a Colonia todavía con buena luz, el día ha cundido mucho. Así que hemos buscado nuevas vistas de la fachada de la catedral, intentando introducir algún elemento humano en la foto, para dar sensación de escala.

Y hemos aprovechado para recorrer algunos sitios con luz que ayer vimos grises por culpa del nublado. Como la torre de la emisora de televisión RTL que tiene su sede en Colonia.

La tarde tan agradable, induce a las efusiones de los enamorados. Incluso si por detrás asoma el penacho del casco de un adusto jinete prusiano.

En esta época del año hemos llegado casi al equinoccio de otoño. Y dado que las catedrales suelen tener su nave central orientada de este a oeste, con el ábside en oriente, el sol se ha puesto justo por detrás de la catedral vista desde la otra orilla del Rin. Quizá la luz para esta fotografía sea más adecuada más avanzado el otoño, o incluso en invierno, con la luz dando de lateral a la catedral y al puente.

Uno de los jinetes prusianos de los Hohenzollern, que vigilan las entradas del puente, se asoma por encima de uno de los numerosos Regional-Express que cruzan estas vías cotidianamente.

Los últimos rayos de sol iluminan con luz rojiza los modernos edificios de la otra orilla del Rin. Y con esto, a cenar, a tomarse una última Kölsch (cerveza propia del lugar) y a dormir, que mañana es día de regreso.

Pues Colonia… si le quitas la catedral y algún museo… igual decepciona un poco

Viajes

Hoy ha amanecido francamente nuboso sobre Colonia. El impresionante edificio del hotel Azimut, donde nos alojamos, aparece un poco ominoso con esta luz. Pero en su interior, los servicios son buenos y las habitaciones agradables.

Como es domingo, hay múltiples misas en la catedral. Así que antes de visitarla, nos damos una vuelta por el centro. La verdad es que nos defrauda un poco. Supongo que la gran destrucción sufrida por la ciudad en la Segunda Guerra Mundial hizo que se conservase poco de la ciudad de entonces. Queremos visitar el antiguo ayuntamiento, pero por motivos no explicados, justamente hoy, no abre.

Convencidos de que como a las once no hay programada ninguna misa, puede ser un buen momento para la visita a la catedral, allí nos dirigimos. Pero no. La misa de 10 es con toda la parafernalia del mundo, y un "gorila" con sayas nos impide firmemente el paso. Habrá que esperar mejor ocasión.

Aprovechamos el rato visitando el Museo Ludwig. Este museo de arte contemporáneo nos ha sido recomendado vivamente, y no nos defrauda. Tiene una colección muy interesante. Y además hay una exposición temporal de Roy Lichtenstein que nos gusta mucho. Son muy celosos en el tema de la prohibición de hacer fotos, y decidimos no arriesgar. Salvo en la librería donde pasamos un rato, y compramos algún pingo. Imanes para la nevera. Y postales de pinturas de Gerhard Richter.

También aprovechamos para comer en su restaurante, que es muy mono, y con pequeño trío musical que nos ameniza con musiquita de jazz y bossa nova. Nos ponemos al lado. Claro.

Por fin entramos a visitar la catedral, donde nos sentimos abrumados por la altura e inmensidad del edificio. Lo que no queda claro si se hizo así para mayor gloria de la deidad católica, o de los arzobispos, y príncipes electores del imperio al mismo tiempo, de Colonia. Que cosas nos pasan por ser unos escépticos.

También nos llama la atención que hay mucha gente joven que acuden al culto. En otros sitios, la gente de las velitas y esas cosas suelen ser mayores. Pero aquí no. Se ven padres con hijos, o gente relativamente joven en las capillas.

En las vidrieras del crucero que dan al sur, apreciamos las composiciones de Gerhard Richter, a quien hemos mencionado antes, para sustituir las que fueron destruidas durante la guerra, a pesar de que el templo quedó relativamente intacto.

Habiéndose puesto a llover al salir de la catedral, optamos por descansar un rato en el hotel. Después tomamos el metro, que se parece más a un tranvía subterráneo que a otra cosa, y nos dirigimos hacia la estación de Zoo/Flora. Buscamos un nuevo medio de transporte.

Se trata del telecabina que atraviesa el Rin, uniendo el parque zoológico con el Rheinpark, en la otra orilla. Hay mucho niños que con sus padres han aprovechado el domingo para visitar el zoo, y ahora vuelven a sus casas.

El chaparrón que cae mientras hacemos el viaje, nos impide disfrutar de las vistas... Lo que más nítido se ve es el puente que cruza por debajo de nosotros.

El paseo por el parque es muy agradable. Sólo echamos de menos que el trenecillo que circula por estas vías no esté en funcionamiento. Pero ya ha pasado la hora de actividad.

Llegamos hasta el Hohenzollernbrücke, donde tropezamos con un murete dedicado a homenajear a Michael Jackson... Ese friqui... Las cosas que leemos, nos ponen los pelos como escarpias. Lo borrega que es la gente. Es posible que le dedique al tema otra entrada. Como a los candaditos del amor que mencioné ayer.

De todos modos, el objetivo era contemplar una de las vistas más conocidas de la ciudad. Que resulta un poco tristona, a pesar de que ha dejado de llover, y las nubes no están tan tupidas.

Volvemos a cambiar de orilla, y en el paseo del Rin que la noche anterior tan animado estaba, en esta tarde de domingo apenas se ven pasar algunas personas. Después de pasear un rato, cenamos algo,... y hasta mañana.

Llegamos a Colonia, y como es sábado, hay mucho ambiente festivo

Viajes

Con un ligero retraso sin consecuencias, el vuelo de Ryanair llega al aeropuerto de Weeze y nos disponemos a trasladarnos a la estación de ferrocarril para comenzar el viaje hacia Colonia. Sol, buen tiempo.

En la estación central de Krefeld cambiamos de tren. Allí empezamos a encontrarnos grupos de mozos o mozas ataviados para lo que obviamente son despedidas de solteros o solteras, según corresponda. Parece que todos van a confluir en Colonia, donde comprobaremos que, efectivamente, en la tarde del sábado se llena de estos grupos.

Nos llevamos la grata sorpresa de que el hotel está junto a la estación de Köln-Hansaring, lo que va a facilitar mucho las comunicaciones con el mundo. Y además, dado que entre esta estación y la principal no hay ninguna otra, y ante lo improbable de coincidir con el revisor... pues que los desplazamientos al centro nos van a salir muy baratos.

Una vez instalados, rápidamente salimos a dar una vuelta, hay que aprovechar lo que queda de luz. Y desde la estación junto al hotel comprobamos la distancia, no mucha, que tenemos hasta el monumento más característico de la ciudad; su catedral.

Hay gran cantidad de gente en el entorno de la catedral, especialmente gracias a la buena tarde que hace. Mucho turista, claro, pero comprobamos que gran parte del turismo es nacional. De la nación alemana, quiero decir; salvo algún asiático despistado, parece que a esta altura de la temporada, el turismo extranjero es escaso. Mejor. Eso quiere decir que nos estamos ahorrando muchas multitudes.

Fotografíar una catedral, tan alta como esta, y con una plaza no muy grande frente a su fachada, no es cosa fácil. Pero hay que aprovechar la cálida luz del atardecer, y se hace lo que se puede.

Hoy no vamos a poder visitar el interior. Hay misa. Y nos damos cuenta de que al día siguiente va a ser complicado. Es domingo, y fiesta de guardar para los católicos. Veremos cuando encontramos un hueco. De momento, nos quedamos cariacontecidos ante la entrada, por este pequeño e intrascendente chasco.

Dirigimos nuestro paseo hacia el Hohenzollernbrücke, puente ferroviario de sextuple vía por el que constantemente están pasando trenes de pasajeros. Con dos pasos peatonales a cada lado del puente, hasta aquí ha llegado la moda de los candaditos del amor. Creo que les dedicaré una entrada en exclusiva un día de éstos.

Retrocedemos sobre nuestros pasos para dirigirnos al paseo a orillas del Rin, y de repente no nos dejan pasar. Un tipo simpático pero firme, nos dice que tenemos que circular por los laterales de una plazoleta a espaldas de la catedral y del museo Ludwig.

Pronto encontramos la causa. Esta plazoleta es, a su vez, el tejado del auditorio de la Filarmónica de Colonia. Y en ese momento están en concierto. Hay que evitar que las pisadas molesten a los espectadores.

Entre los jardines a orillas del Rin, han instalado pequeñas carpas donde se realizan actividades de inspiración en la cultura islámica. En algunas dan de comer, en otras, como en la imagen, se ofrecen muestras musicales de esta cultura. Desde lejos, nos pareció que cantaban flamenco. De verdad. No exagero.

A pesar de que la noche va cayendo, la buena temperatura hace que numerosos grupos de gente permanezcan en los jardines charrando y tomándose unas cervezas. Tienen que aprovechar los últimos días del verano.

Como es sábado, las calles están muy animadas. Nos parece curioso que algunos salgan a tomar unas cervezas vestidos con trajes tradicionales alemanes. No conseguimos saber si es que les gusta, o si pertenecían a algún grupo de algún tipo.

También las señoras, por supuesto. En fin. Que la noche cayó, y aunque nos tomamos algunos chismes entre las muy animadas calles de lo que suponemos que podemos considerar el casco viejo de la ciudad renana, para fotos no dio más de sí.

Algo de rugby y un hasta luego

Deporte, Viajes

Algo de rugby; el Tres Naciones decidido

Cuando escribí hace dos semanas la entrada sobre el actual torneo de las Tres Naciones de rugby, el tema principal fue el paso arrollador de Nueva Zelanda por el torneo, que hizo que a esas alturas y a falta de 3 partidos, fuese ya el ganador del mismo. En ese momento, por la dinámica del torneo, los All Blacks habían jugado cinco de los seis partidos disputados, y los habían ganado todos. Así que, eso estaba decidido, y parecía que la emoción del torneo estaba finiquitada.

Pero en rugby, nada está finiquitado de antemano. Y menos la emoción. Las dos siguientes jornadas iban a servir, con bastante probabilidad para decidir el segundo y el tercer y último puesto. Que no es banal en este mundillo. Y eran dos enfrentamientos entre Sudáfrica y Australia en tierras sudafricanas. El enfrentamiento en Australia se había saldado con victoria para los Wallabies. Pero los sudafricanos, con el honor tocado por el mal papel realizado hasta la fecha, tenían el factor campo a su favor en los enfrentamientos restantes. Si los Springboks ganaban los dos partidos, dependerían del último partido de los australianos contra los All Blacks y echar cuentas con los puntos bonus conseguidos. Si los australianos se llevaban alguno de los dos partidos, se aseguraban el segundo puesto.

Y no han defraudado. Dos partidos locos, dos partidos muy divertidos. Cuando el equipo que pierde un partido, también consigue más de 30 puntos y el punto bonus por más de cuatro ensayos, hay que imaginarse el festival de ataque que ha sido. Y eso sucedió en el primer partido. Una primera parte impresionante de los australianos que arrollaron a Sudáfrica, dio paso a una segunda parte de reacción springbok que les permitió ganar el partido, casi de forma holgada. 44 -31 fue el tanteo final. Ahí es nada.

Pero es que el segundo partido fue similar y, a la vez, más emocionante. Nueva escapada australiana en el marcador que llegaron a ir ganando por 6 – 31 en el minuto 25 de la primera parte, para que en el minuto 20 de la segunda parte los sudafricanos hubiesen remontado poniéndose por delante en el marcador 31-33. A partir de ahí el intercambio de golpes final favoreció a Australia, que anotó un ensayo más, culminando una apretadísimo 39-41. Además de los 8 ensayos que sumaron entre los dos equipos, hay que considerar que todos los lanzamientos a palos fueron anotados, tanto las transformaciones de los ensayos como los golpes de castigo. El último de estos para los australianos, pitado tras el minuto 79, y a 50 metros de los palos, supuso la victoria wallaby.

Muy divertido, todo muy divertido.

Castillo de Cardiff y Millenium Stadium

Tras el castillo de Cardiff asoma la estructura del Millenium Stadium, uno de los templos del rugby mundial, en este caso en el hemisferio norte, en Gales - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Un hasta luego

El hasta luego en realidad es hasta el martes por la tarde, día en el que estaré de vuelta de una escapadilla a Colonia. Han puesto un vuelo barato desde Zaragoza al aeropuerto de Weeze que está relativamente cerca de la ciudad renana. Puesto que los precios de los hoteles también parecen razonables, el conjunto de la escapada no sale nada mal. Y como vamos con equipaje ligero, maletita para llevar en cabina, he decidido dejarme el portatil en casa. Así que lo normal es que no actualice este Cuaderno de ruta con noticias del viaje hasta la vuelta. Probablemente, de regreso haga una crónica «en diferido» del viaje. Es decir, suba un diario con los acontecimientos del mismo y con la fecha en que sucedieron. Pero eso no se verá hasta el martes por la tarde-noche o el miércoles de la semana que viene.

Entre Francia y Alemania (pasarela internacional)

A principios de julio, cruzábamos el Rin entre Estrasburgo y Kehl; mañana quizá me asome de nuevo a este emblemático río en la ciudad de Colonia - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Inevitablemente, fútbol

Deporte, Política y sociedad

Pues eso; que aunque es un deporte que no me gusta, me aburre, que aunque la cultura popular que rodea a este espectáculo tampoco me gusta, siempre me ha parecido que tiene mucha caspa, al menos en este país, finalmente es prácticamente imposible sustraerse al fenómeno que en los últimos días nos ha rodeado por todas partes, informativamente hablando. Y lo que nos queda, por «culpa» de la victoria de la Selección Española de Fútbol.

Si habéis seguido mis andanzas en estas pasadas vacaciones, conoceréis cómo un partido de fútbol nos hizo atribularnos para encontrar la forma de ir a la estación de Baden-Baden a coger un tren, por la invasión de ciudadanos alegrándose de una victoria… en cuartos.

Esta alegría tan desbordada en un partido que no es en absoluto definitivo, que sólo es un paso más, me habla mucho de la necesidad que tiene la gente por sentirse feliz, por sentirse ilusionada, por agruparse en torno a algo. Y parece que no sólo sucede en Alemania. Que similares manifestaciones de alegría se dan en todos los países, incluso ante triunfos menores. Que se desborde la alegría ante la consecución de un campeonato,… pues normal. ¡Pero en un pase de eliminatoria…! Lo dicho, los tiempos deben ser más atribulados todavía de lo que nos parece, y la gente necesita cosas con las que ilusionarse.

Todos a las banderas y a los coches

Las gentes de Baden-Baden, locales y veraneantes, se subieron a los coches con sus banderas para celebrar la victoria de su selección sobre la de Argentina - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

Aficionados ante la Trinkhalle

Aficionados con banderas ante la Trinkhalle de Baden-Baden - Panasonic Lumix LX3

Y además no es la primera vez que me pilla un evento mundialístico estando de vacaciones. Hace cuatro años me encontraba en Londres cuando se celebró la final en Alemania entre las selecciones de Francia e Italia. Nosotros pasamos la mayor parte de la duración del partido comiendo pato laqueado en un restaurante chino cercano al Soho, pero cuando terminó todo, el partido y nuestra cena, no pudimos evitar vernos rodeados por la alegría de los numerosos italianos de vacaciones en la capital británica que invadieron las calles con sus cantos de celebración y sus banderas.

En el recién terminado campeonato, ninguno de los dos equipos ha hecho un papel especialmente destacable. En Francia, se ha convertido la mala actuación de su selección en un asunto de estado (¡!), mientras que en Italia están muy entretenidos haciendo legal la censura y dando los pasos adecuados para volver al fascismo bajo el «duce» Berlusconi.

Sic transit gloria mundi. Apliquémonos la lección.

Aficionados italianos celebrando la victoria de su selección en Charing Cross Street - Fujifilm Finepix F10

Como ya he dicho, el fútbol es un deporte que me aburre. Así que no he visto partidos de este mundial, salvo algo de un partido de Argentina al principio del todo, en casa de unos amigos, y porque no me quedó más remedio, y anoche que cambié un par de veces de canal para ver cómo iban las cosas.

La primera fue en algún momento cerca del final de la primera parte. Y lo que más me llamó la atención fue la violencia, a veces desaforada, con la que se comportaban los jugadores holandeses. Uno de ellos dio una patada directa, claramente intencional, en el pecho de un jugador español que me dejó absolutamente espantado. Y el árbitro le dejó seguir jugando. Después del descanso, la tónica siguió más o menos igual. Pero allí no pasaba nada realmente interesante. Se supone que el objetivo del juego es marcar goles. Pero cuando volví a cambiar de canal por aburrimiento y porque debido a una tormenta, la señal del satélite se recibía mal y no podía disfrutar de la transmisión en alta definición, se llevaban cerca de 70 minutos de juego y nada. Este deporte siempre me ha parecido muy rancio.

La segunda conexión fue cuando escuché al vecindario en su conjunto dar alaridos de alegría. Finalmente, tras 114 minutos de juego, según el cronómetro que aparecía en la esquina del televisor, la selección española había marcado un gol. Era obvio suponer, que dado lo que les cuesta conseguir este objetivo y puesto que sólo faltaban seis minutos de juego, la probabilidad de que el resultado se alterase era muy baja. Y así fue. Finalizó el partido, y España ha sido campeona por primera vez en su historia.

Mantuve la retransmisión y mientras miré en la Wikipedia las estadísticas del campeonato. Me choca que el vencedor del campeonato, sobre el cual muchos aseguran que es el equipo nacional que mejor juega en estos momentos al fútbol, ha metido ocho goles en siete partidos. Teniendo en cuenta que ha jugado alguna prórroga, prácticamente le cuesta 90 minutos meter un gol. Me parece escasísimo. Sin embargo, la derrotada Alemania, metió 16 goles en siete partidos. Es decir, consigue el objetivo del juego con una frecuencia que es en la práctica el doble que la campeona. Algo más por la ausencia de prórrogas.

Lo dicho. O yo soy muy cenutrio para entender este deporte, o es que realmente es un deporte muy rancio.

Luego vino ya la alegría desbordada, la emotividad, los periodistas deportivos intentado conseguir que los jugadores contestaban lo que ellos querían que contestasen a sus escasamente informativas preguntas, etc. Y un misterioso asunto sobre un pulpo que parece que estos días que he estado fuera ha ocupado portadas, y que incluso ya tiene su entrada en la Wikipedia. Evidentemente, lo de que el ser humano es un ser racional no deja de ser un humorismo, ¿verdad? Básicamente es un ser supersticioso.

Y bueno… se acabó el panem et circenses de turno. Hasta que llegue el siguiente. Mientras tanto, intentaremos «disfrutar» de las alertas por calor que se suceden en estos días en el Valle del Ebro.

Composición de Kandinski (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo)

En fin, ondeemos las banderas de nuestro país en homenaje a nuestra selección... ¡uy, que me parece que no es la de la imagen la que está en vigor ahora! ¡mecachis! (Composición de Wassily Kandiski en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo) - Panasonic Lumix LX3

En Baden-Baden, además de más calor, damnificados por los malditos mundiales

Viajes

La verdad es que la cosa se presagiaba; hoy que nos hemos ido a pasar el día a Baden-Baden, como los pijos de hace 100 años, el invierno en París y el verano en Baden-Baden, no hemos hecho más que ver coches ornamentados con los colores alemanes.

De hecho, por la tarde, en cuanto ha empezado el partido, nos hemos quedado solos por las calles; estaban todos en casa o en los bares viendo el partido ¡Vamos, que pocas diferencias hay con los españolitos!

Cuando ya faltaba poco para terminar el partido, nos hemos sentado en una terraza con unas paulaners, para ver cómo se lo pasaban los "tedeschi" cada vez que su selección metía un gol.

Y cuando han empezado ha salir a la calle con los coches, si se ponen así en cuartos que pasará si ganan la final, hemos empezado a temer alteraciones en el tránsito del transporte público, ¡y la estación está a cinco kilómetros del centro de la ciudad! Calcetinada a la vista.

Al final no ha sido tanto, y sólo hemos caminado como un 40% del trayecto; en ese momento han empezado a pasar autobuses, con frecuencia irregular y gran afluencia. Pero empecemos por el principio.

Hemos llegado por la mañana con el calor de estos días con el que ya empezamos a familiarizarnos; Baden-Baden estaba muy animada, con mercadillos, música al aire libre, actividades deportivas,... de todo.

Lo más mono del lugar es la Lichtentaler Allée, un camino con parques a su alrededor, que partiendo desde el casino, llega hasta un abadía; así que hemos empezado entrando en el vestíbulo del casino y echando un vistazo.

Por el camino, además de muchas otras cosas monas, hemos podido comprobar los "chabolos" que se gastan por aquí los pijos-pijos, cuando vienen a veranear a Baden-Baden.

La abadía de Lichtental no tiene gran cosa, pero como decía el poeta, no recuerdo cual pero alguno, lo importante es el camino; en este caso sin duda.

Después de volver al centro, y comer estupendamente con un servicio estupendo y en un sitio muy mono, como hacía mucho calor, se había nublado, se oían truenos,... vamos, cualquier cosa podía pasar, nos hemos ido a visitar el Museo Frieder Burda; éste es un museo de arte contemporáneo, cuyas salas de exposición se encuentran ocupadas en este momento por obras de Miró. No es mi favorito, pero dadas las circunstancias, no ha estado mal.

Como no se ha arrancado a llover, nos hemos ido a pasear por el casco viejo, con iglesias, estátuas, jardines, antiguas termas romanas, y la terraza junto a un castillo que no se visita porque es privado; el colmo de la casita de verano para pijos.

Como ha vuelto a salir el sol, y la luz estaba bonita, hemos paseado un ratito más por la Lichtentaler Allée, hasta que hemos comenzado nuestra odisea para intentar llegar a la estación antes de la salida del tren.

Lo hemos conseguido, y nos hemos relajado un poquito en los 40 minutos escasos que le ha costado al Intercity directo que nos ha traído a Estrasburgo; como hoy hemos terminado realmente cansados, nos hemos quedado en el hotel tomando algo, mientras charramos y escribo estas líneas.

Ya sabéis, otra forma de ver el día en las entradas de Fotos porque sí.

Ante el calor, un museo donde se está fresquito, y nos vamos a tomar un cerveza a Alemania

Viajes

Para empezar, hay que decir que hemos decidido visitar el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo que está realmente muy bien. Y sin embargo, no había casi nadie. Ante el calorazo, una excelente alternativa para pasar la mañana.

Había un exposición dedicada a Richard Deacon, un escultor británico de una de cuyas obras, sin saberlo, tomé hace poco una foto. Y no precisamente, cerca de Estrasburgo,… Mirad aquí… La gente de Zaragoza que guste de pasear por los parques a orillas del Ebro igual conoce el lugar.

Pero vamos a lo que estamos.

Gustavo Doré es una de las glorias locales en materia de pintura, y tiene dedicada una amplia sala, aunque su estilo desentona con el resto de la colección, más moderna, más contemporánea.

Un omnipresente pensador de Rodin nos recibe en las salas dedicadas al arte moderno.

Muchos adolescentes haciendo visita cultural al museo; y creo que no entendiendo muy bien el arte contemporáneo... ellos, tan jóvenes, y ya con tantos prejuicios.

Después de comer hemos descansado y a continuación hemos paseado por la parte más prusiana de la ciudad; curiosamente allí encontramos la patríotica Plaza de la República.

Hemos entrado a curiosear en la iglesia de Saint-Paul, donde un pastor protestante nos ha guiado en la visita al templo; y mientras, un organista tocaba, muy bien, uno de los dos órganos de la iglesia.

Conforme caía la tarde nos hemos dirigido al Rin, al Parque de las dos Riveras; en el lado francés una especie de parque de atracciones a medio gas languidecía por la escasez de público.

Aunque estamos todavía en Francia, un paseo que conduce hacia la pasarela peatonal internacional muestra las distancias relativas de los planetas del sistema solar respecto al sol, que se encontraría al principio de la pasarela,... ¡pero con los carteles en alemán!

Junto a la orilla del Rin en el lado francés, se estaba organizando un banquete; un grupo de jazz al más puro estilo Django Reinhardt ensayaban su repertorio, ¡y lo hacían de puta madre!

El punto medio en el Rin, donde a un lado está Francia y al otro, Alemania.

Kehl, la población en la orilla alemana, no parece tener nada de especial, pero es muy pulcra, con unos jardines estupendos y un aspecto envidiable de paz y tranquilidad; hemos disfrutado del paseo y de la cervecita.

La vuelta a Estrasburgo, en tren; total de la estación de Kehl a la de la capital alsaciana es un recorrido de apenas 10 minutos.

Después de cenar, hoy mal, hemos tenido mala suerte con el servicio, hemos paseado por los alrededores de la Plaza Gutenberg, donde unos portugueses disfrutaban montados y dando alaridos en un carrusel.

Por cierto, ya sabéis, más imágenes, de otro tipo, en Fotos porque sí.

Libro: La Alemania de Weimar

Literatura

Indudablemente, Alemania fue uno de los actores dominantes de la política y de la historia del mundo en la primera mitad del siglo XX. Protagonista de dos guerras mundiales, curiosamente es un país que no existió como tal hasta bien entrado el siglo XIX, cuando la belicosa Prusia unificó a todos los estados alemanes, salvo Austria y los cantones germanófonos de Suiza. Pero en el período de entreguerras hubo un período poco conocido, pero apasionante por muchos motivos que fue el régimen llamado la República de Weimar. Con este ensayo histórico, podremos aprender un poco más sobre este país, y probablemente más sobre todos nosotros.

La Alemania de Weimar: Presagio y tragedia
Eric D. Weitz
Turner, Madrid 2009
ISBN: 9788475068718

Reconozco que la historia de Alemania me fascina. Nunca existió como tal país hasta la creación del Deutches Reich, traducido incorrectamente como Imperio Alemán, en 1871. A partir ahora preferiremos la expresión Reich Alemán. Durante siglos existió el Sacro Imperio Romano Germánico, que en realidad fue más una unión de estados, muy diversos entre sí, con el denominador común de una relación directa o indirecta con los pueblos y la cultura germánica, que reconocían como cabeza visible a un emperador electo, y que sufrió muchas variaciones en su forma y contenidos entre el año 962 con la coronación de Otón I y su disolución en 1806 en las guerras napoleónicas. Sin embargo, entre 1871 y 1945, menos de un siglo, fue una potencia europea y mundial, actor principal en la I Guerra Mundial, y desencadenante absoluto de la II Guerra Mundial, poniendo en jaque el orden mundial.

El libro que nos ocupa analiza el estado que surge como consecuencia de la derrota en el primer conflicto bélico global, y de los procesos revolucionarios que acabaron con la monarquía de origen prusiano que gobernaba el país. Aunque formalmente parlamentario, el Reich Alemán de antes de 1919 difícilmente se podía considerar un régimen democrático, dados los amplios poderes que se reservaba el Kaiser, a la hora de nombrar gobierno o de tomar decisiones de gobierno. En 1919, aparece la que posteriormente se conoció como República de Weimar. El nombre oficial del país no se modificó, ni los alemanes de la época utilizaban dicho apelativo. Este deriva del hecho de que los trabajos de la asamblea constituyente se realizaron en la ciudad de Weimar, para evitar el difícil y conflictivo ambiente del Berlín de 1919. La elección de Weimar no fue al azar, ya que esta ciudad fue tradicionalmente una de las más cultivadas política, cultural y artísticamente del mundo germánico.

Bajo la Constitución de Weimar, el Reich Alemán se dotó de una de las constituciones más adelantadas en el reconocimiento de los derechos ciudadanos y sociales de las que existían en aquel momento, convirtiendo potencialmente al estado alemán en uno de los más democráticos.

Potencialmente. Todo terminó con la llegada al poder en 1933 de Adolf Hitler, que nunca derogó la Constitución de Weimar, pero que la despojó de todo contenido y sentido, creando un estado autoritario fascista de triste recuerdo.

Las secuelas y la desmoralización colectiva producidas por la guerra, la oposición de los extremismos de izquierda y derecha a la democracia, el rechazo de la derecha conservadora a las nuevas formas republicanas, la deslealtad de las iglesias luterana y católica, los tremendos altibajos en la economía que sucedieron, culminando con la terrible depresión que siguió al crack del 29, todos estos factores llevaron al derrumbe del régimen y a la catástrofe nazi. Todo ello se cuenta con todo detalle en el libro que nos ocupa.

Pero no sólo hubo cosas negativas en aquel período. Además del innegable adelanto que supuso el reconocimiento de los derechos sociales de los ciudadanos, algo que se extendería por toda la Europa Occidental después de 1945, creándose el llamado estado del bienestar, también fue un período de inmensa actividad cultural, artística y creativa. Términos como expresionismo, nueva objetividad, Bauhaus,… representan muchas de las inquietudes que surgieron y prosperaron en aquella época. El papel de las mujeres en las sociedad, en la cultura, en el trabajo y en la política, una nueva cultura sexual, la actividad física, los deportes, el aire libre, los espectáculos audiovisuales, la radio, la música,… todo fue nuevo y todo influyó en aquella contradictoria sociedad.

Todos esos elementos tienen su espacio en el libro que nos ocupa, y son tratados con bastante profundidad y abundancia de referencias. El capítulo final trata sobre el fin del régimen. El autor carga las tintas contra los sectores más conservadores de la sociedad, que se aliaron con la extrema derecha, dando lugar al régimen nazi. El partido nazi por sí sólo nunca consiguió la mayoría en ninguna elección. Necesitó la ayuda de otros sectores conservadores, de las iglesias, del ejército, para poder alzarse con el poder. Los partidos más partidarios de la república, la socialdemocracia o los moderados de centro cometieron muchos errores, pero el autor delimita bien las responsabilidades. En algunos puntos, a pesar de las notables diferencias sociales, culturales y económicas, me recuerda a algunos aspectos del final de la república en España. También fue el fascismo con la colaboración necesaria de las derechas conservadoras y la iglesia católica. Quizá venga bien leer estos ensayos. Quizá podríamos aprender algo.

No obstante, es difícil que el libro interese al lector general sin especial interés por los temas históricos. Quien se sienta interesado por ellos, disfrutará.

Stadthaus

El Stadthaus (ayuntamiento) de Weimar en la actualidad - Panasonic Lumix LX3

La cinta blanca (2009)

Cine

La cinta blanca (Das weisse Band – Eine deutsche Kindergeschichte, 2009), 16 de enero de 2010.

Esta es la tercera película que veo del director austriaco, nacido en Munich (Alemania)Michael Haneke. Y las dos anteriores me sorprendieron por su crudeza, especialmente por su violencia. Una violencia que no se ve, o se ve poco. Pero que no la hace menos dura. El filme, además, ha llegado con cierta aura de obra especial, de alto nivel; pero también de difícil digestión. Veamos lo que ha dado de sí.

El subtítulo de la película en el idioma original, el alemán, nos informa de que se trata de una historia para niños alemana. En el comienzo de la acción, nos situamos en el verano de 1913, en algún lugar de Alemania. El ambiente es absolutamente prusiano. Una comunidad rural que vive y trabaja dependiente de un terrateniente noble, el típico junker prusiano, siendo la otra gran influencia de la localidad un rígido y riguroso pastor luterano. Por ahí he leído que se trata de Eichwald, pero desconozco si es un lugar real o imaginario (existe un Eichwalde en el lander de Brandeburgo, que perteneció al reino de Prusia). La historia nos la cuenta en flashback, con voz de anciano, el que fue maestro del lugar en el momento de la acción, cuando tenía 31 años. En la comunidad, comienzan a producirse una serie de accidentes provocados. Nadie sabe quién puede haberlos cometido. Paralelamente, vamos conociendo las historias de los principales elementos activos de la comunidad. El tímido maestro y su incipiente enamoramiento con una tímida institutriz, apenas una adolescente. El médico viudo, que vive con una hija adolescente y un hijo pequeño, y mantiene una relación clandestina con la comadrona del lugar. El pastor protestante y el rigor con el maneja sus asuntos familiares. El cinismo y la falta de escrúpulos del administrador del noble. El noble, su mujer y sus hijos, y la farsa que supone su vida de cara al exterior. Una familia campesina, pobre, dependiente del capricho del noble para sobrevivir. En todos los hogares viven niños y adolescentes, que aparentemente viven sin alegría, y siempre parecen rondar los lugares donde suceden los accidentes.

La película está rodada en blanco y negro. Un blanco y negro de alta calidad, con una fotografía, una iluminación absolutamente ejemplar, de obligada visión para todo aficionado tanto a la cinematografía como a la fotografía tradicional. Paisajes luminosos en clave alta, interiores oscuros, en clave baja; una auténtica lección del uso de la imagen monocroma. La dirección es sobria, y pocas veces, como es habitual en el director, nos permite presenciar los actos violentos, tanto físicos como psicológicos o morales. Poco a poco, vamos descubriendo un mundo de hipocresía, de bajeza moral y personal, donde nada es lo que parece, donde nadie sostiene en su vida cotidiana los valores que se le atribuyen o de los que presume. Sólo la pareja conformada por el maestro y la institutriz arrojan un poco de luz ética sobre un desolador paisaje humano.

Al principio del filme, la voz en off, del maestro ya envejecido, nos avisa que lo que vamos a ver no es más que el preludio que nos permite comprender las barbaridades que más adelante se dieron en la historia de Alemania. Lo que claramente es una referencia al nazismo. Aunque creo que la idea del director no es centrarse en el nazismo sino en las «cualidades» que llevan a que de vez en cuando llevan al ser humano a lo peor, especialmente con sus semejantes.

La brillante realización está acompañada de sobrias interpretaciones de actores y actrices alemanes, y por lo tanto poco conocidos, pero que en su componen unos papeles excelentes. Los que más me han gustado han sido el maestro, Christian Friedel, el pastor protestante, Burghart Klaußner, la comadrona, Susanne Lothar, así como diversos personajes infantiles y adolescentes. Pero sin desmerecer al resto del extenso reparto.

Y ahora viene la parte más difícil. ¿Debo recomendar o no este filme? Lo cierto es que es un largometraje de difícil digestión, especialmente en un momento en el que la costumbre es tratar al espectador como tonto, dándole productos ya mascados y digeridos de antemano. Es un filme que utiliza profusamente las metáforas, y que exige del espectador una cierta comprensión de los períodos históricos y de las situaciones sociales de la Alemania de preguerras. Pero a pesar de ello, me atreveré a recomendarlos. Desde luego a los amantes al cine de autor, al cine como obra de arte, y al cine como forma de expresión de ideas sociales y políticas.

Y la nota que le pongo es:

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva:
****

La imagen, un lugar típico, similar al de la película.

Nubes de tormenta

La campiña de lo que fue la Pomerania prusiana, actualmente en Polonia, muy similar a la que se nos muestra en el filme - Fujifilm Finepix F10