Annie Leibovitz at Work

Fotografía, Literatura

At Work por Annie Leibovitz es uno de los regalos que recibí estas navidades. Un regalo inducido,… sugerido… pero regalo. Y acabo de terminar de leerlo. Porque a pesar de que parezca ser un libro de fotografías, en realidad es un libro sobre fotografía… con fotografías.

Y la verdad es que he disfrutado mucho de él… y lo haré en un futuro. En este momento he disfrutado de su lectura. Con un estilo sencillo y directo, la fotógrafa nos va relatando su forma de trabajar en cada etapa de su vida o en proyectos específicos, especialmente trascendentes. La fotógrafa es especialmente conocida por sus retratos, aunque ha trabajado también como reportera para varias publicaciones. En el enlace anterior a su artículo en Wikipedia encontraréis los detalles. Muchos de sus retratos conceptuales son famosos, incluso cuando la mayor parte del público desconoce quién es la autora de los mismos. Muchos de ellos han aparecido como portada o en reportajes de revistas de gran difusión.

No es un libro excesivamente técnico, aunque no deja de hablar del material con el que ha trabajado, el que le ha gustado más o el que le ha gustado menos. Pero sí que nos habla de sus preferencias sobre qué puntos de vista prefiere, qué tipos de iluminación, qué tipos de encuadre, cómo ha realizado muchas imágenes ensamblando varios fotogramas… etc.

Por poner un ejemplo, en un momento en el que vemos que en los reportajes se usa y se abusa de los grandes angulares relativamente extremos, ella nos habla de cómo en la actualidad no se siente a gusto con sus imágenes de los ochenta tomadas con un 24 mm… prefiere moverse con un 35 mm. La focal de reportaje clásica.

También nos habla de sus relación con las personas fotografíadas, y aunque se manifiesta muy considerada y respetuosa con todas ellas, choca la agilidad con la que comenta lo cómoda que se ha encontrado con actores y actrices, o profesionales de la danza o del deporte, gente profesional de su cuerpo y la expresión, mientras que narra con minuciosidad su experiencia con gente más distante como cierta reina británica u otros políticos.

En resumen, un libro muy interesante cuando te gusta y practicas aunque sea de forma infinitamente más modesata la fotografía.

Ahora seguiré disfrutando de él, puesto que está ilustrado con abundante material gráfico de la propia autora, y siempre es interesante aprender de las fotografías de los mejores.

En el libro aparece alguna imagen tomada a orillas del Sena… así que… pues yo también tengo imágenes a orillas del Sena… qué leches.

La novia tiene frio (2ª versión)

Novia asiática en sesión fotográfica a orillas del Sena - Panasonic Lumix LX3

La cabeza entre las nubes, de Susanna Tamaro

Literatura

Como siempre que me voy de vacaciones, en mi última escapada por Italia me llevé lectura relacionada directa o indirectamente con el destino. Y el libro elegido en esta ocasión ha sido una novelica de la escritoria italiana Susanna Tamaro, La cabeza entre las nubes (La testa tra le nuvole).

Hasta ahora, nunca había leído una obra de la escritora ni tenía muchas referencias a parte de saber que se trata de una de las figuras más destacadas de la literatura italiana actual. Así que sin muchos prejuicios me dispuse a leer la que fue la primera novela publicada por la autora.

La novela es la historia de un adolescente, que vive cómodamente con su abuela, sin padres, y que a partir de un accidente sale en una fuga por el mundo en la que le pasarán diversas peripecias. Estas peripecias me han recordado de alguna forma al Pinocchio de Collodi. Un alma relativamente nueva, sin maltratar por la vida, sale al mundo y se va encontrando con una serie de personajes entre la picaresca y los surrealista que van conformando su propio carácter.

La escritura es ágil, fácil de leer pero no simple. La limitada extensión de la obra hace que sea adecuada para un viaje corto.

Lo que pasa es que tras un comienzo muy animado, la historia no ha acabado de agarrarme. Las peripecias me han parecido progresivamente menos interesantes, hasta llegar a una conclusión que no sé muy bien si tiene que ver con lo que ha antecedido.

En fin, quizá tenga que plantearmente volver a probar con otra obra de la autora, más madura… o simplemente dedicarme a otros autores. Que ha mucho que leer en el mundo.

La imagen de hoy, cómo no, de la Roma en la que pasan algunas de las peripecias del protagonista.

Tiber

El Tíber desde el Ponte Sant'Angello - Canon EOS 40D; EF 28/1,8 USM (composición de tres fotogramas)

Caballería roja, de Isaak Babel

Historia, Literatura

Hay guerras que se llevan todos los titulares y hay guerras que pasan desapercibidas y son olvidadas. Esto sucede hoy en día, en el que hay guerras que son prácticamente televisadas en directo, mientras tremendos conflictos armados son olvidados y quedan enquistados en las sociedades que los padecen.

Todo el mundo sabe de la I Guerra Mundial; pero pocos saben que las actividades bélicas no terminaron con la armisticio solicitado por los imperios centrales. Varios focos bélicos quedaron durante varios años, y una inestabilidad general se mantuvo, lo cual acabaría abocando al tremendo conflicto de la II Guerra Mundial.

Una de las situaciones bélicas poco conocidas en los países de la Europa Occidental derivó de la caída del Imperio Ruso, la subida al poder de los soviets y la (re)creación de Polonia como país independiente tras más de un siglo de reparto de sus territorios y su población entre los imperios ruso, alemán y austriaco.

El Imperio Ruso fue sustituido por la hoy extinta Unión Soviética, quedando sumida al final del conflicto mundial en una sangrienta guerra civil entre el Ejército Rojo y los rusos blancos, partidarios de la monarquía o simplemente contrarios a los bolcheviques. Conforme se fueron imponiendo estos últimos, entraron en colisión con el nuevo estado polaco. Los polacos ambicionaban recuperar todos los territorios al este de su indefinida frontera oriental que les pertenecieron antes de los repartos del siglo XVIII. Los soviéticos, por su parte, deseaban recuperar las fronteras occidentales del Imperio Ruso, previas a la ofensiva alemana de 1914 y a los desastres de Tannenberg y los Lagos Masurianos., y especialmente de la ofensiva de Gorlice. La imprecisión de los límites nacionales en el nefasto Tratado de Versalles colaboró a desencadenar las hostilidades.

La lucha fue dura y cruel, y así queda reflejado en el conjunto de relatos cortos de Isaak Babel publicados bajo el título de Caballería Roja. El autor, un ruso de origen judío, fue adscrito al célebre Primer Ejército de Caballería del general Budyonny. Probablemente, esta fue una de las últimas guerras en las que la caballería tradicional tuvo alguna influencia. El conjunto de relatos tiene un estilo directo, con descripciones de ambientes y situaciones crudas. Babel está representado por Liutov, uno de los personajes que actúa como observador en la mayor parte de las ocasiones, pero también como actor en alguno de los relatos. Oscila entre descripciones una vez de la crueldad de la guerra, otras de la miseria del ser humano, a veces del heroísmo, y en ocasiones de la comicidad y ridiculez del comportamiento de los hombres y mujeres. No siempre es fácil de leer. Desde luego, se atragantó en las mentalidades de los rígidos dirigentes soviéticos. Babel se ganó nos pocos enemigos y acabo muriendo en las purgas estalinistas en 1940. El libro termina con algunos extractos de los Diarios de 1920 del propio escritor, que son la base para los relatos cortos de Caballería Roja.

La guerra polaco-soviética, en principio favorable a los bolcheviques bajo el empuje de la caballería de Budyonny, cambió de tornas en la batalla de Varsovia, donde el mejor conocimiento del terreno y una mejor preparación táctica concedieron una victoria decisiva a los modestos polacos, que siguió de la retirada soviética, y permitió la supervivencia de Polonia como estado hasta 1939.

En resumen, un libro muy interesante que nos permite acercarnos por un lado a una literatura muy desconocida para los europeos occidentales en general y para los españolitos en particular, y por otro lado a un período histórico cuya herencia tanto condicionó la Europa del siglo XX e incluso la Europa actual.

Caballería roja. Diario de 1920. Isaak Babel
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
ISBN: 9788497593250
Colección: CONTEMPORANEA DEBOLSILLO
Nº Edición:1ª 
Año de edición:2003
Plaza edición: BARCELONA 

La imagen de hoy, una vista de Varsovia hacia el Vístula y su orilla oriental donde se desarrolló la decisiva batalla que salvó al estado polaco.

Tras los edificio feos esta el Stare Miasto (Ciudad vieja)

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Lecturas de vacaciones; algo serio y algo «menos serio»

Literatura

Siempre las vacaciones son un buen momento para leer. Incluso cuando uno se va de viaje con el correspondiente ajetreo de los desplazamientos y las visitas, es posible encontrar momentos para enfrascarse en la lectura de buenos libros.

Es mi costumbre llevarme dos libros a los viajes, en formato de bolsillo, y al menos uno de ellos procuro que esté relacionado de alguna forma, directa o indirectamente, con el destino del viaje. Con esta filosofía, a mi reciente viaje por Munich y alrededores me he llevado un clásico del siglo XX de la literatura alemana. No es otro que Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque. Como segunda opción, he optado por algo menos trascendente, en concreto El restaurante del fin del mundo de Douglas Adams.

Hacía tiempo que quería leer algo de Remarque, de quien conocía su obra por las adaptaciones al cine de algunas de sus novelas. En concreto, la interesante Tiempo de amar, tiempo de morir (el título original de la novela es Tiempo de vivir, tiempo de morir, pero ya se sabe que las cosas del cine…), la floja adaptación Arco de triunfo, y la más que interesante y temprana adaptación Sin novedad en el frente. Me encontré en una librería una versión de bolsillo de esta última novela, y me dije… «para el viaje a Munich».

No diré otra cosa más que me la merendé en el viaje de ida. En un día. Es una novela poco extensa, que con gran acierto va narrando diversos episodios en la vida de un soldado reservista alemán de apenas 20 años cuando comienza el relato, durante la Primera Guerra Mundial. El estilo es directo y claro tanto en la narración de la acción como en las descripciones de las personas y los ambientes. Pero sobretodo, es claro y directo en sus opiniones y en sus sentimientos puestos en boca del soldado protagonista. Remarque participó también como soldado en esa contienda, y se ve que sabe de lo que escribe. La novela es una de las piezas fundamentales de la literatura antibelicista, ya que expone sin ambages el sinsentido de la guerra. Pero también es una obrá básicamente antimilitarista, al describir la deshumanización y la alienación del soldado en una estructura, la militar, donde todo lleva a la eliminación de la personalidad del individuo que si no no podría enfrentar la idea de la muerte en un acto tan absurdo e irracional como la guerra. Después de leerlo, creo que es un imprescindible. Absolutamente recomendable.

El otro libro, al que le dediqué algunos ratos esporádicos del resto de las vacaciones, es la continuación de la acción narrada en La guía del autoestopista galáctico. No sé muy bien porque la elegi, porque la obra original que continúa me divirtió pero no me entusiasmó. Siempre he bordeado el friquismo en los temas de ciencia ficción, pero siempre he conservado un punto de escepticismo y de racionalidad que me ha impedido caer en «el vicio». Reconozco que el cachondeo sobre los vogones, el 42, o el campo de improbabilidad me divierten mucho… y que quedé enamorado de Trillian en su adaptación cinematográfica… pero, tampoco esta novela nunca me pareció para tanto (la película me parece incluso bastante fallida).

La cuestión es que, tal vez por las bajas expectativas, esta continuación me ha parecido divertida y entretenida. No entraré en mucho detalle. Humor absurdo basado sobre diversas teorías científicas reales o hipotéticas, que sirve al interés del autor por criticar los comportamientos más estandarizados de la especie humana, y en especial de eso que se ha dado en llamar «la clase media». Bueno. Para los que gusten de un poco de ciencia ficción entretenida, recomendable. Los que no, que lean otra cosa.

La imagen de hoy, una belicosa escultura en la Frauenkirche de Munich, Alemania.

Frauenkirche

(Pentax K10D, SMC-DA 40/2,8)

Los desconocidos traductores; a propósito de Matilde Horne

Literatura

Leí ayer en Papel en blanco la noticia del fallecimiento de Matilde Horne. Hasta ayer, yo no recordaba quién era Matilde Horne; seguro que lo he sabido alguna vez. Pero fue un conocimiento de esos que no perduran en la memoria más allá de unos minutos,… o segundos. Con frecuencia, cuando leo un libro de un autor extranjero me voy a las primeras páginas y miro a ver quién es el traductor. La mayor parte de las veces desconozco quién es, y se me olvida. Matilde Horne, una argentina exiliada por motivos políticos, tradujo en colaboración con Minotauro algunas importantes obras de fantasía y ciencia ficción.

Dicho todo lo anterior, hace muchos años tomé conciencia de la importancia de los traductor. Puede parecer anecdótico, pero estaba escuchando la radio mientras trabajaba en un mañana allá por 1995, y un grupo de contertulios radiofónicos hablaban de El Perich, humorista gráfico realmente gracioso, que acababa de fallecer. Y uno de los datos que me sorprendió fue que este humorista catalán era el responsable de traducir los álbumes de Astérix al español. Esta es una de las tareas más difíciles que se me ocurren en este campo. Los chistes, las bromas, en los distintos idiomas, suelen tener un carácter localista que hace que dejen de tener gracia en la traducción. Hay que ser un artista para conseguir mantener la frescura y la gracia como conseguía El Perich. Yo, que he leído los álbumes del pequeño galo en los dos idiomas, he conseguido reirme igualmente en ambos.

Desde entonces, aumentó mucho mi respeto por la profesión de traductor. Son personas que aunque no puedan estar al mismo nivel que el autor original puesto que no intervienen en el proceso creativo de la obra en sí misma, deben y muchas veces consiguen transmitir el nivel literario de la obra original. No sólo tienen que ser competentes en la mera traducción, sino que deben ser capaces de expresarse por escrito a niveles muy altos en el idioma que les es propio. Muy difícil. Mucho.

Matilde Horne ha muerto estos días. Probablemente, la noticia de su fallecimiento ha tenido cierta repercusión al ser la traductora de las dos últimas partes de El Señor de los Anillos, obra de mayor impacto mediático de las que tradujo al español. También por la cicatería de Editorial Planeta, que compró Minotauro y los derechos sobre sus obras, que no pasaba nada por los derechos de traducción, aprovechándo las lagunas documentales y legales que había provocado el anterior propietario. Y todo eso a pesar de los pingües beneficios que saca de las obras de Tolkien. Compró los derechos muy poco antes de estrenarse la primera película, lo que hizo que se multiplicaran las ventas de la obra literaria. No diré más.

Así que yo he leído «la obra de Horne«. Y no sólo durante las aventuras de Frodo y compañía. También con las de El Invencible de Stanislav Lem. Y cómo no, con la bella Solaris, también del escritor polaco. Y alguna otra en la que ahora no caigo, y que estará por ahí.

Ayer estuve viendo en vídeo Casanova, que es una película más bien flojita, pero en la que sale Venecia. Así que no me puedo aguantar. Hay va un rinconcito de la ciudad en la laguna.

Rincón soleado

(Pentax K10D; SMC-A 50/2)

Nuevos académicos y reconocimientos a las más modernas artes

Cine, Fotografía, Literatura

Esta semana nos llega la noticia de que José Luis Borau, maño como yo mismo, director y guionista cinematográfico, ha sido elegido para ser académico de la Real Academia Española, órgano responsable de velar por la calidad del idioma castellano o español en este lado del Atlántico. Se sentará en el sumamente adecuado por su apellido sillón «B mayúscula». Por otro lado, también me llegan noticias de que Publio López-Mondéjar (manda narices que no tiene artículo en la Wikipedia), fotógrafo e historiador de la fotografía, ha sido nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Me honra tener en mi biblioteca su Historia de la Fotografía Española.

Si me parecen notables estas noticias, es sobre todo porque tanto el cine como la fotografía son dos artes que también son espectáculo o mero entretenimiento, y por lo tanto no está en el pensamiento colectivo su naturaleza de artes.

El cine sí que ha sido llamado en ocasiones el séptimo arte; pero la naturaleza del cine moderno, más puesto al servicio del espectáculo, del pim-pam-pum de los efectos especiales, que al de la expresión artística de ideas, sentimientos y sensaciones, hace que lo del séptimo arte corresponda más a tiempos pasados, de películas en blanco y negro, que a casi nadie interesa hoy. Con el nombramiento de Borau, que sucede al fallecimiento de Fernando Fernán Gómez, la RAE mantiene el reconocimiento del cine como expresión artística literaria y como elemento difusor y condicionador del idioma. Me parece bien. Hace pocos días, con motivo del fallecimiento de Azcona, ya señalaba la importancia del guion en la obra cinematográfica. No en vano, los norteamericanos denominan al guionista como writer, escritor. El guion no deja de ser una obra literaria. Pues que siga esta representación muchos años. Por cierto, que a Rafael Azcona le propusieron en su momento ser académico de la RAE; pero en su modestia rechazó el honor. Una pena. Quizá fue quien más se lo mereció.

Respecto a la fotografía, su reconocimiento como disciplina artística aún es más ignorada por el público en general. Es curioso que en un momento en el que el advenimiento y la popularización de la fotografía digital hace que se esté realizando más fotografías que nunca, tengo la impresión que hay menos gente todavía que considera que este medio de expresión puede ser un arte. Un arte que está en crisis, por que un cambio en el paradigma tecnológico necesariamente afecta al concepto de la obra artística. En cualquier caso, la acogida por parte de la Academia de Bellas Artes de un fotógrafo, y especialmente uno que tanto ha contribuido a poner orden en la maltrecha historia de la fotografía española. Dada mi afición a la fotografía, con la que os machaco en cada entrada de este Cuaderno de Ruta, este nombramiento me pone especialmente contento. Bien es cierto que yo mismo no me atrevo a asignarme la etiqueta de «artista». Me conformaré con ser un modesto «artesano» aficionado.

La imagen de hoy, tomada en el interior de la Sagrada Familia de Barcelona, espero que sea metafórica del ascenso de las artes audiovisuales.

Ascensor y sol

 

(Pentax K10D; SMC-A 50/2)

Vía: ElPaís.com

Vía: Acerca de la fotografía. Técnica, estética y opinión

…y Arthur C. Clarke nunca más hará volar nuestra imaginación

Ciencia, Cine, Literatura

Se dice que las gentes del cine nunca mueren solas. Que siempre se van al otro barrio en compañía. Claro, que Arthur C. Clarke trasciende y mucho al mundo del cine. El guionista y creador de la idea original de 2001: Una odisea del espacio, falleció ayer en Sri Lanka. Ya era mayor. 90 años.

Yo lo descubrí a propósito de la afamada película de ciencia ficción de Stanley Kubrick. Siendo todavía un adolescente, recuerdo las impactantes imágenes en las que descubría una nueva forma de ver el mundo. Un mundo que trascendía los límites de la bioesfera terrestre para introducirse en el frío espacio que interconecta los diversos astros. Es curioso, pero en un momento en el que las computadoras se veían como algo lejano y especializado, el miedo a que se volvieran locas como el esquizofrénico HAL-9000 no ha impedido que hayamos adoptado a estas máquinas como un elemento imprescindible en nuestras vidas. Claro que mi iMac, en el que escribo en estos momentos estas líneas, no ha intentado matarme. Todavía.

Al poco de ver la película, tuve la ocasión de leer la novela que escribió el propio Clarke. No era exactamente igual. Creo que la película es muy superior como producto cinematográfico que la novela como producto literario. Aunque siempre me pareció mucho más atrayente e hipnotizante la imagen del Ojo de Japeto que la de un monolito flotando en las proximidades de Júpiter.

Con posterioridad, he tenido ocasión de leer numerosas obras tanto de divulgación como de ficción del autor británico afincado en Sri Lanka. Con división de opiniones. La continuación literaria de 2001 me parece absolutamente innecesaria. Muy floja. Pero se contrarresta con esa absoluta maravilla, para mí una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído, que es Cita con Rama. Esa mezcla de acción, misterio y poesía en el primer contacto con una civilización extraterrestre me parece insuperada. Claro que su continuación en una serie de novelas sobre el tema me parece, asimismo absolutamente innecesaria. Y mala. Un rollo. Pero por otra parte, esa novelita de apariencia intrascendente que son los Cánticos de la lejana tierra vuelve a mostrar esa inmensa sensibilidad, destilando nostalgia a la vez que esperanza a través de esos exiliados que buscan un nuevo mundo donde vivir. Ah, y se me olvidaba… no se olviden de leer los Cuentos de la taberna del Ciervo Blanco. Se divertirán mucho.

Para finalizar esta entrada, tres cositas. La primera una cita del propio Clarke que nos recuerdan en Microsiervos y que resumen lo que realmente significa la ironía y la comprensión de lo que es la evolución biológica a un mismo tiempo. Nos decía Arthur que:

Aún tiene que probarse que la inteligencia tenga algún valor para la supervivencia.

Sútil, pero cierto y contundente. También sugiero que lean la despedida que nos ofreció recientemente, consciente ya de que estaba en sus últimos años de vida, y que nos ofrece Papel en blanco en una de sus últimas entradas. Aquí pongo el vídeo; para la traducción, vayan a la entrada mencionada.

Finalmente, un recordatorio. Aunque los termómetro quieran desmentir el hecho, es innegable que desde las 6:48 horas de esta madrugrada estamos en primavera. Hoy es el equinoccio de primavera. Y lo celebraremos con una fotografía apropiada al hecho.

Flores en árbol (III)
(Canon EOS 40D; EF 70-210/3,5-4,5 USM)

Expiación – La novela

Literatura

No suelo comentar las lecturas que leo. Es algo con lo que no me siento tan cómodo como con otras cosas. Pero hoy me apetece compartir mis impresiones sobre lo último que he leído. Se trata de la novela Expiación (Atonement) de Ian McEwan. El motivo para leer este relato de ficción es la película que se estrenó recientemente con guion adaptado a partir de esta novela, y que me dejó un buen sabor de boca. Aunque también cierta insatisfacción. Uno siente que no se ha enterado de toda la historia. Que le falta algo. Así que, viendo una edición de bolsillo de la Colección Quinteto en la que participa la Editorial Anagrama, que posee los derechos de la traducción al español, la compré y me puse a la obra.

En primer lugar, he de decir que la adaptación cinematográfica es excelente. Casi todo lo que transmite la lectura también lo encuentras en el filme. Una de las adaptaciones más fieles que conozco. Con una muy buen representación de los personajes y los ambientes. Y los ambientes son importantes en esta historia. Porque básicamente transcurre en tres ambiente muy marcados por el espacio y el tiempo.

  • Una casa solariega en la campiña inglesa en el año 35, donde suceden los hechos desencadenantes que conllevan al drama; la acusación de violación sobre el hijo de la sirvienta de una familia adinerada inglesa, que hasta el momento ha financiado su educación.
  • La retirada británica hacia Dunkerke, donde encontramos al acusado, que se ha alistado para redimir su condena en prisión.
  • El hospital donde la niña, ya convertida en una joven, comienza sus estudios de enfermera, y en la que nos encontramos con la verdad sobre la acusación.

Finalmente, encontramos casi a modo de epílogo, un desenlace que da sentido, o da otro sentido, a todo lo que hemos leído, situado ya en el presente.

La historia no es compleja, aunque sí lo son los personajes y sus motivaciones. Pero es importante para entenderlos y para comprender lo que les pasa, esas descripciones ambientales, que acompañan el devenir de los protagonistas. Particularmente me han gustado las vivencias del joven soldado en los campos belgas y en el caos de las playas de Dunkerke. Constituyen un excelente retrato de lo que supone una guerra. También las tribulaciones de la joven estudiante de enfermería, Briony, auténtica protagonista del relato en el hospital donde comienza a ser adulta, a comprender la magnitud de sus actos y de sus consecuencias, mientras entra en contacto con la miseria del ser humano enfermo o destrozado por la guerra.

En ocasiones, se ha presentado esta obra como una obra de amor. Sin embargo, siendo importante y necesaria la historia de amor, el tema del libro es la culpa y la redención de esa culpa. Y está muy bien.

El libro me ha gustado. Es de esas lecturas que entra poco a poco; que hay que dar tiempo a ir penetrando en la situación. Pero una vez que estás dentro te apetece quedarte. Y te quedas insatisfecho. Te quedas insatisfecho, porque sientes que la injusticia no queda resuelta. Que el mundo es cruel, y que no siempre ganan los buenos. Que la vida no es una comedia romántica de Hollywood. Y esto es adecuado. Pero, a veces. triste.

Un pero. La traducción. No es buena. Es especialmente notorio en los capítulos que transcurren en el hospital donde Briony se forma como enfermera. En la organización victoriana de la enfermería británica, a las profesionales equivalentes a las actuales supervisoras de enfermería, se les denominaba «sisters«. El traductor se hace un lío, no sabe esto, y empieza a traducir sister por sor o monja. Esto es un error. A partir, se me genera una desconfianza con el conjunto de la traducción. Me pregunto si algún día debería hacerme con la versión original, y leerlo en el inglés original. Algún día. Tal vez. Puede.

En el relato, Briony y su amiga Fiona, se dan un paseo por St. James’s Park en Londres, poco antes de que comiencen a llegar los heridos del desastre del norte de Francia. Tal vez, allí contemplaran las evoluciones de alguna antepasada de esta ardilla, fotografíada en ese mismo parque… 66 años más tarde.

(Canon EOS D60; EF 28-135/3,5-4,5 IS USM)