[Recomendaciones fotográficas] Cosas que he visto en Alemania

Fotografía

Ya he hablado de mi reciente escapada berlinesa. No era nuevo en la ciudad, ni mucho menos. Es mi sexto viaje a la capital alemana, incluido alguno por motivos de trabajo. Por lo tanto, el interés por conocer los lugares más turísticos disminuye. Mucho. Pero en su lugar, aumenta el interés por la propuesta cultural, abundante, cada uno en lo que le interesa. Mi afición es la fotografía. Y en la medida en que la pude combinar con las de otros compañeros de viaje, tuve oportunidad de dedicarle mi tiempo. Vamos a hacer un repaso.

La Hamburger Bahnhof – Museum für Gegenwart – es como dice su nombre alemán una antigua estación de ferrocarril (bahnhof) y museo de arte moderno, próxima a la estación de tren Berlin Hauptbahnhof. Forma parte de las colecciones y sedes de la Nationalgalerie. Y es un lugar muy agradable, que en esta ocasión, a pesar de acudir pronto, a la hora de apertura, estaba bastante concurrido. Una de las exposiciones que visitamos en este museo, Mishchpoche de Andreas Mühe, examina el pasado aleman y el concepto de identidad alemana. Usando película tradicional, realiza retratos de personas o grupos familiares que tienen que ver con ese pasado y esa identidad. Pero también realiza reproducción tridimensionales en formas de esculturas de algunos de esos retratos, despojándolos de lo accesorio, que a su vez son fotografiados, provocando contrastes o dudas sobre la autentica realidad de esas identidades. La visitamos el último día que tal cosa era posible.

Andreas Mühe en la Hamburger Bahnhof.

En Berlín está desde hace años el denominado Museum für Fotografía – Helmut Newton Foundation, en un lateral de la estación de tren Zoologischer Garten. Y sí, dentro de los museos estatales berlineses es el dedicado al arte que nos ocupa; pero también es la sede de la Fundación Helmut Newton, por lo que siempre hay amplios espacios dedicados a este autor de forma permanente. Y entre sus exposiciones siempre hay alguna dedicada al autor o a otros fotógrafos con él relacionados. En esta ocasión, siendo el aniversario de su libro SUMO, un exceso en volumen y número de obras que yo tengo en versión «reducida» (aun así viene con un atril para mayor comodidad en su visualización), había una amplia exposición de las obras incluidas en este libro. También hay otra exposición dedicada a tres fotógrafos que trabajaron con Newton, Three Boys of Pasadena, Mark Arbeit, George Holz y Just Loomis. El estilo de fotografía de estos tres, aunque propio y característico, no se aleja en exceso del de su maestro, al menos en origen. Mucho retrato de celebridades.

Fotógrafos chinos y alemanes en el Museo de Fotografía de Berlín.

Pero sin salir de este museo, más interés nos produjeron las otras dos exposiciones que había, no relacionadas con el fotógrafo berlinés. Por un lado, en el ámbito del 100º aniversario de la Bauhaus, tenemos hasta el 25 de agosto la exposición Bauhaus and Photography – On Neues Sehen in Contemporary Art, en su título inglés. Es decir, la fotografía en la Bauhaus y la influencia de la «nueva visión» en el arte contemporáneo. No sólo obras originales o copias originales de los tiempos en los que la escuela estuvo abierta, sino también obra de fotógrafos o artistas que se valen de la fotografía contemporáneos e influidos por aquella estética y pensamiento. La lista de artista es muy amplia. La podéis encontrar en el enlace correspondiente a la exposición en la página oficial del museo. Y la segunda exposición de interés es Berlin Beijing Visual Exchange, también hasta el 25 de agosto, que celebra el 25º aniversario de una sociedad de intercambio cultural en la la Universidad de Arte de Berlín y la Academia Central China de Bellas Artes de Pekín. Artistas alemanes y chinos, con alguna japonesa como la interesante Rie Yamada, que ha desarrollado su actividad en China y cuyo listado podréis encontrar también en el correspondiente enlace de la página oficial.

Salas de exposición de C|O Berlín.

No lejos de este último museo se encuentra C|O Berlin en la Amerika Haus. Este centro cultural estaba a punto de ser inaugurado la última vez que visité Berlín, en agosto de 2013. Es una fundación privada sin ánimo de lucro y tiene el objetivo de realizar avances en la educación y adquisición de habilidades en el ámbito del arte y la cultura, específicamente en el campo de la fotografía. Y en la Amerika Haus, un edificio de importancia histórica durante la guerra fría, se ha visto renovada y revitalizada por esta fundacion, y tiene unos amplios espacios expositivos, que aprovechan muy bien. Dos exposiciones pudimos visitar. Una dedicada a la fotografía relacionada con la comida, Food for the Eyes – The Story of Food in Photography, con una amplia variedad de autores y situaciones, y que demuestra que la fotografía relacionada con la comida es mucho mucho más que las tontas fotos que se publican en Instagram. Como curiosidad, la foto del cartel publicitario de la exposición es de la española Bárbara Allende, también conocida como Ouka Leele. La otra exposición, Contradiction, está dedicada a la austriaca Elfie Semotan, una fotógrafa que empezó su carrera delante de la cámara, como modelo, pero que luego se pusó detrás de la cámara con una trayectoria principalmente en la fotografía de moda y publicitaria, no exenta de cierto tono provocador en ocasiones, lo que para mí da interés a su obra, ya que no es mi género favorito precisamente. Pero esta exposición realmente me gustó bastante.

Exposición divulgativa temporal del Archivo de la Bauhaus.

Poco más en Berlín. El Museo-Archivo Bauhaus estaba cerrado por obras. Y aunque tiene un espacio provisional temporal, tiene más un objetivo divulgativo que expostivo. Y tienda, claro. Es cierto que tenía una amplia zona dedicada a las mujeres de la Bauhaus, profesoras y alumnas destacadas, no pocas de las cuales se dedicaron a la fotografía. Con Lucia Moholy como figura más destacada. Muchas de ellas son injustamente poco conocidas. También visitamos la Berlinische Galerie, un fundación pública, que rige un museo de arte moderno y contemporáneo, que cada vez está más animado. En relación con la fotografía, su exposición permanente, Art in Berlin 1880-1980, recorre el arte berlinés durante 100 años e incluye algunas obras fotográficas. Otra exposición muy curiosa, y aparatosa, Fazit por realities:united (Jan Edler y Tim Edler), recoge documentalmente, con vídeos y fotografías el curioso fenómeno de los anillos de Bernouilli que se forman en las grandes calderas de las centrales térmicas, sean alimentadas por combustibles fósiles o nucleares, que salpican el paisaje alemán, aunque existe ya un plan que lleva a su desaparición del paisaje por sus efectos o riesgos ambientales.

Sobre las centrales térmicas en la Berlinische Galerie.

En Weimar, lo único que podría disfrutar de fotografía sería lo que ofreciese el Bahaus Museum, recientemente abierto al público en su nueva sede, a punto para el centenario de la escuela. Lo cierto es que no le presta más atención que la del uso de la fotografía como forma de documentar las actividades de la escuela, algo que fue impulsado desde el principio por su director y fundador, Walter Gropius.

Fotografía y diseño en el Museo de la Bauhaus en Weimar.

Más interesante fue lo que encontramos en Brunswick (Braunschweig en alemán), donde nos desplazamos una tarde para visitar a los sobrinos, exiliados económicos/intelectuales, talento que ha de emigrar por haber nacido en un país que sólo parece necesitar albañiles y camareros para la especulación y el trabajo barato del sector turístico y no ingenieros y científicos de buen nivel. Allí, en este coqueta ciudad, que debió ser estupenda antes de que quedara arrasada por los bombardeos de la Segunda guerra mundial, encontramos un pequeño Museum für Photographie, cuya página web parece estar sólo en alemán, pero no es así, que desplazándonos por las páginas encontramos los textos en inglés. Por lo menos en algunas. Parecen ser una modesta pero muy activa fundación, yo los conocí por Instagram, que ocupan dos casitas históricas a la entrada de uno de los puentes de la ciudad. Todo muy pequeñito pero coqueto. La exposición actual, colectiva, con muchos autores muy distintos, Reiselust und Müßiggang (La pasión por los viajes y el ocio), plantea un tema muy actual, en un tiempo donde los desplazamientos por turismo y ocio han aumentado muchísimo y tienen mucha presencia en las redes sociales, pero con un recorrido que nos llevará desde los paisajes del Oeste norteamericano o de Egipto en el siglo XIX hasta ensayos sobre la realidad actual de la industria del turismo, pasando por los autocromos de principio de siglo de Käthe Bucher (sólo en alemán, lo siento), artista local y fotógrafa aficionada, que me encantaron. El museo tiene 175 de estas obras en sus fondos.

Y esto ha sido todo… muy intenso e interesante.

Las casitas a la entrada del puente que acogen el Museo de Fotografía de Brunswick.

[Fotos] Paseos veraniegos con un tipo de película que nunca había usado

Fotografía

Mientras espero a recibir reveladas las fotos realizadas con película tradicional del viaje a Berlín, me encuentro que en estos días me ha llegado al buzón de correo electrónico el enlace para descargar un par de carretes de negativos en color que expuse en mis paseos veraniegos para hacer algo de ejercicio durante julio y principios de agosto. Uno de ellos es de un tipo de película que nunca había usado. El comentario técnico lo podéis encontrar en Kodak Pro Image 100 con Canon EOS 650 – primera experiencia.

[Viajes] Escapada alemana del verano de 2019 – resumen

Viajes

Pues volví ayer de mi tradicional escapada veraniega de pocos días a mitad de agosto, para hacer más llevadero el verano entre mis dos mitades de las vacaciones reglamentarias. Y en esta ocasión ha sido Berlín… y algo más en Alemania. La preferencia inicial no era esta. Pero las malas combinaciones de avión al destino imaginado originalmente, encarecían y alargaban notablemente el viaje, para las cinco noches que iba a pasar fuera. Así que me sumé a una «expedición», que es lo que es para mí un desplazamiento de ocho personas, cuando estoy acostumbrado a viajes de dos o tres. Cuatro como sumo cuando fui a Hong Kong.

La «excusa» es que era el 100º aniversario de la Bauhaus. Y como estuvimos allí algunos de nosotros hace diez años, cuando se celebró una notable exposición en la capital alemana sobre esta celebrada institución educativa dedicada al diseño, las artes aplicadas y la arquitectura, que duró lo que duró la república de Weimar. Pero ya digo que era una excusa más que algo planificado.

En Berlín, nos dedicamos sobretodo a actividades culturales y a visitar algún museo. Por ejemplo, no habíamos visitado a Nefertiti en su emplazamiento definitivo en el Neues Museum, aunque no nos dejaron fotografiarla. Pero salvo este museo arqueológico, sobretodo visitamos arte moderno y contemporáneo y fotografía.

Sobre la Bauhaus, solo encontramos una exposición en el Museo de Fotografía, Fundación Helmut Newton, y… bueno, el museo-archivo de la Bauhaus, que estaba cerrado en 2009 porque había cedido obras a la exposición que se celebró entonces, estaba cerrado por obras. Tenían un local habilitado a modo divulgativo, pero no gran cosa.

Por supuesto, de camino de una a otra exposición o museo, fuimos repasando los lugares más característicos de la ciudad, que de hecho ya conocíamos de viajes anteriores. Es el sexto viaje, si no cuento mal, que hago a la capital alemana; noviembre de 2000, septiembre de 2002, octubre de 2007, agosto de 2009, agosto de 2013 y este último de agosto de 2019. Sí. Nos gusta Berlín. Aunque alguno de esos fue por trabajo.

Pero no sólo hemos visitado Berlín. Viajamos un día a Weimar. Esta es una ciudad muy bonita, muchos de sus edificios y lugares son patrimonio de la humanidad según la Unesco, y llena de resonancias culturales. Schiller, Goethe, Liszt… son algunos de los nombres que resuenan de las letras y la música.

Y fue el lugar que acogió en su primera etapa a la Bauhaus, que luego se desplazó a Dessau y, finalmente, a Berlín, donde los nazis la cerraron. No vaya a ser que alguien aprendiese a pensar libremente. Y así como en 2009, el museo de la Bauhaus de Weimar estaba cerrado… sí, por la exposición en Berlín,… en esta ocasión pudimos visitar el museo nuevo, inaugurado en abril, además de ir a ver la Haus am Horn, diseño de uno de los profesores de la escuela.

Y finalmente, el último día, además de unas compras fallidas, porque las tiendas chulas abren tarde en Berlín, fuimos a Brunswick, Braunschweig en alemán, donde una de las compañeras de viaje tenía unos sobrino exiliados. Y donde además hay un minúsculo museo de fotografía muy coqueto, que también visitamos. De lo que visité en cuestiones fotográficas, comentaré otro día. En la ciudad, que debió ser muy bonita, sólo quedan recuerdos de lo que fue. Como muchas ciudades alemanas, quedó destruida en la Segunda guerra mundial. Pero es agradable para pasear.

[Fotos] Caminando por Zaragoza en julio y agosto

Fotografía

Tradicionalmente, en Zaragoza hace calor en verano. En ocasiones, mucho calor. Y este verano, el número de días de mucho calor está empezando a ser excesivo. Pero aun así hay que forzarse a hacer ejercicio. A no atocinarse en el salón de casa con el aire acondicionado. Por eso hay que caminar. Y yo siempre llevo una cámara encima. He estado «mejorar» mi relación con la compacta digital que ya usé en mi viaje a China como complemento a mi cámara principal. Y de ahí vienen las fotos que os muestro. Porque en breves salgo a pasar unos poquitos días a la capital alemana, Berlín. Pero todavía no nos acabamos de llevar del todo bien esta cámara y yo. Los detalles técnicos en Decididamente, la Fujifilm XF10 es una cámara fallida, hasta cierto punto. Y aquí, os dejo unas fotos.

[Cine] Boku wa Iesu-sama ga kirai [僕はイエス様が嫌い] (2018)

Cine

Boku wa Iesu-sama ga kirai [僕はイエス様が嫌い] (2019; 41/20190805)

Es improbable que esta película, dirigida por Okuyama Hiroshi, se hubiera estrenado en España si no fuese por un hecho. Forma parte del palmarés del 66º festival de cine de San Sebastián, recibiendo el premio destinado a los nuevos directores. Y tan nuevo. Okuyama comenzó su carrera realizando cortometrajes hace diez años cuando tenía trece años. En la actualidad tiene 23 años, alguno menos cuando dirigió esta película de inspiración autobiográfica, su primer largometraje, que de alguna forma fue su trabajo práctico durante su último año de carrera.

En ella, que como digo está basada en vivencias personales, se centra en las vivencias de un Hoshino Yura (Satō Yura) que, tras la muerte de su abuelo, se traslada temporalmente desde un barrio de Tokio a vivir en el pueblo donde reside su abuela. Una fría región donde la única escuela primaria es una escuela privada católica, donde es matriculado. Las costumbres, los ritos, los puntos de vista de la religión católica lo desconcertarán al principio. Aunque luego pondrá su fe en ellas para conseguir cosas. Pero cuando las cosas se tuercen para el niño, Ōkuma Kazuma (Ōkuma Riki), que de forma espontánea y generosa se convierte en su amigo, también peligrará la confianza que en el tal Jesús ha depositado.

Recorreremos algunos templos budistas y santuarios sintoístas japoneses para ilustrar esta entrada. Todos ellos en Kioto, salvo la imagen de cabecera que es Nara.

Con cuatro perras y una cierta capacidad para pensar, Okuyama nos ofrece una historia mínima que pone en cuestión los ritos, las enseñanzas y las esperanzas que despiertan las religiones y otros sistemas de creencias, que de la misma forma que con facilidad pueden encandilar a una mente poco crítica o inmadura como la de un niño, también son fácilmente desdeñables cuando se las mira con espíritu crítico, cuando simplemente dejan de tener sentido… y «no funcionan». No ofrecen realmente respuestas a las necesidades del ser humano.

La película es un drama. Un drama que se centra en las vivencias del niño. Hay muchas cosas que no conocemos de los porqués de este traslado temporal. Conocemos poco o nada de a qué se dedican sus padres, preocupados por el bienestar de su hijo, pero pasivos en líneas generales ante los acontecimientos. Tenemos el personaje de su abuela… que lo mismo le habla de las típicas estampitas de santos o cristos de los católicos, que venera en un altar a su esposo recientemente fallecido, al modo de las religiones tradicionales japonesas. Pero siendo un drama, nos sorprende con la periódica aparición de un pequeño Jesús, minúsculo, como un muñequito animado, mudo, que aparece cuando el niño desea algo. Situaciones que desprenden cierta comicidad, a modo de parodia, que no sé cómo sentará a los relativamente intransigentes católicos que por el mundo pululan.

Porque hay una diferencia cultural notable entre los países de tradición católica y muchos de los países asiáticos. Mientras que las religiones de origen semítico, monoteístas, que predominan en occidente suelen ser tradicionalmente excluyentes, rechazan otras creencias, en ocasiones de forma agresiva e incluso violenta, las religiones o sistemas de creencias orientales suelen ser sincréticos. Budismo y sintoísmo son las religiones más populares en Japón. Pero no se oponen. A veces, vease Sensō-ji en Tokio, en el espacio de un templo budista encontramos también un santuario sintoísta. O bodhisattvas budistas como el/la muy apreciado/a Kannon, de género indefinido pero con caracteres que lo/a acercan a la figura de María en las religiones cristianas, son admitidas sin problemas en el panteón de los kami sintoístas. Por lo tanto, para muchos orientales, los modos del catolicismo y otras denominaciones cristianas resultan tan extraños o más que lo que para quienes tienen poca visión de conjunto en occidente pueden resultar las religiones orientales. Y todo ello con el agravante de las expectativas insatisfechas que siente un niño.

La película, como hemos dicho, está realizada con muy poquitos medios, rodada en formato 4:3, con texturas similares a las producciones en 16 mm, aunque probablemente esté rodada digitalmente porque es más económico. Es parca en diálogos, y es importante la lectura del lenguaje corporal en todos los que intervienen. Los dos niños, especialmente el protagonista, cumplen con nota llevando el peso de la cinta.

Globalmente, una cinta sencilla que muestra la potencialidad de un realizador con ideas, con algo que contar y con una forma personal de hacerlo. A nosotros nos mereció la pena. La disfrutamos. Pero desde luego, quienes piensen que la película ideal tiene héroes vestidos de colorines, mucha pirotecnia y toneladas de palomitas de maíz y litros de cocacola,… probablemente deberán abstenerse. Por cierto, el título en castellano, Jesús, suaviza notablemente el significado del título original en japonés, Odio a Jesús. Cosas del márquetin. Supongo.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ****

[Fotos] Paseo ciudadano a pleno sol

Fotografía

La semana pasada tuve que revisar el frigorífico porque el congelador no iba bien. Aproveché para hacer inventario de película fotográfica. Y me encontré con dos rollos de película Ilford. Pero sin saber qué tipo de película es ni el tiempo que llevan en el frigorífico. No más de dos años. Pero no sabía si eran Delta 100 o Delta 400. Así que me di un paseo con uno de ellos. Las cuestiones técnicas fotográficas están en Película incógnita con Holga 120N. Para los demás, os dejo alguna foto.

[Libros de fotografía] De aquí y de nuestras antípodas

Fotografía

Creo que ya lo he comentado en alguna ocasión. Últimamente me atraen más lo libros pequeños sencillos, muchas veces autopublicados o publicados en pequeñas editoriales, que dan a conocer el trabajo o series de fotógrafos esforzados pero sin un nombre para atraer a las grandes editoriales especializadas en fotografía. Y son diversos los sitios en internet donde se pueden encontrar. Desde las pequeñas editoriales que publican ediciones limitadas de libros dignos pero modestos, a un precio razanables, a quienes hace un esfuerzo de autoedición de su librito, revista o publicación del tipo que sea. Este tipo de publicaciones me interesa.

El libro del neozelandés Paul C. Smith contiene muchos paisajes costeros. Playas de la isla norte de Nueva Zelanda. No me importaría haber visitado o visitar en un futuro aquel país. Al fin y al cabo, más lejos, imposible. Pero de momento no ha sido posible, así que nos conformaremos con unas playas galesas.

Una de ellas traigo aquí. Desde hace un tiempo sigo en Youtube los vídeos del neozelandés Paul C. Smith. La fotografía de Smith está a caballo entre el paisaje y el reportaje. Suele utilizar equipos sencillos, que no económicos, pues suele tirar de Leica. Es decir, una o dos cámara, una digital y otra para película tradicional, cada una con un objetivo. Generalmente, algún objetivo estándar y algún angular moderado. De vez en cuando usa otras cámaras para película tradicional más diversas, formato medio incluido. Pero siempre, para cada sesión fotográfica, un equipo mínimo; cámara, objetivo, trípode si es necesario, el coche para acercarse al lugar y los pies para caminar. Tiene publicado un librito, poco más que un folleto, Stolen moments, fotografía en blanco y negro, que vende por 25 dólares neozelandeses. Unos 14 euros. Precio neto. Gastos de envío incluidos a todo el mundo. Es modesto. Pero agradable. Y nos da una idea de que la posibilidad de editar nuestros propios libros no es una empresa tan desdeñable, siempre que seamos conscientes de nuestros límites y tengamos un cuerpo de obra razonablemente coherente.

El otro libro que me ha llegado recientemente es la nueva edición, creo que es la tercera, del celebrado Afronautas de Cristina de Middel (instagram). Se puede adquirir en This book is true por 40 euros, de la tirada de mil ejemplares sin firmar por la autora. Existe otra tirada de 50 ejemplares firmados, que se denomina Special Edition, que se venden en el mismo sitio por 300 euros. ¡Jodo lo que vale el garabato de la de Middel! Seamos serios, me gusta el concepto del libro y de la obra que contiene, me gusta cómo está presentado, creo tiene un innegable interés, pero estoy muy lejos de ser un coleccionista o un mitómano. Creo que a los poseedores de la primera edición, estas nuevas ediciones les sientan como un tiro, porque no permiten que el valor de su copia suba tanto como les gustaría. Pero para los que pensamos que no hay que poner coto a la difusión del arte y la cultura, me parecen una buena noticia. No me importaría una nueva edición del Party, también de la de Middel.