20 años de «Mujeres»

Cine

Fue la película que descubrió a mucha gente la existencia cinematográfica de Pedro Almodóvar. Algunos lo habíamos descubierto ya. Siempre he creído que La ley del deseo es la película que más me ha gustado en el momento de verla de las dirigidas por el director manchego. Y la que más me impresionó, supongo que porque todavía era muy impresionable, Matador. Todavía anterior. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Mujeres al borde de un ataque de nervios.

Un repaso mental a la filmografía del director me lleva a concluir que casi toda ella es aprovechable. Lo he visto todo, salvo algunos cortos tempranos. Y creo que la única película cuya existencia deploro es Kika. Creo que ha marcado culturalmente y estéticamente a una parte de mi generación, y de las que me rodean. Incluso los que no gustan del peculiar realizador. Hemos sido influidos. Curiosamente, siendo uno de los directores menos estandarizados del cine español. Porque uno de los problemas del cine español es que hay mucha estandarización. Que toca guerra civil,… pues abundantes películas guerracivilistas,… algunas buenas, algunas malas. Que toca posguerra,… pues toma posguerra,… algunas malas, algunas buenas. Que toca cine social,… tira cine social para todos, más aburrido o menos aburrido. Que toca comedia pertarda,… pues lo dicho, algunas malas,… y otras peores. Pero Almodóvar ha ido fuera de la línea habitualmente; nos ha contado lo que le ha dado la gana contarnos. Pero siempre, siempre, ofreciéndonos una estética y un contenido nunca banales.

Si toca celebrar el aniversario. Pues lo celebraremos. Esta noche me pondré el filme, que está por ahí llenándose de polvo en alguna estantería de mi filmoteca particular. Y recordaré a los terroristas chiitas, y a los gazpachos que adormecen, y a los taxistas imposibles, y a los contestadores automáticos que vuelan desde las terrazas de los áticos… y sobre todo, a las mujeres, estén o no estén al borde del ataque de nervios.

Hoy pondré una imagen de la castiza Ribera de Curtidores en Madrid, escenario privilegiado de la película que aquí recordamos.

Ribera de Curtidores

 

(Canon EOS D60; EF 24-105/4L IS USM)

La noche es nuestra (2007)

Cine

La noche es nuestra (We own the night, 2007), 30 de marzo de 2008.

En una cartelera que poco a poco, y a mucha distancia todavía del verano, se va convirtiendo en un erial, nos acercamos a ver un filme policiaco, cuya acción se situa a finales de los ochenta, y con el trasfondo de las actividades de la mafia rusa en el tráfico de drogas. Es una historia tradicional de padre con dos hijos, uno bueno y responsable, mientras que el otro es un tarambana que encontrará una ocasión para redimirse en la acción. El largometraje está dirigido por James Gray, el padre es el veterano Robert Duvall, los hijos están interpretados por Joaquin Phoenix y Mark Wahlberg, y el florero de turno es la guapísima Eva Mendes.

La película en sí misma no creo que aporte nada nuevo al género. Hablando de mafias rusas, la reciente Promesas del Este, injustamente olvidada en la temporada de premios, nos ofrecía mucho más. Pero encontramos un producto correcto, que nos entretiene, con una historia que si bien no está redondamente cerrada, se ve bien y nos permite salir de la sala de cine con la sensación de no haber perdido el tiempo. Que no es poco, hoy en día. Tiene incluso algunos logros. Me gusta mucho una persecución desarrollada bajo la lluvia, con un tratamiento distinto de lo que se ve habitualmente, con un punto de vista más subjetivo por parte de uno de los protagonistas. Por otra parte, hay aspectos de la evolución personal de los protagonista que no son del todo creibles, o no están bien explicados. Especialmente la evolución personal de los dos hermanos.

Sin embargo, la interpretación es uno de los puntos fuertes de este filme, ya que los tres personajes principales están trabajados con mucha solvencia. Lo que se agradece y mucho. Sobriedad y elegancia. Sin aspavientos. La chica, como ya he dicho, un florero, a pesar de tener un momento clave en el filme, que no está del todo bien resuelto.

En general, una película para pasar entretenidamente una tarde, a la que daré un seis a la dirección, un siete a la interpretación y otro siete a la valoración subjetiva.

Como de noche va la cosa, os pongo aquí el anochecer del sábado pasado en los Monegros, en el borde entre las provincias de Huesca y Zaragoza.

Arbolada l�nea del cielo
(Canon EOS 40D; EF 200/2,8L USM)

Nuevos académicos y reconocimientos a las más modernas artes

Cine, Fotografía, Literatura

Esta semana nos llega la noticia de que José Luis Borau, maño como yo mismo, director y guionista cinematográfico, ha sido elegido para ser académico de la Real Academia Española, órgano responsable de velar por la calidad del idioma castellano o español en este lado del Atlántico. Se sentará en el sumamente adecuado por su apellido sillón «B mayúscula». Por otro lado, también me llegan noticias de que Publio López-Mondéjar (manda narices que no tiene artículo en la Wikipedia), fotógrafo e historiador de la fotografía, ha sido nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Me honra tener en mi biblioteca su Historia de la Fotografía Española.

Si me parecen notables estas noticias, es sobre todo porque tanto el cine como la fotografía son dos artes que también son espectáculo o mero entretenimiento, y por lo tanto no está en el pensamiento colectivo su naturaleza de artes.

El cine sí que ha sido llamado en ocasiones el séptimo arte; pero la naturaleza del cine moderno, más puesto al servicio del espectáculo, del pim-pam-pum de los efectos especiales, que al de la expresión artística de ideas, sentimientos y sensaciones, hace que lo del séptimo arte corresponda más a tiempos pasados, de películas en blanco y negro, que a casi nadie interesa hoy. Con el nombramiento de Borau, que sucede al fallecimiento de Fernando Fernán Gómez, la RAE mantiene el reconocimiento del cine como expresión artística literaria y como elemento difusor y condicionador del idioma. Me parece bien. Hace pocos días, con motivo del fallecimiento de Azcona, ya señalaba la importancia del guion en la obra cinematográfica. No en vano, los norteamericanos denominan al guionista como writer, escritor. El guion no deja de ser una obra literaria. Pues que siga esta representación muchos años. Por cierto, que a Rafael Azcona le propusieron en su momento ser académico de la RAE; pero en su modestia rechazó el honor. Una pena. Quizá fue quien más se lo mereció.

Respecto a la fotografía, su reconocimiento como disciplina artística aún es más ignorada por el público en general. Es curioso que en un momento en el que el advenimiento y la popularización de la fotografía digital hace que se esté realizando más fotografías que nunca, tengo la impresión que hay menos gente todavía que considera que este medio de expresión puede ser un arte. Un arte que está en crisis, por que un cambio en el paradigma tecnológico necesariamente afecta al concepto de la obra artística. En cualquier caso, la acogida por parte de la Academia de Bellas Artes de un fotógrafo, y especialmente uno que tanto ha contribuido a poner orden en la maltrecha historia de la fotografía española. Dada mi afición a la fotografía, con la que os machaco en cada entrada de este Cuaderno de Ruta, este nombramiento me pone especialmente contento. Bien es cierto que yo mismo no me atrevo a asignarme la etiqueta de «artista». Me conformaré con ser un modesto «artesano» aficionado.

La imagen de hoy, tomada en el interior de la Sagrada Familia de Barcelona, espero que sea metafórica del ascenso de las artes audiovisuales.

Ascensor y sol

 

(Pentax K10D; SMC-A 50/2)

Vía: ElPaís.com

Vía: Acerca de la fotografía. Técnica, estética y opinión

Y Richard Widmark también… vaya epidemia

Cine

Si la semana pasada aseguraba que las gentes del cine nunca se van solos, parece que esta semana se ha encargado de machacar con insistencia en el concepto. Tras el adiós, discreto, de Rafael Azcona, nos llega ahora desde el otro lado del Atlántico el adiós de uno de los duros por excelencia del cine de la segunda mitad del siglo XX. A la avanzadísima edad de 93 años, ha muerto Richard Widmark. La verdad es que yo pensaba que hace tiempo que estaba criando malvas. Hace 15 años que no trabajaba.

Gánsteres, cowboys y soldados forman buena parte de los 75 papeles que interpretó. Esto hace que no sea de mis actores favoritos, al no ser estos los géneros cinematográficos que más me atraen. Pero siempre me pareción un actor solvente, con una presencia muy característica. Son muchas las películas en las que le podríamos recordar. Pero yo elegiré una que tuve ocasión de volver a ver recientemente. Se trata de Judgement at Nuremberg (titulada en castellano como Vencedores y vencidos ¡?), una visión que me parece muy interesante sobre los juicios de Nuremberg, al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Allí nos ofrecía el papel de un fiscal muy vehemente, y enérgico. Interesante. Muy interesante.

En fin, no insistiré más allá. Esperemos que se haya pasado la mala racha. Y si no, aquí estaré para realizar mis modestos homenajes a las gentes del cine. La foto de hoy,… sí que tiene tema funerario… en el Cementerio de Zaragoza.

Cruces

(Pentax K10D; SMC-A 100/4 Macro)

Nos deja Azcona,… es como si quedaramos huérfanos de ideas

Cine

Eso es lo que siento. Si alguien que esté leyendo esta entrada ha ido leyendo con cierta frecuencia las que dedico al cine, sabrá que una de mis principales quejas en el cine actual es la de una falta crónica de buenas ideas. Las buenas ideas se expresan tanto en el concepto general de la película como en el guion de la misma. Por ello, para mí la figura del guionista es tremendamente importante. Creo que es una figura que no está suficientemente valorada en el mundo del cine. O por lo menos en lo que se refiere a su relación con las masas.

Ahora nos enteremos que este domingo falleció Rafael Azcona. A los 81 años. Se fue con discreción, sin hacer ruido. Un tipo modesto, este Azcona. Con 95 guiones a sus espaldas, según IMDb.com, hay que suponer que entre lo bueno, o mejor dicho lo buenísimo que escribió, también hay alguna que otra pifia. Es inevitable. Pero creo que lo que no faltaron fueron ideas. El comienzo, desde mi punto de vista, fue arrollador. Entre 1959 y 1963 firma guiones como El pisito, Plácido, El cochecito o El verdugo. Comedia social de lo bueno lo mejor que se ha hecho en este país. Para mí, El verdugo podría ser mi película española favorita de todos los tiempos. Siempre he pensado que la UNESCO la tendría que declarar patrimonio de la humanidad. ¡Tantos temas, tan bien contados, en tan poco tiempo! No seguiré mencionando grandes logros. Hay muchos. Demasiado para no sentirse apabullado y permitir concentrarse en uno u otro. Quizá, por destacar alguno de «la edad contemporánea» del cine español, ese magnífico guion que es Belle Epoque, nuevamente la comedia con un toque amargo aquí y allá; la luz y el optimismo a punto de ser devorados por incógnitas sombras.

La sensación que a uno le queda es de orfandad. De que todo ese raudal de ingenio se ha perdido. Un amigo mío suele decir, socarronamente, que la inteligencia es como la energería; ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y que si cada vez somos más y más, la inteligencia cada vez está más repartida… o sea, cada vez los individuos somos menos inteligentes. Y que si no, a vez como explicas los desastres que se ven en el telediario. Pues ahí tengo miedo. Miedo a que la inteligencia de Azcona se haya dividido y dispersado. Que dentro de unos años, no seamos capaces de encontrar un sustituto. Alguien que nos cuente las cosas que tienen que ser contadas, bien contadas, e inteligentemente.

Para la foto de hoy, me resisto a poner una imagen triste. Prefiero un poco de Carnaval, como el que celebraban en Belle Epoque. Solo que este es en Zaragoza.

Carnaval Infantil 2007

 

(Canon EOS D60; EF 28-135/3,5-5,6 IS USM)

Seda (2007)

Cine

Seda (Silk, 2007), 24 de marzo de 2008.Acudo con cierta aprensión a ver este filme dirigido por el canadiense François Girard. Las críticas previas no me acaban de convencer, pero la democracia tiene estas cosas; o te vas con las amistades, o te vas solo a ver lo que quieres, o te quedas en casa. Por otra parte, siempre hay que dar un margen a las buenas sorpresas.

La película, al parecer, es una adaptación cinematográfica del best-seller de Alessandro Baricco, Seta (seda en italiano). No soy especialmente aficionado a los best-sellers, pero que se le va a hacer. El relato nos cuenta cómo un joven sericicultor francés, recién casado y enamorado de sus mujeres, realiza una serie de viajes al Japón a mediados del siglo XIX, en un momento en el que el país oriental no se había abierto aún a occidente. En uno de esos viajes, se enamora de la amante o concubina de un señor japonés. Y hasta aquí peudo contar. Y no es que quiera mantener el misterio ni nada de eso. Es que uno no entiende muy bien qué pasa y por qué pasa. No entiende muy bien por qué ese enamoramiento entre dos personas incapaces de comunicarse, ni por qué es recíproco, ni cuáles son los sentimientos de los personajes que les rodean. Eso sí, todo ello rodeado de muy bonitos paisajes de sitios muy exóticos, nevados en Japón y primavero-estivales en Francia. En ningún mometo te llega a importar gran cosa lo que está pasando. Alguna de las situaciones son muy postizas, y te lleva a ser insensible a los dramas o tragedias de la pantalla, como cuando algo le pasa a un joven japonés. Hay mucho virtuosismo en la realización puesto al servicio de la nada más absoluta.

La interpretación se ve muy condicionada por la realización. El protagonista, Michael Pitt, hace poco más que poner caras. La esposa, la actriz de moda Keira Knightley, pareciera que está de florero, mona e inexpresiva. Sólo al final parece que su personaje tiene algo que ver con la historia. Pero a esas alturas casi todo te da igual. Alfred Molina hace lo que puede, y los dos personajes principales japoneses, la concubina interpretada por Sei Ashina y el señor interpretado por Kôji Yakusho, no disfrutan de los minutos ni de la presencia que los personajes merecería. Sus personajes no están suficientemente definidos.

En resumen, un filme fallido, donde el exceso de preciosismo se lleva por delante el mínimo interés que pudiera tener la historia, que no sé si existe, o si como pasa en muchos best-sellers se limita a ser un mero folletón romántico. Pondré un seis a la realización por el oficio técnico, y otro a la interpretación porque lo intentan, aunque la cosa no dé para más. La valoración global subjetiva se queda en un cinco.

Ilustraré la entrada con una foto de los frutales en flor en las cercanías de Morata de Jalón, Zaragoza.

Flores en frutal

(Canon EOS 40D; Tokina AT-X Pro 12-24/4)

…y Arthur C. Clarke nunca más hará volar nuestra imaginación

Ciencia, Cine, Literatura

Se dice que las gentes del cine nunca mueren solas. Que siempre se van al otro barrio en compañía. Claro, que Arthur C. Clarke trasciende y mucho al mundo del cine. El guionista y creador de la idea original de 2001: Una odisea del espacio, falleció ayer en Sri Lanka. Ya era mayor. 90 años.

Yo lo descubrí a propósito de la afamada película de ciencia ficción de Stanley Kubrick. Siendo todavía un adolescente, recuerdo las impactantes imágenes en las que descubría una nueva forma de ver el mundo. Un mundo que trascendía los límites de la bioesfera terrestre para introducirse en el frío espacio que interconecta los diversos astros. Es curioso, pero en un momento en el que las computadoras se veían como algo lejano y especializado, el miedo a que se volvieran locas como el esquizofrénico HAL-9000 no ha impedido que hayamos adoptado a estas máquinas como un elemento imprescindible en nuestras vidas. Claro que mi iMac, en el que escribo en estos momentos estas líneas, no ha intentado matarme. Todavía.

Al poco de ver la película, tuve la ocasión de leer la novela que escribió el propio Clarke. No era exactamente igual. Creo que la película es muy superior como producto cinematográfico que la novela como producto literario. Aunque siempre me pareció mucho más atrayente e hipnotizante la imagen del Ojo de Japeto que la de un monolito flotando en las proximidades de Júpiter.

Con posterioridad, he tenido ocasión de leer numerosas obras tanto de divulgación como de ficción del autor británico afincado en Sri Lanka. Con división de opiniones. La continuación literaria de 2001 me parece absolutamente innecesaria. Muy floja. Pero se contrarresta con esa absoluta maravilla, para mí una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído, que es Cita con Rama. Esa mezcla de acción, misterio y poesía en el primer contacto con una civilización extraterrestre me parece insuperada. Claro que su continuación en una serie de novelas sobre el tema me parece, asimismo absolutamente innecesaria. Y mala. Un rollo. Pero por otra parte, esa novelita de apariencia intrascendente que son los Cánticos de la lejana tierra vuelve a mostrar esa inmensa sensibilidad, destilando nostalgia a la vez que esperanza a través de esos exiliados que buscan un nuevo mundo donde vivir. Ah, y se me olvidaba… no se olviden de leer los Cuentos de la taberna del Ciervo Blanco. Se divertirán mucho.

Para finalizar esta entrada, tres cositas. La primera una cita del propio Clarke que nos recuerdan en Microsiervos y que resumen lo que realmente significa la ironía y la comprensión de lo que es la evolución biológica a un mismo tiempo. Nos decía Arthur que:

Aún tiene que probarse que la inteligencia tenga algún valor para la supervivencia.

Sútil, pero cierto y contundente. También sugiero que lean la despedida que nos ofreció recientemente, consciente ya de que estaba en sus últimos años de vida, y que nos ofrece Papel en blanco en una de sus últimas entradas. Aquí pongo el vídeo; para la traducción, vayan a la entrada mencionada.

Finalmente, un recordatorio. Aunque los termómetro quieran desmentir el hecho, es innegable que desde las 6:48 horas de esta madrugrada estamos en primavera. Hoy es el equinoccio de primavera. Y lo celebraremos con una fotografía apropiada al hecho.

Flores en árbol (III)
(Canon EOS 40D; EF 70-210/3,5-4,5 USM)

Se fué Anthony Minghella…

Cine

Me enteré ayer martes de que había fallecido Anthony Minghella, director, productor y guionista de cine. Era joven. 54 años. No tenía una carrera larga, con muchísimas películas en su haber como director. Pero hay dos de ellas que me han gustado mucho. Y lamento que no esté ahí, para ofrecernos más de éstas, aunque sea una vez cada década.

Las dos películas son El paciente inglés y Cold Mountain. La primera recibió el reconocimiento internacional, ganó muchos óscares y fue muy celebrada en su tiempo. La segunda fue recogida con más frialdad, quizá por el mensaje antibelicista que mandaba, las dos lo hacen, justo en un momento en el que en Estados Unidos sonaban tambores de guerra.

El paciente inglés es una de mis películas favoritas. Es un peliculón con todas las letras. Tiene una historia de fondo, tiene una historia de amor, tiene historias paralelas que confluyen y dan sentido al conjunto, tiene personajes carismáticos, tiene localizaciones maravillosas, tiene una banda sonora sensacional, tiene una luz magistral… desde mi punto de vista lo tiene todo. La fui a ver dos veces en el cine. Una en mi ciudad, Zaragoza, en el ya extinto Cine Mola, uno de los más incómodos que he conocido. No me enteré de que era incómodo. Otra en Barcelona, en versión original subtitulada en español, momento en el que acabé siendo incodicional del filme para siempre jamás. Tengo una copia en DVD. Pero la veo poco; al final del filme, me invade una sensación de tristeza que conviene dosificar. También me atrevo a recomendar sin reparos la novela en la que está basada, escrita por Michael Ondaatje.

Cold Mountain por su parte tiene muchos de los ingredientes que hemos mencionado en la anterior. Siendo historias distintas, tienen muchos paralelismos. Y en esta película en particular, nos ofrece una visión distinta de las tradicionales ofrecidas por los norteamericanos sobre su guerra civil. Menos heroica, menos caballeresca, más sórdida; aunque también más cercana, más humana. Si bien no tiene el mismo nivel que la anterior, creo que merece estar más arriba en el recuerdo de los aficionados al séptimo arte.

Sirva esta entrada como modesto homenaje a quien tanto me hizo disfrutar y sufrir en la oscuridad de la sala de cine.

Estoy melancólico y minimalista. Un detalle de la corteza de un árbol otoñal.

Herida

(Pentax *ist DS; SMC-A 100/4 Macro)

La guerra de Charlie Wilson (2007)

Cine

La guerra de Charlie Wilson (Charlie’s Wilson War, 2007), 10 de marzo de 2008.

Mike Nichols dirige esta comedia de contenido político. Nos advierten que está basada en hechos reales. El congresista Wilson (Tom Hanks), el agente de la CIA Avrakotos (Philip Seymour Hoffman), la activista conservadora Herring (Julia Roberts), y otros personajes conocidos o no de la película fueron reales, y tuvieron que ver con la historia que aquí se cuenta. Lo que desconozco es en qué medida la película es fiel a los hechos tal y como sucedieron.

Como he mencionado, el filme esta realizado en tono de comedia. En algún momento, incluso me produjo algunas inesperadas risas. Realmente, tiene algún buen momento de comedia. Sin embargo, el tema tiene un fuerte componente de seriedad. De trasfondo hubo una guerra dura y cruel, con demasiado sufrimiento a cuestas, cuyas consecuencias vivimos todavía ahora, más de 20 años después, con la intervención occidental en Afganistan. Y quizá las transiciones entre lo humorístico y lo serio no están bien gestionadas. El final se precipita rápidamente a una conclusión en la que no queda claro que las consecuencias a largo plazo de la colaboración norteamericana con los insurgentes afganos serían tan terribles como la intervención de la extinta Unión Soviética. Desconozco si se debe a un fallo primario del guion, o si se debe a una intención de no ser políticamente incorrecto.

Los actores están bien. En su papel tanto Hanks como Roberts, y muy bien Hoffman, así como la pizpireta Amy Adams como ayudente del congresista. Y como no, quiero expresar mi admiración por el grupo de guapas secretarias del congresista, especialmente la morena.

En resumen, una película para pasar el rato, ya que no consigue profundizar apropiadamente en el tema de fondo, con unos actores que se lo debieron de pasar muy bien. Muy lejos de algunos de los grandes éxitos del director. Le pondré un seis, con la misma nota en la dirección y un siete en la interpretación.

La foto de hoy, extraída de mi paseo en la tarde electoral, a orillas del Canal Imperial de Aragón en Zaragoza.

Sombras y ventanas

(Canon EOS 40D; EF 70-210/3,5-4,5 USM)

Las hermanas Bolena (2008)

Cine

Las hermanas Bolena (The Other Boleyn Girl, 2008), 2 de marzo de 2008.

Tratándose de una película histórica la que nos ocupa, sobre la veracidad de los hechos narrados sólo diré una cosa. Quien haya visto la película, que compare el argumento con la biografía de Mary Boleyn. Sobre mi opinión acerca de la falta de rigor histórico en las producciones cinematográficas o televisivas, os remito al artículo que escribí en mi Cuaderno de Ruta V.1. Además, ese artículo lo escribí a propósito de la serie televisiva The Tudors, mucho de cuyos hechos argumentales son comunes con la película que hoy nos ocupa. Resumiendo, que nadie piense que va a ver algo que tenga que ver con la historia real; esto es una ficción más o menos fantasiosa sobre unos personajes que reciben los mismos nombres y posición que las personas que realmente existieron.

Una vez establecido que todo es mentira, vayamos a los hechos cinematográficos. Los meritos de esta producción son reunir a dos de las más interesantes actrices jóvenes de la actualidad en un mano a mano particular, y hacerlo en el marco de una de las siempre lujosas y prestigiosas películas de época, donde tanto importa el diseño de producción, el diseño de vestuario y otras cuestiones técnicas. Y aquí se acaba lo bueno que puedo contar de este filme.

Los hechos que se quieren contar en la narración abarcan un largo período de tiempo. Mary Boleyn llegó a la corte como dama de la reina en 1519 y su hermana, la reina Anne, fue ejecutada en 1536. Esto ocasiona, que los sucesos pasen de forma atropellada y sin una ligazón adecuada, y sin que se comprendan bien las relaciones causa-efecto. En ese período de tiempo, numerosos personajes tuvieron que ver con la historia, que en el filme quedan desdibujados como sombras de fondo. Sin embargo, el sentido del tiempo es inexistente en el filme. Todos los personajes viven una eterna juventud, al mismo tiempo que se muestran caracterialmente planos y maniqueos. Mary (Scarlett Johansson) es una ingenua enamoradiza y muy buena persona. Anne (Natalie Portman) es una bruja manipuladora. El rey Enrique VIII (Eric Bana) es un memo que solo piensa con la cabeza de su pene. El resto de los personajes acompañantes, especialmente la familia de las Boleyn, o son muy malos o son muy tontos. Sólo se salvan los personajes de la reina Catalina de Aragón (Ana Torrent) y Lady Elisabeth, la madre de las Boleyn (Kristin Scott Thomas), que son tratados con razonable aunque breve dignidad.

Las interpretaciones van acordes con la calidad de los personajes. Simplonas en general. La Johansson copia en muchos momentos el carácter que imprimió a La joven de la perla, con sus suspiricos y su mirada de corderica que llevan al matadero; pero sin alcanzar la profundidad de aquel filme. La Portman nos ofrece algún detalle de sus capacidades, pero sin llegar a enlazar una interpretación bien trabada en su conjunto. Lo impide la simpleza con la que es tratado su personaje. Bana queda reducido al papel de hombre florero. Aunque los personajes de Torrent y Scott Thomas son los más dignamente tratados, no dan como para salvar el conjunto; son excesivamente pequeños y testimoniales.

En resumen, un culebrón comprimido en menos de dos horas, que sólo satisfará a los fanáticos de las guapas protagonistas y de los dramas seudohistóricos. Para mí, una decepción. Por el esfuerzo de producción, le pondré un cinco, con otro cinco para la interpretación (al fin y al cabo, ellos no tienen la culpa) y otro para la dirección, Justin Chadwick, que si no suspende es porque es nuevo en los largometrajes cinematográficos.

La foto de hoy, cómo no, la ominosa figura de la Torre de Londres, donde acabó sus días la reina Anne (Canon EOS D60; Tokina AT-X Pro 12-24/4).

Las mejores películas sobre fotografía

Cine, Fotografía

Hoy, domingo por la mañana, me levanto pronto. Tras una opípara y agradable comida con un grupo de buena gente, ayer sábado tocó quedarse tranquilamente en casa, viendo una película en la televisión. Ni buena ni mala. Una que echaban. Así que hoy no he pasado de las ocho en la cama. Una pena, pero es así. Con tanta mañana por delante, en un momento dado me pongo a leer el último número de American Photo que he recibido a través de Zinio.

Este número me está gustando mucho. Está dedicado al cine. Fotografías con el cine como tema, gentes de cine convertidas en fotógrafos, un reportaje fotográfico sobre la actriz más sexy viva,… y una clasificación, de las que tanto gustan los norteamericanos, de las 10 mejores películas sobre fotógrafos. Primero, la clasificación tal y como se publicó en primer lugar este pasado verano en uno de los blogs de la revista.

  1. Rear Window, 1954 (La ventana indiscreta)
  2. Blow-Up, 1966
  3. Funny Face, 1957 (Una cara con ángel)
  4. Eyes of Laura Mars, 1978 (Los ojos de Laura Mars)
  5. Apocalypse Now, 1979
  6. Photographing Fairies, 1997 (Fotografiando hadas)
  7. Under Fire 1983 (Bajo el fuego)
  8. Star 80, 1983
  9. Pecker, 1998
  10. The Notorious Bettie Page, 2005

En la versión actual de la revista, la clasificación no ha cambiado; sí que se han modificado algo los comentarios.

Si algo me llama la atención es que hay varios filmes que son bastante flojos. No los he visto todos. Pero las impresiones críticas que he visto,… pues son flojitas. Obviamente, sobretodo por la parte alta de la clasificación, las películas son sobradamente conocidas y admiradas. El hecho de que estén estas películas flojitas, me hace preguntarme si es que hay pocas películas sobre fotógrafos. He de reconocer que yo no recuerdo muchas. Pero algunas se me ocurre que no está ahí.

Una que me gustú mucho fue The Public Eye (1992, El ojo público), basada en la figura del fotógrafo Weegee. Más recientemente, uno de los personajes de Closer (2004) es una fotógrafa, y esta actividad es importante en la acción. También me gustó. La importancia del personaje de la fotógrafo en The Year of Living Dangerously (1982, El año que vivivimos peligrosamente) y la calidad del filme me lleva a pensar que también esta película podría estar en la lista con ventaja sobre otras. Pero bueno,… para gustos los colores. En cualquier caso ahí queda la propuesta.

Hoy, la foto viene con el aspecto melancólico de unas antenas en el atardecer zaragozano.

Antenas
(Fujifilm Finepix F10)

No hay más remedio, hablaremos del eunuco dorado

Cine

Este domingo, lunes de madrugada hora hispana, como suele suceder por estas épocas, se entregaron los Oscar correspondientes al año 2007. Hubo un tiempo en que seguía con cierta atención este acontecimiento. Pero en los últimos años, psché,… como está tan flojo el cine norteamericano… pues no les había hecho mucho caso. Este año tampoco. De hecho, ni siquiera he intentado ver todas las películas candidatas al premio. Sólo las que me han apetecido. Pero, una vez conocidos los ganadores, haré algunos comentarios.

  1. Ninguna de las películas candidatas a la mejor película me han parecido los que se dice «un peliculón que te cagas», de estos que piensas «esta se merece el oscar», aunque luego no se lo lleve. En cualquier caso, si a punta de pistola me hubiesen obligado a elegir una,… y a pesar de que suelo ser admirador de los Coen… creo que hubiera elegido Expiación. No me parece una película redonda, pero es la que más se me ha quedado en el recuerdo; la que más me ha hecho pensar. No es país para viejos, después de vista, no me ha dicho más cosas; una historia de violencia. Sin más. Es más. Me hace añorar Fargo. Qué pena que a aquélla le tocase competir con El paciente inglés.
  2. No le pongo pegas al premio a los Coen. Eso sí. Me parecen unos directores más personales, osados e interesantes que Joe Wright. Este tiene mucho oficio, sin duda, pero me parece mucho más formalista.
  3. He oído por ahí que ha sido un gran triunfo para lo europeo. He oído que si los Coen son más apreciados en Europa,… que si los cuatro actores premiados son europeos,… etc. Por partes. Los Coen serán más apreciados en Europa, pero el cine que hacen está claramente enraigado, formalmente y culturalmente, en los Estados Unidos. Por otro lado, dos de los actores premiados, Daniel Day-Lewis y Tilda Swinton, son ingleses; y estos son una escuela actoral aparte. Impresionante, formidable, pero aparte. No los incluiría yo dentro del conjunto de los europeos. En los siguientes puntos comentaré más sobre los otros actores y sobre el tema de Europa. En cualquier caso, mi enhorabuena a tan excelente pareja de actores británicos.
  4. Hace tiempo que parece que un actor tiene más facilidad para ser premiado si hace un papel excesivo; de tarados en muchos casos. Y este ha sido el caso de Javier Bardem. Bien por él, porque lo hace bien, y porque me cae bien. Pero, ¿es que no es posible premiar a un actor porque hace bien de alguien corriente?
  5. También parece que para que una actriz opte al premio, la tienen que maquillar hasta que no parezca ella. Tras los precedentes de Nicole Kidman y Charlize Theron, he aquí a Marion Cotillard, a quien dan el premio por un papel en el que no parece ella para nada. No me acaba de convencer mucho esta forma de dotar de artificiosidad a la interpretación.
  6. Me fastidia mucho que no le hayan dado el premio a la mejor película de animación a Persepolis. Ratatouille será un virguería técnica y muy entretenida, pero no deja de ser más de lo mismo. Es premiar a lo de siempre. Sin embargo, la película francesa me parece muy bien hecha, muy interesante, muy novedosa, muy osada y, sencillamente, mejor. Y también este premio demuestra que lo de la «europeización» es una memez. Hay que vender los productos de siempre. Made in USA.

Se podrían comentar más cosas, pero me voy a limitar a lo dicho. A lo que me parece más interesante o fundamental. Bueno. También me he dado una vuelta por las fotos de la alfombra roja. Tampoco hay mucho que comentar. Mucho modelito de alta costura, pero poca moza de buen ver que resulte realmente atractiva.

Y la rana es para…

Ranillas (4)
(Canon EOS 10D; EF 70-210/3,5-4,5 USM)