Tras una mañana en el museo, a recorrer Lisboa de abajo a arriba, de arriba a abajo, de abajo a arriba… bueno está lleno de colinas…

Viajes

Pues eso, que por la mañana me he pasado a visitar la Fundación Calouste Gulbekian, que es un sitio que me gusta mucho, donde además de excelente piezas de arte, he descubierto algunas muy divertidas, y donde hay un parque a su alrededor absolutamente encantador, y en el que se rezuma cultura y bienestar por todos los lados.

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Un musculoso centauro pilla por la teta a una rolliza centaura; cómo se lo pasaban estos centauros

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Qué agradables paseos entre árboles, césped, arbustos, juncos... de todo, en el parque de la Fundación Calouste Gulbekian

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Textos literarios hasta en los toldos para aplacar el sol lisboeta

Después he cogido el metro para dirigirme hacia el centro. Antes de subir al Barrio Alto, donde tenía la intención de pasear, comer, y volver a pasear, a ser posible en «elevador», he pasado por la Rua de Portas de Santo Antao a ver si todavía estaba la cochambrosa pensión, Residencial Florescente, donde me alojé en mi primera visita a la capital lusa. Y sí. Todavía está. Pero parece que no tan cochambrosa. Incluso parece tener aire acondicionado en las habitaciones. Prefiero no describir el «aire» que teníamos en aquel puente del Pilar de 1990.

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Residencial Florescente, el nombre ya se las trae... pero la tendríais que haber visto hace 19 años

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Elevador da Gloria saliendo de su parada junto a Avda da Liberdade

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Miradouro de Sao Pedro de Alcantara, con sus fadistas y todo

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Elevado de Bico, bajando hacia el Cais do Sodré, o cerca, vamos

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En el Miradouro de Santa Caterina, comprobamos que el concepto de antena colectiva todavía no es popular en Lisboa

Tras mis paseos por el Barrio Alto, un viaje en el tranvía de la línea 28, y un paseo por la colina de enfrente. Especialmente por el Castelo de San Jorge y por la Sé, que mira tú por donde hasta ahora no había visitado por dentro. Y el claustro no está mal.

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Cruce de tranvías en la Baixa

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Castelo de San Jorge, con sus almenas y torreones, y un nublado de preocupar

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El claustro de la Sé incluye excavaciones arqueológicas que se remontan a tiempos de los romanos

Tras estas visitas, y con un nublado que ha llegado a chispear en algún momento, me he dado una vuelta por la Alfama. Lugar único, al que hay que ir de vez en cuando. Es como pasar a otra dimensión social y cultural. Y con el inefable olor a sardinas asadas. El paseo ha culminado en el mirador de Santa Clara donde me ha sorprendido (gratamente) la puesta de sol, que se ha abierto paso entre las nubes.

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Casas azulejadas en la Alfama

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"Fado To Day's"; todavía no tengo claro si el fado era hoy o "a días"

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Qué bonita puesta de sol desde el Miradouro de Santa Clara... ¡ay!

Después ya todo ha sido pasear un poco más hasta ir a cenar al Barrio Alto un bacalhau que estaba estupendo. Mañana más.

Saludos desde el estuario del Tajo

Viajes

Esta semana estoy de vacaciones. Me quedaba algo después del verano, y había que irse cogiendo poco a poco. Aunque planes, tampoco es que hubiera muchos. Así que, con la excusa de que hacía 11 años que no visitaba Lisboa, una de mis ciudades favoritas, y dado que encontré un vuelo realmente barato desde Madrid, me he escapado unos días a orillas del Tajo. No gran cosa. Pero por airearme un poco.

He llegado a Lisboa a primera hora de la tarde, y como esta estaba soleada y agradable, he decidido darme una vuelta por Belem. Que con la brisa que sube por el estuario del Tajo, se está muy bien. Por supuesto, eso implica una visita a los Jerónimos, un monasterio muy mono. Muy manuelino, quiero decir.

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Interior de la iglesia de Santa María de Belem en el Monasterio de los Jerónimos

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Turista, pintura y prócer muerto en la iglesia de los Jerónimos

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De estilo gótico manuelino, el claustro del monasterio s realmente vistoso

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Como en todo los claustros, la gente se hace fotos desde todos los lados hacia todos los lados

Después sí que ha venido el paseo por la orilla del estuario, visitando los típicos monumentos del lugar. Uno dedicado a los descubridores, un poco pastiche y ostentoso. Pero también esa cucada que es la Torre de Belem, a modo de barquito varado, controlando la entrada al puerto de Lisboa. Y sus barquitos, y sus pescadores, y su todo.

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Como diría Gil y Gil, pues si que es "ostentóreo" el monumento a los descubridores, sí

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Una mala información en la guía, y he llegado tarde para poder visitar la Torre de Belem; menos mal que ya lo había hecho alguna otra vez

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Pescadores con caña a la sombra de la Torre de Belem

Emprendiendo poco a poco la vuelta, he paseado por el barrio de Belem. Desde luego, no han faltado los horribles trenes de cercanías que pasan constántemente en dirección a Estoril y Cascais. Pero afortunadamente, también se podía disfrutar de las coloridas casas al sol de la tardecer, o de la silueta del puente del «nomeacuerdoquefecha», que domina todo el estuario, para bien o para mal.

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Más feos que pegar a un padre, son los comboios que van a Cascais

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El colorido de las casas en Belem se acentúa con la luz del atardecer

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El colosal puente sobre las vías del tranvía a orillas del estuario del Tajo

De vuelta en el centro de Lisboa, me ha dado tiempo a hacer algunas fotografías nocturnas de los bonitos y diminutos tranvías que recorren las colinas lisboetas. O de presenciar después de cenar el ambiente del Chiado, ahora más animado con su boca de metro que parece que sube desde el centro de la Tierra. Y luego a dormir. Que yo todavía llevo la hora española.

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Un minúsculo tranvía de la línea 28 pasa a los pies de la Sé lisboeta

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En el Largo do Chiado nunca faltan artistas callejeros

Lecturas de vacaciones: un tostón alemán y una entretenida introducción a la fotografía

Fotografía, Literatura, Viajes

Para el viaje a Berlín y alrededores me llevé de lectura la primera novela de la trilogía de Los Sonámbulos del escritor vienés Hermann Brock, Pasenow o el romanticismo:

Pasenow o el romanticismo
ISBN: 978-8-497-93926-3
Contemporánea DeBolsillo, Barcelona

Se supone que es una parodia de las novelas románticas, en la que encontramos a un joven militar alemán de la época imperial a finales del siglo XIX sumido en las dudas que le provocan sus relaciones por un lado con un prostituta checa y por otro lado, más formales, con la hija de un terrateniente prusiano. El joven mismo es también hijo y heredero de un terrateniente prusiano. Sin embargo, a mi no me llega a enganchar y me sume en un desinterés similar a una auténtica novela romántica del siglo XIX como las que intenta parodiar. Así que, aun transcurriendo en Berlín, motivo por el que la elegí, hacia la mitad le he mandado a freir espárragos porque sinceramente me da igual lo que le pase al tontochorras de Pasenow.

Mientras tanto, en nuestro deambular por Berlín dimos con una sucursal de la Librería Walther König en Burgstrasse 27. Una librería dedicada a los libros de arte en la que estuvimos más de media hora curioseando, y si no estuvimos más tiempor es porque dieron las ocho de la tarde y era la hora de cerrar. He ido un momento a su página web y no parece tener versión en inglés, sólo en alemán; tengo que confirmarlo. También tengo que comprobar si sirven al extranjero, porque puede ser n lugar donde encontrar cosas interesantes. Allí compre varios libros, uno de ellos un librito de la coleccion Very Shorts Introductions de la Oxford University Press, cuyo autor es Steve Edwards, y que se titula Photography: A Very Short Introduction.

Photography: A Very Short Introduction
ISBN: 978-0-19-280164-7
Oxford University Press, Oxford.

Este libro es un pequeño ensayo en 6 capítulos que pone las bases para una compresión de lo que es la fotografía como medio de documentación y como medio artístico. Ejerce una crítica clara y sistemática, pero en absoluto destructiva, sobre las diversas concepciones que a lo largo de su historia las sociedades han tenido sobre el uso y el significado de las fotografías. Salvo por el hecho de que está inglés, es un libro claro y fácil de comprender en sus conceptos, sin los cultimos que podemos encontrar en otras obras similares. También huye en la medida de lo posible de adoptar la forma de una historia de la fotografía, aunque cierto recorrido sobre la misma es inevitable. Me falta todavía un capítulo. No tardará en caer. Creo que es un librito muy interesante, que cabe en cualquier bolsillo, y que cumple perfectamente su objetivo. Eso sí, que nadie espere un libro que le explique cómo se hacen la fotografías.

Bueno. Me despido con la última fotografía tomada en el viaje. Desde el AVE que me traía a Zaragoza. Llegando a la capital aragonesa, al atardecer.

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El AVE entra en el Valle del Ebro ya en las proximidades de la ciudad de Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Final en Berlín, y regreso (no sin incidentes, como me temía)

Viajes

Hoy ha sido día de regreso a la dura y calurosa realidad. Prácticamente 15ºC de diferencia en las máximas de allí y la de aquí, que se dice pronto. Pero bueno, antes de ir al aeropuerto de Tegel, ha habido un ratito para despedir a la compañía que se piraba en dirección a Wroclaw y a dar una vueltica por los alrededores de Zoologischer Garten, con una última visita y compra en la librería de la Fundación Helmut Newton.

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Cómo me gusta la estación de metro de Wittenbergerplatz.

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Hace unos añitos esta característica estación era la principal de Berlín; ahora sólo es una estación de regionales.

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Y hablando de estaciones que me gustan, como la decorada de Savignyplatz del S-Bahn... ninguna.

Y luego… la crónica de un problema anunciado. Desde que tras los problemas con los billetes el lunes me di cuenta al llegar a Berlín que a la vuelta tenía una escala de sólo 30 minutos en Munich para coger un segundo avión, me di cuanta que había una serie de posibles problemas que me podían amargar el viaje. Al final sólo ha sido uno, y es la segunda vez que me pasa y en el mismo aeropuerto. Pero la vez anterior había la disculpa de un retraso en el primer vuelo. En esta ocasión no. El vuelo de Berlín a Munich ha ido como un reloj. Y el de Munich a Madrid ha salido con 10 minutos de retraso, aunque ha llegado con cinco minutos de antelación. ¿Ideal, verdad? Lástima que en esa media hora los empleados del handling de equipajes no se han dignado en transferir mi maleta de un avión a otro. Han decidido que llegaría a Madrid en el vuelo que llega a las 21 horas. Momento en el que mi AVE ha llegado a Zaragoza. Supongo que el lunes tendré mi maleta en casa.

Eso sí. Perderse, no se ha perdido. Sólo ha prolongado sus vacaciones.

La Bauhaus, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en Dessau

Viajes

Tranquilamente, hoy sin madrugar, dando un paseo, nos hemos llegado hasta la Hauptbanhof (estación central) de Berlín. Hemos cogido un tren que nos ha llevado a algún lugar del lander de Sajonia-Anhalt, más concretamente a Dessau, donde los diversos edificios que dejó en herencia la Bauhaus, que tuvo allí su sede en su segunda época, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Extraña y vistosa escultura equina en una de las fachadas de Berlin-Hauptbanhof.

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Edificio principal de la Bauhaus en Dessau.

En primer lugar, hemos visitado el edificio que albergó la escuela, hoy en día todavía en activo. La verdad es que para poder apreciar plenamente la originalidad del edificio conviene verlo a vista de pájaro, o en su defecto en una maqueta. Como la que se encontraba en la exposición permanente que hemos visitado. Junto con una temporal en la que hemos apreciado diferentes películas mudas de la época, donde queda establecida la tremenda creatividad que tenía esta gente.

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Esta película de los años 20 me recuerda a los rayogramas de Man Ray.

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Maqueta del edificio de la Bauhaus en Dessau en forma de estrella de tres puntas.

Hemos comido allí mismo, en la cafetería, y luego nos hemos ido a visitar las Meisterhäuser (Casas de los Maestros), que son algo digno de verse, especialmente en su entorno y dándose una vuelta a su alrededor. Allí vivieron Kandinsky, Klee, Gropius, Feininger, Moholy-Nagy, Muche, Slemmer,… los principales maestros de la escuela.

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Entre los pinos, Haus Klee/Kandisky; cómo me gustaría vivir en un sitio así.

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En la maqueta vemos separadas las dos viviendas adosadas de las que constan las Meisterhäuster.

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Y todavía más me gustaría tener un estudio como el de Haus Feininger.

Tras la visita, que nos ha llevado un rato hemos decidido dar una vuelta por Dessau. Pero ha sido breve. Aparte de un bonito palacio convertido en museo en un frondoso parque, y una apacible zona peatonal, poco más hay que contar de esta ciudad de casi 100.000 habitantes.

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Rodeado por un frondoso parque, el Schloss Georgium, hoy en día un pequeño y coqueto museo.

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Rathaus de Dessau.

Después otra vez tren a Berlín. Hemos cogido un directo. Y nos hemos arrepentido. Nos ha costado casi media hora más de viaje que por la mañana haciendo un transbordo y más kilómetro. Estos RegioExpress tienen poco de Express. Pero bueno, como mañana poco nos dará tiempo a hacer, hemos dado una vuelta antes de cenar, y hemos hecho unas últimas fotos. Mañana, de vuelta. Yo por lo menos. Que mis acompañantes se van para Polonia (la del Báltico, no «la del Mediterráneo»).

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La Berliner Dom a la puesta de sol.

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La Fernsehturm al anochecer.

A Weimar, donde la república aquella, y cosas mucho más interesantes

Viajes

Pues eso, que hoy hemos madrugado un poquito para hacer las dos horas y poco que a una combinación de modernos ICEs les cuesta llegar a Weimar desde Berlín, haciendo una escala de no más de 5 minutos en Leipzig. Efectivos estos ferrocarriles alemanes. Seguimos un poco tras las huellas de la Bauhaus, y Weimar es el lugar donde se fundó esta escuela hace ahora 90 años. Pero nuestro gozo en un poco, el museo está en obras y abre al público el día 16 de agosto. O sea, que llegamos con tres días de antelación. Maldita sea.

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El paisaje pasa raudo por la ventanilla del ICE camino de Leipzig.

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Cerrado hasta el día 16 estaba el Museo de la Bauhaus,... ¡qué decepción!

Menos mal que la ciudad es muy bonita en sí misma. En principio, una ciudad bastante civilizada que a lo largo de su historia se ha dedicado más a las artes que a otras cosas. En su momento, dos famosos escritores alemanes, Goethe y Schiller, fueron vecinos del lugar y han dejado abundantes restos de su paso por aquí. También el compositor Liszt vivió aquí, y tuvo su casita. Además de diversos pintores, sus mecenas y otros relacionados con las artes y las letras. También estuvieron los comunistas y dejaron sus Trabants.

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Coqueta la casita que tenía Schiller en el centro de la ciudad de Weimar.

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Un Trabant en la Plaza de la Democracia... ¡esto sí es ironía!

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La Plaza de la Democracia que es muy bonita, aunque demasiado atestada de chiringuitos por el mercadillo.

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El altar de los Kranach es el principal atractivo de la Stadtkirche de Weimar.

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Goethe tenía más categoría que Schiller... o por lo menos su casa...

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Viejas edificaciones junto al Stadtschloss.

Después de comer, nos hemos ido a pasear por el Park an der Ilm, estupendo parque que flanquea el río Ilm a su paso por la ciudad. Allí hemos visto el «chabolo» campestre que se tenía agenciado Goethe, y hemos subido a ver la Haus am Horn, bonita casa de puro estilo Bauhaus.

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Paisaje característico del Park an der Ilm.

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Cortacesped ecológico en el Park an del Ilm.

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La casita de campo de Goethe en el Park an der Ilm.

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Tras las rejas y sin poder verla por dentro tienen a la Haus am Horn.

Y luego también hemos ido un rato de cemnterios, que a mí siempre me han parecido muy fotogénico. Primero nos hemos encontrado con el cementerio soviético, en un rinconcito del Park an der Ilm. Luego, ex profeso, hemos ido a ver el cementerio viejo de la ciudad, con tumbas del siglo XIX en un frondoso parque, realmente bonito. Un paseíto por la ciudad comiendo algo de fruta o repostería, y a por el ICE, que se nos hacía tarde.

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Algunos soldados sovieticos, como el pobre Karlov, no tenía ni apellidos, ni sabían cuándo nacieron o murieron; pero en el Park an der Ilm están enterrados.

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Abundantes Koch de los Kock de toda la vida de Weimar, que vivieron en el siglo XIX.

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Bajo un cielo nuboso entra en la estación de Weimar el ICE procedente de Francfort del Meno con destino Dresde, y que nos dejará en Leipzig.

Hoy ha sido el día estrella; hemos visitado la exposición Modellbauhaus

Viajes

Lo cierto es que el día no ha salido exactamente como estaba previsto. Alguien ha tenido la idea de cambiar el plan, que mira a ver si vemos unas tiendecicas a primera hora de la mañana, que luego cunde mucho el día,… Y luego no ha cundido. Nos hemos dejado el Schloss Charlottenburg en el tintero. Entre el ir de tiendas y una metedura de pata colosal al coger un metro,… se nos ha hecho tarde. Bueno… los que no hemos tenido la idea de cambiar de plan, ¡ya conocíamos el Schloss Charlottenburg!

Así que a primera hora de la mañana nos hemos dividido. Como no me apetecía lo de las tiendas, me he cogido el S-Bahn hasta Zoologischergarten, y me he ido a ver el Museo de la Fotografía de Helmut Newton. Me ha encantado, oye. Este fotógrafo, que al principio me tenía un poco frío, cada vez me gusta más. Especialmente en sus fotos menos conocidas.

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Me gusta bajarme a mirar en la estación de Savignyplatz del S-Bahn; ese miliciano republicano me hipnotiza.

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Las altísimas y esbeltísimas modelos desnudas de Newton presiden el museo.

Después de pasar un momento por el hotel (a dejar las compras), nos hemos ido al Martin Gropius Bau a ver la exposición dedicada a la Bauhaus. Yo tenía una cierta idea de este movimiento. Pero lo que he aprendido, que ha sido mucho, me ha encantado. Una exposición magnífica. Pintura, escultura, diseño, arquitectura, fotografía,… todo. De todo. Impresionante. También hemos aprovechado para ver una exposición temporal de la fotógrafa alemana Herlinde Koelbl. No la conocía. No está mal. Durante la guerra fría, el edificio que alberga el Martin Gropius Bau quedó de cara a la pared, o sea, de cara al infame muro. Justo al lado, está el único lienzo del mismo que han dejado en pie.

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Estos pavos son los prohombres de la Bauhaus; la gente se ponía en los huecos para la foto... pero me han hecho más gracia con los óvalos amarillos.

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Contemplando uno de los diversos audiovisuales de la exposición.

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Una declaración de principios: "Lo que la gente necesite, no lo que dicte el lujo". Unos rojos, eso es lo que eran estos de la Bauhaus... y qué bien vendría en el mundo un poco de esa "rojez".

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Admirando las fotografías de Herlinda Koelbl.

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Lo que queda del famoso muro.

Después, tras los titubeos sobre si llegamos o no llegamos al Schloss Charlottenburg, y cuando hemos visto que no, nos hemos ido a visitar distintos puntos característicos de la ciudad. Para hacer las fotos, que se note que hemos estado en Berlín.

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Mira que es fea por fuera la iglesia esta "conmemorativa"... pero por dentro tiene algo... azul.

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Alguien se ha empeñado en que fueramos al archivo de la Bauhaus; yo he dicho, "estará cerrado por que mira que hora es... y ten en cuenta que mucho de lo que exponen estará en exposición que hemos visto"... y tenía yo razón. Cerrado.

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Otro de mis monumentos favoritos en Berlín; el memorial del Holocausto. Y encima con la luz del atardecer...

Y conforme ha caído la tarde, nos hemos ido a mirar escaparates y librerías por Mitte, antes de acercarnos a la Hauptbanhof para sacar billetes para mañana. Nos vamos de excursión a Weimar. Tras las huellas de la Bauhaus, un día más. Pero eso, sí, antes hoy hemos cenado estupendamente a orillas del Spree. Me he tomado una sopa fría de pepino con gambas ahumadas que es de lo mejor que he comido en mi vida. Sí, de pepino; y estaba excelente. Ideal para el verano.

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Los siempre animados aledaños de la estación de Friedrichstrasse.

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Un S-Bahn se dispone a salir de la estacion de Friedrichstrasse al atardecer.

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El Dom iluminado a orillas del Spree con la noche casi cerrada.

Nos hemos retirado pronto. Mañana vamos a madrugar un poquito.

Tras un viaje accidentado, llegamos a Berlín, y pasamos nuestro primer día

Viajes

No voy a contar las vicisitudes del viaje. Hubo un par de ellas, o tres si contamos la llegada al hotel,… pero no merece la pena. El caso es que estamos aquí, y pasándolo bien.

Nos ha salido el día nublado, muy nublado. Incluso amenazando lluvia. Por lo que hemos decidido pasar la mañana visitando museos. En la Museuminsel (la Isla de los Museos), que para eso están todos junticos. Nos hemos sacado un bono para todo el día… Y ale. En primer lugar, y visitándolo casie entero el Pergamonmuseum. Este es una brutalidad que construyeron alrededor de una serie de edificios que se trajeron enteros de Asia Menor en tiempos del Kaiser. Luego nos hemos ido a la Alte Nationalgallerie, a ver un poquito de pintura mona del siglo XIX, y finalmente hemos visitado el Alte Museum, a decir hola a Nefertiti y a Pericles.

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El altar de Pergamo, una de las principales atracciones en la Museuminsel.

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El Pergamonmuseum exponía una monográfica dedicada a los dioses de la Griega clásica; en la fotografía, la diosa Atenea.

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No podía faltar un vistazo a los frisos de los leones de Babilonia; impresionantes.

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En la Alte Nationalgallerie, un poquito de pintura y escultura del siglo XIX.

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Me gustaba más cómo quedaba Nefertiti, alias "la Tuerta", en el antiguo Museo Egipcio de Charlottenburg; pero su actual ubicación en el Alte Museum parece provisional.

Después de comer hemos seguido paseando bajo el cielo gris y nublado por los alrededores de Alexanderplatz, y luego paseando por Unter den Linden hasta llegar a la puerta de Brandemburgo, casi invisible porque a su alrededor están instalando todo tipo de escenarios y cosas para algún espectáculo. Por lo menos, mientras tanto, nos ha salido el sol.

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Un paseo después de comer por las orillas del Spree.

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Poco respeto se le tiene ya a Marx por estas tierras.

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La línea de metro más querida por los amantes del rock de todo el mundo.

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Buscando nuevas formas de fotografíar la Neue Wache (me estaba copiando mi punto de vista, de una toma anterior).

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Esto es lo más que hemos podido ver de la Puerta de Brandemburgo.

Con más sol, hemos mirado de subir a la cúpula del Reichstag. Pero la espera era larga, así que, aprovechando que la tarde estaba buena, hemos decidido pasear por el Tiergarten hasta la estación de S-Bahn de Bellevue.

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Muy agradable y soleada la tarde en los alrededores del Bundestag (antiguo Reichstag).

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La Casa de las Culturas del Mundo, conocida por los berlineses por el prosaico nombre de "la almeja".

Desde allí, hemos vuelo hacia los alrededores de la Museuminsel, donde por la mañana habíamos encontrado una librería de arte estupenda. Yo me he comprado algún libro de fotografía. Qué variedad tenían, oye. Después nos hemos ido a tomar unas cervezas, en los chiringuitos bajo las vías en las cercanías del Spree. Como los intentos de hacer fotos después de las cervezas no tenían mucho éxito… no sé por qué será… nos hemos ido a cenar, y luego al hotel. Mañana más.

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Difícil enfocar después de unas "weissbier" mientras paseamos a orillas del Spree.

Un viaje por el sistema solar, una exposición de arquitectura alemana, y nos hablamos desde Berlín

Arte, Televisión, Viajes

Esta semana, en la que celebran en Huesca, donde trabajo, su fiesta grande, yo he optado por celebrar mi fiesta particular. Me he cogido unas mini-vacaciones. Hasta el próximo lunes 17, nada de curro. Así que este fin de semana me lo he tomado con especial relax, animada por la agradable bajada de temperaturas.

Una de las cosas que he hecho ha sido ver con ansiedad los dos primeros episodios de una nueve serie yanqui de ciencia ficción, Defying Gravity. Tras la finalización de Galactica y otras, estábamos un poco huérfanos de aventuras por el espacio, y como a mí es un género que me gusta… pues a ver. Los dos primeros episodios no están mal. Ocho astronautas del dos mil cincuenta y tantos en un viaje de 6 años por el sistema solar. Visitando siete planetas. El primero Venus. Y con un misterio de fondo. Que algunos conocen y otros no. Visualmente y conceptualmente heredera de 2001, una odisea del espacio y Sunshine, tengo miedo de que por algunos detalles de la trama pueda convertirse en una anatomía de Grey espacial. Pero después de que la prometedora Virtuality, con la que tiene muchos parecidos, se quedará en el episodio piloto, habrá que mantener la esperanza.

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Iapetus, satélite de Saturno, fue uno de los protagonistas de la edición literaria de 2001, una odisea del espacio (imagen publicada en Astronomy Picture of the Day, NASA).

Por otra parte, como hago de vez en cuando, ayer me pasé dando una vuelta por el Centro de Historia de Zaragoza, para ver si había algo nuevo en exposiciones. Y me encontré con una interesante exposición sobre la arquitectura alemana de la posguerra, con interesantes muchas maquetas, fotografías y explicaciones. Estaba enfocada a explicar la evolución paralela entre la arquitectura de la República Federal de Alemania y la extinta República Democrática de Alemania.

Exposición Arquitectura Alemana

Exposición 2 Arquitecturas Alemanas en el Centro de Historia de la Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Exposición Arquitectura Alemana

Maquetas en la exposición 2 Arquitecturas Alemanas - Panasonic Lumix LX3

Todo lo cual me viene al pelo para contaros que me voy. Cinco días. De escapada a Berlín. Estuve no hace mucho. Pero me ha surgido la ocasión de volver. La excusa, una serie de exposiciones celebrando el 90 aniversario de la Bauhaus. Así que a partir de mañana, os iré contando cosas en estas páginas, dependiendo de cómo me vaya encontrando las conexiones a internet. Y si no os lo subo cuando vuelva. Que tampoco me voy a dar mucho mal. Hasta la vuelta.

Universidad de Humboldt

Universidad Humboldt en Unter den Linden, Berlín - Pentax *ist DS, SMC-DA 21/3,2

Algunas estadísticas… de mis fotos en Suiza

Fotografía personal, Viajes

No sé si son fruto del azar, de un patrón consciente, del capricho que me invade en cada momento o de qué, pero a partir de los datos EXIF de las fotos «válidas» de mi viaje a Suiza, he sacado unas estadísticas de mi forma de fotografiar. En primer lugar, para entender algunas cosas veamos qué equipo he llevado.

Son fotos «válidas» aquellas que tras revisar todos los fotogramas tomados en formato RAW han sido procesadas para obtener un formato de «exhibición» por decirlo de alguna forma.

En total, en mi carpeta correspondiente tengo 428 imágenes.

En el bolsillo, me he llevado la Panasonic Lumix DMC-LX3, una cámara de la que desde mi viaje a París de este invierno donde fue mi cámara principal, me he separado muy poco. Antes, las cámaras compactas las llevaba un poco como de reserva o como cámaras secundarias para determinados momentos del viaje. Pero ahora le concedo bastante protagonismo. Esta cámara tiene un objetivo con focales equivalentes al formato de 35 mm entre 24 mm y 60 mm. En ella se pueden utilizar tres formatos de imagen: 3:2, 4:3 y 16:9. Ya adelanto que el 3:2 no le he usado en esta cámara.

En total, 231 imágenes (54%) están tomadas con la LX3.

Conjunto funerario

La gran luminosidad del objetivo, su razonable buen comportamiento a ISOs moderamente altas, y su discreción hacen de la LX3 una cámara ideal para interiores, como en la catedral de Friburgo.

Como cámara presuntamente principal he llevado una Pentax K10D, con cinco objetivos de focal fija (entre paréntesis la focal equivalente en 35 mm): 21 (32), 40 (60), 70 (105), 100 (150) y 200 (300) mm. Estos dos últimos, viejos objetivos de enfoque manual, me los lleve con la intención de usarlos esporádicamente, especialmente en los Alpes.

En total, 197 imágenes (46%) están tomadas con la K10D.

Jungfrau

Si quiero fotografiar con focales largas, la K10D es obligatoria como a la hora de obtener detalles de la Jungfrau.

Una conclusión que se puede sacar es que cuando una compacta es buena, pensada para el fotógrafo, en muchas ocasiones es suficiente para obtener las imágenes que quieres, y además es más discreta y más cómoda de llevar. Por eso, la usado bastante.

En cuanto a las focales utilizadas, utilizaré como referencias los extremos del objetivo de la compacta y los objetivos fijos de la réflex. Siempre daré las focales equivalentes en 35 mm, para estandarizar el asunto:

Entre 24 y 28 mm (gran angular): 97 imágenes (87 de ellas a 24 mm).

Entre 30 y 39 mm (angular): 40 imágenes.

Entre 41 y 60 mm (estándar): 171 imágenes (79 con la LX3 en 60 mm y 68 con el objetivo fijo de la K10D).

105 mm: 68 imágenes.

150 mm: 8 imágenes.

200 mm: 31 imágenes.

Mi sensación es que para mí, las focales de interés serían un gran angular entre 24-28 mm, una focal estándar y un teleobjetivo en torno a los 100 mm. No hace falta que me vuelva a llevar dos teleobjetivos. Con uno es suficiente. También se nota que cuando tienes un objetivo de focal variable o zoom, lo que más se usan son las focales extremas. Con la focal con la que me siento más cómodo (esto ya lo sabía, es con la estándar, entre 40 y 60 mm. Pero evidentemente, el gran angular tiene siempre un gran interés en viaje.

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Mis focales reinas, las focales estándares, como el 40 mm (60 mm equivalente 35 mm) que obtuvo esta imagen de uno de los puentes de Lucerna.

En cuanto a la orientación de la imagen, 381 son apaisadas y 47 verticales.

En lo que se refiere al formato, teóricamente todas las de la K10D tendrían que ser 3:2, pero no es así porque muchas de las verticales las recorto a 4:3. El 3:2 no me gusta en vertical. Así que el conjunto queda así:

3:2 – 147 imágenes, casi todas ellas apaisadas.
4:3 –  65 imágenes, las dos terceras partes de ellas aproximadamente verticales.
16:9 – 213 imágenes, casi todas ellas de la LX3, aunque también algún recorte de la K10D y alguna composición panorámica de varias fotos.

Probablemente, todo esto a la mayor parte de vosotros os haya parecido un rollo. Pero a mí me ha hecho pensar. Sobre todo, de cara a lo que viene siendo mi obsesión últimamente. ¿Cuál es el equipo idóneo a llevar de viaje que de la mejor calidad con el menor volumen y peso posible? ¿Alguna idea?

Olympus E-P1 y Leica D-Lux 4 (Casinoplatz)

El clon de Leica de mi LX3 y, en primer plano, la novísima Olympus Pen E-P1. ¿Irán por aquí los tiros del equipo ideal del viajero comodón?

Viajando en tren por Suiza

Trenes, Viajes

En mis vacaciones por Suiza, hemos utilizado fundamentalmente el ferrocarril para movernos por el país. Esta opción depende mucho del tipo de viaje que quieras hacer. Introducirte en zonas rurales, detenerte más en el conjunto del paisaje del país quizá lleve a considerar el coche como una mejor opción. Pero dada la rapidez, eficacia y abundancia de los trenes suizos, utilizando el transporte público te puede llevar a conocer muchas partes del país.

Zürich Hauptbahnhof

Dos trenes Intercity estacionados en Zürich Hauptbahanhof - Panasonic Lumix LX3

En Suiza hay una compañía grande de ferrocarril, los Ferrocarriles Federales Suizos (SBB). Pero también hay un sinnúmero de compañías que realizan servicios locales o regionales, o bien, con anchos de vía métrica en los paisajes más accidentados.

Estación

Interregio con destino Berna y Ginebra aeropuerto dispuesto para salir de la estación de Lucerna - Panasonic Lumix LX3

Hacia Zermatt en el Matterhorn Gotthard Bahn

Ferrocarril de vía métrica, con tramos de tracción a cremallera, del Matterhorn Gotthard Bahn que une Visp con Zermatt - Panasonic Lumix LX3

También hay que considerar los ferrocarriles locales de cremallera para ascender por los terrenos más escarpados para ascender los terrenos más elevados como puede ser al Gornegrat o al Jungfraujoch.

Gornergrat Bahn

Unidad eléctrica con motores trifásicos y tracción de cremallera del Gornergrat Bahn en la estación de Gornegrat a 3.089 metros de altitud - Pentax K10D, SMC-DA 21/3,2 Limited

Berner Oberland Bahn en Lauterbrunnen

Trenes del Bern Oberland Bahn en la estación de Lauterbrunnen con el Breithorn al fondo - Panasonic Lumix LX3

Jungfraubahn

Unidad eléctrica con motores trifásicos y tracción de cremallera del Jungfraubahn en la estación de Kleine Scheidegg - Panasonic Lumix LX3

Todos estos ferrocarriles comparten esas características de eficacia, puntualidad y frecuencia. Y todas están integradas en un sistema tarifario común, que en algunas ocasiones incluyen otro tipo de transportes como los barcos que recorren los principales lagos del país comunicando las localidades ribereñas. Uno puede consultar cómodamente los horarios y las relaciones en la página en internet de la SBB. También, todas las estaciones tienen en sus servicios de información pequeños folletos con las tablas horarias que unen esa estación con casi todo el resto del páis.

Zürichsee

Pequeño vapor de línea regular en el Zürichsee - Pentax K10D, SMC-M 200/4

Pero, ¡ay!, también comparten todos estos idílicos ferrocarriles otra característica común. Y es que son caros. Muy caros incluso cuando nos metemos en los ferrocarriles de montaña. Por poner un ejemplo, el trayecto ida y vuelta entre Berna y el Jungfraujoch a 3.471 metros de altitud, vía Interlaken Ost – Lauterbrunnen/Grindelwald – Kleine Scheidegg, cuyo billete podemos comprar tranquilamente en cualquier dispensador automático de Berna, y que implica coger un mínimo de cuatro trenes distintos, cuesta la friolera de 233,80 CHF. En euros, nada más y nada menos que 153,86 EUR. Más de 25.000 de las antiguas pesetas. Por ello, conviene prever la adquisición con antelación del Swiss Pass, con distintos períodos de validez, que permite viajar por la mayor parte de las líneas normales sin más costes que el de compra de la tarjeta, 376 CHF para la de ocho días (247,45 EUR). También suele proporcionar descuentos del 50% en muchas de las líneas más turísticas, así como en teleféricos y telecabinas de destintos lugares. Así, en el ejemplo puesto, no habríamos de pagar nada más por el trayecto Berna – Lauterbrunnen/Grindelwald, y la mitad entre Lauterbrunnen/Grindelwald y el Jungfraujoch.

También es válida para los transportes urbanos de las principales ciudades, o permite el uso de los mismos con sustanciososo descuentos.

General Guisan Quai

Tranvía urbano a orillas del Zürichsee en la ciudad de Zürich - Panasonic Lumix LX3

Drahtseilbahn Marzili

Funicular de Marzili en el centro de Berna - Panasonic Lumix LX3

Para finalizar, un paseo por alguna ciudad francófona; Friburgo y Neuchâtel

Viajes

Ayer fue el último día del viaje. Por la mañana me despedí en la estación de Berna de mis compañeros de andanzas. Mientras ellos cogían un Cisalpino con destino al otro lado de los Alpes, yo pillaba un tren hacía Friburgo. Una mona ciudad situada a media hora de Berna, y donde para variar, se habla mayoritariamente francés. Mucho más cómodo para mí, la verdad, el hablar a la gente en su idioma natal, y no depender los dos de un tercer idioma, aunque sea uno tan extendido como el del imperio, el inglés. La ciudad vieja, situada en un recodo del río Sarine, es realmente bonita y muy agradable para pasear.

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Una estatua llorosa me recibe nada más bajar del tren en Frinburgo.

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En la catedral de Friburgo encontramos en las cristaleras las escenas de sado-maso que tanto gustan a los católicos.

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La calle de las esposas fieles y los maridos modélicos... dime de lo que presumes y te diré de qué careces.

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Como algunos ya sabíamos, aunque en España se ignora bastante, el Camino de Santiago es algo que se extiende por todo el continente y no sólo entre Roncesvalles y Santiago.

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Recoleta la ciudad antigua de Friburgo, ¿verdad?

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Y para finalizar la visita a Friburgo, un funicular que nos sube hasta la estación.

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Una como ésta está en el museo del transporte de Lucerna; aquí están en exposición en la estación de Friburgo, pero pintadas de rojo en vez de verde.

Tras pasar la mañana en Friburgo, cogí un tren hacia Neuchâtel, también perteneciente a la Suiza francófona. También una ciudad muy mona, situada junto a un gran lago, aunque el paseo por su orilla me tocó bajo un nublado y un vientecillo fresco. Pero previamente había paseado por su bonito y colorido casco antiguo, y había subido al conjunto formado por el castillo, actualmente sede del gobierno cantonal, y una colegiata aneja.

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Unos pasean, otros leen, en las tranquilas calles de Neuchâtel.

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El castillo de Neuchâtel, sede del gobierno cantonal.

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Altar mayor de la colegiata de Neuchâtel.

Hacia las cinco de la tarde cogí un tren de vuelta a Berna, había que hacer alguna compra de última hora, y si el tiempo no lo impedía dar una última vuelta por Berna, por algunos de los lugares que en la primera visita nos pillaron con lluvia y que ahora podían estar soleado.

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El oso, emblema de la ciudad de Berna, lo podemos encontrar hasta en el azud del río Aare.

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En el mismo lugar donde en ese momento tomaban el sol los adolescentes, días atrás caía el diluvio.

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Y antes de irme, un paseo entre las policromadas fuentes bernesas.

Y ya, a las nueve de la noche, tren de vuelta. Pero eso ya es otra historia… y será contada en otra ocasión.