En Baden-Baden, además de más calor, damnificados por los malditos mundiales

Viajes

La verdad es que la cosa se presagiaba; hoy que nos hemos ido a pasar el día a Baden-Baden, como los pijos de hace 100 años, el invierno en París y el verano en Baden-Baden, no hemos hecho más que ver coches ornamentados con los colores alemanes.

De hecho, por la tarde, en cuanto ha empezado el partido, nos hemos quedado solos por las calles; estaban todos en casa o en los bares viendo el partido ¡Vamos, que pocas diferencias hay con los españolitos!

Cuando ya faltaba poco para terminar el partido, nos hemos sentado en una terraza con unas paulaners, para ver cómo se lo pasaban los "tedeschi" cada vez que su selección metía un gol.

Y cuando han empezado ha salir a la calle con los coches, si se ponen así en cuartos que pasará si ganan la final, hemos empezado a temer alteraciones en el tránsito del transporte público, ¡y la estación está a cinco kilómetros del centro de la ciudad! Calcetinada a la vista.

Al final no ha sido tanto, y sólo hemos caminado como un 40% del trayecto; en ese momento han empezado a pasar autobuses, con frecuencia irregular y gran afluencia. Pero empecemos por el principio.

Hemos llegado por la mañana con el calor de estos días con el que ya empezamos a familiarizarnos; Baden-Baden estaba muy animada, con mercadillos, música al aire libre, actividades deportivas,... de todo.

Lo más mono del lugar es la Lichtentaler Allée, un camino con parques a su alrededor, que partiendo desde el casino, llega hasta un abadía; así que hemos empezado entrando en el vestíbulo del casino y echando un vistazo.

Por el camino, además de muchas otras cosas monas, hemos podido comprobar los "chabolos" que se gastan por aquí los pijos-pijos, cuando vienen a veranear a Baden-Baden.

La abadía de Lichtental no tiene gran cosa, pero como decía el poeta, no recuerdo cual pero alguno, lo importante es el camino; en este caso sin duda.

Después de volver al centro, y comer estupendamente con un servicio estupendo y en un sitio muy mono, como hacía mucho calor, se había nublado, se oían truenos,... vamos, cualquier cosa podía pasar, nos hemos ido a visitar el Museo Frieder Burda; éste es un museo de arte contemporáneo, cuyas salas de exposición se encuentran ocupadas en este momento por obras de Miró. No es mi favorito, pero dadas las circunstancias, no ha estado mal.

Como no se ha arrancado a llover, nos hemos ido a pasear por el casco viejo, con iglesias, estátuas, jardines, antiguas termas romanas, y la terraza junto a un castillo que no se visita porque es privado; el colmo de la casita de verano para pijos.

Como ha vuelto a salir el sol, y la luz estaba bonita, hemos paseado un ratito más por la Lichtentaler Allée, hasta que hemos comenzado nuestra odisea para intentar llegar a la estación antes de la salida del tren.

Lo hemos conseguido, y nos hemos relajado un poquito en los 40 minutos escasos que le ha costado al Intercity directo que nos ha traído a Estrasburgo; como hoy hemos terminado realmente cansados, nos hemos quedado en el hotel tomando algo, mientras charramos y escribo estas líneas.

Ya sabéis, otra forma de ver el día en las entradas de Fotos porque sí.

Ante el calor, un museo donde se está fresquito, y nos vamos a tomar un cerveza a Alemania

Viajes

Para empezar, hay que decir que hemos decidido visitar el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo que está realmente muy bien. Y sin embargo, no había casi nadie. Ante el calorazo, una excelente alternativa para pasar la mañana.

Había un exposición dedicada a Richard Deacon, un escultor británico de una de cuyas obras, sin saberlo, tomé hace poco una foto. Y no precisamente, cerca de Estrasburgo,… Mirad aquí… La gente de Zaragoza que guste de pasear por los parques a orillas del Ebro igual conoce el lugar.

Pero vamos a lo que estamos.

Gustavo Doré es una de las glorias locales en materia de pintura, y tiene dedicada una amplia sala, aunque su estilo desentona con el resto de la colección, más moderna, más contemporánea.

Un omnipresente pensador de Rodin nos recibe en las salas dedicadas al arte moderno.

Muchos adolescentes haciendo visita cultural al museo; y creo que no entendiendo muy bien el arte contemporáneo... ellos, tan jóvenes, y ya con tantos prejuicios.

Después de comer hemos descansado y a continuación hemos paseado por la parte más prusiana de la ciudad; curiosamente allí encontramos la patríotica Plaza de la República.

Hemos entrado a curiosear en la iglesia de Saint-Paul, donde un pastor protestante nos ha guiado en la visita al templo; y mientras, un organista tocaba, muy bien, uno de los dos órganos de la iglesia.

Conforme caía la tarde nos hemos dirigido al Rin, al Parque de las dos Riveras; en el lado francés una especie de parque de atracciones a medio gas languidecía por la escasez de público.

Aunque estamos todavía en Francia, un paseo que conduce hacia la pasarela peatonal internacional muestra las distancias relativas de los planetas del sistema solar respecto al sol, que se encontraría al principio de la pasarela,... ¡pero con los carteles en alemán!

Junto a la orilla del Rin en el lado francés, se estaba organizando un banquete; un grupo de jazz al más puro estilo Django Reinhardt ensayaban su repertorio, ¡y lo hacían de puta madre!

El punto medio en el Rin, donde a un lado está Francia y al otro, Alemania.

Kehl, la población en la orilla alemana, no parece tener nada de especial, pero es muy pulcra, con unos jardines estupendos y un aspecto envidiable de paz y tranquilidad; hemos disfrutado del paseo y de la cervecita.

La vuelta a Estrasburgo, en tren; total de la estación de Kehl a la de la capital alsaciana es un recorrido de apenas 10 minutos.

Después de cenar, hoy mal, hemos tenido mala suerte con el servicio, hemos paseado por los alrededores de la Plaza Gutenberg, donde unos portugueses disfrutaban montados y dando alaridos en un carrusel.

Por cierto, ya sabéis, más imágenes, de otro tipo, en Fotos porque sí.

Calor del demonio que hace en Estrasburgo, oiga

Viajes

Creo que ya comenté que el hotel está muy bien; pero además me encantá tener una fotografía muy maja en la cabecera de la cama.

Con el calorazo que hacía esta mañana y la luz tan mala para hacer fotos, nos hemos estado un buen rato en el interior de la catedral; hasta que nos han echado porque había misa.

Una desagradable sorpresa han sido las masas de turistas que entre las 10 y las 11 han entrado en la catedral; al parecer proceden de los cruceros que surcan el Rin, que como se saben los horarios de las misas, los traen corriendo para que no se les vaya el programa al garete.

Aún nos hemos animado ha hacer alguna visita más a pesar del calor, como los exteriores del Palacio Rohan; el interior es un museo de artes decorativas, y no nos ha interesado mucho.

Tras tomarnos unos refrescos y unas cervezas, hemos comido en un terraza a orillas del Ill; y ha caído el primer choucroute, que no estaba mal.

Ante el calorazo, y dado que además tengo un tobillo un poco chungo, nos hemos ido a refrescarnos un rato al hotel; después hemos vuelto a recorrer de nuevo las calles del centro, porque la luz había mejorado mucho para hacer fotos.

No sólo hemos recorrido lo de por la mañana; hemos ido paseando por todo el casco histórico de la ciudad, donde no faltan rincones interesantes.

Como hemos sacado un abono de día para los tranvías, y así nos evitamos calcetinadas bajo el sol, nos hemos ido hasta los edificios del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa; el que más nos ha llamado la atención ha sido el del Tribunal de Derechos Humanos de Europa, ¿querrá representar una balanza?

También hemos paseado por el Parque de la Orangerie que está en esa zona, donde nos hemos tomado unos helado; nos hemos relajado.

Después, vuelta al tranvía, para acercarnos al centro, concretamente a la Petite France, que ya sé porque se llama así, para cenar; y hemos aprovechado para buscar nuevas vista de lo ya visto.

Hemos cenado en una terraza a orillas del Ill, muy animada, con unos camareros muy divertidos; parecía más italianos que franceses de al lado de Alemania.

Luego, de vuelta al tranvía y al hotel; como la frecuencia de los tranvías por la noche es baja, nos hemos entretenido con fotos tontorronas,... pero resultonas.

Más fotos del viaje, de otro estilo, en Fotos porque sí.

A pesar de las huelgas «salvajes», he llegado a Barajas, y de allí a Estrasburgo

Viajes

Una vez salvados los problemas huelguísticos en Madrid, y tras una laaaaaarga estancia en el aeropuerto de Barajas, en un avión pequeñín de Air Nostrum, hemos tenido un tranquilo vuelo con buen tiempo hasta Estrasburgo.

Un hotel estupendo, en la Place de la Gare, justo enfrente de la estación, como es lógico pensar.

Muchas flores y muchos tranvías entre los canales que atraviesan el centro de Estrasburgo, una ciudad bastante mona por lo demás.

Restos de antiguas murallas y fortificaciones, flanqueando algunos de los canales de la ciudad.

Una tarde con un tiempo excelente, casi caluroso, invitaba a las gentes a poblar los parques y jardines para estar con los amigos; mucho ambiente.

Por algún motivo que todavía desconozco llaman la "Petite France" un barro de la ciudad que fundamentalmente tiene aspecto alemán.

Unos novios haciéndose las fotografías de boda; la verdad es que los fotógrafos sociales en esta ciudad lo tienen "chupado" para encontrar rincones monos para los ilusionados contrayentes.

Opípara cena al aire libre; si no tenemos cuidados volveremos como toneles, porque los menús son copiosos,... y no muy caros.

Tras la cena, una paseo para rebajar calorías; en algunas zonas, la rotulación de las calles es bilingüe, con un segundo idioma que se parece mucho al alemán que pero que no es,... aunque casi.

Tranvías, muchos tranvías; y en Zaragoza siguen si creerse que es la última tendencia en transporte urbano, moderno y sostenible.

La vida privada de Pippa Lee (2009)

Cine

La vida privada de Pippa Lee (The Private Lives of Pippa Lee, 2009), 28 de junio de 2010.

Nuevamente un motivo, aunque sutil, para opinar que a los que traducen los títulos de las películas habría que llevarlos a todos a una isla desierta y no dejarlos volver, por crímenes contra, no sé, la humanidad, el buen gusto, el sentido común, el respeto a las artes,… lo que quieran. Porque lo fundamental son las diversas vidas de la protagonista. Y no su vida privada en singular. Ahora veremos. Esta película a priori tenía algunos atractivos en su reparto; pero también algunos motivos para rechazarla. Fundamentalmente, el cara cartón Keanu Reeves. Pero bueno, finalmente nos decidimos a ver esta obra de Rebecca Miller, escritora, actriz, directora de cine, hija de escritor famoso y fotógrafa estupenda, de la que yo no había visto todavía ninguna película.

Pippa Lee (Robin Wright) está casada con un famoso editor (Alan Arkin), 30 años mayor que ella, que tras 3 infartos se retira a una urbanización tranquila en algún lugar de Nueva Inglaterra, huyendo del estrés de Nueva York. Tienen dos hijos (Zoe Kazan y Ryan McDonald) ya independientes. Así que básicamente el mundo de Pippa entra en crisis, y nos va retrotrayendo en sus pensamientos a sus años de su infancia y su juventud (en esta última, interpretada por Brake Lively). Conoceremos sus conflictos con su madre (Maria Bello) en la infancia y adolescencia, la locura de drogas y sexo de su juventud inducida cuando se va a vivir con su tía por la amante de esta (Julianne Moore). Y también conoceremos cómo entra en la vida de su marido cuando éste está casado con una bella mujer (Monica Bellucci), y acaba casado con él y transformada en una perfecta ama de casa americana. En paralelo veremos las influencias que en la actualidad tienen la relación sus vecinos y amigos. Como esa aspirante a escritora algo neurótica (Winona Ryder), o el arisco hijo de una vecina (el ya mencionado Reeves).

El punto de partida del filme me parece muy interesante. Una mujer al borde de la cincuentena, y que de repente, por una serie de motivos pone en crisis toda su existencia. De repente le viene la sensación de que no ha vivido su vida, sino la de los demás. La de su madre primero, la juventud olvidada por las drogas, y la de «señora de y madre de» hasta el presente. Sin embargo, dentro de una corrección formal absoluta, a la película le falta un poco de alma. A ratos parece que va a decantarse por cierto tono de comedia. Algo ácida, claro. Otras veces flirtea con el drama e incluso con la tragedia. Pero sin que quede claro las intenciones de la autora, que lo es al completo puesto que también lo es de la novela en la que se basa el filme. Un aspecto clave son las transiciones entre las distintas vidas de la protagonista, y estas no siempre están bien conseguidas, resultando un poco precipitadas. Tampoco quedan muy allá algunos aspectos de las relaciones del personaje principal, por ejemplo con el padre, o especialmente, con la hija.

Las interpretaciones son mayoritariamente de buen nivel, puesto que en general se ha confiado en actores y actrices que han demostrado suficientemente su calidad. Pero vienen condicionado por el tono, o la ausencia de tono, que imprime la directora. Quizá podría destacar a Blake Lively, interpretando el personaje protagonista cuando es joven, creo que de forma bastante convincente. El más flojo, como era previsible, es Reeves, que no se deshace de su inexpresividad, haciendo que resulte hasta cierto punto incomprensible por qué el personaje principal se fija en él.

En resumen, una película que tiene su interés pero que no acaba de estar del todo conseguida por los motivos expresados anteriormente, aunque es razonablemente agradable de ver y, por lo tanto, razonablemente recomendable.

Dirección: **
Interpretación: ***
Valoración subjetiva:
***

Nota curiosa: El abuelo de la actriz Zoe Kazan (la hija), el prestigioso director Elia Kazan, denunció al padre de la directora, Arthur Miller, ante la Comisión de Actividades Antiamericanas, acusándole de comunista, lo que produjo serios dolores de cabeza al escritor. Parece que afortunadamente no ha habido malquerencias familiares, y sus descendientes colaboran y trabajan juntas sin mayor problema.
Landas

La campiña francesa al paso del TGV por las Landas; y mañana salgo para Francia, a pasar unos días, en la esquina opuesta, en la Alsacia - Panasonic Lumix LX3

Por fin he comenzado mi historia de amor con Doctor Who… o más bien con Amy Pond

Televisión

Mi primer intento con el Doctor fue cuando SciFi, actualmente Syfy (distinta grafía, misma pronunciación en inglés), estrenó la primera temporada de la nueva época de Doctor Who. Doctor Who es la serie de televisión de ciencia ficción de más larga trayectoria en toda la historia de la pequeña pantalla. Se emitió de forma relativamente ininterrumpida por la BBC desde 1963 a 1989. Hubo algún largometraje con el personaje en los años 90, y volvió en una nueva época en el año 2005. Y con éxito. Es una figura importante de la cultura popular británica.

Piccadilly Circus

Serie británica por excelencia, Londres es un escenario habitual de la acción; en la imagen Picadilly Circus - Pentax P30N, SMC-A 50/2

Para quienes no lo conozcan, el Doctor es un alienígena, el último superviviente de su raza, los señores del tiempo, de aspecto humano, aunque sabemos que tiene dos corazones, que viaja por el espacio y por el tiempo con su nave, la TARDIS. Esta tenía la capacidad de mimetizarse con el medio en el que se encuentra, pero una avería hizo que se quedase con la forma de una cabina de la policía, típica del Londres de principios de los 60s.

El Doctor no viaja solo. Viaja con uno o varios compañeros. Generalmente, el compañero principal suele ser una compañera. Y, generalmente, suele ser joven y guapa. Parece que tradicionalmente no había tensión sexual entre ambos. Pero en la nueva época, pues algo si que hay. Actualmente, al final de la quinta temporada de la nueva época, la compañera principal es Amy Pond, una estupenda, animosa, y guapa pelirroja de origen escocés, interpretada por Karen Gillan, muy escocesa ella también.

Producida por BBC Wales, algún episodio de la serie está rodado en Cardiff, donde parece que hay una grieta que perturba el espacio-tiempo; yo no noté nada cuando estuve, salvo que hacía bastante calor - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Y además, el Doctor tiene otra característica. Y es que de vez en cuando se transforma. Teóricamente puede morir; tiene el equivalente a 900 años de edad en tiempo terrestre, aunque siempre resulta confuso saber cuándo nació por su capacidad para viajar en el tiempo. Pero de vez en cuando, en circunstancias diversas pero estresantes o potencialmente mortales, cambia su apariencia. Ingenioso elemento argumental que permite cambiar de protagonista cuando este se quema o se cansa del personaje. En la actualidad, vamos por la undécima encarnación del Doctor, interpretada por Matt Smith.

Como decía, intenté engancharme con la novena reencarnación del Doctor, interpretado por Christopher Eccleston, que estuvo acompañado en su temporada por Rose Tyler, encarnada por la estupenda Billie Piper, que luego nos enamoraría haciendo de pilingui de lujo en Secret Diary of a Call Girl. Los personajes estaban bien, pero no acabó de convencerme. Siempre me pareció que las tramas, los personajes y las relaciones entre ellos eran un poco infantiles. Bien es cierto que es una serie en la que en medio del buen rollo y buen humor general, la gente muere y hay lugar de vez en cuando para el drama.

Pero he aquí, que después de que en el año 2009 en lugar de una temporada completa de 12 ó 13 capítulos más el especial de Navidad, produjesen varios largometrajes televisivos de los que vi algunos, cuando volvió con una temporada convencional esta primavera, decidí volver a verla. Y me ha encantado. Y aparte de que el nuevo doctor me caiga bien, creo que buena parte del mérito se debe a lo estupenda que resulta la pelirroja Amy, una compañera con fuerte personalidad y con una historia de fondo, con sus grietas en la trama de espacio-tiempo, que han dado una continuidad y una solidez al conjunto que ha favorecido mucho a la serie. El comienzo de la serie fue bueno. Pero lo mejor fueron dos capítulos dobles.

El primer par fue aquellos en los que los adversarios fueron los Ángeles Llorosos, probablemente los malos más terribles y mejor conseguidos que he visto en esta serie. Estos adversarios ya habían salido en un capítulo en una temporada anterior, titulado Blink (parpadeo). Fue un capítulo que vi de forma aislada por estar protagonizado por la actriz Carey Mulligan, la encantadora protagonista de An Education, en el papel de Sally Sparrow, y en el que el Doctor es un personaje secundario. Me gustó mucho. Pues bien, los Ángeles Llorosos volvieron y nos obserquiaron con dos episodios excelentes, muy emocionantes. Episodios en los que apareció el personaje de River Song, una aventurera espacial capaz también de viajar en el tiempo, que interacciona de formas muy divertidas con el Doctor, y que está interpretado de forma magnífica por Alex Kingston, la antigua cirujana de Urgencias.

El segundo par de capítulos excelentes han sido los dos finales, con una aventura espacio temporal amplia y bien construida, en la que hemos vuelto a disfrutar de la presencia de River Song, espero que vuelva en un futuro, y que nos ha dejado con gana de más.

En resumen, me ha encantado esta temporada, y este verano voy a rescatar las temporadas anteriores. La de la nueva época sólo, claro. De momento, ya casi me he visto las dos primeras temporadas con Rose Tyler de compañera. Pero caerán las otras dos. Que el verano es muy largo. Y claro está, para todos los que tengan un mínimo de espíritu geek, hay que verla. Sin duda. Pero,… si soy honesto, ¿no será que me gusta por las chicas? Son todas estupendas. E incluso guapas.

El círculo de megalitos de Stonehenge es una localización fundamental en el capítulo doble final de la 5ª temporada de Doctor Who - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Actualización: 29 de junio.

Aunque el motivo principal de la entrada es el final de la temporada 5, he acabado también de ver las dos primeras temporadas de la nueva época que han sido repuestas en Syfi. El denominador común de ambas temporadas ha sido el personaje acompañante, la risueña, decidida y valiente Rose Tyler. Y reconozco que los dos capítulos finales, que nos han dejado a la estupenda Rose en otro universo han sido estupendos. Y entiendo que el Décimo Doctor está muy bien, mejor que el Noveno. Así que nada. Cuando vuelva de vacaciones y durante las cálidas tardes de verano, refrescado por el aire acondicionado del salón de casa, terminaré de ver las temporadas que me faltan. Estupendo. Divertido. Sin más problemas ni quebraderos de cabeza.

Vista de Canary Wharf desde una de las estaciones del ferrocarril ligero de los muelles; sede secreta del Instituto Torchwood, y escenario de los dos últimos episodios de la segunda temporda del Doctor - Fujifilm Finepix F10

Libro: Viejas historias de Castilla la Vieja

Fotografía, Literatura

Ante mi sorpresa, encontré en una librería de Zaragoza el segundo título de la colección Palabra e imagen que está publicando de nuevo La Fábrica Editorial, y cuyo primer volumen comenté hace poco. Primer volumen que no he visto curiosamente en esta ciudad y que compré en Madrid. Así que, dado el buen sabor de boca que me dejó el primero, me lancé a por este segundo.

Los cachorros
Miguel Delibes (relato); Ramón Masats (fotos)
La Fábrica Editorial; Madrid, 2010
ISBN: 9788492841516

En la parte literaria, Delibes nos cuenta los recuerdos y las reflexiones de Isidoro, un emigrante del pueblo a la ciudad de principios del siglo XX. Estos recuerdos, de un hombre en su madurez que vuelve a su pueblo, se refieren a su infancia en las duras tierras de Castilla antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial. A través de los recuerdos nos vamos haciendo idea de cómo es el modo de vida y cuál es la forma de pensar en esa meseta dura, poco generosa, que crea hombres y mujeres austeros, de pocas palabras, de creencias sencillas.

Con el escritor vallisoletano recientemente fallecido me pasa una cosa. Mi experiencia me dice que es el escritor contemporáneo en prosa cuya escritura más me maravilla. Creo que es el paradigma del lenguaje convertido en arte. Pocos escritores encuentro con tal dominio del idioma, sea del léxico o de la sintaxis, y al mismo tiempo que transmita con tal capacidad los sentimientos, los lugares, los caracteres. Es muy bello. Sin embargo, sus temas no me han interesado nunca mucho, y por ello quizá no he leído de este autor todo lo que se merece. Con este relato me pasa un poco lo mismo. Admiro mucho el lenguaje con el que está escrito, pero soy una persona demasiado urbanita como para sentirme excesivamente atraído por las historias de los pequeños pueblos de la Castilla profunda. No obstante, creo que es una lectura muy recomendable.

En el apartado fotográfico, el texto viene excelentemente acompañado por las imágenes de Ramón Masats. Poderosas imágenes en blanco y negro que nos trasladan con eficacia, a la misma austeridad del paisaje y las gentes de Castilla, conservándose eso sí una profunda empatía, y simpatía, por esas gentes. Es curioso que un fotógrafo catalán supiese reflejar tan poderosamente la personalidad castellana, con respeto, sin caer el tipismo o en el pintoresquismo. Por supuesto, es una poderosa segunda razón para recomendar este libro.

En resumen, un nuevo acierto de esta editorial en esta nueva colección, que esperamos que siga evolucionando, e incluso con enriquezca con nuevas experiencias de combinación entre palabra e imagen más allá de recuperar la primera edición de estas que ahora nos ofrece de allá los años 60 y 70.

Improvisado campo de fútbol en Medinaceli, Soria; un lugar hermoso y austero, muy propio de las tierras de Castilla que nos describe el libro que comentamos hoy - Canon EOS D60, EF 24-105/4L IS USM

60 años de la Guerra de Corea, y sigue uno de los muros que en el mundo han sido

Historia

Hoy hace 65 años comenzó oficialmente, por lo menos según las cuentas del mundo occidental, la Guerra de Corea. Una guerra de la que hoy en día se habla mucho menos que otras, probablemente tapada por el recuerdo de la Guerra de Vietnam, pero que en su relativamente corta duración fue notablemente brutal por ambos bandos.

Corea estuvo bajo dominio japonés hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en el que tras la oportunista intervención soviética en la guerra con el Japón, quedó dividida en dos áreas de ocupación divididas por el paralelo 38º. A partir de 1948 quedó confirmada la división de la península coreana en dos repúblicas, una apoyada por Estados Unidos en el sur y otra por la Unión Soviética en el norte.

Si bien el régimen norcoreano habla de una agresión por parte de la república del sur, lo cierto es que el 25 de junio de 1950 tropas masivas del norte atravesaron la frontera, arrollando al ejército del sur y a sus mal pertrechados aliados estadounidenses, que quedaron en una situación precaria, sosteniendo apenas una pequeña porción del territorio en torno a Pusán. Tras conseguir estabilizar la situación, el contraataque norteamericano fue igualmente contundente y en octubre de ese mismo año habían llegado al norte de la península a punto de hacerse con el control de la misma, unificando el país bajo el gobierno de la república del sur. Sin embargo, en ese mismo momento una intervención masiva de tropas chinas volvió a empujar a los surcoreanos y norteamericanos hacia el sur, perdiendo la capital, Seul. Finalmente, hubo cierta estabilización del frente en torno al mencionado paralelo 38º. Todo ello en el plazo de menos de un año. A partir de ahí fue un mantenimiento del statu quo, hasta la firma del alto el fuego en julio de 1953. No se ha firmado la paz; oficialmente, persiste el estado de guerra.

Lo cierto es que fue una guerra extremadamente cruel y sangrienta, con un elevadísimo número de víctimas civiles, provocadas por ambos bandos. Incluso Picasso pintó su particular versión de las muertes de civiles por el ejército norteamericano. Sin embargo, tengo la sensación de que es una guerra más desconocida que otras. Entre la euforia de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, y la turbidez de los años del Vietnam, da la sensación de que ha quedado poco entendida. No son muchas las referencias populares a este conflicto. Por supuesto, está esa delicia de filme que fue M.A.S.H., donde con mucho sarcasmo se pone en solfa la institución militar en el marco de este conflicto, y la serie derivada de ella, mucho más correcta políticamente. Hubo también algunos filmes propagandísticos por parte de Hollywood, pero de calidad muy diversa.

En cualquier caso, hace unos días el fotoblog de The Denver Post publicó una colección de 119 fotografías de aquel conflicto que merecen la pena ser vistas, y que aprovecho como excusa para recordar tan relevante hecho histórico.

En la playa de Sopot

Hoy comienzo las vacaciones; hace dos años fue en dirección a Polonia, en la imagen la playa de Sopot, este año... ya os lo contaré - Fujifilm Finepix F10

Una enfermera que pasaba por Times Square…

Fotografía

… hace casi 65 años, un 14 de agosto de 1945. Poco antes había oído por la radio la noticia del final de la guerra. En ese momento, los letreros luminosos anunciaron la noticia que los norteamericanos estaban esperando con ansiedad. Realmente, la guerra contra el Japón había terminado. Y todo el mundo en la plaza empezó a celebrarlo. Y un marinero se dedicó a besar a todas las chicas con las que se encontraba. Y se encontró con la enfermera. Y un fotógrafo, Alfred Eisenstaedt, que estaba siguiendo la desaforada actividad «besatoria» del marinero los fotografió. Y se convirtieron en un icono del siglo XX.

Aunque los derechos de reproducción de la imagen pertenecen a alguien, la revista Life o sus sucesores, o los descendientes del fotógrafo. La reproduciré aquí a baja resolución utilizando los mismos argumentos que podéis encontrar en la Wikipedia., básicamente apelando al buen rollo y a que no ilustro la noticia que ilustraba la foto, sino que comento la foto misma, sin ningún animo de lucro ni nada de eso.

VJ Day Kiss, Alfred Eisenstaedt para Life Magazine.

Pues bien, la enfermera de la fotografía, Edith Shain, murió hace pocos días a la edad de 92 años. Aunque hubo otras mujeres que reclamaron el honor de la identidad de la fotografía, parece que hay consenso en que fue esta mujer. Y así se le reconoció durante el resto de su vida.

Varios hombres reclamaron la identidad del fogoso marinero, pero no ha quedado claro del todo cuál de ellos pudo ser.

En cualquier caso, conforme van desapareciendo los iconos del siglo XX, más nos vamos dando cuenta de que estamos en otra época.

Curiosamente, el momento fue inmortalizado también por otro fotógrafo, Victor Jorgensen, que en aquellos momentos trabajaba para la marina estadounidense. Y precisamente, por ese motivo, porque la fotografía pertenece al gobierno norteamericano, está en el dominio público. Y la reproduzco aquí a mayor tamaño.

Kissing the War Goodby por Victor Jorgensen para la U.S. Navy

Si se observa la actitud del marinero de atrás que sonríe al ver la escena, se puede comprobar que ambas imágenes se tomaron prácticamente al mismo tiempo. Lo que pasa es que la famosa es la de Eisenstaedt. Lo cierto es que la composición es mejor, más dinámica. Me parece a mí. Pero el valor documental… ¿Qué es lo que hace que una foto sea especial frente a otra? Buen motivo de reflexión.

El pasado domingo también reinaba la alegría en la Calle Alfonso I de Zaragoza. Pero sin que tuviese que terminar una guerra para ello.

Sambista

Samba y batucada, Sámbese quien pueda, en la Calle Alfonso I un domingo por la mañana de primavera - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Nueva película en CineTren, y de modo algo forzado en La fotografía en el cine: La última estación

Cine, Fotografía

Ayer comentaba en estas páginas mi opinión sobre la película La última estación. En este filme se narran los últimos días de la vida de León Tolstói, año 1910, que murió en la estación de Astápovo, hoy en día nombrada en honor al escritor ruso. Por lo tanto, buena parte del último tercio del largometraje se desarrolla en una ambiente ferroviario que justifica que desde ahora tenga un espacio en mi colección de películas sobre el ferrocarril en la historia del cine. Podéis ir también a la reseña a través del enlace directo.

Pero de alguna forma, también podría ir a mi colección de películas relacionadas con la fotografía. En seguida me explico.

León Tolstói en el primer retrato fotográfico tomado en Rusia por Sergéi Prokudin-Gorsky en 1908 (fotografía obtenida en Wikimedia Commons)

Durante muchas de las escenas de la película, podemos ver cómo una pléyade de fotógrafos y camarógrafos buscan inmortalizar constantemente los acontecimientos que se producen en el entorno del escritor y filósofo ruso. Viejas cámaras de banco, montadas en sus trípodes, con fogonazo de magnesia para aportar luz cuando esta escasea. Pero además, en Wikimedia Commons he encontrado la imagen anterior. Se trata de una copia fotográfica en color tomada en 1908, dos años antes de la muerte del Tolstói. El fotógrafo fue Sergéi Prokudin-Gorsky, y fue un precursor de la fotografía en color. Este fotógrafo tomaba tres imágenes monocromática en rápida sucesión con tres filtros de color distinto, por lo que luego podían proyectarse reproduciendo los colores originales. Pero en aquellos tiempos, no era posible obtener copias físicas en color. Años más tarde, partiendo de aquellas imágenes monocromáticas combinadas fue posible obtener las copias. Muy interesante.

Pospiezny (tren rápido) de Kalinigrado a Gdynia - Malbork

Nueva versión de una foto que tomé a un tren ruso en la estación de Malbork, Polonia - Fujifilm Finepix F10

La última estación (2009)

Cine

La última estación (The Last Station, 2009), 21 de junio de 2010.

Las críticas que habíamos leído de está película no eran muy allá. Pero el reparto es realmente notable. Así que, aunque el director, Michael Hoffman, no es especialmente santo de mi devoción, nos hemos animado a ver este película biográfica de Lev Tolstoi.

Nos encontramos en el otoño de 1910, y Valentín Bulgakov (James McAvoy) es contratado por Vladimir Chertkov (Paul Giamatti), lider del movimiento tolstoiano como secretario de Lev Tolstoi (Christopher Plummer), retirado en su casa solariega de Yásnaya Poliana con su mujer Sophia (Helen Mirren) y algunos de sus hijos y seguidores. Allí, el joven Valentín se ve enredado en las guerras intestinas entre Sophia y Chertkov por conseguir un testamento favorable, con los derechos sobre al obra del escritor como premio gordo. Mientras, Valentín tendrá tiempo para enamorarse de la fogosa Masha (Kerry Condon), y el escritor empezará a mostrar los signos de fatiga que desembocarán en su muerte.

La película esta excelentemente ambientada, aunque algunas cosas no se sabe muy bien por qué pasan, y existen un punto de maniqueísmo en el planteamiento de la lucha entre los personajes. La mujer, Sophia, es vehemente pero incurablemente romántica, y acaba por resultar digna y caer bien. Chertkov resulta mezquino, como si fuera un pesetero, para quien los ideales del maestro importan poco. No sé lo que pasó en realidad, pero el maniqueísmo no me suele gustar. Pero en líneas generales, sin tener un guión para tirar cohetes, se deja ver, especialmente porque no es especialmente larga.

La principal virtud de este filme está en sus interpretaciones. Todos ellos están convincentes en sus papeles, especialmente los más veteranos. Realmente, Mirren es prácticamente siempre una excelente actriz. Y Giamatti tiene una solidez en este tipo de papeles muy notable. Pero en general están todos bien.

Resumiendo, una película que sin ser nada del otro mundo, resulta agradable de ver, con bonitos paisajes, excelentes interpretaciones, y un resultado de conjunto razonable. Volveré sobre ella, probablemente mañana, para comentar los aspectos ferroviarios del filme. En cuanto a las notas:

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva:
***

Campiña polaca

A falta de imágenes de la campiña rusa, nos conformaremos con la polaca en las cercanías de Poznan - Fujifilm Finepix F10

Exposición de Robert Doisneau en Caja Madrid de Zaragoza

Fotografía

Lo comentaba ayer. En la sala de exposiciones de Plaza de Aragón de Caja Madrid en Zaragoza (entrada por el Paseo de la Constitución) podemos encontrar en estos momentos una muestra titulada «El pescador de imágenes» del trabajo del fotógrafo francés Robert Doisneau. No sé si Doisneau es mundialmente famoso, pero si lo es la fotografía del Beso del Hôtel de Ville, en la que dos enamorados son fotografiados en la Rue Rivoli de París con el Hôtel de Ville de fondo. Esta fotografía de 1950 se ha reproducido hasta la saciedad en carteles, postales, agendas y todo tipo de libros y material publicado, contribuyendo de forma notable a la imagen de la capital francesa como la ciudad romántica por excelencia

Sin embargo, esta fotografía no ha estado carente de polémica. Aparentemente se trata de una instantánea espontánea. El fotógrafo, situado en la terraza de un café de la Rue Rivoli, ve pasar los enamorados fundidos en un beso, y toma la afortunada imagen. Lo cierto es que se trataba de una pareja de novios, estudiantes de teatro a los que el fotógrafo contrató para una sesión de fotografías en distintos lugares de París en las que aparecía besándose.

La exposición que hoy nos ocupa muestra esa imagen. Esta exposición, constituida por excelentes copias argénticas modernas a partir de los negativos que gestiona el Atelier Robert Doisneau, constituye una antología de imágenes del fotógrafo ordenadas cronológicamente desde los años 40 hasta 1980, siendo su producción más importante, tanto cuantitativa como conceptualmente la de los años 50. Si no todas, prácticamente todas están tomadas en París. En el enlace anterior podréis revisar muchas de las imágenes de la exposición y algunas que no están.

Hay en la mirada del fotógrafo una doble visión. Por una lado, tiene un lado amable, casi humorístico, de la sociedad y de las personas que aparecen retratadas en sus imágenes. Pero por otro, no deja de verse un transfondo social de la sociedad parisina de la época. Desde la vida en los clubes, hasta las dificultades de las espigadoras de carbón, pasando por los niños adolescentes que jugaban por las calles de capital francesa. Una vez que te abstraes del efecto mediático de su fotografía más famosa, encuentras entre las copias expuestas algunas joyas que dan reconocimiento a este fotógrafo por excelencia de la Ciudad de la Luz.

Así que podemos considerar la exposición como totalmente recomendable. Y así lo debe entender el público, puesto que nunca había visto tanta gente junta en esta sala de exposiciones un sábado por la tarde. El original en el que está basado el montaje de la foto a continuación, aquí.

Autorretrato en fotografía de Doisneau

El escaparate de la sala de exposiciones permite al visitante formar por un momento parte de la obra de Doisneau; aunque yo prefiero el contenido original del cuadro de la fotografía que se peude ver en el interior - Canon Digital Ixus 860IS