Sobre el concepto de tolerancia

Política y sociedad

Ayer, la Ministra de la cosa de la Salud habló. En alguna radio, creo. Habló sobre todo de gripe. Pero también habló de tabaco. De que hay que ser más restrictivos a la hora de permitir fumar en lugares públicos. Vamos, que de lo que se trata es de que no se pueda fumar en lugares públicos para que el no fumador no se vea perjudicado por las consecuencias de la adicción del fumador. Algo que, en mi humilde opinión, se cae de cajón en una sociedad donde impere el mutuo respeto. Algo que ya tendría que haber venido en la ley que ahora se demuestra obsoleta.

Pero he aquí que leo en ElPaís.com sobre las declaraciones del portavoz de una asociación que dice denominarse Club de Fumadores por la Tolerancia. Y va el tío y parece que dijo que si se aprueba una ley más restrictiva iba a haber «problemas de orden público». Parece que el hecho de que los fumadores tengan que salirse a la calle cuando están en un lugar público si quieren fumar será la causa de todo. Lo compara con el botellón.

Y estos señores, que se dedican a amenazarnos, utilizan la palabra tolerancia en el nombre de su asociación. Obviamente, parece que en su opinión la tolerancia sólo tiene un sentido. El de permitirles a ellos hacer lo que quieran. Si graciosamente acceden a dejar de fumar ante un no fumador… pues habrá que darles las gracias.

Señores, que hay muchos países en los que la legislación está a este nivel y no hay problemas de orden público. Por poner un ejemplo, en Irlanda, donde son tan aficionados a sus pubs como nosotros a nuestros bares también hubo mucha polémica. Cuando la visité hace ya cuatro años, la ley restrictiva ya estaba en marcha. Y se cumplía. Y los fumadores se salían a fumar a la puerta de los pubs. Y eso que es un país donde hace más fresquito y llueve más que en este. Y dentro se estaba bien y sin humo. ¡Y nadie se pegaba en la puerta! Sólo conversaban tranquilamente unos con otros.

En este país hace falta mucha cultura, mucho respeto por el otro, mucha auténtica tolerancia. Pondré otro ejemplo. He visto estaciones de ferrocarril en Alemania esta última semana en las que estaba prohibido fumar aun cuando no estuvieran totalmente cerradas. Y en ningún momento vi a nadie saltarse esta prohibición. En la estación de Zaragoza-Delicias, que está cerrada salvo por los túneles de entrada de los trenes y en la que está prohibido por lo tanto fumar tratándose de un lugar público, no hay vez que vaya a coger un tren en el que no vea a un fumador dándole al cigarrillo en el anden mientras juega al escondite con los vigilantes. O el indefinible olor a humo de los retretes públicos.

Aberrante. Tolerancia, dicen… No se enteran. O no se quieren enterar. Puro fascismo.

Repetiré mi postura. No soy partidario de leyes secas. No sirven más que para fomentar la delincuencia. Pero sí que soy totalmente partidario de que el consumo de tóxicos quede restringido al ámbito privado, quedando totalmente excluido de cualquier lugar público de convivencia, sea una guardería o un bar after-hours. Especialmente cuando el consumo afecta a los no consumidores. Hay drogas prohibidas en este país que no afectan al no consumidor, salvo por las consecuencias en delincuencia asociadas a la ley seca correspondiente, a la prohibición del tráfico. El tabaco, todo legal ella, sí que afecta negativamente al fumador pasivo y obligado. Que cada uno saque las conclusiones que crea oportunas.

S-Bahn Bellevue

Un S-Bahn berlinés saliendo de la estación de Bellevue en la que, muy probablemente, no se puede fumar - Canon Digital Ixus 860IS,

Lecturas de vacaciones: un tostón alemán y una entretenida introducción a la fotografía

Fotografía, Literatura, Viajes

Para el viaje a Berlín y alrededores me llevé de lectura la primera novela de la trilogía de Los Sonámbulos del escritor vienés Hermann Brock, Pasenow o el romanticismo:

Pasenow o el romanticismo
ISBN: 978-8-497-93926-3
Contemporánea DeBolsillo, Barcelona

Se supone que es una parodia de las novelas románticas, en la que encontramos a un joven militar alemán de la época imperial a finales del siglo XIX sumido en las dudas que le provocan sus relaciones por un lado con un prostituta checa y por otro lado, más formales, con la hija de un terrateniente prusiano. El joven mismo es también hijo y heredero de un terrateniente prusiano. Sin embargo, a mi no me llega a enganchar y me sume en un desinterés similar a una auténtica novela romántica del siglo XIX como las que intenta parodiar. Así que, aun transcurriendo en Berlín, motivo por el que la elegí, hacia la mitad le he mandado a freir espárragos porque sinceramente me da igual lo que le pase al tontochorras de Pasenow.

Mientras tanto, en nuestro deambular por Berlín dimos con una sucursal de la Librería Walther König en Burgstrasse 27. Una librería dedicada a los libros de arte en la que estuvimos más de media hora curioseando, y si no estuvimos más tiempor es porque dieron las ocho de la tarde y era la hora de cerrar. He ido un momento a su página web y no parece tener versión en inglés, sólo en alemán; tengo que confirmarlo. También tengo que comprobar si sirven al extranjero, porque puede ser n lugar donde encontrar cosas interesantes. Allí compre varios libros, uno de ellos un librito de la coleccion Very Shorts Introductions de la Oxford University Press, cuyo autor es Steve Edwards, y que se titula Photography: A Very Short Introduction.

Photography: A Very Short Introduction
ISBN: 978-0-19-280164-7
Oxford University Press, Oxford.

Este libro es un pequeño ensayo en 6 capítulos que pone las bases para una compresión de lo que es la fotografía como medio de documentación y como medio artístico. Ejerce una crítica clara y sistemática, pero en absoluto destructiva, sobre las diversas concepciones que a lo largo de su historia las sociedades han tenido sobre el uso y el significado de las fotografías. Salvo por el hecho de que está inglés, es un libro claro y fácil de comprender en sus conceptos, sin los cultimos que podemos encontrar en otras obras similares. También huye en la medida de lo posible de adoptar la forma de una historia de la fotografía, aunque cierto recorrido sobre la misma es inevitable. Me falta todavía un capítulo. No tardará en caer. Creo que es un librito muy interesante, que cabe en cualquier bolsillo, y que cumple perfectamente su objetivo. Eso sí, que nadie espere un libro que le explique cómo se hacen la fotografías.

Bueno. Me despido con la última fotografía tomada en el viaje. Desde el AVE que me traía a Zaragoza. Llegando a la capital aragonesa, al atardecer.

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El AVE entra en el Valle del Ebro ya en las proximidades de la ciudad de Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Final en Berlín, y regreso (no sin incidentes, como me temía)

Viajes

Hoy ha sido día de regreso a la dura y calurosa realidad. Prácticamente 15ºC de diferencia en las máximas de allí y la de aquí, que se dice pronto. Pero bueno, antes de ir al aeropuerto de Tegel, ha habido un ratito para despedir a la compañía que se piraba en dirección a Wroclaw y a dar una vueltica por los alrededores de Zoologischer Garten, con una última visita y compra en la librería de la Fundación Helmut Newton.

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Cómo me gusta la estación de metro de Wittenbergerplatz.

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Hace unos añitos esta característica estación era la principal de Berlín; ahora sólo es una estación de regionales.

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Y hablando de estaciones que me gustan, como la decorada de Savignyplatz del S-Bahn... ninguna.

Y luego… la crónica de un problema anunciado. Desde que tras los problemas con los billetes el lunes me di cuenta al llegar a Berlín que a la vuelta tenía una escala de sólo 30 minutos en Munich para coger un segundo avión, me di cuanta que había una serie de posibles problemas que me podían amargar el viaje. Al final sólo ha sido uno, y es la segunda vez que me pasa y en el mismo aeropuerto. Pero la vez anterior había la disculpa de un retraso en el primer vuelo. En esta ocasión no. El vuelo de Berlín a Munich ha ido como un reloj. Y el de Munich a Madrid ha salido con 10 minutos de retraso, aunque ha llegado con cinco minutos de antelación. ¿Ideal, verdad? Lástima que en esa media hora los empleados del handling de equipajes no se han dignado en transferir mi maleta de un avión a otro. Han decidido que llegaría a Madrid en el vuelo que llega a las 21 horas. Momento en el que mi AVE ha llegado a Zaragoza. Supongo que el lunes tendré mi maleta en casa.

Eso sí. Perderse, no se ha perdido. Sólo ha prolongado sus vacaciones.

La Bauhaus, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en Dessau

Viajes

Tranquilamente, hoy sin madrugar, dando un paseo, nos hemos llegado hasta la Hauptbanhof (estación central) de Berlín. Hemos cogido un tren que nos ha llevado a algún lugar del lander de Sajonia-Anhalt, más concretamente a Dessau, donde los diversos edificios que dejó en herencia la Bauhaus, que tuvo allí su sede en su segunda época, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Extraña y vistosa escultura equina en una de las fachadas de Berlin-Hauptbanhof.

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Edificio principal de la Bauhaus en Dessau.

En primer lugar, hemos visitado el edificio que albergó la escuela, hoy en día todavía en activo. La verdad es que para poder apreciar plenamente la originalidad del edificio conviene verlo a vista de pájaro, o en su defecto en una maqueta. Como la que se encontraba en la exposición permanente que hemos visitado. Junto con una temporal en la que hemos apreciado diferentes películas mudas de la época, donde queda establecida la tremenda creatividad que tenía esta gente.

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Esta película de los años 20 me recuerda a los rayogramas de Man Ray.

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Maqueta del edificio de la Bauhaus en Dessau en forma de estrella de tres puntas.

Hemos comido allí mismo, en la cafetería, y luego nos hemos ido a visitar las Meisterhäuser (Casas de los Maestros), que son algo digno de verse, especialmente en su entorno y dándose una vuelta a su alrededor. Allí vivieron Kandinsky, Klee, Gropius, Feininger, Moholy-Nagy, Muche, Slemmer,… los principales maestros de la escuela.

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Entre los pinos, Haus Klee/Kandisky; cómo me gustaría vivir en un sitio así.

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En la maqueta vemos separadas las dos viviendas adosadas de las que constan las Meisterhäuster.

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Y todavía más me gustaría tener un estudio como el de Haus Feininger.

Tras la visita, que nos ha llevado un rato hemos decidido dar una vuelta por Dessau. Pero ha sido breve. Aparte de un bonito palacio convertido en museo en un frondoso parque, y una apacible zona peatonal, poco más hay que contar de esta ciudad de casi 100.000 habitantes.

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Rodeado por un frondoso parque, el Schloss Georgium, hoy en día un pequeño y coqueto museo.

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Rathaus de Dessau.

Después otra vez tren a Berlín. Hemos cogido un directo. Y nos hemos arrepentido. Nos ha costado casi media hora más de viaje que por la mañana haciendo un transbordo y más kilómetro. Estos RegioExpress tienen poco de Express. Pero bueno, como mañana poco nos dará tiempo a hacer, hemos dado una vuelta antes de cenar, y hemos hecho unas últimas fotos. Mañana, de vuelta. Yo por lo menos. Que mis acompañantes se van para Polonia (la del Báltico, no «la del Mediterráneo»).

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La Berliner Dom a la puesta de sol.

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La Fernsehturm al anochecer.

A Weimar, donde la república aquella, y cosas mucho más interesantes

Viajes

Pues eso, que hoy hemos madrugado un poquito para hacer las dos horas y poco que a una combinación de modernos ICEs les cuesta llegar a Weimar desde Berlín, haciendo una escala de no más de 5 minutos en Leipzig. Efectivos estos ferrocarriles alemanes. Seguimos un poco tras las huellas de la Bauhaus, y Weimar es el lugar donde se fundó esta escuela hace ahora 90 años. Pero nuestro gozo en un poco, el museo está en obras y abre al público el día 16 de agosto. O sea, que llegamos con tres días de antelación. Maldita sea.

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El paisaje pasa raudo por la ventanilla del ICE camino de Leipzig.

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Cerrado hasta el día 16 estaba el Museo de la Bauhaus,... ¡qué decepción!

Menos mal que la ciudad es muy bonita en sí misma. En principio, una ciudad bastante civilizada que a lo largo de su historia se ha dedicado más a las artes que a otras cosas. En su momento, dos famosos escritores alemanes, Goethe y Schiller, fueron vecinos del lugar y han dejado abundantes restos de su paso por aquí. También el compositor Liszt vivió aquí, y tuvo su casita. Además de diversos pintores, sus mecenas y otros relacionados con las artes y las letras. También estuvieron los comunistas y dejaron sus Trabants.

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Coqueta la casita que tenía Schiller en el centro de la ciudad de Weimar.

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Un Trabant en la Plaza de la Democracia... ¡esto sí es ironía!

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La Plaza de la Democracia que es muy bonita, aunque demasiado atestada de chiringuitos por el mercadillo.

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El altar de los Kranach es el principal atractivo de la Stadtkirche de Weimar.

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Goethe tenía más categoría que Schiller... o por lo menos su casa...

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Viejas edificaciones junto al Stadtschloss.

Después de comer, nos hemos ido a pasear por el Park an der Ilm, estupendo parque que flanquea el río Ilm a su paso por la ciudad. Allí hemos visto el «chabolo» campestre que se tenía agenciado Goethe, y hemos subido a ver la Haus am Horn, bonita casa de puro estilo Bauhaus.

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Paisaje característico del Park an der Ilm.

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Cortacesped ecológico en el Park an del Ilm.

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La casita de campo de Goethe en el Park an der Ilm.

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Tras las rejas y sin poder verla por dentro tienen a la Haus am Horn.

Y luego también hemos ido un rato de cemnterios, que a mí siempre me han parecido muy fotogénico. Primero nos hemos encontrado con el cementerio soviético, en un rinconcito del Park an der Ilm. Luego, ex profeso, hemos ido a ver el cementerio viejo de la ciudad, con tumbas del siglo XIX en un frondoso parque, realmente bonito. Un paseíto por la ciudad comiendo algo de fruta o repostería, y a por el ICE, que se nos hacía tarde.

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Algunos soldados sovieticos, como el pobre Karlov, no tenía ni apellidos, ni sabían cuándo nacieron o murieron; pero en el Park an der Ilm están enterrados.

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Abundantes Koch de los Kock de toda la vida de Weimar, que vivieron en el siglo XIX.

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Bajo un cielo nuboso entra en la estación de Weimar el ICE procedente de Francfort del Meno con destino Dresde, y que nos dejará en Leipzig.

Hoy ha sido el día estrella; hemos visitado la exposición Modellbauhaus

Viajes

Lo cierto es que el día no ha salido exactamente como estaba previsto. Alguien ha tenido la idea de cambiar el plan, que mira a ver si vemos unas tiendecicas a primera hora de la mañana, que luego cunde mucho el día,… Y luego no ha cundido. Nos hemos dejado el Schloss Charlottenburg en el tintero. Entre el ir de tiendas y una metedura de pata colosal al coger un metro,… se nos ha hecho tarde. Bueno… los que no hemos tenido la idea de cambiar de plan, ¡ya conocíamos el Schloss Charlottenburg!

Así que a primera hora de la mañana nos hemos dividido. Como no me apetecía lo de las tiendas, me he cogido el S-Bahn hasta Zoologischergarten, y me he ido a ver el Museo de la Fotografía de Helmut Newton. Me ha encantado, oye. Este fotógrafo, que al principio me tenía un poco frío, cada vez me gusta más. Especialmente en sus fotos menos conocidas.

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Me gusta bajarme a mirar en la estación de Savignyplatz del S-Bahn; ese miliciano republicano me hipnotiza.

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Las altísimas y esbeltísimas modelos desnudas de Newton presiden el museo.

Después de pasar un momento por el hotel (a dejar las compras), nos hemos ido al Martin Gropius Bau a ver la exposición dedicada a la Bauhaus. Yo tenía una cierta idea de este movimiento. Pero lo que he aprendido, que ha sido mucho, me ha encantado. Una exposición magnífica. Pintura, escultura, diseño, arquitectura, fotografía,… todo. De todo. Impresionante. También hemos aprovechado para ver una exposición temporal de la fotógrafa alemana Herlinde Koelbl. No la conocía. No está mal. Durante la guerra fría, el edificio que alberga el Martin Gropius Bau quedó de cara a la pared, o sea, de cara al infame muro. Justo al lado, está el único lienzo del mismo que han dejado en pie.

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Estos pavos son los prohombres de la Bauhaus; la gente se ponía en los huecos para la foto... pero me han hecho más gracia con los óvalos amarillos.

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Contemplando uno de los diversos audiovisuales de la exposición.

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Una declaración de principios: "Lo que la gente necesite, no lo que dicte el lujo". Unos rojos, eso es lo que eran estos de la Bauhaus... y qué bien vendría en el mundo un poco de esa "rojez".

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Admirando las fotografías de Herlinda Koelbl.

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Lo que queda del famoso muro.

Después, tras los titubeos sobre si llegamos o no llegamos al Schloss Charlottenburg, y cuando hemos visto que no, nos hemos ido a visitar distintos puntos característicos de la ciudad. Para hacer las fotos, que se note que hemos estado en Berlín.

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Mira que es fea por fuera la iglesia esta "conmemorativa"... pero por dentro tiene algo... azul.

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Alguien se ha empeñado en que fueramos al archivo de la Bauhaus; yo he dicho, "estará cerrado por que mira que hora es... y ten en cuenta que mucho de lo que exponen estará en exposición que hemos visto"... y tenía yo razón. Cerrado.

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Otro de mis monumentos favoritos en Berlín; el memorial del Holocausto. Y encima con la luz del atardecer...

Y conforme ha caído la tarde, nos hemos ido a mirar escaparates y librerías por Mitte, antes de acercarnos a la Hauptbanhof para sacar billetes para mañana. Nos vamos de excursión a Weimar. Tras las huellas de la Bauhaus, un día más. Pero eso, sí, antes hoy hemos cenado estupendamente a orillas del Spree. Me he tomado una sopa fría de pepino con gambas ahumadas que es de lo mejor que he comido en mi vida. Sí, de pepino; y estaba excelente. Ideal para el verano.

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Los siempre animados aledaños de la estación de Friedrichstrasse.

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Un S-Bahn se dispone a salir de la estacion de Friedrichstrasse al atardecer.

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El Dom iluminado a orillas del Spree con la noche casi cerrada.

Nos hemos retirado pronto. Mañana vamos a madrugar un poquito.

Tras un viaje accidentado, llegamos a Berlín, y pasamos nuestro primer día

Viajes

No voy a contar las vicisitudes del viaje. Hubo un par de ellas, o tres si contamos la llegada al hotel,… pero no merece la pena. El caso es que estamos aquí, y pasándolo bien.

Nos ha salido el día nublado, muy nublado. Incluso amenazando lluvia. Por lo que hemos decidido pasar la mañana visitando museos. En la Museuminsel (la Isla de los Museos), que para eso están todos junticos. Nos hemos sacado un bono para todo el día… Y ale. En primer lugar, y visitándolo casie entero el Pergamonmuseum. Este es una brutalidad que construyeron alrededor de una serie de edificios que se trajeron enteros de Asia Menor en tiempos del Kaiser. Luego nos hemos ido a la Alte Nationalgallerie, a ver un poquito de pintura mona del siglo XIX, y finalmente hemos visitado el Alte Museum, a decir hola a Nefertiti y a Pericles.

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El altar de Pergamo, una de las principales atracciones en la Museuminsel.

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El Pergamonmuseum exponía una monográfica dedicada a los dioses de la Griega clásica; en la fotografía, la diosa Atenea.

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No podía faltar un vistazo a los frisos de los leones de Babilonia; impresionantes.

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En la Alte Nationalgallerie, un poquito de pintura y escultura del siglo XIX.

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Me gustaba más cómo quedaba Nefertiti, alias "la Tuerta", en el antiguo Museo Egipcio de Charlottenburg; pero su actual ubicación en el Alte Museum parece provisional.

Después de comer hemos seguido paseando bajo el cielo gris y nublado por los alrededores de Alexanderplatz, y luego paseando por Unter den Linden hasta llegar a la puerta de Brandemburgo, casi invisible porque a su alrededor están instalando todo tipo de escenarios y cosas para algún espectáculo. Por lo menos, mientras tanto, nos ha salido el sol.

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Un paseo después de comer por las orillas del Spree.

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Poco respeto se le tiene ya a Marx por estas tierras.

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La línea de metro más querida por los amantes del rock de todo el mundo.

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Buscando nuevas formas de fotografíar la Neue Wache (me estaba copiando mi punto de vista, de una toma anterior).

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Esto es lo más que hemos podido ver de la Puerta de Brandemburgo.

Con más sol, hemos mirado de subir a la cúpula del Reichstag. Pero la espera era larga, así que, aprovechando que la tarde estaba buena, hemos decidido pasear por el Tiergarten hasta la estación de S-Bahn de Bellevue.

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Muy agradable y soleada la tarde en los alrededores del Bundestag (antiguo Reichstag).

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La Casa de las Culturas del Mundo, conocida por los berlineses por el prosaico nombre de "la almeja".

Desde allí, hemos vuelo hacia los alrededores de la Museuminsel, donde por la mañana habíamos encontrado una librería de arte estupenda. Yo me he comprado algún libro de fotografía. Qué variedad tenían, oye. Después nos hemos ido a tomar unas cervezas, en los chiringuitos bajo las vías en las cercanías del Spree. Como los intentos de hacer fotos después de las cervezas no tenían mucho éxito… no sé por qué será… nos hemos ido a cenar, y luego al hotel. Mañana más.

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Difícil enfocar después de unas "weissbier" mientras paseamos a orillas del Spree.

Un viaje por el sistema solar, una exposición de arquitectura alemana, y nos hablamos desde Berlín

Arte, Televisión, Viajes

Esta semana, en la que celebran en Huesca, donde trabajo, su fiesta grande, yo he optado por celebrar mi fiesta particular. Me he cogido unas mini-vacaciones. Hasta el próximo lunes 17, nada de curro. Así que este fin de semana me lo he tomado con especial relax, animada por la agradable bajada de temperaturas.

Una de las cosas que he hecho ha sido ver con ansiedad los dos primeros episodios de una nueve serie yanqui de ciencia ficción, Defying Gravity. Tras la finalización de Galactica y otras, estábamos un poco huérfanos de aventuras por el espacio, y como a mí es un género que me gusta… pues a ver. Los dos primeros episodios no están mal. Ocho astronautas del dos mil cincuenta y tantos en un viaje de 6 años por el sistema solar. Visitando siete planetas. El primero Venus. Y con un misterio de fondo. Que algunos conocen y otros no. Visualmente y conceptualmente heredera de 2001, una odisea del espacio y Sunshine, tengo miedo de que por algunos detalles de la trama pueda convertirse en una anatomía de Grey espacial. Pero después de que la prometedora Virtuality, con la que tiene muchos parecidos, se quedará en el episodio piloto, habrá que mantener la esperanza.

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Iapetus, satélite de Saturno, fue uno de los protagonistas de la edición literaria de 2001, una odisea del espacio (imagen publicada en Astronomy Picture of the Day, NASA).

Por otra parte, como hago de vez en cuando, ayer me pasé dando una vuelta por el Centro de Historia de Zaragoza, para ver si había algo nuevo en exposiciones. Y me encontré con una interesante exposición sobre la arquitectura alemana de la posguerra, con interesantes muchas maquetas, fotografías y explicaciones. Estaba enfocada a explicar la evolución paralela entre la arquitectura de la República Federal de Alemania y la extinta República Democrática de Alemania.

Exposición Arquitectura Alemana

Exposición 2 Arquitecturas Alemanas en el Centro de Historia de la Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Exposición Arquitectura Alemana

Maquetas en la exposición 2 Arquitecturas Alemanas - Panasonic Lumix LX3

Todo lo cual me viene al pelo para contaros que me voy. Cinco días. De escapada a Berlín. Estuve no hace mucho. Pero me ha surgido la ocasión de volver. La excusa, una serie de exposiciones celebrando el 90 aniversario de la Bauhaus. Así que a partir de mañana, os iré contando cosas en estas páginas, dependiendo de cómo me vaya encontrando las conexiones a internet. Y si no os lo subo cuando vuelva. Que tampoco me voy a dar mucho mal. Hasta la vuelta.

Universidad de Humboldt

Universidad Humboldt en Unter den Linden, Berlín - Pentax *ist DS, SMC-DA 21/3,2

Libro: The Devil’s Eye

Literatura

Como es tradicional en mí durante los veranos, siempre dedico la parte central de esta calurosa estación a alguna lectura que sea fácil de leer, entretenida y refrescante. Y con frecuencia opto por el género de la ciencia ficción. Tiendo a elegir alguna space opera, que frecuentemente son más ficción que ciencia, y en esta ocasión ha sido así. Me he leído The Devil’s Eye de Jack McDevitt. Y aquí va el comentario.

The Devil’s Eye.
ISBN: 978-0-441-01635-8
Ace Books, New York

Conocí las novelas de Jack McDevitt hace unos años cuando leí Las máquinas de Dios. Con un estilo sencillo, al alcance de cualquiera, bastante ameno, mezclaba elementos estrictamente científicos, relacionados con lo que pasa en el espacio profundo, con las aventuras que un grupo de seres humanos pasaban en sus travesías espaciales. Travesías para las que, por supuesto, hay que inventar alguna forma de superar el límite de la velocidad de la luz, porque si no no hay acción que valga ante la gran duración de los viajes interestelares. Y esto hace que en la space opera tenga un mayor peso la parte ficción que la parte ciencia. Pero era muy entretenido. En un viaje a Londres, encontré en una librería algunas obras más en edición de bolsillo y, desde entonces, he ido tirando de Amazon.co.uk para ir comprando las novelitas de este autor, que son una excelente evasión, aunque con calidad irregular. Alguna ha flojeado.

De los universos en los que se mueve el autor, la novela que aquí nos ocupa es la última de las aventuras de Alex Benedict. Este es un arqueólogo de dentro de 10.000 años, en una Vía Láctea parcialmente colonizada por el ser humano, que vive en un planeta, Rimway, no muy alejado del borde galáctico, y que se dedica a pillar objetos antiguos para luego conseguir pingües beneficios con su venta a los ricachones de la galaxia. Tiene como ayudante a Chase Kolpath, una mujer de la que te enamoras de inmediato, que ejerce un doble papel como asistente y como piloto de la Belle-Marie, la nave espacial que les lleva en sus correrías por la galaxia. En sus aventuras siempre hay un punto de misterio a desentrañar, momentos de peligro, e incluso no faltan los alienígenas con quienes los humanos comparten la galaxia de formas no totalmente pacífica. Eso sí, siempre se incluye en el centro del misterio algún elemento astronómico científico sobre el que pivota la acción.

En la novela que aquí nos ocupa, nuestros héroes reciben la petición de ayuda de una escritoria de terror, que en sus investigación en Salud Afar, un planeta exterior a la galaxia, que aterrada por un tremendo descubrimiento y sin poder hacer nada por evitar las consecuencias del mismo, pide un borrado de su personalidad para poder llevar una vida distinta sin tener que soportar la carga. Nuestros héroes parten para Salud Afar donde se convierte en investigadores, son acechados por una facción corrupta de las fuerzas de seguridad del planeta, son presos, escapan, se convierten en embajadores ante los alienígenas,… de todo.

Como fondo científico, las peculiaridades de un sistema solar que por razones desconocidas se ha visto expulsado del cuerpo central de la galaxia, en la que una única estrella, una gigante, probablemente una estrella de Wolf-Rayet, situada a cientos de años-luz del planeta, es el único cuerpo celeste que brilla en las noches además del halo difuso de la galaxia. Estas estrella de gran masa, extremadamente brillantes, son fieles a aquella expresión de la cultura popular que dice «vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver».

No es la novela más dinámica y entretenida del autor. Le cuesta entrar en acción, aunque hay una parte central muy entretenida. Atentos al intento de llegar a ponerse en órbita con un aero-taxi. También el final me ha resultado un poco pesadote. Poco a poco nos vamos dando cuenta que el auténtico protagonista de la novela no es Benedict sino la guapa Kolpath. Y lo que el final depara a esta eficaz piloto estelar no es acorde a su discreta personalidad. Pero bueno, es verano, y es entretenimiento. Nadie pretende sacar grandes conclusiones de este tipo de lecturas. Se trata de entretener las neuranas en las calurosas tardes de verano hasta que las temperaturas permiten salir a pasear un poco por las recalentadas calles de la ciudad.

Observatorio de Jungfraujoch

Los observatorios astronómico, como el que encontramos en Jungfraujoch, son necesarios para evitar las sorpresas estelares que deparan a los protagonistas de las novelas de McDevitt - Pentax K10D, SMC-DA 40/2,8 Limited

Desgracia (2008)

Cine

Desgracia (Disgrace, 2008), 5 de agosto de 2009.

No fui consciente de que había una adaptación de la novela de J.M. Coetzee hasta casi la víspera de su estreno. Fue una novela que leí hace unos años, la única que he leído del autor, y que me interesó mucho. Un relato difícil, sin concesiones, que difícilmente deja impasible al lector. De hecho, la inquietud que me generó fue tal, que a pesar de que me gustó, no he vuelto a leer (todavía) ninguna otra obra del autor. Pero obviamente, y más con John Malkovich a la cabeza del reparto, la película desde el primer momento me interesó.

Dirigida por Steve Jacobs, consecuentemente a la novela en la que se origina, narra el cúmulo de desgracias que van cayendo sobre un profesor universitario de éxito, mujeriego empedernido, que en un momento dado es denunciado por acoso sexual por una de sus estudiantes, mestiza. Todo sucede, y esto es un elemento importante, en la Sudáfrica tras el fin del apartheid, en la que se acumulan los cambios sociales. A partir de ese momento, perdido su empleo, va a vivir con su hija en una zona rural del interior del país. Sufren el asalto de tres hombres/jóvenes de raza negra, que los maltratan y violan a la hija. Todo se derrumba a su alrededor. En ningún momento parece ser capaz de controlar ya su destino o el rumbo de su vida.

Como se puede deducir del párrafo anterior, es una película dura. Aunque no se recrea en ningún tipo de escena escabrosa, la presión que sufren los personajes es notable. Tampoco es una película maniquea. Todos los personajes son capaces de cosas buenas y de cosas terribles. En el cine, durante mucho tiempo, las películas ambientadas en Sudáfrica han sido muy benevolentes o partidarias de las personas de raza negra; había que denunciar la sinrazón del régimen racista. Pero en esta historia, los roles de los distintos personajes son confusos y cambiantes. Quen es agredido en un momento, puede convertirse en agresor. Existe una desorientación. Y es muy duro el camino hasta conformar una nueva realidad estable. Y son muy duras las concesiones a realizar.

En su conjunto, la película refleja de forma relativamente fiel lo narrado en la novela. Sin embargo, a mí no me ha dejado la misma desazón, la misma inquietud que el relato escrito. Y de alguna forma eso es una debilidad. Porque es una historia pensada para crear ese desasosiego; para que la gente deje de estar acomodada en su status quo, y se plantee que todo puede cambiar, y mucho, a peor. La película no cumple del todo con esta misión. Si que consigue transmitir el ambiente físico de dureza de la tierra que se asocia al país y a sus pobladores.

La interpretación es correcta. No es el papel más brillante de Malkovich, pero es un actor solvente y cumple. Lo mismo se puede decir de Jessica Haines interpretando a la hija del protagonista. Y está muy bien Eriq Ebouaney interpretando al ambiguo Petrus, socio de raza negra de la hija.

En resumen, una película que sin cumplir del todo las expectativas, realiza una razonable adaptación de la novela. Se deja ver. Yo le pongo un seis, con un siete en la interpretación y otr0 en la dirección.

No tengo fotografías de Sudáfrica, así que pongo algo más reciente de por cerca de casa.

Azud

Azud en el río Ebro a su paso por Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Un fotógrafo, David Bailey, y un relato, Las babas del Diablo

Cine, Fotografía, Literatura

Después de ver Blowup, la película que recomendaba ayer, y para elaborar la reseña sobre la misma, me dediqué a buscar información sobre la misma. Y leí cuales eran los referentes que Antonioni tomó para elaborar su relato.

En primer lugar, quiero comentar algo sobre el fotógrafo en el que se inspiró el director para componer su personaje principal. Se trata del fotógrafo británico David Bailey, cuya época de mayor actividad y creatividad coincidió con el Swinging London de los años sesenta en el que se enmarca el filme. Con un estilo directo, muy limpio, básicamente en blanco y negro, fue fotógrafo de modas y de celebridades desde esa época y a lo largo de su carrera. También colaboró con frecuencia en la realización de las fundas y carátulas de los álbumes de música pop y rock. Podéis ver algunas de sus imágenes en PDN Gallery. Abarcan un período comprendido entre 1964 y 1999. El estilo del fotógrafo no parece variar mucho. No sé si fue tan mujeriego y se benefició a tantas modelos como se insinúa en la película… pero se ha casado en cuatro ocasiones. Vive todavía.

En segundo lugar, el argumento de la película está basado en un relato corto del escritor argentino, afincado durante mucho tiempo en París, Julio Cortázar. El relato se titula Las babas del Diablo y la acción transcurre en París. El protagonista es un fotógrafo, pero aficionado. Utiliza una Contax I o Contax II (probablemente, en el texto que he encontrado con el relato dice «una Contax 1 1.2»), una cámara telemétrica, rival en su momento de las Leicas. Y al igual que en la película utiliza su cámara para pasear y tomar imágenes que le resulten llamativas o interesantes en las calles de la capital. Y en un momento dado presenta lo que puede ser una escena de seducción. En una pequeña plaza de la Île Saint-Louis, hoy llamada Plaza de Julio Cortázar, y en la que en algún momento he estado comiendo algún helado de chocolate con naranja de  Berthillon. La escena de seducción es distinta no es un hombre mayor con una mujer joven; es una mujer adulta con un adolescente. También hay un tercer personaje en un discreto segundo plano. Pero el crimen que se está fraguando es distinto. Os dejo que lo descubráis vosotros mismos. El relato es cortito y es fácil de encontrar haciendo una búsqueda en Google.

Para la foto de hoy, lo tengo fácil. Me voy al París de Cortázar.

Pont des Arts e Ile de la Cité

El Sena, el Pont des Arts y uno de los extremos de la Isla de la Cité, París - Panasonic Lumix LX3

La fotografía en el cine: Blowup (1966)

Cine, Fotografía

Cualquiera que sea aficionado al cine y haya visitado mi lista de películas con temática fotográfica, habrá echado en falta Blowup. Este filme es el paradigma de la fotografía dentro de una película. Una historia, peculiar, con sus misterios, en torno a un fotógrafo, en torno a las herramientas fotográficas, en torno al proceso fotografíco… No en vano, blowup significaría aquí ampliación fotográfica de un negativo.

Por si esto no bastase, esta película es considerada por muchos como una obra maestra, una obra de referencia, una obra que todo aficionado al cine como obra artística debe ver.

Por todo ello, y teniendo en cuenta que en la lista sólo incluyo películas que personalmente he visto, decidí no incluirla hasta que no refrescase mi memoria con un nuevo visionado del filme. La última vez que la había visto fue hace 3 ó 4 años en un canal de televisión por satélite dedicado al cine clásico. Quería tener en mis manos una copia, verla en versión original. Disfrutarla de forma adecuada. Y no ha sido fácil. Pero ya. Podéis acceder a la reseña a través de la página La fotografía en el cine, o bien directamente en Blowup.

Y todo este me recuerda que hay otra película del director de este filme que podría incluirse en la lista… Pero me gustaría verla de nuevo, antes. Ya estamos otra vez… No será fácil…

La foto de hoy, como no podía ser de otra forma, tiene que ver con la fotografía y con Londres.

Viejas cámaras fotográficas en el mercadillo de Portobello Road, Londres - Fujifilm Finepix F10