Actualización en De viaje con la cámara al hombro

Fotografía personal, Páginas personales, Viajes

Mantengo varias páginas de contenido diverso en Google Pages. Este es un servicio de Google que permite crear páginas en internet de forma muy sencilla. Bien es verdad que con opciones bastante limitadas, pero que para lo que yo buscaba ya me han valido. Una de estas páginas es la versión 2 de mis páginas dedicadas a la fotografía en mis viajes De viaje con la cámara al hombro. Pero estoy en un relativo sinvivir. Google ha anunciado que dentro de unos meses dejará de prestar este servicio, en favor del que actualmente está desarrollando llamado Google Sites. Se supone que Google establecerá algún sistema para migrar los contenidos de uno a otro servicio,… pero ya veremos como queda…

En cualquier caso, de momentos sigo actualizando el mencionado sitio sobre mis viajes, y actualmente he incluido el reportaje sobre mi reciente escapada a Munich, con excursiones a los Alpes y a Salzburgo. La dirección:

Munich y Salzburgo en Google Pages

Para quienes hayáis seguido las entradas de este diario, los contenidos os serán familiares, porque se trata de un transcripción de los mismos. Para los que no, ahí están todos organizadicos.

La foto de hoy, cómo no, del mencionado viaje. El pabellón Pagodenburg en el jardín botánico del Palacio de Nymphenburg, en la capital bávara.

Pagodenburg

(Pentax K10D; SMC-DA 70/2,4)

Última mañana en Munich; Deutsche Museum, sopa y de vuelta a casa

Viajes

Hoy nos hemos dividido al principio de la mañana. A mí no me apetecía ver tiendas. Así que entre las 10 y las 12 de la mañana, me he dirigido al Deutsche Museum para echar un vistazo al que dicen que es uno de los mejores y el más grande de los museos de la ciencia y de la técnica de Alemania, o sea de Europa. Tan grande es que apenas he paseado someramente por alguna de sus salas.

Las salas más visitadas probablemente sean las de la navegación y de la aeronáutica, por la espectacularidad de las naves expuestas. A parte de barcos y aviones diversos, me ha llamado la atención que, de alguna forma, presumen de ser inventores del cohete. Y por ello, exponen una V2. Una de aquellas bombas volantes que los nazis usaron para bombardear Gran Bretaña. Curioso avance. Eso sí. Ninguno de los vehículo de la época aquella luce la cruz gamada. Está prohibida en Alemania.

No dispone de salas dedicadas al ferrocarril como sí tiene el museo de Berlín, hay que contentarse con modelos ferroviarios a escala. Eso sí, disponen de una maqueta funcional que ponen en marcha tres veces al día que hace las delicias de grandes y pequeños. Controlada digitalmente, también tiene cámaras en todo el circuito, incluido en alguno de los trenes que se desplazan, y que emiten por diversas pantallas.

Camino de la sección de fotografía, obligatoria para mí, me he entretenido un rato viendo como trabajaba un vidriero. Luego, he consumido el resto de mi tiempo admirando todo tipo de aparatos fotográficos. Pensaba que estaría más dedicado a los aparatos alemanes, pero había una buena selección de diversos hitos de la fotografía de todo el mundo. Bien.

A mediodía, nos hemos reunido en el Viktuelmarkt, donde hemos tomado un piscolabis muy muniqués a base de sopa y weißbier (la alternativa hubiese sido weißwurst y weißbier, pero era demasiado weiß, y ya la probamos en el Spitze).

Tamibén he admirado allí a un ciudadano que lejos de tirar de cámara digital, se mantenía fiel a su Leica con montura de rosca, con un teleobjetivo y un visor múltiple de revolver. Que estupendo.

Después, a recoger las maletas al hotel, coger el S-Bahn al aeropuerto,… y para casa. Se acabó.

Salzburgo: Mozart, sonrisas y lágrimas, y lluvia, mucha lluvia

Viajes

La primera vez que supe algo de Salzburgo fue una de las varias en las que siendo niño mi madre me llevó/obligó a ver Sonrisas y lágrimas, en las que una virginal novicia acaba liando a un «pobre» viudo con una caterva de hijos a cual más ñoño. Eso sí, parecía ser todo muy bonito, con muchos montes, y con calles y paseos muy monos para montar en bicicleta y cantar canciones sobre el do, re, mi,… etc, etc.

Bueno, sí, muy bonito, pero hoy todo con un nublado de preocupar. Y tan de preocupar que lo que ha hecho ha sido llover casi todo el día. A ratos, con cierta intensidad. Si hasta se estaba produciendo una invasión de babosas. Me refiero a los limacos,… había también muchas señoras y señoritas de diversas partes del mundo invadiendo la ciudad, pero no me atrevo a calificarlas con tan grosero adjetivo.

La ciudad es bonita en sí. Tiene sus jardincitos bien cuidados, sus casas monas, su río, sus puentes,… vamos lo que toca. Hay una calle, la Gedartegasse, llena de tiendas. Y por consiguiente llena de turistas. Los cuales hoy andaban muy decepcionados porque al parecer es fiesta. Supongo que en Austria, o al menos en Salzburgo, también celebran la Virgen de agosto. Son muy católicos ellos. Hasta el punto de que durante gran parte de su historia, Salzburgo fue un electorado del Sacro Imperio, cuyo príncipe elector era el arzobispo de la ciudad. Estos curas nunca han entendido bien qué quiso decir el Cristo con aquello de «al Cesar lo del Cesar, y a Dios…», lo que fuere.

Dominando la ciudad, una imponente fortaleza con sus torreones, sus almenas y sus cañones. Se sube en funicular. También puedes subir andando, pero la gente que lo hacía llegaba bastante cansadica. Así que lo mejor es caminar cuesta abajo, y que te suban tirando de la cuerda. En cualquier caso, teniendo en cuenta que las vistas estaban poco vistosas por culpa del nublado y la lluvia, la fortaleza en cuestión tampoco tenía mucho de donde rascar.

Más majetes son dos antiguos cementerios, el de la Iglesia de San Pedro y el de la Iglesia de San Sebastian. Muy recoletos y muy cuidados. El primero me ha gustado más por lo recogido y lo vistoso de sus tumbas. El segundo más seriote, hecho para más gloria de uno de los príncipes-arzobispos de la ciudad, tenía alguna celebridad enterrada. La que más me ha llamado la atención ha sido la tumba de Paracelso, de los médicos el más excelso. El epitafio, en latín, miente bastante. Ni harto de vino era aquel buen hombre capaz de curar la lepra. Pero eso es lo que dice, según las traducciones que por allí han puesto.

Finalmente, el rollito de Mozart. Porque el famoso músico nació en el lugar. Y allí le han puesto una estatua todo serio y majestuoso. Nada que ver con el descerebrado que retrato Milos Forman en su excelente película Amadeus. Pero nada. Eso sí, luego su música hay quien se la toma en serio, y otros la tocan con balalaicas. Si el bueno de Amadeo levantara la cabeza…

Bueno. Mañana es día de regreso. Aún podremos dedicar la mañana ha ver algo por Munich. Quizá nos acerquemos al enorme Deutsche Museum, el mayor museo de ciencia y tecnología del país y de Europa. O quizá no, y si eso nos dedicamos a pasear si sale bueno. Ya os contaré.

Aire fresco, sol, montañas, lagos,… los Alpes, el Zugspitze

Viajes

Después de todos estos días de patear medio urbano, nos apetecía un poco de aire libre. Desintoxicarnos, y aspirar un poco de oxígeno del de verdad. Y chico, teniendo los Alpes tan cerca… Claro que el pronóstico meteorológico no lo ponía nada claro. Podíamos encontrarnos un mar de nubes ocultando las montañas… pero ha habido suerte. Empiezo por el principio.

Lo primero, nos hemos acercado a la Hauptbanhof de Munich para coger un tren que nos llevara a la olímpica ciudad de Garmisch-Partenkirchen. La de los saltos de esquí de Año Nuevo. Como casi todas las estaciones alemanas, un hervidero de gente. Claro que aquí no se llevan las tontadas de las estaciones españolas, y así, puedes encontrarte un ICE primo hermano de los AVEs que hacen la ruta Madrid-Zaragoza-Barcelona, estacionado en el andén con unas mochileras en bici a su lado. Sin controles de billetes, sin restricciones de acceso a los  andenes, sin segregación de viajeros pobres y ricos; nada, aquí todo el mundo se mueve por donde quiere. Eso sí, si ve esto el responsable de comunicación e imagen de Renfe igual sufre una ataque de corazón. Con lo elitistas y soplapollas que se han vuelto con sus AVEs.

Y no sólo es eso. Junto al tren que ibamos a coger estaba estacionado uno de la compañía Arriva-Alex en dirección al Lago Constanza, Bodensee en alemán. Hasta el monopolio de la todopoderosa DB se acaba.

Una vez llegados a Garmisch-Partenkirchen la cosa era llegar hasta el Zugspitze, el pico más alto de Alemania con algo más de 2960 metros de altitud. Y para ello había que coger una combinación de tren de cremallera, cuyo trayecto incluye más de 4 kilómetros subterráneos en la montaña, y teleférico hasta casi la cumbre. Impresionante obra de ingeniería en su conjunto.

El enclave junto al pico está a caballo entre el Estado Libre de Baviera en Alemania, y el Tirol austriaco. Eso sí, la mayor parte de las instalaciones están en el lado alemán, con otro teleférico que sube desde el Eibsee y otro desde el lado austriaco.

A la cima se puede subir, pero hay que trepar un poco. Y aunque han puesto escalerillas y agarres en los pasos más dificiles… pues nos hemos abstenido. Cuando uno va de dominguero… pues va de dominguero. Aunque sea un jueves. Pero no faltaban los valientes.

El regreso lo hemos hecho por el teleférico que baja al lago de Eibsee, donde nos hemos montado en una barquita para un modesto pero majo recorrido de 25 minutos. El patrón iba dando datos… pero en alemán. La verdad es que era un soso de mucho cuidado. En cualquier caso, los paisajes, con los montes y la abundancia de bosque, han sido realmente bonitos.

Hasta ese momento, el día ha estado radiante, pero al llegar de regreso a Garmisch-Partenkirchen con el cremallera, se ha nublado a base de bien. Pensábamos pasar la tarde en esta cuca población formada por dos obligadas a unirse por Hitler para la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno del año 1936.

Todo muy turístico. Un centro de veraneo, más que otra cosa. Por lo menos Garmisch, que en Partenkirchen no nos hemos atrevido a pasear porque se estaba preparando una buena que se ha desatado nada más coger el tren de regreso a Munich.

Lleva toda la tarde lloviendo. Hemos descansado un rato en el hotel, nos hemos bajado a cenar y tomar un chisme por los alrededores, y nos hemos vuelto al hotel a charrar tranquilamente. Mañana excursionamos a Salzburgo. Esperemos que con lo que está lloviendo hoy mañana se lo tome con más calma, porque si no en Austria… ¡nos vamos a mojar!

Un bonito día en Munich, que empezó con lluvia y acabó con sol radiante

Viajes

Lloviendo se pegó toda la noche pasado. Poco, pero lloviendo. Y lloviendo estaba cuando hemos salido del hotel camino del Schloss Nymphenburg. Un palacete estilo Versalles pero en pequeño que se hicieron los Duques de Baviera.

El día se ha ido aclarando muy poco a poco. Así que hemos recorrido los bonitos jardines del Schloss, con un nubladillo suave. La verdad es que mejor para no pasar calor. A la hora de comer, ya hemos disfrutado de un almuerzo bávaro al aire libre, rodeados de conspicuos señorones y señoronas del país.

Por la tarde, nos hemos impregnado del espíritu olímpico visitando el Parque Olímpico de Munich 72. Por supuesto, obligado subir a la Olimpiaturm de muchoscientos metros de altura. Luego nos hemos ido a subir una de las colinas del parque. No son naturales. Son la consecuencia del desescombro de la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial. No parecía muy alta, no. Pero lo era. Las vistas, también bonitas.

La tarde estaba a esas alturas tan estupenda, tan soleada y agradable, que nos hemos ido de cabeza a un Biergarten que fichamos ayer en el Englische Garten. Se estaba de muerte. Y lo mismo opinaba el montón de muniqueses que habían ido allí a beberse sus weißbiers y a empujarse sus buenas salchichas y codillos.

Después, una paseo (largo, más de lo que imáginábamos) por las orillas del Isar, con sorpresa en forma de puesta de sol desde un monumento con similitudes a la Siegesaule berlinesa. Así, una especie de victoria alada y dorada sobre una columna. Pero más chiquita. Estaba mono. Con mucha gente joven viendo ponerse el sol. El momento ha estado muy bien.

En la cena, palique con una catalana y un valenciano que llevaban un par de semanas viajando por el país. Un pis y a la cama. Mañana más.

Visitando Munich, con sol, lluvia y nublado… y gente, bastante gente

Viajes

Por lo menos en el centro megaturístico en los alrededores de la Marienplatz y del Neue Rathaus. Pero es así. Qué se le va a hacer. La mañana ha sido muy agradable. Soleada. Casi con calor. Pero muy llevadero. Hemos ido caminando desde el hotel, haciendo la primera parada en la catedral, la Frauenkirche, que por fuera es un talabarde de ladrillo, pero por dentro no está mal.

Como ahora están en fiestas en Huesca, me he acordado de ellos, y les mando a San Lorenzo que estaba ahí con su parrillica en la catedral de Munich. Aunque a mí lo que me ha hecho gracia han sido las niñas gemelas que correteaban por el templo.

Después hemos salido a Marienplatz dónde hemos visto a unos monigotes bailar al son de un carrillón. Pues eso. Como lo que se puede ver las ciudades de media Europa Central. Que conste que este no esta mal, que hay hasta una justa a caballo… gana el bávaro claro.

Para ver mejor la Marienplatz y el Neue Rathaus nos hemos subido a la torre de la Peterkirche. Allí, además de disfrutar de las vistas, hemos disfrutado de codazos y empujones, así como de alguna otra que otra discusión ya que… no se cabe. Es muy estrechito. Y había mucha gente… claro que con lo que vale… sólo cobran 1,50 euros.

Hartos de los codazos, nos hemos ido al Viktualienmarkt, donde hemos visitado varios puestos y hemos empinado un poco el codo en una de las muchas cervecerías que sirven para refrescar el gaznate de compradores y vendedores, en los días de calor… y en los otros. Por cierto, hemos comenzado nuestro romance apasionado con esas bávaras rubias que tanto me gustan. A la weißbier, o cerveza de trigo, me refiero, claro. ¡Qué buenas están!

Hemos comido unas salchichas típicas y tópicas… con más weißbier, claro,… y luego hemos ido a ver la Residenz. Es el palacio ducal, y sopongo que también real durante el siglo XIX, de los mandamases bávaros. No está mal. Hay alguna sala que es muy aparente.

Mientras visitábamos la Residenz, se ha puesto el sol tras unas feas nubes que nos han traído un chaparrón que había parado al salir. Pero ya no ha vuelto a salir el sol. Así que con ánimo más sombrío hemos emigrado hacia el norte, hacia el barrio de Schwabing, donde nos habían dicho que había buen ambiente. De camino, un arco del triunfo y algo de música callejera. De buen nivel, tanto musical, como… bueno, eran majas. Lo del buen ambiente, debe ser en época no vacacional. Ahora, muchos de los garitos, mucho más monos que los turísticos del centro, estaban cerrados por vacaciones.

Antes de cenar, y a pesar de lo tristona que estaba la tarde hemos vuelto recorriendo el Jardín Inglés. Este es un parque grande del copón, que ya me gustaría ya que tuvieramos en Zaragoza uno la mitad de aparente, con tanto arbolito, estanque, praderas de cesped impoluto, y sobretodo unos hermosos biergartens que hoy estaban casi vacíos al no acompañar la tarde. Supongo que con sol y buen tiempo estarán de culo en bote.

En fin, mañana seguiremos un rato. Pero al siguiente, sospecho que nos iremos de excursión a algún sitio. Lo que pasa es que no sabemos dónde todavía. Lo de irse a los alpes, con el tiempo tan indeciso… está un poco crudo.

Estamos en Munich; está muy animada,… y llueve

Viajes

He salido solico en un AVE hasta Barcelona, donde me he unido en la estación de Sants con el resto de la (pequeña) expedición. Destino, Munich, la capital bávara. Salchichas, cerveza y mocetonas (y mocetones, para quien esté interesada) recias y rubias. Suponíamos.

Munich nos ha recibido con un bonito sol… que en poco rato se ha escondido detrás de unas feas nubes, y ¡ale! a llover cada tanto. Así que nada, chubasquero y paraguas y a pasear. Claro que las nubes y la lluvia no han impedido que en una ciudad que fue olímpica allá por el 72, ¡qué barbaridad, cuánto tiempo!… ¡y me acuerdo de cosas!, como decía, esta ciudad se manifieste contra los desmanes chinos en el Tibet. Pues vale.

La ciudad es grande, y se ve que tiene vida propia, que no depende del turismo. Se nota mucho porque los bares y los restaurantes suelen tener las cartas y los carteles sólo en alemán. El que venga de fuera que se espabile. Si dependieran del turismo, seguro que serían más políglotas. Sin ánimo de ofender.

En cuanto a lo de las mocetonas rubias… pues lo que más se ven son islámicas más o menos (más bien más) veladas. Burka no hemos visto, pero cosas parecidas sí. No sé si es la colonia inmigrante, o es que los acomodados de los países islámicos se vienen de vacaciones por aquí. Puede que una mezcla de ambas.

Así que nada, después de echar algún vistazo a algún monumento, y a alguna calle típica nos hemos ido a cenar. Nos hemos moderado. Nos ha tentado alguna taberna de estilo bávaro… pero era empezar a entocinarse en exceso. Así que hemos buscado algo más moderado.

Luego hemos vuelto paseando al hotel, encontrándonos aquí y allí con animosos grupos de música callejera, todos ellos con muy buen nivel, acomodándose donde pudieran guarecerse de los esporádicos chubascos. Ale, mañana más.

A Huesca en tren

Política y sociedad, Trenes

Hoy tenía el coche en el taller. Revisión rutinaria. Así que he tomado un transporte público. Para ir de Zaragoza a Huesca a primera hora de la mañana, y volver tras la jornada continua de mañanas. 76 kilómetros. Un trayecto regional. Casi de cercanías.

Una vista del tren en la estación de Zaragoza-Delicias.

Avant en Delicias

(Canon Digital Ixus 860 IS)

Pues bien. Una vez más el papanatismo de este país. ¿Os podéis creer que para un viaje tan simple, la Renfe monta control de accesos como si estuvieramos embarcando en un vuelo al extranjero, poco menos? Un gasto tremendo en gente, una pérdida de tiempo para los viajeros que tienen que tener en cuenta esta estúpida liturgia a la hora de prever su llegada a la estación,… y curiosamente, con todo este aura de cosa especial y de calidad, el tren vacío.

¿Algún día, a estos inútiles engreidos, responsables políticos y gestores de empresa, les dará por viajar por el mundo para ver cómo los trenes son utilizados con comodidad por los viajeros, y cómo entonces van llenos? Cualquier parecido con nuestra realidad, es pura coincidencia.

Papanatas; que son una panda de papanatas. Tontos.

Trasteando un rato con el Photoshop

Fotografía personal, Viajes

Semana de trabajo después de las vacaciones, semana liada. No falla. Pero esta tarde me he relajado un rato con algunas de las fotos del viaje a Polonia. Al mismo tiempo, explorando alguna técnica photoshopera, para ir aprendiendo más cosas.

Hoy ha tocado simular los procesados cruzados de diapositivas en la química C41. Es un tema que no tengo nada dominado. Siguiendo las sugerencias que aparecen en una página cuya dirección no he guardado. ¡mecachis! Menos mal que he grabado una acción en el photoshop para poder repetirla.

En fin. Os dejo un para de ejemplos. Gente charrando a orillas del Vístula junto a la colina Wawel en Cracovia. El resultado final depende mucho del original. Pensaba que los resultados iban a ser más homogéneos. Seguiremos investigando.

Dialogo cara a cara

Diálogo en rojo

(Ambas fotos, Canon EOS 40D, EF 24-105/4L IS USM)

Publicando en Lulu

Fotografía personal

Desde hace unos años, tengo la costumbre de trasladar una selección de las fotografías que tomo al medio impreso. He utilizado varios medios; los servicios de impresión de Apple, Fotoprix, Blurb, y sobretodo, más frecuentemente por la calidad de los mismos, los libros de MyPublisher. Sin embargo, algunos de estos servicios son poco flexibles a la hora de dar forma a los libros.

Me quedaba por probar la calidad de los servicios de impresión de Lulu. Lulu es un servicio orientado a la autoedición y autodistribución de publicaciones por parte de los propios usuarios. No está específicamente orientado hacia la fotografía, pero esta también cabe en el sistema. Lo que hasta ahora no he probado es la calidad que proporciona. Sí me consta que es mucho más flexible respecto a los formatos y las posibilidades de maquetar el trabajo.

He decidido hacer una primera prueba, y he publicado un pequeño porfolio con fotografías en blanco y negro tomadas en el Campo de Concentración de Auschwitz en mis pasadas vacaciones por Polonia. Podéis acceder al mismo en el siguiente enlace.

Como podréis ver, el porfolio se puede descargar en formato PDF de forma gratuita, y se puede comprar también una copia impresa. En esta prueba, el precio que aparece sólo incluye los gastos de impresión. Además hay que añadir los gastos de envío. Yo no me llevo absolutamente nada, aunque podría haber establecido un beneficio comercial para mí. No es cuestión. Yo me gano la vida de otra forma. En un par de semanas espero poder contaros la calidad de la copia impresa. Esta tiene un tamaño aproximado de 21,5 cm x 21,5 cm. Si alguno se anima,… ya me lo contará.

La imagen de hoy, ya os podéis imaginar de donde procede.

Auschwitz-Birkenau - V�as ferroviarias desde la torre central

(Canon EOS 40D; EF 28/1,8 USM)

Lecturas de vacaciones – Ciberiada y Una mujer en Berlín

Literatura

Terminan hoy mis vacaciones. La primera y más sustanciosa parte de ellas. Tres semanas repartidas en dos tercios de viaje y un tercio de asuntos domésticos y dolce far niente. La vida contemplativa. Qué bien viene de vez en cuando. Y con la vida contemplativa, la ocasión de leer de forma más reposada.

En estas vacaciones han caídos dos libros; Ciberíada de Stanisław Lem y el anónimo Una mujer en Berlín. Dos libros muy distintos en el género, en el fondo y en la forma.

El primero de ellos me lo llevé de viaje a Polonia. Tengo la costumbre de intentar que la lectura que me llevo a los viajes tenga que ver de una forma u otra con el lugar donde viajo. Y en esta ocasión, la elección recayó sobre Ciberíada, una de las obras más conocidas del más famoso escritor polaco de ciencia ficción, Stanisław Lem. Nos cuenta las aventuras de Trurl y Klapaucio, dos constructores que van recorriendo la galaxia ofreciendo sus servicios por doquier, y metiéndose en unos líos considerables de los que siempre salen más o menos airosos. No es ciencia ficción dura. No hay una plausibilidad científica en las cosas que suceden, aunque refleja un notable interés por la revolución cibernética que el autor supone con buen criterio que está a punto de producirse. El libro, por ponernos en situación, es de 1967, momento en el que todavía no se había desarrollado como hasta el momento el mundo de los ordenadores. También es un libro que reflexiona sobre las virtudes y los defectos del ser humano, y especialmente sobre la búsqueda de la felicidad, eso sí, por medios bastante extravagantes. Es un libro entretenido, siempre y cuando estés dispuesto a admitir variantes imaginativas sobre los trillados caminos de la ciencia ficción.

El segundo libro lo he leído en la última semana. La verdad es que me ha durado poco. Me enganchó. Lo cogí con interés. Una mujer en Berlín es un diario autobiográfico escrito por una editora y periodista alemana entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945 en Berlín, durante la invasión soviética de la capital alemana y las semanas que siguieron al götterdämmerung nazi. El libro se publicó de forma anónima, ya que una de las cuestiones que más marca el contenido del diario es las violaciones repetidas que sufrieron las mujeres alemanas por parte de los soldados del ejército soviético. Entre las mujeres violadas en repetidas ocasiones, la propia autora del libro. Sin embargo, a pesar de la barbarie que nos cuenta, el estilo de la redacción consigue mantenerse relativamente frío. Muy descriptivo. Y evidentemente, la autora se pone de parte de las mujeres que en su conjunto quedan definidas como las auténticas heroínas en la demencia de la guerra. No obstante, permanecer en consideraciones sobre el aspecto más morboso del relato no nos debe confundir. El diario es un estupendo relato de un ambiente y de unos hechos que quizá no han sido contados y difundidos lo suficiente. El miedo a morir, el miedo al hambre, el miedo al otro; todo ello mezclado con ejemplos de solidaridad ciega o interesada. No hay reflexiones de naturaleza política. La autora, que claramente no pertenece al partido nacionalsocialista, no define con claridad su posición política. Simplemente, se limita a ser una observadora de una realidad. La escritura del diario, casi con toda seguridad, le sirve también como escape a la barbarie que la rodea. En general, me parece un libro recomendable.

Con posterioridad a su lectura, he averiguado que la segunda edición en Alemania, de la que es traducción la que yo he leído, sólo se produjo tras la muerte de la autora, que ante la frialdad y las críticas negativas que recibió en su primera edición en los años 50, se negó a que se volviera a publicar en vida. En la actualidad, el libro parece haber tenido una acogida mucho mejor, probablemente porque la distancia sobre los hechos acontecidos, el progresivo mejor papel de la mujer en la sociedad y el cambio en las condiciones políticas lo han permitido. Incluso conocemos ya quién fue la autora. Y como no creo que nada de lo que narra sea un oprobio para su honor, todo lo contrario, diremos quién fue. La periodista alemana Marta Hillers.

Al igual que Berlín quedó destruida por la guerra, también lo fueron muchas de las ciudades que he visitado en mis vacaciones. Afortunadamente, se ha reconstruido con fidelidad partes de sus cascos históricos, para que podamos disfrutar de cómo fueron. Como el bello Rynek de Wrocław, durante la guerra la alemana Breslau, totalmente destruida en los últimos meses del conflicto bélico. Fue una de las últimas ciudades alemanas en rendirse; lo hizo seis días después que Berlín, y sólo un día antes de la rendición incondicional alemana. Alguna de las personas que salen en el libro son refugiados de la región de Silesia, donde se encuentra esta hermosa ciudad.

Rynek - Wroclaw

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

¿Viajes organizados? No, gracias

Fotografía personal, Viajes

Me gusta viajar. Es un hecho.

Me gusta la fotografía. Es otro hecho.

Por supuesto, me gusta fotografíar en los viajes. En la medida en que mi limitada capacidad lo permite, intento conseguir alguna imagen propia, personal.

No me gustan los viajes organizados.

¿Alguien se imagina por qué?

Fotografiando la catedral - Cracovia

Fotografiando la Catedral de Cracovia
(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)